La estatolatría argentina

Alfonsín-Menem-Nestor“La estatolatría es la mayor enfermedad social de nuestro tiempo”. Este lema representa una de las lecciones que aprendí del Dr. Jesús Huerta de Soto, uno de mis profesores en el Doctorado en Economía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Se trata de una creencia, o un fenómeno sociológico y cultural, en el que cada individuo se considera incapaz de valerse por sí mismo, y delega en el Dios Estado la solución a todos sus problemas.

En el siglo XX el Estado ha reemplazado el rol que siglos pasados jugaba la Iglesia. La gente ya no pide a Dios por trabajo, alimento, ropa, un techo o salud, sino que redirige sus peticiones al gobierno de turno. El Dios Estado se supone presente para asistir a los necesitados. Se cree en las buenas intenciones de nuestros gobernantes, y también en su omnisciencia. Se supone que el Estado detecta a tiempo cada problema y luego actúa en consecuencia.

En países presidencialistas, y en especial en etapas de auge, el presidente de turno se convierte en ídolo. Sólo cuando aparecen las fases de crisis y depresión, es cuando el ídolo cae, y se lo reemplaza por su sucesor, intentando que ahora sí, la asistencia sea la esperada.

La inmadurez de las masas es una consecuencia obvia, y ante ello, los problemas se multiplican. Hombres y mujeres abandonan su creatividad natural, y en lugar de “emprender”, esperan pasivos por una solución externa que nunca llega.

Esa pasividad es también fomentada por los propios gobiernos, por esos ídolos de turno, que saben que sólo mediante la “infantilización” de las masas pueden mantenerse en el poder y multiplicarlo. Los gobiernos han logrado distraer la atención acerca de las verdaderas causas de nuestros problemas. Se culpa al capitalismo, al ánimo de lucro, al mercado, a los empresarios, a la propiedad privada, por los problemas que el mismo Dios Estado causa, incluyendo la división de los pueblos y el conflicto permanente.

Los intelectuales, sean estos filósofos, sociólogos, economistas, juristas o historiadores, han fracasado en comprender la naturaleza de este problema. Abunda bibliografía que sólo ve la superficie de los problemas, pero muy poca atiende a lo esencial.

Aun la iglesia, o en los últimos meses el Papa Francisco, fracasan en comprender que la pérdida de fe en Dios, se ha canalizado al Dios Estado. El Dios Estado promete ofrecer en la tierra, los recursos que Dios sólo ofrecerá en la vida eterna.

En la Argentina la “estatolatría” se profundiza. Y si este es el caso, el problema no es Alfonsín, ni Menem o los Kirchner. Hay miles de Néstor o Cristina dispuestos a jugar el rol de líderes en el país. Si deseamos revertir el proceso, necesitamos un cambio cultural. Sugiero que recuperemos la fe en nosotros mismos, en nuestra creatividad empresarial, y confiemos menos en la “omnisciencia” y las “buenas intenciones” de nuestros gobernantes.

Producción Agrícola Total en Argentina (1890-2013)

Producción Agrícola Total en Argentina (1880-2010)Orlando J. Ferreres ofrece un análisis de la producción agrícola argentina desde 1890 hasta nuestros días. Tomamos algunas referencias de su análisis que vale la pena destacar, pero aquí se puede leer la nota completa.

En 1890, la producción agrícola fue de 1 millón de toneladas, principalmente trigo. Actualmente, se ubica cerca de los 100 millones de toneladas, principalmente soja. […]

Desde 1989 hasta 2007 la producción creció 3.5 veces, o sea un 250%. De esta forma, la exportación agrícola se consolidó como la principal fuente genuina de generación de divisas del país, a lo que contribuyó el incremento de precios internacionales de estos productos. […]

Pero a partir de 2002 se reinstalaron las retenciones, primero con Doctor E. Duhalde al 20% y luego con el Doctor N. Kirchner al 35%, con la intención de hacerlas crecer mucho más (por la Resolución 125) que generó la crisis del gobierno con el campo.

La producción se estancó, en la década Kirchner, a pesar de los altísimos precios de los granos. Efectivamente, la producción agrícola está en el promedio de los últimos 7 años, en los 96 millones de toneladas, como consecuencia de las trabas e impuestos que les impuso el gobierno nacional.

Estas retenciones no han sido aplicadas por países de producción agrícola importante, con los cuales a veces queremos comparamos favorablemente como Australia y Canadá. Tampoco hay este tipo de impuestos en países como Uruguay, Brasil o Estados Unidos, también productores de materias primas agrícolas, y no hay problemas con los precios de los alimentos en la canasta familiar de esos países. Aun más, en Europa ocurre lo opuesto, en lugar de ponerles impuestos les dan subsidios a los agricultores para tratar de fomentar más la producción de granos. […]

Nuestra producción agrícola podría haber llegado en los 10 años que van del 2003 al 2013 a 150 millones de toneladas, pero se quedó en 96 millones (un año superó en algo los 100 millones). Espero que podamos retomar esa meta de los 150.000 millones de toneladas de producción agrícola para el 2023.

