Reflexión de domingo: «El encerramiento cultural»

KuhnMuchas veces, al enseñar a T. Kuhn, hay que advertir un detalle importante, ya que de lo contrario, todo queda muy oscuro. Es el tema del aferramiento al paradigma y el cambio (crisis) de paradigma.
Kuhn explica muy bien que los científicos tienden a aferrarse al paradigma, a encerrarse en él. Muchos se preguntan: si eso es así, ¿por qué ocurre la crisis? ¿Debido a ese aferramiento o a pesar de esa cerrazón intra-paradigmática? Justamente, dice Kuhn, debido a eso. Debido a eso es que los “modos habituales de resolución de problemas” (puzzle solvings) van pasando de problemas habituales a anomalías graves que preparan el terreno para la crisis y el cambio del paradigma.
A su vez, los paradigmas dominantes tienen mucha riqueza interna. Eso es precisamente lo que permite “sentarse en ellos cómodamente”. Tienen gran riqueza teorética. Si un adolescente entusiasmado con la Física te habla de los viajes en el tiempo y alguien intenta disuadirlo, y él te contesta con toda la física einsteniana más la física cuántica actual, ¿qué le contestamos? Y si no podemos contestarle nada ni mostrarle otros horizontes, ¿por qué nos vamos a extrañar si queda “aferrado a su paradigma”?

Reflexión de domingo: «La hermenéutica como una nueva etapa en la historia de la filosofía»

gabriel-zanottiEs mi intención presentar la siguiente tesis: la hermenéutica, desde cierto punto de vista, no sólo no es un paradigma agotado, sino que puede llegar a ser una nueva etapa en la historia de la filosofía.
Para ello nos limitaremos sólo a presentar los lineamientos generales de un programa de investigación propio, al modo intentio lectoris, sobre la base de ciertos aportes de Husserl y Gadamer, sin intentar confundir nuestro propio programa con dichos autores. Es nuestra intención mostrar, también, que los aportes que estamos tomando de tan grandes pensadores no constituyen una decodificación aberrante de su pensamiento.

Reflexión de domingo: «Sobre la enseñanza»

ProfesorEl enseñar no surge (como sí la creación de Dios) de la nada. Nace del apasionamiento por la verdad, por haberla buscado a fondo y seguirla buscando, nace de leer con ese espíritu, con un programa de investigación in mente. De allí surge el querer conversarlo con los demás, y ese acto de conversación es enseñar.

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Reflexión de domingo: «Desencuentros cercanos del facebook tipo»

gabriel-zanottiEn muy común ver en facebook enormes peleas sobre cuestiones personales, pero sobre todo políticas e ideológicas, que terminan en insultos, bloqueos, amistades rotas, etc.

No me refiero a la legímima defensa linguística o a la defensa de la vida personal cuando un loco nos agrede y nos insulta. Me refiero a los intentos de diálogo que terminan muchas veces muy mal.

