Acerca de la pandemia y los derechos individuales – por Alberto Benegas Lynch (h)

Lo primero me parece que deba subrayarse es que en esta instancia del proceso de evolución cultural la función del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección y garantía de los derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

En este contexto es de interés recordar que Leonard Read en uno de sus libros sostiene que es una pena que se haya recurrido a término “gobierno” puesto que significa mandar y dirigir que es lo que debe hacer cada uno con su vida, en su lugar sugiere utilizar las expresiones “agencia de seguridad” o equivalentes, de lo contrario, sigue diciendo, se crea la misma confusión que si se denominara “gerente general” al guardián de una empresa.

Así las cosas, en la actualidad nos encontramos con el coronavirus que todo lo invade y pone en peligro la salud y la vida de la gente. Ahora bien, del mismo modo que los gobiernos deben preservar derechos frente a la emisión de monóxido de carbono o frente al hecho que alguien arroja ácidos al jardín del vecino, del mismo modo decimos debe evitarse el contagio en medio de la pandemia de marras.

No es del caso escribir un código estableciendo concretamente cuales deben ser las medidas precautorias y cuales los castigos por contagios irresponsables, solo enunciamos el problema que deben encarar los aparatos estatales, desde luego evitando arbitrariedades como, por ejemplo, en el caso argentino, permitiendo entrenamientos de once jugadores de fútbol y prohibiendo a remeros ejercer su deporte o permitir que abran comités políticos y no bares y así sucesivamente.

Son en este sentido importantes las opiniones de médicos destacados y por ende confiables quienes sugieren no poner todo en la misma bolsa y federalizar y descentralizar: no son iguales las situaciones de los distintos países ni iguales las condiciones provinciales o municipales dentro de una misma nación. Lamentablemente en todas partes del mundo -sin excepción- hubo que dar marchas y contramarchas en las distintas formulaciones y fases de las respectivas cuarentenas. Desafortunadamente hay sonados casos de quienes han protestado indiscriminadamente contra toda noción de cuarentena y se han enfermado gravemente de Covid 19.

Las medidas gubernamentales de protección van no solo para lugares públicos sino también para privados por lo que se evitan sitios como teatros, estadios etc., del mismo modo que interviene la policía cuando uno de los visitantes en un domicilio decide asaltar a los dueños de casa.

Mientras no aparezca una vacuna lo que ocurre es un drama que tiene naturalmente consecuencias económicas y emocionales de diversa envergadura al efecto de evitar decesos y enfermedades graves. Cuando se cuente con una vacuna la situación será radicalmente distinta puesto que nada tiene que hacer el gobierno en ese contexto: en todos los lugares donde se estime un peligro de contagio se pedirá la certificación de la vacuna correspondiente.

De más está decir que en ningún caso y bajo ninguna circunstancia se justifica que aprovechando la pandemia los gobiernos den manotazos adicionales a la Justicia, apunten a la colonización del Legislativo, pretendan el uso y abuso de decretos del Ejecutivo, se establezcan mordazas a la libertad de prensa, la ridícula y contraproducente imposición de precios máximos, los embates a comerciantes, el incremento de las ya insoportables cargas fiscales, el incremento de la colosal deuda pública, la estafa de la expansión monetaria, el engrosamiento del siempre adiposo gasto estatal, la insistencia en regulaciones asfixiantes, el embate a comerciantes y en general el ataque a la propiedad privada.

La pandemia ha brindado oportunidades imprevistas a gobiernos de tendencia autoritaria para acentuar sus fechorías, lo cual debe ser resistido por todos los medios al alcance de la población y las fuerzas opositoras.

Por otra parte, las desgracias de la pandemia pueden ofrecer inesperadas respuestas como el desarrollo más sofisticado en la tecnologías de comunicación, mejoras en la educación al enfatizar en los conceptos y la capacidad analítica y desechar el estudio de memoria ya que las antedichas tecnologías abren posibilidades de respuestas a libro abierto, la lectura y el estudio sobre los fundamentos de la sociedad libre, el fortalecimiento de relaciones familiares y amistades. De cada uno de nosotros dependerá el resultado final de este test que nos impuso el destino.

Publicado originalmente en El Economista, 13 de agosto de 2020.

