KARL POPPER

Karl_PopperDiciembre de 2008.

Karl Popper nace en Viena en 1902. Heredó de su padre la raza judía y una extraordinaria biblioteca con la cual aprendió por su cuenta filosofía, arte y ciencias. Comenzó desde niño a preguntarse por problemas metafísicos y cosmológicos. Bebió parte de la cultura científica de su tiempo, y la lectura de Spinoza, desde muy joven, lo dejó agnóstico para toda su vida.

Tuvo siempre una gran sensibilidad y preocupación social y política. Hizo trabajo social con niños abandonados y fue maestro de escuela casi siete años, aún después de terminada su tesis doctoral en 1928. Pero su precocidad al respecto se manifestó en el famoso episodio de 1919, relatado por él mismo de manera detallada en dos ocasiones[1].

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TU PUEDES…… TU PUEDES………….. NO PUEDO. ¿Y ENTONCES?

La famosa frase “no hay que dar pescado sino enseñar a pescar” es totalmente sensata. Obvio que es así. La educación, en un niño, es precisamente convertirlo en adulto. Frente a los proteccionismos y paternalismos de todo tipo, hay mucho para decir, pero ya se ha dicho, ya lo he dicho y es obvio.

Lo que me preocupa es que de esa frase han surgido ciertas interpretaciones que me preocupan.

La primera es convertir a lo que es un tema macro en un tema micro. Y eso afecta a algunos partidarios del mercado. Claro que el libre mercado implica desarrollar el espíritu empresarial que permite la acumulación de capital y el mayor nivel de vida para todos, lo cual implica que de algún modo todos están pescando y no recibiendo pescado. Claro que a medida que aumentan los bienes de capital, los salarios tienden al alza y, con ello, hay mayores bienes y servicios disponibles. Claro que Marx estaba totalmente equivocado en su teoría (aún hoy aceptada por casi todos) de la pauperización creciente bajo el capitalismo……. Claro que…….. ¿Pero tengo YO que ponerme a dar examen de economía de mercado? Lo que ocurre es que esto no es suficiente para el problema que planteo.

Para colmo, el avance de los estados providencia ha debilitado los lazos familiares y las sociedades intermedias, con lo cual “el que no puede pescar” es provisto por el estado de su pescado necesario, se acostumbra a ello y mientras el sistema funciona administrativamente……… Todo bien, hasta que la pirámide poblacional se invierte y entonces ¡oh!!!!, se descubre que el estado no era (precisamente) Jesús multiplicando los peces. La gente queda abandonada por su supuesto padre y se “indigna” de que ya no recibe todos los bienes y servicios que “tenían derecho a recibir gratis”.

Lo que quiero decir es: hay personas que no pueden pescar. A ellas no llegan las relaciones contractuales del mercado y menos aún el engaño del estado.

No es que no quieran. No pueden. La crueldad y la poca sensibilidad psicológica de muchos los lleva a creer que todo es una cuestión de voluntad, como un pelagianismo secular rigorista. No, no pueden. Son los discapacitados, los que padecen depresión u otras dolencias mentales difíciles de diagnosticar y de tratar, son los golpeados por la vida, los que ya no dan más, los que han perdido la esperanza; son los genios incomprendidos y solitarios, son los locos lindos, son los idealistas enternecedores, son los que no pueden adaptarse, relativamente, al malestar de la cultura. No pueden, o pueden otras cosas que sin embargo no impiden que así queden, tirados por la calle, a veces literalmente, o tirados por la vida, en un ostracismo gris, en una soledad dramática e invisible.

Algunos liberales y algunos estatistas cometen frente a ellos el mismo error que son las dos caras de la misma moneda: una racionalidad instrumental relativamente insensible a los misterios de la psiquis. De un lado se les insiste con el espíritu empresarial. No, no pueden, no fundarán empresas, no tendrán proyectos, porque es precisamente el pro-yecto, el lanzarse hacia adelante desde un yo constituido, lo que falla. Es inútil que pululen en internet esas inmisericordes historias de triunfadores, desde el que le faltan los cuatro miembros y la cabeza y sin embargo es medalla olímpica, hasta el que nació en la pobreza más terrible y sin embargo es CEO de YOPUEDO Inc. en Wall Street. No, como ya dije una vez, por cada historia de esas, cuyos méritos no negamos, hay millones de fracasos, invisibles, inaudibles, casi muertos, ya, aunque aparentemente caminen por la vida, porque tienen incluso la increíble caridad de ponerse una máscara para no molestar a los demás.

