La planificación socialista (ahora del siglo XXI) depende de la sabiduría del planificador, que no es mucha

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata ese tema:

“El sistema socialista, sin embargo, prohíbe esta fundamental libertad de uno de elegir su propia carrera. Bajo las condiciones socialistas, hay una sola autoridad económica que tiene el derecho de determinar todos los asuntos concernientes a la producción. Una de las características salientes de nuestra época es que la gente usa muchos nombres para la misma cosa. Un sinónimo para socialismo y comunismo es ‘planificación’. Si la gente habla de ‘planificación’ quieren significar, desde luego, planificación centralizada, lo cual significa un plan hecho por el gobierno, un plan que impide la planificación hecha por alguien que no sea el gobierno.

El individuo planifica su vida, cada día, cambiando sus planes diarios a voluntad. El hombre libre planifica diariamente sus necesidades; dice, por ejemplo: ‘Ayer planeaba trabajar toda mi vida en Córdoba’. Ahora se entera de mejores condiciones en Buenos Aires y cambia sus planes diciendo: ‘En vez de trabajar en Córdoba, deseo ir a Buenos Aires’. Y eso es lo que significa la libertad. Puede ser que esté equivocado. Puede ser que ir a Buenos Aires resulte un error. Las condiciones para él podrían haber sido mejores en Córdoba, pero él mismo hizo sus propios planes.

Bajo la planificación gubernamental, él es como un soldado en un ejército. El soldado no tiene el derecho de elegir su guarnición, el lugar donde hará el servicio militar. Debe obedecer órdenes. Y el sistema socialista – como Karl Marx, Lenin y todos los líderes socialistas lo sabían y lo admitían – edra la transferencia de las normas militares a todo el sistema de producción. Marx hablaba de los ‘ejércitos industriales’ y Lenin preconizaba ‘la organización de todo – el correo, la fábrica y otras industrias – de acuerdo con el modelo del ejército’

Por consiguiente, en el sistema socialista todo depende de la sabiduría, del talento, de las dotes de aquella gente que forma la autoridad suprema. Aquello que el supremo dictador – o su comité – no conoce, no se toma en cuenta. Pero el conocimiento que la humanidad ha acumulado en su larga historia no es absorbido por todos y cada uno; hemos acumulado a lo largo de los siglos una tan grande cantidad de conocimiento científico y técnico, que es humanamente imposible para un individuo conocer todas estas cosas, aunque sea el hombre con las mejores dotes.

Y la gente es diferente, son desiguales. Siempre lo serán. Hay ciertas personas que están más dotadas en un asunto y menos en otro. Y hay gente que tiene el talento de encontrar nuevos caminos, de cambiar las tendencias del conocimiento. En las sociedades capitalistas, el progreso tecnológico y el progreso económico, han adelantado mucho a raíz de esa gente. Si un hombre tiene una idea, tratará de encontrar unas pocas personas suficientemente inteligentes para darse cuenta del valor de su idea. Algunos capitalistas, que se atreven a mirar el futuro, que se dan cuenta de las posibles consecuencias de la tal idea, comenzarán a ponerla a trabajar. Otra gente, al principio, puede decir: ‘Son unos tontos’; pero dejarán de decirlo cuando descubran que esta empresa, que ellos llamaban tonta comienza a florecer, y que la gente está contenta comprando sus productos.

Bajo el sistema marxista, por lo contrario, el supremo ente gubernamental primero debe convencerse del valor de tal idea antes que se pueda continuar y desarrollarla. Esto puede ser una cosa bastante difícil de realizar, ya que solamente el grupo en el más alto nivel – o solamente el supremo dictador – tienen el poder de tomar decisiones. Y si esta gente – debido a la pereza o a su avanzada edad o porque son poco brillantes o poco instruidos – no es capaz de captar la importancia de la nueva idea, entonces el nuevo proyecto no será llevado a cabo.

Alguna vez el monopolio estatal de la moneda fue útil… Alguna vez…, y hace mucho tiempo que no

La publicación de un par de posts sobre la competencia de monedas desató una discusión en el blog sobre la conveniencia o no de tener una sola moneda, lo cual facilitaría la comparación de todos los precios.

