"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
La vida de Ludwig von Mises tiene características muy peculiares.1 Nace en Lemberg en 1881 y su familia se muda a los pocos años a Viena. La familia de Mises pertenecía a un grupo de judíos no practicantes, de ideas ilustradas y reformistas, que tuvo mucha influencia en la Viena de entonces.2 Esto influye mucho en la vida del joven Mises, que recibe una especie de mandato familiar de salvación del mundo, no del sobrenatural, sino del terrenal, que Mises asume estoicamente. Estudia Derecho y Ciencias Sociales en Viena. No había, por suerte, en aquella época, una carrera separada de economía, sino una formación integral en ciencias sociales que luego admitía cierta especialización. Mises mismo cuenta después que “devino en economista” cuando lee a Menger y a los clásicos (Mises, 2001). Ya sea por su difícil carácter o ya sea por la ya inicial persecusión antisemita, no logra obtener una cátedra rentada, sino sólo un puesto como Privatdozent, sin salario. Tiene que ganarse la vida como asesor de la Cámara de Comercio Vienés, desde 1908 hasta 1934, lo cual le da una gran experiencia como economista de coyuntura. Sus escritos al respecto, que molestarían a más de uno que tenga de él la visión de un libertario que vivía en el topos uranos platónico, fueron ya publicados todos gracias a los esfuerzos de Richard y Anna Ebeling (Mises, 2012a).
Acceda aquí al documento completo. Forthcoming in Julio H. Cole (ed.), A Companion to Ludwig von Mises (Guatemala: Universidad Francisco Marroquín).
Hace unos días Mauricio Macri firmó un controversial decreto de necesidad y urgencia (DNU) al través del cual se acelera la extinción de dominio (la figura legal sería de confiscación) de bienes adquiridos aún bajo sospecha (sin condena firme) de corrupción (los documentos se encuentran aquí y aquí). El decreto es controversial por un número de motivos, principalmente por ser muy posiblemente inconstitucional. Varios constitucionalistas se han expresado sobre esta cuestión (abogados especialistas en el tema están invitados a comentar en este post). Lo curioso, por no decir preocupante, son las reacciones en defensa que se dieron desde el gobierno y desde varios defensores de Cambiemos. Se percibe un entusiasmo revanchista que no es sano para las instituciones.
Antes de hacer una mención sobre este revanchismo, qué dicen los constitucionalistas consultados por los medios sobre este DNU (aquí, aquí, y aquí)?
Hay una muy justificada preocupación por el alto grado de corrupción, especialmente en el contexto del gobierno anterior al actual, aunque los desmanes inauditos de los aparatos estatales vienen de largo. Con razón la gente de bien quiere que se recuperen los activos robados a la brevedad a los efectos de aliviar las arcas fiscales y poder así disminuir la carga tributaria descomunal que viene soportando la población.
Pero el asunto no es proceder en cualquier dirección.
Es indispensable actuar con el cuidado necesario para ser congruentes con el
debido proceso y el consiguiente resguardo a las autonomías individuales. Sobre
todo es menester como una elemental gimnasia higiénica ponerse en los zapatos
de la persona a quien se le confiscan sus bienes antes de una sentencia firme,
lo cual, tengamos muy en cuenta, constituye un arma potente para los tiranuelos
en potencia.
Hoy la figura del decomiso está presente en el Código
Penal argentino como una privación transitoria de activos, aunque originalmente
estuvo pensada para la incautación de mercaderías al momento consideradas
ilícitas por lo que se especificaba la prohibición de venderlas y con al
mandato expreso de destruirlas. En cualquier caso, la llamada extinción de dominio pretende que
la propiedad puede extinguirse lo cual es un absurdo, puede eso si transferirse
a otro u otros, voluntaria o coercitivamente. En el caso que nos ocupa quiere
decir que por fuera del Poder Judicial resulta posible al aparato estatal
intervenir en un proceso judicial y si el confiscado resultara inocente deberá
iniciar una causa con lo que eventualmente será resarcido ex post facto.
