LECCIONES DEL “DESARROLLISMO” DE ARTURO FRONDIZI

Frondizi_FrigerioEl contexto económico que le toca enfrentar a Mauricio Macri se asemeja bastante al que enfrentó Arturo Frondizi cuando llegó a la Presidencia en Argentina el 1 de mayo de 1958. En ese entonces el Banco Central contaba con escaso nivel de reservas, y no había suficientes divisas para importar materias primas, productos intermedios y bienes de capital indispensables para la industria. Los controles de cambio pretendían administrar esa escasez, mientras el sector energético carecía de las necesarias inversiones y la importación de combustible –después de perder el autoabastecimiento- se consumía el 20 % de las divisas para importación.
La Argentina venía de tres décadas de estancamiento económico producto de un exacerbado proteccionismo y de aplicar el modelo de sustitución de importaciones. La consecuencia lógica de este proceso fue el “estrangulamiento”, entendido como aquella situación en que la expansión de la economía –con un modelo hacia adentro- encuentra un límite al requerir incrementar la importación, lo que a su vez agudiza el problema de la balanza comercial. En ese lapso de tiempo las importaciones se redujeron desde el 50 % del PIB en 1928 a sólo el 10 % del PIB en 1958 y en 7 de los 10 años que van de 1949 a 1958 la Argentina acumuló déficits en su balanza comercial.
La producción agropecuaria por su parte venía declinando desde los años 1930, con escasos incentivos, motivados por los bajos precios internacionales, pero también por el exceso de regulaciones y controles, incluyendo retenciones a las exportaciones.
 
El desarrollismo de Frondizi y Frigerio
 
Frondizi se asoció muy pronto a Rogelio Frigerio, y comprendieron que la respuesta a los problemas económicos del país se encontraba en la inversión extranjera directa, especialmente en sectores que ellos consideraban estratégicos para el país. Frondizi repetía que “los Estados Unidos resolvieron el mismo problema con el concurso del capital extranjero, cumpliendo la afirmación de Hamilton en el sentido que todo dinero extranjero que se invierte en una Nación deja de ser un rival para constituirse en un aliado.”
Fue en este contexto que Frondizi y Frigerio plantearon la necesidad de industrialización, pero no a través de la sustitución de importaciones, sino por medio del “desarrollismo”. Este modelo partía de la famosa tesis de Raúl Prebisch, basada en un pesimismo respecto a las exportaciones de productos primarios, vinculado a los bajos precios de los productos agropecuarios y mineros. Los países que sólo produjeran estos productos primarios inevitablemente caerían en el estancamiento. Por ello se plantea promover la industrialización, entendido como el desarrollo de manufacturas, pero no por la vía del proteccionismo, sino con economías abiertas e integradas al mundo.
El objetivo del desarrollismo es pasar de una economía agroexportadora a una economía industrial. La clave para ello era la expansión “vertical”, es decir, el acople de las actividades de producción de insumos y bienes de capital a las ramas ya más expandidas. Este empuje, a su vez, hacia una “economía industrial integrada” reconocía una serie de prioridades. En primer lugar debía multiplicarse la producción de petróleo y gas, lo que permitiría, en un plazo bastante corto, ahorrar divisas para dedicarlas a la inversión en otros rubros. Frigerio sintetizó esa aspiración en la fórmula “Petróleo + carne = acero + industria”; la capacidad de conseguir capital necesario para instalar las ramas químicas y de acero estaba dada por las posibilidades de exportación de carne y la sustitución de importaciones petroleras. Además de estos rubros, otras prioridades de aquel gobierno estuvieron localizadas en la industria química y petroquímica, siderurgia, depósitos de carbón y hierro, provisión de energía eléctrica, cemento, papel, , maquinaria y equipos industriales. Sólo mediante un adecuado monto de inversiones en todas estas industrias estratégicas, y también en la construcción de rutas y autopistas, podría retomarse un camino de crecimiento. De lograrse, además se permitiría integrar económicamente a las distintas regiones del país, descentralizando las actividades económicas.
El arribo de inversiones desde el exterior dependía de las condiciones internas que lograra generar el gobierno, y Frigerio acertó entonces en eliminar parte de la legislación represiva por el proteccionismo preexistente. Se terminaron las restricciones sobre el mercado cambiario y hubo un solo tipo de cambio, fluctuando su cotización según la oferta y la demanda. En cuanto a las importaciones se abolieron parte de los controles cuantitativos y sistemas de permisos, pero se establecieron  recargos a las compras externas de hasta 300 % para bienes de lujo, pero que eran 0 % para insumos considerados esenciales.
Para reducir el déficit fiscal también se proyectó una reducción del empleo estatal que comenzaría por el congelamiento de nuevas vacantes. Se anunciaron nuevos impuestos y mayor control tributario. En los primeros días de enero, además, hubo una suba de las tarifas públicas.
 
