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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

¿DONDE ESTÁ EL PRIMER MUNDO? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No hace tanto tiempo que podía ponerse como ejemplo lo que se denominaba “primer mundo”, el cual esencialmente se basaba en el respeto recíproco. Sus marcos institucionales respetuosos del derecho de cada cual, su economía floreciente sustentada en reglas claras y permanentes, su cultura arraigada en valores y principios compatibles con una sociedad abierta eran un mojón de referencia para los desordenados y patéticos sistemas tercermundistas que, como los definió Cantinflas, eran “un mundo de tercera”. Lo siguen siendo ahora solo que en lugar de tomar como referencia a las naciones civilizadas, resulta que éstas dejaron de ser civilizadas para convertirse en sociedades que han renunciado a sus conductas tradicionales para imitar en una medida creciente a las tribales.

ABL

Recuerdo del desagrado de muchos cuando hace años escribí que Estados Unidos se estaba “latinoamericanizando” en el peor sentido de la expresión. Pues bien, vean hoy el patoterismo del primer mandatario y su xenofobia que se monta sobre un gasto público gigantesco que anuncia que incrementará exponencialmente, el  tamaño del déficit fiscal que se inflará por las nuevas políticas, la deuda gubernamental astronómica que excede el cien por ciento del producto, el militarismo que el novel presidente pregona que intensificará, sus improperios contra la prensa y sus enfados contra la Justicia, su forma prepotente en el que piensa manejar el comercio internacional en el contexto de las trifulcas que provoca con otros países, al tiempo que promueve enfáticamente su buena relación con en régimen mafioso ruso.

En Europa aparecen partidos políticos que por el momento son electoralmente minoritarios pero preocupa en grado sumo su influencia en las ideas que prevalecen, cuyos exponentes de mayor significado son en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido (que ha influido en gran medida en la opinión nacionalista que condujo al Brexit), en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte y en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor. Por su parte, las burocracias y las consiguientes regulaciones de la Unión Europea van a contracorriente de lo inicialmente  ideado.

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Con mejor gestión, el salario docente podría aumentar 45% [IDESA]

El gobierno nacional anunció la decisión de dejar de interferir en la negociación de los salarios docentes. Esto es consistente con el hecho de que son las provincias las que gestionan las escuelas y pagan la mayor parte de la remuneración de los educadores. Junto con este avance es fundamental que las provincias se aboquen a modernizar sus estilos de gestión. Los recursos que se podrían ahorrar con una mejor administración permitirían aumentar significativamente el salario docente.

Luego de varios años en los cuales los salarios docentes se negociaban en dos instancias, una nacional y otra posterior a nivel provincial, en el 2017 se retornaría al mecanismo de paritarias en cada jurisdicción. Esto es consistente con lo establecido en la Constitución Nacional en su artículo 5° que estipula que cada provincia administrará la educación básica concerniente a su territorio. De esta manera, se corrige la incoherencia de que la Nación participe en la negociación salarial de docentes que no son sus empleados.

Las autoridades provinciales reconocen que la no injerencia del gobierno nacional es un avance. Pero reclaman mantener y fortalecer las transferencias de recursos en concepto de Fondo de Incentivo Docente y otros aportes nacionales. Estos aportes nacionales representan aproximadamente el 10% del total de la masa salarial docente.

¿Aumentar la asignación presupuestaria al sistema educativo es la única manera de mejorar la remuneración de los educadores? Para responder a esta pregunta resulta pertinente contrastar algunos indicadores nacionales con los de la experiencia internacional. Según datos del Ministerio de Educación nacional y de la OECD se observa para la educación primaria lo siguiente:

    En las escuelas estatales de Argentina se registra una media de 1 cargo docente por cada 15 alumnos.

En las escuelas privadas de Argentina hay 1 cargo docente por cada 22 alumnos.

En los países de la OECD (países avanzados) hay 1 cargo docente por cada 21 alumnos.

