El Estado administra casi la mitad del PBI [IDESA]

El crecimiento del gasto público en la última década fue exponencial. Esto realza el rol estratégico del Consenso Fiscal como herramienta para ordenar al Estado. Una distribución más descentralizada de la recaudación nacional es necesaria, pero no suficiente. Además, hay que evitar las intervenciones del Estado nacional sobre funciones provinciales y municipales ya que son una de las principales fuentes de derroche de recursos públicos y discrecionalidad política.
Se sancionó como ley al Consenso Fiscal celebrado entre la Nación y las provincias. Entre los temas que aborda el acuerdo uno muy importante es una nueva distribución de los impuestos nacionales. Por un lado, se aumentan los recursos distribuidos a las provincias, en especial, a la de Buenos Aires que sufría la licuación del Fondo del Conurbano Bonaerense desde el 2002. Por el otro, las provincias se comprometen a disminuir impuestos distorsivos (Ingresos Brutos y sellos) y a renunciar a todas las demandas judiciales contra la Nación y abstenerse de iniciar nuevas controversias.
Subyace en el acuerdo la vocación de iniciar un proceso de reconstrucción institucional de la relación de la Nación con las provincias. La meta es tender gradualmente a una presión tributaria más tolerable y a una distribución de recursos entre jurisdicciones más coherente con la organización federal.
Para dimensionar la relevancia y la necesidad de este acuerdo es clave remitirse a la evolución que tuvo el gasto público total (Nación, provincias y municipios) en las últimas décadas. Según datos del Ministerio de Hacienda se observa que:
  • Entre 1980 y 2006 el gasto público total osciló en alrededor del 31% del PBI.
  • Entre los años 2007 y 2011 el gasto público total se elevó a 38% del PBI.
  • Entre los años 2012 y 2015 el gasto público total da otro salto hasta alcanzar al 45% del PBI.
Estos datos muestran la intensidad exponencial del crecimiento de las erogaciones del sector público. El Estado pasó de administrar poco menos de un tercio del PBI a manejar casi la mitad del total de los ingresos generados por el país. El crecimiento se observa en los tres niveles de gobierno, pero fue más intenso a nivel nacional. Es decir que al hiper-crecimiento en las erogaciones del sector público se le agregó la hiper-centralización en el nivel nacional. Esto, contextualizado en una organización federal, potenció el derroche de recursos y el despliegue de un voraz crecimiento de la presión tributaria que además de la Nación incluyó también a las provincias y a los municipios.
El Consenso Fiscal aspira a iniciar un proceso gradual tendiente a desandar esta situación. El objetivo es acortar la brecha entre el esfuerzo que hacen los ciudadanos para financiar al Estado pagando los impuestos y lo que el Estado les devuelve en cantidad y calidad de servicios. Se trata de desafíos muy ambiciosos ya que obliga a trabajar de manera simultánea en descentralizar recursos, eliminar impuestos distorsivos y propiciar una administración más austera y eficiente de los fondos públicos.
Innovar en la organización y estilos de gestión del sector público en los tres niveles de gobierno es la principal tarea pendiente. Por el volumen de recursos involucrados, abordar con seriedad el tema previsional es el desafío más importante que tienen por delante el gobierno nacional y las provincias que no transfirieron sus sistemas a la ANSES. Lamentablemente el debate sobre la movilidad previsional demostró cuán lejos se está de generar condiciones propicias para encontrar soluciones. También genera mucha resistencia poner como prioridad al ciudadano y no a los intereses, muchas veces espurios, que operan sobre la gestión pública. Es clave tender a una organización y gestión más empática con el ciudadano y menos permeables a las presiones sectoriales.
El Consenso se queda corto en el ordenamiento de las funciones que ejerce cada nivel de gobierno.Por ejemplo, es muy pertinente la cláusula que establece la eliminación de los subsidios a las tarifas públicas del área metropolitana. Pero no explicíta que para ello es fundamental la transferencia de las empresas y entes reguladores de servicios públicos a la Ciudad y a la Provincia de Buenos Aires. En igual sentido, queda pendiente eliminar los más de 100 programas nacionales de educación, salud, desarrollo social, vivienda y urbanismo y medio ambiente que se solapan con funciones provinciales y municipales y, por ello, son fuentes de derroches, ineficiencias y discrecionalidad política.

