Experiencias de marxistas a liberales – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Siempre hay que suponer la mejor de las intenciones, independientemente de las corrientes de pensamiento a las que se adhiere. Es la forma de dialogar e intercambiar ideas con provecho recíproco.

En lo personal tengo buenos amigos que han recorrido una larga y difícil trayectoria desde el marxismo al liberalismo. En primer lugar, el caso del peruano Eudocio Raviens quien fuera Premio Mao y Premio Lenin y muchos otros de muy diversos países.

En varios de los casos, para aprender y comprender, he indagado acerca de cuales han sido los autores que les han atraídos en sus épocas marxistas y cuales fueron los intelectuales que comenzaron a producir el cambio y, finalmente, quienes sobresalen al efecto de consolidar la postura liberal.

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Déficit y gasto público: presupuesto base cero, el modelo de TI que usó Carter

Néstor Kirchner inició su gestión en 2003 con un superávit fiscal del 6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Rápidamente decidió enfrentar la crisis económica de 2002 con un gasto publico creciente, lo que dio resultado en fomentar la demanda agregada y recuperar la actividad económica. Para 2007, cuando termina su mandato, la economía argentina se encontraba recuperada de la crisis, aunque el superávit fiscal había desaparecido.

Primer error: se pudo salir de esta crisis por otros medios de mercado y sostener el superávit fiscal, especialmente en un contexto de precios de commodities elevadísimos que contribuyeron a fomentar el crecimiento de la región.

Cristina Kirchner fue elegida en 2007 y mantuvo a su marido como un virtual ministro de Economía. La tendencia fue la misma. El gasto público siguió creciendo, aunque con él crecía también el deficit fiscal. Como los recursos tributarios ya no eran suficientes y el proceso de monetización ya generaba altas tasas de inflación, se decidió estatizar las pensiones, lo que permitió el resurgimiento de Anses con unos 40.000 millones de dólares provistos por las AFJP desmanteladas. Este dinero se volcó al mercado para enfrentar la crisis económica de 2008-09, lo que permitió la reelección en 2011. En estos otros cuatro años, el gasto público se exacerbó y el déficit fiscal consolidado llegó a 8% del PIB, un valor superior incluso al que hizo explotar la convertibilidad.

En estos doce años hasta 2015, en materia de gasto público, Argentina puede mostrar un extenso listado de programas y planes sociales. El problema es que este gasto público genera de algún modo “derechos adquiridos” que no se pueden sostener con recursos genuinos.

Segundo error: en finanzas públicas se dice que el gasto puede financiarse de tres maneras, con impuestos, los que ya no pueden crecer porque la presión tributaria es extremadamente elevada; con emisión monetaria, lo que ya genera una inflación alta que perjudica a los más pobres; o con endeudamiento, lo que termina encareciendo el crédito al que pueden acceder las familias y las empresas privadas, reduciendo el potencial de inversión y de generación de empleo.

Si se quiere reducir la inflación a un dígito y evitar un proceso destructivo de endeudamiento, Argentina tiene que balancear el gasto público con la recaudación tributaria, la que además debería reducirse prácticamente a la mitad si se desea ser competitiva con nuestros países vecinos.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo se puede reducir el gasto público antes que la misma deuda explote y volvamos a sufrir las consecuencias del default y el aislamiento?

El modelo de Texas Instrument que usó Carter

No está de más señalar que el mayor gasto público no es necesariamente un sinónimo de mejores servicios públicos. Los argentinos no perciben que luego de expandir el gasto tengan mayor seguridad, mejor educación o mejores servicios sanitarios. Por el contrario, y aunque parezca paradójico, la calidad de los servicios público cayó a medida que los recursos económicos aumentaban en todas las áreas.

Lo que proponemos aquí, en definitiva, es aprender de aquellos que enfrentaron situaciones semejantes, no sólo en el ámbito público, sino también en el ámbito privado. Las empresas a menudo deben enfrentar una reestructuración de sus partidas de gasto para reorientar al Estado a un gasto más bajo, pero además, más eficiente.

Es por ello que algunos economistas proponemos estudiar una herramienta bastante desconocida en la Argentina, pero que ha mostrado éxito en sus aplicaciones. Se trata del “Presupuesto Base Cero” o “Zero Based Budgeting” (ZBB).

