La Nación: No dejar que la emoción le gane a la razón

Las últimas semanas han dejado de manifiesto la delicada situación económica del país. Por más que desde Cambiemos hablen de meros sobresaltos, lo cierto es que el cuadro es claramente de crisis. Sin ir más lejos, la dirección del Banco Central fue removida luego de una llamado a las apuradas al Fondo Monetario Internacional. Mal que le pese al Gobierno, también es cierto que esta fue una de las crisis más anunciadas de los últimos tiempos. Sin embargo, en lugar de escuchar los llamados de atención, el Gobierno se distrajo hablando de los “plateistas”. Hoy toda la sociedad esta pagando costos evitables.

Es normal que en un contexto de estas características surjan varias interpretaciones, algunas de ellas más vinculadas a las emociones que a la racionalidad. Las explicaciones emocionales son más sencillas que las racionales. Son también un caldo de cultivo de mitos y falsedades. Este sesgo emocional alimenta una tesis errada sobre la situación económica de la Argentina. Esta tesis, aceptada por el Gobierno y buena parte de la sociedad, sostiene que al momento de asumir el nuevo gobierno había sólo tres alternativas: 1) Seguir el mismo camino y terminar como Venezuela; 2) Hacer un ajuste salvaje y volar por los aires y 3) Ejecutar un programa gradual y rogar que no hubiera imprevistos en el camino (es decir, basar el plan económico en un milagro). En otras palabras, es el gradualismo o no es nada.

Seguir leyendo en La Nación.

Gradualismo al revés – por Alberto Benegas Lynch (h)

Somos muchísimos los que queremos el éxito del actual gobierno pero aparentemente el resultado de sus desplazamientos no operan en esa dirección. Los fracasos cansan y desgastan sobre todo cuando los ejes centrales se repiten de idéntica manera. El gasto público neto, el total del déficit fiscal y el endeudamiento estatal constituyen una triada clave que se sigue engrosando.

Las críticas más sustanciosas no se dirigen a sostener que el movimiento es lento y gradual sino que apuntan a subrayar que se encaminan en la dirección opuesta. Es un gradualismo al revés con lo que, de mantenerse la tendencia, el final será igual que en casos anteriores donde se aplicaron las mismas recetas.

Días pasados comentábamos con colegas que si lo que se estiman son errores fueran novedosos la situación sería diferente, incluso estimulante puesto que se hace trabajar a las neuronas. Pero lo idéntico, lo mismo solo que con personajes diferentes se hace superlativamente tedioso.

Sigue leyendo

Del estancamiento a la búsqueda de un crecimiento sostenido [La Gaceta de Tucumán]

Fui entrevistado para La Gaceta de Tucumán junto a otros economistas para analizar los dos años de gestión de Macri.

Mauricio Macri asumió la Presidencia el 10 de diciembre de 2015 y su equipo económico inició un conjunto de políticas de shock en los primeros 30 días de gobierno, opina por su parte, el economista Adrián Ravier. “Tras estas medidas iniciales, el equipo económico optó por un gradualismo novedoso para la política económica argentina, aunque en algunas áreas hubo inacción”, observa.

A su criterio, la mayor deuda pendiente del gobierno se encuentra en el campo fiscal, donde no hubo baja del gasto público, ni del déficit fiscal. “Es cierto que los gastos en subsidios se vieron recortados, pero esas bajas se compensaron con otras alzas, como por ejemplo, las subas en jubilaciones y pensiones que el Ejecutivo debió reconocer tras el fallo de la Corte Suprema”, puntualiza.

Ravier indica que la apuesta por mantener el crecimiento vía mayor inversión resulta plausible para 2018-2019, pero el déficit fiscal y de cuenta corriente seguirán presionando por un mayor nivel de deuda que atenta contra la sostenibilidad del modelo económico.

Aquí la nota completa.

Reflexión de domingo: “Salir del populismo con buenos modales” – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Es por cierto muy difícil unificar una interpretación que corresponde a cientos de miles de personas que naturalmente tienen sus propias visiones con diferentes énfasis y preferencias. De todos modos puede encontrase un denominador común en la valorización de las instituciones republicanas y, por ende, en ahuyentar la figura del helicóptero tan estimulada y ponderada por energúmenos de variado calibre.

En todo caso nos parece que esta marcha del 1 de abril abre una nueva oportunidad al gobierno para salir del marasmo de populismo con buenos modales y revertir la situación. Milton Friedman ha escrito que para lograr cambios en la buena dirección es imprescindible llevarlos a cabo en el período de la luna de miel y no demorarse y desgastarse para que la oposición junte fuerzas.

