"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
En su nuevo libro, Development is a State of Mind,(1) Lawrence E. Harrison afirma de
manera convincente que el factor más determinante del desarrollo económico es el factor
humano: el factor cultural. Esto significa, esencialmente, que la idea que un pueblo tiene
de sí mismo y del mundo y el modo en que se organiza- reviste una importancia decisiva.
Supongamos que una cultura, guiada en lo más profundo de su espíritu por el judaísmo y el cristianismo, sostiene que todo ser humano, hecho a imagen y semejanza del Creador, aspira a ser co-creador con Dios, revelando los secretos que el Señor ha ocultado en Su creación e inventando nuevos bienes y servicios destinados al mejoramiento de la raza humana. Supongamos, en pocas palabras, que una cultura se organiza para el desarrollo de sus facultades creativas. ¿Cómo puede lograrlo?
En general, dispone de dos caminos: por medio de las instituciones y por medio de las virtudes que se transmiten a través de la enseñanza.
El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia que fue concebida para proteger derechos y no para conculcarlos como ha sido el caso en grado superlativo que comentamos. Es la contracara más repugnante de lo estipulado por los Giovanni Sartori de nuestra época para caer en pura cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida cuando no de la vida misma.
Para evitar las repeticiones de estos abusos de poder tan grotescos como
indecentes, se hace necesario, perentorio diría, contemplar nuevas vallas al
ejercicio del poder al efecto de preservar el genuino espíritu democrático tan
manoseado pero tan poco comprendido. He escrito antes sobre diferentes
propuestas fértiles en esta dirección por lo que en esta oportunidad no me
detendré en el asunto pero dejo sentado el tema. Fenómenos que ocurren en otros
países que aun no siendo tan extremos como el venezolano muestran claros
síntomas de burlas de diverso tenor al espíritu democrático.
Los pasos por el Orinoco de estos Atilas modernos dejan rastros
profundos y cicatrices dolorosas por lo que eventuales nuevos administradores
del poder deben proceder con celeridad a restaurar las heridas en línea con la
preservación de las autonomías individuales sin rodeos de ninguna naturaleza.
No se trata, claro está de sustituir tiranos de malos modales por uno con
mejores modales, se trata de establecer una sociedad libre donde los derechos
individuales característicos del liberalismo sean prioridad al efecto de abrir
de par en par las puertas al progreso moral y material para todos pero muy
especialmente para los más necesitados.
El vendaval espantoso que dejan los tiranos venezolanos con el
apoyo de la isla-cárcel-cubana ha
producido efectos devastadores en todos los planos concebibles. El actual Papa
no ha disimulado su simpatía por el socialismo y solo ha patrocinado “concordia
entre las partes” que tal como han expresado veinte ex presidentes de la
región, “es como si pretendiera que las víctimas se arreglaran con sus
victimarios”. Es de destacar por otro
lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la Iglesia venezolana
a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de su jefe en el
Vaticano.
Debe destacarse también la posición decidida y con el necesario coraje
moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado expresa y
reiteradamente la tiranía venezolana, en especial la contundencia del Grupo de
Lima. En esta línea argumental es del caso subrayar la perseverancia y la
decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la
necesidad de acabar con el engendro venezolano.
La seguidilla de marchas opositoras, los presos políticos, las muertes,
la crisis económica que incluye falta de alimentos y fármacos elementales, las
emigraciones masivas, la asunción del
nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto por la Constitución a
raíz de las elecciones amañadas y tramposos de Maduro desde todos los ángulos
posibles de análisis, la marcha multitudinaria del 23 de enero pasado, como
acabamos de consignar el reconocimiento internacional al nuevo gobierno a pesar
del agresivo apoyo del gobierno ruso, insurrecciones militares esporádicas,
arrestos y demás sucesos apuntan a una posible restauración de las
instituciones republicanas.
Es de esperar que el payaso maligno de Maduro, buen heredero del
comandante que inició la deblacle, ya no podrá hablar de “la multiplicación de
los penes”, ni dirigirse a “los millones y millonas” ni hablar con los
pajaritos y demás imbecilidades. Cabe recordar que Simón Bolívar escribió en el
denominado “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, que “nada es tan
peligroso como que permanezca largo tiempo un mismo ciudadano en el poder. El
pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se
origina la usurpación y la tiranía”.