El presupuesto base cero tiene su origen en el mundo de la empresa, específicamente en 1970, cuando Peter Pyhrr, su creador, lo introdujo en la empresa americana Texas Instruments. El caso fue exitoso, y poco a poco se extrapoló a otras empresas, hasta que, en 1971, Jimmy Carter contrató a su creador para aplicar la herramienta a la administración estatal. Primero como gobernador del Estado de Georgia, luego como presidente de los Estados Unidos, Carter utilizó esta herramienta para enfrentar el proceso inflacionario de los años 1970.

Con el tiempo la práctica se extendió exitosamente al Reino Unido, Singapur, Nueva Zelanda y algunos otros estados de Norteamérica.

La mayor ventaja de este sistema es que ignora la práctica habitual de considerar el gasto del año anterior y sumar algo más de dinero a cada partida. En este caso, se ignora la historia presupuestaria del gobierno municipal, provincial o nacional, y se reconsidera, o reevalúa, la necesidad de cada partida, tanto histórica como nueva. En otras palabras, se busca que se vuelva a justificar cada una de las partidas del nuevo presupuesto.

Algunos analistas insisten en que esta propuesta requiere de mucho tiempo, puesto que se debe reelaborar todo el presupuesto, o más bien, volver a discutir cada función del estado.

Mi impresión es que esta herramienta deberían utilizarla todos los gobiernos, al menos una vez cada década, justamente para mejorar la calidad del Estado, pero especialmente en casos de crisis fiscales como la que hoy presenta nuestro país. El Ministerio de Modernización debe tomar el organigrama del Estado y replantearse qué funciones queremos que ejerza con un nivel adecuado de presión tributaria, lo que no sólo permitirá reducir el tamaño del Estado y alcanzar el equilibrio fiscal sino que además permitirá generar un Estado más eficiente.

Publicado en El Cronista, viernes 9 de marzo de 2017.

¿Qué Presidentes tuvieron el peor y el mejor desempeño económico desde el regreso a la democracia en Argentina?

El economista y escritor argentino Adrián Ravier generó polémicas en redes sociales con una lista donde enumeró, según su criterio personal, quienes fueron los mejores y peores presidentes desde el regreso a la democracia en 1983. ¿La sorpresa? El mayor desastre según el especialista no fueron los Kirchner, sino Raúl Alfonsín, para muchos “el padre de la democracia”. Aquí analiza su lista en una entrevista exclusiva para el PanAm Post.

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¿Se desacelera el crecimiento económico?

Los datos de Producto Interno Bruto (PIB) trimestral llegan algo tarde. Ahora mismo, en marzo de 2018 apenas contamos con información del tercer trimestre de 2017. Si observamos este primer gráfico, se puede notar un 2016 con tasas de crecimiento negativas pero mejorando, las que se hacen positivas en el primer trimestre de 2017, y se aceleran hacia el segundo y tercer trimestre. ¿Pero qué ocurre desde ahí en adelante? ¿Sigue creciendo la economía?

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El Relato Anti-Liberal de Cambiemos

En la política Argentina, la palabra «relato» hace referencia a la manipulación de los datos económicos durante el gobierno Kirchnerista. El «relato» era, en definitiva, una descripción inexistente de la realidad económica y social del país (por ejemplo, sostener que Argentina tiene menos pobres que Alemania o que la inseguridad es una mera sensación como insistía el Jefe de Gabinete Anibal Fernández.)

En los últimos meses se nota una creciente incomodidad por parte de Cambiemos con los economistas. En especial con los llamados «economistas liberales,» aquellos profesionales que piden que la Argentina se mueva hacia a una economía libre y abierta. Lamentablemente, en su incomodidad Cambiemos está creando su propio relato, el relato anti-liberal. O quizás, en el fondo, la incomodidad sea en realidad con algunos resultados económicos y fiscales de su propia gestión.