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EL HÉROE DE NUESTRA ÉPOCA: EDWARD SNOWDEN – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Como tantas veces he consignado, no me gusta la expresión “héroe” porque está manchada de patrioterismo y atribuida generalmente a personas que en realidad han puesto palos en la rueda en las vidas de su prójimo. Por otra parte, Juan Bautista Alberdi escribió en su autobiografía que “la patria es una palabra de guerra, no de libertad” puesto que hay otras formas de expresarse menos pastosas para referirse al terruño de los padres. Fernando Savater también aclara el tema en su libro Contra las patrias.

El manoseo creciente de las palabras héroe y patria ha hecho que se desfiguren y trastoquen. La mayor parte de la gente relaciona esas expresiones con políticos y militares que en general han manipulado vidas y haciendas ajenas. La corrección a esta última interpretación proviene de una larga tradición que descubrí comienza de manera sistemática con el decimonónico Herber Spencer en su libro titulado El exceso de legislación.

Los usos reiterados del héroe y la patria afloran en obras que encierran el germen de la destrucción de las libertades individuales como el “superhombre” y “la voluntad de poder” de Nietzsche o la noción totalitaria del “héroe” en Thomas Carlyle tan bien descripta por Borges.

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Si estás pesimista respecto del futuro de la economía global, necesitas leer a Johan Norberg

La riqueza de generaciones: capitalismo y la fe en el futuro

Conferencia presentada en The Sofitel Wentworth, Sydney, 11 de octubre 2005 y en Langham Hotel, Auckland, 13 de octubre 2005, en ocasión de la 22nd Annual John Bonython Lecture, The Centre for Independent Studies. Publicado por cortesía de ContraPeso.info.

Creer en el futuro es quizá el más importante valor para una sociedad libre. Es lo que hace que estemos interesados en lograr una educación, o en invertir en un proyecto, o incluso en ser amables con nuestros vecinos. Si pensamos que nada puede mejorar o si creemos que el mundo se acabará pronto, entonces no nos esforzaremos en lograr un futuro mejor y más civilizado. Y todos seremos miserables.

Los filósofos de la Ilustración crearon la fe en el futuro durante los siglos XVII y XVIII, haciéndonos reconocer que nuestras facultades racionales pueden entender al mundo y que con libertad podemos mejorarlo. El liberalismo económico probó que estaban en lo correcto. Adam Smith explicó que no es de la benevolencia del carnicero que esperamos nuestra carne, sino de su propio interés; es mucho más que una afirmación económica, es una visión del mundo. Es una manera de decir que el carnicero no es mi enemigo. Al cooperar e intercambiar voluntariamente, ambos ganamos. Y hacemos del mundo un mejor lugar, paso a paso.

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Infobae: Desmitificando al liberalismo

Nota en Infobae sobre algunos de los mitos que dan mala imagen al liberalismo.

Hubo una época en la que Argentina sabía estar entre las naciones con mayores ingresos del mundo. Fue la época del liberalismo y la apertura comercial en Argentina. Con la llegada del peronismo, la Argentina giró 180 grados, se volvió un país alejado de los principios del libre mercado, donde la política de sustitución de importaciones es más importante que el comercio internacional. Actualmente Argentina ya no se encuentra entre las naciones de mayores ingresos del mundo y posee índices de pobreza cercanos al 30 por ciento. Es un país asociado a la corrupción, las expropiaciones y las recurrentes crisis económicas.

No obstante la mala imagen que el liberalismo posee en Argentina, en los últimos tiempos esta doctrina ha ganado presencia en el debate público y en los medios. En especial a través de los economistas liberales, que no se cansan de insistir una y otra vez con los beneficios del libre comercio. La mala imagen del liberalismo descansa en una serie de mitos. Aquí algunos de ellos.

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ACERCA DE LA CREATIVIDAD – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En realidad es limitada la creatividad propiamente dicha, es decir, el crear ex nihilo, el producir de la nada que, estrictamente considerado, está reservado a la literatura de ficción, a la música y otras expresiones del arte. El resto alude a descubrimientos, lo cual incluye a los científicos que ponen de manifiesto nexos causales y procesos que hasta el momento eran desconocidos, lo cual no es para nada poca cosa ya que se trata de revoluciones formidables que modifican paradigmas y permiten avanzar en el infinito campo del conocimiento.

