El origen del dinero en teoría y en un campo de prisioneros

Campo-de-prisioneros,jpgNo creo que haya un mejor ejemplo de teoría que sirve para interpretar la realidad que lo que resulta de combinar la lectura del artículo de Carl Menger “El origen del dinero”  con el de Robert Radford “La organización económica de un campo de prisioneros”.

El de Menger fue escrito 50 años antes de que Radford fuera tomado prisionero en la Segunda Guerra Mundial y pudiera luego contar su experiencia. El artículo de Menger va mucho más allá de explicar el origen del dinero, puede extenderse al origen de muchas otras instituciones como resultado acciones humanas pero no de “intención”. Así comenta Menger el origen del dinero:

“…, cuándo alguien ha traído al mercado productos que no son altamente líquidos la idea más importante que tiene en mente es la de intercambiarlos, no sólo por aquellos que por casualidad necesite sino, si esto no puede realizarse directamente, por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son, de todas maneras, más líquidos que los suyos. Al hacerlo, es evidente que no logra de inmediato el objetivo final de su comercio, es decir, la adquisición de productos que en realidad él mismo necesita; sin embargo, de esta manera se va acercando a ese objetivo. Por el tortuoso camino de un intercambio mediato gana las perspectivas de alcanzar su propósito más económica y seguramente que si se hubiera visto limitado al intercambio directo. Ahora bien, en realidad éste parece ser el caso que se ha dado en todas partes. Los hombres se han visto llevados, con creciente conocimiento de sus intereses individuales, cada uno por sus propios intereses económicos, sin convenio, sin obligación legal, es decir, sin tomar en cuenta siquiera el interés común, a intercambiar bienes destinados al intercambio (sus “productos”) por otras mercancías igualmente destinadas al intercambio, pero más liquidas. A medida que el comercio se extendía en el espacio y las previsiones para la satisfacción de necesidades materiales podían hacerse por períodos cada vez más prolongados, cada individuo iba aprendiendo, a partir de sus propios intereses económicos, a darse cuenta de que trocaba sus productos menos líquidos por aquellas mercancías especiales que habían exhibido, además de la atracción de ser altamente comercializables en una localidad determinada, un amplio espectro de comercialización tanto en el tiempo como en el espacio. Estos productos serian clasificados por su carácter costoso, por la facilidad de su transporte y su posibilidad de preservación (en relación con la circunstancia de su compatibilidad con una demanda estable y ampliamente distribuida), de modo tal de asegurar a su poseedor un poder, no sólo “aquí” y “ahora”, sino casi ilimitado en tiempo y espacio, sobre todos los otros productos del mercado, a precios económicos.

Y por esa razón ha sucedido que, a medida que el hombre se fue familiarizando con estas ventajas económicas, sobre todo a través de una percepción que se ha hecho tradicional y del hábito del accionar económico, esas mercancías, relativamente más líquidas en cuanto a tiempo y espacio, se han convertido en cada mercado en los productos que no sólo se aceptan en nombre del interés de cada uno a cambio de los propios productos menos líquidos sino que, en verdad, se aceptan con rapidez. Y su liquidez superior sólo depende de la comercialización relativamente menor de cualquier otro tipo de producto, razón por la cual han podido convertirse en medios de cambio generalmente aceptados. Es obvio que el hábito constituye un factor muy significativo en la génesis de esos medios de cambio de utilidad general. Es el interés económico de cada individuo que comercia lo que le permite cambiar productos menos líquidos por otros más líquidos. Pero la aceptación voluntaria del medio de cambio presupone la existencia previa de un conocimiento de estos intereses por parte de aquellos sujetos económicos de quienes se espera que acepten a cambio de sus productos una mercancía que en sí misma y por sí misma es, quizá, totalmente inútil para ellos. Es cierto que este conocimiento nunca aparece en todas partes en una nación a un mismo tiempo. En primera instancia, sólo un número limitado de sujetos económicos reconocerá las ventajas de ese procedimiento, ventajas que, en sí mismas y por sí mismas, son independientes del reconocimiento general de un producto como medio de intercambio, en tanto ese intercambio, siempre y en todas las circunstancias, acerque más a su meta al hombre económico, es decir, lo aproxime a la adquisición de cosas útiles que realmente necesite. Pero se admite que no hay mejor método para ilustrar a alguien sobre sus propios intereses económicos que hacerle ver el éxito económico de aquellos que utilizaron el medio correcto para asegurar sus intereses particulares. Por lo tanto, resulta evidente que nada pudo haber sido más favorable para el surgimiento de un medio de intercambio que la aceptación, por parte de los sujetos económicos más perspicaces e inteligentes, para su propio beneficio económico y durante un periodo considerable de tiempo de productos eminentemente líquidos en lugar de todos los demás. De esta forma, la práctica y el hábito han contribuido mucho, por cierto, para hacer que los productos, que eran más líquidos en un momento determinado, sean aceptados no sólo por muchos sino, en definitiva, por todos los sujetos económicos a cambio de sus productos menos líquidos: y no sólo para eso, sino para que sean aceptados desde un principio con la intención de volver a intercambiarlos. Los productos que, de esta manera, se tornaron medios de cambio generalmente aceptables, fueron denominados Geld por los alemanes, palabra qué proviene de Gelten y que significa pagar, realizar; otras naciones denominaron al dinero teniendo en cuenta principalmente la sustancia utilizada, la forma de la moneda o, incluso, ciertos tipos de moneda.”

Esto es exactamente lo que ocurre en el campo de prisioneros de guerra que describe Radford, quien, además, muestra en funcionamiento “el flujo de moneda y bienes” descripto por David Hume (o la teoría cuantitativa del dinero).

No creo que haya un mejor ejemplo de teoría que sirve para interpretar la realidad que lo que resulta de combinar la lectura del artículo de Carl Menger “El origen del dinero” http://www.eumed.net/cursecon/textos/Menger-origen-dinero.pdf con el de Robert Radford “La organización económica de un campo de prisioneros” http://aulavirtual.bde.es/wav/documentos/precios_doc_3.pdf

Campo de prisioneros

El de Menger fue escrito 50 años antes de que Radford fuera tomado prisionero en la Segunda Guerra Mundial y pudiera luego contar su experiencia. El artículo de Menger va mucho más allá de explicar el origen del dinero, puede extenderse al origen de muchas otras instituciones como resultado acciones humanas pero no de “intención”. Así comenta Menger el origen del dinero:

