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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Entrevista sobre el mercado cambiario y la nueva disposición del Banco Central

Diario Textual de La Pampa me entrevistó acerca de las nuevas medidas que adoptó el Banco Central en el mercado cambiario, habilitando a nuevos comercios a inscribirse en un registro para la compra-venta de divisas. El intercambio se extendió hacia lo que verdaderamente preocupa en el mercado cambiario.

Acceda aquí a la nota completa.

Liberales versus libertarios

El cambio ideológico que hubo en la Argentina a partir de 2015, tras el fracaso del kirchnerismo, en reducir la pobreza y resolver otros males como la inflación o el estancamiento económico, no solo ha llevado a Maurico Macri a la Presidencia, sino que además ha dado lugar a nuevas posiciones de filosofía política y económica que contribuyen hoy al debate público.

Liberales y libertarios, que tenían limitado acceso a los medios, hoy reciben una renovada atención, pero no queda claro para la mayoría de los televidentes y los lectores qué diferencia a estas posiciones.

La confusión proviene de una deformación que en Estados Unidos se le ha dado al término «liberal» frente al que utilizamos en América Latina. «Liberal» en Estados Unidos es, por ejemplo, John Rawls, un intelectual cuya obra se utiliza frecuentemente como fundamento de la redistribución del ingreso. Un liberal en América Latina defiende más bien la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado, por lo que se opone en general a la obra de John Rawls y a los distintos fundamentos que sugieren quitar a unos lo que le pertenece para darles a otros lo que no les pertenece.

Es por ello que en Estados Unidos han creado un nuevo término para denominar a lo que nosotros entendemos como liberal, y es el término libertarian o, en español, ‘libertario’.

El libertario incluiría en Estados Unidos a quienes defienden los cuatro principios recién mencionados, aunque habría una calurosa y abierta disputa respecto del último término, esto es, el gobierno limitado. Los libertarios norteamericanos se podrían dividir entre los libertarios minarquistas, que consideran útil y necesario al gobierno, aunque en funciones limitadas, y los libertarios anarco-capitalistas de propiedad privada, que piensan que es innecesario contar con el ente gubernamental no solo en materia de educación, salud, infraestructura y pensiones, sino también en cuanto a dinero, seguridad y justicia.

La escuela austriaca fundada en 1871 y consolidada en los años 1920 es quizás la más representativa del movimiento libertario, pero no es hasta los años 1970 que surge puertas adentro una línea anarquista que subdivide a su tradición de pensamiento. Es importante notar que los principales pensadores de la tradición como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek defendieron una posición liberal o libertaria minarquista, mientras que Murray Rothbard defendió una posición libertaria anarquista.

Es curioso también notar que el Ludwig von Mises Institute, con base en Auburn, Alabama y que fuera creado por el mismo Rothbard junto a Lew Rockwell, le ha dado a esta tradición de pensamiento austriaca una mirada más anarquista de la que el propio Mises defendió a lo largo de su vida.

¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero no demanda la Argentina hoy una posición radical anarquista que propone eliminar al Estado.

El debate filosófico que plantea el anarco-capitalismo o anarquismo de propiedad privada es sumamente interesante para los ámbitos académicos, pero distraen y confunden a la opinión pública cuando se plantean ideas extremas en ausencia de un adecuado contexto para estas propuestas. El resultado es un lógico y total rechazo a estas ideas.

Que hoy aparezcan libertarios radicales afirmando que el impuesto es un robo o que todos los políticos son delincuentes contribuye poco, me parece, a los problemas urgentes que debemos resolver.

El liberal o libertario minarquista hace un llamado mucho más oportuno y relevante para la Argentina de hoy, que es, sin ánimo de ser exhaustivo, insistir en terminar con los controles de precios, dejar de monetizar el déficit público, no abusar del endeudamiento, reducir todo lo posible el gasto público o al menos congelar el número de empleados públicos, abrir la economía e integrarla al mundo, respetar la división de poderes y fortalecer las instituciones.