Seminario Historia del Pensamiento Económico Argentino

CIDED – UNTREF 
Centro de Investigación y Docencia en Economía para el Desarrollo – Universidad Nacional de Tres de Febrero 
IIEP Instituto Interdisciplinario de Economía Política 
CONICET-UBA

Seminario Historia del Pensamiento Económico Argentino

El seminario tiene por objetivo difundir y actualizar los aportes realizados a la ciencia por economistas argentinos. Para este año, se han programado cuatro capítulos:

1. Introducción al pensamiento de Julio H. G. Olivera – ˜Sobre la cientificidad de la teoría económica”, por Luis Blaum – Agosto 25 y Septiembre 8

2. El pensamiento de Raúl Prebisch, por Saúl Keifman – Septiembre 22

3. La Economía del Stop and Go: Las ideas estructuralistas en argentina, 1945 1976 por Martín Fiszbein – Octubre 6 y 20

4. Apuntes macroeconómicos; por Daniel Heymann – Noviembre 3* 
* Fecha a confirmar 
Agosto 25 y Septiembre 8, de 17hrs a 19hrs. por Zoom. 
Requiere inscripción previa: cided@untref.edu.ar 
Informes y consultas escribir a cided@untref.edu.ar

Introducción al pensamiento de Julio H. G. Olivera: 
Sobre la cientificidad de la teoría económica 
El capítulo a desarrollar los días 25 de agosto y 8 de septiembre próximos estará dedicado al Dr. Julio H.G. Olivera, considerado como un hito en la enseñanza de la economía y en el desarrollo de la investigación económica en la Argentina (Montuschi y Chisari, 2016) 1. Son conocidas sus contribuciones al estructuralismo latinoamericano, en particular, respecto al fenómeno inflacionario y las consecuencias que genera en la teoría monetaria (dinero pasivo). En cambio, permanecen en segundo plano su peculiar forma de abordar la cientificidad de nuestra disciplina y los modos en que se utilizan las teorías económicas. Esta introducción expondrá el vínculo entre ambos planos, permitiendo resignificar la historia del pensamiento económico que, precisamente, permanecerá abierta actualmente para dilucidar los episodios económicos presentes. 
Se analizaran cuatro textos del Dr. Olivera (se envían a los inscriptos) divididos en dos sesiones:

Martes 25-08-2020, de 17hrs a 19hrs. 
Introducción: Olivera y la Historia del Pensamiento. La actualidad de sus aportes.
La teoría estructuralista como teoría general de la inflación y el dinero: determinación del ancla nominal. 
– La teoría no monetaria de la inflación, El Trimestre Económico, octubre-diciembre de 1960. 
– El dinero pasivo, El Trimestre Económico, octubre-diciembre de 1968.

Martes 08-09-2020, de 17hrs a 19hrs.

II – El carácter de la ciencia económica: cientificidad y política. 
– Equilibrio social, equilibrio de mercado e inflación estructural, Desarrollo Económico, enero-marzo de 1991. 
– Realidad e irrealidad en la ciencia económica, Ciclos, Año VII, Vol. VII, Nº 13, 2º semestre de 1997.

Los artículos también se encuentran en el libro de Olivera (2010), Economía y Hermenéutica, EDUNTREF, Bs.As.; Caps. 1, 6, 7 y 19.

1- Montuschi, L. y O. Chisari (2016), En Memoria de Julio H. G. Olivera (1929-2016), Económica, La Plata, Vol LXII, Enero-Diciembre 2016

¿Un nuevo espacio político? – por Alberto Benegas Lynch (h)

Por qué sería una mala idea constituir un nuevo partido en un contexto como el actual.

Todas las personas que mantienen un mínimo respeto por las instituciones republicanas están sumamente preocupadas y ocupadas con el estatismo avasallante que vienen adoptando nuestros gobernantes desde hace décadas. El drama comenzó con el golpe fascista de los años treinta, una tragedia que se acentuó grandemente a partir del golpe militar del 43 que fabricó un Leviatán que ha estado engordando peligrosamente hasta nuestros días bajo distintas denominaciones partidarias y bajo distintos regímenes militares, todo lo cual ha empobrecido enormemente a los habitantes en las tierras argentinas desde la perspectiva moral y material.

Desde la Constitución liberal de 1853 hasta el antedicho intento fascista nuestro país estaba a la vanguardia de las naciones civilizadas. Como tantas veces se consignó, los salarios e ingresos de los peones rurales y los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, equiparables a los de Estados Unidos por lo que nuestras costas competían con las de esta última nación en las oleadas migratorias. Por ese fenomenal atractivo la población argentina se duplicaba cada diez años y su comercio exterior era equivalente al de Canadá. Los centros de estudios, la prensa, la construcción, la agricultura y la descollante actividad cultural eran la envidia del mundo.

