EN TORNO A UN LIBRO DE JOSÉ LEVY – Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Frente a tantos que la emprenden contra los musulmanes a raíz de los actos terroristas por todos conocidos, es sin duda una bocanada de aire fresco el libro de José Levy – doctor en filosofía, corresponsal de CNN en Medio Oriente- donde muestra que el tema no es de esa religión que igual que las otras dos monoteístas pretende la paz por lo que con razón dice el autor que resulta “equívoco” el nombre de “Estado Islámico” puesto que “es erróneo reconocer cualquier fenómeno protagonizado por musulmanes como representativo de toda su religión”.

Bien consigna el autor que “La religión musulmana, la cual en determinados siglos fue modelo de tolerancia hacia los otros credos, ya fuera durante la España musulmana o durante el Imperio Otomano, es ahora empleada de manera viciosa por extremistas que intentan transformarla en rehén de sus perversiones y valerse de ella como excusa para las actuaciones más siniestras” puesto que para “muchos musulmanes el Yihad es una guerra santa pero no de conquistas territoriales y muerte, sino interna, de esfuerzo y deseo de superarse espiritualmente”.

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¿Cuál es el origen de la “fiebre” por el Bitcoin? El paralelismo con la burbuja puntocom – Jorge Alarcón

A estas alturas prácticamente todo el mundo ha oído hablar del Bitcoin, pero no está de más explicar brevemente qué es. El Bitcoin es una criptomoneda que sirve para intercambiar bienes y servicios, pero que a diferencia de otras monedas como el dólar, euro, yen o franco suizo, está descentralizada, es decir, no depende de los bancos centrales, por lo que nadie la controla. Fue lanzada en el año 2009 por Satoshi Nakamoto y utiliza la tecnología peer-to-peer (P2P) para operar sin una autoridad central o bancos; la gestión de las transacciones y la emisión de bitcoins es llevada a cabo de forma colectiva por la red. Bitcoin es de código abierto; su diseño es público, nadie es dueño o controla Bitcoin y todo el mundo puede participar.

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Ahora que pasaron las elecciones y las propagandas. Artículo en El Cronista:¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?

Artículo (anterior a las elecciones) en El Cronista: https://www.cronista.com/columnistas/Los-votantes-somos-estupidos-o-idiotas-20171016-0041.html

¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?

Martín Krause Profesor de Economía, Universidad de Buenos Aires
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¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?

Los mensajes de la política no apelan a la razón, sino a los sentimientos. Ningún político se para frente a una cámara o un micrófono y se pone a explicar su plataforma, en buena medida porque sabe que cambiamos de canal o de radio inmediatamente.

En épocas de campaña esto no mejora mucho, los candidatos evitan participar en debates, y no quieren decir mucho. Las consignas apelan a aspiraciones muy generales relacionadas, por ejemplo, con el cambio o con el futuro o a catástrofes más imprecisas aún, como la del terrible ajuste, cuando con sólo mirar superficialmente las cuentas fiscales cuesta encontrarlo. La racionalidad escasea.

Una de las propagandas (que el Estado nos hace escuchar aunque no nos interesen), presenta personas que van eligiendo entre distintas cosas para luego proponer la elección del candidato. Entre otras opciones tenemos: ¿más derechos o menos derechos?

Obvio, ¿quién estaría dispuesto a proponer menos? Y no hay ninguna referencia sobre qué estamos hablando. ¿Más derechos, pero cuáles? La apuesta es que muy pocos oyentes se harán esa pregunta. Pero hagámoslo por un momento. ¿Qué otros derechos quisiéramos tener?

Veamos el caso por el lado del absurdo. El artista pop Andy Warhol propuso una vez que todos deberíamos tener 15 minutos de fama. Tomemos esta propuesta como un derecho a la fama que, en mi caso, se cumpliría con menos minutos, pero con la posibilidad de cantar Gimme Shelter con los Rolling Stones en un concierto (por las dudas junto a Mike para no hacer papelones).

Pero un derecho, para ser tal, tiene que poder ser general, es decir, aplicarse a todos. Esto sería imposible en este caso ya que requeriría que estuviéramos los 40 millones de argentinos en el escenario (y no habría entonces nadie en la audiencia) o que los Stones nos invitaran de a uno en 40 millones de conciertos.