Los desaciertos de Frigerio
 
Pero esos aciertos fueron relativizados por otros desaciertos. El crecimiento de los salarios y de la inversión pública provocó un déficit que rozó el 9 % del PBI y fue financiado en su mayoría a través de emisión monetaria. La consecuencia lógica fue un alto nivel de inflación.
Además, en 1958 el gobierno anunció que se habían firmado contratos de explotación con empresas petroleras extranjeras. Las negociaciones, que habían sido llevadas adelante personalmente por el entonces polémico Frigerio, no se convocaron mediante licitación pública y no se preveía la aprobación parlamentaria de los contratos.
Al margen de las formas y sus polémicas, el resultado fue impactante. Cuando asume Frondizi, la importación de petróleo representaba un cuarto de las importaciones. 30 meses después había autoabastecimiento, pasando la producción de 5,6 a 16 millones de metros cúbicos anuales.
El éxito de este proceso despertó el interés extranjero por otras inversiones, pero aun no se había resuelto el “estrangulamiento”. Las restricciones a la importación impedían el crecimiento, y en 1959, el PIB cae un 6,5 % respecto al año anterior. Mientras caía la recaudación fiscal y se agrandaba el déficit y su monetización, la inflación se aceleraba, lo que presionó a Frigerio a dar un paso al costado.
 
El aporte “liberal” de Álvaro Alsogaray
 
Álvaro Alsogaray fue designado al frente de los Ministerios de Economía y Trabajo y rápidamente hizo famosa su frase: “Hay que pasar el invierno. […] Denme ustedes un tiempo para permitir la reabsorción de este fenómeno.” Lo cierto es que sin su aporte “liberal” el desarrollismo no habría pasado el invierno.
La prioridad de la política económica de Alsogaray fue detener el proceso inflacionario y lo logró poniendo especial atención en el déficit fiscal que se venía monetizando. Primero redujo el déficit con medidas anti-populares como el retraso en el pago de salarios de empleados públicos. Segundo, suspendió obras públicas y terminó con el estado empresario, afirmando que las inversiones debían ser desarrolladas con medios privados. Tercero, cambió la fuente de financiamiento del déficit fiscal por deuda interna y externa a la que accedieron las empresas públicas y la administración central. Cuarto, a medida que la economía se fue recuperando se fue incrementando la recaudación tributaria, lo que contribuyó también a reducir el déficit fiscal.
Pasó el invierno. Las turbulencias macroeconómicas de mediados de 1959 fueron cediendo. El dólar, que había tenido un pico de 100 pesos moneda nacional en mayo, retrocedió hacia 83 en agosto, gracias a mayor confianza y a crecientes influjos de capital, que comenzaron a responder a las facilidades para la inversión extranjera. Temiendo una mayor apreciación, el Banco Central estableció una paridad fija de facto en ese nuevo nivel. La inflación descendió al compás del tipo de cambio: los precios de las importaciones y los productos agrícolas se estabilizaron apenas el dólar alcanzó ese nuevo equilibrio, y los productos industriales crecieron a apenas 1 % mensual en el último cuarto de 1959.
En 1960 y 1961 la economía creció a un promedio de más del 8 % anual. El factor dinamizador fue la inversión que aumentó en 1961 a un nivel 66 % mayor que el de 1959, y 47 % mayor que el de 1958, un año menos anormal.
El capital internacional respondió a las masivas oportunidades que proveía una economía ahora más ordenada. El Financial Times declaraba al peso argentino “moneda estrella” del año en 1960. Si bien el BCRA tuvo que pagar intereses por 170 millones de dólares, igualmente logró acumular más de 317 millones de dólares en reservas, gracias a la entrada de más de 500 millones de dólares en capital.
Poco a poco, el crecimiento se manifestó en una mejora en el salario real, que aumentó 12 % hacia fines de ese año. En este período también se destaca la creación de Segba que ayudó a resolver el crónico déficit de energía eléctrica en Buenos Aires y el crecimiento vertiginoso de la industria automotriz. No es un dato menor que el 80 % del crecimiento de la producción de manufacturas entre 1958 y 1961 lo explica el desarrollo de esta rama de la industria.
Cuentan diversos historiadores, sin embargo, que Frigerio nunca dejó realmente de ofrecer su consejo a Frondizi. De hecho, hubo recurrentes tensiones entre Alsogaray y Frigerio, por ejemplo, por la construcción de una central eléctrica en Dock Sud, y el costoso proyecto de El Chocón. Estos proyectos se llevaron adelante a pesar de la oposición de Alsogaray, quien era mucho más conservador con los recursos tributarios.
 