Como queda dicho, en verdad la figura de la extinción
de dominio es un subterfugio para ocultar la confiscación, enfáticamente
excluida de las facultades del poder político por la Constitución Nacional.
Lo dicho no significa que no puedan adoptarse medidas
precautorias, especialmente cuando hay riesgo de que se interfiera el proceso
judicial para tergiversar sus resultados o cuando hay posibilidades de fuga del
sospechoso, pero en última instancia debe prevalecer el principio de inocencia
hasta que la sentencia definitiva demuestre lo contrario.
Desde luego que hay justificadas quejas respecto a las
insólitas demoras en las tramitaciones judiciales y hay también elementos
políticos que desafortunadamente interfieren, pero esto se resuelve con la
debida aceleración a través de límites para pronunciarse tal como en algunos
casos ocurre actualmente pero en ningún caso resulta aceptable que los otros
poderes del aparato estatal se adelanten a lo que prescribe el Poder Judicial.
Los marcos institucionales civilizados son custodios indispensables para los derechos y, por tanto, para que puedan llevarse a cabo las transacciones libres y voluntarias entre las partes. No resulta posible el apresuramiento por más bien inspirado que sea ya que la contracara amenaza a todos, incluso a los mismos patrocinadores de la medida en cuestión.
Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, martes 22 de enero de 2019.
Debido a que no hay de todo para todos todo el tiempo, es decir, los recursos son escasos en relación a las necesidades, se hace necesario asignar derechos de propiedad al efecto de que se coloque en las manos más eficientes para atender los requerimientos del prójimo. Quienes dan en la tecla obtienen beneficios y quienes yerran incurren en quebrantos. Los patrimonios y las rentas no son posiciones irrevocables, deben ser convalidadas permanentemente en el mercado abierto.
Dada esta situación, naturalmente habrá quienes tienen más éxito que sus
vecinos lo cual se traduce en desigualdades de resultados, indispensables para
el logro de los objetivos señalados de abastecer a los demás y al premiar a los
más eficientes para tal fin se abren las puertas para maximizar las
consecuentes inversiones que dan lugar a las mayores tasas de capitalización
posibles que, a su turno, son las únicas causas de incrementos en salarios e
ingresos en términos reales. Lo relevante en toda sociedad no es el delta entre
pobres y ricos sino la mejora de todos, al fin y al cabo, como queda dicho, las
desigualdades de rentas y patrimonios son consecuencia directa de los
plebiscitos diarios en el mercado con las compras y abstenciones de comparar de
cada cual. Por eso resulta una torpeza mayúscula que los políticos impongan
“redistribuciones” puesto que significan volver a distribuir por la fuerza la
distribución pacífica y voluntaria de las gentes cotidianamente en el
supermercado y afines.
Habiendo dicho esto, ahora es menester dar otro paso en nuestro análisis
para comprobar que debido a que la gran mayoría no se ha adentrado en el
proceso a que acabamos de aludir, no se conforman con mejorar sino que pretenden
estar al nivel patrimonial de los más eficientes sin exteriorizar los talentos
y las condiciones de aquellos. Sobreviene entonces la envidia que no es el
sentido de la sana emulación sino el deseo irrefrenable de arrancarle recursos
a los mejores. Como no pueden ganar legítimamente los recursos adicionales a
que aspiran, entonces pugnan por el manotazo y como saben que el asalto a mano
armada está condenado y penado, pretenden que los aparatos estatales hagan la
faena por ellos. No solo esto sino que hay empresarios con complejo de culpa
por sus ganancias sin entender tampoco el proceso de mercado competitivo.
Asimismo, los políticos al recibir tamaño mensaje incorporan a sus
plataformas electorales diversas maneras de expropiación para ganar las elecciones
y así asumir el poder (y cuando aparece alguien disfrazado de semi-liberal
resulta que era para ocultar otras derivaciones o para fabricar negociados). Es
cierto que, como se ha indicado en reiteradas oportunidades, la democracia para
ser tal demanda renovados límites al poder para que no se convierta en mayorías
ilimitadas que arrasan con los derechos de las minorías en abierto conflicto
con la misma esencia de la democracia, pero de todos modos en mayor o menor
medida está siempre latente el riesgo señalado. Por otro parte, no hay
alternativa puesto que en esta instancia del proceso de evolución cultural la
otra posibilidad es la dictadura lo cual entierra todo vestigio de respeto a
las autonomías individuales.