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George Selgin anuncia un nuevo libro

George Selgin, uno de los teóricos más importantes del «free-banking», anuncia la publicación de un nuevo libro donde analiza el impacto del pago de intereses que hace la Fed sobre los depósitos que los bancos dejan en el Banco Central. En el link se puede encontrar un working paper donde se desarrolla el análisis. El principal problema que ocasiona esta política es el efecto contractivo en el multiplicador secundario. Un tema asociado a éste y que hace tiempo me da que pensar es que como consecuencia del QE donde asistimos a una expansión fenomenal de la base monetaria seguido de un colapso del multiplicador bancario es que la oferta monetaria total (base x multiplicador) se vuelve mas «pública o estatal». Esta nacionalización del credito tiene que tener impacto sobre la calidad de los prestamos y la inversión que se realiza con esos fondos. Y me planteo si la recuperación de la actividad no ha sido de alguna manera anestesiada por este efecto. Creo que es una idea para seguir trabajando o si alguien ha visto material publicado en esta dirección por favor enviar referencias. El link al libro de Selgin:

https://www.alt-m.org/2018/03/02/floored/

SMP: Cryptocurrencies and the Denationalisation of Money

In Denationalisation of Money (1976), Hayek put forward the idea of currency competition. The money supply should be determined through a competitive market process rather than by experts in charge of central banks. Hayek’s proposal would have private banks issue their own fiat currencies, competing to provide the currency with the most stable purchasing power. This, Hayek argued, would provide a more stable money supply than experts at central banks can.

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El sueño de la Sociedad Mont Pèlerin – Por Robert Higgs

[The Independent Review, Primavera de 1997]

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo clásico estaba en su peor momento. Europa estaba en ruinas, una mitad aherrojada bajo la dominación soviética, la otra ahogándose en el dirigismo. En Gran Bretaña, el gobierno laborista se hizo con el poder, nacionalizando industrias básicas y creando un completo estado de bienestar. En Francia e Italia, los comunistas y sus aliados políticos amenazaban con hacerse con el poder. En Escandinavia y los Países Bajos, florecían los estados del bienestar mientras se marchitaban los mercados libres. España y Portugal soportaban dictaduras fascistas.

Alemania languidecía bajo la ocupación aliada, con controles que ahogaban la recuperación de su economía y la población luchando por evitar el hambre. En Estados Unidos, la mayoría de la gente había perdido su vieja fe en el libre mercado y abrazado la nueva fe en la capacidad del gobierno de resolver los problemas económicos y garantizar una seguridad social. En todos los lugares de occidente tanto las masas como las élites, especialmente los intelectuales, se embarcaban inesperadamente en lo que Friedrich A. Hayek acababa de calificar como “el camino de servidumbre”.

Viendo el abismo que tenía delante, Hayek decidió crear una sociedad dedicada a persuadir a los intelectuales, y por tanto a las masas y sus líderes políticos, de que cambiaran el rumbo. Esta sociedad aunaría para conocimiento y ánimo a las principales figuras del liberalismo clásico. Incluiría a ingleses como Lionel Robbins, John Jewkes, y Michael Polanyi; emigrados austriacos como Ludwig von Mises, Fritz Machlup, Karl Popper y por supuesto el propio Hayek; estadounidenses como Henry Hazlitt, Frank Knight, Milton Friedman, Aaron Director y George Stigler; alemanes como Wilhelm Röpke y Walter Eucken; franceses como Maurice Allais y Bertrand de Jouvenel y otros europeos occidentales.

En abril de 1947, los hombres anteriormente mencionados y otros (39 personas en total, de 17 países) se reunieron en Suiza y crearon la Sociedad Mont Pèlerin. Adoptaron una declaración de objetivos que describía brevemente su opinión de la crisis reinante:

En grandes áreas de la superficie de la tierra ya han desaparecido las condiciones esenciales de la dignidad y libertad humanas. En otras están bajo una constante amenaza por el desarrollo de las actuales tendencias políticas. La posición del individuo y el grupo voluntario se ven socavadas progresivamente por extensiones del poder arbitrario.

La declaración confesaba que “lo que es esencialmente un movimiento ideológico debe afrontarse con argumentos intelectuales y una reafirmación de ideas válidas” e identificaba seis amplias áreas en las que merecería la pena más estudio y debate para combatir las tendencias intelectuales que prevalecían. La declaración concluía:

El grupo aspira a realizar propaganda. No busca establecer una ortodoxia meticulosa y obstaculizadora. No se alinea con ningún partido concreto. Su objetivo es solamente, al facilitar el intercambio de opiniones entre mentes inspiradas por ciertos ideales y concepciones generales sostenidas en común, contribuir a la preservación y mejora de la sociedad libre.