Las preferencias, sin embargo, son diferentes y algunos desearían jugar en la Bombonera, bailar con Tinelli, ganar el premio Nobel por unos minutos o hacer un gol con la Selección (y sólo Messi los hace). No hace falta explicar lo difícil o costoso que resulta cumplir estos derechos. Vivimos bajo la ilusión que este costo lo pagan otros y a veces es así, aunque tarde o temprano nos cae la cuenta de una forma u otra.

En otro de estos mensajes, el candidato propone un derecho específico, reducir la jornada laboral, pero manteniendo el mismo sueldo. No dice cuánto pero ya antes se ha propuesto que se reduzca de 8 a 6 horas. ¿Y por qué no a dos? El absurdo sería evidente, pero el principio es el mismo para seis o para dos. Es otra forma de aumentar el costo laboral. Una lección básica de economía muestra que si un precio aumenta se reduce la cantidad demandada. En este caso, si aumenta de esta forma se reduce la cantidad, más desempleo.

La propuesta, además, es que este mayor costo se cubra con las ganancias de las empresas. ¿Conocen acaso quienes proponen esto que las empresas no pueden hacer ajuste por inflación y que les cae una de las presiones impositivas más altas del planeta, más alta que la que se paga en Suecia? ¿Qué tasa de ganancias aceptarían quienes proponen esto? ¿Consideran alguna como razonable o, como parece, no aceptarían ninguna? En verdad, más que preocuparnos por las ganancias deberíamos hacerlo por las pérdidas, pero éstas nadie propone alentarlas ni tampoco castigarlas, suelen ser el resultado común de las políticas públicas que muchos candidatos proponen.

Otros desde la izquierda presentan sus propagandas con muñequitos de Playmobil, creados y fabricados por una empresa alemana que sería un ejemplo de lo que Marx llamaba capitalismo renano.

Todo se reduce a pares de opciones: ¿violentos o agresivos?, ¿corruptos o ladrones?, ¿inútiles o ineficientes? ¿soberbios o arrogantes? Nunca la tuvimos más fácil.

El debate sobre la pauta oficial – Por Alberto Benegas Lynch (h)

La libertad de expresión constituye la pieza fundamental de una sociedad abierta. Jefferson con razón expresó que «frente a la alternativa de contar con un gobierno sin libertad de prensa o libertad de prensa sin gobierno, me inclino por lo último». El cuarto poder es esencial para la preservación de un sistema republicano.

Como un resguardo a la libertad de expresión debieran asignarse en propiedad las ondas electromagnéticas para evitar esa espada de Damocles cual es la figura de la concesión que revela la verdadera propiedad de estaciones de radio y televisión teóricamente privadas. El que otorga y retira la concesión es naturalmente el verdadero dueño.

Los gobiernos no debieran tener relación alguna con el manejo del papel para diarios ni la posibilidad de interferir en relaciones comerciales de ningún tipo ni en las tan valiosas redes sociales.

En última instancia, tampoco debieran existir medios mal llamados públicos para ocultar la expresión estatales puesto que son de la misma naturaleza de una insensata literatura estatal, vestimenta estatal o juguetes estatales. El periodismo independiente es redundante pero en las épocas que corren vale el énfasis. Entre otros disparates, en la gestión anterior llegamos a la monstruosidad de contar con una repartición gubernamental para administrar el pensamiento nacional.

Perón creó la agencia de noticias oficial Telam, un completo despropósito en el contexto del republicanismo. Agencia oficial de noticias es una contradicción en los términos.

En los últimos tiempos ha habido ciertas trifulcas por las pautas estatales de publicidad. Algunos medios con razón se quejaron airadamente por discriminaciones debido a posiciones contrarias al gobierno anterior. Aun comprendiendo el enojo, estimamos que con esas declamaciones no se va al fondo del problema cual es la misma existencia de la publicidad oficial.

Cuando los gobiernos tienen que anunciar algo que les compete, por ejemplo, el vencimiento de impuestos y similares, simplemente lo hacen en conferencias de prensa sin necesidad de recurrir al erario público ni meterse en el galimatías de la distribución de la publicidad oficial si debe ser de acuerdo al rating, si debe promover voces al momento de espectro reducido o el criterio que fuere.

