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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

El hombre invisible – por Miguel Ors Villarejo

Por Miguel Ors Villarejo

Para Instituto Acton (Argentina)

¿Y quién es este Gabriel Zanotti (Buenos Aires, 1960) que la Fundación Rafael del Pino se ha traído para hablar de, atención, Antropología cristiana y economía de mercado? La víspera ha pasado por este mismo foro Paul Krugman y el contraste no puede ser mayor. El Nobel más mediático frente a este filósofo porteño, católico y liberal. Krugman concedió 20 entrevistas en dos días: 40 minutos tasados de salmodia keynesiana que recitaba de corrido y sin tropiezos, como un temario de oposición. Con Zanotti no hay prisa: nos dejan solos en un altillo de la Fundación, y creo que hasta se olvidan de que estamos ahí. Krugman generó un intenso tráfico en las redes sociales. Zanotti atraviesa el ciberespacio como un rayo de luz el cristal, sin tocarlo ni mancharlo.

Empezamos hablando justamente de eso: le cuento que algunos de los tuits que suscitó la conferencia de Krugman eran de un mal gusto extremado. Es un comentario para romper el hielo, pero Zanotti lleva siempre puesto el mono de filósofo y agarra rápidamente la anécdota para elevarla a categoría. “La invisibilidad transforma a las personas”, me dice. “No sé si conoce la última película de El hombre invisible: en el momento en que el científico protagonista logra que no lo vean, su honestidad se acaba… La mayoría de los humanos tenemos una moralidad media, muy incentivada por la mirada de los demás, pero ese control desaparece en las redes sociales y el anonimato saca nuestro lado más agresivo”.

Es una reflexión sobre la que acabaremos volviendo, pero en principio no tiene nada que ver con el tema de su charla y que, expresado en términos más mundanos, plantea si se puede ser a la vez empresario de éxito y buen cristiano. Zanotti es católico practicante y un fogoso defensor de la Escuela Austriaca. Le duelen las reticencias que el liberalismo y el mercado aún inspiran al Vaticano, pero lo cierto es que algunas enseñanzas del Evangelio son dudosamente compatibles con el funcionamiento de una sociedad capitalista: los mercaderes son tratados a latigazos, los pobres y las rameras tienen prioridad de acceso al Cielo y los préstamos deben hacerse sin esperar nada a cambio, valorándose muy favorablemente la condonación total de la deuda (en una parábola, un siervo se niega y el rey lo entrega a los carceleros para que lo torturen).

Por no hablar del famoso encuentro de Jesús y el joven rico. Jaume Roures, el propietario de Mediapro, lo cita siempre que algún periodista le reprocha que sea millonario y trosquista. “Eso no veo yo que se lo preguntéis a los empresarios católicos. Jesús también decía: el que quiera seguirme, que lo deje todo”.

“No le falta razón a Roures”, le digo a Zanotti.

“Juan Pablo II recordaba ese pasaje en una carta apostólica de 1985”, responde. “El joven pregunta: ‘¿Maestro, qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?’ Y Jesús le dice: ‘Vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres. Luego ven y sígueme’. Marcos cuenta que el joven se quedó muy triste, porque tenía muchas posesiones”.

Roures ya hemos visto que entiende el mandato de forma literal, y Juan Pablo II admitía que, en el contexto del Evangelio, “se refiere sin duda a la vocación sacerdotal”. Pero al mismo tiempo invitaba a interpretarlo en un sentido más amplio. “El sígueme de Cristo se puede escuchar a lo largo de distintos caminos”. No es imprescindible hacerse apóstol.

“Para Juan Pablo II todos somos el joven rico”, dice Zanotti. La obligación de compartir no es una consigna socioeconómica, sino algo mucho más amplio, que afecta a cuanto posee el cristiano, empezando por su propia existencia. “Todos tenemos una riqueza que entregar, los talentos que Dios nos ha confiado. En mi caso es la docencia, en el suyo el periodismo y en el de otro puede ser un proyecto empresarial”.

Muchos objetarán que no es lo mismo. El empresario sigue siendo un bulto sospechoso. En el imaginario popular aún pervive el cliché marxista de que su beneficio se origina al quedarse ilegítimamente con una parte de la riqueza (la plusvalía) que crea el trabajador.