Lejos de mí, por supuesto, despotricar contra facebook. Yo lo uso diariamente para funciones docentes, para expresar mis ideas, etc., y es una herramienta muy útil. Desaconsejo, por supuesto, el uso de facebook para cuestiones personales, pero no es el tema que hoy nos ocupa.
En el diagnóstico de lo que ocurre veo un caso típico de desconexión entre la vida y la filosofía. La filosofía, en este caso la filosofía del lenguaje, puede explicar mucho de lo que nos ocurre en esta nueva dimensión del mundo de la vida.
Ningún texto se entiende fuera de su contexto, y los contextos son amplios, pero, a su vez, limitados. En mis cursos de 1er año en Comunicación Social muchas veces mezclo, con lo que estoy diciendo, la siguiente expresión: “saquen una hoja”. No lo hago el primer día, sino meses después de que los alumnos me han comenzado a conocer. Luego de unos pocos segundos de vacilación, casi todos se ríen porque se dan cuenta de que es una broma. Yo les pregunto cómo se dieron cuenta de que era una broma, y en la respuesta se dan cuenta de la importancia del contexto implícito que da sentido al texto escrito o hablado.
En la interpretación de cualquier afirmación entran dos elementos centrales: el horizonte (Gadamer) desde el cual es dicho y los juegos de lenguaje (Wittgenstein) que lo acompañan. Ello implica, desde luego, todo el conjunto de actos del habla correspondientes, donde está la intención del hablante. Y desde el otro lado, en el destinatario, los mismos elementos, por supuesto. Todo ello conforma el famoso “sentido”, “lo” que se quiere decir, donde se entrecruzan lo que Eco llamó la intención del autor y la intención del lector. Todo ello es el delicado juego de interpretación de un mensaje, que entran también en aquellos cuyo significado suponemos evidente porque todo lo anterior se presupone fácilmente, esto es, lo que equivocadamente llamamos “hechos”.
Las personas se resisten a que la filosofía es en serio. Creen que las cuestiones filosóficas no los tocan, pero sí, comprometen de raíz toda nuestra vida. Me pasó una vez tener una delicada discusión con alguien que sabía todo aquello a lo que me he referido. Pero cuando todo ello lo tocó de forma tal que ponía en duda lo que él estaba diciendo, se olvidó de toda su filosofía y afirmó rotundamente “los hechos son los hechos”. Ok, no todos tienen porque saber -como la ignorancia filosófica de Víctor Hugo Morales-  ni la analogía del ente en Santo Tomás de Aquino o los aspectos diversos de la esencia en Ideas I de Edmund Husserl, pero nunca me voy a olvidar de mi amigo, olvidado de toda su formación y convertido en un positivista fáctico militante cuando la delicada cuestión de la interpretación afectaba a su apasionada posición.
Pues bien: las agrias discusiones en facebook, sus casi tragicómicos finales, tienen este origen. Casi todos –y me incluyo no retóricamente, pues he tenido mis malos días- creemos que podemos entender lo que un desconocido dice con sólo leer el mensaje, olvidando el mundo desde donde está dicho. “Cómo puede ser que digas que…..”; “…no entiendo cómo decís que….”; “no puedo creer lo que estoy leyendo”, “demente”, “corrupto”, “mala persona”; “traidor”, etc., son los finales de esas tristes discusiones donde en poco espacio se quieren solucionar “totalmente” temas como la existencia de Dios, el evolucionismo, el cristianismo, la Iglesia, la inmortalidad del alma y del cangrejo y, por supuesto, las cuestiones políticas y sociales. Y tratar de poner un límite al debate parece imposible. Si contestas, porque contestas; si no contestas, porque no contestas; si contestas poco, está mal porque es poco; si contestas mucho, está mal porque es mucho; si remites a un texto, eres un soberbio; si pretendes explicar, no pretendas enseñarme; si callas, el otro te sigue insultando varios días. Por lo demás, se pueden ver todo tipo de psicopatías, obsesiones compulsivas y demencias diversas, más o menos como pirañas gigantes apenas uno se sumerge en el océano infinito de facebook, después de lo cual uno prefiere la casi falta de oxígeno de 8000 m de altura por lo menos.

Nada de esto me hará renunciar al uso docente y político que doy a facebook. Y menos aún debería yo caer como desprevenido en todo esto cuanto ya lo sé. Las veces que he caído en este juego absurdo muestran que, a pesar de haber creado el grupo de marcianos unidos etc, soy tan humano como cualquiera. Pero ahora, desde también esa misma humanidad, les pregunto a todos, no con respecto a mí, pero sí con respecto a nuestras pretensiones de comprensión total (dije “total”): ¿qué pretendemos? ¿Quiénes nos creemos que somos? ¿Qué nuevos dioses de qué Olimpo suponemos que somos? Excepto que quienes me lean sean los psicópatas que abundan en facebook, les digo a todos nosotros, neuróticos woodyallinescos limitados y anti-heroicos: cortémosla con la pretensión de juzgar al otro como si fuéramos Dios, que para colmo, pudiendo juzgar, está abierto al perdón. Yo seguiré usando facebook, pero advierto a todos: consciente de sus límites. Lo gracioso es que subiré esto a facebook donde, tal vez, genere un sin fin de malentendidos…………………………………………

