Ahora Krugman ataca la «Locura Monetaria» de Ron Paul…

Paul Krugman debe tener algo personal contra la Escuela Austriaca. El mismo día en que criticó a Peter Schiff en su blog, atacó también a Ron Paul y los Republicanos en The New York Times por su «Locura Monetaria«.

Krugman piensa que sólo los keynesianos -como él mismo- pudieron anticipar que una política tan expansiva como la que practicó la Fed entre 2008 y 2011 pudiera tener un efecto tan leve sobre los precios.

Veamos sus palabras:

Austrians, and for that matter many right-leaning economists, were sure about what would happen as a result: There would be devastating inflation. One popular Austrian commentator who has advised Mr. Paul, Peter Schiff, even warned (on Glenn Beck’s TV show) of the possibility of Zimbabwe-style hyperinflation in the near future.

So here we are, three years later. How’s it going? Inflation has fluctuated, but, at the end of the day, consumer prices have risen just 4.5 percent, meaning an average annual inflation rate of only 1.5 percent. Who could have predicted that printing so much money would cause so little inflation? Well, I could. And did. And so did others who understood the Keynesian economics Mr. Paul reviles. But Mr. Paul’s supporters continue to claim, somehow, that he has been right about everything.

Sin embargo, cualquier economista que conozca la teoría cuantitativa del dinero (MV= Py) sabe que mientras V caiga, un aumento de M en la misma proporción no debiera impactar sobre P. Nosotros mismos, sin ser keynesianos explicamos este simple fenómeno sobre la base de la propuesta monetaria de Hayek (!).

¿Quién ignora esto? Muy poca gente dentro de la Escuela Austriaca. Lo que sí sostienen Schiff y Paul es que en algún momento futuro, tal política debiera impactar sobre los precios dada la magnitud de la expansión. Pero no podemos predecir cuándo. Volveremos sobre este post en unos años.

Copio abajo el artículo completo en español.

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¡Obama tiene más dudas que Fernando de la Rúa!

Obama duda. No sabe si escuchar a Krugman o al sentido común. Mi sensación es que tiene más dudas que Fernando de la Rúa. Se que esta es una afirmación fuerte, pero creo que puedo sustentarlo.

Fernando de la Rúa fue el presidente argentino que debió enfrentar la crisis económica iniciada en el tercer trimestre de 1998, luego de ganar las elecciones de 1999. Su programa prometía continuar con la convertibilidad peso-dólar y avanzar en un plan de recortes fiscales que habían causado la crisis. Para esto último es que nombró a Ricardo López Murphy como Ministro de Economía. Pero lo cierto es que al primer intento por reducir el gasto, comenzaron las manifestaciones, y de la Rúa decidió retroceder, aceptar la renuncia de López Murphy y colocar en su lugar a Domingo Cavallo, quien explicaba que el problema no era el déficit, sino la competitividad. Cada paso que se dio desde aquel día, fue recibida por el mercado con mayor desconfianza, lo cual agravó la situación y terminó con una crisis política y económica mayor. Las «dudas de de la Rúa» ya son palabra tomadas con humor en Argentina.

Las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos nos enseñaron a los latinoamericanos la enorme diferencia que hay en la calidad de la política de uno y otros países. En Estados Unidos cada candidato se presentó con un programa, y tuvo que defenderlo ante los otros candidatos. Se discutieron muchos temas, y Obama emergió como el candidato que mejor representaba la voluntad del pueblo americano, en el sentido de terminar con la guerra, lo cual a su vez reduciría los gastos, una de las principales preocupaciones. Si algo mostró Obama en aquellos debates fue el convencimiento de que sabía como resolver los problemas de Estados Unidos.

Al asumir Obama, sin embargo, comprendió que la guerra no podía terminar. Al contrario, mantuvo la guerra contra Bin Laden, a quien finalmente asesinó hace unos meses.

Por el lado económico, Paul Krugman le sugirió no escuchar a aquellos que hablaban de la necesidad de un ajuste fiscal ante la crisis. Incluso, Obama llegó a afirmar que existía un consenso de que el gobierno debía hacer algo, a través de un plan de recuperación, para estimular la economía, lo cual generó un desconcierto entre académicos y una lógica respuesta a través de una carta firmada por cientos de ellos diciendo que lo dicho «no es cierto».

Paul Krugman juega en esta historia un rol único. Primero, por haber sugerido, ante la crisis de las dot-com de 2001, que el gobierno debía crear una burbuja inmobiliaria que reemplace a la bursátil. La solución lógicamente era de corto plazo. Y así fue. Estados Unidos experimentó otra crisis mayor en 2008, luego de escuchar precisamente las palabras del premio Nobel.

