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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

LA IMPORTANCIA DEL SENTIDO DEL HUMOR – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No es muy fácil escribir sobre el tema de esta nota dadas las trifulcas y turbulencias del momento algunas sobre las cuales también hemos escrito, pero de todos modos puede ser saludable un ejercicio de concentración y prestar un instante de atención a este asunto que abre un paréntesis a las preocupaciones cotidianas.

Debemos tener muy presente que nos encontramos ubicados en un universo en el que existen millones de galaxias con altísimas probabilidades de vida inteligente en otros mundos y concientes de nuestra inmensa ignorancia de casi todo. Estas son poderosas razones para no tomarnos demasiado en serio y andar con pies de plomo.

El sentido del humor es esencialísimo para la vida, no solo por lo dicho sino por respeto a uno mismo que demanda la debida humildad y también por razones de salud ya que reduce el nivel de hormonas vinculadas al stress, mejora la digestión, aumenta el volumen respiratorio, mejora la circulación de la sangre y potencia los factores inmunológicos. Pero el motivo central es que mejora la calidad de vida con alegría y contrarresta los problemas que a todos les circundan.

Se dice que hay dos puntos clave para evitar el stress: primero no preocuparse por nimiedades y segundo, tener en la mira que, bien visto, todo es una nimiedad. Esto está bien como chiste pero el sentido del humor no significa para nada frivolidad, es decir aquel que se toma todo con superficialidad y descarta y desestima los temas graves. Es un irresponsable que resulta incómodo para encarar temas que por su naturaleza requieren análisis prudentes y atentos. Tampoco el sentido del humor alude a lo hiriente y agresivo, ni las referencias a temas que no son susceptibles de risa.

Es de interés el experimento de contar en reuniones sociales las estupideces que uno hace, no solo para liberar tensiones sino para observar la reacción de los demás que en general son de dos tipos. Unos se manifiestan sorprendidos en el sentido de que como puede ser que se comentan determinados errores garrafales. Son los amargos de la reunión, los que miran desde arriba los acontecimientos como si ellos fueran incapaces de una equivocación. Es bueno tenerlos en cuenta para no mantener una conversación seria con ellos. Los hay también que se ríen a sus anchas del tropiezo y relatan acontecimientos similares que les han sucedido a ellos. Con estos puede conjeturarse una conversación fértil.

En cuanto a la humildad de la que, como queda dicho, el humor es una manifestación (y muy especialmente bienhechora si incluye la capacidad de reírse de uno mismo), lo cual no debe ser confundido con la falsa humildad que oculta una gran soberbia. “La humildad, siempre que no sea ostentosa” ha sentenciado bien Borges.

Cultivar el sentido del humor no significa que se sea alegremente optimista, más aun el pesimista del presente es en verdad un optimista del futuro porque ve posibilidades de mejorar en un contexto en el que atribuye potencialidades de excelencia para lograr metas. El optimista del presente, en cambio, es un pesimista del futuro porque estima que no es posible mejorar y, por ende, se conforma con lo que sucede. Se puede ser realista y al mismo tiempo tener muy buen sentido del humor.