Un ejemplo puede mostrar la diferencia. El liberal sabe que la Argentina tiene que plantearse, como la mayoría de los países del mundo, un nuevo debate acerca del sistema de pensiones, modificar el sistema de reparto. Sin embargo, dado un déficit fiscal consolidado en torno al 8% del PBI, no es oportuno plantear la discusión, porque no hay forma de financiar la transición. Recordemos que cuando Chile planteó la privatización del sistema, acumuló muchos años de superávit fiscal del 5% para garantizar los medios necesarios para que los jubilados y los pensionados del momento pudieran contar con ingresos acordes con los aportes de las décadas anteriores. El mismo menemismo, y en esto tiene responsabilidad Domingo Cavallo, debería comprender que el fracaso de la convertibilidad es en gran parte un problema fiscal que proviene especialmente de no haber pensado una transición para la privatización del sistema de pensiones. De haber continuado con el sistema de reparto, el gobierno no habría tenido déficit fiscal, lo cual hubiera reducido las necesidades de financiamiento externo, con intereses de deuda muchos más bajos, y la situación del país habría sido mucho más sólida para afrontar los shocks externos que fueron el tequila de México en 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 o la devaluación de Brasil en 1999. Está claro que el 2001 se pudo haber evitado.

Los libertarios hoy tenemos que plantear un debate inteligente. Hay un espacio para los debates puros que están en el aula, en los congresos académicos y en las revistas especializadas, pero hay otro debate que es el de los medios de comunicación, donde la preocupación está puesta en otros problemas más urgentes. Si Argentina tiene éxito en normalizar su situación institucional y macroeconómica, asemejándose a la situación de países vecinos que integran la Alianza del Pacífico, entonces seguramente surgirán nuevos espacios para discutir otros problemas que hoy lamentablemente están presentes, pero lejanos en la atención que se le puede dar.

Como cierre, me parece que el libertario debe insistir en que el gradualismo está justificado, en la medida en que lo caractericemos como reformismo permanente, pero el problema es que Cambiemos en muchas áreas ha transformado el gradualismo en inacción.

Publicado originalmente en Infobae, el 19 de enero de 2018.

LEGISLACIÓN SINDICAL, EL CASO ARGENTINO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Lo primero es subrayar que en una sociedad abierta el derecho a asociarse o no asociarse constituye uno de los postulados básicos a los efectos de la cooperación social. Como deben ser las asociaciones es algo que no compete a quienes están fuera de ellas, en primer lugar los gobiernos que solo deben velar porque no hayan lesiones de derechos, en caso que las hubiera dicha agrupación se convierte en una asociación ilícita.

Pero antes de otras consideraciones sobre el tema sindical, es menester aclarar con toda precisión que los salarios e ingresos en términos reales de deben exclusivamente a la cuantía y calidad de ahorros internos y externos invertidos en un contexto de conocimientos relevantes,  lo cual hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Esa es la diferencia entre zonas de mayores o menores salarios basadas en el primer caso en marcos institucionales respetuosos de la propiedad de cada cual.

El nivel de salarios no es solo monetario, es también no-monetario como lo son todas las condiciones laborales que rodean al caso desde los períodos de descanso a la música funcional. En rigor, estas condiciones no pueden ser legisladas, como queda dicho, son consecuencia de los niveles de las tasas de capitalización. Más aun, si se legislan más allá de demandas civiles o penales por incumplimientos contractuales o delitos, los resultados indefectiblemente son el desempleo en primer lugar de aquellos que más necesitan trabajar y en segundo lugar de todos a quienes las condiciones laborales son superadas por las normas legales respecto a las antedichas tasas de inversión. El voluntarismo no cuadra.

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¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Libertarios en la Argentina ha habido siempre. En su historia habrá que retroceder al menos unas cuantas décadas para ver que en los años 1950 Alberto Benegas Lynch padre fundaba, junto a algunos empresarios, el Centro para la Difusión de la Economía Libre, luego llamado Centro de Estudios para la Libertad. En estos centros se ofrecieron conferencias y publicaciones de libros de variados autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner o Murray Rothbard. Quizás haya algún lector que recuerde las seis conferencias multitudinarias de Mises en la UBA en 1959. Desde ya que la diferencia entre un liberal como Hayek y un libertario como Rothbard, fue siempre motivo de disputas internas entre libertarios, pero hoy no nos vamos a detener en ello. Más bien, los tomaremos como compañeros de camino.

