¿Qué libros debería leer un candidato a presidente?

El lunes el diario La Nación publicó una breve nota donde se pregunta a un breve listado de personas que libros debería leer un candidato a presidente (en el contexto de las elecciones presidenciales de Argentina.) Es curioso que con tanto problema institucional y económico falten libros de economía e instituciones.

Los libros sugeridos más cercanos a economía que se mencionan son El Manifiesto Comunista de Carlos Marx, Estudios de Historia Económica Argentina de Eduardo Basualdo, Maldesarrollo de Svampa y Viale, y Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 de Carlos Marx.

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José María Ibarbia sobre el pensamiento de Juan Bautista Alberdi

AlberdiSistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina Según su Constitución de 1853, es al decir de Alberdi: “expresión de una reforma de orden y libertad, largo tiempo deseada por el país…”. A casi ciento treinta años de su publicación es también una obra indispensable para comprender las instituciones y los principios según los cuales existe y debe funcionar el gobierno de la república.
Es obra de Alberdi, pero como él mismo lo reconoce “…es expositor imparcial de las ideas de todo el mundo…”. Él sólo fue un catalizador para acelerar con su pluma la sustitución del sistema colonial mercantilista vigente por el que corresponde a una sociedad de hombres libres.

La Constitución Nacional de 1853, que Alberdi comenta en esta obra, continúa formalmente vigente, pero en los hechos ha sido derogada por una legislación que contraría no sólo su texto, sino también su espíritu. La letra y el espíritu de la Constitución protegen los sagrados derechos de los individuos, tanto del poder despótico de los gobiernos, como de la anarquía.

La norma fundamental establece los límites al poder gubernamental concordantes con los inalienables derechos a la vida, la libertad, la propiedad privada y la igualdad ante la ley de todos los habitantes del territorio argentino, sean nacionales o extranjeros.

A veces, en ejercicio de la “soberanía de espada” y otras “en nombre del pueblo soberano”, las disposiciones constitucionales fueron atropelladas y derogadas, pese a la protección prevista en el artículo 28 de la misma. Esta protección que impide que los derechos individuales puedan ser revocados, no fue suficiente para contener al legislador que, desde la banca o del silencio de los despachos oficiales, cambió insidiosamente la Constitución aún sin la estridencia de los “golpes de Estado” o de los “golpes del pueblo”. La gente actúa conforme a ideas, y cuando éstas son falsas, sus acciones resultan equivocadas. Ideas faltas o mitos respecto de los medios y fines contenidos en la Constitución Nacional han dado origen a las mutaciones constitucionales que aquí se comentan.

Este trabajo tiene por objeto presentar sistemáticamente el pensamiento de Alberdi sobre el sistema económico que contiene nuestra Constitución Nacional. Se han ordenado los párrafos que se encuentran dispersos en la citada obra y, asimismo, se suprimieron reiteraciones y referencias específicas a la época en la que fueron escritos, a los efectos de hacerla más accesible al lector contemporáneo. En la elaboración de esta selección se trabajó sobre el texto publicado en las Obras Completas de Juan Bautista Alberdi, Tomo IV, (Buenos Aires, La Tribuna Nacional, 1886), de modo que la numeración de las páginas que se indica al final de cada texto corresponde a esa edición.

Quien ha preparado estas líneas lo hace con el mismo amor por la libertad que tenía Juan Bautista Alberdi. Este gran político, escritor, economista y juriconsulto alguna vez dijo que quería la libertad de un modo material y positivo; para poseerla, aunque ello escandalizara a quienes no la amaban sino para violarla. Vaya esta contribución para la misma causa que defendió Alberdi.

José María Ibarbia

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Monopolios – La «sociedad» del gobierno y de los industriales contra los consumidores

De esta manera cerraba mi última nota en Infobae:

En lugar de seguir creando organismos como este Consejo de Defensa a las Pequeñas y Medianas Empresas [que anunció Axel Kicillof], parece mucho más rentable recuperar la igualdad ante la ley y la economía de mercado. Ningún contexto es más justo para los verdaderos empresarios que la sana competencia. El debate que nos debemos plantear es qué empresario queremos en el centro de nuestra estructura productiva.

Milton Friedman es claro sobre este punto:

Reflexión de domingo: «PROGRAMA POLÍTICO PARA EL AÑO VERDE» – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLA continuación propongo algunos puntos para cuando la faena educativa sea de tal magnitud que gran parte de la población entienda y acepte el significado de vivir en una sociedad libre donde el respeto recíproco resulte la columna vertebral, por lo que nos habremos liberado de tecnócratas y megalómanos cuya morbosa fascinación consiste en manejar compulsivamente vidas y haciendas ajenas.