Roberto Alemann reemplaza a Alsogaray
 
En abril de 1961 Alsogaray es reemplazado por Roberto Alemann como Ministro de Economía, pero la salida no fue traumática. Alemann continuó el programa conservador de Alsogaray.
Alemann insistió en la austeridad para asegurar la estabilidad monetaria, pero pronto la “batalla del transporte”, abrió conflictos y huelgas que terminaron con 54.000 despidos. La financiación de mejoras salariales e indemnizaciones altísimas provino del BCRA, lo que produjo la renuncia de Alemann en enero de 1962.
La caída de reservas de allí en adelante fue continua, y mientras Frondizi volvió a insistir en un fuerte recorte de empleo público, su derrota electoral sólo condujo a la vieja solución argentina con una nueva devaluación.
 
Manufacturas y actividades agropecuarias
 
Como saldo de este nuevo proceso de industrialización, cabe señalar que las manufacturas se destinaban casi exclusivamente al mercado interno. En 1960 la Argentina exportaba bienes no agropecuarios por apenas 43 millones de dólares, el 0.35 % del PIB y el 4,1  % de las exportaciones.
Respecto a las actividades agropecuarias, los historiadores coinciden que “no eran vistas por el desarrollismo como candidatas para liderar el crecimiento sostenido que, se preveía, aguardaba a la Argentina. Al contrario, en la raíz de pensamiento desarrollista estaba la idea de que concentrar fuerzas en la producción primaria había sido, para América latina, condenarse al fracaso.”
La política agropecuaria de corto plazo estuvo dominada por dos instrumentos: el manejo cambiario y las retenciones a las exportaciones. Tomadas en conjunto, sin embargo, la devaluación y el aumento de las retenciones implementadas con el plan de estabilización favorecieron a los productores rurales. Entre 1958 y 1959, la relación entre los precios del sector rural y el conjunto de los precios mayoristas de la economía se movió a favor de los primeros, un 10 %, básicamente como resultado de la devaluación. El beneficio sin embargo, sólo duró un tiempo, hasta que el aumento de precios se transmitió a los costos y la mejora en la rentabilidad resultó sólo marginal.
 
El desarrollismo en el siglo XXI
 
Macri hace bien en reivindicar a Frondizi y tomarlo como modelo para salir de las dificultades económicas en que se encuentra la Argentina, resumidas en los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario.
El potencial flujo de inversión extranjera que entraría al país a partir de 2016 puede resultar en un empuje al crecimiento económico, al tiempo que corregiría los bajos niveles de inversión en petróleo –para recuperar el autoabastecimiento- y en energía –cuyo déficit hace de cuello de botella a la industria también en la actualidad-.
Sin embargo, el esquema de prioridades para ciertas actividades en detrimento de otras, resulta en un paternalismo inútil que sólo puede perjudicar el proceso de internacionalización al que Argentina se quiere introducir.
Por otro lado, Macri debe comprender –como lo hizo Alsogaray en su tiempo- que el principal problema actual –además de la apertura económica- es el déficit fiscal y la inflación, aspecto que le será sumamente difícil de sortear dado su compromiso de mantener intacta la estructura de gastos, con la excepción de los subsidios que se comprometió a reducir.
El equipo económico de Macri es hoy heterogéneo, lo que incluye a heterodoxos y ortodoxos. Si en el debate de la mesa chica triunfa el keynesianismo, y se considera que la inversión pública puede ser el motor del desarrollo tal como hoy lo recomienda Paul Krugman, el déficit se puede agravar, con ello la inflación, lo que terminará por expulsar al capital. Si por el contrario, triunfa la ortodoxia, o lo que Alsogaray llamaba la economía social de mercado, y se busca al capital privado para impulsar las inversiones en petróleo, energía e infraestructura, sin olvidar la importancia del equilibrio fiscal, entonces Argentina puede estar iniciando su tan ansiado milagro económico.

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Tener ventajas comparativas no significa solamente bajos salarios: Inglaterra compite con China

Con los alumnos de UCEMA completamos la materia sobre Empresas y Negocios Internacionales considerando las distintas circunstancias de la competitividad global:

Hemos escuchado tantas veces ya que los países asiáticos compiten en la economía internacional porque tienen muy bajos costos de su mano de obra que esto nos ha hecho olvidar que el trabajo es tan solo uno de los recursos necesarios en toda producción. Un estudio realizado por la consultora Boston Consulting Group (“The Shifting Economics of Global Manufacturing: How Cost Competitiveness is Changing Worldwide”, o “La cambiante economía de la manufactura global: Como está cambiando la competitividad de costos en todo el mundo”) presenta algunos resultados que sorprenden. https://www.bcgperspectives.com/content/articles/lean_manufacturing_globalization_shifting_economics_global_manufacturing/

Dice el trabajo: “Por la mayor parte de las últimas tres décadas, un doble concepto ha guiado las decisiones de inversión y abastecimiento de las empresas. América Latina, Europa Oriental y gran parte de Asia eran consideradas como regiones de costos bajos. Los Estados Unidos, Europa Occidental y Japón eran vistos como países con altos costos.

