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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

¡Obama tiene más dudas que Fernando de la Rúa!

Obama duda. No sabe si escuchar a Krugman o al sentido común. Mi sensación es que tiene más dudas que Fernando de la Rúa. Se que esta es una afirmación fuerte, pero creo que puedo sustentarlo.

Fernando de la Rúa fue el presidente argentino que debió enfrentar la crisis económica iniciada en el tercer trimestre de 1998, luego de ganar las elecciones de 1999. Su programa prometía continuar con la convertibilidad peso-dólar y avanzar en un plan de recortes fiscales que habían causado la crisis. Para esto último es que nombró a Ricardo López Murphy como Ministro de Economía. Pero lo cierto es que al primer intento por reducir el gasto, comenzaron las manifestaciones, y de la Rúa decidió retroceder, aceptar la renuncia de López Murphy y colocar en su lugar a Domingo Cavallo, quien explicaba que el problema no era el déficit, sino la competitividad. Cada paso que se dio desde aquel día, fue recibida por el mercado con mayor desconfianza, lo cual agravó la situación y terminó con una crisis política y económica mayor. Las «dudas de de la Rúa» ya son palabra tomadas con humor en Argentina.

Las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos nos enseñaron a los latinoamericanos la enorme diferencia que hay en la calidad de la política de uno y otros países. En Estados Unidos cada candidato se presentó con un programa, y tuvo que defenderlo ante los otros candidatos. Se discutieron muchos temas, y Obama emergió como el candidato que mejor representaba la voluntad del pueblo americano, en el sentido de terminar con la guerra, lo cual a su vez reduciría los gastos, una de las principales preocupaciones. Si algo mostró Obama en aquellos debates fue el convencimiento de que sabía como resolver los problemas de Estados Unidos.

Al asumir Obama, sin embargo, comprendió que la guerra no podía terminar. Al contrario, mantuvo la guerra contra Bin Laden, a quien finalmente asesinó hace unos meses.

Por el lado económico, Paul Krugman le sugirió no escuchar a aquellos que hablaban de la necesidad de un ajuste fiscal ante la crisis. Incluso, Obama llegó a afirmar que existía un consenso de que el gobierno debía hacer algo, a través de un plan de recuperación, para estimular la economía, lo cual generó un desconcierto entre académicos y una lógica respuesta a través de una carta firmada por cientos de ellos diciendo que lo dicho «no es cierto».

Paul Krugman juega en esta historia un rol único. Primero, por haber sugerido, ante la crisis de las dot-com de 2001, que el gobierno debía crear una burbuja inmobiliaria que reemplace a la bursátil. La solución lógicamente era de corto plazo. Y así fue. Estados Unidos experimentó otra crisis mayor en 2008, luego de escuchar precisamente las palabras del premio Nobel.

Ante la crisis de 2008, Krugman jamás hizo referencia a aquellas palabras, y por el contrario, salió a pedir que el gobierno gaste, al mismo tiempo que solicita a la Reserva Federal que inunde el mercado con crédito barato. El gobierno le hizo caso y la Fed también.

Muchos analistas venimos señalando desde 2001 que fueron el gobierno y la Reserva Federal, y no el mercado, ni la globalización, los responsables de esta crisis. De hecho, Krugman es uno de los máximos responsables de la caótica situación actual americana.

Ante esta situación Obama duda. Siempre creyó en el mito keynesiano. Y avanzó en el sentido propuesto por Krugman hasta que encontró un límite legal. La deuda alcanzó el límite permitido y de continuar así, terminaría con el default.

Los republicanos le dieron la posibilidad de terminar su mandato sin grandes cambios. La reforma fiscal no sólo no reduce el gasto, sino que le permite que crezca -pero a niveles menores de lo planeado. Lo cierto es que en 2013 la deuda pública americana ya habrá superado el 100 % del PIB, y habrá alcanzado el nuevo límite.

Krugman escribe entonces un artículo categóricamente crítico de Obama. Dice Krugman:

«Empecemos por la economía. En este momento, el país atraviesa una profunda depresión. Es casi seguro que la economía seguirá fuertemente deprimida durante todo el año que viene. Y es muy probable que la depresión continúe también durante 2013, o incluso más allá.»

«Lo peor que se puede hacer en una coyuntura como ésta es recortar el gasto público, porque sólo deprimirá la economía aún más. No escuchen a esos que invocan al hada de la confianza de los mercados, que aseguran que las enérgicas medidas presupuestarias transmitirán tranquilidad a los inversores y los consumidores y lograrán que gasten más. Las cosas no funcionan así: está demostrado por numerosos estudios de los registros históricos.»