La posta la tomó su hijo Alberto Benegas Lynch (h), hoy Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, quien fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), creando los primeros posgrados en Argentina. En sus cuatro Maestrías en Economía y Ciencias Políticas, Economía y Administración de Empresas, Derecho Empresario y Activos Financieros, los alumnos recibían los fundamentos para defender la libertad individual, la propiedad privada, la economía de mercado y el gobierno limitado, además de los conocimientos específicos de cada programa.

Muchos de estos alumnos a su vez, formaron numerosas fundaciones e institutos pro mercado en distintas provincias, que como efecto cascada formaron a miles de jóvenes en las ideas de la libertad. Estos jóvenes hoy quizás no son docentes o académicos prestigiosos (aunque algunos lo son, como el Dr. Eduardo Stordeur o el Dr. Nicolás Cachanosky), pero lideran y gerencian distintos departamentos de las principales compañías del país.

Martín Krause lo sucedió a Alberto Benegas Lynch (h) como Rector de este Instituto Universitario, donde también pasaron excelentes docentes como Juan Carlos y Roberto Cachanosky, Gabriel Zanotti, Enrique Aguilar, Gustavo Matta y Trejo o Ricardo Manuel Rojas (sin ánimo de ser exhaustivo).

¿Qué proponen los libertarios para esta Argentina? En una Argentina donde ya no podemos pensar la educación, la salud, las jubilaciones y pensiones, el cuidado del medio ambiente o la administración de la moneda y los bancos sin el ente gubernamental como principal regulador, los libertarios proponen un debate necesario. Repensar una Argentina en la que podamos prescindir del Estado. Aspiran a que cada argentino pueda pagar su propia educación y la de sus hijos; que pueda cubrir sus costos sanitarios; que pueda elegir cómo y cuándo jubilarse y que su pensión dependa de los montos y años de aporte. Proponen, en definitiva, libertad y responsabilidad, para terminar con la “estatolatría” donde el Dios Estado es el que ofrece empleo y garantiza seguridad social porque, de hecho, jamás ha garantizado otra cosa que pobreza. Repensar una Argentina donde este flagelo sea gradualmente erradicado a través del mercado, como viene ocurriendo en gran parte del mundo, incluidas China y la India (ver El Gran Escape de Angus Deaton). Donde la libertad de empresa y la iniciativa privada sean el motor del empleo genuino, de la innovación, de la creatividad y de las oportunidades para alcanzar una vida mejor. Donde la igualdad que importa es “ante la ley”.

En una Argentina donde la policía respalda a las mafias, los libertarios piden, siguiendo a James M. Buchanan, desconfiar de la política, lo que en definitiva es fundamento para un gobierno limitado.

¿No es esto una utopía? Una sociedad sin estado es irrealizable en esta Argentina, sin dudas. El libertario desde luego está dialogando en un “plano ideal” que a muchos les parecerá lejano. Está debatiendo para una sociedad futura, donde posiblemente la cultura anti-capitalista sea abandonada por otras creencias pro-mercado. Le preocupa entonces definir cuánto estado haría falta en ese estado ideal, y llega a la conclusión de que no sería necesario ninguno, ni siquiera en justicia o seguridad.

Pero al margen de ese debate puro, también hay un mensaje que puede ser útil para nuestra Argentina y que deberíamos escuchar.

¿Cuál es este mensaje? Que la Argentina presenta un gasto público desbordado que aunque se pudiera financiar cubre necesidades de gente que no necesita la ayuda estatal. El primer paso entonces es desmantelar ese Estado que ayuda al que no lo necesita. Que aquellos que pueden pagar educación o salud para sí y para sus familias, lo hagan. Que aquel que puede tener su propia pensión la tenga. Que aquel que puede pagar servicios públicos que cubran los costos lo haga. Que aquel que puede pagar el precio real del combustible lo pague también. De ese modo reducimos la mochila de impuestos, deuda e inflación que recae sobre las empresas y que evita que sean competitivas en un mundo abierto y globalizado. De ese modo habría empleos y mejores salarios reales para todos.

¿Y qué ocurre con los que no pueden pagar estas cosas? Para la educación y la salud existe la propuesta de vouchers de Milton Friedman. El libertario lo aceptará en la transición, aunque insistirá que ese dinero de los cupones sale del bolsillo del contribuyente y que sólo será temporal.