Como queda dicho, luego irrumpió el populismo estatista que arruinó el signo monetario, liquidó los ahorros de inmigrantes que habían invertido en terrenitos y departamentos, destrucción que se ejecutó a través de nefastas leyes de alquileres y desalojos para obligatoriamente adherir a un sistema de entrada actuarialmente quebrado de inseguridad antisocial en el contexto de legislación sindical copiada de la Carta de Lavoro de Mussolini, con el agregado de la expropiación de empresas para imponer “la tragedia de los comunes” con administraciones fiscales de pésimos servicios y deficitarias, junto con la sandez de “vivir con lo nuestro” alambrando fronteras con las consiguientes corrupciones y manotazos a la Justicia y colonización del Legislativo en medio de la fabricación de una maraña impositiva imposible de digerir por la estructura productiva y un endeudamiento colosal de los aparatos estatales.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

En las circunstancias que corren se ha constituido una milagrosa oposición de un muy respetable peso en ambas Cámaras, oposición que se formó debido al alarido desesperado de quienes se dirigían a preservar aspectos básicos del republicanismo tal como la libertad de prensa y apuntalar lo que queda en pie de la Justicia y en su gran mayoría no como apoyo a la fallida gestión anterior que comenzó con el nada sobrio republicanismo bailecito con la banda presidencial en la Casa Rosada, siguió con la pretensión de designar dos miembros de la Corte por decreto, la expansión de ministerios y todo el fracaso que también es del dominio público.

Tal como he reiterado en distintas oportunidades estimo que el momento muy peligroso que atravesamos exige fortalecer y alimentar la actual oposición en dirección a los principios alberdianos y de personajes como el jeffersoniano Leandro Alem puesto que no da para constituir nuevos espacios políticos frente a las graves andanadas institucionales y las permanentes amenazas a la propiedad, a los sueños de vida y a la libertad fortaleciendo un elefantiásico aparato estatal con embates a comerciantes y el establecimiento de fracasados y cavernarios precios máximos que se enancan a la ya de por si desgraciada pandemia.

Sé que quienes proponen nuevos espacios desde el costado republicano son personas muy bien inspiradas y con ideas y proyectos muy encomiables, pero no es el momento de dividir, fraccionar y debilitar lo que ya existe puesto que en campaña necesariamente se criticarán los otros espacios (de lo contrario no tiene sentido un nuevo partido o alianza).

Una de las propuestas se han sugerido es la de denominar Encuentro Republicano a una nueva fuerza. Confieso que me emociona la etiqueta elegida puesto que mi padre bautizó con ese nombre su esfuerzo en coordinar distintos partidos. La diferencia es que en esa época no había nada enfrente fuera de los populismos, mientras que ahora opera la referida oposición.

Comprendo que muchos amigos no se conforman con apoyar a personajes que en primera línea participaron del gobierno anterior que malamente desperdició una gran oportunidad de rectificar el rumbo, pero es necesario comprender que hay una enorme diferencia entre el plano político y la imprescindible batalla cultural en el ámbito académico y la lucha por las ideas de fondo. En el primer plano debe recurrirse a un discurso que la opinión pública puede digerir, lo cual, a su turno depende del trabajo que se lleve a cabo en aquél segundo plano que es vital para correr el eje del debate y marcar agendas.

Por otra parte, es necesario que la nueva oposición ya constituida no corra el riesgo de perder otra vez el tren y la nueva dirigencia recurra a manifestaciones que no den lugar a interpretaciones ambiguas al efecto de atraer a sus filas a quienes están de muy buena fe estudiando la posibilidad de abrir otros espacios. No hay posibilidades de pérdidas de tiempo, no es suficiente declamar sobre indudables valores institucionales, es menester escarbar más hondo en las ideas por las que otrora fuimos un ejemplo para el mundo libre.

No corramos el tremebundo riesgo de quedarnos sin el pan y sin las tortas, no vaya a ser que se fraccione el espíritu republicano mientras la actual oposición se queda en declamaciones, útiles pero escasas. No es ni remotamente suficiente oponerse a los manotazos a la Justicia y equivalentes, es indispensable comprender que aquella cualidad significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la fundamentalísima institución de la propiedad privada que inexorablemente se traduce en los mercados libres y el consiguiente respeto recíproco.

