Punto de Vista Economico

"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat

Juntas monetarias para países en desarrollo – Hanke y Schuler

hankeLa primera edición la presentamos en 1995. Para entonces nos preocupaban la emisión monetaria desbordada y los altos índices de inflación. Hoy la situación se ha agravado en tal medida, que nos hemos propuesto exponer nuevamente estas ideas que buscan fortalecer nuestra moneda, haciéndola sana y totalmente convertible, erradicar los controles de precios y de cambio con tasas fijas que permitan crecer y desarrollar el aparato productivo nacional.

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¿Por qué no podemos ver que estamos viviendo en una época de oro? – por Johan Norberg

norbergJohan Norberg sostiene que a pesar de que muchos se dejan llevar por los titulares negativos que abundan en la prensa global, los datos aportan evidencias contundentes de que la humanidad nunca ha estado más segura, saludable y próspera.

“Hemos caído en tiempos nefastos, la política es corrupta y el tejido social se está descomponiendo”. ¿Quién dijo eso? ¿Donald Trump o Bernie Sanders? ¿Nigel Farage o Marine Le Pen? Es difícil responder, dado que dicen cosas tan parecidas los populistas de izquierda y los de derecha. Todo está tan mal, así que saquemos a relucir a los chivos expiatorios y a los caballeros montados en caballos blancos.

El pesimismo conecta con el público. Una encuesta de YouGov concluyó que tan solo 5 por ciento de los británicos piensan que el mundo, considerando todas las cosas, está mejorando. Usted creería que los estadounidenses, quienes son crónicamente alegres, serían más optimistas —bueno, sí, 6 por ciento de ellos creen que el mundo está mejorando. Más estadounidenses creen en la astrología y en la reencarnación que en el progreso.

Si usted cree que nunca ha habido un mejor tiempo para estar vivo —que la humanidad nunca ha estado más segura, saludable, más próspera y menos desigual— entonces usted se encuentra en la minoría. Pero eso es lo que la evidencia muestra de manera incontrovertible. La pobreza, la desnutrición, el analfabetismo, el trabajo infantil y la mortalidad infantil están todas cayendo más rápido que en cualquier otra época en la historia humana. El riesgo de encontrarse en una guerra, sujeto a una dictadura o muriendo en un desastre natural es más bajo que nunca. La era de oro es ahora.

Estamos hechos para no creer en esto. Hemos evolucionado hasta volvernos sospechosos e inquietos: el miedo y la preocupación son herramientas de supervivencia. Los cazadores y recolectores que sobrevivieron tormentas repentinas y los depredadores eran los que tenían una tendencia de observar el horizonte y buscar en él nuevas amenazas, en lugar de descansar y disfrutar de la vista. Ellos nos dejaron a nosotros sus genes de stress. Por eso es que encontramos los relatos acerca de las cosas que van mal mucho más interesantes que los relatos acerca de las cosas que van bien. Esta es la razón por la que las malas noticias venden y los periódicos están llenos de ellas.

Los libros que dicen que el mundo está más o menos condenado también venden bien. Yo acabo de intentar hacer lo contrario. He escrito un libro llamado Progreso, acerca de los triunfos de la humanidad. Está escrito en parte como una advertencia: cuando no vemos el progreso que hemos logrado, empezamos a buscar chivos expiatorios por los problemas que todavía existen. Algunas veces, en el pasado y quizás hoy, hemos sido muy rápidos para decidir probar nuestra suerte con demagogos que ofrecen soluciones simples para hacer nuestras naciones grandiosas nuevamente —ya sea nacionalizando la economía, bloqueando las importaciones o expulsando a nuestros inmigrantes. Si creemos que no tenemos nada que perder al hacerlo, es porque nuestras memorias son defectuosas.

Considere el año 1828, cuando la revista The Spectator fue publicada por primera vez. La mayoría de las personas en Gran Bretaña vivían entonces en lo que ahora es considerada la pobreza extrema. La vida era desagradable (las personas todavía arrojaban sus desperdicios por la ventana), ruda (los cadáveres todavía se exhibían en horcas) y breve (en promedio duraba 30 años). Pero incluso en ese entonces las cosas habían estado mejorando. La primera edición de otro periódico del mismo nombre fue publicada en 1711 en una Gran Bretaña donde las personas sobrevivían con menos calorías promedio que aquellas que obtiene un niño promedio en la África Sub-Sahariana de hoy.