Del otro lado, se les propone un estado que los va a rescatar del ostracismo existencial, cuando en el fondo los va a confirmar en su ser casi nada al lado del funcionario que es casi todo. La ilusión puede durar hasta que el casi-todo revele su imposibilidad práctica, sencillamente porque la escasez es un no ser que se abre paso como los virus; y su impotencia humana, porque el casi todo ni lo sabe todo ni lo puede todo y su creída omnipotencia lo lleva a una corrupción y crueldad más profunda que el averno.

La pura verdad es que los tirados por la vida necesitan misericordia y comprensión. Necesitan amigos, lazos familiares fuertes, verdaderas religiones y comunidades de donación que presuponen la propiedad, claro, pero que van más allá del “yo te doy si tú me das” y del “yo te doy pero eres mío” (estado). El estado, sobre todo el estado nación del s. XVIII, es un permanente culpable hasta que demuestre lo contrario, es el ogro que todo lo devora en su racionalidad instrumental manifiesta. Y el mercado, en cambio, es bueno, es defendible, precisamente porque es algo muy humilde. Minimiza la escasez, aumenta la oferta de bienes y servicios, es la solución macro para la pobreza material. Por un lado es mucho, pero, por el otro, es poco. El mercado no es la solución para los problemas humanos más profundos, no es el remedio para las dolencias y misterios de la psiquis y no puede arreglar la alienación denunciada por Freud, Frankl y Fromm, aunque (error de muchos, también de Fromm) no es la causa de esa alienación, sino que sencillamente no es el remedio. Si no le pedimos peras al olmo dejaremos al olmo en paz. Dejad al mercado en paz, dejen de pedirle que sea el paraíso en la Tierra. A los olvidados de este mundo no llega el ogro estado pero tampoco el mercado. A ellos llega sólo la misericordia, la comprensión, la escucha, la amistad, la familia, la Fe, el don, la mirada al fondo del alma. Y ello es responsabilidad de cada uno de nosotros. No reneguemos de esa responsabilidad con propuestas estructurales. Los reinos de este mundo pueden muy poco. No llegan al que no puede. Al aban-donado sólo llega el don. Y el don sólo llega desde el milagro de la misericordia.

Mises y Popper

  1. Introducción y metodología a usar.

Ultimamente se han escrito interesantes propuestas de acercamiento entre el pensamiento de dos grandes pensadores que, “a priori”, no parecerían tener nada que ver: Mises y Popper. Al menos, de lo que he podido ver recientemente, así lo testimonian las reflexiones de Ivo Sarjanovic, Francesco Di Iorio, y Rafe Champion. Dado que Mises y Popper son Popperdos autores a los cuales he dedicado gran parte de mis estudios epistemológicos, quisiera, como intentio auctoris, poner mi granito de arena en la cuestión, que espero que no sea, en la intentio lectoris, un granito de confusión.

Pero precisamente, de intentio auctoris (lo que el autor quiso decir) y de intentio lectoris (lo que el lector lee) se trata la metodología que vamos a utilizar en ese breve artículo. Muy influenciados por gran parte de la hermenéutica actual (Eco, Gadamer) confesamos nuestro gran escepticismo sobre lograr la certeza de lo que un autor quiso decir, o al menos como habitualmente se lo intenta (no nos estamos refiriendo a ninguno de los autores citados), esto es, con citas textuales que estarían ellas mismas libres de interpretación, como si la historia del pensamiento lograra aquella “base empírica” que el primer inductivismo pretendía, libre de teoría. Imposible. Pero ello no es una mala noticia: conduce simplemente a otro tipo de intentio, la intentio lectoris, donde el lector es, por un lado, conciente de que nunca sale de conjeturas interpretativas, y, por el otro, la lectura de un autor se realiza para solucionar algún problema real más que cuestiones nominales. Y que si podemos inclinarnos de la conjetura a la certeza, en algún autor, es porque hemos habitado su casa (Heidegger) cosa que poco tiene que ver, otra vez, con un positivismo de textos de su pensamiento. Si con esto estamos rompiendo normas habitualmente practicadas (Feyerabend) es porque pensamos que ello es clave para el progreso; asumimos el riesgo de un programa de investigación regresivo (Lakatos) y agradecemos a las autoridades de NOMOI que nos permitan tan insólito procedimiento. Por lo tanto, de aquí para el final el lector no verá ninguna cita textual ni de ningún otro tipo.