Lamentablemente
siempre hubieron otros gobiernos cómplices del terrorismo que han dado apoyo
directa o indirectamente a los estridentes patrocinadores del inaudito y
reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi” con la intención de
disfrazar las barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante
del tirano Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad
humana”… con los fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se
convirtieron los hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la
educación haciendo que se escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos
cuadernos debido a la escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a
cualquier signo de oposición, en el contexto del partido único y la prensa
oficial. Maduro continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.
Es del caso tener
presente lo expresado por el coronel Chávez en la entonces Asamblea Legislativa
-recordado con algarabía y beneplácito por Maduro- en cuanto a que “no debe considerarse a las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación
Nacional (ELN) como guerrilleros terroristas ya que eso es un invento grotesco
de Estados Unidos” y que “no son ningún grupo terrorista, son verdaderos
ejércitos que ocupan espacios en Colombia, hay que darles reconocimiento, son
fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano que aquí es respetado”, a lo que
naturalmente le replicó el ministro del interior colombiano del momento al afirmar que “la calificación de
terrorista no es caprichosa sino que deriva de los actos terroristas de las
mencionadas bandas criminales”.
Sin
duda que la historia venezolana descubre corrupciones y desaguisados ejecutados
por varios de los partidos políticos de la era anterior a la irrupción de los
tiranos de marras, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la
situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por
el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República. Esperemos
que muy pronto dejemos de presenciar el triste espectáculo de ver las vergonzosas
imágenes de los aplaudidores tan o más repugnantes que el aplaudido, una masa
amorfa de carne impregnada de servilismo.
A esta altura no podemos saber a ciencia cierta como terminará el
episodio que venimos comentando, solo cabe precisar que si se decidiera el
levantamiento de las Fuerzas Armadas esto sería un contragolpe puesto que el
golpe ya lo propinaron los dictadores al alzarse contra los principios
republicanos, con una urgencia aun mayor, por ejemplo, que los contragolpes
independentistas que se revelaron en América del Sur y América del Norte contra
la usurpación de derechos que impusieron en las colonias respectivamente por
parte de la metrópoli española y la corona inglesa.
Me solidarizo con sus privaciones y sacrificios de la población
venezolana, pero renuevo el pedido de estar alerta para no caer en medias
tintas tan peligrosas como malsanas. El respeto a la propiedad privada
constituye el eje central de las medidas urgentes a tomar puesto que como ha
escrito Marx y Engels en el Manifiesto
Comunista de 1848 “todo nuestro programa puede resumirse en esto: abolición
de la propiedad privada”. Y debe tenerse muy en cuenta que en la medida en que
se afecte ese derecho sin necesidad de abolirlo, en esa medida se producen
desajustes graves que consumen capital y por ende reducen salarios e ingresos
en términos reales.
No se puede jugar con fuego, en su momento la higiene conceptual debe
ser completa con el criterio más exigente para lo cual, entre otras cosas, debe
liberarse el sistema educativo de toda tutela gubernamental al efecto de
permitir la competencia en un proceso que es por su naturaleza de prueba y
error exento de toda politización puesto que el conocimiento tiene la
característica de la provisionalidad sujeto a posibles refutaciones.
Otra medida aconsejable es la eliminación de la banca central y el curso
forzoso para permitir que la gente elija los activos financieros con los que
desea operar ya que la denominada “autoridad monetaria” solo puede decidir
entre uno de tres caminos: expandir, contraer o dejar igual la base monetaria
con lo que siempre y en todos los casos altera los precios relativos que son
los únicos indicadores para los agentes en la economía. Esto, entre muchos
otros, ha sido reiteradamente aconsejado por los premios Nobel en economía
Friedrich Hayek y Milton Friedman.
Un tercer campo es la inexorable apertura comercial con el exterior para
hacer posible las compras baratas y de la mejor calidad posible y así liberar
recursos humanos y materiales para producir otros bienes y prestar otros
servicios. Las culturas alambradas hacen mucho daño y permiten la acción
depredadora de empresarios prebendarios que en su siempre hedionda alianza con
el poder político de turno, explotan miserablemente a sus congéneres.