Karl Marx pensó que el capitalismo inevitablemente hacía a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Pero cuando Marx murió, sin embargo, el inglés promedio era tres veces más rico que cuando él nació, 65 años antes —nunca antes había la población experimentado algo así.

Ahora avancemos rápido hasta 1981. En ese entonces, casi nueve de cada diez chinos vivían en la pobreza extrema; ahora solo uno de cada diez vive así. En ese año, solo la mitad de la población mundial tenía acceso a agua potable. Ahora, 91 por ciento de la población lo tiene. En promedio, eso significa que 285.000 personas adicionales han adquirido acceso al agua potable cada día, durante los últimos 25 años. El comercio global ha conducido a una expansión de la riqueza de tal magnitud que es difícil de comprender. Durante los 25 años desde que se acabó la Guerra Fría, la riqueza económica global —o el PIB per cápita— ha aumentado casi tanto como lo hizo en los 25.000 años anteriores. No es coincidencia que dicho crecimiento haya venido de la mano del gobierno por la gente para la gente. Hace un cuarto de siglo, casi la mitad de los países del mundo eran democracias. Hoy, casi dos tercios lo son. Decir que la libertad todavía está marchando es una sutileza.

Parte de nuestro problema es nuestro éxito. Conforme nos enriquecemos, nuestra tolerancia de pobreza global disminuye. Así que nos enfurecemos más acerca de las injusticias. Las caridades con justa razón desean levantar fondos, así que llaman nuestra atención hacia los problemas de los más pobres del mundo. Pero desde que se acabó la Guerra Fría, la pobreza extrema ha caído de 37 por ciento a 9,6 por ciento —se encuentra en un solo dígito por primera vez en la historia.

Esto no ha sucedido mediante la destrucción de la clase media occidental. Los tiempos han sido difíciles desde la crisis financiera, pero a pesar de todo lo que se dice acerca de los estadounidenses “que se quedaron atrás”, el ingreso medio para los hogares de ingreso bajo y medio en EE.UU. ha aumentado en un 30 por ciento desde 1970. Y esto excluye todas las cosas a las que no se le puede poner un precio, como los avances en la medicina, unos 10 años adicionales de expectativa de vida, el Internet, el entretenimiento masivo, y aire y agua más limpios.

Hablando del agua, Disraeli describió al Tames como “una piscina oscura apestando con horrores inefables e intolerables”. Tan tarde como 1957, el río fue declarado biológicamente muerto. Hoy, está vigorosamente sano y contiene un sinnúmero de especies distintas de peces. La idea de que el medio ambiente limpio como un lienzo está siendo constantemente echado a perder por la humanidad es simplista y equivocada. Conforme nos volvemos más ricos, también nos hemos vuelto más limpios y verdes. La cantidad de petróleo derramado en nuestros océanos ha disminuido en un 99 por ciento desde 1970. Los bosques están resurgiendo, incluso en países emergentes como la India y China. Y la tecnología está ayudando a mitigar los efectos del calentamiento global.

Partes del mundo están cayéndose en pedazos, pero menos partes que antes. Los conflictos siempre acaparan los titulares, así que asumimos que nuestra era está plagada de violencia. Nos obsesionamos acerca de nuevas o continuas peleas, como la terrible guerra civil en Siria —pero olvidamos los conflictos que han terminado en países como Colombia, Sri Lanka, Angola y Chad. Recordamos las guerras recientes en Afganistán e Irak, que han matado a alrededor de 650.000 personas. Pero nos cuesta recordar que dos millones de personas murieron en conflictos en esos países durante la década de 1980. La amenaza de los terroristas yihadistas es nueva y terrorífica —pero los musulmanes matan a relativamente pocas personas. Los europeos incurren en un riesgo 30 veces mayor de ser asesinados por un homicida “normal” —y la tasa de homicidio en Europa se ha reducido a la mitad en solo dos décadas.

Desde casi cualquier ángulo, los seres humanos hoy viven vidas más prósperas, seguras y largas —y tenemos todos los datos que necesitamos para comprobarlo. Entonces, ¿por qué todos siguen convencidos de que al mundo le va cada vez peor? Porque eso es a lo que le prestamos atención, siendo nerviosos de pura sangre como somos. Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tyersky han demostrado que la gente no basa sus presunciones en qué tan frecuentemente algo pasa, sino en qué tan fácil es recordar ejemplos de ello. Esta “heurística de la disponibilidad” significa que mientras más memorable es un asunto, pensaremos que es más probable.  Y, ¿qué es más memorable que el horror? ¿Qué recuerda mejor: el relato de su vecino acerca de un restaurante decente que sirve un excelente caldo de cordero, o su advertencia acerca del lugar en el que fue envenenado y vomitó encima de la esposa de su jefe?

