PREMIO JUAN DE MARIANA 2017

Este año 2017 en España se cumplirá la tradicional entrega del Premio Juan de Mariana “por una trayectoria ejemplar a la causa de la libertad” que recibirá Alberto Benegas Lynch (h) quien en esa ocasión disertará sobre “La agenda liberal en el contexto evolutivo”. En años anteriores recibieron el Premio Anthony de Jasay, Mario Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, Jesús Huerta de Soto, Manuel Ayau, Robert Higgs, Carlos Rodríguez Braun, Pedro Schwartz y otras personalidades de la cultura.

Benegas Lynch completó dos doctorados, es miembro de Academias Nacionales de Argentina y del exterior, ha publicado numerosos libros, ensayos y artículos, ha enseñado y recibido grados honoríficos de universidades de su país y del extranjero, participa de consejos académicos de entidades internacionales y ha pronunciado conferencias y dictado seminarios en Estados Unidos,  Inglaterra, España, Francia, Chile, Ecuador, Perú, Venezuela, Uruguay, Brasil, México, Guatemala, El Salvador, Honduras. Japón, Australia, Corea del Sur y Taiwán. Sus libros han sido prologados por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y James M. Buchanan, por el ex-Secretario del Tesoro de Estados Unidos, William E. Simon y por quien fuera miembro de la Academia Francesa, Jean-François Revel.

El Premio se entrega durante la Cena de la Libertad y se celebra en el Casino de Madrid  que este año tendrá lugar el 19 de mayo. Otorga el galardón anual el distinguido Instituto Juan de Mariana. El banquete de referencia congrega a liberales de España y Latinoamérica y es el gran punto final a toda una semana dedicada al liberalismo y conocida como La Semana de la Libertad.

¿Es EEUU un imperialista benevolente?

Rolando Astarita publicó un post en su blog donde expuso el siguiente gráfico que sintetiza el gasto militar en relación al PBI de Estados Unidos en el período 1949-2015. Desde luego su análisis puede ser de interés del lector, aunque en mi caso, el gráfico me disparó otra pregunta, sobre la que ya he trabajado hace algún tiempo.

¿Es Estados Unidos un «imperialista benevolente»?

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En una reseña crítica que escribí sobre el libro de Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina, dediqué una tercera parte sobre esta cuestión que quizás puede disparar algunas reflexiones en los lectores y generar un diálogo constructivo. Aquí abajo copio el acceso el artículo completo. Abajo copio los extractos relevantes, que están en la tercera parte.

Caminos Abiertos para América Latina, Caminos de la Libertad No. 8, México, 2014.

3. El análisis político, las instituciones y el principio de no intervención

[…] El segundo punto tiene que ver con la guerra, las fuerzas armadas y, en términos más generales, la política exterior. Al respecto, George Washington decía en 1796, en ejercicio de la Presidencia de la nación, que “[e]stablecimientos militares desmesurados constituyen malos auspicios para la libertad bajo cualquier forma de gobierno y deben ser considerados como particularmente hostiles a la libertad republicana”. En el mismo sentido, Madison anticipó que “[e]l ejército con un Ejecutivo sobredimensionado no será por mucho un compañero seguro para la libertad” (citados por Benegas Lynch, 2008, pág. 39).
Durante mucho tiempo el gobierno de Estados Unidos fue reticente a involucrarse en las guerras a las que fue invitado. Robert Lefevre (1954/1972, pág. 17) escribe que entre 1804 y 1815 los franceses y los ingleses insistieron infructuosamente para que Estados Unidos se involucrara en las Guerras Napoleónicas; lo mismo ocurrió en 1821, cuando los griegos invitaron al gobierno estadounidense a que envíe fuerzas en las guerras de independencia; en 1828 Estados Unidos se mantuvo fuera de las guerras turcas; lo mismo sucedió a raíz de las trifulcas austríacas de 1848, la Guerra de Crimea en 1866, las escaramuzas de Prusia en 1870, la Guerra Chino-Japonesa de 1894, la Guerra de los Bóeres en 1899, la invasión de Manchuria por parte de los rusos y el conflicto ruso-japonés de 1903, en todos los casos, a pesar de pedidos expresos para tomar cartas en las contiendas.