En cuarto lugar, la inmediata privatización de todas las empresas
estatales al mejor postor sin base ni condición alguna ya que los incentivos
son muy distintos en estos sitios donde hasta la forma en que se toma café y se
encienden las luces es de modo sustancialmente diferente ya que la
característica de una empresa propiamente dicha es el asumir riesgos con
recursos propios y no coactivamente con el fruto del trabajo ajeno.
Por último, pero no por ello menos importante es la eliminación de
ministerios y reparticiones burocráticas dejando sin efecto funciones pero
nunca podando gastos porque, igual que con la jardinería, la poda hace que
crezca con mayor vigor. Y de más está decir que desaparezcan cargos como el que
propicia “la felicidad absoluta” y otras tropelías incalificables.
Hay
muchas personas e instituciones que han hecho faenas admirables por la libertad
de Venezuela en los últimos largos tiempos pero quiero poner en primer plano a
dos de los embanderados con esta noble causa. Se trata del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE) que en
otro orden de cosas tuve el gusto de visitar en varias oportunidades y que
también publicó uno de mis libros y El
Diario de Caracas donde vengo colaborando con columnas semanales desde hace
años.
Salvo
los sátrapas del régimen no hago nombres propios en esta nota periodística pero
quiero hacer un par de excepciones respecto a dos personajes singulares que
tenían un conocimiento profundo de lo que había que hacer en su país Venezuela
y que se desvivieron por esa nación, sacrificaron su salud y sus negocios para
bien de todos los venezolanos. Estoy naturalmente hablando del empresario
Ricardo Zuloaga y del periodista Carlos Ball, hoy muertos ambos pero que
permanecen en la memoria de nosotros sus amigos y de todos sus compatriotas de
bien. En honor a estas personas y a tantos que como ellos ofrendaron sus vidas,
es de esperar que nuestros hermanos venezolanos puedan encaminarse a la
brevedad por la senda del progreso moral y material.
El tema central de este artículo es la moralidad del capitalismo. (1) El capitalismo es un sistema socioeconómico que se caracteriza, desde el punto de vista institucional, por el predominio del mercado y de la propiedad privada, y, en términos de motivación, por el «incentivo de la ganancia», por el deseo y la voluntad del individuo de satisfacer en grado máximo sus necesidades. (2) En las sociedades capitalistas existe un gran respeto intelectual e ideológico por el individuo, y una fuerte protección legal a su persona y sus bienes. Las economías capitalistas son muy productivas y aseguran altos niveles de ingreso real a sus poblaciones. El capitalismo se desarrolló primero en Europa y se ajusta a la tradición sociopolítica de Occidente, que asigna un alto valor al individuo y a sus libertades. (3) Sin embargo, existen dos puntos de vista antagónicos acerca de su carácter y sus realizaciones. Tenemos, por un lado, a aquellos que admiran el capitalismo, no sólo por las actuales libertades y oportunidades que brinda al individuo sino también por la forma en que las ha incrementado hasta un nivel casi inimaginable en épocas pasadas. Por otro lado, a pesar de que este historial es evidentemente beneficioso, hay quienes critican al capitalismo por su ineficacia y su injusticia, al par que reivindican la superioridad del socialismo. El socialismo es un sistema socioeconómico que se caracteriza, desde el punto de vista institucional, por el predominio de la propiedad pública y la planificación y control absolutos de las actividades económicas por parte de una burocracia centralizada y, en términos de una motivación reiteradamente proclamada, por los ideales de igualdad y justicia. (4) En este ensayo nos ocuparemos precisamente de estos criterios contradictorios y trataremos de responder a las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que caracteriza a una sociedad “buena” y “moral?” ¿Cuáles son los antecedentes históricos del capitalismo y del socialismo? ¿Cuáles son las principales críticas que se han formulado contra el capitalismo, y cuáles los argumentos invocados por los críticos? En este trabajo nos proponemos demostrar que el capitalismo es, por su naturaleza, más «moral» que el socialismo, porque se funda esencialmente en el respeto al individuo, y le brinda mayores oportunidades para satisfacer sus necesidades y estimular su desarrollo.