Y luego analiza el lado político:

«Y después están los términos del arreglo, que equivalen a una abyecta rendición por parte del presidente Obama. Primero, habrá enormes recortes del gasto público, sin aumentos de los ingresos. Luego un panel recomendará futuras reducciones del déficit, y si esas recomendaciones son aceptadas, habrá otros recortes del gasto.»

«¿Tenía el presidente alguna alternativa esta vez? Sí. Para empezar, podría y debería haber pedido un aumento del techo de endeudamiento allá en diciembre pasado.»

«¿Pero endurecer su postura no hubiese provocado preocupación en los mercados? Probablemente no. De hecho, si yo fuera un inversionista y viera que el presidente está dispuesto y es capaz de plantarse ante la extorsión de la extrema derecha, me sentiría más tranquilo, y no más preocupado. En cambio, Obama eligió mostrar lo contrario.»

Nótese que Krugman llama «extrema derecha» a los hombres sensatos que solicitan poner un límite al aumento de gasto y al incremento de la deuda. Nótese que Krugman denuncia estos límite como «enormes recortes de gasto público», cuando en realidad se le está pidiendo a Obama que siga aumentando el gasto pero a niveles menos acelerados.

Krugman nos llevó a esta situación. Pero jamás lo reconocerá. Obama le hizo caso, y desarrolló el mayor paquete de gasto del que se tenga memoria en estos dos años. El mercado, sin embargo, no reacciona. Al contrario, aun con los estímulos la economía vuelve a mostrar un desempleo en ascenso. Krugman pide entonces más gasto, más liquidez, como lo hubiera hecho el propio Keynes si pudiera aconsejar a Obama en estos días. Si Krugman fuera escuchado nuevamente, Estados Unidos quebraría, el dólar se depreciaría en forma enormemente acelerada y el mundo sería un infierno.

Obama duda. Ya no puede hacer lo que le pide Krugman, aunque éste insista en que viole la constitución y se niegue a escuchar a los otros poderes.

Obama sigue dudando, y ya no sabe a quién escuchar. Entiende, creo, que el gasto y la deuda son un problema. Pero si pudiera, pienso que avanzaría en el plan de Krugman.

Puras inconsistencias. Me recuerda a De la Rúa. Esto no puede terminar bien.

En Honduras: Diputados aprueban reglamento de ley de ciudades modelo

Sin tomar en cuenta lo que piense la sociedad y por una mayoría absoluta, los diputados del Congreso Nacional  aprobaron la madrugada  de hoy en su tercer y último debate, el reglamento de la Ley del Estatuto Constitucional de las Regiones Especiales de Desarrollo (RED), conocidas popularmente como ciudades modelo.

La aprobación del nuevo reglamento jurídico registra estadísticas de  105 votos a favor, 6 en contra y 5 abstenciones. La ley permite que las ciudades modelo se rijan por su propio dominio económico, jurídico y social, situación que es considerado como una flagrante violación constitucional.

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Nuevo Journal: Micropolitics and Social Sciences

Los profesores Gianturco Gulisano y De Mucci me informan sobre la creación de un nuevo Journal multi-disciplinar en el marco de las actividades de la prestigiosa universidad italiana LUISS Guido Carli, con sede en Roma.

En el comité científico aparecen P. Boettke, G. Ibarguen, P. Garello, C. Lottieri, J. Sima, entre otros.

He sido invitado a participar del comité ejecutivo junto a Nicola Iannello, Massimiliano Neri, R. Bitetti, A. Masala, D. Costa, entre otros.

El objetivo es publicar allí artículos de calidad en distintos idiomas (inglés, italiano, portugués, español) consistentes con el liberalismo clásico representados en la tradición austriaca, el Public Choice, Chicago y el Nuevo Institucionalismo.

Algunos de los campos sobre los cuales se puede trabajar:

– Epistemología y metodología: Individualismo metodológico, praxeología, falsacionismo; apriorismo;

– Filosofía Política y la teoría política: el liberalismo clásico, la elección pública: elitismo (italiano), el realismo político; el Estado, la burocracia;

– La teoría económica: Escuela Austriaca de Economía, Escuela de Chicago, Elección Pública; Nuevo Institucionalismo; Escuela de Hacienda Pública (Italia), espíritu empresarial.

– Sociología: Personalismo, Sociedad libre, Estudios emergentes

Desde el segundo número habrá una convocatoria pública para participar, por lo que quedan todos invitados a proponer temas sobre los cuales tengan interés en trabajar.