Platón sostenía en La República que “los guardianes del Estado” debían controlar que la gente no se ría puesto que eso derivaría en desorden (lo mismo sostuvo Calvino). De esta tradición proceden las prohibiciones de mofas a los gobernantes autoritarios en funciones. Nada más contundente para gobernantes que se burlen de ellos, por ejemplo, en nuestra época probablemente lo más filoso haya sido la producción cinematográfica El gran dictador de Charles Chaplin para ridiculizar a la bestia de Hitler. Y más recientemente, los chistes en torno a los discursos de Nicolás Maduro con respecto a “la multiplicación de los penes” o a “los millones y millonas”, Cristina Kirchner que habla de “oficiales y oficialas” o, en pleno mundial, destacó que los equipos de football tienen “once jugadores y un arquero” y en sendas conferencias de prensa, primero en Oregon y luego en Jordania, Obama manifestó que “he visitado 57 estados de mi país, creo que me falta uno” y “quiero ser absolutamente claro, Israel tiene estrechos lazos de amistad con Israel”. Estos tropiezos -unos más grotescos que otros- ocurren desde tiempo inmemorial, más graves aun si recordamos que había que tomar seriamente el justificativo de los incestos de Calígula “para preservar la pureza de la sangre”. El ridículo es lo que más afecta a los megalómanos porque consideran que están más allá “del llano” y del error; cuando son sorprendidos con “las manos en la masa” robando dineros públicos, se disgustan, cuando son descubiertos en otros delitos, se quejan y buscan subterfugios, pero cuando los ponen en ridículo estallan en rabietas que no pueden absorber ni digerir. Los gobernantes suelen adoptar actitudes de estar haciendo cosas sublimes pero lo que no tienen en cuenta es que “entre lo sublime y lo ridículo hay solo un paso”.

Muchos han sido los estudios detallados sobre aspectos filosóficos del humor, comenzando por Henri Bergson, pero es relevante subrayar que, de lo conocido, es una característica solo humana puesto que requiere comprensión de lo dicho. La hiena no tiene humor, no se ríe -hace ruidos que se asemejan a la risa- del mismo modo que puede hacerlo un ser humano cuando le hacen cosquillas donde solo existen fenómenos musculares y nerviosos. Por otra parte, no necesariamente se sigue la risa del humor, sin embargo, a la inversa, cada vez que hay risa está presente el humor.

En otro orden de cosas, como parte de la educación familiar, no es pertinente reírse delante de los hijos de temas que tienen gracia pero están cargados de contravalores ya que la educación, precisamente consiste en la trasmisión de valores. Asimismo, chanzas que intercalan lenguaje soez, contribuyen al deterioro de valores básicos. No es que los que se abstienen de recurrir a improperios y equivalentes carezcan de imaginación, sino que no lo hacen para evitar que todo se convierta en una cloaca.

El sentido del humor entonces refleja un aspecto sustancial de la personalidad, en realidad, por las razones apuntadas, se hace muy difícil que transcurra la vida sin el valiosísimo ingrediente del humor y, además, de muchos chistes contestatarios al status quo surgen ideas novedosas y de gran utilidad para sustituir lo vigente por otras perspectivas de gran calado. En no pocas ocasiones la fina ironía ha permitido poner al descubierto grandes verdades. En otros casos, la comedia ha desentrañado aspectos ocultos que era necesario develar.

Pocas cosas son más cómicas -tragicómicas- que observar funcionarios gubernamentales con rostros adustos y gestos graves portando gráficos (generalmente mentirosos), pontificando acerca de cómo debe el aparato estatal administrar los bolsillos ajenos, siempre con resultados calamitosos pero adjudicando las culpas a “la especulación”, a “golpes de mercado” y otras gansadas que, según ellos, oscurecen el panorama a pesar de la supuesta sapiencia de los burócratas.

De todos modos, somos mortales y la vida es corta y hay que contribuir en lo que se pueda para mejorarla en cuanto expandir los espacios de libertad para que cada uno se encamine hacia su proyecto. Respecto al final de los días, Woody Allen en un arranque de humor negro escribió: “Me gustaría morir como mi padre que se quedó dormido y no como los otros que iban gritando en el automóvil”.

En lo que fue la primera vez que dictaba clase en la universidad, después de desarrollar una tesis del autor que mencionaba a continuación, quise decir que la elucubración pertenecía a “Hans Sennholz, que es un alemán…” pero dije “Hans Sennholz, que es un animal…”, con lo que quedé un tanto estupefacto, estado que inmediatamente se intensificó a raíz de las sonoras carcajadas de mis incipientes alumnos.

Cierro este apunte sobre el humor con cuatro chistes (y no tan chistes) de economistas y uno de política:

“La economía es el único ejemplo en el que pueden obtenerse premios Nobel por decir cosas opuestas entre si” (y a veces en el mismo acto, como fue el caso de Hayek y Myrdal).