“…, cuándo alguien ha traído al mercado productos que no son altamente líquidos la idea más importante que tiene en mente es la de intercambiarlos, no sólo por aquellos que por casualidad necesite sino, si esto no puede realizarse directamente, por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son, de todas maneras, más líquidos que los suyos. Al hacerlo, es evidente que no logra de inmediato el objetivo final de su comercio, es decir, la adquisición de productos que en realidad él mismo necesita; sin embargo, de esta manera se va acercando a ese objetivo. Por el tortuoso camino de un intercambio mediato gana las perspectivas de alcanzar su propósito más económica y seguramente que si se hubiera visto limitado al intercambio directo. Ahora bien, en realidad éste parece ser el caso que se ha dado en todas partes. Los hombres se han visto llevados, con creciente conocimiento de sus intereses individuales, cada uno por sus propios intereses económicos, sin convenio, sin obligación legal, es decir, sin tomar en cuenta siquiera el interés común, a intercambiar bienes destinados al intercambio (sus “productos”) por otras mercancías igualmente destinadas al intercambio, pero más liquidas. A medida que el comercio se extendía en el espacio y las previsiones para la satisfacción de necesidades materiales podían hacerse por períodos cada vez más prolongados, cada individuo iba aprendiendo, a partir de sus propios intereses económicos, a darse cuenta de que trocaba sus productos menos líquidos por aquellas mercancías especiales que habían exhibido, además de la atracción de ser altamente comercializables en una localidad determinada, un amplio espectro de comercialización tanto en el tiempo como en el espacio. Estos productos serian clasificados por su carácter costoso, por la facilidad de su transporte y su posibilidad de preservación (en relación con la circunstancia de su compatibilidad con una demanda estable y ampliamente distribuida), de modo tal de asegurar a su poseedor un poder, no sólo “aquí” y “ahora”, sino casi ilimitado en tiempo y espacio, sobre todos los otros productos del mercado, a precios económicos.

Y por esa razón ha sucedido que, a medida que el hombre se fue familiarizando con estas ventajas económicas, sobre todo a través de una percepción que se ha hecho tradicional y del hábito del accionar económico, esas mercancías, relativamente más líquidas en cuanto a tiempo y espacio, se han convertido en cada mercado en los productos que no sólo se aceptan en nombre del interés de cada uno a cambio de los propios productos menos líquidos sino que, en verdad, se aceptan con rapidez. Y su liquidez superior sólo depende de la comercialización relativamente menor de cualquier otro tipo de producto, razón por la cual han podido convertirse en medios de cambio generalmente aceptados. Es obvio que el hábito constituye un factor muy significativo en la génesis de esos medios de cambio de utilidad general. Es el interés económico de cada individuo que comercia lo que le permite cambiar productos menos líquidos por otros más líquidos. Pero la aceptación voluntaria del medio de cambio presupone la existencia previa de un conocimiento de estos intereses por parte de aquellos sujetos económicos de quienes se espera que acepten a cambio de sus productos una mercancía que en sí misma y por sí misma es, quizá, totalmente inútil para ellos. Es cierto que este conocimiento nunca aparece en todas partes en una nación a un mismo tiempo. En primera instancia, sólo un número limitado de sujetos económicos reconocerá las ventajas de ese procedimiento, ventajas que, en sí mismas y por sí mismas, son independientes del reconocimiento general de un producto como medio de intercambio, en tanto ese intercambio, siempre y en todas las circunstancias, acerque más a su meta al hombre económico, es decir, lo aproxime a la adquisición de cosas útiles que realmente necesite. Pero se admite que no hay mejor método para ilustrar a alguien sobre sus propios intereses económicos que hacerle ver el éxito económico de aquellos que utilizaron el medio correcto para asegurar sus intereses particulares. Por lo tanto, resulta evidente que nada pudo haber sido más favorable para el surgimiento de un medio de intercambio que la aceptación, por parte de los sujetos económicos más perspicaces e inteligentes, para su propio beneficio económico y durante un periodo considerable de tiempo de productos eminentemente líquidos en lugar de todos los demás. De esta forma, la práctica y el hábito han contribuido mucho, por cierto, para hacer que los productos, que eran más líquidos en un momento determinado, sean aceptados no sólo por muchos sino, en definitiva, por todos los sujetos económicos a cambio de sus productos menos líquidos: y no sólo para eso, sino para que sean aceptados desde un principio con la intención de volver a intercambiarlos. Los productos que, de esta manera, se tornaron medios de cambio generalmente aceptables, fueron denominados Geld por los alemanes, palabra qué proviene de Gelten y que significa pagar, realizar;reo que haya un mejor ejemplo de teoría que sirve para interpretar la realidad que lo que resulta de combinar la lectura del artículo de Carl Menger “El origen del dinero” http://www.eumed.net/cursecon/textos/Menger-origen-dinero.pdf con el de Robert Radford “La organización económica de un campo de prisioneros” http://aulavirtual.bde.es/wav/documentos/precios_doc_3.pdf

Campo de prisioneros

El de Menger fue escrito 50 años antes de que Radford fuera tomado prisionero en la Segunda Guerra Mundial y pudiera luego contar su experiencia. El artículo de Menger va mucho más allá de explicar el origen del dinero, puede extenderse al origen de muchas otras instituciones como resultado acciones humanas pero no de “intención”. Así comenta Menger el origen del dinero:

“…, cuándo alguien ha traído al mercado productos que no son altamente líquidos la idea más importante que tiene en mente es la de intercambiarlos, no sólo por aquellos que por casualidad necesite sino, si esto no puede realizarse directamente, por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son, de todas maneras, más líquidos que los suyos. Al hacerlo, es evidente que no logra de inmediato el objetivo final de su comercio, es decir, la adquisición de productos que en realidad él mismo necesita; sin embargo, de esta manera se va acercando a ese objetivo. Por el tortuoso camino de un intercambio mediato gana las perspectivas de alcanzar su propósito más económica y seguramente que si se hubiera visto limitado al intercambio directo. Ahora bien, en realidad éste parece ser el caso que se ha dado en todas partes. Los hombres se han visto llevados, con creciente conocimiento de sus intereses individuales, cada uno por sus propios intereses económicos, sin convenio, sin obligación legal, es decir, sin tomar en cuenta siquiera el interés común, a intercambiar bienes destinados al intercambio (sus “productos”) por otras mercancías igualmente destinadas al intercambio, pero más liquidas. A medida que el comercio se extendía en el espacio y las previsiones para la satisfacción de necesidades materiales podían hacerse por períodos cada vez más prolongados, cada individuo iba aprendiendo, a partir de sus propios intereses económicos, a darse cuenta de que trocaba sus productos menos líquidos por aquellas mercancías especiales que habían exhibido, además de la atracción de ser altamente comercializables en una localidad determinada, un amplio espectro de comercialización tanto en el tiempo como en el espacio. Estos productos serian clasificados por su carácter costoso, por la facilidad de su transporte y su posibilidad de preservación (en relación con la circunstancia de su compatibilidad con una demanda estable y ampliamente distribuida), de modo tal de asegurar a su poseedor un poder, no sólo “aquí” y “ahora”, sino casi ilimitado en tiempo y espacio, sobre todos los otros productos del mercado, a precios económicos.