Para más información contactar a Adriano Gianturco Gulisano, adriano.gianturco@gmail.com

¿Estados Unidos en default?

Estados Unidos contra Estados Unidos es un libro de Alberto Benegas Lynch (h) que resume las causas de la decadencia americana. Muestra cómo hace algunas décadas este país abandonó los principios que la hicieron una nación próspera para pasar a una situación penosa, que hoy es evidente en la tapa de todos los diarios.

Hoy tenemos dos gráficos que resumen la situación. El primero muestra la evolución de la deuda pública en relación con el PIB. Nótese que en 1981 el ratio era sólo del 30 %. El gobierno de Reagan (1981-88) llevó al país a una deuda cercana al 50 % del PIB. El gobierno de George W. Bush (1989-1992) elevó aun más los niveles de deuda desde ese 50 % al 70 %. Clinton y George W. Bush mantuvieron esa deuda estable, pero Obama, la elevó al 100 % del PIB.

El segundo gráfico nos muestra además el monto de la deuda, el que pasó entre 2008 y 2010, de 10 a más de 14 billones de dólares (en inglés Trillion).

En los últimos días Republicanos y Demócratas intentan solucionar la situación, no reduciendo la deuda, sino elevando el límite legal de la deuda a un límite superior a los hoy 14.3 billones de dólares.

¡No está demás señalar que hace una década el límite era de sólo 6 billones!

Vale insistir que la crisis americana tiene forma de W. Cayó en crisis, se recuperó levemente por las políticas de estímulo, pero claramente esos estímulos no pueden durar. Si no hay acuerdo, la recaída será inminente. Si hay acuerdo, deberemos esperar poco más.

Ante tasas de interés del 0 %, el rojo fiscal está dejando a Estados Unidos sin armas para paliar la crisis.

Keynes versus Hayek 2011

Este martes 26 de julio, habrá un nuevo round del debate entre Keynes y Hayek. En el mismo escenario de los años treinta, en la mítica London School of Economics, habrá un debate sobre qué políticas debieran aplicarse hoy para salir de la crisis.

Recordemos que Keynes creía que el gobierno podía crear empleo y crecimiento en forma sostenible. Hayek, por el contrario, creía que la inversión debía estar basada en ahorro real, y no en estímulos fiscales o tasas de interés reducidas artificialmente.

BBC Radio 4 grabará la contienda entre los modernos seguidores de ambos.

De un lado Robert Skidelsky, el biógrafo más importante de Keynes en nuestros días. Del otro George Selgin, uno de los especialistas en la obra de Hayek.

También participarán Duncal Weldon y Jamie Whyte. Paul Mason coordinará el debate.

Muchas suerte a Selgin en la defensa de las ideas de Hayek!

Contribuciones epistemológicas en el Essai de Richard Cantillon

Uno de los principales aspectos del “Essai sur la nature du commerce en général”, que seguramente impresionará a quien lo lea y esté familiarizado con el análisis económico moderno, son sus contribuciones a la epistemología de la economía.

En toda su obra, Cantillon teoriza a través de una lógica deductiva, de causa y efecto, que el lector podrá observar en la lectura, y que también caracterizó al pensamiento escocés y clásico, desde Adam Smith y David Hume hasta John Stuart Mill y John Cairnes, a la revolución marginal y a la moderna Escuela de Viena, más conocida como Escuela Austríaca de Economía; método científico sólo abandonado a través del método matemático que hoy caracteriza a la Escuela Neoclásica.[1]

Otra característica central de este Essai, que posiblemente lo convierta, siguiendo a Jevons, en “el primer tratado sobre economía”, es que se presentan los tópicos arriba mencionados, y que hacen a distintos ámbitos de la ciencia económica, pero de modo integrado. Cada uno de sus treinta y cinco capítulos, separados en tres partes, tiene relación con el capítulo anterior. Cantillon, con una paciencia asombrosa, presenta los contenidos secuencialmente, jamás adelanta argumentos o hipótesis que no se desprendan de lo dicho previamente. En tal sentido Jevons afirma que:

«El Essai es mucho más que un simple ensayo o recopilación de ensayos inconexos, como los de Hume. Se trata de un estudio sistemático y bien articulado, que en forma concisa abarca la casi totalidad del campo de la Economía, con excepción de los impuestos.» [2]

Es digno de mención, en su segunda parte, cómo comienza analizando una economía de trueque, para luego introducir el dinero, en lo que hoy sería una economía de cambio indirecto. Algo similar podemos decir de la economía internacional, analizando primero, en las partes primera y segunda del Essai, una economía cerrada, para luego pasar a estudiar, en la parte tercera, una economía abierta. Al respecto, en el capítulo VII de la primera parte, señala:

«Evidentemente en las grandes ciudades existen a menudo empresarios y artesanos que viven del comercio exterior, y, por consiguiente, a expensas de los propietarios de tierras en país extranjero: pero hasta ahora me limito a considerar un solo Estado, en relación a su producto y a su industria, para no complicar mi argumento con circunstancias accidentales.» [3]

Otro aspecto metodológico, al que ya han hecho referencia Hayek y Rothbard, es su utilización del método de abstracción o de construcción imaginaria. Más específicamente, sorprende cómo en la misma página de la última cita, utiliza prematuramente el Ceteris Paribus. Sólo a modo de ejemplo:

«La tierra pertenece a los propietarios, pero sería inútil para ellos si no se cultivase. Cuanto más se la trabaje, en igualdad de circunstancias, mayor será la cuantía de sus productos; y cuando más se elaboran estos productos, siendo iguales todas las cosas, mayor valor poseerán como mercancías.» [4]

Debemos hacer una referencia crítica a las palabras de Schumpeter cuando, luego de relacionar el Suplemento perdido de Cantillon con los trabajos de Petty como padre de la econometría, concluye que “lo verdaderamente importante es el mensaje de investigación econométrica que se desprende del intento de Cantillon, la tesis de que en la base de cualquier ciencia, por ‘teórica’ que sea, tiene que haber cálculos numéricos.”[5] Este intento de mostrar a Cantillon como un «positivista» choca con el último párrafo que éste presenta en el capítulo XI de la primera parte de su Essai.

«Sir William Petty, en un breve manuscrito del año 1685, estima esta paridad o ecuación de la tierra y del trabajo como la consideración más importante en materia de aritmética política, pero la investigación practicada por él, un poco a la ligera, resulta arbitraria y lejana de las reglas de la Naturaleza, porque no ha tenido en cuenta las causas y principios, sino tan solo los efectos, lo mismo que ha ocurrido con Mr. Locke, Mr. Davenant y todos los demás autores ingleses que han escrito sobre la materia.» [6]

Cantillon está explicando, a nuestro entender, que estos trabajos empíricos no tienen sustancia sin un previo estudio lógico deductivo, que permita darle cierta causalidad a lo que se observa en la realidad. Este es el mismo error que hoy cometen los positivistas y econometristas cuando pretenden obtener conclusiones teóricas, de carácter universal, sobre la base de cierta evidencia empírica, y sin una teoría apriorística previa, lo que en Cantillon serían “las causas y principios”.[7]

La siguiente cita, seguramente será más ilustrativa en este sentido, viendo como Cantillon habla prematura y explícitamente de “reglas válidas para todos los tiempos”:

«Tanto si el dinero es raro como si es abundante en un Estado, la proporción indicada no variará mucho, porque en los Estados donde el dinero es abundante, las tierras se arriendan a más alto precio, y a un canon más bajo allí donde el dinero es más escaso, regla ésta que siempre se revelará como válida para todos los tiempos.» [8]

Una última referencia de Cantillon sobre este desafortunado comentario de Schumpeter es el que nos muestra en el capítulo VII de la segunda parte, donde la argumentación empírica o histórica, que rodea todo el Essai, es siempre cualitativa y nunca cuantitativa.

«Se comprende, así, que cuando en un Estado se introduce una respetable cantidad de dinero excedente, este dinero nuevo dé un nuevo giro al consumo, e incluso una nueva velocidad a la circulación, si bien no es posible indicar en qué medida.»[9]

Consideramos que lo dicho es suficiente, para ilustrar que el Essai de Cantillon presenta, quizás sin saberlo y no siempre de forma explícita, algunas novedosas manifestaciones epistemológicas de la economía, en su tiempo, en relación con el actual conocimiento de la filosofía de la ciencia.


[1] Friedrich A. von Hayek explica que Cantillon utiliza consistentemente el término “natural” –unas treinta veces en todo el Essai- para expresar esta relación de causa y efecto o, en otras palabras, como una explicación científica causal. De allí uno puede comprender que este término esté presente incluso en el título del ensayo. Véase Friedrich A. von Hayek, “Richard Cantillon”, The Journal of Libertarian Studies, Vol. VII, No. 2 (Fall 1985), p. 223.

[2] Véase W. Stanley Jevons, Op. cit., p. 212.

[3] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 38. La cursiva es nuestra.