En nuestro país se han llegado a extremos inauditos: se han usado descaradamente partidos de fútbol para una obscena propaganda oficial y también aparecen spots publicitarios donde se aconseja lavarse las manos con el sello de la presidencia de la nación. Todo digno de una producción de Woody Allen. Tragicómico si no fuera dramático.

Es imperioso sacar por completo a los aparatos de la fuerza de los medios. Ya que hablamos de cambiar, cambiemos en temas de fondo y no sigamos repitiendo dislates. Hay que desprenderse del espíritu conservador momificado en el status quo.

Publicado originalmente en El Cronista, el lunes 11 de diciembre de 2017.

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE MACRI

Al Sr. Presidente de la Nación,

Ing. Mauricio Macri:

Sé que en este momento tiene temas más urgentes que el que le voy a plantear. El submarino y el problema de los Mapuches son temas que demandan su atención ya, sin dilación, y no quisiera yo distraerlo de su concentración. Por eso, por suerte para usted, lo más probable es que esta carta, despachada a la nueva y aleatoria nube que nos rodea, nunca le llegue. Pero, si así sucediera, le aseguro que no es mi intención molestarlo.

Yo voté por usted sin mayores expectativas, sabiendo que iba a seguir la Argentina de siempre, excepto por la salida de los psicópatas del poder más peligrosos con los que se enfrentó la Argentina en toda su historia. Lo único que yo esperaba, usted lo hizo: sacarnos del camino a Venezuela. Por ende, gracias. No espero nada más.

Pero no esperar no es igual a no deber. Y debo decir ante usted y ante todos que, por favor, nos escuche.

Los liberales hemos recibido todo tipo de epítetos a lo largo de la historia argentina. Bueno, en realidad habría que ver quiénes son los liberales. Al menos yo, un liberal clásico, partidario de la democracia constitucional anglosajona y la economía de mercado fundada en la Escuela Austríaca (y, para colmo, católico) he recibido todo tipo de elogios. Fascista, demente, utópico, esquizofrénico, neoliberal y, el último que se ha puesto de moda, también: liberalote.

Usted, Señor Presidente, no confía en nosotros. Le asiste algo de razón: contrariamente a lo que piensan muchos, nunca hemos sido gobierno. La primera y última vez fue con la Constitución de 1853. Luego, hubo de todo, desde lo parecido hasta lo grotesco: conservadores, antiperonistas, autoritarios, menemistas, y se me acabaron los adjetivos. Así que tiene razón: ¿qué esperar de quienes nunca se embarraron las manos en la política concreta? La única respuesta a eso puede ser la esperanza de lo nuevo. Como dice un famoso título de un famoso autor: ¿por qué no probar la libertad?

Señor presidente, escúchenos. Sé que sus asesores más cercanos le dirán que no lo haga, pero, finalmente, uno de los dramas del poder es que usted, finalmente, está solo. Solo con su conciencia. Finalmente, es esta última la que tiene que escuchar.

Usted juega el papel, aunque no lo haya buscado, de ser una esperanza. Eso no es raro en una Argentina bipolar que siempre cae tan bajo. El autoritarismo de los conservadores. El golpe del 30, casi nazi. El ascenso del Mussolini argentino. El peronismo sin Perón del 56 en adelante. El golpe del 66, con toda su rudeza. Las guerrillas que ya se estaban preparando. La guerra de los 70, con la corrupción, bajeza y banalidad del gobierno de Isabelita. El golpe del 76. La guerra sucia. Su tristísimo final. Pero ahora, escuche más: el Alfonsín cuya economía no le deja terminar su mandato. El Menem que sigue con el gasto público, la deuda pública y la presión impositiva. Su enorme corrupción. Y de vuelta, la esperanza democrática. El gobierno de la Alianza. Que sigue, sin embargo, con lo mismo. La explosión de la deuda pública y la deuda externa. El default. Otra vez, el tristísimo final, y lo que sigue es tan sencillamente horroroso que no quiero, ni hace falta, que se lo recuerde.

Usted tiene ahora dos alternativas. O dentro de algunos años es uno más en esta lista de fracasos, o pasa a la historia como el estadista que quiere ser.

