El contexto internacional será menos favorable para Argentina en 2016

La Arena 1La posible suba en la tasa de interés de corto plazo de Estados Unidos, la desaceleración del crecimiento chino y la devaluación de Brasil implicarán un cambio de ciclo para la economía argentina.
 
Las distintas economías latinoamericanas son dependientes del precio de los commodities que representan sus principales productos exportables. Es el caso del crudo en Venezuela y Ecuador, el gas en Bolivia, el cobre en Chile y distintos alimentos e insumos en Argentina, Brasil, Perú y Colombia. Los precios de estos y otros commodities han alcanzado niveles récord en la última década, lo que condujo a estas economías a un afortunado ciclo de crecimiento económico.

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La liberalización económica en la India está destruyendo el anacrónico sistema de castas

En el muy interesante sitio Libertarianism, del Cato Institute, Jason Kuznicki comenta un trabajo de Swaminathan S. Anklesaria Aiyar que describe cómo el proceso de liberalización económica en India está destruyendo el injusto sistema de castas.

“Por décadas luego de su independencia India tuvo un sistema económico socialista, en el cual las empresas eran minuciosamente reguladas, la industria pesada fue nacionalizada, se fijaban cuotas oficiales de producción y había altas barreras para el ingreso al mercado. Este estado de cosas funcionaba junto con ciertos rasgos sociales tradicionales, incluyendo una rígida estratificación social bajo el sistema de castas. No es de extrañar que los individuos de las castas altas capturaran los favores especiales que ofrecía el socialismo. Esas castas dominaban la industria india, no por mérito, sino por influencia política.

castas

Estos dos sistemas, el de castas y el socialismo, supuestamente eran enemigos. Los socialistas indios clamaban por eliminar las desigualdades del sistema de castas. Sin embargo, favorecían métodos que no funcionaban. Cuotas políticas y prohibiciones oficiales sobre la discriminación de castas solo crearon una pequeña capa de ‘dalits’ políticamente conectados. Sin embargo, la pobreza extrema, la falta de movilidad, y una discriminación social severa era lo que esperaba al resto.

Estudios en este campo pueden permitir aprender un par de cosas a los libertarios. Una lección clave es simple: rara vez una elite subalterna designada genera una mejora genuina para la gran mayoría de los oprimidos. Más a menudo perpetúan la opresión, poniéndoles una cara agradable. Esas elites designadas pueden canalizar y muchas veces disipar el descontento legítimo de los subalternos. Simplemente: ¿cómo pueden estar las cosas tan mal si tenemos ‘dalits’ en el parlamento?

Así es como el socialismo se acomodó muy bien a la estratificación social en la India. En su base, ambos están muy cerca: una sociedad socialista no puede dejar de ser estratificada, porque asigna a unos pocos, bien conectados, la dirección de la actividad económica del país. Los que están bien conectados pueden poner las normas para ingresar al club. Y para ello, la estratificación tradicional es muy útil. Conoce al nuevo jefe, el mismo que era jefe antes. …

Una de las grandes cosas del orden de mercado es que deja de lado toda esta fachada. El capitalismo no designa a nadie en la junta directiva para eliminar el elitismo. No reserva lugares especiales en el Parlamento. El orden de mercado llega sin que lo quieran y no se confía en él. Su primer punto de entrada, en general, es el mercado negro.

Y sin embargo el capitalismo construye casas de ladrillos. Y hace televisores. La comida abunda y es barata. Produce ventiladores eléctricos, bicicletas y motos. Y desde que los líderes indios comenzar a liberar la economía en los 1980s, los dalits –el estrato más bajo del sistema de castas- han visto incrementos sustanciales en todos estos bienes de consumo.

El proceso de mercado también genera emprendedores –gente de todo tipo que tiene alguna idea de lo que los consumidores pueden necesitar, y tienen la disciplina para actuar sobre esa visión. Y los emprendedores no proceden solo de la élite. Están dispersos en toda la sociedad. No son resultado de una cuota gubernamental, y una licencia para un negocio no hace a un emprendedor. Mientras la economía india era dominada por contactos y familias de las castas altas, ahora lo que más importa es el precio, no la casta, del proveedor. Han comenzado a proliferar los millonarios ‘dalit’.