Las malas noticias ahora viajan mucho más rápido. Tan solo hace unas pocas décadas, usted leería que una ciudad asiática con más de 100.000 personas fue destruida en un ciclón en una pequeña noticia en la página 17. Nunca hubiésemos escuchado acerca de los asesinos en serie de Birmania. Ahora vivimos en una era con prensa global y cámaras de iPhones en todas partes. Como siempre hay un desastre natural o un asesino en serie en alguna parte del mundo, estas noticias siempre liderarán el ciclo de noticias —dándonos la impresión equivocada de que esto es ahora algo más común que antes.

La nostalgia también es biológica: conforme envejecemos, asumimos más responsabilidad y podemos tender la tendencia a mirar atrás hacia una juventud libre de preocupaciones. Es fácil confundir los cambios en nosotros mismos con los cambios en el mundo. Muchas veces cuando le pregunto a la gente acerca de una era ideal, el momento en la historia mundial en la que ellos creen que fueron más armoniosos y felices, ellos responden que fue la época en la que ellos crecieron. Describen una época antes de que todo se volviera confuso y peligroso, antes de que los jóvenes se volvieran rudos, o escucharan música fea, o dejaran de leer libros para poder simplemente jugar a Pokémon Go.

El historiador cultural Arthur Freeman observó que “prácticamente toda cultura, pasada o actual, ha creído que los hombres y las mujeres no están al nivel de los estándares de sus padres y antecesores”. ¿Es una coincidencia que el mundo occidental está experimentando una gran ola de pesimismo en el momento en que la generación “Baby-Boom” se está jubilando?

Entonces, ¿quién dijo esas palabras al inicio de este artículo, acerca de que “hemos caído en tiempos nefastos”? No fue Trump. No fue Farage. Hace un siglo, un profesor estadounidense los encontró inscritos en una piedra en un museo de Constantinopla. Él fija la fecha de su escritura en la Chaldea antigua, 3.800 años antes de Cristo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Spectator (Reino Unido) el 20 de agosto de 2016. Traducido al español por ElCato.org

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Reflexión de domingo: «UNA HERRAMIENTA PARA LOS NEGOCIOS» – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLDesde hace un tiempo se viene trabajando en una visión diferente de la tradicional en el mundo de los negocios. Como es sabido, originalmente la producción era íntegramente artesanal, luego se acoplaron instrumentos para facilitar esa producción, a raíz de la Revolución Industrial comenzaron las fábricas con el tiempo cada vez más dirigidas a la producción masiva, pero podría decirse que hasta recién en la década del cincuenta se mantuvo el muy difundido esquema de Taylor en cuanto a las estructuras verticales y jerárquicas en el contexto de la fabricación en serie.

A partir de la mencionada década se empezaron a cuestionar los organigramas que se traducían en la visión de que unos pocos eran los que poseían el monopolio del conocimiento y que su función consistía en impartir ordenes a los demás, incapaces de generar políticas constructivas dentro de la empresa. Muchas fueron las variantes ensayadas pero una de las más exitosas, ahora aplicadas en gran escala, especialmente por algunas petroleras, industrias siderúrgicas, empresas automovilísticas y alimenticias se denomina “market based management”.

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Un análisis «austriaco» de la burocracia – Por Edgar Duarte

mises_buchanan“La gestión burocrática implica detalladas normas y reglamentaciones prefijadas autoritariamente por el superior. Es la única alternativa que cabe adoptar cuando la gestión con fin lucrativo no es posible… Toda empresa que no se inspire en el afán de lucro ha de ser gobernada por normas burocráticas.” – Mises, Ludwig von (1949)

 

Es conocido que los teóricos de la Escuela de la elección pública (Public Choice School), también denominada escuela de Virginia, centran su programa de investigación en un aspecto de la vida social que había sido descuidado por otros teóricos de la economía, a saber, el comportamiento individual en la toma de decisiones colectivas, es decir en el ámbito público. Es así que analizan el comportamiento de gobernantes y representantes, políticos, electores, grupos de presión y burócratas, utilizando para ello las herramientas que provee la economía.