Al hacer desaparecer instituciones que sirven para atropellar derechos individuales, se libera a las personas para que administren lo que es de cada cual. El sostener que no se debe dejar las cosas a la “anarquía del mercado”, es no comprender que el mercado somos todos los que votamos diariamente con nuestras compras y abstenciones de comprar. No es que la disyuntiva sea el aparato estatal que decide por nosotros lo que nos pertenece o la anarquía sino que la alternativa es que cada uno dirija lo suyo como juzgue mejor. De este modo, tendrá vigencia la Justicia como el “dar a cada uno lo suyo” y desaparecerán la mayor parte de las reparticiones oficiales que no solo son inútiles sino contraproducentes (como el tragicómico ministerio de economía, en lugar de una secretaría de finanzas públicas puesto que no puede controlarse la economía, el ministerio de educación que pretende controlar el pensamiento a través de pautas y reglamentaciones varias pero que debiera reemplazarse por acreditaciones de instituciones privadas locales e internacionales que en competencia realizan auditorías cruzadas al efecto de lograr la mayor excelencia posible, para no decir nada de los ministerios de bienestar social y equivalentes que producen malestar con recursos detraídos coactivamente del fruto del trabajo ajeno). Eliminar reparticiones, es decir, liberar recursos para engrosar los bolsillos de la gente, nunca podar funcionarios, de lo contrario, igual que la jardinería, luego crecen con más fuerza.

Lo que ha venido ocurriendo en las últimas largas décadas consiste básicamente en ocultar la acumulación de poder junto a irregularidades superlativas que para nada se condicen son el sistema republicano bajo la máscara hipócrita de proteger a los más necesitados cuando justamente son los más perjudicados frente a aparatos estatales avasalladores.

En cada punto no me extenderé en los fundamentos puesto que, por una parte, ya lo he hecho en libros, ensayos y artículos anteriores y, por otra, el espacio de una nota periodística no lo permite.

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Alberdi explica las distintas escuelas económicas y a cuál pertenece la doctrina de la Constitución

Los alumnos de la materia Economía Política y Economía Argentina de Derecho (UBA) leen “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina” para conocer los principios que inspiraron a los redactores de la Constitución, supuestamente aún vigente. En la Introducción, Alberdi explica las distintas escuelas económicas y afirma que la doctrina económica de la Constitución Argentina pertenece a la escuela “industrial” de Adam Smith, expuesta por Jean Baptiste Say:

Alberdi 3

“La escuela mercantil, representada por Colbert, ministro de Luis XIV, que sólo veía la riqueza en el dinero y no admitía otros medios de adquirirla que las manufacturas y el comercio, seguía naturalmente el sistema protector y restrictivo. Colbert formuló y codificó el sistema económico introducido en Europa por Carlos V y Felipe II. Esa escuela, perteneciente a la infancia de la economía, contemporánea del mayor despotismo político en los países de su origen galo-español. representa la intervención limitada y despótica de la ley en el ejercicio de la industria.

A esta escuela se aproxima la economía socialista de nuestros días, que ha enseñado y pedido la intervención del Estado en la organización de la industria, sobre bases de un nuevo orden social más favorable a la condición del mayor número. Por motivos y con fines diversos, ellas se dan la mano en su tendencia a limitar la libertad del individuo en la producción, posesión y distribución de la riqueza.

Estas dos escuelas son opuestas a la doctrina económica en que descansa la Constitución argentina.

Enfrente de estas dos escuelas y al lado de la libertad, se halla la escuela llamada physiocrática, representada por Quesnay, y la grande escuela industrial de Adam Smith.

La filosofía europea del siglo XVIII, tan ligada con los orígenes de nuestra revolución de América, dió a la luz la escuela physiocrática o de los economistas, que flaqueó por no conocer más fuente de riqueza que la tierra, pero que tuvo el mérito de profesar la libertad por principio de su política económica, reaccionando contra los monopolios de toda especie. A ella pertenece la fórmula que aconseja a los gobiernos: – dejar hacer, dejar pasar, por toda intervención en la industria.