Los liberales no somos una manada, detestamos el pensamiento único de modo que los debates en este y otros temas son siempre bienvenidos. Estamos siempre en ebullición, nunca habrá un puerto definitivo, estamos siempre navegando en un ámbito evolutivo: como reza el lema de la Royal Society de Londres, nullius in verba, es decir no hay palabras finales.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 13 de agosto de 2020.

LIBERALES, ¿QUÉ HA PASADO?

Tengo 60 años y la primera vez que fui a comprar libros de Escuela Austríaca tenía 14 (en el Centro de Estudios Para la Libertad, allá por Leandro Alem a la altura de la Facultad de Ingeniería si mal no recuerdo). Digo esto porque creo que tengo derecho a hacer esta pregunta.

En el 84 y el 85 (y hasta el 91) viví la increíble experiencia de compartir el ambiente del Departamento de Investigaciones de Eseade, con el privilegio de investigar y estudiar con gente como los senior Ezequiel Gallo, Alberto Benegas Lynch (h), y en aquel entonces los juniors Roberto Cachanosky, Juan Carlos Cachanosky, Alejandro Chafuén, Alfredo Irigoin, Esteban Thomsen, y un poquito más adelante Ricardo Rojas y Enrique Aguilar.

Y a pesar de que no había internet, estábamos al tanto y comunicados con otros pensadores del liberalismo y la Escuela Austríaca de diversas partes del mundo.

Como corresponde, todos pensábamos diferente en muchos temas. Todo se debatía en buenos términos, tanto en reuniones formales académicas como en cafés, almuerzos, cenas y toda la vida. A veces el tema de debate era, precisamente, qué era lo que unificaba nuestra vida. El respeto sobraba y muchas amistades de esa época se mantienen hasta hoy.

¿Ignorábamos que había anarco-capitalistas, liberales clásicos, ateos, agnósticos y creyentes? Ja ja no…… Creo que el Eseade era el único lugar en Argentina donde se explicaba la tradición anti-federalista de los EEUU. ¿Ignorábamos las diferencias entre Mises, Hayek, Rothbard, Ayn Rand, Nozick y Buchanan? Ja ja tampoco, es más, todas sus posturas eran nuestros temas de estudio y debate y varios de nosotros los conocíamos personalmente (yo llegué a vislumbrar de lejos a Hayek y a conversar personalmente con Nozick, Buchanan y Kirzner).

Pero no había la guerra de insultos, excomuniones y liberalómetros que hay hoy.

¿Por qué no la había?

Me acuerdo que Alfedo Irigoin le decía a Alejandro Chefuén “otra vez con tus monjes”, y cuando llovía muy fuerte, Juan Carlos Cachanosky me decía, “Zanotti, rezá para que pare”. Y todo bien. Nadie se molestaba.

Que pensábamos diferente sobre el aborto, era obvio. Que de vez en cuando venía Armando Ribas y decía de todo contra la Iglesia, mientras que todos nos miraban a Alejandro y a mí, formaba parte de nuestros comentarios posteriores de café. Y ya está.

Y no pasaba nada.

Nadie se molestaba.

¿Por qué? ¿Alguien me quiere explicar qué pasa, qué pasó? Y no me digan que estábamos unidos ante el enemigo común. Porque ahora el enemigo común es peor que en los maravillosos 80.

Creyentes y no creyentes convivíamos sin problemas. Es más, si no era necesario, el tema no salía. Que cada uno hacía en su vida personal lo que mejor le pareciera se daba por descontado. Que había liberales creyentes, también.

De vez en cuando si algún tema teórico o práctico se ponía muy, muy denso, íbamos todos los pollitos a la oficina de Ezequiel Gallo y escuchábamos. Y eso era todo….

Ninguno de nosotros tenía que gastar mucho tiempo en autoclasificarse con lupa. Éramos liberales, ya está, y como mucho distinguíamos classical liberalism de liberalism porque estábamos totalmente al tanto de los usos terminológicos de los EEUU. Y no había más problema. Y si alguien se quería auto-clasificar de otro modo, ningún problema tampoco. Cosa de cada quién. No había nuevas iglesias, nuevos pontífices, ni excomuniones ni anatemas. Es más, creo que lo único que desentonaba era si alguien comenzaba con algo así. 

¿Qué pasó?