Global manufacturing

Pero parece que esta visión del mundo está anticuada. Años de cambios en salarios, productividad, costos de la energía, valores de sus monedas y otros factores están modificando silenciosa y dramáticamente el mapa global de los costos de manufactura. Este mapa es más una mezcla de economías con bajos costos, con altos costos y muchas entre unas y otras en todas las regiones.

En algunos casos, los cambios de costos relativos son sorprendentes. ¿Quién hubiera pensado una década atrás que Brasil sería uno de los países con costos de manufactura más altos- o que México podría ser más barato que China? Mientras Londres sigue siendo uno de los lugares más caros para vivir y visitar, el Reino Unido se ha convertido en el productor manufacturero con menores costos de Europa. Los costos en Rusia y gran parte de Europa Oriental han llegado casi a la paridad con los Estados Unidos.”

En verdad las conclusiones son sorprendentes. El estudio analiza a los principales 25 exportadores del mundo, quienes producen el 90% de las exportaciones totales de productos manufacturados.

La ventaja de costos que tiene China sobre los Estados Unidos se ha reducido al 5%, en particular debido a la caída del costo de la energía en este último país. Brasil es más caro que casi toda Europa Occidental. Polonia, la República Checa y Rusia están casi a la par con Estados Unidos y tan solo un poco más baratos que el Reino Unido y España. Los países desarrollados que han perdido competitividad incluyen a Australia, Bélgica, Francia, Italia, Suecia y Suiza. Y las grandes estrellas parecen ser México y los Estados Unidos.

Dice el informe: “Las estructuras de costos en México y los Estados Unidos mejoraron más que todos los demás 25 principales exportadores. Debido a bajos incrementos de salarios, sostenidas ganancias de productividad, tipos de cambio estables y grandes ventajas en los costos de energía, estas dos naciones son actualmente las estrellas fulgurantes en la manufactura global. Y excepto por China y Corea del Sur, el resto de los diez principales exportadores de bienes son 10 a 25 por ciento más caros que los Estados Unidos.”

He aquí una muestra acabada del concepto de “competencia entre jurisdicciones” que analizamos en el capítulo de competencia institucional del libro.

La Escuela Austriaca desde Adentro, Vol, 1, 2 y 3

En 2012 la Facultad de Ciencias Económicas de la UFM me dio la oportunidad de ser profesor visitante y dictar tres materias en su Licenciatura en Economía. Ante la visita de Juan Pablo Marcos a Guatemala, y gracias a las gestiones de Mayra Ramirez, aprovechamos la oportunidad y presentamos este libro «La Escuela Austriaca desde Adentro» en tres tomos (1, 2 y 3), en la librería del Fondo de Cultura Económica que está dentro de la UFM. El siguiente video muestra la exposición, que espero ayude a acercar a los seguidores de nuestro blog a esta tradición de pensamiento.

Mi primer viaje con UBER: el futuro está cerca, pueden resistirlo pero va a llegar tarde o temprano

Estoy en San José de Costa Rica. Como es usual, para dar un par de conferencias. Me viene a buscar al hotel uno de los jóvenes que dirigen el capítulo local de Students for Liberty para ir a una radio. Uno de sus compañeros iba a buscarnos pero está atascado en el tráfico de la ciudad, tenemos que ir por nuestra cuenta.

Uber

Perfectamente podríamos ir en alguno de los taxis que esperan fuera del hotel, pero Steven (así se llama mi amigo), propone en cambio utilizar los servicios recientemente inaugurados de Uber que cuestan, además, un 25% del costo del taxi en el hotel. Abre su aplicación y se fija primero si hay algún auto de Uber dando vueltas por la zona y cuánto podría tardar en llegar hasta donde estamos. Cuando encuentra uno, realiza su pedido, ingresa la dirección del hotel y a la que queremos llegar. En tres minutos el auto llegará a buscarnos. Podemos ver en el mapa de la aplicación por dónde está y cómo está avanzando hasta nuestro hotel.

Como la señal se demora unos segundos aunque lo muestra a una cuadra Steven me dice que salgamos y apenas afuera del hotel para un auto con las luces de baliza. Steven tiene los datos del auto, el número de su patente y el nombre del conductor. No podemos equivocarnos.

Subimos y nos saludamos, no hay mucho más que decir, él ya sabe adónde vamos. Nos da la bienvenida y nos ofrece pastillas o caramelos. Steven tiene también, antes de subirnos, una estimación del costo del viaje. Le pregunto cómo se determina luego la tarifa y me explica que se toma en cuenta la distancia y el tiempo. También pregunto cómo se resuelve el viejo problema del taxi que lleva a un pasajero que desconoce la ciudad a dar vueltas por allí antes de dejarlo en el destino.

En primer lugar, uno puede ver el mapa en la app y seguir el rumbo del auto. Es más, nos marca el camino más directo, aunque puede ser que el conductor sugiera ir por otro si es que el más directo está más atascado. Esto, en verdad, se puede hacer con cualquier taxi gracias a otras apps como Google maps, Here y otras.