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INTERSUBJETIVIDAD, SUBJETIVISMO, CIENCIAS SOCIALES Y ESCUELA AUSTRIACA DE ECONOMIA

Por Gabriel J. Zanotti*

  • – Publicado en inglés en “Intersubjetivity, Subjetivism, Social Sciences, and the Austrian School of Economics”, en Markets & Morality (2007), vol. 10, number 1, 115-141.
  1. Planteo del problema.

La Escuela Austrìaca de Economía tiene un fuerte compromiso epistemològico con la subjetividad o “subjetivismo”, como eje central de sus explicaciones econòmicas y de los fenómenos sociales en general. No queremos decir que los grandes economistas austrìacos hayan sido siempre totalmente coherentes con las implicaciones de dicho planteo, ni tampoco que no haya importantes diferencias individuales entre ellos. Pero partiendo de los esbozos de la teoría subjetiva del valor en Menger[1], pasando por el fuerte individualismo metodologògico de Mises[2], hasta llegar al ensayo “Scientism”… de Hayek[3], se podrìa decir que el compromiso por la acciòn finalìstica del sujeto, como eje central explicativo de la teoría econòmica, se ha mantenido en esta escuela, lo cual explica en gran parte su incomunicación (al estilo Kuhn) con el resto de escuelas econòmicas, a pesar de nuevas epistemologías que citaremos hacia el final.

El punto culminante de este subjetivismo, en nuestra opinión, lo realiza Hayek en el citado ensayo. Primero, midiendo èl mismo la importancia de la cuestión: “….it is probably no exageration to say that every important advance in economic theory during the last hundred years was a further sep in the consistent application of subjetivism”[4]. Segundo, dando sus famosos ejemplos de que en economía no son cosas fìsicas, sino ideas, intenciones, los “objetos de estudio”: “…That the objects of economic activity cannot be defined in objective terms but only with reference to a human purpose goes without saying. Neither a “commodity” or an “economic good”, nor “food” or “money” can be defined in physical terms but only in terms of views people hold about things”[5]. A nuestro juicio, lo que estaba haciendo Hayek, no sabemos si con plena conciencia intelectual o no, es colocar a la teoría subjetiva del valor como una sub-clase de un fenómeno abarcador de todos los fenómenos sociales, a saber, la subjetividad de los mismos, su “dependencia entitativa” (para decirlo en nuestro lenguaje) con los “fines” del sujeto actuante.

¿Es ese subjetivismo parte de una concepción màs amplia de la realidad social? Analizar esa pregunta es el eje central de este ensayo, pero digamos que, en su momento, esa pregunta quedò pendiente. Preocupados por mantener la validez de una “teoría general” ante un relativismo històrico que tenìa que ver con el historicismo contra el cual tanto habìa combatido Menger (tal vez demasiado[6]) y que abrìa las puertas a un intervencionismo que negaba y niega la universalidad de las leyes econòmicas[7], tanto Mises como Hayek idearon sus propios escudos epistemològicos contra ese relativismo. Mises, con su teoría general de la acciòn, a priori de una circunstancia concreta de lugar y tiempo[8], y Hayek con su teoría del orden espontàneo, que explica que esas expectativas de los sujetos, esenciales y no marginales al proceso de mercado, tienden a encontrarse y no a dispersarse, de manera espontànea, mientras los precios libres, la propiedad privada y la tendencia al aprendizaje hagan su papel como fuerzas coordinantes del conocimiento disperso[9].