Y por esa razón ha sucedido que, a medida que el hombre se fue familiarizando con estas ventajas económicas, sobre todo a través de una percepción que se ha hecho tradicional y del hábito del accionar económico, esas mercancías, relativamente más líquidas en cuanto a tiempo y espacio, se han convertido en cada mercado en los productos que no sólo se aceptan en nombre del interés de cada uno a cambio de los propios productos menos líquidos sino que, en verdad, se aceptan con rapidez. Y su liquidez superior sólo depende de la comercialización relativamente menor de cualquier otro tipo de producto, razón por la cual han podido convertirse en medios de cambio generalmente aceptados. Es obvio que el hábito constituye un factor muy significativo en la génesis de esos medios de cambio de utilidad general. Es el interés económico de cada individuo que comercia lo que le permite cambiar productos menos líquidos por otros más líquidos. Pero la aceptación voluntaria del medio de cambio presupone la existencia previa de un conocimiento de estos intereses por parte de aquellos sujetos económicos de quienes se espera que acepten a cambio de sus productos una mercancía que en sí misma y por sí misma es, quizá, totalmente inútil para ellos. Es cierto que este conocimiento nunca aparece en todas partes en una nación a un mismo tiempo. En primera instancia, sólo un número limitado de sujetos económicos reconocerá las ventajas de ese procedimiento, ventajas que, en sí mismas y por sí mismas, son independientes del reconocimiento general de un producto como medio de intercambio, en tanto ese intercambio, siempre y en todas las circunstancias, acerque más a su meta al hombre económico, es decir, lo aproxime a la adquisición de cosas útiles que realmente necesite. Pero se admite que no hay mejor método para ilustrar a alguien sobre sus propios intereses económicos que hacerle ver el éxito económico de aquellos que utilizaron el medio correcto para asegurar sus intereses particulares. Por lo tanto, resulta evidente que nada pudo haber sido más favorable para el surgimiento de un medio de intercambio que la aceptación, por parte de los sujetos económicos más perspicaces e inteligentes, para su propio beneficio económico y durante un periodo considerable de tiempo de productos eminentemente líquidos en lugar de todos los demás. De esta forma, la práctica y el hábito han contribuido mucho, por cierto, para hacer que los productos, que eran más líquidos en un momento determinado, sean aceptados no sólo por muchos sino, en definitiva, por todos los sujetos económicos a cambio de sus productos menos líquidos: y no sólo para eso, sino para que sean aceptados desde un principio con la intención de volver a intercambiarlos. Los productos que, de esta manera, se tornaron medios de cambio generalmente aceptables, fueron denominados Geld por los alemanes, palabra qué proviene de Gelten y que significa pagar, realizar; otras naciones denominaron al dinero teniendo en cuenta principalmente la sustancia utilizada, la forma de la moneda o, incluso, ciertos tipos de moneda.”

Esto es exactamente lo que ocurre en el campo de prisioneros de guerra que describe Radford, quien, además, muestra en funcionamiento “el flujo de moneda y bienes” descripto por David Hume (o la teoría cuantitativa del dinero).

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No creo que haya un mejor ejemplo de teoría que sirve para interpretar la realidad que lo que resulta de combinar la lectura del artículo de Carl Menger “El origen del dinero” http://www.eumed.net/cursecon/textos/Menger-origen-dinero.pdf con el de Robert Radford “La organización económica de un campo de prisioneros” http://aulavirtual.bde.es/wav/documentos/precios_doc_3.pdf

Campo de prisioneros

El de Menger fue escrito 50 años antes de que Radford fuera tomado prisionero en la Segunda Guerra Mundial y pudiera luego contar su experiencia. El artículo de Menger va mucho más allá de explicar el origen del dinero, puede extenderse al origen de muchas otras instituciones como resultado acciones humanas pero no de “intención”. Así comenta Menger el origen del dinero:

“…, cuándo alguien ha traído al mercado productos que no son altamente líquidos la idea más importante que tiene en mente es la de intercambiarlos, no sólo por aquellos que por casualidad necesite sino, si esto no puede realizarse directamente, por otros productos que, aunque no tenga necesidad de ellos, son, de todas maneras, más líquidos que los suyos. Al hacerlo, es evidente que no logra de inmediato el objetivo final de su comercio, es decir, la adquisición de productos que en realidad él mismo necesita; sin embargo, de esta manera se va acercando a ese objetivo. Por el tortuoso camino de un intercambio mediato gana las perspectivas de alcanzar su propósito más económica y seguramente que si se hubiera visto limitado al intercambio directo. Ahora bien, en realidad éste parece ser el caso que se ha dado en todas partes. Los hombres se han visto llevados, con creciente conocimiento de sus intereses individuales, cada uno por sus propios intereses económicos, sin convenio, sin obligación legal, es decir, sin tomar en cuenta siquiera el interés común, a intercambiar bienes destinados al intercambio (sus “productos”) por otras mercancías igualmente destinadas al intercambio, pero más liquidas. A medida que el comercio se extendía en el espacio y las previsiones para la satisfacción de necesidades materiales podían hacerse por períodos cada vez más prolongados, cada individuo iba aprendiendo, a partir de sus propios intereses económicos, a darse cuenta de que trocaba sus productos menos líquidos por aquellas mercancías especiales que habían exhibido, además de la atracción de ser altamente comercializables en una localidad determinada, un amplio espectro de comercialización tanto en el tiempo como en el espacio. Estos productos serian clasificados por su carácter costoso, por la facilidad de su transporte y su posibilidad de preservación (en relación con la circunstancia de su compatibilidad con una demanda estable y ampliamente distribuida), de modo tal de asegurar a su poseedor un poder, no sólo “aquí” y “ahora”, sino casi ilimitado en tiempo y espacio, sobre todos los otros productos del mercado, a precios económicos.

Y por esa razón ha sucedido que, a medida que el hombre se fue familiarizando con estas ventajas económicas, sobre todo a través de una percepción que se ha hecho tradicional y del hábito del accionar económico, esas mercancías, relativamente más líquidas en cuanto a tiempo y espacio, se han convertido en cada mercado en los productos que no sólo se aceptan en nombre del interés de cada uno a cambio de los propios productos menos líquidos sino que, en verdad, se aceptan con rapidez. Y su liquidez superior sólo depende de la comercialización relativamente menor de cualquier otro tipo de producto, razón por la cual han podido convertirse en medios de cambio generalmente aceptados. Es obvio que el hábito constituye un factor muy significativo en la génesis de esos medios de cambio de utilidad general. Es el interés económico de cada individuo que comercia lo que le permite cambiar productos menos líquidos por otros más líquidos. Pero la aceptación voluntaria del medio de cambio presupone la existencia previa de un conocimiento de estos intereses por parte de aquellos sujetos económicos de quienes se espera que acepten a cambio de sus productos una mercancía que en sí misma y por sí misma es, quizá, totalmente inútil para ellos. Es cierto que este conocimiento nunca aparece en todas partes en una nación a un mismo tiempo. En primera instancia, sólo un número limitado de sujetos económicos reconocerá las ventajas de ese procedimiento, ventajas que, en sí mismas y por sí mismas, son independientes del reconocimiento general de un producto como medio de intercambio, en tanto ese intercambio, siempre y en todas las circunstancias, acerque más a su meta al hombre económico, es decir, lo aproxime a la adquisición de cosas útiles que realmente necesite. Pero se admite que no hay mejor método para ilustrar a alguien sobre sus propios intereses económicos que hacerle ver el éxito económico de aquellos que utilizaron el medio correcto para asegurar sus intereses particulares. Por lo tanto, resulta evidente que nada pudo haber sido más favorable para el surgimiento de un medio de intercambio que la aceptación, por parte de los sujetos económicos más perspicaces e inteligentes, para su propio beneficio económico y durante un periodo considerable de tiempo de productos eminentemente líquidos en lugar de todos los demás. De esta forma, la práctica y el hábito han contribuido mucho, por cierto, para hacer que los productos, que eran más líquidos en un momento determinado, sean aceptados no sólo por muchos sino, en definitiva, por todos los sujetos económicos a cambio de sus productos menos líquidos: y no sólo para eso, sino para que sean aceptados desde un principio con la intención de volver a intercambiarlos. Los productos que, de esta manera, se tornaron medios de cambio generalmente aceptables, fueron denominados Geld por los alemanes, palabra qué proviene de Gelten y que significa pagar, realizar; otras naciones denominaron al dinero teniendo en cuenta principalmente la sustancia utilizada, la forma de la moneda o, incluso, ciertos tipos de moneda.”