Para las pensiones se deberá crear un sistema privado de aporte voluntario, que no tiene relación con lo que hubo durante el menemismo, y ni siquiera con el sistema que hoy rige en Chile. El sistema libertario de pensiones no necesita que el gobierno autorice a ciertas empresas a operar, ni que fije comisiones, sino que simplemente se haga a un lado y permita la competencia. El mercado operará bien en su ausencia, como de hecho ocurre con la gran mayoría de bienes y servicios. Desde luego que para cubrir a los actuales pensionados se necesitarán pagar impuestos, pero debemos distinguir entre la solución al problema actual donde el Estado se consumió los ahorros de los actuales jubilados respecto del sistema previsional para el futuro.

Comparar al oficialismo con el mensaje libertario muestra lo moderado del gobierno de Mauricio Macri, que si bien en anuncios y conferencias promueve cierto relativo liberalismo, en la práctica encuentra inacción, quizás por los obstáculos que el libertario muchas veces pasa por alto.

Y aquí viene la pregunta: ¿Propone el libertario desmantelar hoy al Estado por completo? Habrá quien lo proponga, pero no es lo más usual. El libertario entiende que el Estado está sobredimensionado y sabe que corregir esto sólo puede redundar en mayor calidad de vida para todos. Sabe que en el plano político, la prioridad del gobierno es mantener el orden público, y que eso sólo se consigue atendiendo a lo que es políticamente viable en cada momento. Es por eso que la regla general que el gobierno debe seguir es bajar el gasto todo lo posible, mientras pueda mantener el orden público.

Y allí encontramos el gran dilema, ya que cierta mentalidad anti-capitalista impide avanzar en reformas profundas como las que el libertario propone. En este sentido, mientras el libertario busca abrir el debate en un plano teórico, también acepta en la política pública una transición ordenada que no deje a nadie sin sustento. En la búsqueda de ese camino está claro que ambos roles, el académico y el político, se deben retroalimentar.

Publicado originalmente en El Cronista, el miércoles 17 de enero de 2018.

Gradualismo al revés – por Alberto Benegas Lynch (h)

Somos muchísimos los que queremos el éxito del actual gobierno pero aparentemente el resultado de sus desplazamientos no operan en esa dirección. Los fracasos cansan y desgastan sobre todo cuando los ejes centrales se repiten de idéntica manera. El gasto público neto, el total del déficit fiscal y el endeudamiento estatal constituyen una triada clave que se sigue engrosando.

Las críticas más sustanciosas no se dirigen a sostener que el movimiento es lento y gradual sino que apuntan a subrayar que se encaminan en la dirección opuesta. Es un gradualismo al revés con lo que, de mantenerse la tendencia, el final será igual que en casos anteriores donde se aplicaron las mismas recetas.

Días pasados comentábamos con colegas que si lo que se estiman son errores fueran novedosos la situación sería diferente, incluso estimulante puesto que se hace trabajar a las neuronas. Pero lo idéntico, lo mismo solo que con personajes diferentes se hace superlativamente tedioso.

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95% de subsidios en transporte van a Buenos Aires [Informe IDESA]