La proletarización de las masas obreras no parece una vocación compatible con el espíritu evangélico, pero el propio Marx ya tuvo que introducir algunos retoques en su teoría, porque los asalariados vivían cada vez mejor. Atribuyó el fenómeno a difusas “contratendencias” que perturbaban “momentáneamente” sus predicciones, pero la evolución de los países industrializados ha acabado refutando sus explicaciones. La actividad económica no es un juego de suma cero, en el que uno gana (el capitalista) lo que otro pierde (el obrero). Como observaría años después Joseph Schumpeter, el “fenómeno fundamental” que impulsa la creación de valor no es el trabajo del obrero ni la codicia del patrono, sino la innovación. Por supuesto que a Thomas Alva Edison o a John Ford los movía el ánimo de lucro y no el amor del prójimo cuando idearon modos más eficientes de producir luz o coches. Sus hallazgos los enriquecieron en primer lugar a ellos. Pero cuando gracias al juego de la competencia otras compañías siguieron su ejemplo, debieron rebajar los precios para no perder ventas y subir los salarios para evitar que les arrebataran a los empleados más capaces. Al final del proceso, toda la sociedad estaba mejor: el patrono, los obreros y los consumidores.

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Cómo es el impacto de la nueva tasa de referencia del Banco Central

Francisco Arias me entrevistó para El Cronista junto a Aldo Abram y Diego Giacomini sobre este cambio de instrumentos de política monetaria que utilizará el Banco Central desde 2017.

Imagino puede ser de interés para nuestros lectores de Argentina.

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Calentamiento del planeta y cambio climático – Por Francisco Capella

Cortesía de La Ilustración Liberal.

1. Ciencia y política del clima

El ecologismo y la preocupación por el medio ambiente están de moda. Está muy extendida la opinión de que los seres humanos consumistas e irresponsables son un peligro para la naturaleza e incluso para sí mismos. Destaca más concretamente el dogma de fe, histérico y catastrofista, acerca de los presuntos cambios climáticos que puede producir un supuesto calentamiento global provocado por el incremento antropogénico del efecto invernadero. Según muchos políticos y fanáticos activistas a quienes parece no importar el rigor intelectual, se trata del mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Una estrategia demagógica típica es la propaganda alarmista de presuntas amenazas que fomentan el miedo de los ciudadanos, facilitan la aplicación de intervenciones estatales coactivas, y distraen de los auténticos problemas.

En contra de la actual creencia popular que casi nadie se atreve a criticar, la temperatura global no parece estar aumentando de forma apreciable como consecuencia de las emisiones de CO2 que resultan de la utilización de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural. No hay evidencia científica firme de que vaya a ocurrir un calentamiento significativo como resultado de la actividad humana, y de todos modos las consecuencias de un calentamiento moderado serían básicamente positivas. La base científica del calentamiento global es demasiado débil como para tomar medidas políticas coactivas drásticas, enormemente costosas y de dudosos beneficios.

El racionamiento energético (asignación política de recursos) y los impuestos sobre la energía (confiscación y redistribución de riqueza) causarían graves perjuicios económicos y empobrecimiento generalizado, especialmente a los pobres y a los países menos desarrollados: menos uso de energía, menos transporte, menos actividad industrial, menos calefacción, menos aire acondicionado.

Los ciudadanos reciben indicaciones de que la evidencia científica es definitiva, indiscutible, concluyente e indudable, cuando en realidad los expertos científicos muestran fuertes desacuerdos y escepticismos acerca de la evidencia, tanto teórica como observacional. El presunto consenso científico sobre el cambio climático es falso, y de todos modos el conocimiento científico no depende de votaciones democráticas u opiniones mayoritarias. Buena parte de la comunidad científica se opone a la actuación precipitada e ignorante de los burócratas internacionales para combatir un problema inexistente. Los mismos presuntos expertos, obsesionados con la toma de conciencia de la sociedad, hace años hablaban de los riesgos de un enfriamiento global inminente: disminución de la productividad agrícola, hambrunas, muerte, violencia, anarquía.

La ciencia es frecuentemente distorsionada para promover agendas políticas. Los informes gubernamentales sobre este tema son documentos políticos que presentan las opiniones de científicos del clima combinados con científicos no expertos en física atmosférica, economistas, expertos en política, burócratas, especialistas en relaciones públicas, y representantes de países con poco nivel científico. Informes del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas fueron manipulados de forma clandestina para distorsionar los testimonios de los asesores científicos, de modo que la versión oficial fuera conforme a los intereses de los políticos.