La vida de Ludwig von Mises tiene características muy peculiares.1 Nace en Lemberg en 1881 y su familia se muda a los pocos años a Viena. La familia de Mises pertenecía a un grupo de judíos no practicantes, de ideas ilustradas y reformistas, que tuvo mucha influencia en la Viena de entonces.2 Esto influye mucho en la vida del joven Mises, que recibe una especie de mandato familiar de salvación del mundo, no del sobrenatural, sino del terrenal, que Mises asume estoicamente. Estudia Derecho y Ciencias Sociales en Viena. No había, por suerte, en aquella época, una carrera separada de economía, sino una formación integral en ciencias sociales que luego admitía cierta especialización. Mises mismo cuenta después que “devino en economista” cuando lee a Menger y a los clásicos (Mises, 2001). Ya sea por su difícil carácter o ya sea por la ya inicial persecusión antisemita, no logra obtener una cátedra rentada, sino sólo un puesto como Privatdozent, sin salario. Tiene que ganarse la vida como asesor de la Cámara de Comercio Vienés, desde 1908 hasta 1934, lo cual le da una gran experiencia como economista de coyuntura. Sus escritos al respecto, que molestarían a más de uno que tenga de él la visión de un libertario que vivía en el topos uranos platónico, fueron ya publicados todos gracias a los esfuerzos de Richard y Anna Ebeling (Mises, 2012a).
Acceda aquí al documento completo. Forthcoming in Julio H. Cole (ed.), A Companion to Ludwig von Mises (Guatemala: Universidad Francisco Marroquín).
Hace unos días Mauricio Macri firmó un controversial decreto de necesidad y urgencia (DNU) al través del cual se acelera la extinción de dominio (la figura legal sería de confiscación) de bienes adquiridos aún bajo sospecha (sin condena firme) de corrupción (los documentos se encuentran aquí y aquí). El decreto es controversial por un número de motivos, principalmente por ser muy posiblemente inconstitucional. Varios constitucionalistas se han expresado sobre esta cuestión (abogados especialistas en el tema están invitados a comentar en este post). Lo curioso, por no decir preocupante, son las reacciones en defensa que se dieron desde el gobierno y desde varios defensores de Cambiemos. Se percibe un entusiasmo revanchista que no es sano para las instituciones.
Antes de hacer una mención sobre este revanchismo, qué dicen los constitucionalistas consultados por los medios sobre este DNU (aquí, aquí, y aquí)?
Hay una muy justificada preocupación por el alto grado de corrupción, especialmente en el contexto del gobierno anterior al actual, aunque los desmanes inauditos de los aparatos estatales vienen de largo. Con razón la gente de bien quiere que se recuperen los activos robados a la brevedad a los efectos de aliviar las arcas fiscales y poder así disminuir la carga tributaria descomunal que viene soportando la población.
Pero el asunto no es proceder en cualquier dirección.
Es indispensable actuar con el cuidado necesario para ser congruentes con el
debido proceso y el consiguiente resguardo a las autonomías individuales. Sobre
todo es menester como una elemental gimnasia higiénica ponerse en los zapatos
de la persona a quien se le confiscan sus bienes antes de una sentencia firme,
lo cual, tengamos muy en cuenta, constituye un arma potente para los tiranuelos
en potencia.
Hoy la figura del decomiso está presente en el Código
Penal argentino como una privación transitoria de activos, aunque originalmente
estuvo pensada para la incautación de mercaderías al momento consideradas
ilícitas por lo que se especificaba la prohibición de venderlas y con al
mandato expreso de destruirlas. En cualquier caso, la llamada extinción de dominio pretende que
la propiedad puede extinguirse lo cual es un absurdo, puede eso si transferirse
a otro u otros, voluntaria o coercitivamente. En el caso que nos ocupa quiere
decir que por fuera del Poder Judicial resulta posible al aparato estatal
intervenir en un proceso judicial y si el confiscado resultara inocente deberá
iniciar una causa con lo que eventualmente será resarcido ex post facto.
Como queda dicho, en verdad la figura de la extinción
de dominio es un subterfugio para ocultar la confiscación, enfáticamente
excluida de las facultades del poder político por la Constitución Nacional.
Lo dicho no significa que no puedan adoptarse medidas
precautorias, especialmente cuando hay riesgo de que se interfiera el proceso
judicial para tergiversar sus resultados o cuando hay posibilidades de fuga del
sospechoso, pero en última instancia debe prevalecer el principio de inocencia
hasta que la sentencia definitiva demuestre lo contrario.