[4] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 38. La cursiva es nuestra.

[5] Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 263.

[6] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 36. La cursiva es nuestra.

[7] El sentido que queremos darle al concepto “apriorista” es el que usualmente utiliza el filósofo Gabriel J. Zanotti. Véase G. J. Zanotti, El método de la economía política, Ediciones Cooperativas, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Junio de 2004.

[8] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 87. La cursiva es nuestra.

[9] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 116. La cursiva es nuestra.

Introducción a la Escuela Austriaca, por Nicolás Cachanosky

El Instituto Acton de Argentina organiza un ciclo de seminarios hacia una sociedad libre y virtuosa. Nicolás Cachanosky acaba de ser invitado al programa.

A continuación resumimos los contenidos:

* De los clásicos al marginalismo

* Orígenes y evolución de la Escuela Austriaca

* La Escuela Austriaca Contemporánea

El evento se desarrollará el lunes 25 y el martes 26 de julio, en ESEADE (Uriarte 2476, Ciudad de Buenos Aires), en el horario de 18 a 21 hs.

El costo es de $100.

Recomendamos su participación.

Para inscribirse escribir a info@institutoacton.com.ar

 

 

Reseña: “El método de la economía política”, por Gabriel J. Zanotti

La revista Criterio Libre, de la Universidad Libre de Colombia, acaba de publicar mi reseña del libro “El Método de la Economía Política” de Gabriel J. Zanotti.

“Esta reseña es la primera que escribiré sobre dos libros de un mismo autor. No se pretende con ello resumir su obra –elaborada ya en más de tres décadas de intenso trabajo y representada en numerosas publicaciones–, sino sólo invitar a los lectores y principalmente a los economistas a considerar seriamente el estudio de un programa de investigación para la economía política elaborado por un filósofo, que si bien ha sido inspirado en diversos planteos de colegas y economistas, ofrece una sistematización que lo hace único y novedoso. Dice el profesor Zanotti en el prefacio:

“La teoría general del conocimiento es previa a la filosofía de las ciencias; ésta, previa a la filosofía de las ciencias sociales, y ésta, previa a la metodología de alguna ciencia social en particular” (Zanotti, 2004, p. 12).

En este sentido, pienso que los economistas tenemos una formación enormemente sesgada a la hora de introducir nuestros estudios en una “teoría general del conocimiento”, lo que nos obliga a acercarnos a la filosofía para entender lo que hacemos y el modo en que procedemos u operamos. Qué mejor entonces que acercarnos a un filósofo cuya labor se ha concentrado en investigar cómo se organiza un programa de investigación en economía política, propuesta que aquí sintetizaremos y que entendemos debiera competir con otras diseñadas por los mismos economistas.

El libro se estructura en cinco capítulos. En el primero el autor toma las contribuciones de dos epistemólogos como Popper y Lakatos. En el segundo, agrega elementos de tres epistemólogos y economistas como Mises, Hayek y Machlup. El autor aclara, sin embargo, que no buscará describir la posición de cada pensador en su totalidad, sino sólo aquello que interesa a los efectos de su organización1. En el tercer capítulo y en función de las mencionadas contribuciones, el autor organiza sistemáticamente su programa de investigación. Hasta aquí consideramos conveniente reproducir en la reseña la estructura de estos tres primeros capítulos del libro.

En el cuarto capítulo se exponen sistemáticamente los tres métodos que en opinión del autor se combinan armónicamente en la metodología de las ciencias sociales2. El quinto y último capítulo ofrece una solución al problema de la objetividad de la base empírica en ciencias sociales . Estos dos últimos capítulos son los de mayor contenido filosófico. Por una cuestión estrictamente de espacio, lo que haremos es tomar elementos esenciales allí tratados e insertarlos en la estructura de los tres primeros capítulos.

«El BCRA no puede ser independiente aunque quiera»

Este título lo pudo haber escrito un economista de la Escuela Austriaca, pero esta vez no. Lo dijo Axel Kicillof, quien fuera mi profesor de «Economía Marxista» en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), hoy economista de la Cámpora, candidato a suceder a Amado Budeau como Ministro de Economía si Cristina gana las próximas elecciones y uno de los máximos expertos de la Argentina en el pensamiento de Marx y Keynes.

Esta nota en La Nación, resume sus ideas, lo que me hizo reflexionar algunas cosas.

Primero, reconocer que la independencia del Banco Central ha sido siempre letra muerta. No existe tal cosa en la historia económica de ningún país.