Estos datos muestran que en las escuelas de gestión privada la cantidad de docentes por alumnos es similar a la que prevalece en los países desarrollados. Pero en las escuelas de gestión pública la cantidad de docentes por alumnos es bastante mayor. La diferencia es tan grande que si las escuelas públicas funcionaran con la eficiencia de las privadas se podría generar un ahorro de recursos que permitiría aumentar la remuneración de los docentes hasta en un 45%.

Estas evidencias sugieren que el principal problema de la educación en Argentina no es la falta de recursos sino la falta de gestión. Los docentes que trabajan, que se comprometen con el aprendizaje de sus alumnos y que actúan con responsabilidad ganan poco. Esto no es consecuencia de que la sociedad no haga un suficiente esfuerzo financiero para sostener la educación estatal. Se debe a que una gran cantidad de personas que cobran como docentes en las escuelas estatales no ejercen como tal o lo hacen solo parcialmente aprovechado los vericuetos legales que ofrecen los Estatutos Docentes, los débiles controles y la ausencia de reconocimientos y castigos. Alto ausentismo y personas que cobran como docentes pero no ejercen esa función explican que en las escuelas estatales haya más cargos docentes que en las escuelas privadas y que en las escuelas de los países desarrollados, pero la calidad esté profundamente degradada.

Una mejor educación requiere una mejor remuneración de los docentes que efectivamente se comprometan con la formación de sus alumnos. Para ello no es imprescindible pedirle a la sociedad más dinero sino mejorar la gestión. Por eso es clave que el avance que implica volver a descentralizar la negociación paritaria sea acompañado con la modernización de los Estatutos Docentes, de los sistemas de información para la gestión del trabajo docente y de mayor rigurosidad para planificar y monitorear el aprendizaje de los alumnos. Sería estratégico también ampliar los temas de discusión paritaria. En lugar de limitarse a fijar un porcentaje de aumento homogéneo, buscar esquemas de mayor salario para los docentes que demuestren compromiso y buenos resultados.

En esta lógica, también es importante evaluar críticamente la necesidad de seguir sosteniendo un Ministerio de Educación nacional. Concentrar recursos y esfuerzos en fortalecer la gestión de las provincias es la vía más directa para mejorar la educación. No es casual que Canadá, país federal como la Argentina, tenga uno de los mejores sistemas educativos del mundo y no tenga un ministerio de educación nacional.

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Acceda aquí al informe completo de IDESA.

EXCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN: UNA RESPUESTA A ANDRES ASIAIN (DE PAGINA 12)

1ra nota: «Des-industrializar la Argentina«, por Adrián Ravier (El Cronista)

2da nota: «Exceso de industrialización«, por Andres Asiain (Página 12)

Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.

Estas fueron las palabras de Frédéric Bastiat en «Lo que se ve y lo que no se ve«, un documento clásico escrito en 1850.

En una nota del lunes 30 de enero, publicada en El Cronista bajo el título «Des-industrializar la Argentina«, sostengo –en línea con Bastiat- que Argentina debe abandonar la política proteccionista y permitir que sean las personas, y no los políticos, los que configuren la estructura económica de nuestro país.

Un detalle no menor de este planteo fue mostrar la estructura económica de 26 países, y concluir que Argentina está “demasiado industrializada” en relación con aquellos, notando que países de características similares a las nuestras como Australia (11,4 %), Canadá (16,5 %), Estados Unidos (13,3 %) y Nueva Zelanda (14,5 %) tienen una industria cuyo peso relativo en relación al PIB es menor que el de Argentina (21,3 %).

En pocas palabras, si Argentina se encuentra «excesivamente industrializada», la respuesta la vamos a encontrar en el proteccionismo, los subsidios y las enormes transferencias de capital que el gobierno le ha girado a la industria desde 1930 en adelante, período en el que se observa poca diferencia entre los sucesivos gobiernos justicialistas, radicales y militares.

El experimentado economista Andrés Asiain, conocido por sus polémicas columnas en Página 12, ha ofrecido en este diario una respuesta ideológica a esta nota. Digo “ideológica” porque si bien se apresura a mencionar como “dudosos” los datos presentados en la nota, no se ha tomado el trabajo de cotejarlos. Haría bien en buscar “sus” datos para analizar si contradicen el planteo original. En la “era digital” esto no lleva mucho tiempo.