[…]

3.2. El comienzo de la declinación

El abandono del legado de los padres fundadores comienza a darse con el inicio de la Primera Guerra Mundial. No solo comienza un abandono de la política exterior de no intervención, sino que también se observa un estado creciente, más intervencionista y un paulatino abandono del patrón oro y del federalismo. El poder ejecutivo comenzó a ejercer poco a poco una creciente autonomía, y a pesar de las provisiones constitucionales en contrario opera con una clara preeminencia sobre el resto de los poderes, avasallando las facultades de los estados miembros.
Lefevre escribe que desde la Primera Guerra Mundial en adelante “la propaganda ha conducido a aceptar que nuestra misión histórica [la estadounidense] en la vida no consiste en retener nuestra integridad y nuestra independencia y, en su lugar, intervenir en todos los conflictos potenciales, de modo que con nuestros dólares y nuestros hijos podemos alinear al mundo (…) La libertad individual sobre la que este país fue fundado y que constituye la parte medular del corazón de cada americano [estadounidense] está en completa oposición con cualquier concepción de un imperio mundial, conquista mundial o incluso intervención mundial (…) En América [del Norte] el individuo es el fundamento y el gobierno un mero instrumento para preservar la libertad individual y las guerras son algo abominable. (…) ¿Nuestras relaciones con otras naciones serían mejores o peores si repentinamente decidiéramos ocuparnos de lo que nos concierne?” (Lefevre, 1954/1972, págs. 18-19).
A partir de las dos guerras mundiales y la gran depresión de los años treinta se nota un quiebre en la política internacional americana respecto de su política exterior. De ser el máximo opositor a la política imperialista, pasó a crear el imperio más grande del siglo XX. Pero no se trató solo de la política exterior. Robert Higgs (1989) desarrolló su teoría del efecto trinquete (o “ratchet effect”) para mostrar que cada vez que el gobierno crece a través de una guerra o crisis, la disminución de los gastos después de la guerra no es suficiente para hacer que el nivel de gasto básico retorne al nivel previo (Ravier y Bolaños, 2013, pág. 66). Esto significa que introducirse en conflictos bélicos no solo llevó a Estados Unidos a abandonar el principio de no intervención, sino que también lo llevó a abandonar el gobierno limitado, y su significativa carga tributaria sobre la economía de mercado.
De ahí que Galeano (1971, pág. 309) guarde plena razón cuando critica la política proteccionista norteamericana: “Del mismo modo que desalientan fuera de fronteras la actividad del estado, mientras dentro de fronteras el estado norteamericano protege a los monopolios mediante un vasto sistema de subsidios y precios privilegiados, los Estados Unidos practican también un agresivo proteccionismo con tarifas altas y restricciones rigurosas, en su comercio exterior.”
Y es que se trata de un paquete. Si Estados Unidos abandona el principio de no intervención y decide participar activamente en los conflictos bélicos, entonces no puede depender de la importación de alimentos para abastecer el consumo local. No hay un argumento económico para los subsidios, sino un argumento político, fundado esencialmente en la política imperialista.
A partir de allí ya no hubo retorno. Alberto Benegas Lynch (h) (2008) es muy gráfico al enumerar las intromisiones militares en el siglo XX en que Estados Unidos se vio envuelto, las que incluye a Nicaragua, Honduras, Guatemala, Colombia, Panamá, República Dominicana, Haití, Irán, Corea, Vietnam, Somalia Bosnia, Serbia-Kosovo, Iraq y Afganistán. Esto generó en todos los casos los efectos exactamente opuestos a los declamados, pero, como queda dicho, durante la administración del segundo Bush, la idea imperial parece haberse exacerbado en grados nunca vistos en ese país, aún tomando en cuenta el establecimiento anterior de bases militares en distintos puntos del planeta, ayuda militar como en los casos de Grecia y Turquía o intromisiones encubiertas a través de la CIA.
Poco a poco Estados Unidos fue copiando el modelo español. Copió su proteccionismo, luego su política imperialista, y ahora hacia comienzos del siglo XXI su estado de bienestar, el que ya deja al gobierno norteamericano con un estado gigantesco, déficits públicos récord y una deuda que supera el 100% del PIB (Ravier y Lewin, 2012).
El estudio de William Graham Sumner (1899/1951, págs. 139-173) nos es de suma utilidad al comparar el imperialismo español con el actual norteamericano, aun cuando sorpresivamente su escrito tiene ya varias décadas: “España fue el primero (…) de los imperialismos modernos. Los Estados Unidos, por su origen histórico, y por sus principios constituye el representante mayor de la rebelión y la reacción contra ese tipo de estado. Intento mostrar que, por la línea de acción que ahora se nos propone, que denominamos de expansión y de imperialismo, estamos tirando
por la borda algunos de los elementos más importantes del símbolo de América [del Norte] y estamos adoptando algunos de los elementos más importantes de los símbolos de España. Hemos derrotado a España en el conflicto militar, pero estamos rindiéndonos al conquistado en el terreno de las ideas y políticas. El expansionismo y el imperialismo no son más que la vieja filosofía nacional que ha conducido a España donde ahora se encuentra. Esas filosofías se dirigen a la vanidad nacional y a la codicia nacional. Resultan seductoras, especialmente a primera vista y al juicio más superficial y, por ende, no puede negarse que son muy fuertes en cuanto al efecto popular. Son ilusiones y nos conducirán a la ruina, a menos que tengamos la cabeza fría como para resistirlas.”
Y más adelante agrega (1899/1951, págs. 140-151): “Si creemos en la libertad como un principio americano [estadounidense] ¿por qué no lo adoptamos? ¿Por qué lo vamos a abandonar para aceptar la política española de dominación y regulación?”