Segundo, observar la diferencia entre un keynesiano y un austriaco, luego de advertir tal cosa. Un austriaco propone terminar con los bancos centrales, porque desde que existen, no sólo no han sido independientes, sino que han generado mayor inflación, mayor desempleo y mayor inestabilidad, incumpliendo todos los objetivos que originalmente se plantearon. Kicillof propone algo totalmente diferente advirtiendo que el Banco Central «no puede funcionar alejado de las políticas económicas y de producción», y exigiendo «mezclar la política monetaria con la economía real». En pocas palabras, propone abandonar la idea de que el Banco Central sea independiente del gobierno, y que al contrario, utilice las herramientas de política monetaria para afectar la actividad económica y el empleo.

Tercero, y quizás lo más curioso, es su reconocimiento de la ausencia de «neutralidad del dinero». «Eso es algo en que la ortodoxia no entiende porque cree en la neutralidad del dinero. Cómo pueden pedir que el Banco Central se ocupe sólo del valor del dinero, cuando los movimientos financieros, de crédito, de tipo de cambio, afectan al empleo aunque el Central no lo quisiera», subrayó Kicillof.

Kicillof está en el otro extremo del pensamiento económico que en este blog proponemos. Pero es interesante ver las coincidencias en algunos puntos clave de la teoría económica.

Entendiendo la economía argentina

Hace unos meses Paul Krugman aseguraba que España debía abandonar el euro y devaluar su moneda para resolver sus dificultades fiscales. Ahora volvió a la carga con la misma política, pero agregó que la devaluación argentina de 2001-2002 debiera ser tomada como un ejemplo de lo que Grecia y los países europeos en problemas debieran hacer para abandonar la crisis en las que se encuentran inmersos.

El gobierno argentino no pudo evitar la tentación de utilizar las desafortunadas palabras de este Premio Nobel para demostrar lo correctas que han sido las políticas implementadas en la última década.

Mi objetivo en este artículo es intentar esclarecer lo ocurrido en la historia económica argentina reciente para arrojar algo de luz sobre un tema tan delicado en el campo de la política económica.

El menemismo (1989-1999)

Tras el retorno a la democracia en 1983, y la asunción de Ricardo Alfonsín al frente del gobierno, la Argentina experimentó serias dificultades económicas que terminaron con su renuncia anticipada en 1989 y un proceso hiperinflacionario descontrolado.

Carlos Saúl Menem asumió en dichas circunstancias y tras dos años de desaciertos, encontró un equipo económico liderado por Domingo Cavallo que le permitió encontrar una respuesta a la situación. El déficit fiscal ya no podía ser financiado con emisión monetaria y no había acceso al crédito externo, por lo que sólo podían obtenerse ingresos a través de la privatización de empresas públicas deficitarias. Entre 1991 y 1993 la Argentina implementó la convertibilidad de un peso por un dólar, privatizó las empresas públicas deficitarias, acordó el Plan Brady, salió del Default, ingresó al MERCOSUR y privatizó el sistema de pensiones.

Lo que nunca consiguió la economía argentina fue eliminar el déficit fiscal, aunque en 1993 el ingreso de divisas obtenido por las privatizaciones, le permitió acomodar las cuentas. A partir de 1994 el gasto público comenzó a crecer y con ello el déficit fiscal, el cual siempre fue financiado con crédito externo.

La economía argentina gozó de estabilidad, pero mientras mantuviera el déficit fiscal su crecimiento estaba atado a continuar tomando deuda externa, la que siempre consiguió extender a través del Fondo Monetario Internacional como su principal garante.

Sorprendentemente Menem consiguió un acuerdo con el radicalismo para modificar la Constitución Nacional y que se le permitiera ser reelecto en 1995, pero desde entonces las complicaciones fueron cada vez mayores.

El efecto tequila de 1995, la crisis asiática de 1997, la crisis rusa de 1998 y la devaluación de Brasil de 1999 representaron cuatro duros golpes para la economía argentina, que empezó a tambalear desde el tercer trimestre de 1998.

Entre el menemismo y el kirchnerismo (1999-2003)

En 1999 Fernando De la Rúa ganó las elecciones y decidió mantener la convertibilidad, pero no encontró el modo de controlar el déficit fiscal, mientras las adversidades externas continuaban y el dólar se fortalecía.

Tras una nueva renuncia anticipada en diciembre de 2001 y una alternancia en el poder que nos dejó con varios presidentes y la declaración del default, Eduardo Duhalde decidió abandonar la convertibilidad, pesificar los depósitos y devaluar la moneda.