Es menos conocido que representantes de la denominada Escuela Austríaca de economía, utilizando el enfoque dinámico que les es característico, también han analizado algunos de los mismos temas que la escuela de la elección pública. El propósito de este ensayo es doble: nos proponemos demostrar que fue Ludwig von Mises uno de los primeros economistas que realizó un análisis económico del comportamiento de los burócratas y, además, comparar y contrastar los enfoques de ambas escuelas para mostrar cómo ambos se complementan y describir lo que los austriacos tienen que decir en cuanto al análisis de la burocracia.

Para esto, hemos dividido el presente ensayo en tres partes: en la primera hablaremos sobre el libro Bureaucracy[1] de Mises, indicando el contexto en el que apareció la obra y algunos puntos de vista incluidos en el mismo; en la segunda parte contrastaremos el enfoque de la Escuela de Virginia y de la Escuela Austriaca y demostraremos cómo ambos enfoques se pueden complementar en el caso concreto del análisis de la burocracia; en la tercera parte expondremos los aportes de economistas austriacos al análisis de la burocracia, entre ellos Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Murray Rothbard y, finalmente, daremos nuestras conclusiones y recomendaciones finales.

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F. A. Hayek y el uso del conocimiento en la sociedad: un clásico que critica al equilibrio general

Los alumnos de la UBA Económicas, Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca),  leyeron el artículo de Hayek, “El uso del conocimiento en la sociedad”. Un artículo famoso, por supuesto, publicado en el American Economic Review y, tal vez, el más citado de este autor y el único que conozcan muchos economistas del mainstream.

Hayek

Curiosamente, muchos que lo leyeron parecen no haber considerado las consecuencias de sus conclusiones.

El artículo de Hayek es un torpedo que explota en la sala de máquinas del modelo de equilibrio general, desarrollado primero por Leon Walras y asumido como un elemento fundacional de la economía moderna bajo la forma del primer teorema de la economía del bienestar.

Este teorema sostiene que el equilibrio competitivo describe una situación donde los recursos se asignan en forma eficiente según el criterio de Pareto.

Hayek afirma en el artículo que el problema a resolver en la ciencia económica no es uno de asignación de recursos que están “dados” sino del uso del conocimiento limitado y disperso. El equilibrio general debe asumir que el conocimiento es perfecto, de otra forma no llegaría a alcanzarse, y esto es imposible. El equilibrio general, para Mises, es un modelo ideal que sirve para entender como la realidad “no es”.

La economía del bienestar pasa del análisis positivo al normativo; el equilibrio general “debería alcanzarse” y si el mercado no lo logra es porque falla (externalidades, bienes públicos, etc.), por lo que el gobierno debe intervenir para acercar la situación al óptimo de Pareto.

Pero el conocimiento, no solamente es limitado, sino que esta disperso entre todos los participantes del mercado, cada uno de los cuales tiene tan solo una porción. Además, ese conocimiento describe las condiciones particulares de tiempo y lugar que no se pueden transmitir al “planificador central” y se pierden en todo intento de planificación de la economía. Al mismo tiempo, “el hombre en el lugar” necesita información general para coordinar sus acciones con el resto, la que recibe a través del sistema de precios, que actúa como un gran sistema de telecomunicaciones.

Hayek sostiene que no un problema de planificación o no, sino de quién planifica. En el socialismo es el buró de planificación, en la sociedad libre hay mucha planificación pero descentralizada, ya que cada individuo y empresa planifican aprovechando su conocimiento particular.

Hasta ahí un breve resumen del artículo, del cual se pueden extraer muchas cosas más. Pero veamos algunas interesantes preguntas que plantearon los alumnos:

“¿Cuál es el problema que queremos resolver cuando tratamos de construir un orden económico racional en una sociedad compleja y con grupos con puntos de vista políticamente diferentes?”

Esos puntos de vista políticamente diferentes son uno de los problemas que enfrenta el planificador. Digamos que son las preferencias de los individuos por la provisión de bienes “públicos” (aunque el mercado puede proveer bienes con características de públicos y casi todos los estados terminan proveyendo bienes con características de bienes privados). El planificador tendría que conocer las preferencias de cada uno, en términos de que bienes y en que cantidades. Ejemplo: Prefiero yo mas educación o mas salud? o mas defensa? o mas justicia? Y en todo caso cuanto de cada una? Ni hablar de como definir “educación” (ir a la escuela, tener acceso a Internet, tener un tutor, buenas conversaciones en mi casa, padres que me ensenan).