Si alguien me quiere explicar qué pasó, gracias. Estoy atrasado. Me quedé en mis 14, cuando comencé a leer a Mises y nunca más tuve mayores dudas de qué era defender la libertad. 

EL ESPECTACULAR CASO DEL CIUDADANO DE DOS MUNDOS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En esta nota me refiero a quien fuera conocido como el marqués de Lafayette (Marie-Joseph Roch Gilbert du Motier, 1757-1834) quien peleó como general designado por Washington en la revolución estadounidense contra el imperio británico y también como general en el origen de la revolución francesa. Su cercanía en las colonias norteamericanas a Thomas Jefferson y Benjamin Franklin y su amistad en Francia con Benjamin Constant y Madam de Staël ponen de manifiesto su espíritu liberal.

Lafayette participó activamente en la redacción de la Declaración de los Derechos del Hombre junto a personalidades como Mercier de la Rivere y a través del océano con la cooperación de Jefferson cuando Lafayette fue electo a la Asamblea de los tres estados generales, donde se establece claramente la trascendencia del derecho de propiedad privada y el respeto a la igualdad de derechos en los dos primeros artículos. La contrarrevolución copada por los jacobinos decretó su arresto, por lo que huyó a Bélgica. Más adelante en su correspondencia dirigida a Jefferson, el 14 de agosto de 1814, sostuvo que Napoleón reflejaba “la inmoralidad de su mente” y “el amor por el despotismo” (hoy diríamos en plena coincidencia con historiadores de la talla de Paul Johnson en su obra sobre aquél sujeto y las célebres consideraciones de Leo Tolstoy y que solo por un accidente puede ponerse en el lado del activo su código civil). En dos de sus discursos Lafayette resumió el eje central de sus desvelos: en Virginia colonial sostuvo que “Hay derechos naturales e imprescriptibles que ninguna nación tiene la facultad de violar” y en París afirmó que “La libertad consiste en todo lo que no lesione a otro”.

Nuestro personaje comenzó sus días bajo el reinado de Luis xvi pero a poco andar se adentró de los desmanes del árbol genealógico inmediatamente anterior del “Rey Sol” y su lema de “el Estado soy yo” y de su sucesor que operaba bajo la poco considerada y por cierto poco modesta consigna de aquello de que “después de mi el diluvio” con el entusiasta apoyo en los desmanes por parte de las amantes oficiales, primero Pompadour y luego du Barry pues el a veces alegado “derecho de pernada” (ius primae noctis) no era suficiente. Tal como consigna en sus memorias, desde muy joven se percató de las injusticias de las castas reinantes y su corte y de la consecuente situación de miseria y despojo de derechos de los habitantes de su país. En sus viajes por Francia quedaba “horrorizado con los rostros embrutecidos, contorsionados por el odio que asomaban a los costados de las ventanillas de su cupé” nos relata Andreas Latzko en su Lafayette, a Life.

Pero sus estudios no lo hicieron caer en las recetas fáciles y contraproducentes de sustituir un autoritarismo por otro por lo que decididamente se volcó al estado de derecho y a la libertad de mercados en oposición a los Colbert que lo precedieron con una inclinación más bien a la fisiocracia, tal como explican autores disímiles en sus apreciaciones pero de quienes se puede extraer jugo de interés como Lloyd Kramen en Lafayette in Two Worlds: Public Cultures and Personal Identities in an Age of Revolution, Charles W. Noth en Liberte, Egalite, Fraternite: the Amerian Revolution & the European Republic y de Laura Aurecchio The Marquis: Lafayette Reconsidered.

Ya a los quince años de edad llamó la atención de sus maestros en el Colegio de Plessis una composición que fabricó en latín titulada “La superioridad del espíritu del hombre sobre la fuerza bruta” en la que, como también apunta el antes mencionado Latzko, “con su rebeldía innata el muchacho hizo una apología del espíritu revolucionario de la libertad” y el mismo autor subraya que “El joven Lafayette, con su seriedad, su ardiente sed de destacarse y su amor por el saber, estaba completamente fuera de todo en ese círculo [el de la casta gobernante y sus acólitos] de febriles perseguidores del placer” y “como a los funcionarios del gobierno no se les pagaba o se pagaba con gran atraso, había que permitirles meter la mano en la rica caja [de los dineros públicos]”.