Yo, Señor Presidente, no soy nadie como para explicarle de política concreta. Yo jamás podría haber hecho lo que usted hizo: vencer al kirchnerismo en las elecciones. Jamás. Soy sólo un profesor de filosofía, pero me atrevo a seguir porque sé distinguir entre el corto y el largo plazo.

A corto plazo está haciendo lo que puede y lo que pudo. Pero permítame hablarle del largo. Si, sé que es un largo camino, pero es usted el presidente.

Usted sabe perfectamente que el gasto no puede seguir como está. Lo sabe en su conciencia, aunque mucho no lo pueda decir. Usted sabe que no puede emitir moneda para financiarlo. Usted sabe que no puede elevar más la presión impositiva. Y usted sabe que, según fuentes serias, la deuda pública llega en estos momentos a 293.789,3 (¿importa que sea 790) millones de dólares.

Usted no confía en nosotros porque lo han convencido de que somos unos locos e insensibles que en lo único que pensamos es en echar a todo el mundo a la calle. No. No es verdad, aunque injusto es que los argentinos en general miren bien a los que engañan sumando al estado la desocupación real de la economía en subdesarrollo. Pero no se trata de echar gente y que luego le incendien la Casa Rosada. Aunque, recuerde, a De la Rúa se le incendió. Nunca lo olvide.

Por favor le pido que piense en las funciones del estado. Usted tiene más o menos unos 35 organismos, entre ministerios y secretarías, sin contar las sub, sub y sub y etc. Tiene todo ello porque cree que todo ello es necesario. Ha sacado a los corruptos y ha puesto a gente honesta, pero cree que todo ello es necesario. No. Si usted sabe cómo funciona una economía de mercado y una sociedad libre, y creo que lo sabe, usted puede quedarse con una Secretaría de Hacienda y un Ministerio de Relaciones Exteriores. No mucho más.

Todo lo demás, usted lo puede eliminar. Y al mismo tiempo, eliminar todas las legislaciones y reglamentaciones que esos organismos se encargan de controlar. Piense en todo el gasto que se reduciría ipso facto. Piense en todos los impuestos que podría bajar y eliminar, comenzando con el de la renta. ¿Y qué sucedería? Que todos los emprendedores de los que usted siempre habla, quedarían libres para emprender todas esas funciones, que burócratas detrás de sus escritorios creen que pueden ejercer cuando, claro, no tienen nada que perder.

Al mismo tiempo, formalizaría ipso facto a todos esos sectores carenciados que no pueden pasar a la economía formal porque esas reglamentaciones y organismos se lo impiden.

Así sí, a mediano plazo, las cuentas públicas podrían comenzar a reordenarse. ¿Y los empleados públicos? Mantenga a todos los de planta, aunque no vayan a ejercer funciones. Déjelos si es necesario tres años cobrando sus sueldos, mientras amortiza las cuentas públicas con el ahorro que implica todo el conjunto de medidas anteriores. Las cuentas dan. Reúnase con los directores de la Fundación Libertad y Progreso (Agustín Etchebarne, Aldo Abram, Manuel Solanet) y haga las cuentas. Dan. Porque no es sólo cuestión de calculadora, sino de concepción del estado.

¿Y las provincias? Olvídese de la coparticipación. Prepare una reforma de mediano plazo. Las provincias no deben depender más de Nación. Pero no todas las provincias son económicamente auto-sustentables. Divida al país en 6, no muchas más, regiones administrativas autosustentables, que comiencen a financiarse solas, y suspenda toda relación económica entre Nación y Provincias. El estudio fue hecho por Roberto Dania y Constanza Mazzina en el 2008. Será la primera vez, además, que habrá un federalismo genuino, con gobernadores realmente autónomos del poder ejecutivo nacional.

Y el estado no tiene por qué dejarse de ocupar de salud, educación y seguridad social. Sencillamente, una vez hecha esta transformación, delegue todo ello en las seis regiones mencionadas. No tiene por qué ponerles un nombre, son sólo regiones administrativas. Y desregule totalmente al sector privado en materia de salud, educación y seguridad social. O sea, des-monopolice, quite las regulaciones nacionales, abra al país a la diversidad, tan nombrada, y tan poco practicada en un país monopólico y unitario.