Pero, al hacer eso, desarrollaron algo màs, algo màs que ellos no vieron: una hermenèutica no relativista, en el sentido de que, de ese modo, su epistemología de las ciencias sociales era al mismo tiempo un modo de dar sentido universal a fenómenos sociales que, precisamente por ser “subjetivos” podrìan ser mal-entendidos como arbitrarios por otros paradigmas (“¿quièn da sentido a què?”) o, lo que serìa peor para la escuela austrìaca, como intrìnsecamente depedientes de cada cultura en particular, volviendo con ello al historicismo de Schmoller. Es por ello que la Escuela Austrìaca posterior siguió su camino, en mi opinión, con dos paradigmas dominantes “ortodoxos” en el sentido de seguidores del legado Mises-Hayek (absorbiendo en ellos dos a Menger): uno, conformado por el “extremo apriorismo” de Rothbard[10] (que habrìa que ver hasta què punto es una correcta interpretación de Mises[11]); otro, conformado por una màs equilibrada (a nuestro juicio) síntesis entre Mises y Hayek, realizada por Kirzner[12], que pone su énfasis sobre todo en las fuerzas equilibrantes del mercado como proceso. Esto tiene como resultado que se pueda mantener, como el mismo Kirzner dice, la idea de una “ciencia” econòmica universal, manteniendo con ello la herencia mengeriana de los “principios” de economía.

Al lado de estos dos paradigmas dominantes dentro de la escuela, se desarrollaron otros dos “alternativos”, y “heterodoxos” en el sentido de un peligro, en acto en el primero, y en potencia en el segundo, para esa idea de ciencia econòmica universal. El primero es el de los “austrìacos radicales” (Shackle, Lachmann)[13], enfatizan tanto la idea de incertidumbre propia de la acciòn humana (Mises) y dispersión del conocimiento (Hayek) que por ende no hay razones para sostener universalmente la tendencia al equilibrio en el mercado: esta es màs casual, màs “caloidoscòpica” de lo que Mises y Hayek supusieron; y por ello Kirzner los coloca como los que sostienen el “equilibrium never”, como extremo del “equilibrium always” de los neoclàsicos (colocàndose a èl mismo, con su mercado como proceso, como instancia superadora de ambos extremos)[14]

El segundo es lo que podrìamos denominar el “intento permanente” de muy variados autores de relacionar directamente a la hermenéutica continental con la Escuela Austríaca[15]. Estos autores advierten el punto propiamente hermenèutico de Mises y Hayek y buscan, entonces, la base de la escuela Austrìaca en la hermenèutica continental, en particular Heidegger y Gadamer, con intentos más moderados en Ricoeur y la tradición fenomenológica. El intento no termina (y lo decimos en tiempo presente) de dar fruto. No nos referimos, obviamente, al positivismo latente del mainstream no austrìaco, para el cual, coherentemente, estos debates no tienen sentido, sino a los austrìacos mismos. La presencia de lo històrico, lo cultural, en el sentido gadameriano, esto es, como horizontes històricos de sentido[16], no terminan de “encajar” en una escuela para la cual el funcionamiento del mercado como proceso es visto como una verdad universal.

¿Còmo salir de este nudo gordiano? Decimos esto porque, se habrà advertido, coincidimos con el referido intento en que hay verdaderamente un núcleo hermenèutico en la obra de Mises y Hayek (implìcito, claro està). Pero a la vez coincidimos con Kirzner en que es posible desarrollar un núcleo central teorètico universal para la Escuela Austrìaca. ¿Còmo armonizar ambas cosas?

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LAS TRES ETAPAS DEL AVANCE DEL ESTADO

(De un ensayo de próxima aparición).

  1. Las tres etapas del avance del estado.

El principio de subsidiariedad (PS), la iniciativa privada y las libertades individuales consiguientemente protegidas, sufrieron una negación y una involución progresiva que podríamos señalar en tres etapas.

  1. a) El estado-nación legislador del s. XIX.