Desde luego que hay justificadas quejas respecto a las
insólitas demoras en las tramitaciones judiciales y hay también elementos
políticos que desafortunadamente interfieren, pero esto se resuelve con la
debida aceleración a través de límites para pronunciarse tal como en algunos
casos ocurre actualmente pero en ningún caso resulta aceptable que los otros
poderes del aparato estatal se adelanten a lo que prescribe el Poder Judicial.
Los marcos institucionales civilizados son custodios indispensables para los derechos y, por tanto, para que puedan llevarse a cabo las transacciones libres y voluntarias entre las partes. No resulta posible el apresuramiento por más bien inspirado que sea ya que la contracara amenaza a todos, incluso a los mismos patrocinadores de la medida en cuestión.
Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, martes 22 de enero de 2019.
Debido a que no hay de todo para todos todo el tiempo, es decir, los recursos son escasos en relación a las necesidades, se hace necesario asignar derechos de propiedad al efecto de que se coloque en las manos más eficientes para atender los requerimientos del prójimo. Quienes dan en la tecla obtienen beneficios y quienes yerran incurren en quebrantos. Los patrimonios y las rentas no son posiciones irrevocables, deben ser convalidadas permanentemente en el mercado abierto.
Dada esta situación, naturalmente habrá quienes tienen más éxito que sus
vecinos lo cual se traduce en desigualdades de resultados, indispensables para
el logro de los objetivos señalados de abastecer a los demás y al premiar a los
más eficientes para tal fin se abren las puertas para maximizar las
consecuentes inversiones que dan lugar a las mayores tasas de capitalización
posibles que, a su turno, son las únicas causas de incrementos en salarios e
ingresos en términos reales. Lo relevante en toda sociedad no es el delta entre
pobres y ricos sino la mejora de todos, al fin y al cabo, como queda dicho, las
desigualdades de rentas y patrimonios son consecuencia directa de los
plebiscitos diarios en el mercado con las compras y abstenciones de comparar de
cada cual. Por eso resulta una torpeza mayúscula que los políticos impongan
“redistribuciones” puesto que significan volver a distribuir por la fuerza la
distribución pacífica y voluntaria de las gentes cotidianamente en el
supermercado y afines.
Habiendo dicho esto, ahora es menester dar otro paso en nuestro análisis
para comprobar que debido a que la gran mayoría no se ha adentrado en el
proceso a que acabamos de aludir, no se conforman con mejorar sino que pretenden
estar al nivel patrimonial de los más eficientes sin exteriorizar los talentos
y las condiciones de aquellos. Sobreviene entonces la envidia que no es el
sentido de la sana emulación sino el deseo irrefrenable de arrancarle recursos
a los mejores. Como no pueden ganar legítimamente los recursos adicionales a
que aspiran, entonces pugnan por el manotazo y como saben que el asalto a mano
armada está condenado y penado, pretenden que los aparatos estatales hagan la
faena por ellos. No solo esto sino que hay empresarios con complejo de culpa
por sus ganancias sin entender tampoco el proceso de mercado competitivo.
Asimismo, los políticos al recibir tamaño mensaje incorporan a sus
plataformas electorales diversas maneras de expropiación para ganar las elecciones
y así asumir el poder (y cuando aparece alguien disfrazado de semi-liberal
resulta que era para ocultar otras derivaciones o para fabricar negociados). Es
cierto que, como se ha indicado en reiteradas oportunidades, la democracia para
ser tal demanda renovados límites al poder para que no se convierta en mayorías
ilimitadas que arrasan con los derechos de las minorías en abierto conflicto
con la misma esencia de la democracia, pero de todos modos en mayor o menor
medida está siempre latente el riesgo señalado. Por otro parte, no hay
alternativa puesto que en esta instancia del proceso de evolución cultural la
otra posibilidad es la dictadura lo cual entierra todo vestigio de respeto a
las autonomías individuales.