Pero ese no es su único fallo. Acusa de “dogmatismo ultraliberal” al que piensa distinto y cree de forma infundada que el planteo tiene alguna relación con lo ocurrido en los años 1990. Sintéticamente, me identifico sí, con un modelo liberal, con un modelo ortodoxo donde se pregona el equilibrio fiscal, monetario y cambiario, lo que de aplicarse daría lugar a la estabilidad monetaria, sin deuda, ni intervenciones sobre el mercado cambiario. Es un modelo al que en general adherimos todos los economistas que no creemos en falacias socialistas, ni soluciones mágicas de política económica.

El menemismo, por el contrario, fue un modelo basado en continuos déficit fiscales, con fuerte endeudamiento, con un tipo de cambio fijo y sobrevaluado, y una economía cerrada al Mercosur. Identificar al menemismo con el liberalismo ha sido siempre una fantasía ideológica que numerosos documentos desmitifican, pero que en general se desconoce, o más bien se decide ignorar. (Ver aquí, aquí y aquí, como punto de partida)

Dice el autor en su último párrafo que no reflexiono sobre las consecuencias de la robotización, la globalización o la “tercera revolución industrial” sobre el empleo de los servicios. Primero, debería leer mi libro “la globalización como orden espontáneo” (Unión Editorial, en Madrid y Buenos Aires, 2012). Segundo, le pido un poco de imaginación, puesto que los puestos de trabajo que indefectiblemente se perderán en estos procesos, generarán oportunidades, desplazamientos hacia una nueva estructura económica, que bien haríamos –me parece- en dejar andar. No tenemos el conocimiento para adivinar lo que millones de personas harán en materia empresarial y laboral. Su «fatal arrogancia», recordando el último libro de Hayek en 1990, le hacen creer que él sí puede adelantarse a ese proceso, creyendo además que el gobierno puede planificar mejor que estas millones de personas, cuál debería ser la estructural económica argentina.

El mercado no es perfecto, pero con precios libres, coordina. Las ganancias y las pérdidas, los precios, las tasas de interés, los tipos de cambio -no intervenidos- permiten que los agentes, a través de un proceso de prueba y error, asignen los recursos con relativa eficiencia, y conduzcan a la economía al pleno empleo. Si habrá mayor o menor industrialización de la que tenemos hoy en la Argentina es una respuesta que debe resolver el mercado, con la interacción de millones de personas. Creer que ciertos iluminados pueden planificar mejor que estas millones de personas planificando de forma descentralizada, no me cabe duda, ha sido el mayor error del siglo XX.

Gastos tributarios. ¿Qué son, cómo se miden y cuánto son? Por Oscar Cetrángolo y Javier Curcio

Este informe, elaborado por Oscar Cetrángolo y Javier Curcio para el CECE, se propone introducir los conceptos básicos que permiten comprender lo que se entiende por gasto tributario y detallando, de manera especial, sus límites. Adicionalmente, se pondrá el acento sobre los problemas existentes para su medición, enfatizando las diferencias entre lo realizado por cada país, en especial de América Latina. Ello permitirá presentar mediciones para diferentes casos, explicando la imposibilidad de comparar los resultados de los países. Por último se presentarán las mediciones y la situación de Argentina al respecto.

Acceda aquí al informe.

Teoría de precios, inflación, Ahora 12 y pagos con tarjeta

La teoría de los precios se encuentra en el corazón del razonamiento de los economistas. Es una teoría fundamental porque se aplica a distintos mercados para comprender la lógica de su funcionamiento, desde  el mercado de bienes y servicios hasta el mercado laboral, desde el mercado de dinero hasta el mercado de créditos, y desde el mercado cambiario hasta mercados menos usuales como los órganos, la discriminación, la familia o las drogas (ver al respecto los aportes de Gary Becker). El desconocimiento de esta teoría microeconómica por parte de gran parte de la población, lleva a que muchas veces se razone de forma inadecuada en cuestiones esenciales de la economía de cualquier país.