En medio del ruido de la independencia de América, y en vísperas de la revolución francesa de 1789, Adam Smith proclamó la omnipotencia y la dignidad del trabajo; del trabajo libre, del trabajo en todas sus aplicaciones -agricultura, comercio, fábricas- como el principio esencial de toda riqueza. “Inspirado por la nueva era social, que se abría para ambos mundos (sin sospechado él tal vez, dice Rossi), dando al trabajo su carta de ciudadanía y sus títulos de nobleza, establecía el principio fundamental de la ciencia.” Esta escuela, tan íntima, como se ve, con la revolución de América, por su bandera y por la época de su nacimiento, que a los sesenta años ha tenido por neófito a Roberto Peel en los últimos días de su gloriosa vida, conserva hasta hoy el señorío de la ciencia y el respeto de los más grandes economistas. Su apóstol más lúcido, su expositor más brillante es el famoso Juan Bautista Say, cuyos escritos conservan esa frescura imperecedera que acompaña a los productos del genio.

A esta escuela de libertad pertenece la doctrina económica de la Constitución Argentina, y fuera de ella no se deben buscar comentarios ni medios auxiliares para la sanción del derecho orgánico de esa Constitución.

La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América.

Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo. El doctor Moreno, principal agente de la revolución de 1810, escribió el programa de nuestra regeneración económica en un célebre Memorial, que presentó al último virrey español, a nombre de los hacendados de Buenos Aires, pidiendo la libertad de comercio con la Inglaterra, que el desavisado virrey aceptó con un resultado que presto nos dió rentas para despedirle al otro continente.

Nuestra revolución abrazó la libertad económica, porque ella es el manantial que la ciencia reconoce a la riqueza de las naciones; porque la libertad convenía esencialmente a las necesidades de la desierta República Argentina, que debe atraer con ella la población, los capitales, las industrias de que carece hasta hoy con riesgo de su independencia y libertad, expuestas siempre a perderse para el país, en el mismo escollo en que España perdió su señorío: – en la miseria y pobreza.”

Cesar Pailacura cuenta su experiencia en el FreedomFest

Cesar Pailacura fue panelista en el V Congreso Internacional de La Escuela Austriaca en el Siglo XXI, que tuvo lugar en Rosario en 2014, donde presentó una aplicación del GDE para su provincia, Chubut. El GDE es un aporte de Mark Skousen, en el que ha trabajado durante bastante tiempo, y sobre el que ha comentado en la entrevista que le realicé para el libro «La Escuela Austriaca desde Adentro, Volumen III». Fue una grata noticia saber que el Buró de Análisis Económico de Estados Unidos, medirá este agregado a partir de 2014.

En su presentación en Rosario, Cesar tuvo la suerte de coincidir precisamente con Mark Skousen, quien atendió su conferencia y lo invitó a exponerla al año siguiente en Freedom Fest, en las Vegas. Cesar aceptó la invitación, y abajo nos comenta su reciente experiencia.

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SMP: Rising interest rates: The Fed vs the Treasury?

Hace unos días la Reserva Federal decidió mantener las tasas de interés sin cambios. Pero hasta hace una semanas se especulaba con un aumento de tasas (incluso según pronunciamientos de la Fed).

En este post en SMP comento sobre tres posibles razones por las cuales la Fed puede haber decidido seguir manteniendo las tasas de interés en mínimos históricos.

In its latest meeting, the Federal Open Market Committee (FOMC) decided to not increase the Federal funds rate target, extending the lower zero bound policy until at least their next meeting. Although the decision was not unexpectable, some people did find it a bit surprising. The post 2008 recovery has been one of the slower ones in U.S. history and its fair to say that if it were possible, the Fed would likely push interest rates below zero percent.

The unemployment rate has decreased from 10 percent in 2009 to close to 5 percent today. The core-CPI inflation rate, though not showing an upward trend, does depict values close to 2 percent (between 1.70 and 1.80 percent) on a yearly basis. It would seem, then, that the Fed is concerned with more than just unemployment and inflation, its mandated responsibilities. Three key issues come to mind.

Seguir leyendo en Sound Money Project.

LA TEORÍA DE LA BANCA LIBRE FRENTE A LA DOCTRINA DE LAS REAL BILLS: Respuesta de J. R. Rallo a L. H. White

White_RalloTras la conversación que L. H. White y J. R. Rallo mantuvieron en Madrid (video), el primero ofreció unos comentarios escritos en el blog Alt-M, que nosotros traducimos aquí al español. Ahora Rallo ofrece aquí su respuesta.

Esta nueva respuesta tiene varios elementos importantes. Rallo explica que en su conversación con Larry White la presentación de su tesis no fue todo lo sistemática que hubiera querido, por lo que resume aquí su tesis en una serie de párrafos.