Entonces solo queda el camino de la educación en valores y principios
compatibles con la sociedad abierta. Pero aquí surge otro obstáculo que subraya
las desventajas en las que se encuentra el liberalismo ya que como, entre
otros, ha escrito el premio Nobel Friedrich Hayek todo lo referido a los
fundamentos de la libertad “resulta contraintuitivo”, es decir, lo primero que
se infiere está mal y necesita digerirse y meditarse cuidadosamente. Esto
último acentúa la desventaja de marras puesto que si bien los debates centrales
se llevan a cabo en las aulas, las personas están naturalmente inclinadas a promover medidas inconvenientes
para el funcionamiento de la sociedad libre debido a lo contraintuitivo del
caso. Esta desventaja es aun mayor cuando los gobiernos manipulan la educación.
Tremendo desafío entonces el de los liberales que parten en la carrera
con marcadas desventajas. Una lucha desigual que, sin embargo, debe darse como
única salida al marasmo estatista y autoritario del momento. Es sumamente
alentador observar la muy gratificante reacción de alumnos cuando tienen la
posibilidad de estar expuestos a tradiciones de pensamiento habitualmente poco
exploradas. Estas reacciones constituyen una gran esperanza para el futuro que
contrarresta la envidia a la que nos referimos más arriba que habitualmente se
base en la errada noción de la suma cero sin percatarse que la riqueza no es
algo estático sino dinámico y cambiante según sean las necesidades de la gente.
Antes he aludido al libro más conocido de Thomas Piketty en el
contexto de las críticas más contundentes como son las de Anthony de Jasay,
Thomas Sowell y más recientemente la de Steven Pinker. En esta ocasión pensamos
que ilustra la desventaja de los liberales (ilustra el embrollo en que
estamos). Se trata de comentar nuevamente
una obra menos conocida de Piketty titulada La economía de las
desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la
riqueza.
Abre este nuevo escrito con una oda a la justicia social como
eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los
casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el
concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay
responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la
idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”.
Piketty recurre al término en este último sentido con lo cual da por
tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los
burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social”
seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo, como, por
ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los
derechos sociales etc.
A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al
sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la
desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el
voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de
concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas
“conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es
decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo,
Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta
con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e
impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al
efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y
eventualmente morirse por inanición por no encontrar trabajo en ninguna
parte.
Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que la
compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad
que existió en los países comunistas, porque había muchos beneficios
en especie que son difíciles de cuantificar desde el punto de vista monetario”.
Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema
del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas
y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de
los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de
los sicarios nazis.
Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX,
aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no
dejaba lugar a dudas: la lógica del sistema capitalista es amplificar
incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas, capitalistas
y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este
razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el
esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por
acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios
debido precisamente a los aumentos en las inversión per capita a
lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar
de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de
incrementar salarios e ingresos en términos reales.
Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es
ampliamente utilizada, es desafortunada ya que clase proviene
del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués
tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya
explicado concretamente en que consisten esas diferencias respecto de la lógica
aristotélica.
Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza
reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce
inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby. Esto que
nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos
nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo
y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su
capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad
social se torna indispensable.
Y es en este sentido que el autor que comentamos reitera su
recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos, lo cual, como
dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las
indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo
que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que
repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo
significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se
ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del
tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.
Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un
capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su
fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en
amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del
capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso
la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países
no solo es injusta sino también ineficaz?”.
La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente
de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la
producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones.
El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes
incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido
de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se
administran. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos
incrementarán o dilapidarán lo recibido.
En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel
internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores
como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los
dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han
generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos
receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los
problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes
mejores.