Veamos si podemos presentar la teoría sintéticamente. Tomemos como ejemplo el mercado de la carne y supongamos para facilitar el análisis que sólo hay un tipo de carne en el mercado, es decir que es un bien homogéneo. Supongamos que en Argentina la gente paga por un kilo de carne algo cercano a $ 50. Si alguna carnicería quisiera cobrar por un kilo de carne $ 1000, difícilmente pueda colocar algo de sus existencias. Los $ 1000 no son un precio de mercado, sino el precio esperado por este vendedor. Cuando el vendedor vea que nadie compra el producto que ofrece, seguramente comprenderá que está sobrevaluado, y tenderá a reducir el precio. Supongamos que lo baja a $ 100. Si bien es el doble de lo que en promedio se paga por este producto, ahora el precio está más cerca del precio de equilibrio. Quizás el vendedor empieza a colocar en el mercado parte de su oferta, pero esto obedece a la existencia de personas “distraídas” que no se toman el trabajo de informarse respecto de lo que es usual pagar en el mercado por este producto, o bien porque el costo de oportunidad del tiempo de informarse es mayor que la diferencia que terminan pagando por este producto.

Lo cierto es que esta persona podrá vender algún kilo de carne a $ 100, pero difícilmente logre colocar muchas existencias. El proceso competitivo lleva generalmente a las carnicerías a fijar sus precios en un valor cercano a la media que opera en ese mercado. Finalmente, el dueño de la carnicería quizás tome la decisión de bajar el precio a algo cercano a $ 50 para ser competitivo en este mercado, y no ser vencido por la competencia.

La teoría de los precios también enseña, que si esta carnicería bajara el precio demasiado, digamos a $ 30 el kilo, rápidamente los consumidores se llevarían todas las existencias, y entonces comprendería rápidamente que ahora está subvaluando el precio.

Quitando ahora el supuesto inicial en la homogenidad de la calidad de la carne, lo cierto es que en el mundo real las diferencias en el precio de la carne pueden deberse a muchos factores, desde la localización de la carnicería hasta la calidad del producto.

En una economía con alta inflación, en Argentina del 20 al 45 % en los últimos años, la dispersión de precios suele ser un problema. Y lo es porque recurrentemente las carnicerías tienen que remarcar los precios para adecuarse a la evolución de los costos.

El problema es aun mayor si no hay buena información respecto del nivel de inflación mensual existente. Algunas carnicerías ajustan los precios semanalmente, otras quincenalmente, otras mensualmente y otras hasta bimestralmente.

Decimos que “ajustan” los precios, y no que los incrementan, porque lo cierto es que tratan –en general- de acompañar la inflación existente.

Esto nos lleva a la distinción que hacen los economistas entre variables nominales y reales. Para seguir con el mismo ejemplo, si la inflación de 2016 respecto de 2015 fue del 40 %, y una empresa facturó un 40 % más en el mismo periodo, entonces se dice que ha facturado lo mismo en términos reales que el año anterior. Si ha facturado 20 % más, quiere decir que ha facturado menos. Y si ha facturado un 50 % más, entonces su negocio está mejorando.

Nótese los errores empresariales que provoca muchas veces la inflación, cuando sus gestores no descuentan adecuadamente la inflación. Negocios que ven que han facturado un 30 % más que el año anterior, sienten que su negocio se agranda, y hasta se animan a tomar más personal, cuando en realidad, su negocio se está achicando, porque la facturación real de 2016 sería menor que la que tuvieron en 2015.

Lo cierto es que los ajustes se dan en distintas magnitudes, y además en distintos momentos, lo que conduce a una enorme dispersión de precios que hace difícil al consumidor saber dónde comprar. La gente conduce su enojo contra los comerciantes, pero no toman consciencia de que el problema es anterior, por la propia existencia de la inflación. (Para entender la causa madre de la inflación sugiero vean este video).

A todo esto hay que agregar el tema de los pagos con tarjeta de crédito. El gobierno anterior ofreció el programa “Ahora 12” con la posibilidad de que los consumidores compren sus productos financiados en 12 cuotas y con cero interés.