Esperemos entonces que esta marcha abra nuevamente un paréntesis de esperanza para hacer lo que es razonable hacer dadas las características de la opinión pública y de los propios gobernantes del momento. Nos referimos esencialmente al voluminoso gasto público que es indispensable reducir, de lo cual depende la colosal presión tributaria, el déficit fiscal, el endeudamiento, las regulaciones absurdas y dificulta la trifulca contra la inflación.

Recordemos unos pocos ejemplos: este gobierno comenzó su gestión aumentando ministerios, elevando el gasto estatal y al tiempo que ponderaba el respeto a las instituciones pretendió designar por decreto a dos miembros de la Corte y subrayar la división de poderes cuando operaba en la Justicia un amigo del presidente, maniobras que afortunadamente se interrumpieron merced a la denuncia pública de una diputada integrante del gobierno. También se intentó muy ingenuamente comprar a piqueteros entregándole la friolera de $ 30 mil millones y otras sandeces como la de pretender chantajes liberando el sector externo para las áreas donde se incrementan precios. Abrirse al mundo no es un trámite administrativo sino para mostrar algo distinto del estatismo. Debe hacerse honor a la expresión cambiemos’ y no repetir errores superlativos aunque sean sin corrupción.

Días pasados no puede contener la carcajada cuando escuché en la radio a un funcionario público que se ufanaba con que las cosas mejorarán cuando la ‘inversión’ en obras públicas se concretaran a través de ‘picos y palas´. Sobre esto último tengo una mejor idea: que se cave con las uñas para mejorar el empleo según esta receta bastante estúpida por cierto con la que se desmoronará todo lo que queda en pie.

En segundo lugar no hay tal cosa como ‘inversión pública’. La inversión es un concepto subjetivo en el que se conjetura que el valor futuro es mayor que el presente. Si le arrancara la billetera a uno de mis lectores y le digo que es para invertir el fruto de su trabajo, seguramente el despojado se percatará que para él es un derroche puesto que si hubiera podido disponer de sus recursos lo hubiera llevado a cado en otra dirección. Es lo mismo que en la época alfonsinista cuando se decretó el ‘ahorro forzoso’ cuando por idénticas razones no hay tal. En el presupuesto gubernamental el rubro correspondiente debe contabilizarse como gastos en activos fijos para distinguirlos de los gastos corrientes, pero no como inversión pública.

En resumen, interpretamos que en la marcha en cuestión se espera que cambiemos cambie antes de que resulte tarde.

Publicado en El Cronista, miércoles 5 de abril de 2017.

EL GRADUALISMO PRODUCE SHOCK – Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Hay tres palabras que estimo no son conducentes a lo que se desea trasmitir: ajuste, gradualismo y shock. Por ajuste se entiende una política que apunta a poner orden en las finanzas públicas pero que se traduce en penurias para la población. Esto suena ridículo,  el orden en la familia o en el gobierno reestablece las condiciones del progreso. Pero, más aun, la expresión está mal utilizada ya que el ajuste, es decir, la privación no se genera como consecuencia del orden sino del desorden. En otros términos, para evitar el ajuste debe ponerse orden (no gastar más de lo que ingresa, presiones tributarias razonables, no usar la deuda pública para “patear la pelota para más adelante” sin enfrentar los problemas, limitar las funciones gubernamentales a los principios republicanos, respetar la división de poderes etc.)

Por su parte,  el gradualismo resulta algo cómico ya que ser gradual necesariamente implica saber cual es la meta (¿gradual hacía donde?) y la mayor parte de los gobiernos no explicitan los objetivos de modo que más preciso es decir que van a la deriva cuyo último resultado habitualmente consiste en engrosar el aparato estatal.

En tercer lugar, el shock también se aplica mal puesto que se lo entiende como resultado del orden cuando los shocks aparecen cotidianamente debido a las sandeces que introducen las políticas estatistas. El orden es para eliminar los shocks puesto que, como queda dicho, ya bastantes shocks diarios sufre la población. Si el orden produjera shock sería mejor vivir en el desorden, pero a poco andar se comprobaría que esto último produce miseria y caos.

Sigue leyendo

Shock vs Gradualismo: Que podemos aprender de los países ex-URSS?

Como dicen los autores de este reporte del Cato Institute, a 25 años de la caída de la URSS, podemos comparar (en lugar de especular) el desempeño de aquellos países que hicieron reformas de fondo rápidas (shock o Big Bang) y aquellos países que siguieron un proceso de reforma gradual.

Vale enfatizar que estos países, al ser todos ex-URSS, ofrecen el mismo contexto o punto de partida, por lo que la diferencia de resultado y desempeño no se explica por distintas situaciones iniciales.