Otra
vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con
estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado
economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter
Lewis y Mathew Rognlie que han detectado nuevos errores gruesos en las
estadísticas de Piketty. En esta línea argumental, el antes citado Pinker
formula una crítica demoledora a un error más bien de colegial en la obra
original de Piketty quien escribe que “La mitad más pobre de la población mundial es
tan pobre en la actualidad como lo era en el pasado, con apenas el 5% de la
riqueza total en 2010, al igual que en 1910”. A continuación dice Pinker que
con una lógica implacable responde: “Pero la riqueza actual es infinitamente
mayor que en 1910, por lo que si la mitad más pobre posee la misma proporción,
es mucho más rica, no igual de pobre”.
En todo caso esta es solo una muestra de los problemas
conceptuales que deben enfrentar los liberales en esta batalla cultural tan desigual
por las razones expuestas en un contexto donde se interpreta equivocadamente la
riqueza como algo estático sujeto a la suma cero. Así y todo el esfuerzo debe
redoblarse en vista de los notables progresos realizados en varios frentes
intelectuales y en vista de las grandes mejoras logradas en el pasado por
sociedades en la medida en que se extendía la libertad. Es del caso enfrentar
con rigor los nacionalismos que hoy invaden el mundo ahora liderados por el
gobierno de Estados Unidos, pero es como ha escrito Albert Camus: “quiero
demasiado a mi país como para ser nacionalista”.
Se observa que en reportajes orales y escritos se consulta sobre los modos para lograr determinados resultados. Habitualmente el entrevistado se enreda en ingenierías varias para responder a la requisitoria periodística y a partir de ese momento con repreguntas y opiniones de variado color se entra en un debate que parece no tener salida. Y esto es así porque antes de entrar en el tema de las políticas de transición para arribar a ciertos objetivos se torna indispensable aclarar el sentido y los fundamentos del objetivo mismo, de lo contrario el embrollo es seguro.
Una vez que se ha comprendido y aceptado la meta
resulta una cuestión del todo secundaria el modo de encaminarse a ella. Siempre
aparecen infinidad de procedimientos para acercarse al objetivo. Las
ingenierías son múltiples. Las estrategias y los elementos políticos a tener en
cuenta son innumerables.
Y no es que las políticas públicas carezcan de
importancia, no se puede ejecutar una idea sin un programa para llevarla a
cabo, se trata de evaluar correctamente las prioridades y economizar el tiempo
disponible. No es posible poner la carreta delante de los caballos.
Primero debe clarificarse la idea y luego las muy
diversas maneras de ejecutarlo con mayores o menores pasos intermedios al
contemplar las muy diferentes reacciones y efectos en los plazos medianos y de
largo alcance pero no se puede comenzar por el final.
Sin quererlo en no pocos casos se tiende una trampa al
pretender discutir modos para lograr algo antes de haber aclarado debidamente
las virtudes de ese algo. Lo primero es primero. Nadie entenderá el asunto si
se pretenden formular procedimientos antes de saber hacia donde se apunta y la
razón de esa dirección.
La idea es el núcleo, el resto se da por añadidura.
Una vez comprendida la meta se competirá por diversas propuestas para logar el
objetivo, de lo contrario atrasamos el debate. Hace mucha falta la
explicación de ideas antes de proponer
mecanismos para lograr algo que aun no se comprendió.
Antes de mostrar como se hace hay que entender porqué
se hace. Una vez que la opinión pública ha entendido la idea será más o menos
indiferente a los muchos caminos para llevarla a cabo, el asunto es ponerse en
marcha. Ilustremos lo dicho con uno de tantísimos ejemplos.
Se afirma que debe reducirse el gasto público, frente
a lo cual se pregunta en que rubros se procedería en consecuencia.