A diferencia del socialismo, el resto también comienza a mejorar. En una encuesta entre dalits, ‘el 61% en el este y el 38% en el oeste dijo que su situación en relación a alimentos y vestimenta era ‘mucho mejor’. Solo 2% dijo que estaba estancado o peor. Y el viejo sistema opresivo se está derrumbando: tradicionalmente los dalits se sentaban aparte en los eventos sociales, como casamientos, para no ‘contaminar’ a los invitados de castas altas. Esa práctica se ha reducido de 77,3% a 8,9% en Utah Pradesh este, y de 73,1% a 17,9% en el oeste.

Es una práctica entre muchas, pero indicativa de una tendencia –una tendencia familiar a países que se han liberalizado. En Occidente, mujeres, judíos, otras minorías religiosas, gays y lesbianas y otros fueron tradicionalmente marginalizados y todos han de agradecer al mercado por ello. Los mercados brinda independencia económica, y esto significa que no tienes que aceptar el absurdo tradicional si no quieres. Si nos tratan mal, saldremos adelante sin ustedes.”

Las elecciones políticas determinan ganadores y perdedores: no ocurre lo mismo en el mercado

Con los alumnos de la materia Public Choice para el Master en Política Económica de SMC University, analizamos las similitudes y las diferencias entre las decisiones que tomamos en el mercado y en la política. Si bien, los autores fundacionales de esta escuela enfatizaron la existencia de “intercambios” tanto en un caso como en el otro, también comprendieron sus diferencias. Éstas las señala aquí Bruno Leoni, en un artículo titulado “El Proceso Electoral y el Proceso de Mercado”, (Libertas 27, Octubre 1997) publicado originalmente en Il Político, vol. XXV, N° 4 (1960). Reproducido como apéndice en Freedorn and The Law, Liberty Fund Inc., Indianapolis 1991:

“Si bien pueden existir muchas similitudes entre los votantes y los operadores de mercado, las acciones de ambos distan mucho de ser semejantes. Los votantes no parecen tener normas de procedimiento que les permitan actuar con la flexibilidad, independencia, coherencia y eficiencia que demuestran los operadores del mercado, que hacen elecciones individuales. Por cierto, en ambos casos las acciones que se llevan a cabo son individuales, pero se impone la conclusión de que el voto es un tipo de acción individual que, casi de modo inevitable, sufre cierto grado de distorsión al ser ejercida.

Elecciones

La legislación, considerada como resultado de la decisión colectiva de un grupo -sea la de todos los ciudadanos, como en las democracias directas de la antigüedad, o la de algunas pequeñas unidades democráticas en la edad media o en los tiempos modernos-, parece ser un proceso de creación de leyes que casi no puede ser identificado con el proceso de mercado. Únicamente los votantes que pertenecen a las mayorías triunfadoras (si, por ejemplo, se vota por la regla de la mayoría) son comparables a los operadores del mercado.

En cuanto a aquellos que integran las minorías perdedoras, ni siquiera pueden compararse con los que operan en el mercado en pequeña escala, porque debido a la divisibilidad de los bienes (que constituye el caso más frecuente) éstos al menos pueden encontrar algo que elegir y obtenerlo, siempre que paguen el precio correspondiente. La legislación es el resultado de una decisión de todo o nada. O se gana, y entonces se consigue exactamente lo que se desea, o se pierde y no se consigue nada en absoluto. Lo que es aun peor, se obtiene algo que no se quiere y se paga por ello lo mismo que si se lo hubiera deseado. En este sentido, los que ganan y los que pierden en una votación son como los vencedores y los vencidos en un campo de batalla. En efecto, la votación es más bien el símbolo de un combate que la reproducción de una operación de mercado.

Bien mirado, no hay nada de “racional” en el acto de votar que pueda compararse con la racionalidad imperante en el mercado. Obviamente, la votación puede estar precedida por argumentaciones y negociaciones, y en este sentido sería tan racional como una operación en el mercado; pero cuando llega el momento de emitir el voto, ya no se puede argumentar o negociar más. El individuo se encuentra en otro plano. Las boletas se acumulan como si se acumularan piedras o conchillas, lo que implica que uno no gana porque tenga más razón que otros, sino sólo porque cuenta con más boletas. En esta operación no se tienen socios ni interlocutores, sólo aliados o enemigos. Por supuesto que la acción de un individuo puede ser considerada tan racional como las de sus aliados y las de sus enemigos, pero el resultado final no es algo que pueda explicarse sencillamente como un escrutinio o una combinación de sus razones y las de aquellos que votaron en su contra. Este aspecto de la votación se refleja naturalmente en el lenguaje que emplean los políticos: éstos hablan de muy buena gana de campañas que se deben emprender, de batallas que es preciso ganar, de enemigos contra los cuales hay que luchar.

