Quizás el mayor error de Marx fue considerar cierta su observación empírica de que el mundo tiende a la concentración de capital. Año a año la revista Fortune presenta el ranking de las 500 empresas líderes, y año a año observamos la dinámica de dicha lista, con empresas que desaparecen del ranking, con otras muy jóvenes que se convierten en líderes, algunas escalando lugares, y otras perdiéndolos. Después de todo, la imposibilidad del cálculo económico socialista no aplica sólo a la planificación central de un país, sino también a las empresas que alcanzan tamaños inmanejables.
Algo similar ocurre con los hombres y mujeres más ricos del mundo. Año a año el ranking va dejando atrás a figuras reconocidas por su fortuna, y llegan nuevas, que de algún modo lograron innovar, crear productos o servicios que lideran distintos mercados.
Los países no son la excepción. La tesis marxista dicta que la globalización sólo permite transferir la riqueza de los países pobres, hacia los países ricos, y sin embargo, vemos una tendencia en las últimas décadas totalmente contradictoria con aquello. En tal sentido, dejo una cita de Felipe A. M. de la Balze que invita a la reflexión:
A nivel global, estamos presenciando una modificación de los grandes agregados económicos mundiales. Los países desarrollados están perdiendo peso en el conjunto: representaban el 63% del PBI mundial en el 2000, aproximadamente el 52% en la actualidad y probablemente menos del 45% en 10 años.