Que tan neoliberal fue Argentina en los 90?

Con un gobierno que tiene la mirada siempre puesta en el pasado para justificarse a si mismo, no es sorpresa que se insista con el llamado neoliberalismo de los 90 en Argentina. Las “recetas neoliberales,” se sostiene, llevaron al país a una de sus peores crisis en el 2001. Es difícil decir a secas si Argentina fue o no neoliberal en los 90, dado que la palabra ‘neoliberal’ carece de significado concreto, al menos en la arena política, lugar donde es frecuentemente mencionada. Es que la palabra neoliberal se suele usar como comodín de crítica para eludir la tarea de tener que acompañar los cuestionamientos con verdaderos argumentos.

Si el término neoliberal significa algo, es por asociación al llamado Consenso de Washington. John Williamson, economista, resumió en un breve listado de 10 puntos (11 según Wikipedia en español) lo que él consideraba representaban un consenso en las recomendaciones de instituciones basadas en Washington para que países emergentes puedan desarrollarse y estabilizarse. ¿Qué más oportuno para sus críticos que la “receta neoliberal” se haya cocinado en Washington, la capital del “imperio capitalista”?

El Consenso de Washington consiste en los siguientes puntos:

  1. Discplina fiscal, evitando abultados deficits fiscales respecto al PBI,
  2. Redireccionamiento del gasto público, desde subsidios (indiscriminados) hacia la provisión en áreas clave para el crecimiento y sectores de bajos ingresos (educación, salud, infraestructura, etc.),
  3. Reforma impositiva, aumentando la base imponible pero con tasas marginales moderadas,
  4. Tasas de interés determinadas por el mercado y (moderadamente) positivas en términos reales,
  5. Tipo de cambio competitivo,
  6. Liberalización del comecio (externo): liberalizar las importaciones, con particular énfasis en la eliminación de restricciones cualitativas; cualquier protección debe ser en base a tasas bajas y relativamente uniformes,
  7. Liberalización de las inversiones extranjeras directas,
  8. Privatización de empresas estatales,
  9. Desregulación: eliminar las regulaciones que impidan al entrada o restrinjan la competencia, excepto para aquellos casos con justificación de seguridad, medio ambiente y protección al consumidor, y una supervisión prudencial del sistema financiera,
  10. Protección legal de los derechos de propiedad.

Presentada la receta neoliberal, ¿cumplió, efectivamente, Argentina con los 10 puntos del Consenso de Washington durante los 90? Esta pregunta se responde de manera negativa.

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La nacionalización de YPF

El debate sobre el petróleo en manos públicas o privadas está de regreso. YPF es una empresa que fue creada en 1922 bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen, y que el gobierno de Menem privatizó en 1993, en un momento en que la empresa sufría las graves consecuencias de la administración pública. Muchos analistas aseguran que YPF era la única empresa del sector en el mundo que perdía dinero!

El kirchnerismo ha revertido algunas políticas de Menem como la privatización del sistema de pensiones, o de Aerolíneas Argentinas, pero hoy los ojos están puestos en el petróleo:

El eje central de la disputa es que, después de una década de crecimiento económico acelerado en Argentina, la lánguida producción energética no ha logrado satisfacer la rápida expansión de la demanda. Aunque el consumo de petróleo y gas aumentó 38% y 25%, respectivamente, entre 2003 y 2010, la producción de crudo descendió 12% y la de gas 2,3% en el mismo período, según un informe de Barclays Capital. Argentina ha tenido que depender cada vez más de costosas importaciones. La balanza comercial de energía pasó de un superávit de unos US$2.000 millones en 2010 a un déficit de unos US$3.000 millones en 2011. […]

YPF y otras empresas privadas de energía sostienen que, para encontrar el culpable, el gobierno sólo tiene que mirarse al espejo.

Las compañías de energía señalan que las políticas oficiales -como los altos impuestos, los precios máximos sobre las tarifas de energía para los hogares y los cambios imprevistos de las reglas de juego, como la suspensión de las exenciones tributarias sobre el gasto en producción- desalientan la inversión.

Por mi parte, no conozco a fondo el caso, ni manejo los números de las inversiones que la empresa ha realizado en los últimos diez años.  Sólo puedo decir que el gobierno teórica e históricamente no tiene los incentivos necesarios para ocuparse eficientemente del gerenciamiento de la empresa y que este debate resurge en un momento delicado para el gobierno desde el punto de vista fiscal, así como también, desde la preocupación por la salida de divisas que produce la importación de petróleo.

Por supuesto que se requeriría de un debate previo sobre la propiedad privada del subsuelo, pero me gustaría conocer los comentarios de los lectores a esta disputa.

El debate sobre la minería

La minería está en expansión y ya representa el 5 % del PIB en Argentina. Por el lado positivo, las mineras están dejando regalías, inversiones y una fuente de empleo en las provincias más necesitadas. Por el lado negativo, las mineras dejan contaminación y otras externalidades negativas sobre los pueblos. El debate está abierto.

A continuación, algunas notas y extractos que entiendo pueden ser de interés para un debate profundo. Al final, una breve conclusión.

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