Esto es exactamente lo que ocurre en el campo de prisioneros de guerra que describe Radford, quien, además, muestra en funcionamiento “el flujo de moneda y bienes” descripto por David Hume (o la teoría cuantitativa del dinero).

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Inflación: puja distributiva o emisión monetaria

Un alumno hizo referencia a un artículo publicado en Página12 sobre la inflación aunque su interés era debatir sobre el grado de concentración y competencia en distintos mercados.

“A diferencia de los planteos de la ortodoxia, las causas de los aumentos de precios derivan de una intensa puja distributiva que se viene agudizando desde el 2007, y que a esta altura se ha asentado en expectativas inflacionarias que superan el 20 por ciento. Pero lo cierto es que esta puja, esencialmente marcada por la disputa capital-trabajo, se juega en distintas canchas o escenarios de la política, la economía y la cultura.”

“Se trata de una puja por definir tarifas, salarios, precios de las cadenas productivas y precios de consumo en general, que se manifiesta en distintos contextos, algunos más sensibles a la política económica, otros casi inalcanzables por ella.”

Inflación

 

El planteo de que la inflación es causada por una puja distributiva deja algunas cosas sin contestar. Por ejemplo:

  1. Colombia tuvo en 2013 una inflación anual de 1,94%. Esto es menos que la inflación en Argentina o Venezuela en un solo mes. ¿Es que allí no hay “puja distributiva”? y, si no la hay, ¿qué es lo que la ha calmado?
  2. Ecuador, con una economía dolarizada tuvo una inflación anual de 2,70%, con políticas económicas no iguales, pero con cierta similitud a las argentinas.
  3. Perú tuvo una inflación anual de 2,86% y Chile del 3%
  4. Venezuela tuvo una inflación del 56,20% (la circulación monetaria creció 69,2% en 2013)  y Argentina del 28,38%.

Luego comenta cada una de esas “canchas” donde se disputan los precios, y como resultado de lo cual los precios crecen. Entre otros, está la existencia de oligopolios. El artículo da a entender que existen sectores concentrados con la capacidad de fijar precios más altos. Al respecto comenta:

“Si se observa la incidencia de la concentración en la formación de precios, entre 2001 y 2010 los precios de las industrias oligopólicas (ramas altamente concentradas) se incrementaron un 7,6 por ciento por encima del promedio sectorial, mientras que los precios de las ramas medianamente concentradas y las ramas escasamente concentradas retrocedieron un 10 por ciento respecto de la media fabril. Por ello, el proceso de suba de precios fue conducido por las firmas integrantes de las ramas altamente concentradas.”

Pero nótese que “todos” los precios subieron, aunque más los de las industrias concentradas. ¿Por qué todos subieron? ¿Por qué también subieron los de sectores no concentrados donde no hay poder de mercado?

Hagamos un ejercicio imaginario al revés: ¿qué pasaría con esa puja distributiva si no creciera la emisión de dinero? Pues si los sectores concentrados tienen poder para subir sus precios, y siendo que una cantidad fija de moneda y no se ha emitido más, los precios de los sectores no concentrados deberían “caer”, ya que no tendrían ventas porque hemos gastado más en los productos de los sectores monopólicos.

Y respecto a los sectores concentrados, una forma sencilla de reducir o eliminar su poder sería abriendo las importaciones, con lo que la cantidad de oferentes se multiplicaría, pero eso es precisamente lo contrario que suelen hacer quienes creen que la inflación es fruto de la puja distributivay, en definitiva, sancionan y favorecen el poder de los sectores concentrados.

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Disputas sobre embriones, contratos, donaciones, adopción, ¿compra y venta?

En el libro “El Foro y el Bazar” el derecho de propiedad aparece con toda la importancia que merece, como una institución fundamental para la vida en sociedad. Es más, una institución sin la cual la sociedad no existiría.

Como todas las instituciones, tiene un origen y un carácter evolutivo que todavía se mantiene. Y esa evolución se produce, sobre todo, en la frontera tecnológica. Un buen ejemplo de esto es el artículo publicado el sábado en La Nación con el título: “Embriones en disputa”: http://www.lanacion.com.ar/1680109-embriones-en-disputa

El problema que da pie al artículo es la existencia de embriones congelados de parejas que luego se han separado o divorciado. ¿Quién decide el destino de esos embriones? Dice el artículo que hay 12.000 en los centros de fertilidad. El artículo, y seguramente el derecho, habla de “potestad” y dice el Diccionario de la Real Academia Española que “potestad” es “dominio, poder, jurisdicción o facultad que se tiene sobre algo”. Los abogados señalarán las diferencias entre un término y otro pero propiedad es dominio, es, entre otras cosas, la capacidad de decidir sobre un recurso, y en este caso es el problema que nos ocupa.

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Concentración del mercado y competencia

Un alumno comenta sobre el grado de concentración de las empresas y el poder de las multinacionales. Esto trae a referencia el tema de la competencia en los mercados. Se mencionan dos mercados en los cuales no hay más de 10 empresas (exportadoras de cereales y cementeras) en la Argentina, y luego sobre las multinacionales cerealeras:

“En el año 2010, había 80.000 empresas transnacionales en todo el mundo, que controlaban 810.000 compañías filiales. Eso sí, a pesar de que existen miles de transnacionales en el mercado global, apenas unos cientos de ellas controlan a las demás: 737 multinacionales monopolizan el valor accionarial del 80% de total de las grandes compañías del mundo, y solo 147 controlan el 40% de todas ellas.”

