Conocimiento Disperso, Escuela Austriaca y Reformas Educativas

Hace 6 años escribí que la imposibilidad de enseñanza del sistema educativo formal positivista era análoga a la imposibilidad de cálculo económico en el socialismo. Ahora Albert Loan, profesor de la UFM, afirma que la noción de conocimiento disperso es incompatible con el modo cuasi-dictatorial del formato de educación en el aula. Evidentemente la Escuela Austríaca puede proporcionar luces en las reformas educativas, pero los partidarios de la EA parecen no darse cuenta. Son partidarios, sí, de la libre oferta y demanda de servicios educativos, y de la libertad de planes y programas de estudio, pero no sacan las consecuencias del conocimiento disperso para los métodos educativos concretos. Copio a continuación del link de Albert Loan y luego mi artículo, que fuera editado en un post electrónico de ESEADE que ya no existe. Sigue leyendo

Mises y Hayek en la Cuestión del Método de la Economia

Sé que son autores muy diferentes y que han opinado diferente en esta cuestión, pero sospecho que las diferencias han sido acentuadas por las interpretaciones de sus lectores.

Obviamente Mises tiene él mismo parte de responsabilidad en el problema referido. Su énfasis en el apriorismo es tal, ya en 1933 (Epistemological Problems of Economics) que Hayek afirma que su famoso Economics and Knowledge de 1936 estaba en gran parte destinado a Mises en la parte metodológica, temiendo una grave reprimenda de Mises, que nunca llegó (sino que al contrario le mandó un “muy bien!” :)). Lo que ocurre es que no fue en 1933 la única ni la última vez que Mises parece afirmar que la economía se desprende totalmente de su famosa praxeología. Sobre ese punto ya he opinado varias veces que, sin embargo, Mises es ambivalente: tiene expresiones que hacen plausible lo que llamé la “interpretación Machlup” de Mises. Esto es, Mises sostiene que entre la praxeología y la cataláctica es necesario pasar por las “condiciones del mundo real” (cap. XIV de Human Action), con lo cual, entonces, la economía como cataláctica no parece desprenderse sólo de la praxeología….

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El orden espontáneo, ¿es intuitivo?

Hace tiempo que me estoy planteando esta cuestión y ya van dos veces que contesto “no”.

Ante todo lo que quiero decir: la idea hayekiana de orden espontáneo, ¿es fácil de ver? ¿Es sencillamente comprensible para cualquier persona, altamente educada o no, que NO haya conocido la obra de Hayek?

Mi respuesta ha sido siempre “no”.

La primera vez que lo dije fue cuando comenté la autobiografía de Carlos Sabino, donde él mismo cuenta el largo camino que tuvo que recorrer para ir hacia el liberalismo clásico desde otros paradigmas altamente sofisticados. Tuvo que hacer una revolución mental similar a la revolución copernicana, que fue pasar del paradigma ptolemaico al paradigma copernicano. Nada intuitivo, por cierto, requirió un gran esfuerzo personal.

La segunda vez fue hace poco, en la revista digital “Controlando al Leviathan”, de la Fundación Hayek,  donde me preguntaba “qué pasa” con las ideas liberales.

Lo dije también en el libro “Elementos de Economía Política”, junto con Adrián Ravier y Martín Krause, cuando deslicé una hipótesis de psicología infantil sobre la dificultad de visualizar el fenómeno de la escasez. Referí allí a la escena infantil habitual de los niños peleando por una misma cosa y el padre poniendo “orden” y “repartiendo” o “racionando” las porciones correspondientes. Lo primero que tenemos en nuestra memoria es, habitualmente, a un “padre” aplicando la justicia distributiva. Los niños dicen habitualmente, hasta cierta edad, “dame de tomar”, hasta que, claro, ellos mismos abran la heladera y se sirvan. Pero ello no va a implicar que en su madurez vean al orden espontáneo, al estilo “yo, el lápiz” que conlleva el conocimiento concentrado de ese mismo artefacto, más su producción y comercialización (y a eso agreguemos: suponiendo que la heladera esté llena….). Es más, posiblemente breguen por un “derecho a la heladera”….

Pero mi hipótesis es algo muy simple, pues se trata de un simple recuerdo a nivel consciente. Lo más invisible son precisamente los procesos evolutivos del yo que conducen a un complejo resultado explicado por Freud. Esto es, como un resultado de la ambivalencia de la figura paterna, introyectarla, convertirse en el padre, y luego proyectarlo sobre otra imagen paterna sustituya que se da en el “jefe de la horda”. Cuanto más débil es el yo, es más probable que realice este proceso identificatorio inconsciente como un síntoma de una relación con el padre mal elaborada. Y eso explica, como bien lo dice Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” [1921] la mayor parte de los fenómenos de masas.

