Extracts from an Interview with Friedrich von Hayek (El Mercurio, Chile, 1981)

“El Mercurio” (p. D8-D9), 12 April 1981, Santiago de Chile

Reagan said: “Let us begin an era of National Renewal.” How do you understand that this will be a renewal?

I am placing much hope in this new administration. And if I were to meet Mr Reagan, I would tell him that his “new beginning” is on the right track. It is indeed a new beginning. For the past 50 years, since Franklin Roosevelt in the 1930s, the United States has been on the wrong path. Of course the situation has got much worse during the past 20 years. And for the first time I feel that the United States is today on the right track. Reagan understands that the best thing is to take the free market as his basis, as the only way of restoring the country’s economy. He knows this, and he has also chosen very good advisers.

Hayek

Do you personally know any of his advisers?

Mr Reagan, Mr Solzhenitsyn and I are honorary members of the Hoover Institution in Stanford, California….

In what other countries do you also notice this change?

There are certain intellectual movements in this direction in France, and also in the younger generation in Western Germany. In these four countries – United States, France, England and Germany – there is a clear return to what we call “classical liberalism”, as opposed to the liberalism that has reigned in North America during the past 20 years and which has smiled too often in the direction of socialism. . . . .

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Hayek, Pinochet y la democracia ilimitada (otra vez)

HayekHace unos días Nicolás escribió un post rescatando el término “liberalismo”. El artículo fue una respuesta a una nota publicada en Clarín donde Ezequiel Adamovsky afirmó que “al liberalismo no le preocupa la desigualdad” y que si algunos dicen que es una mala palabra, esto “no es ‘mala prensa’: es una reputación bien ganada.” Adamovsky recibió varias respuestas críticas por aquella nota: Juan Manuel Agüero explicó que “el liberalismo no debe ser visto como una amenaza.” Fernando Pedrosa agregó que se debe “respetar la buena tradición del liberalismo”. Ricardo Laferriere habló del “liberalismo que molesta a los populistas”. Por último, Facundo Calegari definió “¿qué es el liberalismo?”

Por mi parte, sólo diré que la afirmación de Adamovsky es cierta: “Al liberalismo no le preocupa la desigualdad.” Pero agregaré que “lo que le preocupa es la pobreza.” ¡Desigualdad y pobreza no son lo mismo! ¡Es increíble que los liberales aun debamos insistir en algo tan obvio! y que autores con cierta formación, ignoren algo tan claro.

Pero no quiero detenerme en este debate, sino ir sobre otro, que generó el propio Adamovsky en su página de facebook, donde además criticó la reacción señalada arriba en varios autores.

Adamovsky insiste en señalar la crítica a Hayek al comentar que “fue un gran admirador y defensor de Pinochet.”

La crítica de la izquierda a Hayek a través de su vinculación con Pinochet es de larga data. Sólo como ejemplo, el reconocido historiador Mario Rapaport le dedicó varias palabras en esta nota de Página 12 y Juan Torres López agregó lo propio en esta otra nota de El País. De hecho, este último cierra su columna afirmando:

En suma, es cierto que igualar mecánicamente a Hayek y los neoliberales con Pinochet es un simplismo injusto. A aquéllos les basta el mercado, mientras que al dictador chileno le bastaron las armas. Sin embargo, tampoco puede olvidarse que, en puridad, a ambos les sobra la democracia.

Hayek, sin embargo, se opuso siempre a la democracia ilimitada, pero nunca a la democracia limitada. Es notorio que la izquierda aun no comprenda la diferencia de estos términos.

Esta última cita de Torres López, así como la nueva crítica de Adamovsky prueba, una vez más, que aquellos autores que vinculan a Hayek con Pinochet, no conocen más que la entrevista largamente citada en El Mercurio de Chile y poco y nada saben sobre la filosofía política del autor.

Hace un tiempo me ocupé de sintetizar este tema -por interés propio-, y me parece que este link resurgirá una y otra vez en este blog, mientras la crítica se renueve: Hayek, Pinochet y la democracia ilimitada.