Y, además, como se expresaría mi preferencia? El principal instrumento que tengo es el voto, pero Public Choice ya nos ha mostrado cuan rudimentario e imperfecto es este instrumento. Cuando voto a un candidato, que quiero decir respecto a mas o menos educacion, de que tipo, con que proveedores, etc. Y deberia agregar toda esa informacion en algo asi como una “funcion de bienestar general”. Precisamente es esto lo que algunos economistas han intentado hacer: un fracaso y un ridiculo.

El planificador, si quisiera organizar toda la sociedad, deberia tambien conocer mis preferencias por bienes privados: cuantas manzanas quiero, de que tipo, en que momento, etc. Pues esa informacion no la tiene disponible porque solamente se manifiesta como “preferencia revelada” en el momento en que compro tales manzanas en el mercado. Es decir, sin mercados, no puedo saberlo.

“Debemos, más bien, demostrar cómo se llega a una solución a través de interacciones entre individuos que poseen, cada uno de ellos, un conocimiento parcial. Por otro lado ¿Cómo suponer todo el conocimiento dado a una sola mente, como suponemos que nos es dado a los economistas en tanto que constructores de teorías explicativas? ¿Esto no es suponer el problema resuelto e ignorar todo lo que es realmente importante y significativo en el mundo real?”

Los economistas desarrollan teorias para tratar de explicar la realidad. A diferencia del planificador, compiten entre si, se encuentran en un entorno de mercado. Algunas teorias podran explicar la realidad mejor que otras. No hay una sola mente entre los economistas, hay muchas. Las teorias desarrollan modelos abstractos, simplificaciones de fenomenos complejos, no pueden describir toda la realidad, destacan sus aspectos mas importantes.

Jorge Luis Borges mostraba esto en forma ironica, el mapa perfecto tendria el mismo tamano de la region descripta. Desde esa perspectiva, todo mapa es “imperfecto” (pero al mismo tiempo util, a ninguno nos serviria un mapa de Brasil del tamano del Brasil!)

“¿Sería posible construir una sociedad y economía racional una vez que muchas personas, los estados y las organizaciones están más preocupados por maximizar su bienestar individual que con el colectivo?”

La respuesta a esta pregunta es el aporte mas extraordinario de la economia a las ciencias sociales: el concepto de orden espontaneo, la “mano invisible” de Adam Smith. Cada uno persigue su propio interes, pero se ve guiado a contribuir al bienestar de otros, incluso sin haberselo propuesto. Incluso mas que cuando se proponen contribuir al bienestar general.

Los problemas de volver a tomar deuda

Mauricio_MacriLa herencia kirchnerista se resumió en tres grandes desequilibrios en el campo fiscal, monetario y cambiario. El macrismo intentó avanzar en resolver los dos últimos, pero ha postergado avanzar en el primero. La razón posiblemente se entienda en el impacto que resolver estas cuestiones tiene en la opinión pública. Mientras comprar dólares libremente (tanto para ahorro como para la compra de insumos) o bajar la inflación son aspectos deseables por el colectivo de la sociedad, la baja del déficit fiscal genera —en el corto plazo— desempleo y caída del consumo.

El macrismo optó, entonces, por postergar la baja del déficit y, en su lugar, cambia la forma de financiarlo, esto es, tomando deuda interna y externa. El conflicto con los holdouts tuvo una rápida resolución, tanto por la necesidad interna como por la voluntad externa. Y el acceso al crédito externo hoy está a la orden del día, una medida que ayuda en esta difícil transición.

Sin embargo, tomar deuda tiene también sus consecuencias. Es cierto que en lo inmediato la entrada de estos capitales puede contribuir a resolver el problema de la inflación, al tiempo que evita una caída inmediata en el consumo. Pero el desequilibrio fiscal sigue allí, en los microfundamentos de la economía argentina, el que puede ocultarse con un manto de deuda, pero que pronto saldrá a la luz con la misma fuerza de siempre.