El entrevistado mantiene que hay que despedir empleados públicos y entra en los detalles más escabrosos de cómo hacerlo, se refiere a la necesidad producir un ajuste cuando en verdad el ajuste es el que implanta el estatismo sobre los bolsillos de todos, especialmente sobre el fruto del trabajo de los más necesitados. De ese modo los interlocutores concluyen que el entrevistado es insensible y derrotista, cuando no explotador. En nuestro país aparentemente se atribuye mayor importancia a los medios que a los fines, así se hace difícil avanzar. Estamos atrasados en el debate de ideas.
Publicada originalmente en la edición impresa de El Cronista, martes 15 de enero de 2019.
El gobierno presentó los números fiscales del 2018. El gobierno cumplió la meta acordada con el FMI. El cumplimiento fue muy ajustado para entusiasmarse llamándolo «sobre cumplimiento». A continuación algunos datos fiscales.
En este corto libro hacemos una evolución histórica de la teoría del capital incluyendo un breve exposición del análisis financiero que hemos trabajado en los últimos años
El libro es de libre acceso hasta el primero de febrero.
Alguien podría pensar que, dado que Chile es una economía pequeña, que la noticia puede no ser tan relevante para el país. Pero lo cierto es que el país vecino tiene una apertura y una presencia en el mundo que Argentina no tiene. Desde su asunción, Mauricio Macri mostró interés en fortalecer los vínculos con la Alianza del Pacífico y esto es un paso en esa dirección, que además mejora considerablemente las relaciones con Chile.
Muchas veces he escrito sobre este asunto espantoso, pero ahora se me ocurre volver sobre el tema a raíz de nuevos brotes de antisemitismo en Europa y también en Estados Unidos, entre otros, levantado con gran capacidad didáctica por CNN en un magnífico documental titulado Una sombra sobre Europa. Antisemitismo en 2018 donde entre muchos testimonios de valía aparece un Rabino polaco a quien le preguntan como se siente con estos sucesos horrendos. La respuesta me estremeció por la nobleza y el coraje moral del entrevistado: “Siento que tenemos más trabajo que hacer”.
Después de todas las atrocidades criminales que han
ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese prejuicio
bárbaro que se conoce como “antisemitismo” aunque, como bien señala Gustavo
Perednik, es mas preciso denominarlo judeofobia (que es el título de su
obra) puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un
panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.
Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y
Oxford, ha escrito en The Journal of Man.
A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En
verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro mas
reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a
través de las generaciones según las características geográficas y
climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en
otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como
“afroamericanos”, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales
estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.
La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre”
pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en
todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta
con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos
de las combinaciones mas variadas y todos provenimos de las situaciones mas
primitivas y miserables (cuando no del mono). Thomas Sowell escribe que las
tres cuartas partes de la población negra en Estados Unidos tienen blancos
entre sus ancestros y que millones de blancos estadounidenses tienen por lo
menos un negro entre sus ancestros.
También apunta Sowell que en los campos de extermino
nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus
victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y
sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de
paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado
en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir
el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a
que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un
“ario” respecto de las de un “semita”. Darwin y Dobzhansky -el padre de la
genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto
ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.
Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar
de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la
religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico
Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés
siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de
la Iglesia Católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas
crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en actividades corrientes con lo que los
limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de
“usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar
entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii
en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a
los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.
Paul Johnson en su Historia de los judíos
señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante
en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único
nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas
urbanas de principios de la Edad Media; mas aún se ha argüido que la palabra
misma comuna es una traducción del hebreo kahal […] La antigua
religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado.
Cuando maduró para convertirse en judaísmo, la importancia asignada al trabajo
aumentó […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y
fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas.
El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de
los judíos en las mas diversas esferas han producido y siguen produciendo
envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.
Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello
del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el
pueblo judío crucificó a Cristo” sin percatarse, por un lado, que fueron
tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron
la sentencia. De todas maneras, como una de las primeras manifestaciones de una
democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del
derecho, la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o
Cristo, en modo alguno permite la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y
hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió “lavarse
las manos” por semejante crimen.
Personalmente, como ser humano y como católico, me
ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta repugnante toda
manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la
canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la
mano con subterfugios de una felonía digna
de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío
o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un
sentido homenaje.
