Axel Kicillof intentará ser el “Keynes argentino” [Infobae]

KicillofLa derrota en las elecciones legislativas, las diferencias surgidas en el equipo económico, el debilitamiento del oficialismo de cara a las elecciones de 2015 y una serie de problemas en el frente monetario y cambiario presionaron al gobierno para abrir una etapa de renovación dentro del gabinete nacional. Lo que se pretende con ello es atacar tanto los problemas en el frente político como aquellos del frente económico. En el primer caso, se intentará homogeneizar el discurso, fortalecer el modelo, recuperar credibilidad en el electorado y dar algunas señales positivas de cara a las elecciones de 2015; en el segundo caso, controlar la inflación, limitar la pérdida de reservas y menguar las presiones sobre el tipo de cambio.

Nótese que no mencioné que vayan a atacar el desequilibrio fiscal, ya que esto implicaría un “ajuste“, un cambio de modelo, que no creo que esté en la agenda del gobierno.

La reaparición de la Presidente tras su licencia por enfermedad vino acompañada precisamente de un anuncio que coloca a Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y a Axel Kicillof como nuevo ministro de Economía. Será Capitanich el encargado de trabajar el frente político, buscando consensos y trabajando en construir una unidad de cara al futuro; mientras que Kicillof –y más aún con la reciente renuncia de Guillermo Moreno– deberá presentar propuestas concretas para paliar los problemas del frente económico, o concretamente en el frente monetario y cambiario.

Un fracaso de este último en alcanzar sus objetivos incrementará la sangría de reservas e intendentes, poniendo piedras en el camino del oficialismo en continuar el modelo en 2015, cualquiera sea el candidato elegido para la sucesión; pero al mismo tiempo, dos años más de inflación y pérdida de reservas limitarán las alternativas de política económica que el gobierno que suceda a Cristina Fernández de Kirchner desee implementar a partir de 2015. Resumiendo, si Kicillof fracasa, quizás ya sea tarde para evitar una nueva crisis económica con un plan alternativo posterior.

En otro artículo en este diario resumí mis breves contactos con el joven Kicillof, cuando era un académico, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En aquellos tiempos Kicillof estudió en profundidad a los autores clásicos, en especial a Karl Marx, y más tarde, se doctoró en economía con un profundo estudio de los Fundamentos de la teoría general de John Maynard Keynes. El pensamiento de Kicillof se encuentra entonces entre Marx y Keynes, con un debate interno que no le debe ser fácil de resolver. Piensa en los términos que aprendió de Marx -aspecto que se nota cuando habla-, pero modera su discurso a través de Keynes, a quien conoce de memoria. El socialismo para él sería deseable, aunque entiende que una transición a ese sistema es inviable en el mundo moderno. El advenimiento del socialismo será quizás una etapa más avanzada del capitalismo, pero no es algo que a él le preocupe acelerar desde su nuevo cargo. De ahí que pienso que su acercamiento a Keynes explicará mejor sus propuestas de política económica.

Como buen historiador de las doctrinas económicas, Kicillof sabe que el pensamiento de un autor debe estudiarse bajo el contexto histórico en el cual vivió. Y es curioso que el contexto en el que Keynes construyó su pensamiento revolucionario sea tan similar al que hoy caracteriza a la economía mundial. En una entrevista desarrollada hace algunos meses, Kicillof explicaba que aquella gran depresión de los años 1930, junto con la crisis global actual, son las dos peores crisis de “la etapa capitalista”. Esto llevaba a Kicillof a rechazar la idea generalizada que tenemos otros economistas de que la Argentina se ha beneficiado en los últimos diez años de un contexto internacional favorable. Para Kicillof, sin embargo, no hubo, ni habrá vientos a favor, sino vientos en contra, que hundirían a la economía argentina, si no fuera por las exitosas políticas proteccionistas que se vienen aplicando. Lo cierto es que lo dicho por Kicillof ha sido engañoso, y si bien el mundo desarrollado muestra turbulencias, él sabe que es precisamente ese contexto el que empuja a la Reserva Federal americana y al Banco Central Europeo a inyectar liquidez y elevar el precio de los commodities -como el petróleo, el trigo y la soja-, lo que claramente beneficia a la región, y también a nuestro país.