Los avances en la normalización de tarifas y la modernización del esquema tarifario organizándolo en formato de red de transporte van en el sentido correcto. Pero no son las autoridades nacionales las que deben tomar estas decisiones y menos financiarlas. Es hora que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, por el conurbano, asuman sus competencias.
El Ministerio de Transporte de la Nación anunció los incrementos programados para el año 2018 en colectivos, trenes y subtes de la región metropolitana. En el caso de los colectivos, la tarifa básica pasará gradualmente de $6 a $10 en junio. En los trenes pasará de $4 a $6,75 y en algunas líneas el incremento será de $2 a $3,25. El subte lo hará de $7 a $12,50.
Una innovación que se introduce en el diseño tarifario es la articulación de los tres tipos de transporte en un mismo instrumento de pago (la tarjeta SUBE). Esto permitirá que una persona que use colectivos, trenes y subtes dentro de las 2 horas que tome el primer medio de transporte tenga descuentos del 50% en el segundo viaje y del 75% en los viajes subsiguientes hasta 5 viajes. Este es un esquema muy utilizado en los países avanzados donde la finalidad es incentivar el uso del sistema público de transporte por encima de la movilidad en vehículos particulares.
Las medidas, además de mejorar los servicios, ayudan a reducir los subsidios económicos y, con ello, contribuir al equilibrio fiscal. De todas formas, no resuelve un tema institucional central que es el de las competencias. Según datos de ASAP a noviembre del 2017 los subsidios al transporte que financia la Nación ascendieron a $70 mil millones de los cuales:
  • Unos $37 mil millones fueron a pasajes de colectivos fundamentalmente de la región metropolitana.
  • Otros $29 mil millones fueron a trenes de la región metropolitana.
  • Esto significa que el 95% de los subsidios nacionales van a la región metropolitana.
Estos datos muestran la enorme magnitud de recursos nacionales usados en beneficio del área metropolitana y explican el hecho de que las tarifas en Buenos Aires sean sustancialmente más bajas que en el resto del país, aun considerando los aumentos anunciados. Se trata de una irritante discriminación contra los más de 2.000 centros urbanos que tiene la Argentina. Por eso, si bien los anuncios van en el sentido correcto cabe advertir que quién debe tomar estas decisiones, financiarlas, ejecutarlas, monitorearlas y perfeccionarlas son las autoridades locales y no el gobierno nacional. 
La distorsión es una herencia de la transferencia inconclusa de los servicios luego de la creación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en el año 1996. Como ocurre en el resto del país, donde los servicios públicos son responsabilidad de los gobiernos sub-nacionales, debería CABA en coordinación con la Provincia de Buenos Aires asumir enteramente el financiamiento, la regulación y la gestión del transporte en la región metropolitana. Sólo a modo de ejemplo, CABA y la Provincia de Buenos Aires podrían constituir un consorcio como es el “Metro” de Washington donde el Distrito de Columbia y los estados de Virginia y Maryland conforman un consorcio llamado “Autoridad de Transporte del Área Metropolitana de Washington” para planificar, financiar, desarrollar y operar la red de transporte de la capital de Estados Unidos. Esto es lo que evita que el presidente de Estados Unidos tenga que ocuparse de los temas del transporte urbano de Washington.
Concluir con la transferencia de todos los servicios públicos de la región metropolitana es una reforma institucional de alta trascendencia. Por un lado, libera al Ministerio de Transporte de la Nación de tareas de “intendente”. No es una cuestiona menor cuando el desarrollo del país necesita con urgencia construir autovías en las rutas nacionales, modernizar las hidrovías, mejorar la eficiencia de los puertos, revitalizar el transporte ferroviario de carga y desarrollar una densa red de vuelos de bajo costo que una los diferentes destinos del país sin tener que hacer escala en Buenos Aires. Por otro lado, disminuye los riesgos y las tentaciones de que futuros gobiernos hagan demagogia en beneficio de la región metropolitana usando fondos y funcionarios nacionales, como ocurrió en la gestión pasada.
El Consenso Fiscal corrigió la discriminación que sufría la Provincia de Buenos Aires como consecuencia de la no actualización del tope en el Fondo del Conurbano. Pero para que esto no derive en una injustica contra el resto del país es fundamental que la Provincia de Buenos Aires y CABA se hagan cargo de los servicios públicos del área metropolitana.
ACCEDA AQUÍ AL INFORME COMPLETO DE IDESA.

NUEVAMENTE SOBRE EL AMBIENTALISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Mientras se insista con un error no hay otro modo que insistir en su refutación puesto que los argumentos no se esgrimen de una vez y para siempre. Si fuera así ya no habría prácticamente nada que decir puesto que se ha dicho todo lo sustancial (“para novedades, los clásicos”), si bien aparecen nuevos errores que deben ser contestados. Como comentábamos con algunos colegas, sería de gran interés tener que responder a nuevos enfoques que estimamos erróneos puesto que eso moviliza las neuronas, pero el ejercicio de reiterar se hace un tanto tedioso.

Nuestra ignorancia es colosal, hay todo que aprender por lo que constituye un desperdicio superlativo el tener que mantenerse en refutaciones de antaño. El hecho que el conocimiento tiene la característica de la provisonalidad abierta a refutaciones, no justifica la reiteración de argumentaciones sin solución de continuidad.