A todos los economistas este programa nos llamó la atención, no sólo porque el financiamiento tiene un costo, sino además porque existe un alto nivel de inflación. Lo cierto es que muchos negocios aceptaron vender sus productos en estas condiciones, para lo cual tuvieron que cargarle al precio de contado el costo del financiamiento, y considerando también el nivel de inflación. Lo cierto es que -en muchos casos- los precios de contado desaparecieron.

Otra rareza que tuvo la Argentina en estos últimos años es que en muchos casos los productos eran más baratos con pagos financiados, que comprando en efectivo.

La lógica que personalmente le encontré a este proceder en Argentina es que los mismos bancos compiten por atraer clientes, y en muchos casos lo logran acordando descuentos con empresas. Es común en Argentina que un producto tenga un precio de contado superior al financiado, porque el banco acordó con la empresa el reintegro de parte de la compra si se paga con cierta tarjeta de crédito. Las bajas son del 15, 20, 30 y hasta el 50 % respecto del precio de contado, con el objetivo claro de atraer clientes que abran sus cuentas, y cobren sus salarios en ciertos bancos. Cuanto más agresivas se pusieron estas políticas, más baratos los pagos para los clientes.

En Argentina mucha gente que siempre evitó pagar financiado, comprendió la ventaja de operar con tarjetas de crédito a un pago, simplemente para aprovechar todos estos descuentos.

Nótese entonces que en Argentina se dio un mix de cuestiones o rarezas que están ausentes en todos los países vecinos. Desde un nivel elevado de inflación que conduce a precios dispares hasta un programa estatal para pagar financiado (Ahora 12) y también enormes descuentos con pagos con tarjeta de crédito que surgen por la competencia bancaria.

El sistema actual es sumamente ineficiente, porque hace que el consumidor deba destinar mucho tiempo a informarse respecto de todo esto si desea pagar los productos que compra a precios con descuento.

El gobierno de Macri inicia una solución del problema en la medida que ataca el problema madre que es el alto nivel de inflación. Para ello el Banco Central ha adoptado una política monetaria más restringida, que seguramente reducirá la inflación desde el 41 % a algo cercano al 20 % en 2017. Todavía queda margen para seguir avanzando, pero las metas inflacionarias nos hacen pensar que en 2019 Argentina tendrá normalizado este problema. La dispersión de precios continuará, pero debería tender a reducirse a medida que baje la inflación.

Por otro lado, se ha impulsado una medida para obligar a los comercios a que expongan los precios de contado y financiados a los ojos de los consumidores. La medida es polémica, porque lleva a blanquear que en todo este tiempo los precios de contado habían desaparecido. Algunos comercios optaron por bajar un 1 ó 2 % los precios, como para desanimar a los consumidores a pagar ese precio, y más bien continuar pagando los precios financiados. Y es que esas diferencias de precio no justifican pagar al contado, y menos aun mientras persista un alto nivel de inflación.

MÁS SOBRE TRUMP: EL SENTIDO DEL COMERCIO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No es la primera vez que se constata que un empresario exitoso no  tiene la menor idea de los fundamentos y el significado del comercio. En todo caso revela que tiene gran intuición para sacar partida de un arbitraje, es decir, comprar barato y vender caro. Es muy común que un banquero desconozca por completo el significado del dinero y de los efectos de la reserva fraccional, el “free banking” o la reserva total y mucho menos el origen conceptual de la moneda en el contexto del teorema de la regresión monetaria. Tampoco es necesario que un director de marketing sepa en que consiste el proceso de mercado y todas sus implicaciones y así sucesivamente. Un empresario puede, además, tener esos conocimientos pero no es lo habitual. Más aun, es muy común que si se le da la posibilidad al empresario de obtener prebendas y acercarse al calor oficial a través de privilegios que implican eliminar la competencia y así perjudicar al consumidor, lo aceptará de mil amores.