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata este tema y señala que no es cuestión de pensar solamente en las ventajas de una moneda única, hay que tomar en cuenta también sus costos. Al principio los beneficios pueden haber sido superiores, pero luego…, en fin, hemos visto ya los costos del monopolio estatal. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek

Ventajas iniciales del monopolio estatal del dinero

“Quizás cuando la economía monetaria se extendía lentamente a todas las regiones y uno de los principales problemas era enseñar a la gente a calcular en dinero (y de esto no hace tanto tiempo) se pudiera considerar conveniente tener un solo tipo de moneda fácilmente reconocible. Se puede argüir que dicho tipo uniforme y su uso exclusivo fue de gran utilidad para la comparación de precios y por tanto al objeto de ampliar la competencia y el mercado. Asimismo, cuando para determinar la autenticidad del dinero metálico era necesario emplear un difícil proceso de aquilatamiento y los particulares no tenían ni los medios ni la capacidad para hacerlo, pudo haber sido de utilidad (al objeto de garantizar la ley de las monedas) el sello de una autoridad generalmente reconocida que, fuera de los grandes centros comerciales, sólo podía ser el Estado.

Pero hoy en día estas ventajas iniciales, que pudieron servir de excusa para la apropiación por el Estado del derecho exclusivo de emitir dinero en metálico, no compensan las desventajas del sistema. Tiene los mismos defectos que todos los monopolios: es forzoso utilizar su producto aunque no sea satisfactorio, y, sobre todo, impiden el descubrimiento de métodos mejores de satisfacer necesidades, métodos que el monopolista no tiene ningún interés en buscar.

Si el público comprendiera el precio que paga en inflación periódica e inestabilidad por la conveniencia de utilizar un solo tipo de moneda en las transacciones normales y contemplara las ventajas de emplear varios, seguramente encontraría el precio excesivo. Tal comodidad es mucho menos importante que la de utilizar una moneda fidedigna que no trastorne periódicamente el flujo normal de la economía —oportunidad de la que el público ha sido privado por el monopolio gubernamental. Ahora bien, la gente nunca ha tenido ocasión de descubrir la alternativa. Los gobiernos siempre han alegado poderosos motivos para convencer a las gentes que el derecho de emitir moneda debía pertenecerles en exclusiva. A todos los efectos, mientras se trataba de la emisión de monedas de oro, cobre o plata, no importaba tanto como hoy en día, cuando conocemos la existencia de todo tipo de posibles monedas, incluido el papel, que el gobernante cada vez suministra peor y de las que puede abusar más que del dinero metálico.”

LA CONTRACARA DEL SUEÑO AMERICANO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLNo basta con los desastres que ha provocado Bush II ni los estropicios de Obama respecto a los derechos individuales, ahora irrumpe en la escena política Donald Trump el exitoso agente inmobiliario que por esa razón cree que puede llevarse al mundo por delante con sus propuestas fascistas de gran repercusión en el público estadounidense.

En su discurso de cincuenta minutos de junio último desde el Trump Tower en Manhattan el personaje de marras lanzó parte de su campaña presidencial que por el momento, según las encuestas (frecuentemente sujetas a gruesos errores), lidera las preferencias en círculos republicanos.

Sus aseveraciones resultan por cierto inquietantes para cualquier persona mínimamente inclinada a los postulados de la sociedad abierta. Desafortunadamente está en línea con los resurgimientos de los nefastos nacionalismos europeos de estos tiempos.

La emprendió contra la inmigración especialmente contra los mexicanos a quienes tildó de traficantes de drogas, violadores y criminales al tiempo que aseguró que construirá un muro muy alto que hará financiar a los propios mexicanos.

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Aerolíneas Argentinas frente a una política de cielos abiertos

En una entrevista que ofreció Mauricio Macri en junio de 2009, explicaba que el Estado “primero debe garantizar seguridad, salud y educación de calidad para todos los chicos”, y que Aerolíneas Argentinas debía volver a privatizarse.
Hoy el PRO abre otro debate, mucho más interesante que continuar con este péndulo de nacionalización y privatización de esta compañía. Es irrelevante debatir si Aerolíneas Argentinas (AA) tiene que estar en manos del estado o no. En la medida que sea la única empresa que ofrece el servicio, los argentinos no podrán gozar de vuelos de calidad a bajo costo.

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INTERSUBJETIVIDAD, SUBJETIVISMO, CIENCIAS SOCIALES Y ESCUELA AUSTRIACA DE ECONOMIA

Por Gabriel J. Zanotti*

  • – Publicado en inglés en “Intersubjetivity, Subjetivism, Social Sciences, and the Austrian School of Economics”, en Markets & Morality (2007), vol. 10, number 1, 115-141.
  1. Planteo del problema.