Pero hay una gran diferencia con los taxis normales. Cuando termine el viaje y nos bajemos, la app de Uber nos pide que califiquemos al conductor, y ellos solamente aceptan a los que tengan 4 o 5 estrellas. El incentivo para dar un buen servicio y para dejar al cliente satisfecho es enorme. La disciplina que eso ejerce es fundamental y no se encuentra en los taxis comunes. Y cada vez tenemos más poder como consumidores, ya conocemos el poder de nuestra opinión en otros servicios tales como EBay, Mercadolibre, TripAdvisor y otros por los que los proveedores tienen que ser calificados.

También el conductor nos calificará a nosotros, lo cual también nos impone disciplina, ya que una mala reputación significa que podemos ser rechazados en el futuro.

Nos bajamos y no hay que sacar dinero, ni siquiera una tarjeta de crédito. Uber nos cobrará en la tarjeta que podemos elegir, e incluso podemos pagar con Paypal. ¿Aceptarán el Bitcoin en el futuro?

Nuestro conductor, como muchos otros, es un emprendedor que aprovecha sus momentos libres para obtener algún ingreso adicional En este caso, nos cuenta que tiene un emprendimiento para producir  vegetales por hidroponía, con lo cual además del viaje tenemos una conversación interesante.

Por supuesto que los taxistas tradicionales de San José están que trinan y han tratado de todas formas de frenar esta competencia. Pero los consumidores sabemos que es lo mejor para nosotros. En verdad, da la sensación que están planteando una batalla perdida. Mucho mejor, para ellos mismos, sería que organizaran sus propias apps y que ofrecieran servicios incluso mejores que los de Uber. Estaríamos todos agradecidos.

Douglass North (1920-2015)

Acabo de enterarme del fallecimiento de Douglass North, el pasado 23 de noviembre, lo cual entristecerá a muchos seguidores de este blog.

Conocido economista e historiador estadounidense, recibió el Premio Nobel en Economía en 1993, junto a Robet Fogel. Su mayor aporte, a mi entender, fue haber señalado la importancia de las instituciones para el pensamiento económico, contribución que luego se extendió a diversas áreas incluyendo la teoría de la empresa. La Academia Sueca rescata su contribución a la renovación de la investigación en historia económica, a partir de la aplicación de técnicas cuantitativas para explicar los cambios económicos e institucionales.

Nunca conocí a Douglass North, pero no hay evento al que asista en donde no sea referenciado, ni curso que yo mismo dicte, donde no mencione su nombre. Lo conocí más bien por sus escritos, a los que accedí gracias a las clases de Martín Krause, quizás su mejor alumno en la Argentina.

Habría que ver qué relación existe entre el Index of Economic Freedom que siempre referenciamos, con los aportes de Douglass Noth, lo mismo que el Indice de Calidad Institucional que año a año actualiza Martín Krause con aquellas contribuciones.

Muchos economistas hablan de instituciones, pero pocos la han definido tan magistralmente como lo ha hecho él mismo. Cito un artículo aparecido en Libertas que recomiendo a todo joven economista que quiera profundizar en el tema:

«[I]nstituciones son regularidades en las interacciones repetitivas entre individuos. Proveen un marco dentro del cual las personas tienen cierta confianza acerca de la determinación de los resultados. No sólo limitan el alcance de las opciones en la interacción individual sino que amortiguan las consecuencias de cambios en los precios relativos. Las instituciones no son personas, son costumbres y reglas que proveen un conjunto de incentivos y desincentivos para individuos. Implican un mecanismo para hacer cumplir los contratos, sea personal, a través de códigos de comportamiento, sea a través de terceros que controlan y monitorean. Debido a que, en ultimo término, la acción de terceros siempre implica al estado como fuente de coerción, la teoría de las instituciones incluye un análisis de las estructuras políticas de la sociedad y el grado en que éstas proveen un marco para que el «hacer cumplir” – enforcement – sea efectivo.
Las instituciones surgen y evolucionan por la interacción de los individuos. La creciente especialización y división del trabajo en la sociedad es la fuente básica de esta evolución institucional. Dado que la interacci0n de los individuos implica costos de transacción positivos, esta aproximación se diferencia del marco de equilibrio general de la economía neoclásica. En este último no hay costos de transacción, y por lo tanto no hay instituciones. Sin embargo, en el mundo real los costos de transacción son una parte importante y creciente del producto bruto nacional. (North y Wallis, de próxima aparición.)
Dentro de este marco institucional, los individuos forman organizaciones para hacer suyas las ganancias provenientes de la especialización y la división del trabajo. Pueden establecer contratos entre ellos, voluntariamente o por coerción, en los cuales especificarán los términos de intercambio. Cuando un número de contratos caen dentro de un gran contrato sombrilla, forman una organización. Alchian y Demsetz [1972] y otros han mostrado cómo una firma u otro tipo de organizaciones son nada más que un nexo de contratos. Si bien las organizaciones implican cierto número de individuos, es importante recordar que una organización puede actuar como una entidad, y esto hace que su status sea algo diferente del de individuos que contratan con otros individuos. Es mas, la ventaja clave de una organización frente a los contratos individuales es que dentro de una organización los contratos pueden especificarse de modo de minimizar la disipación de rentas entre las partes contratantes. En realidad el determinante básico del modo de intercambio (mercado vs. jerarquía) es la estructura que minimizará los costos combinados de transacción y producción.»