Reflexiones de domingo: Sobre mi NO originalidad

gabriel-zanottiUna de los aspectos más curiosos de mi vida académica es cierto tipo de elogios que recibo: son muy interesantes. En general recibo críticas, si, a veces muy duras, otras veces elogios muy cálidos, y hay que tener cuidado: ambos casos despiertan sentimientos de los cuales hay que estar cubierto y no siempre lo estoy.
Pero, como decía, hay cierto tipo de elogios que siempre me han llamado la atención. Yo en general trabajo con autores. Les veo su eje central, su núcleo central, y luego les doy una interpretación adicional donde muestro su no contradicción con Santo Tomás de Aquino, o muestro que sus inconsistencias son aparentes, etc. Entonces viene una respuesta típica, sea cual fuere el autor: no, Zanotti, ese NO es… (el que fuere: Mises, Husserl, Alien el 8vo. pasajero, etc.). No, ese NO es fulanito: ese sos vos (hasta me ha pasado con heideggerianos cuando les explico Santo Tomás). Sos VOS el que piensa así, ¿por qué no lo decís directamente y no se lo hacés decir a otro que te trae innumerables problemas? ¿Por qué no defendés tu propia originalidad, por qué te “atás” a ese, en el fondo, reverendo tarado?

Reflexiones de domingo: ¿Qué es el bien común?

ZanottiSe habla mucho hoy de “la economía del bien común”. Pero, ¿qué es el bien común? Ofrecemos nuevamente nuestras reflexiones al respecto, escritas en nuestros libros “Economía de mercado y DSI”, y “El humanismo del futuro”.

Capítulo 1

LA PRIMACIA DEL BIEN COMUN

1.   Qué es el bien común

Para comenzar ordenadamente nuestro estudio, debemos analizar primero el principio de ética social que a nuestro juicio es el eje central de la DSI, pues engloba y permite entender a los restantes. Nos estamos refiriendo al famoso bien común.

Los fundamentos metafísicos del concepto del bien común demostrarán que son vanas las pretensiones del totalitarismo de utilizar este concepto para su propio provecho.

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Reflexión de domingo: «La renuncia del Pontífice más brillante de los últimos siglos»

RatzingerEn el libro Informe sobre le Fe, de 1985, una entrevista que el Card. Ratzinger concede a Vittorio Messori, este último le pregunta qué ha pasado con ese joven Ratzinger, entusiasta del Vaticano II, co-fundador de “Concilium”. ¿Ha cambiado? ¿Se ha corrido a la derecha? ¿Ha prestado sus oídos a aquellos que ya no quieren saber más nada con el Vaticano II? La respuesta de Ratzinger fue clarísima: “Yo no soy el que ha cambiado, han cambiado ellos” (p. 23). O sea, Ratzinger responde claramente que él se ha mantenido fiel al Vaticano II; los que no, son los que han avanzado más allá de su correcta hermenéutica. Ratzinger no es el conservador, si por conservador implica correrse hacia Lefebvre; él se ha mantenido perfectamente en el Vaticano II mientras que varios de sus amigos teólogos han leído en el Vaticano II lo que sencillamente no está.
Sin embargo, fue todo inútil. El falso progresismo dentro de la Iglesia, que no hace sino retroalimentar a los lefebvrianos, no perdonó nunca a Ratzinger su correcta interpretación del Vaticano II, que nunca fue una ruptura con el Depósito de la Fe. La fama de “conservador” corrió en los medios de comunicación y ocultaron al sutil y abierto teólogo agustinista, perito del Vaticano II. Para colmo le tocó ser el prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe, durante el pontificado de JPII. ¡Peor! Quiso renunciar tres veces, pero JPII lo quiso a su lado. Pero entonces, mientras que JPII se movía mejor en la política y en los medios, Ratzinger tenía que moldear el núcleo central de los documentos más antipáticos que JPII aprobaba. Juan Pablo, Segundo, te quiere todo el mundo, todo el mundo, sí, que no había leído ni entendido ni un micrón de dichos documentos. No era precisamente una justa situación.

