El Essai de Richard Cantillon – Laissez Faire, No. 35

Se ha publicado un nuevo ejemplar de la revista Laissez Faire, editada por Julio Cole.

Recordemos que en el número anterior, se publicó un ensayo sobre los misterios que aun acompañan a la vida y la obra de Richard Cantillon.

En este nuevo número, se publicó la 2da parte de este ensayo, ahora destinado a trabajar sobre el contenido del famoso Essai, que para muchos historiadores del pensamiento económico constituye el primer tratado de economía política.

Incertidumbre y empresarialidad, en Richard Cantillon

Hace un tiempo subí un post sobre las contribuciones epistemológicas en el Essai de Richard Cantillon. Hoy quisiera hacer referencia a la incertidumbre y la empresarialidad, otros dos aspectos donde este autor también realizó aportes.

En la segunda mitad de la parte I, y en particular en el capítulo XIII, Cantillon introduce una de sus más importantes contribuciones a la ciencia económica, y al pensamiento de la moderna Escuela Austríaca, área cuyas principales contribuciones hoy se observan en los trabajos de Joseph Schumpeter, Frank Knight, Ludwig von Mises e Israel Kirzner, entre muchos otros.

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Contribuciones epistemológicas en el Essai de Richard Cantillon

Uno de los principales aspectos delEssai sur la nature du commerce en général, que seguramente impresionará a quien lo lea y esté familiarizado con el análisis económico moderno, son sus contribuciones a la epistemología de la economía.

En toda su obra, Cantillon teoriza a través de una lógica deductiva, de causa y efecto, que el lector podrá observar en la lectura, y que también caracterizó al pensamiento escocés y clásico, desde Adam Smith y David Hume hasta John Stuart Mill y John Cairnes, a la revolución marginal y a la moderna Escuela de Viena, más conocida como Escuela Austríaca de Economía; método científico sólo abandonado a través del método matemático que hoy caracteriza a la Escuela Neoclásica.[1]

Otra característica central de este Essai, que posiblemente lo convierta, siguiendo a Jevons, en “el primer tratado sobre economía”, es que se presentan los tópicos arriba mencionados, y que hacen a distintos ámbitos de la ciencia económica, pero de modo integrado. Cada uno de sus treinta y cinco capítulos, separados en tres partes, tiene relación con el capítulo anterior. Cantillon, con una paciencia asombrosa, presenta los contenidos secuencialmente, jamás adelanta argumentos o hipótesis que no se desprendan de lo dicho previamente. En tal sentido Jevons afirma que:

“El Essai es mucho más que un simple ensayo o recopilación de ensayos inconexos, como los de Hume. Se trata de un estudio sistemático y bien articulado, que en forma concisa abarca la casi totalidad del campo de la Economía, con excepción de los impuestos.” [2]

Es digno de mención, en su segunda parte, cómo comienza analizando una economía de trueque, para luego introducir el dinero, en lo que hoy sería una economía de cambio indirecto. Algo similar podemos decir de la economía internacional, analizando primero, en las partes primera y segunda del Essai, una economía cerrada, para luego pasar a estudiar, en la parte tercera, una economía abierta. Al respecto, en el capítulo VII de la primera parte, señala:

“Evidentemente en las grandes ciudades existen a menudo empresarios y artesanos que viven del comercio exterior, y, por consiguiente, a expensas de los propietarios de tierras en país extranjero: pero hasta ahora me limito a considerar un solo Estado, en relación a su producto y a su industria, para no complicar mi argumento con circunstancias accidentales.” [3]

Otro aspecto metodológico, al que ya han hecho referencia Hayek y Rothbard, es su utilización del método de abstracción o de construcción imaginaria. Más específicamente, sorprende cómo en la misma página de la última cita, utiliza prematuramente el Ceteris Paribus. Sólo a modo de ejemplo:

“La tierra pertenece a los propietarios, pero sería inútil para ellos si no se cultivase. Cuanto más se la trabaje, en igualdad de circunstancias, mayor será la cuantía de sus productos; y cuando más se elaboran estos productos, siendo iguales todas las cosas, mayor valor poseerán como mercancías.” [4]