Debido a que son muy escasos sus testimonios escritos y muchas sus alabanzas públicas a las amistades como las señaladas y también frecuentes sus tertulias con los personajes mencionados, es de interés recordar telegráficamente qué ideas y valores sustentaban sus inspiradores más relevantes. Sus principales fuentes de consultas han sido George Buchanan, Algernon Sidney, John Locke, Montesquieu, Diderot, D´Alambert, Voltaire y de modo especial Turgot, por razones de espacio y debido a que en otras ocasiones nos hemos referido a los otros pensadores y debido a la antedicha importancia de este personaje para sus especulaciones intelectuales, en esta oportunidad centraremos nuestra atención en este último al efecto de mostrar la comprensión de Lafayette respecto a los fundamentos del mercado libre aun con ciertas disquisiciones algo técnicas pero no hay otra manera de ilustrar la profundidad y anchura de los intereses del personaje de marras pues “se decidió por zambullirse en los temas más intrincados para conocer el sustrato del valor de la libertad en lugar de quedarse flotando en la superficie”. En carta de Jefferson a Lafayette fechada en New York el 2 de abril de 1790 le reitera su amistad y admiración por su firmeza en los principios y cierra su misiva diciéndole que “usted es un cemento entre nuestras dos naciones” (The Life and Select Writings or Thomas Jefferson, NY, The Modern Library, 1790/1944, p.495).

A diferencia de Necker que fue tres veces requerido por el rey quien, entre otras medidas, por primera vez hizo públicos los estados financieros de la corona, Turgot participó en el gabinete gubernamental como ministro de finanzas solo en un brevísimo período, aunque había ocupado otros cargos burocráticos menores con anterioridad. Pero lo destacable de Jacques Turgot -Barón de l´Aulne- no es su paso por el aparato estatal, sino sus estudios y escritos de gran peso aunque muy breves en el tiempo que pudo dedicarse a esas investigaciones luego de sus estudios en la Sorbona.

Hasta donde mis elementos de juicio alcanzan, esta es la primera vez que se alude en el mundo hispanoparlante a los cuatro trabajos de Turgot que a continuación se citan que, como queda dicho, sirvieron de sofisticada instrucción al personaje de los dos mundos que aquí consideramos. Se han publicado otros en español que estimamos de menor significación, pero no los que ahora mencionamos. Estos textos se han traducido del francés en el mundo anglosajón en libros de historia económica pero hasta el momento no han aparecido en nuestra lengua.

Turgot en 1759 escribió Elogio a Gournay  que fue quien acuñó la frase “laissez faire” como un alarido a gobernantes que no intervinieran en actividades legítimas de comerciantes y de quien aprendió economía vía los trabajos de Cantillon y donde Turgot consigna que “las innumerables regulaciones dictadas por el espíritu monopolista cuyo propósito es eliminar la industria y concentrar el comercio en pocas manos”. En este trabajo también explica el absurdo de pretender vender a otras naciones y no comprar de ellas cuando el objeto del comercio es en verdad la compra pues la venta es el costo que hay que incurrir para lograr ese objetivo de adquirir lo que se necesita puesto que el comercio libre siempre produce beneficios recíprocos.

Es el caso de subrayar que Turgot fue en parte pionero respecto a los muy  incipientes estudios de miembros de la Escolástica Tardía del siglo xvi y la posterior decimonónica Escuela Austríaca en desarrollar la idea del conocimiento disperso en la sociedad que se aprovecha y coordina a través del sistema de precios, así escribe en el mencionado texto sobre Gournay que el comerciante “es el único que conoce los elementos particulares de su oficio que cualquier hombre iluminado  está ciego de reconocer”. También en ese texto se detiene a mostrar que el interés personal constituye el motor de toda acción humana y que siempre será en coincidencia con el interés general legítimo y concluye que “el gobierno debe siempre proteger la libertad natural del comprador a comprar y al vendedor a vender” antes de que indagara en este concepto la Escuela Escocesa.

En 1763 comenzó un Plan sobre impuestos en general que quedó inconcluso donde señala los prejuicios de la succión desmedida y creciente de los gravámenes, en esta línea argumental escribe que “parecería que las finanzas públicas como un monstruo codicioso que siempre espera adueñarse de toda la riqueza de la gente”, aunque desafortunadamente influido en esto por los fisiócratas sobrevaloraba el significado de la agricultura parcialmente en detrimento de otros sectores por lo que sugería un impuesto único a la tierra, lo cual fue más adelante expandido por Henry George bajo el argumento falaz de “la renta no producida” y las externalidades no merecidas sin ver que todos nuestros ingresos se deben a las tasas de capitalización que generan otros.