Des-industrializar la Argentina [El Cronista]

Desde 1930 Argentina abandonó el modelo agro-exportador y se propuso industrializar su economía. Dicen algunos historiadores que tal camino no fue elegido por los sucesivos gobiernos, sino que le fue impuesto desde afuera, una vez que Inglaterra dejó de jugar el rol de importador de nuestros insumos. Está hipótesis, sin embargo, es sumamente discutible. El mundo cambió, es cierto, pero Argentina pudo mantenerse abierta al mundo como lo hicieron Estados Unidos, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, economías de características semejantes a la nuestra y que hoy muestran un desarrollo envidiable.

Sustituir importaciones y vivir de lo nuestro ha tenido su costo y sus batallas incluso hasta nuestros días. El péndulo de la política económica ha hecho, por ejemplo, que el gobierno anterior castigue fuertemente al sector agroexportador con retenciones y que el gobierno actual suspenda esas políticas para alentar el desarrollo de las economías regionales. El debate continúa.

Esta nota tiene como objetivo llamar la atención precisamente sobre el exceso de industrialización que tiene la Argentina, una vez que notamos que la estructura económica de nuestro país tiene una proporción de manufacturas en relación con el PIB bastante más elevadas que los países más desarrollados.

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El gasto de las Universidades Públicas Nacionales – Por Oscar Cetrángolo y Javier Curcio

El presente informe, elaborado por Oscar Cetrángolo y Javier Curcio para el CECE, tiene por objeto presentar la información disponible sobre la situación actual en materia de gasto universitario, introducir una tipología de universidades que permita analizar los diferenciales de erogaciones por grupos de instituciones y, finalmente, brindar una primera aproximación a la situación del gasto durante el año 2016 y el presupuesto aprobado para 2017.

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DONALD TRUMP Y LA LIBERTAD DE PRENSA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En un sistema republicano nada hay más importante al efecto de preservar las libertades individuales que la libertad de prensa. Después de un gran debate en medios estadounidenses por parte de quienes sostenían en el siglo xviii que no debería insertarse en la Carta Magna lo que el gobierno no puede hacer puesto que se afirmaba  que en un sistema libre como el proclamado en la Constitución va de suyo que el abuso queda excluido. Sin embargo, la posición contraria prevaleció y así se aprobaron las primeras diez enmiendas constitucionales,  de las cuales la primera -la prioritaria- resguarda la libertad de prensa de toda intromisión gubernamental. En esta misma línea, Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir esto último”.

Ahora resulta que acaba de asumir un presidente del otrora baluarte del mundo libre que se pronuncia en contra de la prensa libre. Entre otras trifulcas con los medios -la última antes de asumir cuando en su conferencia de prensa hizo callar a un periodista de CNN- ha dicho en Forth Worth en Texas que cambiará las leyes “para cuando los medios escriban noticias negativas los podamos demandar y así hacer mucho dinero” y con una inusitada agresión ad hominem  en West Palm Beach en Florida afirmó que después de que cambiemos las leyes referidas a la prensa “cuando el New York Times o el Washington Post escriban los podamos demandar” y “los medios se encuentran entre  los grupos de personas más deshonestas que he conocido. Son terribles”, lo cual repitió en su visita a la CIA después de asumir la presidencia, oportunidad en la que agregó “estoy en guerra con los medios” y  otras manifestaciones de desprecio a la libertad de pensamiento.