El PIB argentino cayó en 2002 más de un 10 % y comenzó un proceso de ajuste sobre el tipo de cambio que abandonó la paridad 1 a 1 para pasar a un aproximado 3 a 1, controlado entre bandas.

El Kirchnerismo (2003-2011)

En 2003 se llamó a elecciones y Néstor Kirchner alcanzó el poder con menos del 23% de los votos. La economía argentina apenas iniciaba un proceso de recuperación para salir de una profunda depresión.

Tras la fuerte devaluación, el dólar de 2003 era caro, los salarios pasaron a ser muy bajos en esa moneda, y la industria se volvió competitiva.

El contexto internacional cambió: 1) Los shocks internacionales desaparecieron durante los cinco años siguientes hasta la crisis subprime de 2008; 2) EE.UU. abandonó el dólar fuerte; 3) China se convirtió en la fábrica del mundo, demandando nuestros commodities y elevando sus precios a niveles récord; 4) Brasil dejó revaluar su moneda, contrariando su propia historia, lo cual benefició nuestra balanza comercial con aquel país.

Bajo este contexto, la economía argentina emprendió un acelerado proceso de recuperación.

El gobierno, sin embargo, obstaculizó el proceso.

Primero se hizo accionista del campo y aprovechó las retenciones a las exportaciones para obtener una fuente de ingresos que período tras período se hacía más indispensable. La “guerra con el campo” será uno de los factores más destacados de la historia argentina de esta última década.

Segundo comprendió equivocadamente que subir el tipo de cambio le permitiría hacer más competitiva a la industria, al tiempo que aumentaba la recaudación tributaria, fruto de esas mismas retenciones. Esto llevó a una subida gradual del tipo de cambio del 3 a 1 al presente 4 a 1.

Tercero, y ligado a lo anterior, decidió emitir moneda para financiar parte del presupuesto. Esta es, en definitiva, la causa principal de la escalada inflacionaria que analistas privados estiman entre el 22 y el 30 % (contra el dato oficial del Indec en torno al 10 %).

Cuarto, estatizó las pensiones, sabiendo que le permitía dejar de acumular una deuda impagable que mes a mes asumía ante las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) para poder pagar las pensiones de los actuales jubilados y pensionados; hacerse de los fondos gestionados entonces por las AFJP; y acumular como “impuestos” las futuras recaudaciones de los “ahorros” de los trabajadores.

Quinto, exigió al Banco Central de la República Argentina que prestara una suma importante de reservas en dólares para cancelar todos los compromisos con el Fondo Monetario Internacional, y con ello renunciar a ser auditado por cualquier organismo multilateral de crédito.

Lo dicho le permitió aumentar el gasto público consolidado desde un 30% hasta un 45% sobre PIB. Los analistas políticos detallan cómo el gobierno desarrolló un trabajo de hormiga acordando con gobernadores e intendentes la entrega discrecional de fondos, sujeto al apoyo del modelo. Los casos de posible corrupción incluso se extienden a la compra de diputados y senadores en los votos por leyes clave del Congreso.

En 2007 hubo elecciones y el kirchnerismo volvió a ganar, pero entonces con Cristina Fernández de Kirchner como presidente. Néstor Kirchner no abandonó, sin embargo, el manejo del poder. Acompañó a su esposa como un virtual Ministro de Economía y participó de cada decisión que se tomó en la Casa Rosada u Olivos.

Entre 2007 y 2011 la política siguió el mismo rumbo. El fallecimiento de Néstor Kirchner colocó a su esposa como la candidata del oficialismo para las próximas elecciones. Tras una larga indecisión, posiblemente como consecuencia del duelo, Cristina Fernández de Kirchner acaba de candidatearse en este mes de junio para la reelección y lidera las encuestas en vistas de las próximas elecciones presidenciales de este año. Con una oposición dividida, los analistas políticos coinciden en que muy probablemente el gobierno consiga la reelección.

En pocas palabras, cuando la economía crece —en cualquier país del mundo— la sociedad coincide en “no innovar”.

Dificultades del próximo gobierno

Cualquiera sea el resultado de la próxima elección presidencial, los desafíos centrales de la política económica post-elecciones son 1) el crecimiento de la economía, 2) el control del gasto público y 3) evitar que se dispare la inflación.

Si consideramos que la economía argentina ya se ha recuperado de la crisis de 2001/2002 y que se acerca al potencial de la capacidad instalada, esto significa que para iniciar un proceso de crecimiento —y ya no de recuperación— necesitará de inversión. Sin embargo, la economía argentina se ha alineado en los últimos años a países poco confiables para el capital externo como Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, lo cual hace difícil esperar la atracción de capitales.