ABL

Ahora estamos frente a un magnate que asumió la presidencia de Estados Unidos que se deja llevar por  impulsos primitivos que van contra el libre comercio con lo que revela un desconocimiento palmario de los principios clave de las transacciones voluntarias de mercado en los cuales las dos partes siempre ganan. Resulta que patrocina el  llamado “proteccionismo” decimonónico elaborado teóricamente por Friedrich List en Alemania. Su principal caballito de batalla es la denominada “industria incipiente” como razón para imponer aranceles a la importación. Esto ha sido adoptado por todos los populistas-nacionalistas de todos los rincones del globo. Consiste en la peregrina idea de que una industria naciente necesita ser protegida debido a la mayor experiencia de sus competidores en el exterior “hasta que la industria incipiente se ponga en marcha”.

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PREMIO JUAN DE MARIANA 2017

Este año 2017 en España se cumplirá la tradicional entrega del Premio Juan de Mariana “por una trayectoria ejemplar a la causa de la libertad” que recibirá Alberto Benegas Lynch (h) quien en esa ocasión disertará sobre “La agenda liberal en el contexto evolutivo”. En años anteriores recibieron el Premio Anthony de Jasay, Mario Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, Jesús Huerta de Soto, Manuel Ayau, Robert Higgs, Carlos Rodríguez Braun, Pedro Schwartz y otras personalidades de la cultura.

Benegas Lynch completó dos doctorados, es miembro de Academias Nacionales de Argentina y del exterior, ha publicado numerosos libros, ensayos y artículos, ha enseñado y recibido grados honoríficos de universidades de su país y del extranjero, participa de consejos académicos de entidades internacionales y ha pronunciado conferencias y dictado seminarios en Estados Unidos,  Inglaterra, España, Francia, Chile, Ecuador, Perú, Venezuela, Uruguay, Brasil, México, Guatemala, El Salvador, Honduras. Japón, Australia, Corea del Sur y Taiwán. Sus libros han sido prologados por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y James M. Buchanan, por el ex-Secretario del Tesoro de Estados Unidos, William E. Simon y por quien fuera miembro de la Academia Francesa, Jean-François Revel.

El Premio se entrega durante la Cena de la Libertad y se celebra en el Casino de Madrid  que este año tendrá lugar el 19 de mayo. Otorga el galardón anual el distinguido Instituto Juan de Mariana. El banquete de referencia congrega a liberales de España y Latinoamérica y es el gran punto final a toda una semana dedicada al liberalismo y conocida como La Semana de la Libertad.

¿Es EEUU un imperialista benevolente?

Rolando Astarita publicó un post en su blog donde expuso el siguiente gráfico que sintetiza el gasto militar en relación al PBI de Estados Unidos en el período 1949-2015. Desde luego su análisis puede ser de interés del lector, aunque en mi caso, el gráfico me disparó otra pregunta, sobre la que ya he trabajado hace algún tiempo.

¿Es Estados Unidos un «imperialista benevolente»?

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En una reseña crítica que escribí sobre el libro de Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América Latina, dediqué una tercera parte sobre esta cuestión que quizás puede disparar algunas reflexiones en los lectores y generar un diálogo constructivo. Aquí abajo copio el acceso el artículo completo. Abajo copio los extractos relevantes, que están en la tercera parte.

Caminos Abiertos para América Latina, Caminos de la Libertad No. 8, México, 2014.

3. El análisis político, las instituciones y el principio de no intervención

[…] El segundo punto tiene que ver con la guerra, las fuerzas armadas y, en términos más generales, la política exterior. Al respecto, George Washington decía en 1796, en ejercicio de la Presidencia de la nación, que “[e]stablecimientos militares desmesurados constituyen malos auspicios para la libertad bajo cualquier forma de gobierno y deben ser considerados como particularmente hostiles a la libertad republicana”. En el mismo sentido, Madison anticipó que “[e]l ejército con un Ejecutivo sobredimensionado no será por mucho un compañero seguro para la libertad” (citados por Benegas Lynch, 2008, pág. 39).
Durante mucho tiempo el gobierno de Estados Unidos fue reticente a involucrarse en las guerras a las que fue invitado. Robert Lefevre (1954/1972, pág. 17) escribe que entre 1804 y 1815 los franceses y los ingleses insistieron infructuosamente para que Estados Unidos se involucrara en las Guerras Napoleónicas; lo mismo ocurrió en 1821, cuando los griegos invitaron al gobierno estadounidense a que envíe fuerzas en las guerras de independencia; en 1828 Estados Unidos se mantuvo fuera de las guerras turcas; lo mismo sucedió a raíz de las trifulcas austríacas de 1848, la Guerra de Crimea en 1866, las escaramuzas de Prusia en 1870, la Guerra Chino-Japonesa de 1894, la Guerra de los Bóeres en 1899, la invasión de Manchuria por parte de los rusos y el conflicto ruso-japonés de 1903, en todos los casos, a pesar de pedidos expresos para tomar cartas en las contiendas.