Acceda aquí al documento completo.

 

LA EMBESTIDA DE SARAMAGO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEs raro el caso de que no se aprenda nada de un pensador, no importa de que tradición de pensamiento provenga. Es la magia y el atractivo del indispensable alimento que provee la libertad de expresión, es la maravilla donde no hay libros prohibidos y donde no prima la cultura alambrada propia de las xenofobias.

José Saramago (1922-2010) era comunista y puede ubicarse en la línea de Godwin, Bakunin, Krotopkin, Prudhon y contemporáneamente de Herbert Read y Noam Chomsky: en un contexto de abolición de la propiedad privada, proponen sustituir el aparato estatal clásico por otros organismos burocráticos de mayor control en las vidas de la gente donde la antiutopía orwelliana queda chica. A raíz de la crisis del 2008 declaró en Lisboa que “Marx nunca tuvo más razón que ahora”, confundiendo un capitalismo prácticamente inexistente con sistemas altamente estatistas. Sigue leyendo

¿El efecto ‘positivo’ de los ataques terroristas? Ridículo, incluso desde el punto de vista económico

Krugman_ArgentinaEstuvimos, en estos días, participando de un coloquio donde discutimos el llamado “debate del siglo”, entre Hayek y Keynes, sobre los ciclos económicos, y cómo se ha extendido el debate hasta nuestros días a través de una discusión entre economistas “austriacos” y keynesianos como Krugman y Stiglitz. Por supuesto que el nivel de las discusiones, muy buenas por cierto, fue teórico y académico. Pero esas distintas visiones teóricas no pueden sino generar posiciones sobre temas coyunturales que se basan en ellas.

Con el énfasis keynesiano en que el motor de la economía es el consumo y el gasto, no es de extrañar que nos encontremos con opiniones como la que presente el diario El Economista, de España.

Uno podría aprovechar el sentimiento de horror que se ha apoderado en toda persona tolerante del mundo y vilipendiar estas posiciones. Por cierto, y si tratamos de verlas desde su lado más benévolo, está claro que ninguno de los dos autores favorece esos atentados, y que simplemente estarían diciendo que, dado que han ocurrido, las consecuencias serán un aumento del gasto, que consideran, en particular Krugman, como positivo.

“Krugman explica en su blog del New York Times, que los atentados pueden supondrán (¿?) un aumento del gasto público en Francia y quizá en otros países de la Unión Europea. El Nobel de Economía no ha dudado en asegurar en varias ocasiones que un supuesto ataque de extraterrestres a la tierra “sería una solución para que el mundo emprendiese una política de estímulos”, y de este modo acabar con el estancamiento.”

Sería muy fácil ahora, denostarlos por señalar que puede haber un efecto positivo de tanto horror, pero no es lo que quiero tratar aquí, sino su fundamento económico. La idea es tan vieja como errónea. El economista francés del siglo XIX Frederic Bastiat caricaturizó esta visión en su famoso artículo sobre la ventana rota, donde argumenta en forma satírica todos los beneficios que se generan a partir de que unos niños rompan el vidrio de una ventana (trabajo para el vidriero, etc.). Esto fue varias décadas antes que Keynes aconsejara a los gobiernos enviar a la gente a cavar pozos y enterrar botellas para luego desenterrarlas.

Su respuesta ha sido contundente: eso no agrega nada, es más resta un vidrio que prestaba un buen servicio. Lo que tiene que gastar ahora el dueño de casa en cambiar el vidrio es dinero que no gastará en otra cosa, con lo que lo único que ha ocurrido es un desvío del gasto. O puede ser que para hacerlo reduzca sus ahorros, con lo que se reducirá el consumo futuro y/o la inversión presente, frenando el progreso económico.

Bastiat tiene otra referencia a este tema, vista ahora desde otro lado: no ya los beneficios que generaría un daño ocasionado, sino los que resultarían de aprovechar un beneficio inesperado. Así, por ejemplo, cuenta que estaban Robinson Crusoe y Viernes en la isla desierta, trabajando, y de pronto Viernes ve que llega un excelente tronco a la playa, que podría ser utilizado en lo que estaban haciendo. Crusoe ordena a Viernes no tocarlo, señalándole lo perjudicial que podría ser eso ya que estaría destruyendo el trabajo que ellos mismos van a tener que realizar para llegar a tener una viga de la misma calidad. Ridículo, ¿verdad?