Entre otros, Stefan Sweig, Leonard Read y Norman Vincent Peale se refieren detenidamente al proceso creativo desde diversas perspectivas. Primero es la imaginación, luego la perseverancia en el trabajo de concentración en lo que se desea hurgar y finalmente el “momento eureka” donde se da en la tecla, donde se establece la conexión entre lo almacenado en el subconsciente y los estímulos del consciente, todo en el contexto del establecimiento de nuevos proyectos y sueños. Todo con entusiasmo, esto es, en theos, con sentido de trascendencia, en Dios, el apuntar a lo primero, a la Primera Causa sin cuya existencia nada puede ser ya que la regresión ad infinitum de concatenación de causas constituye un contrasentido superlativo.

En no pocas oportunidades quien crea tiene la sensación que la inspiración es sobrenatural, que proviene de otras dimensiones, de musas misteriosas tal como apunta Frederick Copelston. Por su parte, George Steiner también atribuye a “la presencia de Dios” la creatividad del escritor, lo cual no es algo místico ni esotérico es simplemente la fuerza del autoperfeccionamiento en dirección a la Perfección como una muestra más del espíritu liberal a contracorriente de la arrogancia de quienes se miran el ombligo y consideran que se han fabricado a ellos mismos.

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Sincerar metas de inflación es resignarse a tener más pobreza [Informe IDESA]

La revisión al alza de las metas de inflación es un acto de sinceramiento pero también de resignación. El ritmo de gradualismo elegido para ordenar las cuentas públicas obliga a tolerar mayor inflación. Implica que los intereses de quienes se resisten a modernizar el Estado se imponen sobre las necesidades de los más débiles que seguirán pagando el desequilibrio fiscal con impuesto inflacionario.
El Gobierno decidió modificar la meta de inflación. Para el año 2018 había sido planteada originalmente entre el 8% y 12% anual modificándose con la revisión al 15%. Para el año 2019 la meta original era de entre 3,5% y 6,5% anual la cual se aumentó al 10%. El cambio implica aspirar a reducir la inflación con un ritmo mucho más lento. De esta manera, la Argentina seguirá soportando aumentos de precios muy por encima del observado en los países desarrollados e incluso en los países vecinos.
Una intensa polémica rodeó al cambio de las metas. En general, prevalecieron las opiniones de que es positivo el sinceramiento y que el cambio implica una derrota para la conducción del Banco Central. Para llegar a estas conclusiones se pasa por alto que quién fija las metas no es la autoridad monetaria sino el gobierno y que conceder a tener más inflación implica también ser menos ambiciosos en mejorar la situación social.
Para echar luz sobre la motivación del cambio de metas resulta pertinente apelar a los datos oficiales. En este sentido, según el Ministerio de Hacienda se observa que:
  • Entre los años 2007 y 2013 el déficit fiscal fue del 2,2% del PBI en promedio y la tasa de inflacióndel 23% anual.
  • Entre los años 2014 y el 2016 el déficit fiscal subió al 5,5% del PBI en promedio y la tasa de inflación se incrementó al 36% anual.
  • Para el año 2017 se proyecta que el déficit fiscal no habrá bajado del 6% del PBI pero la inflación se habrá reducido sensiblemente al 22%.
Estos datos muestran que hay una correlación entre déficit fiscal y aumento en los precios. Si bien la inflación depende de una multiplicidad de otros factores y la información del 2017 son estimaciones provisorias, la tendencia muestra que el aumento del déficit fiscal estuvo estrechamente asociado con el crecimiento de la tasa de inflación y que en el último año los esfuerzos por bajar la inflación fueron muy superiores a los de bajar el déficit fiscal. Esto significa que el fracaso no fue del Banco Central sino del resto del sector público que no fue capaz o no tuvo voluntad de ordenar las cuentas públicas a un nivel consistente con las metas de inflación que el propio gobierno se auto-fijó.
La experiencia muestra que frente a una política fiscal inconsistente las herramientas con las que cuenta el Banco Central son limitadas. Se puede aplacar las presiones inflacionarias subiendo la tasa de interés. Pero es una estrategia de horizonte muy limitado porque desalienta la inversión, atrasa el tipo de cambio y agrava la situación fiscal al aumentar los gastos en intereses. Por eso, la decisión del gobierno de flexibilizar las metas es un acto de sinceramiento. Frente a la alternativa de seguir forzando a la autoridad monetaria a aplicar medidas perjudiciales a la producción se prefirió la resignación a tolerar mayor inflación. En otras palabras, el anuncio señala que al actual ritmo de gradualismo no es posible reducir la inflación en el tiempo originalmente previsto.
Desde el punto de vista político es un reconocimiento de las enormes dificultades que se enfrentan cuando se quiere abordar el gran objetivo social de contar un sector público menos deficitario y más eficiente. El tortuoso proceso que implicó el cambio de la fórmula de movilidad previsional demuestra la incapacidad de la clase política para tratar con seriedad, tolerancia y responsabilidad temas estratégicos. Frente a esta debilidad estructural, solo queda seguir financiando el desequilibrio fiscal con impuesto inflacionario.
Revisar las metas es un acto de sinceramiento pero también de resignación a seguir tolerando alta incidencia de la inflación y, con ello, de la pobreza. Quienes con más énfasis y eficacia se resisten a ordenar el Estado son los segmentos medios y altos de la sociedad que bregan por pagar menos impuestos y continuar beneficiándose y apropiándose del gasto público, aun cuando en los discursos declamen sensibilidad social. En paralelo, los más castigados por el impuesto inflacionario son los pobres. Tolerar más inflación es una decisión pragmática en la que subyace la hipocresía de declamar en favor de los pobres pero actuar en contra de ellos.