Otro de los escritos de Turgot también lamentablemente inconcluso en 1769 titulado Valor y moneda donde sorpresivamente retoma la idea iniciada por la antes mencionada Escolástica Tardía sobre la teoría subjetiva del valor, mucho antes de Carl Menger en 1871. Turgot no solo desarrolla una teoría monetaria de gran interés como la completaría tiempo después Ludwig von Mises, sino que en ese contexto explica como la economía no puede referirse a números cardinales, solo ordinales ya que “no es susceptible de mediciones” e insinúa la imposibilidad de comparaciones intersubjetivas  y da los pasos iniciales para el establecimiento del concepto de costos de oportunidad.

En 1766 Turgot publica un trabajo que adquirió fama inmediata: Reflexiones sobre la formación y distribución de la riqueza donde se detiene a considerar los procesos simultáneos de producción-distribución que contradicen concepciones modernas en cuanto a la pretendida posibilidad de tratar esa cara y contracara como si fueran independientes. Este trabajo de Turgot es una refutación anticipada a la concepción de John Stuart Mill en su texto tan difundido en distintas facultades de economía tan criticado en ese aspecto por Friedrich Hayek, entre otros. Es vinculado a este aspecto que Thomas Sowell insiste en que nosotros los economistas deberíamos dejar de hablar de “distiribución” puesto que por una parte “los ingresos se ganan, no se distribuyen” y por otra es un buen antídoto para no continuar con la denominada “redistribución de ingresos” que significa volver a distribuir por la fuerza lo que libre y voluntariamente se llevó a cabo en el mercado.

Si bien Lafayette dedicó principalmente sus energías al terreno militar, es de gran interés mostrar que lo hizo en pos de sus ideales de libertad guarnecido en estudios, lecturas y amistades todas dirigidas a proteger las autonomías individuales y cuando ocupó cargos legislativos los dedicó en la misma dirección, siempre con preocupaciones basadas en la triada tan cara al espíritu liberal: la vida, la propiedad y la libertad de todos los integrantes de la comunidad civilizada. Por eso fue considerado el ciudadano de dos mundos y por eso será recordado como uno de los bastiones de la sociedad abierta.

En las últimas líneas de la antes aludida biografía de Lafayette por Andreas Latzko se enfatiza que el poder de las armas es destructivo si no está cubierto por la fuerza de las ideas liberales del respeto recíproco. Estos son los conceptos de un general estudioso de la mejor tradición del mundo libre que, como queda consignado, tuvo participación descollante en el terreno militar e intelectual en dos de los acontecimientos más sobresalientes de lo que va de la historia de la humanidad. En Francia se frustraron los ideales originales de la revolución con los embates del jacobinismo y en Estados Unidos de un tiempo a esta parte se está frustrando la revolución por el asalto del estatismo. Los franceses en gran medida pudieron revertir aquella frustración, es de esperar que los estadounidenses puedan revertir su declinación para bien de todos los espíritus libres y en homenaje a Lafayette.

DIOS MÍO, ¿QUÉ HEMOS HECHO?

Todos años, en alguna clase, doy el siguiente ejemplo.

Hay una bomba en un estadio de futbol con 300.000 personas. Se encuentra al que la puso 10 minutos antes de la hora anunciada para la explosión. Sólo él sabe desactivarla y dónde está. ¿Se lo tortura o no?

Siempre dejo que los alumnos discutan. Al final expreso mi quijotesca e inútil opinión: no.

No, porque hay límites que no se deben cruzar nunca. Si se cruzan, no hay vuelta atrás.

Lo mismo que el tema de la tortura para casos de terrorismo. Que muchas personas la siguen justificando al mismo tiempo que despotrican contra el gobierno de Videla del 76.

Con el famoso coronavirus -un virus corona- ha sucedido lo mismo.

¿Tendremos vuelta atrás?

Han puesto en el gobierno a la barbarie del especialismo (Ortega) con poderes ilimitados, convirtiéndolos en dictadores absolutos.

Han borrado de un plumado todas las libertades individuales más inalienables e inviolables.

Han convertido al mundo entero en una nueva Unión Soviética.

Han condenado a millones de personas a la pobreza más extrema; han condenado a millones a cerrar sus fuentes de ingreso, han dicho -nuevamente- que el estado lo solucionará, produciendo con ello más inflación, deuda pública e impuestos.