Carta de Milton Friedman a Cristina Fernández de Kirchner

Es sabido que Milton Friedman escribió una carta a Augusto Pinochet el 21 de abril de 1975. Algunos intelectuales, como José Piñera, dirán que Friedman jugó un rol central en la refundación de Chile. Otros, como Rolf Lüders, dirán que aquella visita no jugó ningún rol, puesto que Pinochet ya estaba entonces convencido de tomar el camino de la economía de mercado.

Lo cierto es que el diagnóstico de Friedman, era muy claro y contundente, y advertía cuáles eran los dos problemas centrales de Chile en ese momento: la acelerada inflación y la ausencia de una saludable economía de mercado.

Estos son, casualmente, los problemas centrales de la Argentina de hoy y las recomendaciones económicas que por entonces ofreció Friedman, son las mismas que hoy necesita la Argentina.

Este martes 31 de julio Milton Friedman cumpliría 100 años. A modo de homenaje, a continuación tomamos aquella carta, y con pequeñas variaciones, imaginamos que fuera destinada a la actual Presidente de Argentina.

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Hayek, Pinochet y la Democracia Ilimitada

Según una encuesta a profesores universitarios de EE.UU., Friedrich Hayek se encuentra entre los cuatro economistas más influyentes del siglo pasado. Basta repasar sus contribuciones científicas a diversos campos de la economía, presentadas en más de 130 artículos y 25 libros para comprender la decisión, apuntando además sus otros aportes a la filosofía política, la antropología jurídica, la historia, el derecho y otras ciencias sociales. La brillante carrera académica de Hayek concluye con el primer Premio Nobel a un defensor de la economía de mercado, al cual luego siguieron otros como Milton Friedman, James M. Buchanan o Edmund Phelps.

Hayek, sin embargo, es una figura polémica y anti-popular en Latinoamérica, y no lo es sólo por su crítica científica al socialismo o al Estado de Bienestar, sino por su supuesta crítica a la democracia, su apoyo permanente a las dictaduras, y en particular su apoyo a Augusto Pinochet.

Este artículo busca tratar esta temática sensible en Hayek, para lo cual deberemos apoyarnos en sus propias palabras, para ver qué grado de verdad hay en las acusaciones que recibe y entender mejor su posición.

Hayek y la democracia

Hayek fue un demócrata. Es cierto, criticó la “democracia de masas”, la “democracia ilimitada”, entendida como aquella situación en la que una persona o un grupo de personas elegidas por la mayoría del pueblo, pueden atentar contra la vida, la libertad individual y la propiedad de las minorías.

Pero defendió una “democracia limitada”, donde las mayorías eligen al gobierno, el que luego debe regirse mediante reglas, una Constitución, una República, las que deben preservar los derechos fundamentales de todos, incluso los que no eligieron al gobierno en cuestión.

En este sentido, tomo una selección de tres párrafos de una entrevista que compartió con Álvaro Alsogaray en Buenos Aires en 1977:

“Lo que usted llama ‘democracia de masas’ es lo que yo he denominado ‘democracia’ o —mejor dicho— ‘gobierno con poderes ilimitados’. Esto quiere decir que los gobiernos surgidos de una mayoría electoral, por una deformación del concepto de democracia, se consideran investidos de una autoridad sin límites y de un poder discrecional prácticamente absoluto para hacer todo lo que consideran conveniente hacer. El problema surge de que se da por supuesto que en una democracia los poderes de la mayoría deben ser ilimitados, y que un gobierno con poderes ilimitados debe usarlos para asegurar los intereses de esa mayoría. El gobierno se verá así forzado, para asegurarse el apoyo continuado de esa mayoría, a hacer uso de sus poderes ilimitados en favor de intereses especiales, esto es, de los grupos que la componen, tales como comerciantes, sindicatos, habitantes de regiones particulares, etc. Esto es especialmente visible en el terreno económico, en el cual el gobierno se verá obligado a intervenir para complacer a los grupos de la mayoría que se desean que se haga una excepción a su favor. En tales condiciones, un partido político que espera alcanzar y mantener el poder apenas tendrá más opción que la de utilizar sus poderes para comprar el apoyo de los grupos particulares. En la práctica esto significa que incluso un estadista íntegramente consagrado al interés común de todos los ciudadanos se encontrará en la necesidad constante de satisfacer intereses especiales, porque solamente así podrá retener el apoyo de la mayoría que necesita para conseguir lo que es realmente importante para él”.