Muchas personas están a favor de actuaciones políticas sobre el presunto problema del cambio climático: algunas pueden estar sinceramente preocupadas pero mal informadas, y la mayoría simplemente acepta de forma acrítica lo que aparece en los medios de comunicación. Quienes realmente promueven las actuaciones políticas pertenecen a distintos grupos: los propios políticos que persiguen popularidad y votos; los burócratas oportunistas que con la creación de problemas buscan avances profesionales, dinero, privilegios, poder; los ecologistas cuyos ingresos dependen de asustar a la gente, y los ejecutivos y abogados de sus grupos de presión que consiguen grandes salarios; los socialistas que buscan un gobierno mundial centralizado de burócratas y ven en el control de la energía un paso adelante para eliminar las soberanías locales; los ideólogos fanáticos irracionales que consideran al ser humano como inherentemente malvado y destructivo y que pretenden equiparar los derechos humanos con los de animales y plantas.

Respecto al tema del medio ambiente muchos periodistas muestran su ignorancia científica, su poco rigor y su superficialidad: repiten clichés, se limitan a transmitir pasivamente los comunicados oficiales, y llegan a identificarse con los intereses de políticos y burócratas (no vayan a ofenderse) en contra de la libertad individual. Se recurre al dramatismo, a las exageraciones apocalípticas, al sensacionalismo efectista; no se comprueba lo que se cree cierto, y se niega lo que va en contra de las propias creencias aunque esté cuidadosamente demostrado; se ignora o descalifica a quien va en contra de las versiones comúnmente aceptadas.

Los institutos científicos oficiales, dependientes de los subsidios recibidos de sus respectivos gobiernos, son curiosamente los que apoyan las tesis que interesan a los políticos. Requiere valor para un científico oponerse a las versiones oficiales y arriesgar las becas o subsidios que pueda recibir. Los científicos que no dependen de ayudas estatales pueden ser más independientes.

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Central Banking and Crisis Management from the Perspective of Austrian Business Cycle Theory

Gunther Schnabl

University of Leipzig – Institute for Economic Policy

CESifo Working Paper Series No. 6179

Abstract:

The paper analyses the evolvement and effects of central bank crisis management since the mid 1980s based on a Hayek-Mises-Wicksell over-investment framework. It is shown that, given that the traditional transmission mechanism between monetary policy and consumer price inflation has collapsed, asymmetric monetary policy crisis management implies a convergence of interest rates towards zero and a gradual expansion of central bank balance sheets. From a Hayek-Mises-Wicksell perspective asymmetric central bank crisis management has contributed to financial market bubbles, decreasing marginal efficiency of investment, increasing income inequality and declining growth dynamics. The economic policy implication is a slow but decisive exit from ultra-expansionary monetary policies.

Number of Pages in PDF File: 42

Keywords: Hayek, Mises, Wicksell, monetary overinvestment theory, asymmetric monetary policy, financial crisis, Goodhart’s Law, marginal productivity of investment, secular stagnation

JEL Classification: E520, E580, F420, E630

 

Variaciones sobre la historia del pensamiento económico mediterráneo. Libro editado por Pedro Schwartz.

Pedro Schwartz editó hace algún tiempo un libro dedicado a la historia del pensamiento económico en el Mediterráneo. Este libro se encuentra ahora on line, por eso compartimos el link de acceso con nuestros lectores.

schwartz

Como se señala en su introducción:

Los trabajos presentados en este número de MEDITERRÁNEO ECONÓMICO pretenden iluminar distintos aspectos parciales de una tradición de pensamiento económico centrada en los países del sur de Europa, norte de Africa y Oriente Medio ligados entre sí por la cercanía al Mare Nostrum.

Especial interés tendrá el lector en el aporte de María Blanco.

Acceda al libro aquí.

 

COSTOS DE CAMBIAR Y COSTOS DE NO CAMBIAR, UN BALANCE – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Lo primero que hay que recalcar es que no hay acción humana sin costo, lo cual implica que para obtener un valor debe dejarse de lado otro considerado por el sujeto actuante como de menor valor respecto al que se apunta a incorporar. En el terreno de la economía esto se denomina “costos de oportunidad”. Si quiero jugar al tenis debo dejar de lado la lectura si es que eso es mi segunda prioridad y así sucesivamente.