“Un economista es quien se hace rico explicando porqué otros son pobres”.

“¿Porqué Dios creó a los economistas? Porque de esa manera los pronosticadores de meteorología no quedan tan mal parados”.

“¿Qué tienen que hacer esos hombres con trajes grises en este desfile militar? Son economistas, no saben el daño de que son capaces”.

“Los políticos en funciones son como los pañales, tienen que cambiarse y por los mismos motivos”.

Pregunta a los lectores: ¿Qué hacer con la deuda?

Quisiera aprovechar este espacio para abrir un intercambio con los lectores acerca de la situación de la deuda en Argentina, un campo en el que no soy experto. Basta quizás mencionar el origen y la evolución de la deuda, el default de 2001 (entre aplausos), la reestructuración de la deuda en 2005 y 2010 (unilateral), o lo que implicaría pagar la deuda pendiente con los Holdouts (cláusulas RUFO, entre otras).

Preguntas para abrir el debate, aunque podría haber otras:

¿Debe pagar la Argentina?

¿Puede pagar la Argentina en estos próximos días para evitar el default?

¿Cuáles son las consecuencias de pagar en estos próximos días?

¿Cuáles son las consecuencias de no pagar?

¿Por qué amamos el fútbol?

GhersiAndrés Roemer y Enrique Ghersi no podían ser más oportunos con la publicación de este libro. ¿Por qué amamos el fútbol?, sale a la luz en el mes del Mundial, y nos ofrece una respuesta a esta difícil pregunta desde el análisis económico del derecho.

Dejo abajo la reseña del economista Ian Vásquez, del Cato Institute, pero desde luego habrá que leer el libro completo.

¿Por qué amamos el fútbol? – por Ian Vásquez

¿Por qué amamos el fútbol? Porque la cancha es el escenario de proezas individuales y colectivas que nos deslumbran, de esperanzas y expectativas, y de sorpresas agradables y amargas. Ya lo hemos visto en esta Copa del Mundo.¿Quién esperó la caída temprana de España o el empate de México con Brasil, en el que el arquero mexicano Guillermo Ochoa se transformó en una muralla impenetrable? Por alguna razón, este es el deporte más popular del mundo, el que despierta pasiones como ninguno otro.

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La mala costumbre de romper el termómetro

termómetroLa temperatura del cuerpo humano oscila entre 35 y 37 grados. Cuando nos ataca un virus o una bacteria, la temperatura puede subir por encima de 38 grados y a eso lo llamamos “fiebre”. Las causas pueden ser varias, pero si el termómetro marca esa temperatura, implica que hay un problema. Hay dos acciones posibles ante este problema: intentar solucionarlo atacando la causa o ignorarlo, rompiendo el termómetro. Está claro que hacer esto último en forma continua puede ser fatal. La economía argentina tiene varios desequilibrios, o fiebre, en el frente fiscal, monetario y cambiario. Veamos cómo ataca el gobierno estos problemas.

En primer lugar, tenemos el déficit fiscal, donde la presión tributaria más alta de la historia argentina no alcanza a cubrir el total del gasto público. El gobierno ha decidido ignorar esta situación sumando a los ingresos tributarios el dinero que toma de ANSES como si fueran impuestos. Esta política, sin embargo, le deja al Estado una deuda pública que deberá atenderse con impuestos de generaciones futuras.

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EL PROBLEMA DE TENER DOS CARAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLLa integridad moral y la honestidad intelectual exigen que quien habla muestre lo que estima es lo correcto. Desde luego que puede haber error, es parte de la condición humana, lo que es reprobable es la doblez, la hipocresía y la mentira. La persona -la personalidad- es lo individual, lo exclusivo, es lo que distingue a tal o cual ser humano, es su capital más valioso y distintivo.