[…] “Cualquier gobierno en las condiciones que hemos comentado intervendrá en la economía no porque la mayoría sea ‘intervencionista’ sino porque el partido que lo apoya no retendría la mayoría si no comprara el apoyo de grupos particulares con la promesa de ventajas especiales. Desde hace algún tiempo estoy convencido de que lo que amenaza a la economía de mercado no es únicamente el deliberado intento de las diversas especies de colectivistas para reemplazarla por un sistema planificado, ni tampoco las consecuencias de las nuevas y erróneas políticas monetarias: las instituciones políticas que prevalecen en el mundo occidental producen necesariamente un impulso en esa dirección, el cual tan solo puede detenerse o evitarse cambiando esas instituciones. Yo he llegado tardíamente a estar de acuerdo con Schumpeter, quien sostuvo hace treinta años que había un conflicto irreconciliable entre la democracia y el capitalismo, salvo que no es la democracia como tal, sino las formas particulares de organización democrática —consideradas ahora como las únicas formas posibles de democracia—, lo que producirá una expansión progresiva del control gubernamental sobre la vida económica, aun cuando la mayoría del pueblo desee conservar una economía de mercado”.

[…] “Creo que ese problema no es sólo de ustedes [los latinoamericanos]; en mi opinión abarca a todo el mundo occidental. La democracia que durante más de cien años hemos conocido en Gran Bretaña se apoyaba en tradiciones muy arraigadas de preeminencia de los derechos individuales y de limitación de los poderes del Estado. En la medida en que esas tradiciones se han ido abandonando durante las últimas décadas, también ese país ha comenzado a experimentar los conflictos analizados”.

La “democracia ilimitada” en Argentina y Chile

Ejemplos de esta “práctica democrática” abundan en la historia de la humanidad, siendo Adolf Hitler el máximo representante, quien luego de ser elegido democráticamente avasalló la vida, la libertad individual y la propiedad de millones de personas.

En Latinoamérica, esta “democracia ilimitada” estuvo representada por ejemplo con Juan Domingo Perón en Argentina y Salvador Allende en Chile, siendo este último acusado por casi dos tercios de los diputados (63,3 %) “de veinte violaciones concretas a la Constitución y las leyes, entre las cuales destacaban amparar grupos armados, torturar, detener personas ilegalmente, amordazar la prensa, manipular la educación, limitar la posibilidad de salir del país, confiscar la propiedad privada, formar organismos sediciosos, violar las atribuciones del Poder judicial, el Congreso y la Contraloría, y todo ello de manera sistemática y con el fin de instaurar en Chile ‘un sistema totalitario’, es decir, una dictadura comunista”.

Tanto Juan Domingo Perón como Salvador Allende fueron sustituidos en el gobierno por dictaduras militares. En ambos casos, los sucesores decidieron terminar con la amenaza comunista, para lo cual llevaron adelante las mismas restricciones a las libertades individuales que criticaron en sus predecesores, sumando a ello, una larga lista de violaciones de los derechos humanos y desaparecidos.

Y aquí surge la pregunta clave. Si el liberalismo se define como “un sistema filosófico, económico y político, que promueve las libertades civiles” y “se opone a cualquier forma de despotismo”, ¿por qué un “neoliberalismo” habría apoyado al régimen de Pinochet?

Friedman y Pinochet

Comparto con Enrique Ghersi que “[e]l término “neoliberalismo” es confuso y de origen reciente. Prácticamente desconocido en EE.UU., tiene alguna utilización en Europa, especialmente en los países del este. Está ampliamente difundido en América Latina, África y Asia. Sin embargo, esta difusión tiene poco que ver con su origen histórico. Forma parte del debate público que se produce en tales regiones, en el que la retórica —que es una ciencia autónoma— tiene un rol protagónico para darle o quitarle el sentido a las palabras”.

