Los DOS costos del control de precios

Las altas tasas de inflación de los últimos meses ha llevado al gobierno de Cambiemos a implementar un nuevo control de precios, especialmente en alimentos. Por supuesto, el gobierno no habla de control de precios, sino de acuerdo de precios. Sin embargo, lo que importa es si el precio se ubica o no en su valor de equilibrio, no si el precio es controlado por ley o acuerdo.

Las críticas no se han hecho esperar. Se entiende, el gobierno parece esperar que la medida tenga un resultado distinto al que siglos de historia y cualquier manual introductorio de economía enseñan. Sin embargo, tanto el gobierno como los críticos parecen enfocarse en unos de los dos costos que produce un control de precios.

Sigue leyendo

LA “HERENCIA” EN NÚMEROS

Esta nota intenta aclarar la dimensión de la herencia. Notará el lector que ha habido avances parciales en algunos campos, pero que aún resta mucho camino por recorrer en este proceso de normalización de la economía argentina.

1.
       Sobreempleo público
En la última década se multiplicó excesivamente el empleo público. A nivel nacional el personal aumentó un 61 %, desde 241.400 en 2003 hasta 389.830 en 2015; a nivel provincial el incremento fue del  72 %, desde 1.7 a 3 millones de personas en el mismo período; a nivel municipal la suba fue del 110 %, pasando de 379.000 en 2003 a 796.300 en 2015. En total, en el período bajo estudio, el incremento fue del 77 %, pasando de 2,3 a 4,2 millones de empleados públicos.
En América Latina la relación Empleo Público / Población Económicamente Activa apenas supera el 10 %. En Argentina estamos cerca de alcanzar el 20 %. Duplicar esta relación por supuesto tiene un costo fiscal importante. Debemos interpretarlo como una mochila excesivamente pesada sobre las empresas privadas, y una traba fundamental para la creación de empleo.
Este es quizás el elemento central de la herencia, por las dificultades institucionales para revertir el proceso, por los derechos adquiridos, y por sumergir al país en un problema que ya era estructural, pero que ahora se agrava fuertemente.
 
2.       Excesivo gasto público
Como consecuencia de lo anterior, no sorprenderemos al lector al señalar que el gasto público primario a nivel nacional se incrementó de menos del 15 % en 2003 hasta el 36,7 % en 2015. Si analizamos el gasto público consolidado en los tres niveles de gobierno, entonces el salto se observa desde el 26,2 % en 2003 hasta superar el 50 % en 2015.
La suba del gasto público no incluye sólo el sobreempleo público. Incluye decenas de planes, algunos más importantes que otros, pero que más allá de la reflexión que cada uno amerite, en su conjunto llevan al estado a una situación fiscal imposible de financiar en el largo plazo.
 
3.       Presión tributaria récord
La voracidad fiscal de estos últimos diez años incrementó la presión tributaria desde el 24,33 hasta el 45,5 % del PIB. A nivel nacional se observa un salto desde el  19,21 % del PIB en 2003 hasta el 39 % en 2015. A nivel provincial el salto, en el mismo período, fue desde 3,82 hasta el 5,60 % del PIB. A nivel municipal el salto fue de 1,3 a 1,75 % del PIB. En síntesis, un argentino medio trabaja prácticamente seis meses del año para solventar el gasto público en los tres niveles.
Resulta paradójico que se argumente que el estado crea empleo porque el privado no lo hace, pero se le impide al sector privado hacerlo con esta carga tributaria sin precedentes en nuestro continente, o en la historia económica argentina.
 
4.       Enorme déficit fiscal
Ante este escenario de asfixiante presión tributaria, sorprende que aun exista déficit fiscal. Pero así es. Si incluimos los intereses, el 2015 cerró con un 5,8 % de déficit fiscal sobre el PIB. Si quitamos la deuda interna con ANSES o PAMI entonces el déficit fiscal es del 7,66 %. Son prácticamente 300.000 millones de pesos. Este nivel de déficit supera aquel con el que explotó la convertibilidad, dejando al país al borde de la cornisa. Si hoy este nivel de déficit es “manejable”, es porque se accedió a deuda interna, y porque la ausencia de convertibilidad permite monetizar el déficit fiscal.
 
5.       ANSES descapitalizado
ANSES es una institución que, por supuesto, tiene una finalidad muy distante de aquella de financiar los proyectos de gasto público como Procrear o Fútbol para Todos. Luego de estatizar las AFJP, ANSES “recuperó” entre 30.000 a 40.000 millones de dólares, cuyo destino debió estar en inversiones diversificadas que permitieran cubrir de la mejor manera posible las pensiones a pagarse en el futuro, a medida que los trabajadores de la PEA se pasen al retiro. Lejos de ello, utilizar ANSES para financiar el gasto público generó un vaciamiento de la institución, descapitalizando las cajas de retiro y provocando una deuda interna compleja que deberá ser tratada en el futuro. Este problema está lejos de tratarse en estos cuatro años, pero será una temática a tratar en un futuro que hoy parece muy lejano.
 