De un tiempo a esta parte los socialismos se han agazapado al ambientalismo como una manera más eficaz de liquidar la propiedad privada: en lugar de decretar su abolición al estilo marxista, la tragedia de los comunes se patrocina con mayor efectividad cuando se recurre a los llamados “derechos difusos” y la “subjetividad plural” a través de lo cual se abre camino para que cualquiera pueda demandar el uso considerado inadecuado de lo que al momento pertenece a otro.

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NOTICIAS Y OPINIÓN EN LOS MEDIOS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Una de las funciones de los medios gráficos, orales y por vías electrónicas es el trasmitir las noticias. Naturalmente todo no cabe, no es posible consignar todo lo que pasa puesto que implicaría replicar el conjunto de los acontecimientos en el mundo. Hay que seleccionar lo que se estima importante y relevante. La mayor parte de los sucesos diarios son irrelevantes para los lectores, radioescuchas, televidentes y en las redes sociales. Que fulano le dijo a mengana buenos días no constituye noticia y así sucesivamente.

Gracias a los medios modernos y a las comunicaciones es que se conocen los acontecimientos de importancia en tiempo real. Solo los gobiernos autoritarios hacen lo posible por bloquear o tergiversar lo que ocurre. La libertad de expresar el pensamiento es la madre de una sociedad abierta. No se concibe el respeto recíproco -la quintaesencia de la libertad- sin una prensa completamente abierta y exenta de interferencias de los aparatos estatales. El conocimiento demanda puertas y ventanas abiertas de par en par al efecto de que circule la mayor dosis de oxígeno posible ya que se trata de lo provisorio siempre abierto a refutaciones en un contexto evolutivo.

Habiendo dicho esto, los medios también cuentan con secciones de opinión sobre las noticias para facilitar información y diversos ángulos de análisis que enriquecen a los destinatarios. Esas secciones de opinión, a su vez, no se limitan a desmenuzar la noticia sino que incorporan debates de fondo que inexorablemente están tras la noticia. Demos unos pocos ejemplos telegráficos que ya he tratado con detenimiento en otra ocasión. Por ejemplo, la noticia puede ser que un gobierno reparte de cierta manera la publicidad oficial entre los diversos medios, la columna de opinión puede sostener que la distribución es inequitativa y discriminatoria, mientras que la opinión de fondo cuestiona la existencia de publicidad oficial y, con mucha mayor razón, el establecimiento de una agencia estatal de noticias, todo lo cual atenta contra la libertad de expresión.

Esto último permite corregir desvíos y no simplemente consignar el hecho. En otras palabras, la noticia de la coyuntura es indispensable y también la opinión sobre la coyuntura, pero en definitiva lo decisivo estriba en el análisis del fondo del asunto, de lo contrario se convierte en un problema circular y será como el perro que pretende morderse la cola. Las características de la  coyuntura y sus respectivos comentarios derivan siempre de ideas de fondo. Serán en uno u otro sentido según sean las ideas prevalentes.

Por eso es tan trascendente dividirse el trabajo en esta triada: unos dan la noticia, otros la comentan y algunos se ocupan del fondo del asunto en la esperanza de correr el eje del debate en una u otra dirección. En este plano, el debate resulta crucial para conocer cuales serán las avenidas que conviene transitar y cuales conviene evitar. Ilustremos el tema con un par de ejemplos más.

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Capitalismo, el creador – Por Johan Norberg