Sin embargo, entiendo que “neoliberales”, según diversos autores, serían Milton Friedman y Friedrich Hayek, lo cual me habilita a hablar del pensamiento de ambos y su relación con Pinochet.

Es conocida ya la historia de que Pinochet consultó a Milton Friedman por ciertas recomendaciones de política económica. En tal sentido, Friedman viajó con su esposa a Chile en abril de 1975, y sólo unos días después escribió una carta muy difundida, en la que explicó cuáles eran los dos problemas centrales de ese país. “El problema económico fundamental de Chile tiene claramente dos aristas: la inflación y la promoción de una saludable economía social de mercado. Ambos problemas están relacionados: cuánto más efectivamente se fortalezca el sistema de libre mercado, menores serán los costos transicionales de terminar con la inflación”. Seguido a esto, se detallaron las ocho medidas que el gobierno debía tomar.

Desde lo moral, ¿debió Friedman aconsejar a Pinochet? Sus defensores afirman que Friedman guardaba la esperanza de que sus ideas inspiraran una transformación económica en Chile que fortaleciera a la clase media, quien luego reclamaría un retorno a la democracia.

Pero, ¿de dónde proviene la conexión entre Hayek y Pinochet?

Hayek y Pinochet

Investigué un poco el tema, y me encontré con un interesante artículo de Carlos Rodriguez Braun, señalando que Hayek “ni una línea dejó escrita en apoyo a Pinochet, y en cambio las escribió a miles condenando de modo tajante las dictaduras de derechas e izquierdas”.

Dicho artículo recibió al poco tiempo una respetuosa respuesta crítica de Juan López Torres, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, quien nos recuerda unas declaraciones de Hayek al diario chileno El Mercurio del 12 de abril de 1981, en las que dijo: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente”.

Primera pregunta: ¿Dijo esto Hayek? Efectivamente. Una lectura completa de la entrevista así lo demuestra y finalmente disponemos de ella, gracias al esfuerzo del Institut Hayek.

Segunda pregunta: ¿En qué contexto lo dijo? Lo dijo en el contexto de la guerra fría, tiempos en los cuales surgieron varias dictaduras en Latinoamérica, especialmente en el cono Sur, y tiempos en los que Hayek visitó Chile y Argentina, entre varios otros países.

En esta entrevista en el diario El Mercurio, Hayek se definió como enemigo del Estado de Bienestar y la Justicia Social, y se mostró preocupado por los poderes discrecionales del Estado y los privilegios que otorga, lo cual sabía, lo convertían en una figura anti-popular.

Además, Hayek volvió a remarcar la distinción que señalamos arriba sobre la democracia: “Desafortunadamente, en estos tiempos las democracias están concediendo demasiado poder al Estado. Esta es la razón por la cual soy muy cuidadoso de distinguir entre ‘democracias limitadas’ y ‘democracias ilimitadas’. Y obviamente mi elección es por las democracias limitadas”.

“En algunos países, las mayorías son capaces de convertirse en grupos discriminatorias que favorecen a ciertas personas en detrimento de otras. Para mí se trata de democracias ilimitadas. Por otro lado, la democracia limitada debe ser capaz de dar a los propios grupos de contribuyentes las mismas posibilidades que al resto”.

No sólo eso, en esta entrevista Hayek distingue también las tradiciones que inspiraron a Norte América y América del Sur. América del Sur no se inspiró en la línea liberal clásica británica, como fue el caso de EE.UU., sino sobre el máximo poder gubernamental. “Creo que América del Sur fue excesivamente influenciada por el tipo de ideologías totalitarias”.

