Global Monetary Conditions Monitor: Argentina

El Global Monetary Condition Report Monitor publica Lars Christensen a través del Markets & Money Advisory acaba de agregar a Argentina a su cobertura económica a partir del mes de mayo. De este modo Argentina se suma al análisis monetario de países como China, Japón, Suiza, República Checa y la zona Euro entre otras áreas monetarias.

En este post del glob de Markets & Money Advisorry se introduce el caso de Argentina. En su primer reporte se mencionan las dificultades que presenta el desequilibrio fiscal que el gobierno de Macri aún no ha dominado.

A modo de ejemplo, el siguiente gráfico del reporte de mayo sugiere que la política monetaria no estaría siendo consistente con las metas de inflación.

Portfolio Personal: Es Argentina un país atractivo para las inversiones?

Columna en Portfolio Personal sobre qué tan atractivo es Argentina a los ojos de inversores internacionales.

Al asumir el nuevo gobierno, Mauricio Macri y sus ministros esperaban una “lluvia de dólares.” Ya acercándonos a al año y medio de gobierno, aún no se perciben los tan esperados “brotes verdes.” Los datos del PBI para el 2016 muestran una contracción del 2.3%. El cuarto trimestre muestra una leve mejora del 0.5% respecto al trimestre anterior (desestacionalizado) [¿dentro del error estadístico?].

Los números muestran que Argentina aún no ha rebotado de forma clara. ¿Por qué motivos las inversiones se resisten a llover en Argentina? Es cierto que el paso del Kirchnerismo a Cambiemos ha implicado una mejora en las condiciones de inversión, pero sería errado concluir que el mero hecho de cambiar de gobierno es suficiente para atraer inversiones.

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Un poco de aritmética con los números fiscales del 2016

Al conocerse los datos fiscales de diciembre del 2016, el gobierno de Cambiemos (Argentina) sostuvo que se cumplió con la meta fiscal de déficit fiscal. Esta meta fiscal se habría cumplido con un déficit primario del 4.6% del PBI. El PBI del 2016, sin embargo, aún no se encuentra disponible. Es factible el enunciado del gobierno?


Si tomamos como cierta la afirmación del gobierno, entonces el PBI nominal del 2016 fue de 7.812.652 millones de pesos. En el 2015 el PBI nominal fue de 5.854.014 millones. Dado que la inflación anual fue del 40%, entonces el PBI real debería haber caído un significativo 4.7%. Una caída de esta magnitud no hubiese pasado desapercibida. El gobierno reconoció de manera indirecta, una fuerte caída del PBI real? Si en cambio tomamos una caída del 1% del indicador IGA (del estudio OJF) como proxy del PBI, entonces el PBI nominal debería ubicarse en 8.113.664 millones de pesos y el déficit fiscal hubiese sido del 4.4% del PBI nominal.

Lo curioso no es tanto si el el déficit primario fue del 4.4% o del 4.6% del PBI, sino cuál fue de hecho  el cambio en el PBI real.

Vaca Muerta: flexibilización laboral para volver a crecer [Infobae]

No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

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Argentina lleva décadas sin crecimiento. No se trata sólo del estancamiento iniciado en 2011 con la llegada de Axel Kicillof al Gobierno kirchnerista, sino que el problema viene de bastante más atrás. El ingreso por habitante de 2016, por ejemplo, es similar al alcanzado en 1996. ¿Qué pasó con el «crecimiento» ocurrido entre 2003-2008? Fue más un proceso de recuperación del ingreso tras la crisis de 2001-2002 que un crecimiento real que expandiera la capacidad productiva del país. El año 2009 fue de recesión global, 2010 simplemente recuperó aquella caída, y luego la Argentina siguió en una fase cíclica donde un año perdía ingreso para recuperarlos al siguiente, sin expandir realmente la frontera de posibilidades de la producción.

Hay un consenso entre economistas, criticado a veces por quienes son ajenos a esta disciplina, de que no es posible crecer sin ahorro e inversión previa. Y Argentina no atrae inversiones locales y externas por la falta de seguridad jurídica, el cambio continuo en reglas de juego, la alta presión tributaria y la legislación laboral restrictiva, entre varios otros aspectos que habría que tratar en otro lugar.