Han condenado a muerte a millones de personas por la falta de atención médica y diagnóstico de otras enfermedades, muchas de ellas con una tasa de letalidad mucho más alta.

Han producido el pánico de la población, han manipulado y alienado a millones de personas que carecen de pensamiento crítico para defenderse.

Han eliminado toda libertad de tratamientos médicos y soluciones alternativas. 

Han endiosado a una falible ciencia.

Han negado la diferencia entre infectado, enfermo y muerto.

Han falsificado los datos de muertos por coronavirus y los casos.

Han utilizado testeos ineficientes que dan falsos positivos.

No han distinguido entre muertos con o por coronavirus.

Han equivocado el tratamiento.

Han silenciado y censurado a los médicos disidentes, que son cada vez más.

Han ridiculizado e insultado a todo el que pensaba diferente.

Siguen contando el número de casos como si ello fuera lo relevante.

Han condenado a los ancianos a morir en soledad sin la asistencia de sus familiares.

Han convertido a ciudades y estados enteros en estados policiales y totalitarios donde los más elementales derechos son ahora delitos punibles.

Han violado la libertad de enseñanza.

Han eliminado los servicios religiosos.

Han amenazado con una inhumana “nueva normalidad”.

Han….

Y todo esto, oh casualidad, con el apoyo de la izquierda más radical.

Y con la complicidad de gran parte de autoridades religiosas que, oh casualidad, coinciden con esa agenda.

Por qué lo han hecho, bueno, habría mucho para conjeturar.

Digamos que en la Chicago de los 20 no había que ser paranoico para sospechar que Al Capone era culpable.

¿Habrá vuelta atrás?

¿Cómo defenderse?

¿A dónde irse?

Dios mío, qué hemos hecho. 

Control Sintético de la Dolarización en Ecuador: Algunos Resultados Preliminares

Introducción: Contexto

Este año se cumplen 20 años de dolarización en Ecuador. El aniversario ha sido motivo de re-evaluar los resultados de esta reforma monetaria en Ecuador (aquí y aquí mis posts luego de mi visita al país en Enero). Larry White también ha escrito recientemente sobre este tema. Pareciera ser que hay algo de romantización del pasado; se sobrevalora la economía bajo el Sucre y se subvalora la economía dolarizada.

Si bien se pueden contar 100+ casos de dolarización, es difícil aplicar un típico análisis econométrico. Por lo tanto, la literatura sobre dolarización se divide en (1) análisis especulativos, (2) casos de estudio (análisis empírico sin econometría) y (3) narrativa analítica. El tema de dolarización fue relevante a fines de los 90 y principios de los 2000s (las compilaciones de Levi-Yeyati y Sturzenegger y de Salvatore, Dean y Willet son una buena muestra inicial de la diversidad de autores que han tocado el tema). Es una interesante perspectiva ver un número de autores que no consideran a la dolarización una idea «local». Como es moneda corriente en economía, depende de como se valores los trade-offs.

John Ramseur, senior student en Metropolitan State University of Denver, aplicó un control sintético (SCA por sus siglas en inglés) sobre la dolarización de Ecuador. Junto a John estamos trabajando en darle forma a este paper. Por el momento, compartimos resultados preliminares. El objetivo principal es comparar la evolución del PBI per cápita real de Ecuador dolarizado con un hipotético Ecuador sin dolarización. Si la dolarización es tan mala idea, entonces deberíamos ver que un Ecuador sin dolarización tiene mayores ingresos (reales) que un Ecuador dolarizado (especialmente con un shock externo como el del 2008). El resultado muestra, sin embargo, que Ecuador dolarizado posee un ingreso per cápita de hasta casi un 20% mayor a Ecuador sin dolarización. Para estar a tono con la literatura de SCA, también estimamos resultados sintéticos deotras variables como la participación de las exportaciones sobre el PBI y al mortalidad infantil (x1000) como medida de salud y bienestar general.

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AIER: The Fiscal Fed

Economists often make a distinction between fiscal policy and monetary policy. Fiscal policy involves the use of taxing, spending, and borrowing power. It allocates resources across specific industries and economic actors. Fiscal policy has traditionally been the responsibility of Congress and the Treasury.

Monetary policy involves adjusting the money supply, setting administered interest rates, or exhibiting influence on money demand or non-administered interest rates. It intends to provide monetary stability for the economy and liquidity to financial markets. Monetary policy has traditionally been the responsibility of the Federal Reserve.

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