Es de interés recordar el célebre experimento del psicólogo Solomon Asch que consistió en reunir en una habitación a un grupo de personas a quienes se les muestra gráficos con bastones de distinta altura y se les pregunta opiniones sobre comparaciones de tamaño impresos en esos gráficos. Se les dice a todos menos a una persona que en cierto momento se pronuncien sobre equivalencias falsas. El experimento se base en observar la reacción de la única persona que no está complotada para sostener falsedades y ésta, en la inmensa mayoría de los casos, en sucesivas muestras, primero revela desconcierto frente a la opinión de los demás, luego el tono de voz va cambiando revelando inseguridad hasta que finalmente se pronuncia como el resto de las personas, es decir, se inclina por un veredicto falso.

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El modelo Kicillof

KicillofRecientemente Axel Kicillof, el ministro de Economía de la Nación, justificó la actuación del vicepresidente Amado Boudou en el polémico caso Ciccone que hoy estudia la Justicia señalando que la impresión de billetes es una función estratégica del Estado. De la misma manera, Kicillof justificó varias expropiaciones o nacionalizaciones como las de Aerolíneas Argentinas, la del sistema de pensiones, la de los ferrocarriles o la de Repsol-YPF. Luego de que el propio gobierno mostrara su incapacidad para regular tarifas e inversiones de estas empresas “privadas”, se decidió en cada caso culpar a las empresas por los problemas en los servicios y avanzar en la expropiación o nacionalización.

Lejos de aquella famosa frase de la presidente (“chiquitito pero cumplidor”), los resultados no han sido buenos, con una empresa aeronáutica que sólo se sostiene por los subsidios crecientes que recibe del gobierno, con un sistema de pensiones que lejos está de cumplir su función de cara al futuro, con ferrocarriles que cada año ofrecen peor servicio y mayor número de accidentes y con un país que abandonó el auto-abastecimiento de petróleo y ahora necesita algunos miles de millones de esos escasos dólares por año para que la economía no se quede sin energía.

Del modelo heredado de gobiernos anteriores al imaginario-ideal de Kicillof, se deben corregir varias anomalías, y es allí donde el ministro está operando, definiendo cuáles son las “cuestiones de Estado” e interviniendo en consecuencia lo necesario para asegurarle a los argentinos estabilidad de empleo y fomentando el desarrollo.

Estamos entrando posiblemente en la última etapa de doce años de kirchnerismo y el modelo que la Argentina proyecta es el del actual ministro de Economía, cuya formación económica lo ha conducido siempre a desconfiar del mercado mucho más que en sus colegas del gobierno. Todo está justificado en el “modelo de Kicillof”, si él cree -dentro de su arbitrariedad- que es una “cuestión de Estado”.

Se respaldará siempre en la democracia, en el voto del pueblo que eligió a Cristina Fernández de Kirchner en el poder y a él como su consejero económico. Nos debemos entonces los argentinos un debate acerca del modelo que queremos y la definición de las “cuestiones de Estado”.

El problema, desde mi humilde punto de vista, es que la “cuestión de Estado” central ya no es la seguridad, la justicia independiente, la protección del Estado de Derecho, la estabilidad monetaria, la desocupación o la pobreza, sino llegar a 2015 sin sufrir las consecuencias de estas políticas que se vienen aplicando. Tenga o no éxito Kicillof en este objetivo cortoplacista, la destrucción de nuestras “instituciones” ya es un daño irreparable.

Publicado originalmente en Infobae, domingo 15 de junio de 2014.

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SOBRE PRUEBAS Y RETROACTIVIDADES – Por Alberto Benegas Lynch (h)

MachlupLos extraordinarios adelantos en las ciencias físico-naturales (denominada “filosofía de la naturaleza” en la época de Newton) han sido tan notables que las ciencias sociales (denominadas “ciencias morales” en la época de Adam Smith) han tendido a copiar sus métodos, lo cual ha conducido a tremendos errores ya que se trata de dos planos de análisis completamente distintos.