No sólo eso. La salida de capitales ha sido dramática en los últimos años, mostrando que ni los propios argentinos confían en su país. La expropiación de las pensiones y la presión que el gobierno ejerce sobre las grandes empresas ahuyentan capital.

En cuanto al gasto público está claro que la Argentina excede los niveles que puede financiar con impuestos. La diferencia la financia con emisión de moneda, fondos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) y reservas del Banco Central de la República Argentina. Lo dicho tiene varias implicaciones.

Primero, mantener los niveles de gasto presentes, requieren que se mantenga o crezca la recaudación tributaria, para lo cual es vital que los precios de los commodities se mantengan en niveles récord. Esto tiene a su vez dos factores determinantes: Por un lado, la demanda de China, que conjeturamos que continuará; por otro, la política de liquidez de EE.UU., que contribuye a mantener altos los precios de los commodities. Este segundo factor difícilmente pueda mantenerse en el tiempo considerando las dificultades que hoy pasa EE.UU. en material de “riesgo de inflación”, tras una política demasiado laxa.

Segundo, mantener los niveles de gasto presentes, depende del agotamiento de los fondos de la ANSES, los que difícilmente alcancen para otros cuatro años.

Tercero, mantener los niveles de gasto presentes, requiere que las reservas del BCRA no se agoten. Es cierto que algunos analistas se esfuerzan por indicar las abultadas reservas que mantiene el BCRA, sin embargo, hay otros analistas que apuntan a la composición de las reservas, lo cual indicaría que estas son menores de lo que aparentan. Básicamente, señalan que el BCRA ha prestado una gran cantidad de reservas al gobierno a cambio de bonos, y que esos bonos difícilmente les permitan recuperar las reservas en el futuro.

Es cierto, estas reservas también pueden fortalecerse en la medida que mantengamos una balanza comercial favorable con el mundo, pero esto cada vez se complica más, si tenemos en cuenta que el dólar caro de 2003 que impedía la importación se ha convertido en un dólar barato en 2011 que estimula la importación, fruto de que el aumento de precios ha sido mucho mayor que la devaluación del tipo de cambio.

En pocas palabras, el tipo de cambio real está hoy tan sobrevaluado como en la década de 1990, lo cual atenta contra el resultado de la balanza comercial, pero también contra la competitividad de la industria, la que presiona por una nueva devaluación.

No devaluar más el peso complica la competitividad. Pero devaluar acelerará necesariamente la inflación. El dilema es claro.

Conclusiones

Dadas las elecciones de 2011 el gobierno no revertirá la política. Tras las elecciones es necesario que el nuevo gobierno retorne a los niveles de gasto público sostenibles en el largo plazo. Esto significa volver en el mediano plazo a un nivel de gasto público consolidado sobre PIB del 30 %.

Hay dos modos de conseguir esto. El primero, es reduciendo el gasto público, sin embargo, dado el poder que en los últimos años han alcanzado los sindicatos, difícilmente uno puede estimar que tal política sea viable.

El segundo es que el gobierno logre aplicar una regla fiscal según la cual el aumento del gasto público sea siempre a una tasa menor que el crecimiento de la recaudación. Si consideramos que el contexto internacional sigue siendo favorable —al menos por ahora—, esta política puede permitir revertir la tendencia y resolver el problema, considerando que la recaudación puede crecer en el corto plazo. Esto gradualmente achica el tamaño del Estado, al punto que le permitió a Chile disponer hoy de un nivel de gasto público sobre PIB del 18% y ser un  modelo para los países latinoamericanos.

¿Tendrá voluntad el gobierno de aplicar una reforma integral del Estado que le permita evitar una nueva crisis profunda? ¿Tendrá tiempo el gobierno de evitar otra depresión? Mi respuesta es negativa en ambos casos. Todo indica que el escenario más probable para los próximos años es: 1) un estancamiento de la economía y creciente desempleo, 2) sucesivos paros generales y revueltas sociales reclamando un aumento del gasto público y 3) una aceleración de la inflación.

Paul Krugman se equivoca en dos claros sentidos. En primer lugar, subestima la pérdida económica y social que implicó la crisis de 2001/2002. En segundo lugar, sobreestima el “crecimiento” de la economía argentina del período 2003/2011. Argentina se recuperó de la crisis anterior, pero el crecimiento no parte desde el pozo en que estábamos en 2003, sino desde la superficie que acabamos de alcanzar. La Argentina está perdiendo una oportunidad única de desarrollo, que otros países latinoamericanos están aprovechando.