Ése no es el lenguaje del mercado, y la razón es obvia: en el mercado la oferta y la demanda no sólo son compatibles sino complementarias; en la arena política, a la que pertenece la legislación, la elección de los ganadores por un lado y la de los perdedores por otro no son complementarias, ni siquiera compatibles. Es sorprendente comprobar cómo los teóricos y el ciudadano común pasan por alto esta consideración tan simple -más bien diría tan evidente- sobre la naturaleza de las decisiones grupales (y en particular sobre la votación, que es el procedimiento usual para tomarlas).

Alberdi comenta el papel del Cristianismo en la historia. Tal vez el Papa Francisco debería leerlo

Con el título “LA OMNIPOTENCIA DEL ESTADO ES LA NEGACIÓN DE LA LIBERTAD INDIVIDUAL*, presentó una conferencia el Dr. Juan Bautista Alberdi, el 24 de Mayo de 1880, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en oportunidad de la Colación de Grados realizada para otorgarle el Título de Miembro Honorario. En el siguiente texto, comentan a Alberdi el Alm. Carlos A. Sánchez Sañudo y el Dr. Edgardo Manara en el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de Agosto de 2003:

Alberdi 2

LA GRAN REVOLUCION DEL CRISTIANISMO

“Pero la gran Revolución que trajo el Cristianismo en la noción del hombre, de Dios, de la familia, de la sociedad toda entera cambió radical y diametralmente las bases del sistema greco-romano”.

“El Cristianismo no era la religión de una familia, de una ciudad ni de ninguna raza. No pertenecía ni a una casta ni a una corporación. Desde su comienzo llamaba a la humanidad toda entera. Jesucristo decía a sus discípulos: Id a instruir a todos los pueblos. Para este Dios que era único y universal no había extranjeros; no fue un deber para el ciudadano detestar al extranjero. El Cristianismo es la primera religión que no haya pretendido que el derecho dependiese de ella. Haciendo de cada hombre el hermano de otro hombre a quien debe respeto y amor de hermano, el Cristianismo ha creado la igualdad, es decir, la libertad de todos por igual”, agrega Alberdi.

“Sin embargo, el renacimiento de la civilización antigua entre las ruinas del Imperio Romano y la formación de los estados modernos, conservaron o revivieron los cimientos de la civilización pasada y muerta, no ya en el interés de los estados mismos, todavía informes, sino en la de los gobernantes, en quienes se personificaba la majestad, la autoridad y la omnipotencia del estado.”

“De ahí el despotismo de los reyes absolutos surgidos de la feudalidad de la Europa regenerada por el Cristianismo. El estado continuó siendo omnipotente respecto de cada persona, pero personificado en su soberano, en sus monarcas, no en sus pueblos.”

“La omnipotencia de los reyes tomó el lugar de la omnipotencia del Estado. Quienes no dijeron “El Estado soy yo”, lo pensaron y creyeron, como aquel que lo dijo” destaca Alberdi.

“Luego, sublevados contra los reyes, los pueblos los reemplazaron en el ejercicio del poder; la soberanía del pueblo tomó el lugar de la soberanía de los monarcas, aunque teóricamente. Pero lo importante es lo que veremos ahora, la división que, a partir de este introito greco-romano. Alberdi hace de la patología política contemporánea, que explica la de nuestros días y también nuestras crisis progresivas e ininterrumpidas.

En un año electoral (Argentina, Guatemala, España), no está mal ver algo de “Elección Pública”

Con los alumnos de la materia “Public Choice”, de la Maestría en Política Económica del SMC comenzamos el análisis de esta disciplina con una presentación de su más importante autor, James Buchanan, quien explica el contenido de este “programa de investigación” en un artículo titulado “Elección Pública: Génesis y Desarrollo de un Programa de Investigación”, publicado en castellano en la Revista Asturiana de Economía RAE Nº 33, 2005. El tema vale la pena, no solamente para los alumnos sino en momentos de plena campaña electoral y proximidad de elecciones en varios países de habla hispana (Argentina, Guatemala, España, por ejemplo). Algunos párrafos:

Buchanan

“Mi subtítulo caracteriza a la elección pública como un programa de investigación en vez de como una disciplina o incluso como una subdisciplina (la definición lakatosiana parece que cuadra muy bien). Un programa de investigación exige aceptar un centro firme de supuestos que imponen límites al dominio de la investigación científica, a la vez que, simultáneamente, la protegen de críticas en esencia irrelevantes. El centro firme de la elección pública se puede resumir en tres supuestos: (1) individualismo metodológico, (2) elección racional, y (3) política-como-intercambio. Los dos primeros bloques de esta construcción científica son los que le dan forma a la economía más básica y generan pocas críticas desde el frente de los economistas, aunque sean centrales en los ataques de los no economistas a esta empresa en su conjunto. El tercer elemento del centro firme es menos familiar y lo trataré de una forma más completa posteriormente.

Desde una perspectiva cronológica, este programa de investigación se vincula a medio siglo, durante el cual se ha creado, desarrollado y madurado. Aunque hubo precursores, algunos de los cuales se incluirán en el relato que sigue, podemos fechar los orígenes de la elección pública a mediados del siglo XX. Y, en sí mismo, este hecho es de gran interés.

Visto retrospectivamente, desde la ventajosa posición de 2003, el “hueco” existente en la explicación científica para el que surgió la elección pública parecía ser tan grande que el desarrollo del programa da la impresión de haber sido inevitable.

Al salir de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos, incluso en las democracias occidentales, estaban asignando entre un tercio y un medio de su producto total a través de instituciones políticas de tipo colectivo en vez de a través de los mercados. A pesar de ello, los economistas estaban dedicando sus esfuerzos de manera casi exclusiva a explicaciones-interpretaciones del sector de mercado. No se le dedicaba atención a la toma de decisiones políticas de tipo colectivo. Los profesionales de la ciencia política no lo hacían mejor. No habían desarrollado bases explicativas, no contaban con teoría, por así decirlo, de las que se pudieran deducir hipótesis falsables en términos operativos.

Así pues, el sector politizado de las interacciones sociales estaba, en su conjunto, “pidiendo a gritos” modelos explicativos diseñados para contribuir a la comprensión de la realidad empírica que se observaba. Mi propia e insignificante primera aportación al tema (Buchanan, 1949) fue poco más que un llamamiento dirigido a aquellos economistas que estudiaban los impuestos y los gastos en el sentido de que prestaran alguna atención a los modelos de políticas que se suponía estaban vigentes. Y, con la excepción del importante, pero olvidado, trabajo de Howard Bowen (1943), incluso aquéllos que habían realizado las contribuciones seminales reconocidas no parecían apreciar el hecho de que estaban entrando en territorio desconocido.”

POBRES LOS POBRES – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEl Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga -designado por el Papa Francisco para presidir la Comisión de Cardenales para la reforma de la Curia en el Vaticano- ha pronunciado un discurso en Forum Nueva Economía en el Hotel Ritz de Madrid, pieza oratoria destinada a criticar al capitalismo y al mercado; en sus extensas reflexiones sobre el tema queda en evidencia que lamentablemente no entiende el significado de lo uno ni de lo otro. Por más que intente hacer salvedades, sus “pero” revelan su desconocimiento más palmario en esta materia, en ese sentido concluye en su exposición que “El pilar, la piedra basilar más débil del gran constructor del capitalismo ideológico es la pobreza”.

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EL CAUDILLISMO POLÍTICO Y LA CULTURA DE LA DÁDIVA

Garcia_HamiltonEl 19 de septiembre de 2003, José Ignacio García Hamilton escribía esta columna en Infobae que al día de hoy mantiene plena vigencia.

Al escribir el Facundo, Sarmiento afirmó que, debido a la herencia de la colonización y a la abundancia de ganados cimarrones, los habitantes del campo argentino no tenían cultura del trabajo y rechazaban los goces de la civilización: las escuelas, el comercio, las artes, las leyes, la justicia, los modales y las comodidades de la ciudad. Los caudillos establecían con los gauchos de la montonera una relación clientelística en la que el aporte militar se retribuía con el derecho al salteamiento. Y Rosas, para mantener tranquilos a los indios de la frontera sur de Buenos Aires, les regalaba bolsones con aguardiente, tabaco, yerba y algunos víveres. Alberdi, en Las Bases, coincidió en que imperaba el ocio y, al igual que el cuyano, postuló que la inmigración europea y la educación (que el tucumano prefería práctica, para formar artesanos y técnicos) eran los medios para crear los hábitos laborales que conducían al progreso. Por eso la Constitución Nacional de 1853 introdujo profundos cambios institucionales: la división de poderes y la prohibición de reelegir al presidente reemplazó al absolutismo político; la libertad de cultos, a la religión única; el principio de juridicidad, al incumplimiento de las leyes; la iniciativa individual y la defensa de la propiedad privada, al estatismo económico, y la igualdad, a los privilegios estamentales.