Son indiscutibles los notables progresos desde Copérnico a Hawking pero de allí no se sigue que sea legítima la extrapolación metodológica de una rama del conocimiento a otra. En el primer caso, el método hipotético-deductivo se basa en datos disponibles “desde afuera” sujetos a experimentación. En cambio, en el segundo caso, no hay datos disponibles antes de la acción. Las piedras y las rosas no tienen propósito deliberado, en ese campo hay reacción, mientras que en las ciencias sociales hay acción (por definición, humana), hay decisión, elección y preferencia, lo cual no ocurre en las ciencias naturales.

En esta línea argumental es que Fritz Machlup declara que “El cientista social aparentemente está avergonzado de lo que en verdad distingue las ciencias sociales de las naturales; es decir, el hecho de que el estudioso de la acción humana es en si mismo un sujeto actuante y, por ende, posee una fuente de conocimiento que no se encuentra disponible para el estudioso de las ciencias naturales”. En este mismo sentido, Friedrich A. Hayek explica que “La razón por la que nuestro campo de conocimiento [la economía] resulta de tanta perplejidad es, desde luego debido a que nunca puede ser establecido por medio del experimento, solo puede adquirirse a través de un razonamiento difícil”. Por su parte, Ludwig von Mises enfatiza que “No es posible conformar las ciencias de la acción humana con la metodología de la física y las demás ciencias naturales” y Edmund Husserl concluye que “Seguir el modelo de la ciencia de la naturaleza implica casi inevitablemente cosificar la conciencia, lo que desde un principio nos lleva a un absurdo, de donde surge siempre de nuevo una propensión a planteos absurdos del problema y direcciones erróneas de la investigación”.

El positivismo metodológico sostiene que las proposiciones que no pueden verificarse carecen de significación, pero como ha señalado Morris Cohen “esa misma proposición no es verificable” y, por otro lado, como ha enseñado Karl Popper, nada en la ciencia es verificable, todo conocimiento es provisional sujeto a refutaciones. Por más numerosas que sean las experiencias de casos particulares, no resulta posible extrapolar los resultados a lo universal. No hay necesidad lógica que se repita lo anterior, ese es el problema de la inducción que, en la vida diaria, frente a sucesos singulares, se suple con el verstehen conjeturando lo mismo que ocurrió en el pasado (al efecto de poder actuar, se supone la reiteración).

Por esto es que en economía las series estadísticas y los gráficos no prueban nada, de lo contrario hace rato que en este plano hubiera quedado en evidencia la superioridad de la sociedad abierta (por ejemplo, la comparación entre la Alemania occidental y la oriental o actualmente la establecida entre Corea del Sur de la del Norte y así sucesivamente). El debate radica en los razonamientos y en los fundamentos, es decir, en el esqueleto conceptual que interpreta la realidad. Es allí donde se dilucida el problema y es allí donde deben concentrarse los esfuerzos, lo cual lo vienen haciendo con éxito las izquierdas hasta el presente.

No hay gobernante que no abrume a la audiencia con estadísticas con la pretensión de justificar su gestión. Si hay quienes objetan esas series deben remitirse al andamiaje conceptual y, nuevamente, es allí donde reside el debate de fondo.

Ahora bien, suponiendo que primero y antes que nada se hayan entendido las ventajas del liberalismo, teniendo en cuenta lo dicho pensemos en voz alta sobre lo que debería hacerse cuando se intenta abandonar el sistema estatista respecto a los llamados derechos adquiridos y las posibles retroactividades, en el contexto del apunte hayekiano de razonamientos complejos en ausencia de toda posibilidad de recurrir al laboratorio.

El planteo del problema es como sigue: qué hacer con los privilegios legales que han obtenido empresarios de la época anterior a las reformas liberales. Entiendo que no puede alegarse derecho contra el derecho, es decir, si se han otorgado facultades para expoliar al prójimo vía la dádiva, ésta debe suspenderse sin miramientos puesto que afecta derechos de terceros. Pongamos un ejemplo por cierto extremo: seguramente quedará claro que en el fin de la era de los asesinos nazis, nadie en su sano juicio permitiría que se aleguen derechos adquiridos para seguir construyendo cámaras de gas y menos aún que se sigan masacrando judíos. Sin llegar a este extremo pavoroso, todos aquellos que pretendan continuar con las succiones del fruto del trabajo ajeno deben abandonar esa posibilidad sin gradualismos que permiten lesionar escalonadamente derechos de otros, lo cual queda evidente en el caso de las cámaras de gas pero también debería resultar claro en todos los demás ejemplos.