Vaca Muerta presentaba estos mismos problemas. Un enorme potencial de ingresos que requerían, para explotarse, unas reglas de juego diferentes a las existentes. Claro que el sindicalismo pretende mejores ingresos para los trabajadores que representa, pero en las condiciones existentes Vaca Muerta no recibió inversiones ni generó empleo.

Los actores comprendieron este diagnóstico. Se reunieron en Casa de Gobierno el presidente Mauricio Macri, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui; los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Energía, Juan José Aranguren; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez; la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos; el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra; y su par de los petroleros jerárquicos, Manuel Arévalo. Entendieron que no podían seguir colocando el carro delante de los caballos. Si con estas nuevas reglas de juego, Vaca Muerta empieza a recibir inversiones, ya habrá tiempo más adelante para mejorar los ingresos de los trabajadores y las familias que se acerquen a explotar el potencial del yacimiento.

Vaca Muerta debe tomarse hoy como una lección para recuperar el crecimiento de la Argentina. No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

¿Por qué no extendemos estas nuevas reglas de juego a todo el país? Porque hay intereses creados. A diferencia de Vaca Muerta, que era una tierra virgen de privilegios, la Argentina tiene una enorme Unión Industrial compuesta por empresarios que están aferrados a las condiciones existentes. No importa el potencial de ingresos y empleos que podría generarse con otras condiciones más competitivas, si en la situación actual ellos poseen sus ingresos y sus empleos.

La flexibilización laboral es un requisito para el crecimiento y lo ha sido siempre. El concepto ha sido castigado, vapuleado, incomprensiblemente, pero vuelve. Si Argentina quiere volver a crecer, a crecer en serio, debe regresar, primero, el consenso sobre la economía ortodoxa.

Publicado originalmente en Infobae, el 17 de enero de 2017.

Metas fiscales sinceras para el nuevo ministro de Hacienda [Infobae]

La selección del nuevo ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, parece acertada. En sus primeras palabras en la nueva función reconoció que el Gobierno está «administrando recursos de terceros, de la sociedad», palabras que son lógicas pero que escaseaban en las bocas de los pasados ministros del área. Durante décadas la irresponsabilidad fiscal ha sido la norma.

Los titulares de los diarios expresan los tres objetivos que se plantea el nuevo ministro: «Bajar el déficit, subir el gasto de infraestructura y disminuir impuestos distorsivos». No hace falta ser economista para notar la obvia inconsistencia entre ellos. Haría mucho bien que el Gobierno sustituyera la idea de gasto público en infraestructura por incentivos a la inversión privada, a través de concesiones a empresas multinacionales especializadas en distintas áreas, que de hecho ha sido la norma en el desarrollo de infraestructura de la región en los últimos 25 años.

Pero esta nota tiene otro objetivo, que es cuestionar las metas fiscales que se propone el Gobierno. En pocas palabras, el objetivo de Dujovne es similar al que tenía Alfonso Prat-Gay, en reducir el déficit fiscal primario de nación del 4,8% actual (a confirmarse en los próximos meses) hasta 3,3% para 2017 (aun cuando el presupuesto lo estima en 4,2%), del 1,8% para 2018 y del 0,3% para 2019.

El éxito del blanqueo y la esperada recuperación de la actividad económica ayudan a tener cierto optimismo de corto plazo respecto del cumplimiento de estas metas, pero bien podría ocurrir que las metas se alcanzaran y, sin embargo, el déficit fiscal consolidado, que es el que importa, se mantuviera en los preocupantes niveles actuales.

En primer lugar, el déficit consolidado debería tener en cuenta tanto el que alcanza la nación como el que alcanzan las provincias y los municipios. Afortunadamente, Dujovne ha tenido en cuenta este factor, al menos en el objetivo de comprender a las provincias en algún tipo de ley de responsabilidad fiscal. No puede dejar de mencionarse aquí la defensa que ensaya Domingo Cavallo cuando lo atacan por su gestión en materia fiscal durante el menemismo. Lo cierto es que alcanzó cierto equilibrio fiscal en nación, pero los déficits que acumularon las provincias llevaron al país a la ruina. Por más que el ex ministro lo niegue, era su responsabilidad acordar un equilibrio fiscal en los tres niveles y no sólo a nivel nacional.