Debemos hacer una referencia crítica a las palabras de Schumpeter cuando, luego de relacionar el Suplemento perdido de Cantillon con los trabajos de Petty como padre de la econometría, concluye que “lo verdaderamente importante es el mensaje de investigación econométrica que se desprende del intento de Cantillon, la tesis de que en la base de cualquier ciencia, por ‘teórica’ que sea, tiene que haber cálculos numéricos.[5] Este intento de mostrar a Cantillon como un «positivista» choca con el último párrafo que éste presenta en el capítulo XI de la primera parte de su Essai.

“Sir William Petty, en un breve manuscrito del año 1685, estima esta paridad o ecuación de la tierra y del trabajo como la consideración más importante en materia de aritmética política, pero la investigación practicada por él, un poco a la ligera, resulta arbitraria y lejana de las reglas de la Naturaleza, porque no ha tenido en cuenta las causas y principios, sino tan solo los efectos, lo mismo que ha ocurrido con Mr. Locke, Mr. Davenant y todos los demás autores ingleses que han escrito sobre la materia.” [6]

Cantillon está explicando, a nuestro entender, que estos trabajos empíricos no tienen sustancia sin un previo estudio lógico deductivo, que permita darle cierta causalidad a lo que se observa en la realidad. Este es el mismo error que hoy cometen los positivistas y econometristas cuando pretenden obtener conclusiones teóricas, de carácter universal, sobre la base de cierta evidencia empírica, y sin una teoría apriorística previa, lo que en Cantillon serían “las causas y principios”.[7]

La siguiente cita, seguramente será más ilustrativa en este sentido, viendo como Cantillon habla prematura y explícitamente de “reglas válidas para todos los tiempos”:

“Tanto si el dinero es raro como si es abundante en un Estado, la proporción indicada no variará mucho, porque en los Estados donde el dinero es abundante, las tierras se arriendan a más alto precio, y a un canon más bajo allí donde el dinero es más escaso, regla ésta que siempre se revelará como válida para todos los tiempos.” [8]

Una última referencia de Cantillon sobre este desafortunado comentario de Schumpeter es el que nos muestra en el capítulo VII de la segunda parte, donde la argumentación empírica o histórica, que rodea todo el Essai, es siempre cualitativa y nunca cuantitativa.

“Se comprende, así, que cuando en un Estado se introduce una respetable cantidad de dinero excedente, este dinero nuevo dé un nuevo giro al consumo, e incluso una nueva velocidad a la circulación, si bien no es posible indicar en qué medida.”[9]

Consideramos que lo dicho es suficiente, para ilustrar que el Essai de Cantillon presenta, quizás sin saberlo y no siempre de forma explícita, algunas novedosas manifestaciones epistemológicas de la economía, en su tiempo, en relación con el actual conocimiento de la filosofía de la ciencia.


[1] Friedrich A. von Hayek explica que Cantillon utiliza consistentemente el término “natural” –unas treinta veces en todo el Essai- para expresar esta relación de causa y efecto o, en otras palabras, como una explicación científica causal. De allí uno puede comprender que este término esté presente incluso en el título del ensayo. Véase Friedrich A. von Hayek, “Richard Cantillon”, The Journal of Libertarian Studies, Vol. VII, No. 2 (Fall 1985), p. 223.

[2] Véase W. Stanley Jevons, Op. cit., p. 212.

[3] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 38. La cursiva es nuestra.

[4] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 38. La cursiva es nuestra.

[5] Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 263.

[6] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 36. La cursiva es nuestra.

[7] El sentido que queremos darle al concepto “apriorista” es el que usualmente utiliza el filósofo Gabriel J. Zanotti. Véase G. J. Zanotti, El método de la economía política, Ediciones Cooperativas, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Junio de 2004.

[8] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 87. La cursiva es nuestra.

[9] Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 116. La cursiva es nuestra.