Ahora viene el tema de la retroactividad. Seguramente se concluirá sin margen al titubeo que los que asesinaron judíos (o a cualquier persona) deben ser juzgados y penados aunque hayan procedido conforme a las leyes vigentes al momento de producirse el hecho criminal. Nuevamente, esto se ve con claridad en el caso planteado, pero qué hacer con los subsidios, mercados cautivos y similares. Estimo que el juicio prudencial indica que no debe aplicarse la retroactividad puesto que judicializar políticas de este tipo pueden producir un efecto boomerang para la propia seguridad jurídica.

Distinto es el caso si se procedió fuera de la ley, en ese caso debe actuarse tal como se hace en un país civilizado frente a las usurpaciones de propiedades, es decir, proceder al desalojo. Del mismo modo debe procederse con todos aquellos que se han apoderado ilegalmente de propiedades, léase, las víctimas deben obtener resarcimiento. Es pertinente decir que hay un repudio generalizado a las usurpaciones, pero, en verdad, los privilegios otorgados a empresarios constituyen usurpaciones encubiertas, la diferencia radica en que uno opera fuera de la ley y el otro conforme a la ley del momento.

Como es sabido, el óptimo de Pareto señala como requerimiento en los cambios de políticas que “mejore una o más personas sin que empeore ninguna” lo cual no ocurre en el tránsito de un sistema estatista a uno liberal debido a los intereses creados en el régimen anterior, y el denominado principio de compensación no resuelve el entuerto en el sentido de que “los gananciosos compensen a los perdidosos y aun se mantenga una dosis de utilidad neta”, puesto que no son posibles las comparaciones de utilidades intersubjetivas ni el sumar ni restar utilidades ya que los observadores no pueden conocer las utilidades subjetivas de otros (ni el propio sujeto actuante las puede expresar en números cardinales, recordemos que el precio expresa -no mide- valoraciones cruzadas y distintas entre vendedores y compradores) y, además, en este contexto, tampoco las cotizaciones de mercado revelan ninguna información sobre los que no venden porque, precisamente, otorgan a sus activos valores superiores a los que al momento aparecen en el mercado.

En resumen, dada la imposibilidad de laboratorio en las ciencias sociales y dadas sus ventajas sobre las naturales en cuanto a la información “desde adentro”, como ha puntualizado James Buchanan “mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras no haya fraude ni el uso de la fuerza, lo que se acuerda entre las partes es, por definición, lo que puede clasificarse como eficiente”. En otros términos, la guía para la mayor prosperidad consiste en la libertad y los juicios y conclusiones para el tránsito entre un sistema y otro deben ser cuidadosamente debatidos, para lo cual tal vez esta nota periodística sirva de pretexto para discutir el tema y eventualmente revisar algunos de los razonamientos aquí esgrimidos en esa materia.

Análisis económico del Mundial

FutbolEste es un blog de Economía y estamos en el mes del Mundial de Fútbol. ¿Qué mejor entonces que ofrecer un reciente análisis de Stefan Szymanski, economista experto en fútbol, autor del libro Soccereconomics?

Estadísticamente, ¿qué selección tiene más chances de ganar este Mundial?
El ganador debería salir del grupo de países que ya ganó un Mundial, porque se viene demostrando que es improbable que un nuevo equipo se sume a ese grupo. También debería provenir de América latina, porque hay un patrón que indica que los equipos latinoamericanos ganan en su continente y los europeos en el suyo. Si consideramos esos dos datos más la localía y el nivel de su plantel, sería poco inteligente apostar en contra de Brasil.

Aquí la entrevista completa.

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