6.       Alta inflación
La sumatoria de la enorme presión tributaria y la deuda con ANSES o PAMI tampoco alcanzan para cubrir el gasto público. El gobierno necesita además monetizar el resto del déficit fiscal, con su lógico efecto inflacionario. La expansión de la base monetaria durante cada mes de 2015 superó el 30 % respecto de igual mes del año anterior, pero en diciembre el alza fue del 42,4 %. La suba se puede interpretar de distintas maneras, a saber, dar un impulso a la actividad económica que no despegaba o financiar un mayor nivel de gasto público como consecuencia de los gastos de campaña por la elección que llevó a Macri a la presidencia.
La tasa de inflación que había disminuido gracias a la contracción monetaria provocada por Fábregas, volvió a aumentar una vez que se revirtió tal política. La elevada tasa de inflación actual se puede comprender como  consecuencia del reacomodamiento de precios tras las reformas que el nuevo gobierno viene aplicando, pero también se alimentó de la expansión monetaria de 2015, cuyo efecto llega con rezago en este 2016.
 
7.       Controles de precios, subsidios y tarifas atrasadas
El gobierno anterior luchaba contra la inflación de la peor manera que podía hacerlo. Controlando precios, persiguiendo empresarios, multiplicando subsidios y con tarifas atrasadas en los servicios públicos o en el transporte. El costo político de levantar estos controles recayó sobre el nuevo gobierno, con un “reacomodamiento” difícil, especialmente en un contexto recesivo, o al menos de estancamiento económico.
 
8.       Cepo cambiario
Entre esos controles de precios, quizás el más dañino fue el cepo cambiario, que provocó una fuga de capitales que redujo las reservas del BCRA desde poco más de 50.000 a menos de 30.000 millones de dólares, con las conocidas discusiones aun abiertas acerca de la composición de las mismas, que ponen dudas sobre la solvencia del Banco Central.
Numerosos analistas aseguraban en 2015 que las reservas netas eran cercanas a cero, una vez que se devolvían los dólares a los depositantes, o incluso se quitaban préstamos chinos en yuanes y otras deudas o asistencias de último momento que permitieron sostener la debilitada moneda nacional.
El cepo cambiario además impedía relaciones comerciales normales con el mundo, tanto en la exportación como en la importación, estancando a las economías regionales y paralizando al sector industrial.
 
9.       Aislamiento y déficit en infraestructura
El cepo cambiario fue asociado a una política de aislamiento que también golpeó la cuenta capital. La falta de inversión extranjera directa hizo que se perdieran, según un estudio de Libertad y Progreso, unos 32.000 millones de dólares durante el gobierno de Néstor Kirchner, 60.000 millones de dólares durante el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y 63.500 millones de dólares durante su segundo gobierno. Esta pérdida de inversiones tiene como consecuencia lógica una infraestructura débil para acompañar el desarrollo de la economía argentina.
A su vez, las tarifas atrasadas en los servicios públicos impidieron a los concesionarios invertir lo suficiente para garantizar servicios de calidad, comprometiendo la capacidad productiva de la Argentina que, antes de volver a crecer, necesitará desarrollar inversiones en todos estos sectores para evitar cuellos de botella.
 
10. Estancamiento económico o recesión.
Todo lo dicho no puede tener otra consecuencia que un profundo estancamiento económico que comenzó en 2011, pero que ya se extendió hasta 2015, y que repercute también en un parálisis del consumo y la inversión. En definitiva, lo dicho ha resultado clave en el triunfo de Macri en la última elección, si consideramos que la gente siempre vota con el bolsillo. Este estancamiento promete extenderse también en este 2016, o incluso profundizar la crisis, una vez que se reconoce la inflación reprimida y se sincera el tipo de cambio. De hecho, la devaluación de los primeros meses de 2016 redujo el ingreso per cápita en dólares desde 14.747 a 8.920 dólares. No sorprende entonces que la presión sindical vaya creciendo con el correr de los meses.

El costo total de la energía cuando hay precios máximos: Lacha y D’Attellis en C5N

Escuchaba ayer en vivo a Gustavo Lazzari (@Lacha en Twitter) y a Agustín D’Attellis (@adattellis en Twitter) debatir en C5N. Se tocaron varios puntos interesantes. Pero hay uno que creo vale le pena resaltar: El aumento del precio de las tarifas de servicios como la luz. Que el precio de estos servicios suba no quiere decir que el costo económico total también suba.

Sigue leyendo

¿Que quiere decir que un precio está alto?

Con el nuevo gobierno del Pro-Cambiemos (Argentina) las discusiones sobre precios altos no han desaparecido ni de la opinión pública ni por parte de los políticos. En particular, en los últimos días se ha insistido que el precio de la carne está alto. ¿Es ese el caso? ¿Que quiere decir que el precio está alto?

Sigue leyendo

Dos libros para el nuevo equipo económico

4000 añosAfirmó, estos últimos días, Alfonso Prat Gay: -“Nunca dijimos que íbamos a desmantelar Precios Cuidados […]. Vamos a hacer un acuerdo amplio económico y social. No creemos en los aprietes de [Guillermo] Moreno, pero tampoco creemos en la ley de la selva.”