El Estado promovió una infraestructura de puertos, ferrocarriles, telégrafos y educación pública, y en 1913 se había producido un crecimiento impresionante: de 800.000 habitantes pasamos a 8.000.000; de una alfabetización de 10%, a 80%; de no exportar trigo, a ser los principales exportadores del mundo; de un PBI per cápita insignificante, a un índice superior al de Francia; de salarios de subsistencia, a un nivel de ingresos similar al de los Estados Unidos.

En 1908, sin embargo, se decidió iniciar una campaña de educación patriótica para homogeneizar a los hijos de inmigrantes, la que al cabo de décadas terminó por reemplazar el modelo de paz y de trabajo postulado por Alberdi, por nuevos paradigmas: el militar que muere pobre (San Martín y Belgrano, aunque el segundo fue abogado y el primero murió rico); el gaucho pobre que se hizo violento (el Martín Fierro, a pesar de que José Hernández había creado al personaje para mostrar cómo la leva forzosa había convertido a un ser laborioso en desertor y asesino), y el mito de la «víctima» que convierte al fracaso en virtud, a la mendicidad en un derecho, a la violencia en un recurso contra el sistema y promueve la inacción, ya que son presuntamente los terceros (los ingleses, luego los norteamericanos y ahora el FMI) los culpables de nuestros males y, por lo tanto, quienes deben solucionarlos.

Posteriormente se santificó una nueva figura: la «dama buena que regala lo ajeno». Eva Perón alimentó las arcas de su fundación con el aporte de dos salarios anuales de los obreros y, desde entonces, se generalizó la práctica de gobernar mediante la dádiva, que corrompe al que la da y degrada a quien la recibe.

Desde la segunda década del siglo XX la declinación no se detuvo: los golpes de Estado, el deterioro de la educación pública, el populismo y la demagogia expresados en el despilfarro estatal, nos hicieron retroceder hacia a la violencia (tuvimos guerrilla política, terrorismo de Estado con desaparecidos, una guerra por las Malvinas y, hoy, inseguridad cotidiana) y la pobreza. El país que en 1946 no tenía deuda externa (Inglaterra y los demás países europeos nos debían) hoy tiene la mayor deuda por habitante del mundo en desarrollo y los indigentes pueblan nuestras calles. Acaso el clientelismo que ha retornado bajo el eufemismo de «gastos sociales», que está destruyendo la cultura del trabajo, explique parcialmente la vitalidad de un partido que parece tornarse en hegemónico. Si no, cuesta explicar que el sonoro lenguaje de las cacerolas que pedían «que se vayan todos» se haya trocado, en la intimidad del cuarto oscuro, en la resignada decisión de «que todos se queden».

Los nuevos caminos de la historia económica

Gabriel_TortellaTomo este espacio para recomendar la lectura de este artículo del economista e historiador Gabriel Tortella, donde el autor parte de los viejos debates entre Adam Smith y Karl Marx para luego preguntarse qué queda hoy de estas viejas batallas dialécticas. ¿Sigue la historia económica dando vueltas a los mismos problemas? ¿Se ha renovado? ¿Se ha convertido en otra cosa? ¿Tiene alguna relevancia para el mundo de hoy? Concluyendo el autor que “por sorprendente que parezca, la respuestas a todas estas preguntas es afirmativa.»

Acceda aquí al artículo completo.

Infobae: El kirchnerismo dejará peores indicadores que los del menemismo

Mi última columna en Infobae compara la herencia económica que dejará el kirchenrismo con la que ellos recibieron y la que dejó el menemismo, etapa tan denostada por la presente administración. La comparación no hace bien al kirchnerismo.