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Reflexión de domingo: «NUEVOS LÍMITES AL PODER POLÍTICO» – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEstamos observando una marcada decadencia en el mundo. No se trata de sostener que “todo tiempo anterior fue mejor”, para un análisis de esa naturaleza siempre deben estudiarse períodos y temas específicos en los que efectivamente encontraremos momentos mejores pero también mucho peores. En todo caso, lo que hoy vemos es que en la enorme mayoría de los países europeos el nacionalismo ha escalado a posiciones electorales sumamente amenazantes. En Estados Unidos, independientemente de los resultados en las urnas, se comprueba un avance notable de populismo y un apartamiento manifiesto de los valores de los Padres Fundadores . Y en Latinoamérica las situaciones de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador son patéticas (para no decir nada de Cuba, la reversión parcial en Chile y los zigzagueantes y por momentos pastosos acontecimientos argentinos después de los extremos estatistas del gobierno anterior al actual), además, salvando las distancias, de las compadradas y barrabasadas del tirano de Corea del Norte.

En el centro de casi todas estas situaciones se encuentra una manifiesta degradación de la noción de la democracia que, en la práctica, se ha desviado por completo de los ideales de los Giovanni Sartori de nuestra época para mutar en cleptocracia. Es curioso pero la mayoría de las personas opera como si la insistencia en una receta fallida producirá en el futuro resultados distintos de los que ocurren una y otra vez. Es imperioso dar la voz de alarma porque, como decía Einstein, una política que da malos resultados no será distinta por el hecho de que se insista en sus recetas.

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Apertura Comercial y Desempleo

Entre los argumentos para oponerse a una economía abierta se encuentra el argumento de que el comercio internacional produce desempleo. Sin embargo, tal cual se enseña en los cursos introductorios a la economía, gracias a las ventajas comparativas no sólo permiten mantener el nivel de empleo, sino que permiten a las naciones consumir por fuera de su frontera de posibilidades de producción.

Más allá de esta disociación que actualmente persiste en la política Argentina, los datos no acompañan la postura que (1) hay una inundación de bienes importados ni (2) que a mayor apertura comercial mayor desempleo.

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Shock vs Gradualismo: Que podemos aprender de los países ex-URSS?

Como dicen los autores de este reporte del Cato Institute, a 25 años de la caída de la URSS, podemos comparar (en lugar de especular) el desempeño de aquellos países que hicieron reformas de fondo rápidas (shock o Big Bang) y aquellos países que siguieron un proceso de reforma gradual.

Vale enfatizar que estos países, al ser todos ex-URSS, ofrecen el mismo contexto o punto de partida, por lo que la diferencia de resultado y desempeño no se explica por distintas situaciones iniciales.


Los resultados son claros. Aquellos países que no fueron tibios ni en la extensión ni en la velocidad de las reformas obtuvieron (1) mejor desempeño económico y (2) un menor costo social. Este segundo punto es la preocupación de quienes defienden reformas graduales. Sin embargo, como este estudio muestra, sí es posible tener políticas de «shock» socialmente menos costosas que el gradualismo.

Un punto de confusión, en lo que respecta a esta zona geográfica, es el caso de Rusia. Las reformas, se dice, no trajeron los resultados prometidos. Rusia no es un buen ejemplo no sólo porque dejó las reformas a medias, sino que retrocedió en varias de ellas.

En Argentina este es un tema relevante dado el cambio de gobierno, bajo un lema no menos entusiasta que Cambiemos al canto de «Sí, se puede.» El gobierno se ha expresado en repetidas ocasiones en favor de reformas graduales. Sin embargo, tanto personas del gobierno como gente que los apoya lo hacen «ridiculizando» la propuesta de shock o señalando los pobres resultados de un shock mal aplicado (por ejemplo, de manera improvisada luego de lo que falla es el gradualismo anterior.) Para tener una discusión productiva, los defensores del gradualismo deberían tener mejor conocimientos de casos como el de los países ex-URSS y discutir con la mejor versión de las políticas de shock, no con una versión simplificada al ridículo que es en definitiva una manera indirecta de evitar el debate.

Me imagino la reacción de más de uno. En Argentina no se puede. Con todos los problemas económicos y sociales que tiene Argentina, si los pequeños países satélite de la ex-URSS pudieron, Argentina no debería tener excusa. Los políticos argentinos deberían aplicar su creatividad al momento de justificar nuevas regulaciones e impuestos en defender reformas de fondo, momento al cual la «restricción política» es la excusa eterna. No es que no se pueda, es que no se quiere o no se sabe cómo. Más que un shock de gestión, Argentina necesita un shock de liderazgo.