Lamentablemente no se menciona la fuente para poder verificar los datos, pero asumamos que fueran ciertos. ¿Qué nos dicen? El uso de la palabra “monopolizan” es erróneo ya que “monopolio” quiere decir uno solo, y tanto 737 como 147 están lejos de eso. No hay datos para poder afirmar que alguna de esas sea monopólica en algún mercado en particular. Además, el valor accionarial se refiere a empresas que cotizan en bolsa, hay muchas empresas que no lo hacen. En fin, al no haber fuente no podemos verificar eso.

Pero aún si hubiera una alta “concentración”, ¿qué es lo que nos dice respecto a un cierto mercado? Por ejemplo, en el caso de las cementeras argentinas, fueron acusadas de actuar como un “cartel”, es decir, llegar a acuerdos para actuar al unísono, como si fueran en verdad un monopolio.

Los carteles nunca se sostienen por mucho tiempo. Existen fuertes incentivos por parte de los integrantes para traicionar al cartel: mientras los demás cumplen, por ejemplo, una cuota de producción acordada para restringir la producción, cada uno tiene el incentivo a no cumplirla y aprovechar ese mayor precio con un mayor volumen de producción. Con el tiempo, se caen.

Tomemos un caso por todos conocido con un número menor a diez, el de los buscadores en Internet. Son pocos, pueden cartelizarse, ¿acaso nos están perjudicando?

En verdad, los usamos gratuitamente, nos dan un servicio que consultamos todos los días. ¿Cómo podríamos decir que hay abuso?

Lo cierto es que no importa que en un mercado haya uno, cinco o treinta, lo importante es si tienen la capacidad de imponer “precios de monopolio”. Puede haber pocos pero competir duramente entre sí. Puede haber pocos pero en realidad porque los consumidores decidieron que así fuera, porque son buenos y ellos los eligen. Incluso puede haber uno solo pero no poder cobrar “precios de monopolio” por la amenaza de que ingresen competidores si así lo hace. Entonces, estaríamos en presencia de un solo proveedor, pero actuando “competitivamente”.

El problema, entonces, parece estar en otro lado, no en la cantidad de participantes. Sugiero que hay que mirar la capacidad de ingresar al mercado, y si existen barreras de algún tipo. Y esas barreras son algunas veces por cuestiones técnicas o de escala, y otras regulatorias. Esto puede llevarnos a poner la mira en otro lado: muchas de las barreras de ingreso son resultado de regulaciones (buscadas por los que ya están en el mercado en mucho casos), para que otros no puedan ingresar.

Recursos que se agotan y no se agotan: Petróleo cada vez más barato

Rectifico algo planteado ayer: hay recursos que se agotan. ¿Porqué algunos sí y otros no? Propongo aquí que se debe a la existencia de precios, y estos a su vez de la existencia de derechos de propiedad. Ya vimos esto en el post sobre los elefantes: http://bazar.ufm.edu/wp-admin/post.php?post=135&action=edit

Los elefantes corren peligro, las vacas no. Pronto veremos el caso del agua que, en gran medida, no tiene precio y, por lo tanto, no genera incentivos para consumir menos. Hoy, veremos un recurso que sí tiene precio.

La Nación trae un artículo del Wall Street Journal titulado “La revolución energética abre camino para un barril de petróleo a US$75”, por Gene Epstein. Confirman la idea planteada ayer, respecto a que los recursos no son “finitos” si tomamos en cuenta la creatividad e iniciativa empresarial del ser humano. Los recursos no se están agotando, cada vez hay más.

Transcribo algunos pasajes:

“A largo plazo, los precios globales del petróleo bajarán, tal vez en forma significativa. Nuevos y vastos hallazgos de crudo y gas natural alrededor del mundo auguran una reducción de los precios de los US$100 por barril actuales a US$75 por barril en los próximos cinco años.

“Los cambios en la demanda también intensificarán la presión sobre la supremacía del petróleo. Por primera vez en sus 150 años de historia, el motor a combustión puede funcionar en forma eficiente con distintos combustibles, entre ellos el gas natural. Conforme estos combustibles alternativos empiezan a ser adoptados, el consumo global de crudo crecerá en forma más lenta y luego se estabilizará.”

Gas esquisto

“Las proyecciones marcan un enorme contraste con el paradigma dominante en los últimos 40 años, que postulaba que, por un lado, las economías en desarrollo se expandirían, incrementando la demanda y, por el otro, la producción global y el suministro caerían. En los últimos cinco años, por el contrario, se han descubierto fuentes no convencionales de crudo por un total de más de 1 billón (millón de millones) de barriles, equivalentes a más de 30 años de suministro adicional. La mayoría es recuperable a US$75 o menos, y gran parte de este crudo está siendo explotado.”

El artículo comenta que el descenso del precio del petróleo pondría en problemas a Rusia, cuyas exportaciones de energía son el 70% de sus exportaciones totales.

“El descenso del precio del crudo pondría también bajo presión a Venezuela. “La economía y el presupuesto de Venezuela son todavía más dependientes de las exportaciones de petróleo que Rusia”, dice Jaffe. “El gobierno tomó préstamos de China por US$60.000 millones y ahora está recibiendo menos ingresos porque debe enviar a su acreedor una parte importante de sus exportaciones como pago de deuda. El gobierno venezolano tiene mucho menos efectivo que en la época de Chávez, cuando este disponía a la vez del dinero de los préstamos y de los pagos por el petróleo vendido a China”. Venezuela ha pagado con petróleo entre un cuarto y un tercio de los créditos otorgados por China.”

“Asimismo, con la abundancia de gas natural en países desde Australia y Sudáfrica hasta Brasil y Argentina, en los próximos cinco años podría desarrollarse algo parecido a un mercado global de gas natural licuado. Eso acabaría con el monopolio interno de los rusos y permitiría a los europeos comprar de otras fuentes.”

“Los factores que están cambiando las reglas del juego por el lado de la oferta son los tres nuevos tipos de producción: petróleo de aguas profundas, de esquisto y de arenas bituminosas. Cada una de estas fuentes podría traducirse en más de 300.000 millones de barriles de crudo, para sumar más de 1 billón de barriles. Se trata de una incorporación enorme a las reservas que antes se estimaban en 1,5 billones de barriles.”

“La firma noruega Rystad Source estima que hay unos 317.000 millones de barriles de petróleo en aguas profundas, y que de ese total, unos 75.000 millones serían recuperables en las costas de Norteamérica. La actividad exploratoria en aguas profundas también está en marcha al este de África -donde se podrían aprovechar 63.000 millones de barriles- y en Asia-Pacífico -donde habría otros 32.000 millones.”

“El gobierno de EE.UU. estima que el crudo de esquisto, que se extrae principalmente a través de la fracturación hidráulica, representaría reservas equivalentes a 345.000 millones de barriles, de los cuales 58.000 millones serían recuperables en EE.UU.”

“Las arenas bituminosas, según un informe de BP, se encuentran sólo en Canadá, con 167.800 millones de barriles, y en Venezuela, 220.000 millones. Sin embargo, no está claro si esta producción será viable a US$75 el barril de crudo. Según Eric Lee, analista de Citigroup, una buena porción del billón extra de barriles podría ser recuperable a US$75 por barril o menos, debido a que los costos de producción de esquisto y en aguas profundas podrían seguir bajando.”