Los resultados son claros. Aquellos países que no fueron tibios ni en la extensión ni en la velocidad de las reformas obtuvieron (1) mejor desempeño económico y (2) un menor costo social. Este segundo punto es la preocupación de quienes defienden reformas graduales. Sin embargo, como este estudio muestra, sí es posible tener políticas de “shock” socialmente menos costosas que el gradualismo.

Un punto de confusión, en lo que respecta a esta zona geográfica, es el caso de Rusia. Las reformas, se dice, no trajeron los resultados prometidos. Rusia no es un buen ejemplo no sólo porque dejó las reformas a medias, sino que retrocedió en varias de ellas.

En Argentina este es un tema relevante dado el cambio de gobierno, bajo un lema no menos entusiasta que Cambiemos al canto de “Sí, se puede.” El gobierno se ha expresado en repetidas ocasiones en favor de reformas graduales. Sin embargo, tanto personas del gobierno como gente que los apoya lo hacen “ridiculizando” la propuesta de shock o señalando los pobres resultados de un shock mal aplicado (por ejemplo, de manera improvisada luego de lo que falla es el gradualismo anterior.) Para tener una discusión productiva, los defensores del gradualismo deberían tener mejor conocimientos de casos como el de los países ex-URSS y discutir con la mejor versión de las políticas de shock, no con una versión simplificada al ridículo que es en definitiva una manera indirecta de evitar el debate.

Me imagino la reacción de más de uno. En Argentina no se puede. Con todos los problemas económicos y sociales que tiene Argentina, si los pequeños países satélite de la ex-URSS pudieron, Argentina no debería tener excusa. Los políticos argentinos deberían aplicar su creatividad al momento de justificar nuevas regulaciones e impuestos en defender reformas de fondo, momento al cual la “restricción política” es la excusa eterna. No es que no se pueda, es que no se quiere o no se sabe cómo. Más que un shock de gestión, Argentina necesita un shock de liderazgo.

Infobae: Deficit Fiscal: El Gran Misterio Pro

Mi última nota en Infobae sobre el déficit fiscal y el gobierno del Pro/Cambiemos.

A dos meses de asumir la Presidencia, el Gobierno de Mauricio Macri ha producido cambios importantes, como la eliminación del cepo cambiario y la participación en Davos, en lugar de relacionarse con Venezuela o Irán. Pero también ha mantenido grandes incógnitas aún sin respuesta, especialmente cómo se va a reducir el déficit fiscal.

Podemos dividir el efecto de las elecciones presidenciales en dos. Por un lado, el efecto político. El triunfo de Macri implica nada menos que poner fin al proyecto Argenzuela del peronismo en su versión k. El PRO-Cambiemos no sólo ganó la Presidencia, sino que mantuvo la Capital Federal y ganó la provincia de Buenos Aires. El potencial político de haber ganado estos tres distritos no es menor. El PRO-Cambiemos tiene una oportunidad única de desmantelar el clientelismo político de la provincia de Buenos Aries que tanto daño le ha hecho al país.

Seguir leyendo en Infobae.

Infobae: Shock o Gradualismo

La economía Argentina se encuentra en estanflación (por no decir directamente “crisis económica”). A fin de año hay cambio presidencial. ¿Debe la nueva administración llevar adelante cambios de política económica en “shock” o hacerlo “gradualmente”?

Este es el tema de mi última columna en Infobae.

Llevar adelante reformas de manera gradual o mediante shock es un debate que va ganando presencia entre los candidatos presidenciales. Si bien ninguno es explícito sobre este tema, algunos candidatos hablan de, por ejemplo, quitar el cepo y eliminar la inflación rápidamente, otros, de tomarse varios meses o toda una gestión presidencial para bajar la inflación a un dígito. En síntesis: “shock” versus “gradualismo”.

La oposición a las políticas de shock suele basarse en que las mismas imponen un costo innecesario a la sociedad. Bajar el gasto público de golpe, por ejemplo, puede generar desempleo y desaceleración de la actividad económica. Por el otro lado, el gradualismo suele quedar a medio camino y las reformas, al quedar incompletas, son inconsistentes y nuevos problemas económicos aparecen en el mediano plazo. El gradualismo, por lo tanto, busca minimizar los costos sociales y económicos durante la transición. La crítica a las reformas en shock, sin embargo, obvia que las mismas también pueden hacerse con un plan de transición que hace justamente del gradualismo una opción innecesaria. Y dado que, de intentar hacer reformas de manera gradual, se corre el riesgo de que las mismas queden inconclusas, un shock bien planeado sería preferible al gradualismo.

Seguir leyendo en Infobae.