No es la única explicación, desde luego, y no se aplica a todos los casos, desde luego, pero cuando pensamos en los fenómenos de masas asociados a los diversos autoritarismos y totalitarismos, da algo de luz. Pero no sólo en esos fenómenos, sino también en los populismos latinoamericanos o en las democracias anglosajonas, se dan igualmente fenómenos de liderazgo social donde las masas depositan en un líder sus aspiraciones más profundas, y le siguen pidiendo al “líder” el “otorgamiento” de ciertas condiciones de vida que ni se les ocurre que, precisamente, jamás de un líder, sea quien fuere, podrían proceder….

¿Dónde está allí la idea de orden espontáneo?

A partir de aquí podríamos seguir. ¿Qué hacer entonces? Pero lo que quiero ofrecer para el debate es mi diagnóstico. ¿Estoy equivocado? La verdad, ojalá, porque en ese caso la comprensión de lo que Hayek –y toda la EA- intentaron decir sería más fácil. Pero parece que no es así. Aunque haya en las sociedades órdenes espontáneos, la “idea” (no la “creencia”) del orden espontánea NO es espontánea. Y, sobre todo, en los momentos de crisis, como en los actuales, tal vez menos, donde las gentes miran nuevamente desesperadamente al “padre” que “podrá orden”….

¿Estoy equivocado? Espero las respuestas. Me dirán que si no estoy equivocado las conclusiones no son precisamente optimistas….

Mises versus Keynes

Nunca he tenido ninguna animadversión contra Keynes. Siempre he destacado los buenos recuerdos personales que Hayek tiene hacia él, y he destacado una nota sobre su pensamiento filosófico de la mano del libro de Ricardo Crespo, afirmando similitudes epistemológicas con los austríacos hasta ahora muy inexploradas. Pero en la parte monetaria, siempre me voy a inclinar por la posición Mises/Hayek sobre la teoría del ciclo. Pero hay un aspecto de esta última cuestión que habitualmente no se discute.

La pregunta es: ¿hasta qué punto no hay un debate Mises/Keynes anterior al debate Hayek/Keynes?

Fue tal vez un debate menos altisonante, más silencioso, pero no por ello menos importante. Baste recordar cómo comienza el punto III del apéndice I de la famosa Teoría General: “…El profesor von Mises ha propuesto una teoría peculiar de la tasa de interés y de él la han tomado el profesor Hayek y también, según creo, el profesor Robbins; de acuerdo con esta teoría las modificaciones en la tasa de interés pueden identificarse con la de los niveles relativos de precios de los bienes de consumo y los bienes de capital” (aquí Keynes cita (cita nro. 9) nada más ni nada menos que a la Teoría de la moneda y el crédito). Y sigue: “…No está claro cómo se llega a esta conclusión….”, y a continuación trata de exponer la posición de Mises.

Puede el lector seguir leyendo a Keynes allí y preguntarse: ¿no está claro o a él no le quedó claro? Mises dirá en sus Notes and recollections, de 1940, que cuando Keynes criticó su teoría, en 1930, admitió que su conocimiento del alemán no le permitían comprender ideas nuevas en ese idioma, autoconfesión que Mises toma con obvia ironía y que cualquier lector podría utilizar para comprender por qué para Keynes “no estaba claro” cómo Mises llegaba a sus conclusiones.

Pero en mi opinión no era cuestión de idioma, sino de inconmensurabilidad de paradigmas. Keynes estaba formado en Marshall y Pigou y no tenía idea de Menger y Bohm-Bawerk. Y epistemológicamente fue precisamente su incomprensión del orden espontáneo de los procesos sociales lo que lo llevó a postular una solución aristocrática-planificadora para las crisis monetarias.

Creo que eso fue clave, porque la teoría del ciclo de Mises era límpidamente monetaria, mucho más que las teorías hayekianas de los procesos inter-temporales de producción. En Mises la clave era el papel coordinante que jugaba el mercado libre de capitales, y la descoordinación que se producía por la emisión de medios fiduciarios que terminaban en la 2da fase del ciclo apenas se producía la “huída hacia valores reales”. Pero, paradójicamente, a pesar de los paradigmas tan diferentes, eso hubiera sido, tal vez, más sencillo de entender para alguien formado en temas monetarios como Keynes. ¿Hasta qué punto las teorías de Hayek no complicaron, más que facilitaron, el tema para el mismo Keynes? Dejo a los lectores la respuesta…

Equilibrio y Escuela Austriaca, otra vez

Un reciente artículo de D. W. MacKenzie, “The Equilibrium Analysis of Mises, Hayek, and Lachmann” ha puesto nuevamente de relieve la importancia del equilibrio en la Escuela Austríaca de Economía. En su artículo propone apartarse de lo que hoy sería la visión “Kirzner en adelante” de esta cuestión.