[…]

3.2. El comienzo de la declinación

El abandono del legado de los padres fundadores comienza a darse con el inicio de la Primera Guerra Mundial. No solo comienza un abandono de la política exterior de no intervención, sino que también se observa un estado creciente, más intervencionista y un paulatino abandono del patrón oro y del federalismo. El poder ejecutivo comenzó a ejercer poco a poco una creciente autonomía, y a pesar de las provisiones constitucionales en contrario opera con una clara preeminencia sobre el resto de los poderes, avasallando las facultades de los estados miembros.
Lefevre escribe que desde la Primera Guerra Mundial en adelante “la propaganda ha conducido a aceptar que nuestra misión histórica [la estadounidense] en la vida no consiste en retener nuestra integridad y nuestra independencia y, en su lugar, intervenir en todos los conflictos potenciales, de modo que con nuestros dólares y nuestros hijos podemos alinear al mundo (…) La libertad individual sobre la que este país fue fundado y que constituye la parte medular del corazón de cada americano [estadounidense] está en completa oposición con cualquier concepción de un imperio mundial, conquista mundial o incluso intervención mundial (…) En América [del Norte] el individuo es el fundamento y el gobierno un mero instrumento para preservar la libertad individual y las guerras son algo abominable. (…) ¿Nuestras relaciones con otras naciones serían mejores o peores si repentinamente decidiéramos ocuparnos de lo que nos concierne?” (Lefevre, 1954/1972, págs. 18-19).
A partir de las dos guerras mundiales y la gran depresión de los años treinta se nota un quiebre en la política internacional americana respecto de su política exterior. De ser el máximo opositor a la política imperialista, pasó a crear el imperio más grande del siglo XX. Pero no se trató solo de la política exterior. Robert Higgs (1989) desarrolló su teoría del efecto trinquete (o “ratchet effect”) para mostrar que cada vez que el gobierno crece a través de una guerra o crisis, la disminución de los gastos después de la guerra no es suficiente para hacer que el nivel de gasto básico retorne al nivel previo (Ravier y Bolaños, 2013, pág. 66). Esto significa que introducirse en conflictos bélicos no solo llevó a Estados Unidos a abandonar el principio de no intervención, sino que también lo llevó a abandonar el gobierno limitado, y su significativa carga tributaria sobre la economía de mercado.
De ahí que Galeano (1971, pág. 309) guarde plena razón cuando critica la política proteccionista norteamericana: “Del mismo modo que desalientan fuera de fronteras la actividad del estado, mientras dentro de fronteras el estado norteamericano protege a los monopolios mediante un vasto sistema de subsidios y precios privilegiados, los Estados Unidos practican también un agresivo proteccionismo con tarifas altas y restricciones rigurosas, en su comercio exterior.”
Y es que se trata de un paquete. Si Estados Unidos abandona el principio de no intervención y decide participar activamente en los conflictos bélicos, entonces no puede depender de la importación de alimentos para abastecer el consumo local. No hay un argumento económico para los subsidios, sino un argumento político, fundado esencialmente en la política imperialista.
A partir de allí ya no hubo retorno. Alberto Benegas Lynch (h) (2008) es muy gráfico al enumerar las intromisiones militares en el siglo XX en que Estados Unidos se vio envuelto, las que incluye a Nicaragua, Honduras, Guatemala, Colombia, Panamá, República Dominicana, Haití, Irán, Corea, Vietnam, Somalia Bosnia, Serbia-Kosovo, Iraq y Afganistán. Esto generó en todos los casos los efectos exactamente opuestos a los declamados, pero, como queda dicho, durante la administración del segundo Bush, la idea imperial parece haberse exacerbado en grados nunca vistos en ese país, aún tomando en cuenta el establecimiento anterior de bases militares en distintos puntos del planeta, ayuda militar como en los casos de Grecia y Turquía o intromisiones encubiertas a través de la CIA.
Poco a poco Estados Unidos fue copiando el modelo español. Copió su proteccionismo, luego su política imperialista, y ahora hacia comienzos del siglo XXI su estado de bienestar, el que ya deja al gobierno norteamericano con un estado gigantesco, déficits públicos récord y una deuda que supera el 100% del PIB (Ravier y Lewin, 2012).
El estudio de William Graham Sumner (1899/1951, págs. 139-173) nos es de suma utilidad al comparar el imperialismo español con el actual norteamericano, aun cuando sorpresivamente su escrito tiene ya varias décadas: “España fue el primero (…) de los imperialismos modernos. Los Estados Unidos, por su origen histórico, y por sus principios constituye el representante mayor de la rebelión y la reacción contra ese tipo de estado. Intento mostrar que, por la línea de acción que ahora se nos propone, que denominamos de expansión y de imperialismo, estamos tirando
por la borda algunos de los elementos más importantes del símbolo de América [del Norte] y estamos adoptando algunos de los elementos más importantes de los símbolos de España. Hemos derrotado a España en el conflicto militar, pero estamos rindiéndonos al conquistado en el terreno de las ideas y políticas. El expansionismo y el imperialismo no son más que la vieja filosofía nacional que ha conducido a España donde ahora se encuentra. Esas filosofías se dirigen a la vanidad nacional y a la codicia nacional. Resultan seductoras, especialmente a primera vista y al juicio más superficial y, por ende, no puede negarse que son muy fuertes en cuanto al efecto popular. Son ilusiones y nos conducirán a la ruina, a menos que tengamos la cabeza fría como para resistirlas.”
Y más adelante agrega (1899/1951, págs. 140-151): “Si creemos en la libertad como un principio americano [estadounidense] ¿por qué no lo adoptamos? ¿Por qué lo vamos a abandonar para aceptar la política española de dominación y regulación?”