Hay dos indicadores importantes que quedaron fuera. Por un lado los de empleo y desempleo. El motivo es que no hay indicadores confiables, especialmente durante el kirchnerismo. Desempleados que reciben ciertos planes sociales figuran como empleados, los planes sociales, a su vez, dismuyen la oferta laboral lo que produce tasas de desempleo menores, y también hay mucho subsidio al desempleo maquillado como empleo estatal. El otro indicador que no figura es el de deuda pública. Si bien el indicador de deuda/PBI no me parece el más apropiado dado que no compara flujo de fondos con flujo de fondos, tampoco hay indicadores confiables. El gobierno ha decidido unilateralmente dejar de contabilizar bonistas que han ganado juicios en el exterior, el Tesoro debe a su vez fondos al BCRA, ANSES, etc. Si la deuda no fuese un problema, entones Argentina no estaría en default.

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La planificación socialista (ahora del siglo XXI) depende de la sabiduría del planificador, que no es mucha

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata ese tema:

“El sistema socialista, sin embargo, prohíbe esta fundamental libertad de uno de elegir su propia carrera. Bajo las condiciones socialistas, hay una sola autoridad económica que tiene el derecho de determinar todos los asuntos concernientes a la producción. Una de las características salientes de nuestra época es que la gente usa muchos nombres para la misma cosa. Un sinónimo para socialismo y comunismo es ‘planificación’. Si la gente habla de ‘planificación’ quieren significar, desde luego, planificación centralizada, lo cual significa un plan hecho por el gobierno, un plan que impide la planificación hecha por alguien que no sea el gobierno.

El individuo planifica su vida, cada día, cambiando sus planes diarios a voluntad. El hombre libre planifica diariamente sus necesidades; dice, por ejemplo: ‘Ayer planeaba trabajar toda mi vida en Córdoba’. Ahora se entera de mejores condiciones en Buenos Aires y cambia sus planes diciendo: ‘En vez de trabajar en Córdoba, deseo ir a Buenos Aires’. Y eso es lo que significa la libertad. Puede ser que esté equivocado. Puede ser que ir a Buenos Aires resulte un error. Las condiciones para él podrían haber sido mejores en Córdoba, pero él mismo hizo sus propios planes.

Bajo la planificación gubernamental, él es como un soldado en un ejército. El soldado no tiene el derecho de elegir su guarnición, el lugar donde hará el servicio militar. Debe obedecer órdenes. Y el sistema socialista – como Karl Marx, Lenin y todos los líderes socialistas lo sabían y lo admitían – edra la transferencia de las normas militares a todo el sistema de producción. Marx hablaba de los ‘ejércitos industriales’ y Lenin preconizaba ‘la organización de todo – el correo, la fábrica y otras industrias – de acuerdo con el modelo del ejército’

Por consiguiente, en el sistema socialista todo depende de la sabiduría, del talento, de las dotes de aquella gente que forma la autoridad suprema. Aquello que el supremo dictador – o su comité – no conoce, no se toma en cuenta. Pero el conocimiento que la humanidad ha acumulado en su larga historia no es absorbido por todos y cada uno; hemos acumulado a lo largo de los siglos una tan grande cantidad de conocimiento científico y técnico, que es humanamente imposible para un individuo conocer todas estas cosas, aunque sea el hombre con las mejores dotes.

Y la gente es diferente, son desiguales. Siempre lo serán. Hay ciertas personas que están más dotadas en un asunto y menos en otro. Y hay gente que tiene el talento de encontrar nuevos caminos, de cambiar las tendencias del conocimiento. En las sociedades capitalistas, el progreso tecnológico y el progreso económico, han adelantado mucho a raíz de esa gente. Si un hombre tiene una idea, tratará de encontrar unas pocas personas suficientemente inteligentes para darse cuenta del valor de su idea. Algunos capitalistas, que se atreven a mirar el futuro, que se dan cuenta de las posibles consecuencias de la tal idea, comenzarán a ponerla a trabajar. Otra gente, al principio, puede decir: ‘Son unos tontos’; pero dejarán de decirlo cuando descubran que esta empresa, que ellos llamaban tonta comienza a florecer, y que la gente está contenta comprando sus productos.

Bajo el sistema marxista, por lo contrario, el supremo ente gubernamental primero debe convencerse del valor de tal idea antes que se pueda continuar y desarrollarla. Esto puede ser una cosa bastante difícil de realizar, ya que solamente el grupo en el más alto nivel – o solamente el supremo dictador – tienen el poder de tomar decisiones. Y si esta gente – debido a la pereza o a su avanzada edad o porque son poco brillantes o poco instruidos – no es capaz de captar la importancia de la nueva idea, entonces el nuevo proyecto no será llevado a cabo.