La Escuela Austrìaca de Economía tiene un fuerte compromiso epistemològico con la subjetividad o “subjetivismo”, como eje central de sus explicaciones econòmicas y de los fenómenos sociales en general. No queremos decir que los grandes economistas austrìacos hayan sido siempre totalmente coherentes con las implicaciones de dicho planteo, ni tampoco que no haya importantes diferencias individuales entre ellos. Pero partiendo de los esbozos de la teoría subjetiva del valor en Menger[1], pasando por el fuerte individualismo metodologògico de Mises[2], hasta llegar al ensayo “Scientism”… de Hayek[3], se podrìa decir que el compromiso por la acciòn finalìstica del sujeto, como eje central explicativo de la teoría econòmica, se ha mantenido en esta escuela, lo cual explica en gran parte su incomunicación (al estilo Kuhn) con el resto de escuelas econòmicas, a pesar de nuevas epistemologías que citaremos hacia el final.

El punto culminante de este subjetivismo, en nuestra opinión, lo realiza Hayek en el citado ensayo. Primero, midiendo èl mismo la importancia de la cuestión: “….it is probably no exageration to say that every important advance in economic theory during the last hundred years was a further sep in the consistent application of subjetivism”[4]. Segundo, dando sus famosos ejemplos de que en economía no son cosas fìsicas, sino ideas, intenciones, los “objetos de estudio”: “…That the objects of economic activity cannot be defined in objective terms but only with reference to a human purpose goes without saying. Neither a “commodity” or an “economic good”, nor “food” or “money” can be defined in physical terms but only in terms of views people hold about things”[5]. A nuestro juicio, lo que estaba haciendo Hayek, no sabemos si con plena conciencia intelectual o no, es colocar a la teoría subjetiva del valor como una sub-clase de un fenómeno abarcador de todos los fenómenos sociales, a saber, la subjetividad de los mismos, su “dependencia entitativa” (para decirlo en nuestro lenguaje) con los “fines” del sujeto actuante.

¿Es ese subjetivismo parte de una concepción màs amplia de la realidad social? Analizar esa pregunta es el eje central de este ensayo, pero digamos que, en su momento, esa pregunta quedò pendiente. Preocupados por mantener la validez de una “teoría general” ante un relativismo històrico que tenìa que ver con el historicismo contra el cual tanto habìa combatido Menger (tal vez demasiado[6]) y que abrìa las puertas a un intervencionismo que negaba y niega la universalidad de las leyes econòmicas[7], tanto Mises como Hayek idearon sus propios escudos epistemològicos contra ese relativismo. Mises, con su teoría general de la acciòn, a priori de una circunstancia concreta de lugar y tiempo[8], y Hayek con su teoría del orden espontàneo, que explica que esas expectativas de los sujetos, esenciales y no marginales al proceso de mercado, tienden a encontrarse y no a dispersarse, de manera espontànea, mientras los precios libres, la propiedad privada y la tendencia al aprendizaje hagan su papel como fuerzas coordinantes del conocimiento disperso[9].

Pero, al hacer eso, desarrollaron algo màs, algo màs que ellos no vieron: una hermenèutica no relativista, en el sentido de que, de ese modo, su epistemología de las ciencias sociales era al mismo tiempo un modo de dar sentido universal a fenómenos sociales que, precisamente por ser “subjetivos” podrìan ser mal-entendidos como arbitrarios por otros paradigmas (“¿quièn da sentido a què?”) o, lo que serìa peor para la escuela austrìaca, como intrìnsecamente depedientes de cada cultura en particular, volviendo con ello al historicismo de Schmoller. Es por ello que la Escuela Austrìaca posterior siguió su camino, en mi opinión, con dos paradigmas dominantes “ortodoxos” en el sentido de seguidores del legado Mises-Hayek (absorbiendo en ellos dos a Menger): uno, conformado por el “extremo apriorismo” de Rothbard[10] (que habrìa que ver hasta què punto es una correcta interpretación de Mises[11]); otro, conformado por una màs equilibrada (a nuestro juicio) síntesis entre Mises y Hayek, realizada por Kirzner[12], que pone su énfasis sobre todo en las fuerzas equilibrantes del mercado como proceso. Esto tiene como resultado que se pueda mantener, como el mismo Kirzner dice, la idea de una “ciencia” econòmica universal, manteniendo con ello la herencia mengeriana de los “principios” de economía.