“Aunque Jaffe dice que un descenso de precios puede complicar la explotación de los yacimientos offshore de Brasil en los campos llamado pre sal (que están por debajo de la capa de sal del lecho marino), Lee señala que “Brasil tiene varios proyectos hasta 2020 con costos estimados por barril de entre US$40 y US$70″.

“El fuerte de Argentina, indica, está en los proyectos de esquisto de la cuenca neuquina, en el sur del país. “Hay un proceso de aprendizaje en marcha, y puede que allí haga falta nueva infraestructura, pero sus costos pueden estar también en el rango de los US$40 a US$80 por barril”, afirma. “La geología argentina ha ayudado a estos proyectos hasta ahora. La pregunta es cuándo se llevarán a cabo”.

“En un estudio con otros analistas, Morse, de Citigroup, calculó que hay un enorme potencial de ahorros si los camiones, autobuses, barcos y vehículos de pasajeros empiezan a usar gas natural en lugar de combustibles petroleros. El transporte representa casi la mitad del crudo que el mundo consume cada año, y sólo los camiones usan casi uno de cada nueve barriles que se consumen.”

“La historia de la humanidad”, dice Morse, “al menos desde la invención de la rueda, es una historia de energía cada vez más barata. La civilización moderna sería imposible sin energía barata. Creo que estamos entrando en otro período de energía más barata que debería durar 50 años o más”.

¿Y después qué? ¿Entonces sí comenzarían a acabarse los recursos? El tema es que aquello que llamamos “recursos” cambia con la innovación. ¿Cuáles serán recursos dentro de 50 años? Ya hay muchos emprendedores que están pensando en ello. Muchos fracasarán, algunos tendrán éxito, se están jugando su propio tiempo, esfuerzo y dinero, no el nuestro. Como no sabemos cuál va a ser el “recurso” dentro de 50 años, no hay que pensar en ninguna política pública que no sea la de remover las barreras para que todos estos experimentos empresariales puedan avanzar.

Anticipo una preocupación de los lectores. ¿Estas nuevas tecnologías serán más contaminantes? ¿Terminarán consumiendo o contaminando toda el agua del planeta? En este caso, no hay que empezar discutiendo la tecnología sino los derechos de propiedad: quien es el propietario del agua, o más bien, quien sería el major propietario para cuidarla (¿el estado nacional, Greenpeace, el gobierno local, los usuarios, las empresas de agua?)

¿Se agotan los recursos naturales?

En los años 1960 surgió la preocupación de que los recursos naturales, siendo la Tierra limitada, inevitablemente se agotarían, ya no se podría sostener a tanta gente en el planeta. Se pronosticaban grandes catástrofes y terribles hambrunas. Nada de eso ha ocurrido. Han pasado más de 50 años y hay ahora más recursos que antes.

En su momento, el economista Julian Simon refutó todas estas preocupaciones. EN la continuación de su famoso libro “El recurso último”, revisado en 1996 y disponible acá (aunque en inglés): http://www.juliansimon.com/writings/Ultimate_Resource/ , señala básicamente que todos esos temores son infundados porque no toman en cuenta la productividad del ser humano.

Julian Simon

Ahora, un informe de la consultora McKinsey, comenta sobre un libro recientemente publicado por Stefan Heck (profesor consulto del Instituto Precourt de Energía de la Universidad de Stanford) y Matt Rogers (director de McKinsey San Francisco), “Resource Revolution: How to Capture the Biggest Business Opportunity in a Century” (New Harvest, April 2014), donde básicamente se señala lo mismo.

http://www.mckinsey.com/Insights/Energy_Resources_Materials/How_resource_scarcity_is_driving_the_third_Industrial_Revolution?cid=resourcerev-eml-alt-mip-mck-oth-1404

Aquí van traducidos algunos extractos de una entrevista a los autores:

“Stefan Heck: Soy un optimista porque estamos enfrentando una serie de limitaciones –en alimentos, en tierra, en energía, en agua, en todo el plantea, con 6 mil millones de personas yendo a 9 mil millones, todos consumiendo recursos- y esto realmente representa un desafío. Es un desafío a la humanidad, un desafío a la creatividad, a la innovación.

Matt Rogers: Lo que empezamos a observar es que, más que una gran amenaza a la economía global, estamos viendo un gran cambio, el más fundamental de los últimos 100 años.

Matt Rogers: Desde 2005 comenzamos a ver un rápido aumento de los precios de la energía, el oro, cobre, aluminio, acero, todos impulsados por el hecho que unos 2.500 millones de personas estaban entrando en la clase media y que no había recursos suficientes. Y esto empezó a preocupar a todos, particularmente sobre el crecimiento económico. ¿Cómo se va a sostener el crecimiento económico con estos precios que lo frenan?

Y comenzó a cambiar alrededor de 2010, 2011, cuando de pronto comenzamos a ver que “hey, este alto precio de los recursos puede ser el comienzo de una enorme oportunidad más que la mayor amenaza para la economía global. Tal vez sea la mejor oportunidad en 100 años. Lo que comenzamos a ver es un conjunto de tendencias moviéndose muy, muy rápido, impulsadas, en muchos casos, por la combinación de tecnologías industriales e informáticas.

La primera fue el desarrollo de gas no convencional, ahora petróleo no convencional, en los Estados Unidos (shale gas, shale oil). Nadie previó esto. En 2007 estábamos seguros que Estados Unidos iba a ser un enorme importador de gas natural, teníamos pocos años de reservas, y lo traeríamos de todo el mundo. Y para 2011 comprendimos que Estados Unidos sería el mayor productor de gas natural del mundo y tenía tanto que comenzaríamos a exportar. En 5 años, lo que usualmente tarda 50 años en desarrollarse, en 5 años nos tomó por sorpresa este cambio masivo.

Al mismo tiempo, vimos que los precios de la energía solar cayeron de un pico de $8/watt a $2,50/watt. Este cambio en solo tres o cuatro años, también tomó a todos por sorpresa. Entonces, dos mercados –gas natural y energía solar- ambos creciendo al 20% o más por año. En el mundo de la energía estábamos acostumbrados a un crecimiento del 3% anual como rápido

Stefan Heck: Es importante señalar que las tecnologías que mencionamos son de infraestructura básica, y por ello, derraman un efecto beneficioso para la productividad de toda la economía,

Matt Rogers: La combinación de tecnología informática con industrial, la aplicación de biotecnologías a los problemas de recursos, el uso de nuevos materiales y la nanociencia en procedimientos industriales nos permiten de pronto capturar el tipo de crecimiento de productividad que necesitamos, y más, por lo que la economía podrá crecer sin incrementar la demanda de recursos en forma significativa, o volviendo mucho más barata la producción de recursos de lo que todos esperan.