Y hable con la CGT. Usted sabe cómo, yo no. Pero explique ante la opinión pública que nuestro sistema sindical es el de la Italia Fascista de Mussolini. La gente no lo sabe. Vaya, dígalo, explíquelo. Y elimine el sindicato único por actividad.

¿Le parece mucho? Creo que es poco, pero si no, usted sabe cuál es la alternativa. Usted puede seguir con todo como está, y puede ser que los organismos internacionales le sigan prestando. Como si la escasez no existiera. Pero usted sabe, en conciencia, en esa conciencia a la que estoy apelando –jamás podría apelar, por ejemplo, a la de una nueva senadora muy conocida- que ello no es posible. Si usted no hace estas reformas estructurales de fondo, va camino al default. Tal vez no ahora, pero sí dentro de unos años. Lo sabe, lo sabe perfectamente. No hay salida. Se le acabarán los dólares, terminará en el control de cambios, será como Kicillof pero le terminarán diciendo Macrillof. ¿Quiere usted eso? ¿No? ¿Y entonces?

Señor presidente, hay una diferencia entre un simple político y un estadista. El político sigue a la opinión pública, el estadista, en cambio, la cura. Le hace una especie de terapia social, y eso sólo se logra con auténtico liderazgo moral e intelectual. Mandela, Gandhi, educaron a su pueblo. No fueron demagogos, ni siguieron lo que todos pedían, ni engañaron: tenían un norte, sabían a donde iban, tenían un sólido fundamento moral y lo supieron decir. Su decir fue resultado de su ser, y no al revés, como le recomiendan algunos. Señor presidente, sea estadista. Mire para adelante, mire al largo plazo, y entonces sabrá AHORA qué hacer y cómo decirlo.

La verdad, no creo, en mi interior, que nada de esto suceda, pero sí creo que tenía que decirlo. Mientras tanto, no estoy desilusionado, porque yo no me ilusioné con usted. Seguiré con mi docencia, en la Argentina de siempre, con sus males de siempre, si es que un piquete no me mata antes o algún otro joven idealista no me pone otra bomba. Pero qué hermoso sería que me sorprendiera. No por mí: sorpresas, casi todas buenas, me dan mis alumnos. Pienso en la extrema pobreza, en las zonas más subdesarrolladas, en los niños desnutridos del Chaco y de 3 km a mi redonda. Contrariamente a la mayoría de los argentinos, sé que el mercado, para ellos, no es lo que sobra, sino lo que les falta. Vamos. En Venezuela ya no estamos. Gente honesta ya tenemos. Vamos. Sólo falta visión. La suya. La argentina sigue siendo presidencialista.

No hay otra salida.

Su liberalote amigo

Gabriel J. Zanotti

 

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Del estancamiento a la búsqueda de un crecimiento sostenido [La Gaceta de Tucumán]

Fui entrevistado para La Gaceta de Tucumán junto a otros economistas para analizar los dos años de gestión de Macri.

Mauricio Macri asumió la Presidencia el 10 de diciembre de 2015 y su equipo económico inició un conjunto de políticas de shock en los primeros 30 días de gobierno, opina por su parte, el economista Adrián Ravier. “Tras estas medidas iniciales, el equipo económico optó por un gradualismo novedoso para la política económica argentina, aunque en algunas áreas hubo inacción”, observa.

A su criterio, la mayor deuda pendiente del gobierno se encuentra en el campo fiscal, donde no hubo baja del gasto público, ni del déficit fiscal. “Es cierto que los gastos en subsidios se vieron recortados, pero esas bajas se compensaron con otras alzas, como por ejemplo, las subas en jubilaciones y pensiones que el Ejecutivo debió reconocer tras el fallo de la Corte Suprema”, puntualiza.

Ravier indica que la apuesta por mantener el crecimiento vía mayor inversión resulta plausible para 2018-2019, pero el déficit fiscal y de cuenta corriente seguirán presionando por un mayor nivel de deuda que atenta contra la sostenibilidad del modelo económico.

Aquí la nota completa.

UN MILAGRO EN LA IGLESIA CATÓLICA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Tal vez esté de más subrayar que todo lo que consigno en esta nota periodística es de mi entera responsabilidad y, como en todos los casos en que escribo, no compromete la opinión de ninguna de las personas que menciono.