Kicillof, sin embargo, comparte con Robert Skidelsky -uno de los máximos biógrafos de John Maynard Keynes- que éste es el momento del “retorno del maestro”. Justifica con ello una serie de medidas que corrijan el capitalismo, que lo regulen, ya que sin estas medidas, el mercado sólo puede conducirnos a sucesivas crisis capitalistas.

En su tesis doctoral muestra precisamente cómo la política anticíclica keynesiana debe enfrentar una situación como la de Estados Unidos, la Unión Europea, y aun la propia de Argentina, impulsando la demanda agregada con políticas monetarias y fiscales expansivas. Esto es, más gasto público –sin importar que sea deficitario- y más expansión del crédito con tasas de interés bajas e incluso negativas -en términos reales-, lo que impulsaría simultáneamente el consumo y la inversión. El mayor error que me imagino cometerá Kicillof, sin embargo, es desatender el desequilibrio fiscal, fuente de todos los problemas argentinos de las últimas décadas, y fuente del problema real que tiene hoy la Argentina al explicar las causas de la inflación.

Imagino entonces que Kicillof tomará medidas que potencien el rol del Estado con un papel más activo que el que ya tenía, con más planes sociales redistributivos, y posiblemente -esperemos me equivoque- con nuevas expropiaciones que financien esos proyectos. Recordemos que en varias oportunidades Kicillof exclamó su deseo de “revertir el noventismo”, lo que abre una incógnita acerca de nuevas estatizaciones y un más amplio control del Estado.

Si algo tenían en común Marx y Keynes era su desconfianza en el mercado y el desprecio por la función empresarial. Kicillof dejaba ver en cada clase -y hoy se repite en sus discursos y entrevistas- ese odio a los dueños del capital. Mira con recelo los beneficios contables que las empresas logran acumular, porque no puede dejar de ver en ellas a la indebida apropiación de plusvalía por parte del capitalista, entendida como la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del salario que recibe. Esa injusticia social justifica -en su visión- la “acción” del gobierno expropiando o tomando medidas para limitar lo que para él es básicamente un robo.

Kicillof entiende el comercio como un juego de suma cero, donde lo que unos (los empresarios) ganan, es lo que otros (los asalariados o consumidores) pierden, lo que hace que tenga una enorme satisfacción en tomar medidas que reduzcan estos beneficios empresariales. Quizás no seguirá los modos de Moreno, abiertamente criticados por toda la sociedad, pero no me sorprendería que defina estrategias de inversión, o que prohíba el envío de utilidades de empresas extranjeras a sus casas matrices. Tampoco espero que permita las importaciones libres de insumos y bienes de consumo. Su discurso en el marco de la expropiación de Repsol-YPF precisamente iba en ese sentido. Él decía comprender la lógica capitalista de que una empresa tome las ganancias y las invierta donde mejores negocios encuentre, pero esto afectaba los intereses de la nación, y hubo que intervenir. Más bien, señaló que primero se le pidió a la empresa amablemente que cambie su operatoria. Luego se insistió en que reinviertan el capital en el país. Finalmente, ya hubo que actuar con la expropiación. Kicillof entiende entonces que el capital es de la Argentina y que debe responder a los intereses de la Argentina. El problema con Repsol-YPF, por un lado, fue que las propias regulaciones a la empresa le redujeron el margen de ganancia y eso implicó reducir las inversiones y reinvertir en el exterior. El problema con Kicillof, por el otro lado, es que tiene la “fatal arrogancia” de creer que él sabe definir concretamente cuáles son esos intereses colectivos, mucho mejor que los millones de planificadores empresarios que tenemos en el país. En pocas palabras, para Kicillof los fines colectivos están por encima de los fines individuales, y si hay que sacrificar a una serie de empresas o a un grupo de empresarios para ayudar al sostenimiento del modelo, no le temblará el pulso en hacerlo.