Stefan Heck: La curva de aprendizaje para baterías se ha duplicado de una mejora del 4% con cada duplicación de la capacidad, a 8%. Esto es muy importante. Cuando vemos a los autos, la distancia que podemos obtener de una batería ha ido de 50 millas en los últimos autos, a 250 millas. La velocidad ya es más alta a la que puede alcanzarse legalmente, por lo que no hay restricciones. Antes era un carrito de golf, ahora estamos hablando de autos de carrera.

La última dimensión que queda es el costo. Por ahora, son caras. Una batería duplica el precio de un auto, pero si proyectamos esa curva del 8%, como una inversión a interés compuesto, y hay muchas razones tecnológicas para creer esto, es posible pensar que la electrificación será una opción relativamente barata, algo así como tener GPS o estéreo en el auto. Y en este punto, dados los beneficios, incluso ambientales, el hecho de que el auto será totalmente silencioso, que acelerará más rápido, que no consumirá combustible cuando frenas en un semáforo, ¿porqué no usar uno eléctrico?

Y en cuanto a los sensores que permiten un “piloto automático”, la curva de aprendizaje es de 40%, lo que significa que el costo se reduce a la mitad cada año. Pronto será un adicional muy barato.”

El papel de las instituciones

calidad¿Si la calidad institucional es importante para el progreso de las sociedades, qué es lo que determina que algunas las hayan logrado y otras no?

  1. Por ejemplo, Sachs (2003a y 2003b) cuestiona la relación entre instituciones y progreso considerándolo un concepto vago con el que se pretende explicar el desarrollo económico por medio de una sola variable, sin tener en cuenta otras como “las limitaciones de recursos, la geografía, la política económica, la geopolítica y otros aspectos de la estructura social interna, como los papeles del hombre y de la mujer y las desigualdades entre los grupos étnicos” (2003b). Sachs atribuye a la explicación “institucionalista” un cierto objetivo “ideológico” ya que con esto, según el autor, se explica al mayor progreso de Estados Unidos, Europa y Japón en esas mismas instituciones, que cuando el crecimiento se produce en otras regiones se debe a eso y, finalmente, que esto libera “mundo de los ricos” de responsabilidades financieras respecto a los pobres, ya que la causa de su falta de progreso se debe a sus propias falencias institucionales. Sachs afirma que las instituciones no explican todo y que, debido a ello, sería más sensato “intensificar la lucha contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo; tratar de solucionar el agotamiento de los nutrientes del suelo; y construir más caminos para conectar poblaciones remotas a mercados regionales y puertos costeros”(2003b).

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Sobre la pobreza nuevamente

A partir de un reciente post sobre la Escuela Austriaca y la pobreza se desató una intensa discusión, plagada de adjetivos y deducciones falaces, al estilo debate de café o más cerca de los muchachos del tablón. Las acusaciones han llegado a asignarnos el deseo hacer desaparecer a los opositores en un Gulag, de forzar el hambre y la muerte a partir de nuestros propuestas políticas de reforma agraria y persecución de los kulaks, de alcanzar la “solución final” en las cámaras de gas eliminando a seis millones de judíos, de hacer desaparecer a la libertad de prensa y las oposiciones políticas, de generar el culto a la personalidad del dictador, del asesinato de millones de personas por el emprendedor capitalista Pol Pot y de fomentar la dictadura del capitalismo personificada en la actualidad por los hermanos Castro o la familia Kim. Porque, ¿todo esto será fruto del mercado, verdad? Los estados, nada que ver. ¿Cómo podemos pensar otra cosa si están al servicio del bienestar del pueblo?

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La nueva economía institucional – North

NorthEn la última clase de Applied Economics, en el Doctorado, los alumnos leyeron el artículo de Douglass North: “La Nueva Economía Institucional”.

Es interesante porque una de las figuras prominentes de esta “escuela” explica de qué se trata. Su objetivo no es menor, según North la nueva economía institucional es un paradigma alternativo y superior al de la economía neoclásica. En el artículo explica que este útlimo, predominante en la teoría económica durante todo el siglo XX, asume que no existen “costos de transacción”, esto es, los costos de utilizar al Mercado.

Estos costos, señalados por primera vez por Ronald Coase, son los de buscar a quien nos pueda proveer el bien o servicio que necesitamos para resolver nuestra necesidad, encontrar quien mejor lo haga, negociar, llegar a un acuerdo, establecer un contrato y luego controlar su cumplimiento. Esto se aplica tanto sea a contratos formales como informales. Al no asumir la existencia de esos costos, la economía neoclásica no presta atención a las instituciones, tomando a estás como las normas, las pautas de conducta, escritas o no escritas, que delimitan nuestros incentivos y nos permiten, en mayor o menor medida, coordinar nuestra acciones. Las instituciones, según North, se desarrollan para reducir esos costos de transacción y facilitar los intercambios.

El Nuevo paradigma de la Economía Institucional es uno, entonces, donde los individuos buscan su interés personal, pero donde las preferencias que pueden satisfacer se encuentran acotadas por el marco institucional existente. Esas normas son básicamente las normas de acción política y los derechos de propiedad.

No les extrañará, entonces, que se hable en el libro de instituciones y que su título sea “El Foro” o donde se discuten las normas políticas, y “El Bazar”, el Mercado donde se intercambian derechos de propiedad.

Los supuestos que la Nueva Economía Institucional asume, según North, son los siguientes:

1. Que el individuo persigue su interés personal. Esto es algo clásico, desde los filósofos escoceses. Ese interés personal puede incluir la preocupación por los demás.

2. Que existen costos de transacción, que es costoso medir los atriibutos de bienes y servicios y que las normas e instituciones los reducen.

3. Que es fundamental, y también costoso, “hacer cumplir” esas normas, y estamos hablando particularmente de derechos de propiedad y su transmición por contrato. Que esas normas se cumplen a través de tradiciones, de códigos éticos y, en la economía impersonal, a través de la figura del estado.

4. Y el ultimo punto, muy interesante, es que las preferencias de las personas no solamente están “mediadas” por los incentivos que establecen las normas, sino también por su “vision” de la realidad, esto es, el papel que tienen las ideas.

Dice North:

Al construir sus modelos, los economistas por lo común han ignorado la ideología, considerando los gustos como importantes, pero constantes. Sin embargo, las preocupaciones por la equidad, así como también la distribución de las ganancias del intercambio, influyen sobre los puntos de vista de las personas acerca de la justicia y la rectitud de los contratos. Más aun, la estructura política hace posible, y en algunos casos deliberadamente, crear un marco en el cual los mandantes están separados de los mandatarios. Estos últimos tienen entonces una amplitud sustancial con respecto a la toma de decisiones políticas, y por lo tanto en la manifestación de preferencias ideológicas en la designación de derechos de propiedad. El análisis político debe tomar en cuenta los costos de convicción ideológica como variables en distintos marcos institucionales.

Luego, presenta la que fuera su posición incial respecto al cambio institucional, que explica a través de cambios en los precios relativos (el típico ejemplo es el de las pestes en Europa que, al diezmar la población, generan escasez de mano de obra y esto lleva al final de las relaciones feudales y el avance hacia la contratación).