En este artículo «Equilibrio y Escuela Austriaca, otra vez» (pp. 25-28), destaco que la lectura de MacKenzie de autores como Mises, Hayek y Lachmann, lo llevan a afirmar que éstos presentan una teoría del equilibrio (cambiante), aunque diferente y superior a las teorías de equilibrio walrasiano.

Lo que intento transmitir es que “la cuestión no es decirle al neoclásico que la EA hoy es contraria a toda noción de equilibrio, sino que la EA tiene otra noción de equilibrio, dinámico, identificado como una coordinación tendencial de expectativas bajo ciertas condiciones institucionales, y que esa noción de equilibrio es una respuesta a un mejor y más adecuado planteo del problema económico.”

La Teoría del Tiempo Económico (TTE)

En el año 2005 tuve el gusto de conocer a Carlos Bondone, quien con toda cordialidad me explicó su Teoría del Tiempo Económico, que es una re-elaboración de la EA a partir de Menger. Resulta siempre sorprendente escucharla para quienes hemos sido formados en Mises y Hayek, y es un desafío para nuestra capacidad de diálogo académico, pues Bondone tiene sus razones y son dignas de ser escuchadas. Yo consideré siempre un deber de mi ética popperiana abrir a los austríacos al diálogo con este nuevo enfoque, aunque la EA, como paradigma, no tenga predisposición a someterse a una crítica interna que viene nada más ni nada menos que de seguir de modo diferente los pasos de Menger. Así que una vez más, aquí la presentamos -esta vez mediante la reproducción de mi prólogo a su último libro, «Capitalismo y Moneda«-.

«The future is open», como decía Popper, y el debate está abierto.

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CAPITALISMO Y MONEDA, de Carlos Bondone

PRÓLOGO

No es la primera vez que yo, sólo un filósofo, tengo el honor de introducir una obra de economía. Pero cuando lo hago, lo hago precisamente desde esa perspectiva, la filosófica, que da una perspectiva especialmente adecuada a ese “paradigma alternativo” que es la Escuela Austríaca de Economía.

En ese sentido, hay en este libro de Carlos Bondone tres aspectos que quisiera resaltar. Los dos primeros han sido objeto de largas conversaciones con el autor, a quien estoy muy agradecido por la confianza depositada en mi persona.

En primer lugar, la teoría del Tiempo Económico (ya presentada en el primer libro del autor[1]) presenta dos peculiaridades importantes dentro de la Escuela Austríaca. Primero, su mayor simpleza. Eso es algo que siempre llama la atención en el caso de algún tipo de modificación teorética, sobre todo después de los análisis de T. Kuhn sobre la historia de la ciencia. En efecto, el autor se remonta directamente a Menger y, como viaje en otra línea temporal, nos hace partir de vuelta desde allí, tomando al dinero como una mercancía más, sometida a oferta y demanda, considerándola como bien presente, y distinguiendo, desde allí, entre bien presente y bien futuro, asignando a este último al función de crédito. Cuando este último, a su vez, se intercambia en mercado libre, estamos en presencia del crédito económico regular. Decimos “en mercado libre” porque en ese caso se define con claridad la calidad y cantidad del bien económico futuro con que  se cancelará la obligación. Cuando ello no sucede, esto es, cuando no se define en el contrato la cantidad y calidad del bien con el que se cancelará la obligación en cuestión, estamos en presencia de crédito económico irregular. Como vemos, es obvia la inclinación del autor por el 100% de reserva, con una salvedad que el lector ya encontrará. A partir de allí, el autor está en condiciones de establecer el error básico de todas las políticas monetarias que, en el siglo XX, han hecho del gobierno el principal autor del crédito económico irregular y, por ende, de las crisis financieras, y no sólo incluso, sino sobre todo, la actual. El autor presenta su teoría del tiempo económico –y esto es muy interesante, y despertará mucho debate- con mayor simplicidad que el camino recorrido por austríacos posteriores.

Esto nos lleva al segundo punto. Como filósofo y epistemólogo de la Escuela Austríaca, no me corresponde juzgar sobre el contenido concreto de las diferencias teoréticas de los miembros de la escuela. Si así lo he hecho en mi última contribución a la epistemología de la Escuela Austríaca[2], coherente actitud debo mantener en este caso. Como epistemólogo, sin embargo, quiero decir que veo a la propuesta de Bondone como dentro del programa de investigación de la Escuela Austríaca, que nunca ha sido un programa homogéneo en cuanto a sus contenidos concretos. Por lo tanto, Bondone es un austríaco que, como muchos de ellos, presenta una propuesta teorética singular dentro del mismo programa de investigación. Eso, desde Kuhn y Lakatos. Desde la ética de la ciencia de K. Popper, esto merece y debería ser debatido y discutido, porque sólo así se enriquecen los contenidos de un programa de investigación. En este sentido, dentro de la Escuela Austríaca, sería deseable una mayor conciencia de la diversidad y riqueza de sus propuestas, y de la necesidad de debatirlas sin “excomuniones” mutuas. Se trata de un programa de investigación, con obvias y ricas diferencias entre sus autores.