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LO POLÍTICAMENTE CORRECTO ES RETRÓGADO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

El progreso significa cambio para mejor. Como nuestra ignorancia es enorme,  la forma de reducirla consiste en abrir debates en todas direcciones al efecto de poder refutar lo  anterior y avanzar en la buena dirección. En otros términos, la faena del intelectual estriba en convertir lo políticamente imposible en políticamente posible. Esto se lleva a cabo en el plano de las ideas, mostrando las ventajas de dejar atrás lo inconveniente para adoptar lo mejor.

ABL

Todos los buenos descubrimientos siempre comenzaron con un sueño que parecía imposible. Como ha escrito John Stuart Mill “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. En otros términos, el progreso está indisolublemente atado a la creatividad y al esfuerzo por correr el eje del debate hacia mejores metas, hacia objetivos de una mayor excelencia, a la curiosidad por explorar lo que aparece como mejor, en definitiva por apartarse de la trampa del status quo, al coraje moral por diferenciarse del espíritu rabiosamente conservador.

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Vinculaciones Políticas en un Régimen de Banca Libre: El Caso de la Crisis Bancaria de 1878 en Chile – Por Ignacio Briones

REVISTA DE HISTORIA ECONOMICA, Volume 34, Issue 3

Abstract: En 1878 un pánico bancario pone fin al periodo de banca libre basado en la convertibilidad metálica e iniciado en Chile en 1860. En este trabajo analizo el periodo apoyándome en los balances mensuales de bancos y otras fuentes primarias. Argumento que una causa importante de la crisis fue la creciente relación entre banca y gobierno a través de préstamos al Estado y privilegios a los bancos de emisión. Muestro que la crisis se asocia con un importante préstamo con los bancos a fines de 1877. Sostengo que éste inducía a la sobreemisión y a expectativas de depreciación cuyo resultado racional era una corrida bancaria. El caso chileno proporciona evidencia valiosa sobre un elemento que ha recibido relativa poca importancia en la literatura de banca libre: los vínculos entre bancos y gobierno.