Fruto del positivismo, que en lo social Hayek llama constructivismo[1], los estados-nación racionalistas europeos de fines del s. XIX (Francia, Italia), con copias en Latinoamérica (México, Uruguay, Argentina), avanzaron sobre temas de educación, salud pública y matrimonio, con la intención de educar y proteger al ciudadano en tales áreas mediante lo que la ciencia podía proporcionar. La educación pública obligatoria tenía por misión educar en las ciencias y letras básicas el futuro ciudadano ilustrado[2] y secularizado; la medicina se divide en legal e ilegal, y en la primera el estado avanza en la salud pública. En materia de matrimonio y familia los estados avanzan quitando el cuasi-monopolio que las comunidades religiosas mantenían en esas áreas. Comparado con lo que vino después, fue un positivismo ingenuo y un laicismo moderado (laicismo como esencialmente diferente a la sana laicidad)[3]. Los estados educaban en cosas que hoy consideraríamos “buenas” tales como ciencia básica, lecto-escritura, matemáticas, etc., y los hospitales públicos se regían por una medicina científica relativamente des-ideologizada. Las comunidades religiosas toleraron al principio y aceptaron luego esta situación sin sospechar lo que vendría después.

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PRÓLOGO AL LIBRO «LIBRES DE ENVIDIA» DE GUILLERMO GONZÁLEZ RODRÍGUEZ

150428 Cubierta_BLBM-21 GRG.pmd…………………Los liberales aún somos en algún sentido, hijos del iluminismo, por más que nos aclare Hayek que hay dos racionalismos, uno verdadero y otro falso, explicándonos en la tradición de Hume los límites de la razón, un cierto espíritu «de las luces» está entre nuestros propios prejuicios empeñado en creer, contra toda evidencia, que la razón, con sus limitados poderes, tiene que ser más que suficiente para superar arraigados prejuicios anclados en hondos sentimientos.

Con esta contundente e importantísima afirmación, Guillermo Rodríguez González nos da pie para introducir su ensayo sobre la envidia y su relación con el socialismo.

En efecto, pocas veces, dentro de los ambientes liberales clásicos o libertarios, los temas psicológicos son abordados en profundidad. Nos manejamos bien en Economía, Derecho Filosofía Política y Filosofía, tratamos de argumentar racionalmente, estudiamos, leemos, escribimos, y entonces, desde allí, tratamos de “convencer al otro”. Pero “el otro” no se convence, no nos escucha, no nos lee. Y nos preguntamos entonces qué pasa con nuestra didáctica, qué cosa hemos hecho mal, etc. Y seguimos haciendo seminarios, cursos, a veces con mucho público, que ya está convencido, claro. Mientras tanto el socialismo sigue avanzando y en las horas más amargas uno llega a plantearse realmente si el mundo está loco o el loco es uno mismo.

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¿QUÉ ES UNA IDEOLOGÍA?

ideologiaDe “El analogante de las ciencias”, en Derecho y Opinión (6), 1998, pp. 683-697.

«…Nos detendremos un poco más en el tema de la ideología.

Otra vez, aclaremos qué no estamos criticando. No nos estamos refiriendo a ideas sobre sistemas políticos que, con su carga de esencial opinabilidad, se consideran mejores para la convivencia humana, ni tampoco a valores ético-sociales básicos de la filosofía política, como el respeto al bien común, la limitación del poder, etc. Nos estamos refiriendo a lo siguiente.

En primer lugar, la ideología, más que contenidos concretos, es una actitud, la cual parte de una premisa fundante: existe el sistema social perfecto. No importa que sea posible o imposible, que de hecho exista o haya existido tal o cual sistema social “X”; lo importante -por eso decimos que es una actitud mental- es que se lo conciba como “perfecto”. El ideólogo anade a esto una premisa gnoseológica, que ha sido calificada como “racionalismo constructivista”[1]: es posible conocer perfectamente los medios que racionalmente conducen a ese ideal. Dadas estas dos premisas, hay otras dos características que emanan cual necesarias conclusiones: este sistema es la única opción moral posible, pues, si es perfecta, si con ella se elimina absolutamente todo margen de pobreza, de guerras, de ignorancia, cómo va a ser moralmente legítimo optar por otro sistema que deje margen para sufrimientos, que, aunque mínimos, pueden evitarse? Y la otra conclusión es: ese sistema es la última etapa de la historia. No en el sentido de que no pueda abandonarse el sistema, sino en el sentido de que un abandono tal sería un retroceso. Esto es, dado ese sistema, la humanidad no puede avanzar socialmente más. Por qué? Muy simple: porque ese sistema es el perfecto.[2]

