Hayek, Pinochet y la democracia ilimitada (otra vez)

HayekHace unos días Nicolás escribió un post rescatando el término «liberalismo». El artículo fue una respuesta a una nota publicada en Clarín donde Ezequiel Adamovsky afirmó que «al liberalismo no le preocupa la desigualdad» y que si algunos dicen que es una mala palabra, esto “no es ‘mala prensa’: es una reputación bien ganada.» Adamovsky recibió varias respuestas críticas por aquella nota: Juan Manuel Agüero explicó que «el liberalismo no debe ser visto como una amenaza.» Fernando Pedrosa agregó que se debe «respetar la buena tradición del liberalismo». Ricardo Laferriere habló del «liberalismo que molesta a los populistas». Por último, Facundo Calegari definió «¿qué es el liberalismo?»

Por mi parte, sólo diré que la afirmación de Adamovsky es cierta: «Al liberalismo no le preocupa la desigualdad.» Pero agregaré que «lo que le preocupa es la pobreza.» ¡Desigualdad y pobreza no son lo mismo! ¡Es increíble que los liberales aun debamos insistir en algo tan obvio! y que autores con cierta formación, ignoren algo tan claro.

Pero no quiero detenerme en este debate, sino ir sobre otro, que generó el propio Adamovsky en su página de facebook, donde además criticó la reacción señalada arriba en varios autores.

Adamovsky insiste en señalar la crítica a Hayek al comentar que «fue un gran admirador y defensor de Pinochet.»

La crítica de la izquierda a Hayek a través de su vinculación con Pinochet es de larga data. Sólo como ejemplo, el reconocido historiador Mario Rapaport le dedicó varias palabras en esta nota de Página 12 y Juan Torres López agregó lo propio en esta otra nota de El País. De hecho, este último cierra su columna afirmando:

En suma, es cierto que igualar mecánicamente a Hayek y los neoliberales con Pinochet es un simplismo injusto. A aquéllos les basta el mercado, mientras que al dictador chileno le bastaron las armas. Sin embargo, tampoco puede olvidarse que, en puridad, a ambos les sobra la democracia.

Hayek, sin embargo, se opuso siempre a la democracia ilimitada, pero nunca a la democracia limitada. Es notorio que la izquierda aun no comprenda la diferencia de estos términos.

Esta última cita de Torres López, así como la nueva crítica de Adamovsky prueba, una vez más, que aquellos autores que vinculan a Hayek con Pinochet, no conocen más que la entrevista largamente citada en El Mercurio de Chile y poco y nada saben sobre la filosofía política del autor.

Hace un tiempo me ocupé de sintetizar este tema -por interés propio-, y me parece que este link resurgirá una y otra vez en este blog, mientras la crítica se renueve: Hayek, Pinochet y la democracia ilimitada.

Es el Liberalismo una Mala Palabra?

Comparto mi última nota, ¿Es el Liberalismo una Mala Palabra?, en Economía Para Todos.

En una reciente nota en el diario Clarín, Juan Manuel Agüero (Fundación Naumann) sostiene que el liberalismo debe dejar de sonar a esa mala palabra  que se asocia como la causa de todos los males, y que uno debe tener cuidado de no confundir las ideas del liberalismo con el uso político del término. Ezequiel Adamovsky (UBA, CONICET) responde también en Clarín diciendo que lo del “liberalismo no es ‘mala prensa’: es una reputación bien ganada.” Sin embargo, Adamovsky no parece seguir la sugerencia de Agüero de separar las ideas del liberalismo de su uso político. Creo que hay dos problemas fundamentales en la nota de Adamovsky, uno relacionado al supuesto desinterés del liberalismo por la desigualdad y el segundo la asociación que hace entre liberalismo y gobiernos de facto o «intervenciones que ‘corrijan’ el curso mediante la violencia y la arbitrariedad.»

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