Lo mismo se puede decir del tan mencionado desdoblamiento cambiario. Si debe encarecerse el turismo argentino en el exterior, no habrá problemas en hacerlo. Después de todo, que las divisas queden en el país respaldando el dinero local es una función social que está por encima de la libertad individual.

En los papeles Kicillof no puede más que profundizar el modelo. Sin embargo, hay que advertir que si bien cuenta con el respaldo de la Presidente para ejecutar políticas, el oficialismo hoy se encuentra debilitado. Recordemos que en la primera jornada post-nombramiento, el mercado respondió muy mal, con una fuerte baja en la Bolsa porteña. El oficialismo ha perdido mayoría en el Congreso y la sociedad está expectante de no sufrir una nueva crisis como aquella de 2001.

Kicillof será muy claro en sus próximos discursos, y empezará a delinear la política económica del gobierno para los próximos dos años. Pero la claridad que posee Kicillof al explicar sus ideas no evitará las consecuencias indeseadas de ellas.

Mi impresión es que la Presidente ha cometido quizás su mayor error en su “encandilamiento” con Kicillof. La expropiación a Repsol fue un error, pero la implementación de este proceso fue aun más grave que la propia expropiación. Hoy la Argentina aún debe resolver la disputa con la empresa, pero además debe gastar millones de dólares en la importación de gas y combustible que en otro contexto podía producirse en el país.

Cristina Fernández de Kirchner decidió desatender las expectativas del electorado y profundizar un modelo agotado. Todo lo dicho me lleva a confirmar lo mencionado al cierre de la nota anterior. Conjeturo que el desenlace de este modelo no será muy diferente del tan criticado noventismo.

Publicado originalmente en Infobae, miércoles 20 de noviembre de 2013.

Un posible significado para el 8N

Copio abajo mi último artículo en EPT.

Cientos de miles de personas salieron a las calles en todo el territorio argentino, y también en algunos puntos del exterior, para protestar en contra del gobierno. Las pancartas ofrecieron variados motivos, enfocados en la inseguridad, la corrupción, los controles cambiarios y, especialmente, el rechazo a la posible reforma de la carta magna para habilitar una nueva reelección de la actual mandataria. Pero cuál es el mensaje de fondo de esta parcialidad que salió a las calles. Me aventuro a ofrecer en este artículo un posible significado.

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Una refutación a Kicillof desde la posición de otro especialista en Keynes y el Socialismo

Axel Kicillof insiste en que la política monetaria en Argentina no es la causa de la inflación.

“Para los que piensan que la emisión es la causa exclusiva del aumento de precios, les recuerdo que vivimos en un laboratorio de expansión monetaria. EEUU cuadruplicó su base monetaria, la Unión Europea la duplicó, y el Banco de Inglaterra la cuadruplicó. ¿Y en estos países hay riesgo de inflación? No, hay riesgo de deflación”.

Qué fácil puede resultar para nosotros refutar esto, sea desde la teoría austriaca, o también desde el enfoque monetarista, con una breve explicación de la teoría cuantitativa del dinero, enfatizando la importancia de la velocidad de circulación del dinero. Viene al caso mencionar los gráficos 8, 9 y 10 de este artículo, que explican parte de la cuestión.

Pero aquí me interesa más compartir la crítica que el propio Kicillof recibe desde la lectura de otro socialista, pero mucho más serio académicamente.

Volver a Keynes y ocultar a Marx

Si lo que quería demostrar Kicillof en su libro «Volver a Keynes», es que el teórico era hostil a la libertad, no era necesario escribir medio millar de páginas petulantes para ello. Eso es sabido, no solo por los análisis de los economistas e historiadores sino porque el propio Keynes se ocupó de subrayarlo una y otra vez.

Por Carlos Rodriguez Braun (en Economía para Todos)

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Kicillof: «Quieren que devaluemos, pero es todo verso»

Esta frase posiblemente quede en los registros históricos de la historia argentina.

Y no lo digo por el primer gráfico que acompaña este post, pues si bien el tipo de cambio nominal viene subiendo, el tipo de cambio real que se presenta en el segundo gráfico, se ha apreciado mucho en los últimos años.

El segundo gráfico muestra que la tendencia de los últimos años es un retorno al 1 a 1.