Al lado de estos dos paradigmas dominantes dentro de la escuela, se desarrollaron otros dos “alternativos”, y “heterodoxos” en el sentido de un peligro, en acto en el primero, y en potencia en el segundo, para esa idea de ciencia econòmica universal. El primero es el de los “austrìacos radicales” (Shackle, Lachmann)[13], enfatizan tanto la idea de incertidumbre propia de la acciòn humana (Mises) y dispersión del conocimiento (Hayek) que por ende no hay razones para sostener universalmente la tendencia al equilibrio en el mercado: esta es màs casual, màs “caloidoscòpica” de lo que Mises y Hayek supusieron; y por ello Kirzner los coloca como los que sostienen el “equilibrium never”, como extremo del “equilibrium always” de los neoclàsicos (colocàndose a èl mismo, con su mercado como proceso, como instancia superadora de ambos extremos)[14]

El segundo es lo que podrìamos denominar el “intento permanente” de muy variados autores de relacionar directamente a la hermenéutica continental con la Escuela Austríaca[15]. Estos autores advierten el punto propiamente hermenèutico de Mises y Hayek y buscan, entonces, la base de la escuela Austrìaca en la hermenèutica continental, en particular Heidegger y Gadamer, con intentos más moderados en Ricoeur y la tradición fenomenológica. El intento no termina (y lo decimos en tiempo presente) de dar fruto. No nos referimos, obviamente, al positivismo latente del mainstream no austrìaco, para el cual, coherentemente, estos debates no tienen sentido, sino a los austrìacos mismos. La presencia de lo històrico, lo cultural, en el sentido gadameriano, esto es, como horizontes històricos de sentido[16], no terminan de “encajar” en una escuela para la cual el funcionamiento del mercado como proceso es visto como una verdad universal.

¿Còmo salir de este nudo gordiano? Decimos esto porque, se habrà advertido, coincidimos con el referido intento en que hay verdaderamente un núcleo hermenèutico en la obra de Mises y Hayek (implìcito, claro està). Pero a la vez coincidimos con Kirzner en que es posible desarrollar un núcleo central teorètico universal para la Escuela Austrìaca. ¿Còmo armonizar ambas cosas?

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El necesario ajuste del que no se habla

En dos columnas previas intenté imaginar lo que podría ser la política económica de los dos candidatos firmes a suceder a Cristina Fernández de Kirchner como presidente de la nación argentina: Mauricio Macri y Daniel Scioli. En las dos oportunidades intenté sistematizar las propuestas que sus asesores, sus equipos económicos o ellos mismos plantearon ante distintos medios, pero en ningún caso planteé si aquellas propuestas son suficientes para corregir los desequilibrios actuales.

En esta oportunidad me propongo explicar el error fundamental que los equipos económicos de ambos cometen al ignorar el necesario ajuste, propio de un error de diagnóstico que puede costar caro a un eventual próximo gobierno de cualquiera de los dos candidatos.

No está de más aclarar que los economistas trabajamos como los médicos: hacemos un diagnóstico de una situación dada a través de ciertos indicadores (actividad económica, empleo, presupuesto de ingresos y gastos, índice de precios, balanza de pagos, balance del Banco Central, índices de confianza, etc.) y planteamos una solución que puede contener efectos indeseados, lo que no significa que ignoremos esos efectos o los deseemos.

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Reflexiones Sobre la Economia Argentina: Capitulo 4 – Entendiendo el default del 2014

Comparto el borrador del cuarto capítulo, «Entendiendo el default del 2014.» El objetivo principal de este capitulo es entender los argumentos que llevaron al fallo adverso de Griesa, dado que este ha sido un tema tratado no sólo superficialmente, sino con falta de objetividad. En resumen, pocoo margen (por no decir ninguno) tenía Griesa para fallar que Argentina violó la cláusula pari passu.

El próximo capítulo será un resumen del «modelo K», donde intentaré poner algo de orden a la maraña de inconsistencias económicas del kirchnerismo.

En esta página se encuentra el borrador del cuarto capítulo.