Ahora hay que reconstruir la Argentina – por Roberto Cachanosky

Se frenó el proyecto de chavización. Ahora hay que reconstruir la Argentina

A lo largo de la campaña electoral, en dos oportunidades me consultaron si acompañaba con mi firma el apoyo a Macri y acepté sin problema. No tengo nada que esconder al respecto. Acompañar y apoyar a un candidato no significa dar un cheque en blanco. Ni a Macri ni a nadie. Y no porque sea Macri, sino porque no corresponde. Ya tuvimos esta triste y larga experiencia como para insistir con esto de la democracia delegativa, es decir votar y luego desentenderse de lo que hagan los gobernantes hasta la próximo elección.

Incluso brindé mi apoyo público a pesar de no coincidir con todas las propuestas que formula Cambiemos, pero ese espacio sí cumplía con una serie de condiciones básicas para recibir ese apoyo que era la prioridad de terminar con el intento de chavización que buscaba el kirchnerismo. Ese objetivo se logró. Primero había que recuperar el concepto de república y limitar el abuso del poder del estado.

Ahora viene la etapa de reconstruir la Argentina, y en ese punto estaré apoyando desde dónde sea, con una crítica sana tratando de aportar ideas. Seguramente cambiaré el tono. Fueron demasiados años de agresión, atropello y violencia verbal del kirchnerismo. Viene la etapa en que, llegado el caso, se puede disentir amablemente. Plantear puntos de vista diferentes sin por eso descalificar al otro.

Lo que deja el kirchnerismo es tierra arrasada, en lo económico y en los valores que imperan en la sociedad, pero sobre todo deja 12 años de abuso del poder y escándalos de corrupción.

¿Cómo creo que debería encararse el inicio del nuevo gobierno? En primer lugar, considero que debería llamarse a una auditoría internacional para que la gente conozca lo que deja el kirchnerismo en materia económica, institucional y de corrupción. Es como cuando uno compra una empresa. Antes hace una auditoría para ver que no haya pasivos ocultos y que lo que se muestra en el balance es cierto.

O, para ser más drásticos, cuando Eisenhower descubrió los campos de concentración que habían levantado los nazis, hizo que la gente de las ciudades y pueblos cercanos fueran a ver lo que habían encontrado e hizo filmar todo. Había que mostrarle al mundo lo que había hecho el nazismo con los judíos, los católicos, los que pensaban diferente o todo  aquél que osaba disentir con el régimen. Acá hay que hacer algo parecido. Hay que mostrarle a la población y al mundo qué deja el kirchnerismo. Y esto no es una cuestión para que Cambiemos se cubra hacia el futuro. Es un derecho de la gente a conocer qué dejaron porque, si de algo se ha caracterizado el kirchnerismo, fue por esconder y distorsionar deliberadamente la información para que la gente no supiera la verdad. Es un derecho republicano que la gente conozca la verdadera herencia que deja el kirchnerismo. Por supuesto, luego habrá que dejar que la justicia sancione severamente los casos de corrupción y de abuso de poder de todos estos años. Esa va sería una señal muy categórica para mostrar que en Argentina comienza una nueva etapa en la cual quien quiera invertir y trabajar no será víctima de la corrupción y el abuso de poder porque son sancionados por la justicia.

En lo económico, hay que empalmar dos planes en uno. Por un lado, el plan para apagar  el incendio que deja el kirchnerismo. El flanco fiscal es el más delicado junto con el sector externo. El gasto público en niveles récord aún con una presión tributaria asfixiante tiene como saldo un déficit fiscal muy importante. Eso obliga a emitir moneda para financiar el déficit fiscal, emisión monetaria que genera inflación e impide la estabilidad cambiaria. Por el lado del sector externo, haber retrasado artificialmente el tipo de cambio implica que, al liberarse lo que hoy se conoce como dólar oficial, se ubique por encima del actual. La razón es muy sencilla, ningún gobierno le pone un precio máximo al tipo de cambio por debajo del nivel al que opera el mercado. Si el mercado opera a $ 15, poner un tipo de cambio máximo a $ 18 no tiene ningún sentido. Por eso, sin necesidad de decir cuál debe ser el tipo de cambio sabemos de antemano que $ 9,50 es un tipo de cambio artificialmente bajo.

El segundo aspecto del plan económico es sentar las bases para el crecimiento de largo plazo. Torcer tantos años de populismo que llegó a su máxima expresión con el kirchnerismo es, tal vez, una tarea más de docencia. Explicarle a la gente que para poder consumir primero hay que producir. Que los puestos de trabajo no los crea el estado sino que los generan las inversiones. Que el crédito no se imprime en billetes emitidos por el BCRA, sino que se genera a través del ahorro. Que el llamado estado de bienestar tiene como contrapartida una carga tributaria que espanta las inversiones y deja a la gente sin trabajo. Hay muchas ideas erradas que cambiar. Creo, sinceramente, que también es parte de la dirigencia política hacer docencia. No es solo cuestión de conseguir votos, sino de transmitir valores.