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Institucionalizados

La película The Shawshank Redemption es hoy considerada un clásico. Basada en una novela de Stephem King, narra la historia de la amistad de dos presos de muy diversos origen pero que se unen en sus sueños de libertad (que fuera su título en Argentina).

A fines de lo que vamos a decir, no importa ahora el argumento, que el lector puede encontrar en internet. La cuestión es que en un momento, uno de los convictos más ancianos, el encargado de la biblioteca, Brooks, tiene el beneficio de la libertad condicional. Pero Brooks no quiere salir. Acostumbrado a sus 50 años de cárcel, es ya su hogar, lo que conoce, aquello a lo que está acostumbrado. Sin embargo, tiene que hacerlo.

El mundo exterior, “la libertad” le resulta definitivamente extraño. No hostil. Le es dado un trabajo en un supermercado, una vivienda, humilde pero digna… Pero está definitivamente fuera de su mundo. No lo soporta. Y se suicida.

El personaje protagonizado por Morgan Freeman, Ellis (alias Red) explica lo sucedido. Su tesis es la siguiente: Brooks estaba “institucionalizado”. Se había acostumbrado a tal punto de la institución carcelaria, que ya no concibe otra vida. Lo que para nosotros es la libertad, para él es una prisión, y al revés. Así de simple y trágico.

Debemos preguntarnos: socialmente, ¿no ocurre lo mismo? Pienso en los millones de ciudadanos de todo el mundo acostumbrados al Welfare State, a los diversos estados de bienestar, con sus variantes, en diversas partes del mundo. No, no pienso en estados totalitarios, pienso en lugares, desarrollados incluso, donde las personas gozan de ciertas libertades pero se han acostumbrado totalmente a depender del estado para casi todos los aspectos más importantes de su existencia: salud, educación, seguridad social, etc… Para ellos, la libertad es eso. Esos son sus “derechos”. Cuando nosotros, los liberales clásicos, hablamos de libertades individuales, no comprendemos, tal vez, que estamos enviando a Brooks al mundo, fuera de su cárcel, cárcel para nosotros, libertad para él. Nosotros, los adalides de la “no agresión” no nos damos cuenta, muchas veces, de que para ellos somos los violentos, los que queremos que salgan de su paraíso de seguridad, aunque ilusorio. ¿Libertades individuales? ¿What? Ni siquiera para qué: ¿what? La primera crisis es salir de la secundaria. Aunque hayan protestado siempre por las órdenes de los padres y de los profes y etc., en el fondo la libertad los aterra. Mis alumnos de 1ro quieren, en el fondo, que yo los siga coaccionando. Hacen sus habituales travesuras, esperando que yo amenace, les tome parcial al día siguiente, los reviente con la nota, y aunque en la superficie protesten, en el fondo es lo que esperan: creen que el mundo es así, suponen que eso es lo que yo debo hacer y que eso es lo que ellos harán cuando les toque. Cuando no lo hago, se asombran. Sólo les recuerdo que son libres de estar allí, que no tienen por qué estar escuchándome, que pueden salir ya mismo de la clase y que si algún papá llama preguntando dónde está su nene, la respuesta correcta, universitaria, es: su nene ya no lo es y puede estar donde se le canta. Y, en el fondo, eso los asusta. El sistema educativo los ha institucionalizado, es ya la prisión de oro que los ha preparado para el welfare state. Si, habrá que trabajar algo, pero siempre esperando sus “derechos” a recibir educación, salud, seguridad social y educación, y si por ello deben ser esclavos, ni se lo plantean………………….

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