Entonces solo queda el camino de la educación en valores y principios
compatibles con la sociedad abierta. Pero aquí surge otro obstáculo que subraya
las desventajas en las que se encuentra el liberalismo ya que como, entre
otros, ha escrito el premio Nobel Friedrich Hayek todo lo referido a los
fundamentos de la libertad “resulta contraintuitivo”, es decir, lo primero que
se infiere está mal y necesita digerirse y meditarse cuidadosamente. Esto
último acentúa la desventaja de marras puesto que si bien los debates centrales
se llevan a cabo en las aulas, las personas están naturalmente inclinadas a promover medidas inconvenientes
para el funcionamiento de la sociedad libre debido a lo contraintuitivo del
caso. Esta desventaja es aun mayor cuando los gobiernos manipulan la educación.
Tremendo desafío entonces el de los liberales que parten en la carrera
con marcadas desventajas. Una lucha desigual que, sin embargo, debe darse como
única salida al marasmo estatista y autoritario del momento. Es sumamente
alentador observar la muy gratificante reacción de alumnos cuando tienen la
posibilidad de estar expuestos a tradiciones de pensamiento habitualmente poco
exploradas. Estas reacciones constituyen una gran esperanza para el futuro que
contrarresta la envidia a la que nos referimos más arriba que habitualmente se
base en la errada noción de la suma cero sin percatarse que la riqueza no es
algo estático sino dinámico y cambiante según sean las necesidades de la gente.
Antes he aludido al libro más conocido de Thomas Piketty en el
contexto de las críticas más contundentes como son las de Anthony de Jasay,
Thomas Sowell y más recientemente la de Steven Pinker. En esta ocasión pensamos
que ilustra la desventaja de los liberales (ilustra el embrollo en que
estamos). Se trata de comentar nuevamente
una obra menos conocida de Piketty titulada La economía de las
desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la
riqueza.
Abre este nuevo escrito con una oda a la justicia social como
eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los
casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el
concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay
responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la
idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”.
Piketty recurre al término en este último sentido con lo cual da por
tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los
burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social”
seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo, como, por
ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los
derechos sociales etc.
A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al
sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la
desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el
voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de
concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas
“conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es
decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo,
Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta
con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e
impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al
efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y
eventualmente morirse por inanición por no encontrar trabajo en ninguna
parte.
Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que la
compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad
que existió en los países comunistas, porque había muchos beneficios
en especie que son difíciles de cuantificar desde el punto de vista monetario”.
Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema
del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas
y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de
los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de
los sicarios nazis.
Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX,
aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no
dejaba lugar a dudas: la lógica del sistema capitalista es amplificar
incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas, capitalistas
y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este
razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el
esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por
acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios
debido precisamente a los aumentos en las inversión per capita a
lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar
de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de
incrementar salarios e ingresos en términos reales.
Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es
ampliamente utilizada, es desafortunada ya que clase proviene
del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués
tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya
explicado concretamente en que consisten esas diferencias respecto de la lógica
aristotélica.
Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza
reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce
inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby. Esto que
nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos
nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo
y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su
capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad
social se torna indispensable.
Y es en este sentido que el autor que comentamos reitera su
recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos, lo cual, como
dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las
indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo
que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que
repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo
significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se
ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del
tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.
Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un
capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su
fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en
amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del
capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso
la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países
no solo es injusta sino también ineficaz?”.
La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente
de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la
producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones.
El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes
incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido
de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se
administran. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos
incrementarán o dilapidarán lo recibido.
En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel
internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores
como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los
dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han
generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos
receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los
problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes
mejores.
Otra
vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con
estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado
economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter
Lewis y Mathew Rognlie que han detectado nuevos errores gruesos en las
estadísticas de Piketty. En esta línea argumental, el antes citado Pinker
formula una crítica demoledora a un error más bien de colegial en la obra
original de Piketty quien escribe que “La mitad más pobre de la población mundial es
tan pobre en la actualidad como lo era en el pasado, con apenas el 5% de la
riqueza total en 2010, al igual que en 1910”. A continuación dice Pinker que
con una lógica implacable responde: “Pero la riqueza actual es infinitamente
mayor que en 1910, por lo que si la mitad más pobre posee la misma proporción,
es mucho más rica, no igual de pobre”.