Seguramente hasta el 10 de diciembre el kircherismo hará todas las maldades posibles para complicarle la vida al próximo gobierno. Pero que quede claro, no le complicará la vida al próximo gobierno, se la complicará a todos los argentinos.

En mi opinión, para no volver a padecer este populismo totalitario, que no solo destruyó la economía argentina sino que también intentó establecer una dictadura al estilo chavista persiguiendo a los que pensábamos diferente, es fundamental no ser tibios y establecer una economía en la cual el estado se limite a defender el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Tener una economía con disciplina fiscal y monetaria para evitar la inflación y la  carga impositiva que ahoga la actividad privada. Tener una economía integrada al mundo para generar más puestos de trabajo vía el comercio internacional. Respetar la propiedad privada para atraer inversiones que creen más puestos de trabajo y mejor remunerados por  aumento de la productividad. En fin, no hay ningún secreto para transformar a la Argentina de un país decadente en un país próspero. Solo hay que lograr que el estado no moleste a la actividad privada y permitir que la gente libere su capacidad de innovación.

La riqueza la creará la gente y el estado velará para que esa riqueza que se genera no sea saqueada ni por el mismo estado ni por un particular. No es tan difícil de soñar un país mejor si se siguen estas  reglas básicas. Pero ojo, para reconstruir la Argentina hay que dejar en claro que nadie puede pasar por el gobierno y manejarse con impunidad usando los resortes del estado en beneficio propio y para perseguir a quienes piensan diferente. No es revancha lo que se pide, sino, simplemente, dejar en claro que ya no será gratis llegar con el voto para luego intentar establecer una dictadura.

Fuente: Economía para Todos.

An Austrian in Argentina: Essays in Honor of Alberto Benegas Lynch Jr. (Spanish Edition)

41oPk-weyOL._SX409_BO1,204,203,200_Un grupo de amigos de Alberto Benegas decidimos publicar este libro en homenaje a su brillante contribución para difundir las ideas liberales. Todos le estamos muy agradecidos por haber influido en nuestras vidas de una u otra manera. El liberalismo necesita más personas como Alberto Benegas Lynch (h).

INDICE

Prefacio. Alberto Benegas Lynch (Vinzenz Thurn);

Prólogo (Juan C. Cachanosky);

Justicia y eficiencia: Aportes al debate desde la informalidad (Martín Krause);

Machlup: un puente entre Mises y Lakatos (Gabriel J. Zanotti);

La inmoralidad del populismo (Alejandro Gómez);

Hayek, Pinochet y la democracia limitada (Adrián Ravier);

Función empresarial: entre ignorancia y libertad (Juan Sebastián Landoni);

Socialism: an Obituary? (Robert Hessen);

On Some Unintended Consequences Of The European Welfare State (Kurt R. Leube);

Algunos apuntes sobre la superioridad moral del capitalismo, a partir de “La mentalidad anticapitalista” de Ludwig von Mises y del pensamiento de Alberto Benegas Lynch (h) (Guillermo Luis Covernton);

Against the Old and the Familiar: Popper, Churchland, and Eliminative Materialism (Federico N. Fernández);

Alberto Benegas Lynch H. en Guatemala (Ramón Parellada C.);

Entrerpreneurial Profit: the Metrics (Juan C. Cachanosky).

Liquidez bancaria y letras reales: 2da respuesta de Daniel Fernandez

Nicolás Cachanosky responde aquí a mi réplica a sus comentarios sobre RBD. Efectivamente vamos con descalce de plazos en diferentes post, y parece que ahora también con descalce de idiomas. Como me siento mucho más cómodo contestando en español, así lo haré y de paso eliminamos otro descalce.

Cachanosky pone en primer lugar la teoría wickseliana del tipo de interés natural como causa de las descoordinaciones. La teoría de la liquidez (RBD moderna) muestra que son los diferentes tipos de interés (por plazo y riesgo) los que se encuentran en desequilibrio (y no un tipo único). En otras palabras, como primera aproximación al problema suponer que hay un tipo de interés está bien, pero el planteamiento se queda algo “corto” cuando queremos explorar fenómenos algo más complejos. Me explico:

  • Un tipo de interés único supone que la demanda de capitales es independiente del uso previsto de los mismos. No tiene mucho sentido que un comerciante pida un crédito a 20 años o la aportación de un fondo de capital riesgo para simplemente reemplazar capital circulante. La demanda de capitales está vinculada al uso que se les da. Cuando el uso del capital se prevé por un largo periodo de tiempo lo financieramente prudente es que el plazo sea similar, y desde luego no se es indiferente a los diferentes plazos (plazos de deuda superiores al uso de fondos supondría un coste extra y plazos de deuda inferiores al uso de fondos supondría un riesgo extra de refinanciación). Por tanto la demanda de fondos no es independiente del uso de los mismos y por lo tanto depende, entre otras cosas, del plazo previsto de uso de los fondos.

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