En torno al esquema Ponzi – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Hay veces que se denuncian estafas sin percatarse de la estafa mayor en que viven los denunciantes que centran su atención en islas más o menos insignificantes en comparación con otras inmensas que los rodean.

Como es del público conocimiento se ha dado en llamar esquema piramidal o esquema Ponzi a la presentación de aparentes inversiones jugosas cuando en verdad se oculta un asalto al incauto que entrega sus ahorros con la promesa de retornos majestuosos.
En verdad el sistema opera en base a la entrega de los intereses prometidos pero que básicamente se financian con el principal de otros. En la medida en que todos confían no se reclama el principal y si ocurre marginalmente se argumenta que los dineros están colocados, hasta que se revierte la situación por diversos factores y se descubre el entramado fraudulento al interrumpir el flujo.
Esto lo llevó a cabo en gran escala el decimonónico Carlo Ponzi en base a la adquisición de cupones postales imitando al precursor en esos menesteres William Miller con operaciones de menor cuantía.
A través de la historia se registraron casos de estafas similares alegando distintas carteras, pero como es sabido se destaca un sonado caso en Estados Unidos y recientemente uno en nuestro país de características parecidas.
Mi punto en esta nota es que se llevan a cabo estafas de esa índole de modo sistemático y oficializado sin que se multipliquen las denuncias. Es el caso de los llamados esquemas estatales de seguridad social (más bien de inseguridad antisocial) basados en sistemas de reparto y por tanto actuarialmente quebrados que deben ser sufragados por cargas impositivas adicionales.
Estos sistemas entregan cifras insignificantes a los que depositaron obligadamente el fruto de sus trabajos que no guardan la más mínima relación con lo que podrían haber obtenido calculado el respectivo interés compuesto.
El seudoargumento para obligar a los aportes es que la gente no es previsora para su vejez. Un razonamiento errado por partida doble. En primer lugar si esto fuera así los aparatos estatales deberían destinar agentes de policía para verificar que una vez cobrada la pensión no la utilicen para beber en el bar de la esquina, con lo que se habrá implementado un sistema orwelliano. En segundo lugar, los hechos desmienten esa hipótesis, por ejemplo, en el caso argentino en el que los inmigrantes invertían en terrenos y departamentitos para alquilar lo cual fue aniquilado por las nefastas leyes de alquileres y desalojos.
Y no se trata de convertir el sistema de reparto estatal en uno obligatorio de capitalización privado. Se trata de que cada uno pueda disponer libremente de su bolsillo.
Por último, destaco otro esquema Ponzi de envergadura colosal como es el endeudamiento público liderado desde hace un tiempo nada menos que por Estados Unidos. Ninguna familia ni empresa ni gobierno pueden mantenerse a flote por tiempo indefinido viviendo de prestado, especulando con que no se reclamará el principal y que se puedan pagar los intereses.
Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, Jueves 12 de abril de 2018.
Lo que debiese hacer el Estado y cómo lo pagamos | Martín Krause U.FPP 2016
PHILOSOPHY & METHODOLOGY OF ECONOMICS eJOURNAL – Vol. 9, No. 23: Apr 6, 2018
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Bryan Caplan sobre educación.
«Las diferentes escuelas de liberalismo» | Martín Krause U.FPP 2016
Muy buen art de Carlos Rodriguez
Rodriguez insiste en este articulo que hay que financiar parte del deficit con inflacion para que el peso no se aprecie artificialmente y para que la bola de nieve de las LEBACS no se vuelva inmanejable. Experiencias como estas terminaron muchas veces con una re-estructuracion de pasivos…
¿EN VERDAD UNA SOCIEDAD IGUALITARIA? – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Hoy se repite casi sin pensar en muy diversos medios que el objetivo supremo consiste en el igualitarismo. Incluso se citan fuentes que en verdad contradicen lo dicho, como cuando, por ejemplo, se menciona la Declaración de Derechos en el origen de la revolución francesa que en realidad alude expresamente a la igualdad de derechos en su primer artículo (“Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”), lo cual, junto con otros principios fundamentales fue negado por la contrarrevolución. Sin embargo, la revolución norteamericana mantuvo incólume aquella idea durante un largo período de tiempo y por eso prosperó en grado superlativo a diferencia del terror y el despotismo en que sucumbió la nación francesa en esas épocas.

Del principio de la igualdad de derechos deriva necesariamente la igualdad ante la ley que está indisolublemente atada a la noción de Justicia ya que no se trata de iguales en atropellos sino anclado en aquello de “a cada uno lo suyo”, es decir en el respeto a la propiedad de cada cual (lo suyo, adquirido de modo legítimo).
SÓCRATES EN NUESTRAS VIDAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Hace tiempo las cátedras universitarias estaban plagadas de las llamadas “clases magistrales” en las cuales el profesor leía su clase y consideraba una falta de respeto que lo interrumpan con preguntas, dudas y, mucho más si fueran críticas. Visto desde ahora este procedimiento no tenía sentido, era mejor y más cómodo sacar una copia del texto y estudiarlo en el lugar que cada alumno estimara de mayor comodidad, sin tener que asistir al aula. Afortunadamente esto cambió radicalmente y el profesor no solo admite sino que estimula críticas y reflexiones de los estudiantes que invita a introducir sus pensamientos a media que desarrolla la clase. Pero recientemente han aparecido ideas inauditas en las que se sostiene que el profesor no debe tener parte activa sino que los alumnos son los que deben dirigir la clase en el sentido que les venga en gana. Esto es antididáctico y constituye un dislate. Una cosa es que el profesor guíe y estimule los pensamientos de sus estudiantes -sea en clases presenciales o a través de aulas virtuales- y otra bien distinta es abdicar de la cátedra y de los programas de la respectiva casa de estudios.

Como una cuestión semántica, quienes están a cargo de la cátedra tal vez convenga denominarlos tutores y no profesores ya que no se trata de circunscribirse a profesar sino a estimular pensamientos, a investigar y al espíritu contestatario al tiempo que conduce las discusiones en el contexto de alumnos sentados en forma de círculo al efecto de subrayar un formato de debate y cuestionamiento y en ningún caso de una audiencia pasiva que se limita a tomar notas. Como ocurre en todo proceso de cambio, hay quienes se quedan a mitad de camino y no se atreven a incursionar en el desafío y la formidable aventura del pensamiento abierto y a recibir aportes de estudiantes (por lo que la mejor manera de aprender es el ejercicio de la cátedra).
Los pioneros de lo que hoy se conoce como “seminarios socráticos” -debido al sistema de mayéutica a que recurría el filósofo, es decir, a través de preguntas reiteradas- son tres pensadores destacados: Scott Buchanan, Mortimer Adler y Michael Strong que han incorporado de modo sistemático las características antes mencionadas en sus libros y enseñanzas (o más bien tutorías) que resume este último autor en The Habit of Thought. From Socratic Seminars to Socratic Practice.