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DOS COMENTARIOS SOBRE LA INVESTIGACIÓN Y CONICET

La Argentina presenta hoy un sistema educativo superior mixto donde conviven universidades públicas y privadas. Privadas estas últimas que en realidad son públicas, considerando que no pueden decidir sobre su oferta académica sin un previo control o aval del Ministerio de Educación y Coneau. Se suele escuchar entre los especialistas en la materia que lo único sobre lo que deciden las universidades privadas es sobre la infraestructura, esto es, el color de las paredes, si alfombran o no las aulas, o si usan un poco más de tecnología que el que es accesible en las universidades públicas, pero poco pueden hacer frente a los controles administrativos de los reguladores, que muchas veces son injustificados, además de burocráticos.
Se dice a veces que cualquiera puede dictar un curso, pero se prohíbe que esos cursos entreguen títulos oficiales, que en muchos casos luego son exigidos en el mercado laboral. Las restricciones para crear nuevas universidades o institutos universitarios privados pienso que son conocidos por todos. Desafío al lector a que investigue cuántas nuevas universidades privadas se han creado en la última década. Me pregunto: ¿Por qué no nos llama la atención esta realidad?
En mi opinión la Argentina debe relajar estas regulaciones y permitir la competencia. En definitiva, la educación también es un mercado, con su oferta y demanda, con precios, y la competencia puede contribuir a crear incentivos que afecten positivamente a la calidad del servicio educativo. Que las universidades creen programas alternativos, y que sean los clientes o consumidores los que en definitiva elijan cursar esos programas. Lógicamente habría mucho más que decir sobre esta temática.
La investigación es parte del sistema educativo. Son los docentes quienes deben capacitarse, actualizarse e intentar conocer y aprehender las contribuciones que se van incorporando en la frontera del conocimiento de cada campo de estudio. Hoy el sistema público que supimos conseguir tiene pocos incentivos para ello, y la bajísima calidad educativa que presentan nuestras universidades –según cualquier ranking internacional- son una consecuencia lógica del sistema vigente.
Las becas de Conicet, en mi opinión, son un parche de un sistema defectuoso. Es como intentar tapar el sol con la mano. Ayudan, por supuesto, a que ciertos investigadores desarrollen una carrera científica, pero el esfuerzo queda condicionado a los vaivenes del ciclo económico argentino, que siempre impacta en el presupuesto. En etapas de auge, con buena recaudación, se repatrían investigadores y se multiplican las becas, pero en etapas de crisis esos mismos investigadores u otros abandonan el país, buscando la estabilidad económica que cualquier investigador necesita. Que hoy tengamos a los científicos argentinos jugando el rol de piqueteros es una triste realidad que sólo lo explica el defectuoso sistema educativo existente.
Al analizar los recortes al presupuesto se hace evidente la mala información que manejan los críticos. Pero aquí sólo quiero ofrecer dos comentarios, en dos niveles de discusión distintos.
En primer lugar, y sobre la base de lo expresado más arriba, me parece que el gobierno debe buscar una reforma del sistema educativo que multiplique los esfuerzos privados. Hay mucho más que el sector privado puede hacer en esta área, en comparación con lo que hoy se le permite hacer. Abrir el mercado, permitir la apertura de nuevas universidades privadas sólo pueden fortalecer el sistema educativo e incentivar la investigación. La competencia crea incentivos para que el docente se actualice y especialice, de tal manera de acceder a nuevos cargos, o incluso recibir algún incentivo adicional para la investigación.
En este sentido, es cierto que la investigación tiene algo de bien público, pero no puede negarse también su condición de bien privado. Quien se beneficia con la investigación es el propio investigador, que luego accede a cargos de mayor jerarquía y mejores remuneraciones justamente por su esfuerzo en el área. Subsidiar completamente los esfuerzos en investigación me parece un error, incluso para la lógica de la teoría de los bienes públicos.
En segundo lugar, y ahora en otro nivel, da la sensación que el gobierno de Macri no se está planteando una reforma en el sistema educativo. En este sentido, el recorte en cuestión es una mala decisión política. La medida sólo contribuye marginalmente a resolver el problema fiscal, y genera un mar de críticas desde el sector.
Si bien apoyo la baja del gasto público (sin querer negar con esto que la investigación es una inversión), la medida debe fijarse un objetivo (¿quizás 10 % del presupuesto?) y recortar a todos los sectores por igual. Cualquier intento de ser selectivo o parcial tiene la probabilidad de fracasar debido a las posibles manipulaciones de cada repartición por lograr que la reducción presupuestaria afecte a otros.
Resumiendo, tal como fue planteado el recorte, Macri sólo recibirá críticas del sector y ayudará muy poco a resolver la cuestión fiscal.

Vaca Muerta: flexibilización laboral para volver a crecer [Infobae]

No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

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Argentina lleva décadas sin crecimiento. No se trata sólo del estancamiento iniciado en 2011 con la llegada de Axel Kicillof al Gobierno kirchnerista, sino que el problema viene de bastante más atrás. El ingreso por habitante de 2016, por ejemplo, es similar al alcanzado en 1996. ¿Qué pasó con el «crecimiento» ocurrido entre 2003-2008? Fue más un proceso de recuperación del ingreso tras la crisis de 2001-2002 que un crecimiento real que expandiera la capacidad productiva del país. El año 2009 fue de recesión global, 2010 simplemente recuperó aquella caída, y luego la Argentina siguió en una fase cíclica donde un año perdía ingreso para recuperarlos al siguiente, sin expandir realmente la frontera de posibilidades de la producción.

Hay un consenso entre economistas, criticado a veces por quienes son ajenos a esta disciplina, de que no es posible crecer sin ahorro e inversión previa. Y Argentina no atrae inversiones locales y externas por la falta de seguridad jurídica, el cambio continuo en reglas de juego, la alta presión tributaria y la legislación laboral restrictiva, entre varios otros aspectos que habría que tratar en otro lugar.

Vaca Muerta presentaba estos mismos problemas. Un enorme potencial de ingresos que requerían, para explotarse, unas reglas de juego diferentes a las existentes. Claro que el sindicalismo pretende mejores ingresos para los trabajadores que representa, pero en las condiciones existentes Vaca Muerta no recibió inversiones ni generó empleo.