Cincuenta años después parece que, a pesar de desacuerdos individuales y rivalidades, choques de personalidades y dificultades administrativas, la sociedad ha prosperado y se mantiene firme en seguir su declaración inicial de principios. Ha servido esencialmente como un club internacional en cuyas reuniones los principales liberales clásicos pueden intercambiar y debatir ideas en la comodidad de un entorno solidario.

Desde su reunión de fundación en 1947, la sociedad ha tenido 30 reuniones plenarias y más de 20 reuniones regionales, la mayoría en Europa, pero algunas en Estados Unidos y otras tan lejos como en Hong Kong, Tokyo, Caracas, Sydney y Rio de Janeiro. De los 37 participantes originales, los miembros han crecido hasta más de 500, principalmente europeos y estadounidenses, pero incluyendo ahora también a muchos asiáticos y latinoamericanos. Para incorporarse, los nuevos miembros han de ser elegidos por la sociedad y el ser miembro se ha convertido en una insignia de honor entre los liberales clásicos.

De 1948 a 1960, Hayek ejerció como presidente. Los siguientes presidentes tuvieron periodos más cortos en el cargo; a finales de la década de 1960, estar dos años en el cargo se había convertido en regla. Los presidentes han incluido a luminarias como Röpke, Jewkes, Friedman, Stigler, James Buchanan, Gary Becker, Max Hartwell y Pascal Salin. La mayoría de los miembros han sido profesores universitarios, abrumadoramente economistas, incluyendo a siete receptores del Premio Nobel de Economía, pero también se han incluido periodistas, empresarios, juristas, funcionarios y otros. Los hombres de negocios que han pertenecido a éste incluyen a Luigi Einaudi, presidente de Italia, Ludwig Erhard, canciller de Alemania Occidental y Vaclav Klaus, primer ministro de la República Checa.

¿Tuvo éxito la sociedad Mont Pèlerin en atajar la marea de estatismo en occidente? Indudablemente la posición intelectual de las ideas liberales clásicas ha mejorado, especialmente durante los últimos 20 años. El socialismo, la bête noire de Hayek, ha sido más o menos desacreditado, excepto en los enclaves alojados en la universidad. Los políticos occidentales hablan hoy abiertamente de privatizaciones y desregulaciones y de vez en cuando actúan consecuentemente. En el momento más oscuro del liberalismo clásico, la sociedad Mont Pèlerin buscaba, en apropiada metáfora militar de Max Hartwell, “salvar la bandera” y “renovar el ataque”.

Su influencia fue probablemente más significativa en la época oscura que va de su fundación a mediados de la década de 1970, cuando las ideas liberales clásicas empezaron a verse sofocadas por la dominación del colectivismo entre los intelectuales occidentales. Hartwell, miembro veterano de la sociedad, presidente de la misma de 1992 a 1994 y más recientemente su historiador, concluye que “la Sociedad fue importante para cambiar la agenda política, primero, sosteniendo ideas liberales cuando eran ignorada e impopulares, y segundo, circulándolas y aumentando su influencia”. El si los miembros de la sociedad habrían sido igualmente eficaces en ausencia de éste es algo imposible de decir, pero sin duda la sociedad les ayudó aplacar la desesperación y mantener su espíritu combativo cuando todo parecía estar contra su causa.

La información aquí ofrecida, así como muchos detalles de la fundación, actividades y miembros de la sociedad, pueden encontrarse en la History of the Mont Pèlerin Society (Indianapolis: Liberty Fund, 1995), de R.M. Hartwell, un relato juicioso y bien escrito de 250 páginas. (Los pasajes antes citados aparecen en las pp. 41-42, 203 y 215-216). A los lectores a quienes no les importe conocer todos los entresijos de la administración de la sociedad (parte 2), encontrarán que las partes 1 y 3 contienen excelentes análisis de los acontecimientos políticos y económicos que llevaron a la formación de la sociedad y de la relación entre la sociedad y el curso de los acontecimientos durante el pasado medio siglo. Dieciséis páginas de fotografías y un excelente índice complementan el libro.


Publicado el 31 de mayo de 2011. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.