Reflexión de domingo: «La falsa dicotomía entre lo fáctico y lo ficticio»

SpockEl positivismo sigue dominando nuestro modo de pensar aunque no nos demos cuenta, aún en aquellos que dicen haberlo superado, porque el positivismo sobrevive en el lenguaje, y los juegos de lenguaje son redes profundas de horizontes de precomprensión.
Uno de los hábitos más difundidos de nuestro horizonte cultural positivista –que ha invadido a la ciencia, la educación, la comunicación social, etc.- es si un relato corresponde a un “hecho” (lo “fáctico”) si es “ficticio” (no real). Dejemos de lado por un momento que la palabra hechos es engañosa, porque oculta la creencia de que un relato puede ser no proferido desde el horizonte del hablante. El asunto es más simple. Desde luego que, habitualmente, podemos distinguir entre un relato de ficción y otro que intente interpretar la realidad. Una cosa es una reseña sobre la situación económica actual de los EEUU y otra cosa es una película de Star Trek. Ok, lo podemos distinguir. Pero, ¿qué importancia tiene ello para el tema de la verdad?

Hülsmann, J.G.: Mises, The Last Knight of Liberalism (Ludwig von Mises Institute, 2007).

HulsmannPara alguien que ha dedicado gran parte de su vida intelectual a la obra de Mises, la lectura del libro de Hulsmann era una lectura obligada, pero que se convirtió luego en una lectura placentera y fructífera.

Fuera de las “notes and recollections” de Mises en el 42, y los famosos “years with Ludwig von Mises”, de Margrit, y demás entrevistas y referencias menores, había contadas obras académicas a la vida y obra de Mises, entre las cuales se destacan el libro de I. Kirzner del 2000 y la introducción de Ebeling a los lost papers, en el 2003.  Pero la extensión y el detalle del libro de Hulsmann lo coloca como una obra de consulta indispensable, que revisa exhaustivamente todos los períodos de su vida, más sus fuentes, sus obras, sus circunstancias vitales, más allá de las cuales es imposible comprender la obra de un autor.

En ese sentido, es interesante que en un libro de unas 1000 páginas, el período de Mises en EEUU comience un poco antes de la 800. Porque parte de la incomprensión que sufre permanentemente Mises, tanto de parte de admiradores y detractores, tiene que ver con el olvido de que Mises, en 1939, cuando tiene que huir a los EEUU, tiene casi ya 60 años y, si se lee atentamente la obra de Hulsmann, está en un período que cualquiera hubiera interpretado como de amarga derrota y abatimiento. Ello es olvidado habitualmente por las generaciones jóvenes nacidas en los 60 y 70 que leen a La Acción Humana (y posteriores) como si fuera un texto atemporal, escrito en medio de años sabáticos en la mejor universidad del mundo, y es interesante ver, en ese sentido, qué distintas que fueron las cosas.

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Reflexión de domingo: «Acerca de los Monopolios»

ZanottiExtracto de «Introducción a la Escuela Austríaca de Economía«, Unión Editorial, 2da edición 2012.  [Primera edición publicada en el Centro de Estudios para la Libertad, Buenos Aires, 1981].
Parte II: El monopolio
Toca el turno ahora a una parte muy importante de nuestro análisis: El monopolio.
1) El problema de la definición
 ¿Qué es el monopolio? He aquí el primer problema a resolver.
Es un problema porque, en efecto, la única definición estricta que conocemos, esto es, la etimológica (un solo vendedor), nos lleva –si consideramos sus consecuencias últimas– a la conclusión de que todos somos monopolistas. En efecto, sabemos que los bienes no son estrictamente homogéneos entre sí; por lo tanto, en última instancia, cualquier vendedor es vendedor exclusivo de su producto y, por tanto, monopolista del mismo. O sea, el vendedor de pañuelos A es monopolista de los pañuelos A; el vendedor de los pañuelos B es monopolista de los pañuelos B, aunque ambos vendan pañuelos.
Pero como vemos, no es esta concepción la que habitualmente tiene el vocablo «monopolio». El vocablo induce a imaginar; a un siniestro individuo que vende algo que no tiene un sustituto a la vista, privilegiada situación por la cual puede elevar el precio del artículo a su gusto. Luego, no es el concepto de monopolio lo que en realidad preocupa, sino el supuesto poder que el mismo tendría sobre el artículo que se vende. No preocupa a nadie, en efecto, que yo fabrique pequeños libros con las páginas en blanco y los vaya a vender a las librerías. Lo preocupante sería que mi extraño producto fuera muy apetecido por el homo sapiens.