Lamentablemente han sido y son muchos los flancos de
donde proviene la descalificación, el descrédito y las acciones malvadas contra
judíos pero me detengo en los cristianos porque me duele especialmente la
injusticia y el bochorno cuando proviene de la propia casa del cristianismo.
En este último sentido, tal vez las primeras
manifestaciones de antisemitismo o, mejor judeofobia, por parte del
cristianismo han sido primero el aliento por parte de quien luego fuera San
Pablo para el martirio de San Esteban, más adelante los patéticos sermones de
San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los
judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las
sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y
luego el Concilio de Elvira en 306 prohibió a cristianos casarse con judíos y otras
barrabasadas.
A través del tiempo, también debe subrayarse el apoyo
explícito de autoridades de la Iglesia a legislaciones que restringían los
derechos de los judíos incluyendo el derecho de propiedad y en muchos casos
bautismos forzados, confiscaciones, impuestos especiales, vestimentas que
estigmatizaban y en los lugares permitidos a judíos a veces se colocaba una
marca denigrante en la puerta. El Papa Eugenio iii estableció que los judíos
estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio iii autorizó
las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación
en ghettos y otros horrores que con el tiempo se fueron consolidando y
agudizando hasta los antedichos pedidos de perdones de Juan Pablo ii que
marcaron un punto de clara reversión y severa condena del antisemitismo y
promulgaron un sincero y muy valioso y afectuoso ecumenismo en relación a las
tres religiones monoteístas y el respeto a todas. De más está decir que aquella
actitud denigrante no alcanza a toda la cristiandad, muy lejos de ello siempre
hubieron personas sensatas y civilizadas que se indignaron e indignan con el
inaceptable trato a los judíos, tanto sacerdotes como laicos.
Es de esperar que lo que viene sucediendo en nuestra
época pueda revertirse a la brevedad para bien de la civilización y de un
mínimo de decencia. Es de esperar también que la tolerancia y el respeto
recíproco abarque a todas las religiones, en nuestra época especialmente a los
musulmanes en cuyo caso no nos dejemos atrapar por la trampa letal de aquellos
que se escudan en una religión para cometer actos de barbarie y terrorismo
porque saben que los ingenuos morderán el anzuelo ya que las guerra religiosas
provocan llamaradas de fanatismo. En otras oportunidades he escrito en detalle
sobre el Islam y el Corán, ahora solo marco el tema. Es hora de frenar las
matanzas en nombre de Dios, la bondad y la misericordia y ahondar en el respeto
recíproco y la santidad de las autonomías individuales. El caso de los judíos
ha sido el más horroroso de la historia, pero no es el único. Tenemos que estar
alertas.
Borrador, junto a «Alex» Padilla de The Grecian Horse. En esta serie de papers estudiamos si los inmigrantes importan «mala» instituciones a los Estados Unidos de sus países de origen.
Abstract
In recent years, in response to an increasing literature pointing to the economic deadweight loss associated with immigration restrictions, a literature has emerged pointing to the negative economic repercussions on economic growth would increasing immigration from countries with poor institutions have on the quality of the host country’s institutions when these immigrants import their institutions into their host countries (Borjas, 2014, 2015). Since then economists have attempted to test whether immigrants have a negative impact on their host country’s institutions (Clark et al., 2015; Powell, Nowrasteh, and Clark, 2017; Padilla and Cachanosky, 2018). This paper builds on Padilla and Cachanosky (2018) and examines how immigrants grouped according to the Economic Freedom of the World quartile their country of origin was ranked at time of the census may impact the economic institutions of the states as measured by Economic Freedom of North America index. Our results show that, in the short run, we do observe that the relationship between migrants originating from countries with poor economic institutions and economic freedom is negative, but, in the longer run, that relationship becomes positive, particularly, in the area of labor market freedom. On the other hand, in the longer run, the relationship between migrants coming from most economically free countries and economic freedom is negative. Our results are robust to various specifications.