LAS TRES ETAPAS DEL AVANCE DEL ESTADO

(De un ensayo de próxima aparición).

  1. Las tres etapas del avance del estado.

El principio de subsidiariedad (PS), la iniciativa privada y las libertades individuales consiguientemente protegidas, sufrieron una negación y una involución progresiva que podríamos señalar en tres etapas.

  1. a) El estado-nación legislador del s. XIX.

Fruto del positivismo, que en lo social Hayek llama constructivismo[1], los estados-nación racionalistas europeos de fines del s. XIX (Francia, Italia), con copias en Latinoamérica (México, Uruguay, Argentina), avanzaron sobre temas de educación, salud pública y matrimonio, con la intención de educar y proteger al ciudadano en tales áreas mediante lo que la ciencia podía proporcionar. La educación pública obligatoria tenía por misión educar en las ciencias y letras básicas el futuro ciudadano ilustrado[2] y secularizado; la medicina se divide en legal e ilegal, y en la primera el estado avanza en la salud pública. En materia de matrimonio y familia los estados avanzan quitando el cuasi-monopolio que las comunidades religiosas mantenían en esas áreas. Comparado con lo que vino después, fue un positivismo ingenuo y un laicismo moderado (laicismo como esencialmente diferente a la sana laicidad)[3]. Los estados educaban en cosas que hoy consideraríamos “buenas” tales como ciencia básica, lecto-escritura, matemáticas, etc., y los hospitales públicos se regían por una medicina científica relativamente des-ideologizada. Las comunidades religiosas toleraron al principio y aceptaron luego esta situación sin sospechar lo que vendría después.

Sigue leyendo

Institucionalizados

La película The Shawshank Redemption es hoy considerada un clásico. Basada en una novela de Stephem King, narra la historia de la amistad de dos presos de muy diversos origen pero que se unen en sus sueños de libertad (que fuera su título en Argentina).

A fines de lo que vamos a decir, no importa ahora el argumento, que el lector puede encontrar en internet. La cuestión es que en un momento, uno de los convictos más ancianos, el encargado de la biblioteca, Brooks, tiene el beneficio de la libertad condicional. Pero Brooks no quiere salir. Acostumbrado a sus 50 años de cárcel, es ya su hogar, lo que conoce, aquello a lo que está acostumbrado. Sin embargo, tiene que hacerlo.

El mundo exterior, “la libertad” le resulta definitivamente extraño. No hostil. Le es dado un trabajo en un supermercado, una vivienda, humilde pero digna… Pero está definitivamente fuera de su mundo. No lo soporta. Y se suicida.

El personaje protagonizado por Morgan Freeman, Ellis (alias Red) explica lo sucedido. Su tesis es la siguiente: Brooks estaba “institucionalizado”. Se había acostumbrado a tal punto de la institución carcelaria, que ya no concibe otra vida. Lo que para nosotros es la libertad, para él es una prisión, y al revés. Así de simple y trágico.

Debemos preguntarnos: socialmente, ¿no ocurre lo mismo? Pienso en los millones de ciudadanos de todo el mundo acostumbrados al Welfare State, a los diversos estados de bienestar, con sus variantes, en diversas partes del mundo. No, no pienso en estados totalitarios, pienso en lugares, desarrollados incluso, donde las personas gozan de ciertas libertades pero se han acostumbrado totalmente a depender del estado para casi todos los aspectos más importantes de su existencia: salud, educación, seguridad social, etc… Para ellos, la libertad es eso. Esos son sus “derechos”. Cuando nosotros, los liberales clásicos, hablamos de libertades individuales, no comprendemos, tal vez, que estamos enviando a Brooks al mundo, fuera de su cárcel, cárcel para nosotros, libertad para él. Nosotros, los adalides de la “no agresión” no nos damos cuenta, muchas veces, de que para ellos somos los violentos, los que queremos que salgan de su paraíso de seguridad, aunque ilusorio. ¿Libertades individuales? ¿What? Ni siquiera para qué: ¿what? La primera crisis es salir de la secundaria. Aunque hayan protestado siempre por las órdenes de los padres y de los profes y etc., en el fondo la libertad los aterra. Mis alumnos de 1ro quieren, en el fondo, que yo los siga coaccionando. Hacen sus habituales travesuras, esperando que yo amenace, les tome parcial al día siguiente, los reviente con la nota, y aunque en la superficie protesten, en el fondo es lo que esperan: creen que el mundo es así, suponen que eso es lo que yo debo hacer y que eso es lo que ellos harán cuando les toque. Cuando no lo hago, se asombran. Sólo les recuerdo que son libres de estar allí, que no tienen por qué estar escuchándome, que pueden salir ya mismo de la clase y que si algún papá llama preguntando dónde está su nene, la respuesta correcta, universitaria, es: su nene ya no lo es y puede estar donde se le canta. Y, en el fondo, eso los asusta. El sistema educativo los ha institucionalizado, es ya la prisión de oro que los ha preparado para el welfare state. Si, habrá que trabajar algo, pero siempre esperando sus “derechos” a recibir educación, salud, seguridad social y educación, y si por ello deben ser esclavos, ni se lo plantean………………….

Sigue leyendo