En pocas palabras, a la evolución del tipo de cambio nominal, tenemos que agregar en el análisis la evolución de los precios, y la inflación en Argentina supera el 20 por ciento anual.

La pregunta que me queda para Kicillof es cómo van a impulsar el crecimiento del «modelo K», sin devaluación, bajo su propia lógica de sustitución de importaciones.

No digo con esto que haya que devaluar… eso es otro debate.(Ver Juan Carlos Cachanosky, “Devaluaciones competitivas frente a ventajas comparativas”)

Lo que digo es que van a devaluar, y las palabras de Kicillof quedarán en la historia.

Respuesta a Axel Kicillof: «El problema es el modelo K, no el mercado»

En este artículo explicaba que Kicillof es un académico serio y que el debate sobre YPF-Repsol es de ideas, no de personas. Mi opinión es que es un error del diario La Nación concentrar la atención en Kicillof persona, sea como marxista o sea como keynesiano, y que mejor sería refutar sus ideas, que lamentablemente hoy dominan en la política argentina.

En esta oportunidad, quiero mostrar dos videos y analizar sus argumentos:

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Axel Kicillof, mi profesor

Inicié mis estudios de grado en 1997 en la Licenciatura en Economía que dictaba la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Por ese entonces no sabía quiénes eran Marx, Keynes, Friedman o Hayek, aunque sí me identificaba desde temprano con lo que hoy entiendo son las ideas de un liberalismo clásico.
Mi formación en la UBA fue bastante pobre, pues apenas me acerqué a Marx y a Keynes, pero “nada” escuché de Friedman y Hayek. El “neoliberalismo menemista” ya estaba en su última fase y no había curso en el que no se criticara al neoliberalismo, la convertibilidad, la apertura económica y la privatización. Julio Olivera era un prócer olvidado que merecía el Premio Nobel. Marcelo Ramal era el profesor marxista que comenzaba a abandonar la academia para ingresar en la política. Pablo Levín era “el mejor profesor” de la facultad según el Centro de Estudiantes. ¡Axel Kicillof era ¡la gran promesa!

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«El BCRA no puede ser independiente aunque quiera»

Este título lo pudo haber escrito un economista de la Escuela Austriaca, pero esta vez no. Lo dijo Axel Kicillof, quien fuera mi profesor de «Economía Marxista» en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), hoy economista de la Cámpora, candidato a suceder a Amado Budeau como Ministro de Economía si Cristina gana las próximas elecciones y uno de los máximos expertos de la Argentina en el pensamiento de Marx y Keynes.

Esta nota en La Nación, resume sus ideas, lo que me hizo reflexionar algunas cosas.

Primero, reconocer que la independencia del Banco Central ha sido siempre letra muerta. No existe tal cosa en la historia económica de ningún país.

Segundo, observar la diferencia entre un keynesiano y un austriaco, luego de advertir tal cosa. Un austriaco propone terminar con los bancos centrales, porque desde que existen, no sólo no han sido independientes, sino que han generado mayor inflación, mayor desempleo y mayor inestabilidad, incumpliendo todos los objetivos que originalmente se plantearon. Kicillof propone algo totalmente diferente advirtiendo que el Banco Central «no puede funcionar alejado de las políticas económicas y de producción», y exigiendo «mezclar la política monetaria con la economía real». En pocas palabras, propone abandonar la idea de que el Banco Central sea independiente del gobierno, y que al contrario, utilice las herramientas de política monetaria para afectar la actividad económica y el empleo.

Tercero, y quizás lo más curioso, es su reconocimiento de la ausencia de «neutralidad del dinero». «Eso es algo en que la ortodoxia no entiende porque cree en la neutralidad del dinero. Cómo pueden pedir que el Banco Central se ocupe sólo del valor del dinero, cuando los movimientos financieros, de crédito, de tipo de cambio, afectan al empleo aunque el Central no lo quisiera», subrayó Kicillof.

Kicillof está en el otro extremo del pensamiento económico que en este blog proponemos. Pero es interesante ver las coincidencias en algunos puntos clave de la teoría económica.