Después de batallar durante décadas con las ideas atrabiliarias por parte de algunos representantes de la Iglesia sobre temas económico-sociales al efecto de refutar propuestas estatistas que hunden a la gente en la pobreza, ahora aparece un Papa que enfatiza aquellas ideas contraproducentes. Es cierto que no son pocos los preocupados con estas propuestas empobrecedoras, tanto sacerdotes como laicos, pero henos aquí que ahora se publica un libro del Padre Martín Khonheimer -suizo que vive en Viena, pertenece al Opus Dei, de familia judía, doctor en filosofía, profesor en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma y presidente del Instituto Austríaco de Economía y Filosofía Social- titulado Libertad económica, capitalismo y ética cristiana. Ensayos sobre economía de mercado y pensamiento cristiano (Madrid, Unión Editorial, 2017, editado por Mario Silar).

Resume la tesis de toda esta obra en el primer párrafo del primer capítulo donde se lee que “Es un hecho histórico que el sistema económico capitalista, tal y como se ha desarrollado en Europa desde la industrialización, ha significado para las masas –por primera vez en la historia de la humanidad– la liberación del hambre y de la miseria, es más, la ´democratización´ del bienestar”.

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6° Conferencia Anual de Economía UTDT y BCRA

El Departamento de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella se complace en anunciar la 6° Conferencia Anual de Economía UTDT, organizada en conjunto con el Banco Central de la República Argentina. La conferencia tiene como objetivo reunir a destacados académicos locales e internacionales para debatir los recientes avances en materia económica.

El evento se llevará a cabo los días 20 y 21 de diciembre en el BCRA y UTDT, respectivamente. Pueden realizar su inscripción aquí .

Programa:

 

. 10.30-11.30: Price Rigidities and the Relative PPP Puzzle

Javier Cravino (Stanford University)

.11.30-12.30:  A Theory of Liquidity Traps

Sebastian Di Tella (Stanford University)

.12.30-14.00: Receso

.14.00-15.00: Trading and Asset Pricing in a Monetary Economy

Ricardo Lagos (NYU)

.16.00-16.30: Receso

.16.30-17.30: Regulatory Competition

Flavio Toxvaerd (University of Cambridge)

 

 . 10.30-11.30: On the Risk of Leaving the Euro

Manuel Macera (UTDT)

.11.30-12.30:  Inovation and Diffusion with Limited Appropriability

Hugo Hopenhayn (UCLA)

.12.30-14.00: Receso

.14.00-15.00: On the Optimal Speed of Sovereign Deleveraging with Precautionary Savings

Francisco Roldán (NYU)

.16.00-16.00: Sowing the Seeds of Financial Crises: Endogenous Asset Creation and Adverse Selection.

Nicolás Caramp (UC Davis)

.16.00-16.30: Receso

.16.30-17.30: Trading Costs and Informational Efficiency

Cecilia Parlatore (NYU Stern)

WP: Secular Growth in Garrison’s Model (A Comment)

Breve comentario sobre el crecimiento secular en el modelo de Garrison, que ha dado que hablar desde la publicación de su libro en el 2001. El comentario va a ser publicado en el Quarterly Journal of Austrian Economics junto a un articulo sobre este tema de Robert P. Murphy.

I comment on the controversy around Garrison’s secular growth, with special emphasis in Murphy’s contribution in this issue. I also argue that further research on this area should focus in formally connecting Garrison’s model with neoclassical growth theory.

Acceder al documento en SSRN.

Infobae: El Plan Económico de Cambiemos Descansa en un Acto de Fe

El plan económico de Cambiemos descansa en la expectativa (acto de Fe) de que la economía crecerá fuertemente y sin sobresaltos por un largo periodo de tiempo.

¿Por qué, si la economía parece estar encaminándose, son varios los economistas que siguen preocupados por el lento gradualismo económico del Gobierno? Sube la industria, sube la construcción, suben las reservas, baja la inflación, etcétera. ¿Acaso los resultados no le dan la razón al Gobierno? El problema no es sólo si los indicadores económicos están dando bien hoy, sino si el modelo económico converge o no a un equilibrio macroeconómico. No es claro que el modelo converja a equilibrio, y el Gobierno parece que no lo nota o no le importa.

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