Ensayo publicado originalmente en M Publication.Traducido por Nacho Colunga
Ideologías y pensadores luchan en busca de la mejor solución para nuestros problemas. El Capitalismo es el reconocimiento de que esta respuesta ideal no existe. No podemos construir un sistema perfecto que se adapte a todo el mundo. Por eso el capitalismo afirma que todas las ideas, proyectos y sistemas pacíficos son bien recibidos. No conocemos la mejor solución, por tanto, la gente tiene que decidir por si misma que es lo mejor para cada uno, que tipo de ideas y sueños quieren realizar y que tipo de bienes y servicios deberían, o no deberían, consumir. Eres libre de intentar cualquier cosa, mientras no uses la fuerza contra otras personas, o les obligues a pagar por tus proyectos. El capitalismo es el sistema económico que deja las decisiones económicas en manos de la gente, no del sistema.
¿Quieres un día sin compras? Claro, adelante. Puedes tenerlo todos los días de la semana. El capitalismo significa relaciones voluntarias. Un acuerdo solo se hace si las dos partes piensan beneficiarse por ello.
Algunos acusan al capitalismo de la pobreza en el mundo. Eso es porque no han estudiado, o al menos no han entendido, la historia. La pobreza no es algo nuevo. La pobreza ha sido siempre el destino de la humanidad. 200 años atrás cada país era subdesarrollado. Lo nuevo en el mundo, el hecho fantástico que requiere una explicación, es la riqueza. El hecho de que algunos países y regiones han conseguido salir de la pobreza por primera vez en la historia[1].
La razón es el capitalismo. Fue el capitalismo el que abrió las puertas a la creatividad humana, por ello pudimos producir bienes y servicios a una escala sin precedentes.
Hace 130 años mis antepasados suecos morían de hambre. Suecia[2], entonces, era más pobre de lo que lo es el Congo en la actualidad y la gente vivía de media 20 años menos que en los países desarrollados. Para sobrevivir, los suecos, tuvieron que hacer pan con liquen, cortezas y paja, y harinas moliendo raspas y huesos.
Suecia no se desarrolló con el socialismo y el estado del bienestar. Si hubiéramos redistribuido todas las propiedades e ingresos de Suecia, cada sueco viviría al mismo nivel que un Mozambiqueño. En su lugar, Suecia se liberalizó a mediados del siglo XIX y una población libre, en mercados libres, con un comercio libre, pudo producir riqueza y convertirnos así en un país rico. Nuestra economía se volvió especializada y más eficiente de forma que pudimos alimentarnos a nosotros mismos y permitirnos otros bienes también (ropas, casas, periódicos, educación…). En 1950 después de que fuera construido el sistema del bienestar Sueco, la economía sueca se había cuadruplicado. La mortalidad infantil se había reducido en un 85% y la esperanza de vida se había incrementado en unos milagrosos 25 años.
Esto ha sucedido en cada lugar donde la gente ha conseguido la libertad de poseer, producir y comerciar (donde han llegado al capitalismo). Podemos ver esto claramente en regiones que han sido divididas no por las personas, la cultura o la tradición, si no por su economía política. La Alemania occidental se convirtió en uno de los lideres de la economía mundial, la comunista Alemania oriental se estancó. La capitalista Corea del Sur paso del subdesarrollo a un nivel de vida similar al europeo, la socialista Corea del Norte pasó de ir mal a ir aún peor. Los chinos de la capitalista Taiwan consiguieron el crecimiento más rápido del mundo, los chinos en la China roja han pasado hambre hasta que comenzaron su propia liberalización económica.
En los últimos 20 años, el crecimiento global de la economía ha sacado a 200 millones de personas de la pobreza absoluta. Es cierto que hay una horrible destrucción de la riqueza en el mundo. Pero esto es debido a la desigual distribución del capitalismo en él. Aquellos que tienen capitalismo crecen hacía la riqueza, los que no lo tienen continúan en la pobreza.
Hace 130 años en Suecia, lujo era tener suficiente comida para pasar el día, el poder dar una educación a tus hijos era cosa de ricos. El capitalismo hizo posible para la gente común conseguir esto. El lujo se convirtió en poder pagar un coche y un teléfono. Lujo es prácticamente todo aquello que casi podemos alcanzar. El cambio constante y dinámico propio del capitalismo hace cambiar constantemente el concepto de lujo.
El lujo es algo relativo. Es aquello que queremos, pero a lo que difícilmente tenemos acceso. Cuando era un pobre estudiante con mucho tiempo libre, lujo era poder pagarme el ir a comer fuera de casa y el tomar copas caras. Hoy, el lujo consiste en tener más tiempo libre para poder sentarme a leer un libro y tomarme una taza de té.