Ahora, ¿qué podemos decir sobre la cita en cuestión? Traducir la pregunta y la respuesta completas puede arrojar algo de luz, incluso para quienes conozcan la obra de Hayek y no hayan tenido la oportunidad de leer esta entrevista:

“¿Qué opinión, desde su punto de vista, debemos tener de las dictaduras? Bueno, yo diría que estoy totalmente en contra de las dictaduras, como instituciones a largo plazo. Pero una dictadura puede ser un sistema necesario para un período de transición. A veces es necesario que un país tenga, por un tiempo, una u otra forma de poder dictatorial. Como usted comprenderá, es posible que un dictador pueda gobernar de manera liberal. Y también es posible para una democracia el gobernar con una total falta de liberalismo. Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente. Mi impresión personal —y esto es válido para América del Sur— es que en Chile, por ejemplo, seremos testigos de una transición de un gobierno dictatorial a un gobierno liberal. Y durante esta transición puede ser necesario mantener ciertos poderes dictatoriales, no como algo permanente, sino como un arreglo temporal”.

Mirando los hechos desde el presente, Friedman y Hayek tuvieron cierta razón: Aun con ciertos problemas propios de otro Estado de Bienestar, Chile transformó su economía, abandonó la dictadura, recuperó la democracia y se encamina a ser el primer país desarrollado de Latinoamérica.

Pero desde mi punto de vista Hayek fue demasiado ingenuo. Al decir que “una dictadura puede ser un sistema necesario para un período de transición” se puede interpretar que justificó la dictadura, y esto es justificar las restricciones a las libertades individuales que siempre criticó, además de los desmanes por todos conocidos que provocó la dictadura militar.

¿Por qué señalo cierta ingenuidad en Hayek? Porque la entrevista siguió, y cuando Renée Sallas consultó a Hayek por otros ejemplos de “dictaduras de transición”, Hayek contestó con el caso de Konrad Adenauer y Ludwig Erhardt en Alemania Occidental, un modelo de transición que está muy lejos de las prácticas ejercidas por la dictadura chilena.

No extrañará al lector mi intuición de que Hayek ignoraba lo que ocurría entonces en Argentina y Chile. Y es que las dictaduras de ambos países controlaban los medios y hasta el pueblo mismo ignoró algunos años más lo que ocurría realmente.

Reflexión final

Hayek pensaba que la democracia por sí misma, aislada, ilimitada, era un problema, y debemos coincidir con él. Esto no implica volver a las dictaduras que tantas vidas costó en Latinoamérica. Implica que debemos rodear a la democracia de otras instituciones como la Constitución, la división de poderes, reglas fiscales y monetarias, que permitan controlar el avance del Estado sobre las libertades individuales.

Concluyo señalando seis puntos que se deducen de lo dicho más arriba. 1) Hayek era un demócrata. Criticó la democracia de masas o democracia ilimitada, pero no a la democracia limitada. 2) Hayek se preocupó en toda su obra científica de filosofía política por las minorías que estaban siendo aplastadas durante esos mismos procesos democráticos, como fueron los casos de Perón en Argentina y Allende en Chile. Sus preocupaciones científicas hoy siguen siendo material de estudio a través del Public Choice o el Análisis Económico de la Política. 3) Hayek no estaba de acuerdo con las dictaduras a largo plazo. 4) Hayek fue ingenuo al avalar la dictadura de Pinochet como una transición hacia la economía de mercado y la democracia limitada. 5) Hayek fue siempre un defensor de la vida y las libertades individuales. Posiblemente no sabía lo que estaba pasando en Chile, y mucho menos habría justificado los asesinatos o los desaparecidos. 6) Como prueba del punto anterior, al hablar Hayek de una transición hacia una economía de mercado con democracia limitada, tenía en mente lo ocurrido en Alemania Occidental.

Bibliografía

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Benegas Lynch (h), Alberto, ¿Qué significa el peronismo?, en Tras el ucase, Fundación Alberdi, Mendoza, mayo de 2003.

Ghersi, Enrique, El mito del neoliberalismo. Conferencia regional de la Mont Pelerin Society llevada a cabo del 18 al 21 de septiembre del 2003 en Chattanooga, Tennessee, EE.UU.

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Rodríguez Braun, Carlos, “Hayek = Pinochet”, El País Digital (España), 4 de junio de 1999.

Torres López, Juan, “Hayek, Pinochet y algún otro más”, El País Digital (España).