En todo caso esta es solo una muestra de los problemas
conceptuales que deben enfrentar los liberales en esta batalla cultural tan desigual
por las razones expuestas en un contexto donde se interpreta equivocadamente la
riqueza como algo estático sujeto a la suma cero. Así y todo el esfuerzo debe
redoblarse en vista de los notables progresos realizados en varios frentes
intelectuales y en vista de las grandes mejoras logradas en el pasado por
sociedades en la medida en que se extendía la libertad. Es del caso enfrentar
con rigor los nacionalismos que hoy invaden el mundo ahora liderados por el
gobierno de Estados Unidos, pero es como ha escrito Albert Camus: “quiero
demasiado a mi país como para ser nacionalista”.
Se observa que en reportajes orales y escritos se consulta sobre los modos para lograr determinados resultados. Habitualmente el entrevistado se enreda en ingenierías varias para responder a la requisitoria periodística y a partir de ese momento con repreguntas y opiniones de variado color se entra en un debate que parece no tener salida. Y esto es así porque antes de entrar en el tema de las políticas de transición para arribar a ciertos objetivos se torna indispensable aclarar el sentido y los fundamentos del objetivo mismo, de lo contrario el embrollo es seguro.
Una vez que se ha comprendido y aceptado la meta
resulta una cuestión del todo secundaria el modo de encaminarse a ella. Siempre
aparecen infinidad de procedimientos para acercarse al objetivo. Las
ingenierías son múltiples. Las estrategias y los elementos políticos a tener en
cuenta son innumerables.
Y no es que las políticas públicas carezcan de
importancia, no se puede ejecutar una idea sin un programa para llevarla a
cabo, se trata de evaluar correctamente las prioridades y economizar el tiempo
disponible. No es posible poner la carreta delante de los caballos.
Primero debe clarificarse la idea y luego las muy
diversas maneras de ejecutarlo con mayores o menores pasos intermedios al
contemplar las muy diferentes reacciones y efectos en los plazos medianos y de
largo alcance pero no se puede comenzar por el final.
Sin quererlo en no pocos casos se tiende una trampa al
pretender discutir modos para lograr algo antes de haber aclarado debidamente
las virtudes de ese algo. Lo primero es primero. Nadie entenderá el asunto si
se pretenden formular procedimientos antes de saber hacia donde se apunta y la
razón de esa dirección.
La idea es el núcleo, el resto se da por añadidura.
Una vez comprendida la meta se competirá por diversas propuestas para logar el
objetivo, de lo contrario atrasamos el debate. Hace mucha falta la
explicación de ideas antes de proponer
mecanismos para lograr algo que aun no se comprendió.
Antes de mostrar como se hace hay que entender porqué
se hace. Una vez que la opinión pública ha entendido la idea será más o menos
indiferente a los muchos caminos para llevarla a cabo, el asunto es ponerse en
marcha. Ilustremos lo dicho con uno de tantísimos ejemplos.
Se afirma que debe reducirse el gasto público, frente
a lo cual se pregunta en que rubros se procedería en consecuencia.
El entrevistado mantiene que hay que despedir empleados públicos y entra en los detalles más escabrosos de cómo hacerlo, se refiere a la necesidad producir un ajuste cuando en verdad el ajuste es el que implanta el estatismo sobre los bolsillos de todos, especialmente sobre el fruto del trabajo de los más necesitados. De ese modo los interlocutores concluyen que el entrevistado es insensible y derrotista, cuando no explotador. En nuestro país aparentemente se atribuye mayor importancia a los medios que a los fines, así se hace difícil avanzar. Estamos atrasados en el debate de ideas.
Publicada originalmente en la edición impresa de El Cronista, martes 15 de enero de 2019.
El gobierno presentó los números fiscales del 2018. El gobierno cumplió la meta acordada con el FMI. El cumplimiento fue muy ajustado para entusiasmarse llamándolo «sobre cumplimiento». A continuación algunos datos fiscales.
Alguien podría pensar que, dado que Chile es una economía pequeña, que la noticia puede no ser tan relevante para el país. Pero lo cierto es que el país vecino tiene una apertura y una presencia en el mundo que Argentina no tiene. Desde su asunción, Mauricio Macri mostró interés en fortalecer los vínculos con la Alianza del Pacífico y esto es un paso en esa dirección, que además mejora considerablemente las relaciones con Chile.