ABL

Ahora bien, respecto a la transición de una política gubernamental a otra debe destacarse en primer término que nada hay original en esto puesto que la vida misma es una transición. Todos los días cuando a alguien en su trabajo se le ocurre una buena idea para mejorar la productividad de la empresa o la actividad en la que se desempeña, está de hecho provocando una transición, es decir, un cambio, desde la situación anterior a la nueva, lo cual significa reasignar recursos humanos y materiales. Como he dicho en otras oportunidades, cuando apareció el refrigerador el hombre de la barra de hielo se reubicó en otras faenas y cuando apareció la locomotora Diesel, se colocó en otras tareas el fogonero y así con todo cotidianamente en todos los planos de la actividad humana. Si se decidiera congelar las transiciones no habría tal cosa como progreso puesto que el progreso inexorablemente se traduce en cambio.

Cuando un gobierno pretende pasar de una política populista a una liberal, naturalmente debe adoptar medidas para reducir el gasto público a niveles que se compatibilicen con un sistema republicano. Asimismo, debe reducir la presión tributaria, abrogar regulaciones absurdas que restan inútilmente espacios de libertad, apuntar a la eliminación del endeudamiento gubernamental al efecto de desempeñarse con recursos presentes y no extrapolar la idea del sector privado recurriendo a la mal llamada “inversión pública”. Para todo ello se requiere la antes mencionada reasignación de recursos humanos y materiales, esto es, minimizar el uso coactivo del fruto del trabajo ajeno lo cual mejora la situación económica de los más débiles que siempre son los que más se perjudican ya que la disminución en las tasas de capitalización debido a la merma de inversiones afecta severamente salarios en términos reales.

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Metas fiscales sinceras para el nuevo ministro de Hacienda [Infobae]

La selección del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, parece acertada. En sus primeras palabras en la nueva función reconoció que el Gobierno está «administrando recursos de terceros, de la sociedad», palabras que son lógicas pero que escaseaban en las bocas de los pasados ministros del área. Durante décadas la irresponsabilidad fiscal ha sido la norma.

Los titulares de los diarios expresan los tres objetivos que se plantea el nuevo ministro: «Bajar el déficit, subir el gasto de infraestructura y disminuir impuestos distorsivos». No hace falta ser economista para notar la obvia inconsistencia entre ellos. Haría mucho bien que el Gobierno sustituyera la idea de gasto público en infraestructura por incentivos a la inversión privada, a través de concesiones a empresas multinacionales especializadas en distintas áreas, que de hecho ha sido la norma en el desarrollo de infraestructura de la región en los últimos 25 años.

Pero esta nota tiene otro objetivo, que es cuestionar las metas fiscales que se propone el Gobierno. En pocas palabras, el objetivo de Dujovne es similar al que tenía Alfonso Prat-Gay, en reducir el déficit fiscal primario de nación del 4,8% actual (a confirmarse en los próximos meses) hasta 3,3% para 2017 (aun cuando el presupuesto lo estima en 4,2%), del 1,8% para 2018 y del 0,3% para 2019.

El éxito del blanqueo y la esperada recuperación de la actividad económica ayudan a tener cierto optimismo de corto plazo respecto del cumplimiento de estas metas, pero bien podría ocurrir que las metas se alcanzaran y, sin embargo, el déficit fiscal consolidado, que es el que importa, se mantuviera en los preocupantes niveles actuales.

En primer lugar, el déficit consolidado debería tener en cuenta tanto el que alcanza la nación como el que alcanzan las provincias y los municipios. Afortunadamente, Dujovne ha tenido en cuenta este factor, al menos en el objetivo de comprender a las provincias en algún tipo de ley de responsabilidad fiscal. No puede dejar de mencionarse aquí la defensa que ensaya Domingo Cavallo cuando lo atacan por su gestión en materia fiscal durante el menemismo. Lo cierto es que alcanzó cierto equilibrio fiscal en nación, pero los déficits que acumularon las provincias llevaron al país a la ruina. Por más que el ex ministro lo niegue, era su responsabilidad acordar un equilibrio fiscal en los tres niveles y no sólo a nivel nacional.

En segundo lugar, el déficit consolidado debe considerar los intereses de la deuda. Es sabido que Argentina emprendió este año un programa de transición excesivamente gradual apoyado sobre el endeudamiento público. La medida se justifica quizás en cuestiones políticas y sociales, pero lo cierto es que Argentina cuenta con una deuda que gradualmente elevará los intereses por la deuda pública.

Si Argentina establece metas fiscales enfocadas sólo sobre el déficit primario, no contemplará el déficit que acumula por la vía de los intereses de la deuda. Bien puede ocurrir que las metas se alcancen, reduciendo, por ejemplo, el déficit primario de 4,8% al 3,3%, pero al mismo tiempo se eleve el déficit consolidado por la vía de los intereses de la deuda. La hipótesis resulta bastante probable considerando las necesidades de deuda que tiene el país para este ejercicio.

