En su nuevo libro, Development is a State of Mind,(1) Lawrence E. Harrison afirma de manera convincente que el factor más determinante del desarrollo económico es el factor humano: el factor cultural. Esto significa, esencialmente, que la idea que un pueblo tiene de sí mismo y del mundo y el modo en que se organiza- reviste una importancia decisiva.

Supongamos que una cultura, guiada en lo más profundo de su espíritu por el judaísmo y el cristianismo, sostiene que todo ser humano, hecho a imagen y semejanza del Creador, aspira a ser co-creador con Dios, revelando los secretos que el Señor ha ocultado en Su creación e inventando nuevos bienes y servicios destinados al mejoramiento de la raza humana. Supongamos, en pocas palabras, que una cultura se organiza para el desarrollo de sus facultades creativas. ¿Cómo puede lograrlo?

En general, dispone de dos caminos: por medio de las instituciones y por medio de las virtudes que se transmiten a través de la enseñanza.

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