Eso, en lo que a la Escuela Austríaca se refiere. De cara a otros programas de investigación, y otras propuestas de política económica, el libro de Bondone no podría ser más oportuno, como todos aquellos que en este momento están tratando de poner luz en este devastador tsunami crediticio que está llevando al mundo a una recesión global. Es en ese sentido que el autor está dentro de la tradición de todos los austríacos, que siempre han denunciado a la intervención del estado en la economía, y especialmente en el mercado crediticio, como la causa de los ciclos de expansión y recesión que Keynes, exactamente a revés que Mises, consideró efecto de un capitalismo “sin control”. Por ello los actuales acontecimientos mundiales, especialmente en EEUU, son doblemente dramáticos. Un drama es ir a toda velocidad hacia un muro de granito, haciendo todo lo posible por evitar la colisión, pero un drama mayor es pisar el acelerador, suponiendo que de ese modo el muro desaparecerá como por encanto. Pues bien: eso es lo que está sucediendo en las actuales circunstancias mundiales. Parte de lo que unifica a los economistas austríacos es su clara conciencia de que la expansión monetaria, por parte de los bancos centrales, produce una etapa de expansión artificial, seguida por la inevitable recesión, mayor en magnitud cuanta mayor haya sido la expansión crediticia anterior. Ello, por supuesto, no es capitalismo ni libre mercado, sino una brutal intervención gubernamental en un aspecto esencial de la economía, como es el mercado financiero y de créditos. No es poca cosa: minimizar el problema es como decir que una persona está bien excepto porque tiene su sistema circulatorio arruinado. Pero el mundo político y teorético actual se empeña en suponer lo contrario, y, con un revival total y completo del keynesianismo (que si es igual a Keynes, es otro debate en el que no me corresponde juzgar) supone que hay que expandir aún más el gasto público y el “crédito irregular”. Las consecuencias de esa insistencia en esa droga crediticia son dignas de una película de ciencia ficción que está comenzando a dejar de serlo. Mises describió en su seminal libro sobre la moneda y el crédito[3] las consecuencias del colapso total del sistema monetario y crediticio. Trasládese ello a nivel mundial y se podría decir que estamos en el comienzo. Gracias a Dios que las predicciones en ciencias sociales son harto falibles….

En ese sentido, la simplicidad y precisión del diagnóstico de Bondone son un servicio inestimable en esta causa de clarificación teorética y práctica. Es, por un lado, una propuesta de debate para los austríacos, pero, por el otro, es una advertencia a nivel mundial, donde Bondone se unifica con el resto de los austríacos y denuncia el error intervencionista que nos está llevando hacia el colapso. Ojalá fueran los inefables dictadorzuelos latinoamericanos el único motivo de preocupación. Es la Reserva Federal, es la ingeniería social, es el socialismo monetario y crediticio de las naciones supuestamente “serias” lo que nos está llevando hacia el colapso. Saludo a este libro de Bondone como una límpida advertencia del problema y una clara propuesta de solución.

Gabriel Zanotti

Buenos Aires, Febrero de 2009.

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[1] Bondone, C.: Teoría de la Relatividad Económica, Distal, Buenos Aires, 2006. Versión inglesa: Theory of Economic Relativity, Buenos Aires, 2007. Une vesión abreviada puede encontrarse en: Bondone, C.: “Teoría de la relatividad económica”, en Libertas (45), 2006, pp. 187-214.

[2] En “Los teoremas de la Economía Política”, en Revista de Análisis Institucional (2008), 2, pp. 27-112.

[3] Mises, L. von: The Theory of Money and Credit [1912], Liberty Fund, 1981.

Mises:¿Rothbard o Machlup?

¿Es Mises «extremo apriorista» como Rothbard lo dice?

Yo sencillamente creo que no. ¿Por qué no leer un poco más a Machlup al respecto? Por supuesto nunca vamos a resolver el problema yendo a los textos de Mises considerados en sí, pues tienen ambiguedades que dan pie para «fans admiradores» y «fans críticos» de ambos lados. ¿Pero no existe acaso la interpretación «pragmática» de un autor? ¿No hay que ir a su CONtexto, a su mundo de vida, a los destinatarios de su mensaje, a sus preocupaciones, etc? No creo que eso «sea convertir a Mises en Gabriel», como a veces se me dice. Creo que puede ser una interpretación de Mises, opinable, pero no una «decodificación aberrante» del autor……..

Dejo un artículo donde trato con un poco más de formalidad el tema (Ver pág. 12 a 15).