Los actores comprendieron este diagnóstico. Se reunieron en Casa de Gobierno el presidente Mauricio Macri, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui; los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Energía, Juan José Aranguren; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez; la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos; el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra; y su par de los petroleros jerárquicos, Manuel Arévalo. Entendieron que no podían seguir colocando el carro delante de los caballos. Si con estas nuevas reglas de juego, Vaca Muerta empieza a recibir inversiones, ya habrá tiempo más adelante para mejorar los ingresos de los trabajadores y las familias que se acerquen a explotar el potencial del yacimiento.

Vaca Muerta debe tomarse hoy como una lección para recuperar el crecimiento de la Argentina. No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

¿Por qué no extendemos estas nuevas reglas de juego a todo el país? Porque hay intereses creados. A diferencia de Vaca Muerta, que era una tierra virgen de privilegios, la Argentina tiene una enorme Unión Industrial compuesta por empresarios que están aferrados a las condiciones existentes. No importa el potencial de ingresos y empleos que podría generarse con otras condiciones más competitivas, si en la situación actual ellos poseen sus ingresos y sus empleos.

La flexibilización laboral es un requisito para el crecimiento y lo ha sido siempre. El concepto ha sido castigado, vapuleado, incomprensiblemente, pero vuelve. Si Argentina quiere volver a crecer, a crecer en serio, debe regresar, primero, el consenso sobre la economía ortodoxa.

Publicado originalmente en Infobae, el 17 de enero de 2017.

LA CONFRONTACIÓN TRUMP-CHINA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Después de más de trescientos años desde Adam Smith se siguen suscribiendo los anacrónicos postulados del mercantilismo de los siglos XVI y XVII. No se trata de un caso especial sino de una visión generalizada solo que hoy en lugar de mercantilismo se denomina nacionalismo, populismo o proteccionismo.

ABL

Todavía no hemos comprendido que comprar barato y de mejor calidad es preferible a comprar caro y de peor factura. Todo arancel implica mayor erogación por unidad de producto, lo cual, a su turno se traduce en una menor posibilidad de adquirir productos, es decir, en la reducción en el nivel de vida de los consumidores locales puesto que la lista de los bienes disponibles se contrae.

Pero lo increíble del asunto es que se sigue machacando con frases como que si se compra todo del exterior se destruirá la producción dentro de las fronteras sin percatarse que, igual que cada uno de nosotros, si no vendemos no podemos comprar. La importación depende de la exportación y viceversa, para lo cual es indispensable contar con un tipo de cambio libre.

Igual que sucede con nosotros, el objetivo es comprar puesto que las ventas constituyen los costos de las compras. Nosotros no trabajamos por el amor al esfuerzo, es el medio para adquirir lo que necesitamos. Igual ocurre con un país. La ubicación de los distintos capitales dependerá de las condiciones relativas y cambiantes. Si Trump ubica una de sus torres en Punta del Este es porque conjetura que su renta global se maximiza de esa manera.

Lo mismo va para el resto de las inversiones estadounidenses.
Tampoco debe uno concentrarse en China, el próximo presidente de Estados Unidos exhibe rabietas varias cuando sus conciudadanos producen automóviles en México y así sucesivamente.

En esta nota lo que queremos puntualizar es que el caso de la trifulca Trump-China no es un caso especial. Las falacias tras el razonamiento del magnate nacionalista resultan más estruendosas que otros nacionalismos que ahora surgen con fuerza electoral en Europa o los nacionalismos latinoamericanos, porque se trata de un presidente electo de Estados Unidos pero, como decimos, las premisas están en los políticos, en profesionales de muy variada especie e incluso en muchas facultades de economía, lo cual puede confirmarse con solo encender la televisión.

Como ha dicho Milton Friedman, si los extranjeros les regalaran bienes y servicios a los estadounidenses no hay que enojarse sino festejar el hecho que libera factores de producción para asignarlos en nuevas áreas ya que no vivimos en Jauja sino que las necesidades son siempre mayores que los bienes y servicios disponibles. El progreso significa mejorar la productividad que se traduce precisamente en liberar recursos humanos y materiales para atender nuevos requerimientos de la gente.

Y nada de competencia desleal, industria incipiente, dumping y otras pantallas que ya se han refutado en trabajos muy elementales. El economista decimonónico Bastiat se burlaba en su época del verso de los pseudoempresarios explotadores que siempre pretenden endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores a través de aranceles, al sostener que debían tapiarse obligatoriamente todas las ventanas para evitar la competencia desleal del sol para con los productores de velas.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, el 18 de enero de 2017.