Des-industrializar la Argentina [El Cronista]

Desde 1930 Argentina abandonó el modelo agro-exportador y se propuso industrializar su economía. Dicen algunos historiadores que tal camino no fue elegido por los sucesivos gobiernos, sino que le fue impuesto desde afuera, una vez que Inglaterra dejó de jugar el rol de importador de nuestros insumos. Está hipótesis, sin embargo, es sumamente discutible. El mundo cambió, es cierto, pero Argentina pudo mantenerse abierta al mundo como lo hicieron Estados Unidos, Canadá, Australia o Nueva Zelanda, economías de características semejantes a la nuestra y que hoy muestran un desarrollo envidiable.

Sustituir importaciones y vivir de lo nuestro ha tenido su costo y sus batallas incluso hasta nuestros días. El péndulo de la política económica ha hecho, por ejemplo, que el gobierno anterior castigue fuertemente al sector agroexportador con retenciones y que el gobierno actual suspenda esas políticas para alentar el desarrollo de las economías regionales. El debate continúa.

Esta nota tiene como objetivo llamar la atención precisamente sobre el exceso de industrialización que tiene la Argentina, una vez que notamos que la estructura económica de nuestro país tiene una proporción de manufacturas en relación con el PIB bastante más elevadas que los países más desarrollados.

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El gasto de las Universidades Públicas Nacionales – Por Oscar Cetrángolo y Javier Curcio

El presente informe, elaborado por Oscar Cetrángolo y Javier Curcio para el CECE, tiene por objeto presentar la información disponible sobre la situación actual en materia de gasto universitario, introducir una tipología de universidades que permita analizar los diferenciales de erogaciones por grupos de instituciones y, finalmente, brindar una primera aproximación a la situación del gasto durante el año 2016 y el presupuesto aprobado para 2017.

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