Captura regulatoria: la licencia de un taxi en Nueva York se vende por más de un millón de dólares

En el Cato Journal, Randall Holcombe, De Voe Moore Professor of Economics at Florida State University, analiza el concepto de captura regulatoria en lo que llama ‘capitalismo político’: http://www.cato.org/cato-journal/winter-2015

Así es como lo explica:

“Los buscadores de rentas son capaces de obtener políticas gubernamentales que transfieran rentas hacia ellos pero con el tiempo esas rentas se disipan porque se capitalizan en los activos requeridos para obtener dichas rentas. Un claro ejemplo son los ‘medallones’ o permisos requeridos para conducir un taxi en la ciudad de Nueva York. El número de ‘medallones’ es limitado, se ha creado una barrera de ingreso, generando ganancias por sobre lo normal. Los medallones pueden venderse, y quienquiera ingresar en el mercado debe comprarlo; se han vendido por más de un millón de dólares. Las ganancias transitorias se han capitalizado en el valor de los medallones, por lo que el precio de mercado de un medallón es igual al valor esperado presente de todas las futuras rentas que obtendrá el dueño del taxi porque la entrada se ha restringido. La trampa es que si se fuera a desarmar esta política y permitir el ingreso libre en el mercado, los propietarios actuales de medallones sufrirían una pérdida temporal de más de un millón de dólares por medallón, ya que ahora no tendrían ningún valor. El valor de las rentas futuras se capitaliza en el precio del medallón, por lo que los propietarios actuales no obtienen retornos mayores a los normales de la restricción al ingreso.

taxi NY

Este ejemplo puede generalizarse a cualquier programa de gobierno que cree rentas para un grupo a costa de otros. Los subsidios agrícolas, por ejemplo, transfieren dinero de contribuyentes a agricultores, aumentado su ingreso. Para obtener subsidios, los receptores tienen que poseer tierra, por lo que el valor del subsidio se capitaliza en el valor de la tierra agrícola. Si se quitaran los subsidios o cuotas, y otros programas bajaría el valor de la tierra, imponiendo en los propietarios una pérdida temporal.

El resultado es que aquellas firmas que han capturado a las agencias que las regulan, o que se benefician de programas gubernamentales que crean rentas, dependen de quienes controlan esos programas para su continua rentabilidad. Tullock da un ejemplo con la ahora inexistente Oficina de Aeronáutica Civil (CAB). La CAB, esencialmente cartelizó a la industria aérea asignando rutas y estableciendo las tarifas. Permitía a las aerolíneas expandir sus rutas solo si podían demostrar que necesitaban capacidad en esa ruta, y autorizaba a las aerolíneas a subir las tarifas, pero no a bajarlas. Esto es lo que un cartel hace: sube precios y restringe producción. EL sistema funcionaba bien para las aerolíneas que participaban.

Esta ganancia temporal se disipó en muchas formas: altos salarios para pilotos sindicalizados, buenos servicios (a un alto precio) para los clientes, y capacidad en exceso. Esto era beneficioso porque si una aerolínea competidora quería ingresar a una ruta ya ocupada por otra aerolínea, ésta podía señalar al exceso de capacidad diciendo que ‘estamos ocupando solamente el 50% de los asientos que tenemos en esa ruta, no hay necesidad de capacidad adicional’.

Cuando las aerolíneas fueron desreguladas a fines de los 1970s y la CAB disuelta, las aerolíneas existentes tuvieron pérdidas temporales y pocas sobrevivieron. Algunas tradicionales como TWA, Eastern y Braniff desparecieron, desplazadas por nuevas empresas como Southwest o USAir”.

PRESENTES GRIEGOS EN MATERIA FISCAL – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLHomero en la Odisea y varios siglos más tarde Virgilio en Eneida nos relatan la estratagema de invadir militarmente vía el regalo del Caballo de Troya, de ahí “el presente griego” que no solo puede aplicarse a la situación de Grecia hoy con su colosal endeudamiento presentado como una ayuda que hunde a los griegos, sino que puede aplicarse a toda política que aparentemente beneficia pero que en definitiva arruina como es el caso del estatismo en general.

En esta nota quiero centrar brevemente la atención en un aspecto del antedicho estatismo. Me refiero a las falacias tejidas en torno a la política fiscal que tratamos en los siguientes diez puntos (el decálogo tiene buena prensa), todos de una u otra manera disfrazados de “presentes griegos”: la inexistencia de la traslación fiscal, la idea equivocada de los llamados impuestos al consumo, la relevancia de la curva Laffer, lo destructivo de la progresividad impositiva, una mirada más atenta a los principios de nacionalidad y territorialidad, la variante del valor agregado, el verdadero federalismo fiscal, la noción contradictoria de la “inversión pública”, los ineludibles desajustes de la exención fiscal y el equilibrio de la caja concebido como un fin en si mismo.

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