El increíble desarrollo producido bajo el capitalismo nos hace, constantemente, más ricos y pone los bienes que queremos al alcance de cada vez más gente. Y como cada vez somos más ricos y podemos permitirnos los antiguos lujos, nuevos bienes, que no habíamos ni imaginado, se convierten en el nuevo lujo que desear.
Hoy más del 72% de los clasificados como pobres en los EEUU tienen una lavadora y al menos un coche, el 60% tiene un microondas y el 93% una televisión en color. Tienen más cosas que el americano medio hace 30 años. Los pobres en occidente tienen un estándar de vida que los reyes no podían ni soñar hace 200 años.
Y es por esto por lo que alguna gente puede dar el primer paso hacía el lujo. Cuando los primeros millonarios se compraron un coche, los socialistas los ridiculizaban considerándolos un juguete para ricos. Pero la compra de coches por parte de los ricos proporciono los recursos para que los productores pudieran invertir estos recursos en métodos de producción más eficientes haciendo los coches accesibles a más gente. Lo mismo sucedió con los frigoríficos, teléfonos, radios, medicinas o la educación. Si aquellos que defendían la igualdad en la propiedad contra el lujo hubieran ganado, estas invenciones nunca se hubieran desarrollado, los descubrimientos que sirvieron para hacerlos de una forma más barata y masiva nunca se hubieran podido financiar sin las compras de los ricos. Igual que aquellos que se quejaban de que los ordenadores e Internet crearían una brecha digital. El progreso siempre tiene que empezar por algún sitio, por alguien, y esto es contrario a sus demandas de igualdad. Si hubieran estado presentes hace 50.000 años se hubieran quejado de la “brecha elemental” creada cuando alguien aprendió a dominar el fuego, o a la “brecha del transporte” creada con el invento de la rueda.
Los bienes y servicios no son triviales. Contribuyen a hacer nuestras vidas mejores, confortables y entretenidas. Aquellos que piensan que esto es superficial, se deberían preguntar a si mismos porque la gente se esfuerza por conseguirlos en todas partes. La clase de bienes que son percibidos como lujo en una sociedad dicen mucho acerca de ella. Una de las razones por la que los rusos odiaron el sistema comunista es porque convirtió el papel higiénico y los tampones en lujo. Una de las primeras cosas que hicieron muchos en Afganistan tras la caída de la dictadura talibán fue ponerse a escuchar música que había estado prohibida. Si ni una brutal dictadura puede llegar a controlar el interés de la gente por conseguir una buena vida, que podría?
Pero si siempre queremos más y mejores cosas, ¿no es acaso más una maldición que una bendición? Nos esforzamos para conseguir riqueza, pero cuando la conseguimos no estamos contentos, en su lugar, continuamos esforzándonos para conseguir incluso más. ¿Da el dinero la felicidad? Un cantante contesto una vez: “Quizás no, pero yo preferiría llorar en un Rolls-Royce que en un autobús”.
Pero esta explicación está incompleta. No es el dinero en si mismo lo que nos hace felices. En su lugar es la certeza de que nuestras vidas pueden mejorar. Hay algo en la naturaleza humana que nos hace sentir satisfacción cuando logramos algo difícil de conseguir. El lujo es deseo y satisfacción. El capitalismo, mediante el desarrollo constante y la creación de riqueza, es el único sistema que nos proporciona nuevas ideas para nuevos lujos, con la esperanza de que nosotros podamos conseguirlos en el futuro también. No para unos pocos privilegiados, sino para todos nosotros.
En términos de riqueza, de los norteamericanos que están en la quinta parte inferior de la población, en solo seis años, dos tercios habrán ascendido a las tres quintas partes superiores. A su vez en esa parte inferior se va llenando con nuevos inmigrantes pobres y estudiantes a punto de beneficiarse de esta movilidad social. Es por esto que los cubanos nadan hacia EEUU y no al revés. La creencia en un futuro mejor es quizás la mayor recompensa para la humanidad, un autentico regalo psicológico. El Champagne y el caviar son un buen símbolo de esto.

Para algunos intelectuales elitistas, esta es una caza materialista de placeres meramente superficiales. Pero esto es, simplemente, porque ellos prefieren otros placeres y lujos. Encontrar ese libro raro, esa gran lectura de la obra de determinado profesor. Todos tenemos nuestros gustos. Estos intelectuales se sorprenderían de la diversidad de placeres que existen en la sociedad. Deberían aprender a apreciar algo de pluralismo.


[1] Norberg desarrolla este tema más ampliamente en Los beneficios del capitalismo global.
[2] Más información en Cómo la globalización conquista la pobreza, también de Norberg.