Personalmente -y a la expectativa de una posible respuesta de Larry White-, debo decir que me pareció esclarecedor el post en varios sentidos, al punto que me parece cada vez más imprescindible un diálogo entre estos dos programas de investigación para ver hasta qué punto el mensaje de ambos es compatible. No quiero negar las diferencias entre los enfoques, pero me parece que parte de lo que hoy discutimos es más semántico que diferencias sustanciales de fondo. Esto es lógico que ocurra cuando dos programas de investigación tienen un lenguaje propio, los que comparten algunos conceptos, pero difieren en el significado de otros.

Rallo muestra aquí la importancia de la coordinación económica y la estructura productiva, y se toma el trabajo también de distinguirlo de la propuesta Rothbard-Huerta de Soto y White-Selgin.

En uno de estos párrafos resume la tesis:

To summarize: the Real Bills Doctrine just states that the proper financial asset for preserving savers liquidity is real bills, or in more general terms, IOU’s that are collateralized for goods in process of being sold to final consumers. The tradition of the Real Bills Doctrine (or, more broadly, the tradition of liquidity theorist) started with Adam Smith, but has included such renowned economists as Jean Baptiste Say, William Huskisson, James Wilson, James Laughlin, Henry Parker Willis, Felix Somary, Heinrich Rittershausen, Charles Rist, Jacques Rueff or Antal Fekete. I would also include Carl Menger in this tradition, attending to the final pages of his book Money (1909) and to enthusiastic defence of the Real Bills Doctrine by his student Eugen von Philippovich, but since Menger never developed a theory of credit, this inclusion is rather risky.

Sabía por ejemplo que Adam Smith, Menger y Antal Fekete formaban parte de la historia del pensamiento económico que respalda esta «nueva» corriente, pero ignoraba a los otros autores, y especialmente me sorprendió encontrar a J. B. Say o J. Rueff en la lista.

Rallo cierra afirmando que ante la pregunta de qué marco institucional es conveniente para tener prudencia bancaria y coordinación macroeconómica, él sugiere la banca libre con reserva fraccionaria como la que existió en Escocia, pero aclarando que aquel sistema escocés fue precisamente lo que él define como real bills. Me parece que por allí seguirá el debate, que es precisamente la especialidad de Larry White a partir de su tesis doctoral y del libro Free banking in Britain.

Por otro lado, en el mismo párrafo final aclara Rallo que es incorrecto afirmar que bajo banca libre habrá prudencia bancaria y el fin definitivo de los ciclos económicos. Personalmente insisto en aclarar, que bajo banca libre el sistema no es perfecto, y que lógicamente puede haber imprudencia de ciertos bancos que los conduzca a la quiebra, pero todavía me falta comprender cuál es el elemento por el cual los errores de los bancos serían masivos, y por qué «todos» los banqueros desearían tomar un curso de acción que los conduzca a la quiebra, y a quedar fuera del mercado. Más bien, creo que la competencia y la banca descentralizada tendría -como se observó en Escocia- un período de prueba y error que irá eliminando a ciertos bancos y fortaleciendo a otros, pero a medida que el sistema vaya madurando, se alcanzaría la «máxima prudencia posible», y con ello se reducirían los errores  y la descoordinación que conducen a un ciclo económico.

El interrogante es el mismo, en cierto sentido, al que se le plantea a los defensores de la banca libre con encaje 100 %. Si bien, las reservas fraccionarias en un sistema de banca central, contribuyen a expandir el crédito y al auge de las primeras etapas del ciclo económico, bajo un sistema de banca libre, las mismas también pueden expandir el crédito pero al ser limitada esta expansión, se evita el ciclo económico. El caso de Escocia en particular, muestra la caída de un banco -el Ayr Bank-, pero no la caída del sistema. Por el contrario, en la medida que el sistema va madurando, incluso este tipo de problemas en bancos aislados tiende a desaparecer.

Uno de los aspectos que nos separa quizás es la definición de ciclos económicos. No negamos cierta descoordinación, que es inevitable, lo que negamos es el error en masa que ha caracterizado hasta el día de hoy a todas las grandes depresiones que sufrió -por ejemplo- EEUU, referenciando casos concretos en la crisis de 1930, 1987, 2001 y 2008. Bajo banca libre, tales burbujas o errores empresariales en masa no ocurren, pero no rechazamos la posible quiebra de un banco imprudente.