La referencia aparenta ser simple, pero contiene dos graves problemas para un nuevo equipo económico que debe enfrentar un complejo proceso de reestructuración económica, política y social, después de doce años de regulaciones y controles excesivos sobre el mercado.

Las palabras del nuevo secretario de Hacienda y Finanzas son entonces lamentables, pues nos obliga a retroceder a lo más esencial de los fundamentos de la teoría e historia económica, alterando negativamente las expectativas del propio mercado respecto a la capacidad del equipo económico de afrontar el desafío de revertir esta situación.

En primer lugar, quisiera recomendar al nuevo equipo económico el libro de Robert Schuettinger y Eamonn Butler, titulado “4000 años de control de precios y salarios” y que lleva como subtítulo “Cómo no combatir la inflación”.

La lección es simple: a pesar de las buenas intenciones, los controles de precios fracasan en alcanzar su objetivo de contener la suba de precios, y más bien agravan la situación incrementando la escasez, como consecuencia de que los productores –por las propias intervenciones, regulaciones y controles-, abandonan o reducen la producción de los  bienes y servicios en cuestión. Al reducirse la oferta, el precio sube, lo que implica más intervenciones, regulaciones y controles para perseguir el mismo objetivo, lo que a su turno incrementan aún más la escasez, lo que vuelve a incrementar los precios, sometiendo a los consumidores a un proceso caída del poder adquisitivo, que además divide a la población entre quienes se ven obligados a vender por debajo del precio de mercado y quienes deben pagar más de lo que habrían pagado en condiciones de libre mercado.

El mencionado libro ejemplifica numerosos casos recolectados en los últimos 4000 años, partiendo con el Mundo Antiguo y siguiendo con el Imperio Romano, el Medioevo, la Era Moderna, Canadá, Estados Unidos y la Revolución Francesa en el siglo XVIII, casos concretos del siglo XIX, la Alemania nacional socialista y la Unión Soviética entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, la posguerra, Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá entre 1970 y 1978, cerrando –en esta versión en español- con un documento del Ing. Alvaro Alsogaray titulado “El control de precios y salarios en Argentina”.

Un segundo libro que complementa el análisis mencionado y que también deseo recomendar se titula “Estado contra Mercado”, y fue escrito por el economista e historiador argentino Carlos Rodriguez Braun, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, quien cuestiona precisamente la afirmación del nuevo Secretario de Hacienda y Finanzas:

“Quizás la imagen más repetida de estos críticos acerca del mercado sea la de su crueldad. El capitalismo es salvaje; el mercado, nos dicen, es la selva. Ahora bien, como sabe cualquiera sin necesidad de salir del salón de su casa, porque basta con ver documentales por televisión, en la selva no hay capitalismo. No hay capitalismo, ni mercado, ni empresas, ni ciudades, ni casas, ni calles, ni gente, ni nada. […] la explicación es bien sencilla: eso sucede porque allí no hay derechos y sólo rige la ley de la selva, la ley del más fuerte, la inseguridad total.

Los mercados, en cambio, florecen en contextos diferentes, donde lo que impera es la libertad, la justicia, la seguridad personal, la protección de los derechos y la garantía de los cumplimientos de los contratos. Por eso la economía de mercado y la civilización y el progreso van de la mano: sus condiciones de existencia y desarrollo son las mismas reglas. […]

El mercado, así, es difícil de definir, pero desde luego no es un sitio ni una tienda. Es un marco institucional caracterizado, digámoslo una vez más, por reglas.”

En ese mercado, la oferta y la demanda determinan los precios. No existen grandes productores capaces de formar precios por sí solos, sin la presencia de la competencia efectiva y potencial. Cada vez que el empresario con poder de lobby se asocia al estado para obtener beneficios o mercados cautivos, lo que ocurre es que se abandona precisamente la esfera del mercado para ingresar en la esfera de la intervención estatal.

Debemos insistir en la importancia de la “certidumbre”. Hoy el campo se pregunta cuándo podrá liquidar sus cosechas con un tipo de cambio oficial ajustado o corregido, mientras toda la industria se pregunta si deberá seguir conviviendo con las restricciones impuestas por Guillermo Moreno y sus sucesores. Las palabras del secretario de Hacienda y Finanzas resultan desafortunadas pues ni siquiera consideró a los “precios cuidados” un elemento de transición, las que además son contradictorias con las promesas de campaña del Presidente electo acerca de liberar las fuerzas de mercado y la creatividad empresarial.

Populismo vs República, con Gloria Alvarez [2do video]

Aprender Volando es una iniciativa de la Fundación Libertad y Progreso donde Gloria Alvarez abre ciertos debates fundamentales para nuestro presente y futuro. Ante el exitoso primer video “Por amor a la Libertad“, hoy se lanzó el segundo “Populismo vs República”. Desde Punto de Vista Económico, apoyamos la difusión de este proyecto.