Pero luego dice:

Si bien he descripto el proceso del cambio institucional en términos de modificaciones en los precios relativos, puede quizás producirse por cambios fundamentales en la percepción de la justicia de los contratos como resultado de cambios en los costos de información que llevan a las partes a percibir el potencial de formas alternativas de contratar intercambios, tanto económicos como políticos. En este momento estamos lejos de poder comprender cómo evolucionan las ideologías. Con seguridad están relacionadas con cambios fundamentales en los precios relativos. Pero seria peligroso y verdaderamente temerario asumir que las percepciones acerca de la justicia, de la ecuanimidad y de los valores son puramente un derivado de la función de cambios en los precios relativos, y que no tienen vida propia en el contexto de la evolución de ideales morales y percepciones.

Más adelante, el artículo es de 1986, se acercaría mucho más a esta última interpretación, basada en el papel que cumplen las ideas y valores, sobre todo en su libro “Understanding the Process of Economic Change”.

Pues cambios en los precios relativos tienen que ser “interpretados” a través de una determinada vision del mundo. Sobre esto presento un ejemplo en el libro, analizando las razones de la implementación de políticas agropecuarias en Argentina cuando suben los precios de los bienes exportables. Políticas que castigan a los eficientes productores, basadas en un teoría económica (la enfermedad holandesa), un negocio politico (extraer de pocos y repartir a muchos) y una vision ideological del papel del estado (que solo está para redistribuir).

Pobreza y la Escuela Austriaca

Conquista_PobrezaMe pregunta Fernando Escobar desde España: “cómo abordaban el tema de pobreza los pensadores de la escuela austriaca o que teorías manejaban respecto a este tema”.

En verdad, ninguno de esos grandes autores (Menger, Bohm-Bawerk, Mises, Hayek) escribió un libro específico sobre el tema, aunque lo tratan en sus obras principales (La Acción Humana de Mises o Los Fundamentos de la Libertad de Hayek), porque analizan las condiciones para aliviar o reducir la pobreza. Asumen, que ésta es la condición natural del ser humano, una condición en la que vivió la mayor parte de su existencia, y que es necesario, por lo tanto, estudiar cómo fue que algunos lo han podido superar.

Esta misma visión es la que plantea Henry Hazlitt, y este autor, si bien no fuera ni economista, ni austriaco pues fue un periodista y analista literario en los Estados Unidos, que escribiera para The Wall Street Journal, The New York Times y Newsweek, comparte los principios y el análisis de esta escuela y lo refleja en un libro llamado: “The Conquest of Poverty”, que recomiendo leer y está en pdf de acceso gratuito aquí: http://mises.org/books/conquest.pdf

Hazlitt, recorre la historia de la humanidad y señala que la casi totalidad de la población fue pobre siempre. Sin embargo, hace unos 250 años algo sucedió. Esto se refleja en el gráfico de abajo. Allí aparecen estimaciones de Brad deLong desde el año -10.000 y de Angus Maddison desde el año 0. La forma de la curva debería resolver todo tipo de dudas: es incredible lo logrado en 250 años de capitalismo y revolución industrial:

250 años

Nada ha hecho más para sacar a cientos de miles de la pobreza que el crecimiento económico durante todos estos años. No solamente el ingreso per cápita ha pasado de unos 150 dólares anuales a más de 6.000, sino que la cantidad de gente en el planeta en ese periodo ha pasado de unos 750 millones a 6.000 millones actualmente. Es decir que la riqueza total creada (que es multiplicar ingreso per cápita por el total de personas) es increíble.

Claro, algunos sostendrán que se ha creado mucha riqueza pero que está mal distribuida. Al respecto, y para no alargar esto mucho, invito al que le interese a ver este video de una conferencia sobre el tema que dictara en la Universidad Francisco Marroquín: http://www.youtube.com/watch?v=HMd2rS-KWOA

Dice Hazlitt:

“La pobreza individual o familiar resulta de que quien debe llevar el pan a la mesa no puede de hecho de hacerlo; cuando el no puede producir o simplemente no produce suficiente para sustentar a su familia o incluso al el mismo. Siempre habrán algunos seres humanos quienes temporal o permanentemente carecerán de las habilidades de proveerse incluso de su propio sustento. Tal es la condición de los niños pequeños, de muchos de nosotros cuando enfermamos, y de la mayoría de nosotros en la vejez avanzada. Y tal es la condición permanente de algunos que han sido golpeados por el infortunio –los ciegos, los lisiados, los retrasados mentales. Donde existen tantas causas no puede haber una cura que las abarque a todas.”

“Cuando la mayoría de las familias no puede producir su propio sustento – cuando la sociedad como un todo no logra abastecerse de su propio sustento- ningún “sistema de alivio adecuado” es incluso temporalmente posible. Por ende la “sociedad” no puede resolver su problema de pobreza hasta que la mayoría de las familias haya resuelto (y en realidad un tanto más que tan solo resuelto) el problema de su propia pobreza.”

“Todo esto es meramente mostrar de otra forma la Paradoja de la Ayuda referida en el capítulo 18: Cuanto más rica la comunidad, menor es la necesidad de ayuda, pero mayor es la ayuda que esta puede proveer; cuanto más pobre la comunidad, mayor es la necesidad de ayuda, pero menor es su capacidad para proveerla. Esto es solamente otra manera de señalar que la ayuda, o la redistribución de ingresos, voluntaria o coercitiva, nunca es la verdadera solución a la pobreza, es, en el mejor de los casos, un alivio provisorio que puede enmascarar la enfermedad y mitigar el dolor, pero que no constituye una cura.”

“Más aun, las ayudas gubernamentales tienden a prolongar e intensificar la propia enfermedad que planean curar. Tales ayudas tienden constantemente a salirse de control. Incluso si se mantienen dentro de límites razonables tienden a reducir los incentivos para trabajar y ahorrar en ambos, aquellos que las reciben y aquellos que son forzados a pagarlas. Se puede decir de hecho, que prácticamente toda medida que el gobierno realiza con el ostensible objetivo de “ayudar a los pobres” tienen el efecto en el largo plazo de hacer todo lo contrario. Los economistas han sido una y otra vez forzados a señalar que casi todos los remedios populares para la pobreza solamente agravan el problema.”

En la conferencia antes citada menciono que redistribuir ingresos reduce el crecimiento económico (y el efecto de la curva que se muestra arriba) y tampoco genera un acto moralmente justificable ya que se trata de ayudar a alguien con el dinero de otros, no el propio. La “Paradoja de la Ayuda” que menciona Hazlitt muestra la salida que ofrece el capitalismo: por un lado permite que la gente produzca, prospere y salga de la pobreza, y, además, genera riqueza que luego éstos pueden ofrecer para ayudar a sus congeneres que necesitan.

Más producción, más riqueza y más ayuda voluntaria es muy diferente de redistribución por el estado, menos riqueza, clientelismo y politización.