Argentina puede alcanzar la meta en 2019 de un 0,3% de déficit fiscal primario para nación, pero todo su alcance puede verse neteado si no se contiene el déficit de provincias, y si los intereses de la deuda aumentan en los próximos tres años.

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Nuestro país bien podría cerrar 2019 alcanzando las metas fiscales, pero con un déficit consolidado de 4,6 por ciento. Se podrían cumplir las metas fiscales, que las provincias mantuvieran el déficit actual y que los intereses se incrementaran un 0,2% cada año. No parece ser un escenario pesimista.

Fijar metas sobre el déficit fiscal consolidado tiene sus dificultades, pero al menos no se le estará mintiendo a la gente afirmando que el desequilibrio fiscal estará resuelto. Tal como están planteadas las metas fiscales, Argentina sólo cambiará la composición de las partidas, pero el déficit fiscal seguirá siendo parte de nuestra historia con sus obvias consecuencias lógicas: presión tributaria récord, altísima inflación, o explosión de la deuda y altos intereses para la inversión.

El artículo se publicó en Infobae, el 3 de enero de 2017.

¿Seriamente se dice que hubo gradualismo? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se entiende que el aplicar medidas graduales significa un goteo en la buena dirección, lo cual naturalmente produce resultados también graduales con el agravante de la presión que generan intereses del bando contrario. Pero lo que quiero subrayar en esta nota es que en cuanto al eje central de la política de la actual administración no hubo gradualismo sino una severa regresión puesto que se incrementó el déficit fiscal y el gasto público.

ABL

Según lo que sostenía en base a su experiencia el premio Nobel en economía Milton Friedman, lo que no se hace en los primeros meses de gestión gubernamental, no se hace nunca. Esperemos que en nuestro caso no resulte de esa manera y se tome el toro por las astas en los tiempos acordes con el momento puesto que hay que tener muy presente que son siempre los más débiles los que pagan los platos rotos vía la disminución en las tasas de capitalización consecuencia del derroche.

No es para nada conducente el intentar ingenuamente comprar a facinerosos con sumas colosales que aparecen enmascarados con palos y denominados piqueteros, a lo que graciosamente se les agregan obras sociales.

Ya hemos escrito antes que para no remontarnos más atrás, Perón recurrió a la inflación para financiar el astronómico aparato estatal, los militares echaron mano al endeudamiento público, Alfonsín a la inflación, Menem al endeudamiento, Kirchner a la inflación y ahora resulta que se propone otra vez el endeudamiento para no tomar medidas de fondo, lo cual agrava la situación. Esperemos que los arreglos con los acreedores que no entraron en el canje no haya sido para facilitar el referido endeudamiento (todos los candidatos proponían el arreglo después del fallo contundente del juez Griesa, de lo contrario nos quedábamos fuera del mundo).

Francamente no me quedan claras las razones del cambio ministerial, no me parece que los motivos sean de carácter económico sino más bien personales. Como queda dicho, es de esperar que de una vez por todas se comience a trabajar en los temas de fondo aun en un año electoral. El bien inspirado slogan de que juntos podemos ya se agotó. Argentinos a las cosas como decía Ortega y Gasset. Salvando las distancias y el contexto, el general MacArthur sostenía que si se está en el comando hay que comandar, de lo contrario es mejor irse a su casa.

Por supuesto que es un gran adelanto el estar rodeado en el actual gobierno por gente decente pero no es ni remotamente suficiente. Ya que se hace tanto alarde de los CEO, hay que arremangarse y gestionar. Hacer la plancha con los problemas de fondo es sumamente peligroso.

Las explicaciones son irrelevantes. Además de lo consignado, entre otras muchas cosas, debe encararse una reforma tributaria de fondo y no simplemente retocar alícuotas que siguen obligando a la gente a trabajar la mitad del año para el gobierno (súbditos al fin).

Contar con 4.500.000 de burócratas, 7.500.000 de jubilados en un sistema actuarialmente quebrado y 8.000.000 que vienen del erario público (es decir, del fruto del trabajo ajeno) se torna inviable. En definitiva, 20.000.000 que deben ser mantenidos coactivamente por 8.000.000, lo cual refleja un cuadro de situación delicado, no puede sostenerse el desequilibrio financiero en una familia, en una empresa ni en un país.

Publicado originalmente en El Cronista, el lunes 2 de enero de 2017.