En segundo lugar, el déficit consolidado debe considerar los intereses de la deuda. Es sabido que Argentina emprendió este año un programa de transición excesivamente gradual apoyado sobre el endeudamiento público. La medida se justifica quizás en cuestiones políticas y sociales, pero lo cierto es que Argentina cuenta con una deuda que gradualmente elevará los intereses por la deuda pública.

Si Argentina establece metas fiscales enfocadas sólo sobre el déficit primario, no contemplará el déficit que acumula por la vía de los intereses de la deuda. Bien puede ocurrir que las metas se alcancen, reduciendo, por ejemplo, el déficit primario de 4,8% al 3,3%, pero al mismo tiempo se eleve el déficit consolidado por la vía de los intereses de la deuda. La hipótesis resulta bastante probable considerando las necesidades de deuda que tiene el país para este ejercicio.

Argentina puede alcanzar la meta en 2019 de un 0,3% de déficit fiscal primario para nación, pero todo su alcance puede verse neteado si no se contiene el déficit de provincias, y si los intereses de la deuda aumentan en los próximos tres años.

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Nuestro país bien podría cerrar 2019 alcanzando las metas fiscales, pero con un déficit consolidado de 4,6 por ciento. Se podrían cumplir las metas fiscales, que las provincias mantuvieran el déficit actual y que los intereses se incrementaran un 0,2% cada año. No parece ser un escenario pesimista.

Fijar metas sobre el déficit fiscal consolidado tiene sus dificultades, pero al menos no se le estará mintiendo a la gente afirmando que el desequilibrio fiscal estará resuelto. Tal como están planteadas las metas fiscales, Argentina sólo cambiará la composición de las partidas, pero el déficit fiscal seguirá siendo parte de nuestra historia con sus obvias consecuencias lógicas: presión tributaria récord, altísima inflación, o explosión de la deuda y altos intereses para la inversión.

El artículo se publicó en Infobae, el 3 de enero de 2017.

Infobae: Una Decisión Política que Abre Interrogantes

El lunes 26 de diciembre el Jefe de Gabinete de Argentina anunció que el Ministro de Economía, Prat-Gay, era removido de su cargo y que el ministerio iba a ser dividido en dos nuevos ministerios. Aquí mi nota en Infobae al respecto.

Si bien las expectativas económicas para el segundo semestre, así como las metas fiscales e inflacionarias prometidas por Alfonso Prat-Gay al inicio de su gestión, no se han cumplido, su salida del Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas responde más a cuestiones políticas que económicas. Este no sólo es el mensaje que ha dado a entender el jefe de gabinete, Marcos Peña, sino que Prat-Gay ha seguido una política muy gradualista, acorde con las preferencias del Gobierno. Los mayores desacuerdos que se mencionan son la falta de juego en equipo, con cortocircuitos en la reforma del impuesto a las ganancias como la gota que rebalsó el vaso.

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La actividad no repuntará si no se reducen el gasto y el déficit: entrevista con La Gaceta de Tucumán

En una entrevista con La Gaceta respondí preguntas sobre las causas de falta de repunte de la actividad económica en el «segundo semestre».

Los problemas siguen allí, en especial los fiscales. La presión tributaria, el elevado gasto público y el déficit de las cuentas estatales no se resolvieron y piden a gritos una solución. Pero en un año electoral, como 2017, tampoco serán atendidos. De ahí la preocupación de todos los analistas políticos y económicos acerca de cómo seguirá esta historia.

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Infobae: La Débil Performance de la Economía Argentina

Lamentablemente, las economías no se recuperan por arte de magia. Especialmente si traen consigo años de inseguridad jurídica, aislamiento del comercio internacional y un peso insostenible del Estado. Recordemos que al final del kirchnerismo Argentina se encontraba ente las diez economías menos libres del mundo. Revertir un escenario como el de la economía argentina al final de doce años de kirchnerismo requiere mucho más que un cambio gubernamental y expresiones de deseo. Terminado ya el segundo semestre, el repunte económico prometido por Cambiemos no sólo no ha aparecido, sino que más bien la situación parece ser la contraria, con caída de la producción y un débil mercado laboral. En lugar de preguntarnos por qué la economía no ha repuntado, quizá deberíamos preguntarnos por qué habría de hacerlo si las reformas necesarias y suficientes no se han hecho o han quedado a mitad de camino. Medidas muy importantes, como eliminar el cepo y cerrar el conflicto con los holdouts, ciertamente han sido medida necesarias, pero distan de ser suficientes.

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