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Esta creciendo la economía argentina?

Desde hace ya algunos meses desde el gobierno se percibe cierto optimismo por altas tasas de crecimiento de la actividad económica (EMAE). Hay, sin embargo, dos mensajes mezclados. 1) La economía está creciendo [presente] al 4.5% anual (por ejemplo) y 2) la economía va a crecer [futuro] al 4.5% anual por unos 5 años vista.

Ninguno de los dos diagnósticos me parece del todo claro. Tema que hemos discutido en algunas ocasiones con Adrián Ravier e Ivan Carrino.

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Volver a los ideales que hicieron grande la Argentina – Por Alberto Benegas Lynch (h)

La lucha contra la corrupción es esencial, pero también lo es sanear la economía y abandonar viejas prácticas

La situación argentina es preocupante. Una proporción relativamente grande de personas están tan marcadas por los dislates del gobierno anterior que parece que han quedado bloqueadas para formular críticas a lo que viene sucediendo. Los modales han cambiado radicalmente, una condición necesaria más no suficiente para salir del marasmo de setenta años de populismo.

Representantes de lo que fue el gobierno anterior hacen lo suyo: cada vez que se pronuncian aumenta la adhesión a la actual administración. La deuda pública aumenta a un ritmo peligroso, tanto la externa como la local, a raíz de los títulos emitidos. El déficit fiscal no cesa de crecer, si se incluyen los intereses y las provincias. El gasto total del sector público se sigue incrementando en términos reales y los enroques de gravámenes no cambian el hecho de contar con una de las presiones impositivas más altas del mundo. Conviene repetir las alarmas toda vez que sea necesario, para no chocar nuevamente contra la pared, tal como nos viene ocurriendo. Recordemos que el Gobierno inició su gestión agregando nuevos ministerios y reparticiones (para no detenernos en obscenidades como la financiación de equipos de polo o el bochorno del tratamiento de las jubilaciones).

Resulta indispensable detenerse en aquellos guarismos para evitar sorpresas. La ciclotimia provoca estampidas de entusiasmo que luego terminan en depresiones agudas. Tenemos una larga experiencia de siete décadas de populismo, es muy loable el haberse abierto al mundo, pero no es para mostrar lo mismo con otro disfraz, sino para abatir el eje central del populismo, que es el tamaño descomunal del leviatán que ocupa funciones incompatibles con un sistema republicano.

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