Ante la crisis de 2008, Krugman jamás hizo referencia a aquellas palabras, y por el contrario, salió a pedir que el gobierno gaste, al mismo tiempo que solicita a la Reserva Federal que inunde el mercado con crédito barato. El gobierno le hizo caso y la Fed también.

Muchos analistas venimos señalando desde 2001 que fueron el gobierno y la Reserva Federal, y no el mercado, ni la globalización, los responsables de esta crisis. De hecho, Krugman es uno de los máximos responsables de la caótica situación actual americana.

Ante esta situación Obama duda. Siempre creyó en el mito keynesiano. Y avanzó en el sentido propuesto por Krugman hasta que encontró un límite legal. La deuda alcanzó el límite permitido y de continuar así, terminaría con el default.

Los republicanos le dieron la posibilidad de terminar su mandato sin grandes cambios. La reforma fiscal no sólo no reduce el gasto, sino que le permite que crezca -pero a niveles menores de lo planeado. Lo cierto es que en 2013 la deuda pública americana ya habrá superado el 100 % del PIB, y habrá alcanzado el nuevo límite.

Krugman escribe entonces un artículo categóricamente crítico de Obama. Dice Krugman:

«Empecemos por la economía. En este momento, el país atraviesa una profunda depresión. Es casi seguro que la economía seguirá fuertemente deprimida durante todo el año que viene. Y es muy probable que la depresión continúe también durante 2013, o incluso más allá.»

«Lo peor que se puede hacer en una coyuntura como ésta es recortar el gasto público, porque sólo deprimirá la economía aún más. No escuchen a esos que invocan al hada de la confianza de los mercados, que aseguran que las enérgicas medidas presupuestarias transmitirán tranquilidad a los inversores y los consumidores y lograrán que gasten más. Las cosas no funcionan así: está demostrado por numerosos estudios de los registros históricos.»

Y luego analiza el lado político:

«Y después están los términos del arreglo, que equivalen a una abyecta rendición por parte del presidente Obama. Primero, habrá enormes recortes del gasto público, sin aumentos de los ingresos. Luego un panel recomendará futuras reducciones del déficit, y si esas recomendaciones son aceptadas, habrá otros recortes del gasto.»

«¿Tenía el presidente alguna alternativa esta vez? Sí. Para empezar, podría y debería haber pedido un aumento del techo de endeudamiento allá en diciembre pasado.»

«¿Pero endurecer su postura no hubiese provocado preocupación en los mercados? Probablemente no. De hecho, si yo fuera un inversionista y viera que el presidente está dispuesto y es capaz de plantarse ante la extorsión de la extrema derecha, me sentiría más tranquilo, y no más preocupado. En cambio, Obama eligió mostrar lo contrario.»

Nótese que Krugman llama «extrema derecha» a los hombres sensatos que solicitan poner un límite al aumento de gasto y al incremento de la deuda. Nótese que Krugman denuncia estos límite como «enormes recortes de gasto público», cuando en realidad se le está pidiendo a Obama que siga aumentando el gasto pero a niveles menos acelerados.

Krugman nos llevó a esta situación. Pero jamás lo reconocerá. Obama le hizo caso, y desarrolló el mayor paquete de gasto del que se tenga memoria en estos dos años. El mercado, sin embargo, no reacciona. Al contrario, aun con los estímulos la economía vuelve a mostrar un desempleo en ascenso. Krugman pide entonces más gasto, más liquidez, como lo hubiera hecho el propio Keynes si pudiera aconsejar a Obama en estos días. Si Krugman fuera escuchado nuevamente, Estados Unidos quebraría, el dólar se depreciaría en forma enormemente acelerada y el mundo sería un infierno.

Obama duda. Ya no puede hacer lo que le pide Krugman, aunque éste insista en que viole la constitución y se niegue a escuchar a los otros poderes.

Obama sigue dudando, y ya no sabe a quién escuchar. Entiende, creo, que el gasto y la deuda son un problema. Pero si pudiera, pienso que avanzaría en el plan de Krugman.

Puras inconsistencias. Me recuerda a De la Rúa. Esto no puede terminar bien.

Un nuevo desafío de Krugman

Siempre tuve la sensación de que el crecimiento o reconocimiento académico que un pensador obtiene con publicaciones científicas o premios, debieran redundar en una mayor responsabilidad al escribir y fundamentalmente en la crítica que se desarrolla a los oponentes teóricos. Básicamente pienso que la experiencia debiera llevar a los personajes más renombrados de la academia a moderar el discurso, a conservar ciertos modos y a tratar de ponerse en el lugar del otro, no en búsqueda de un debate ideológico, sino en búsqueda de entender el discurso ajeno.

Paul Krugman obtuvo el Premio Nobel en 2008, y desde entonces, al igual que Paul Samuelson, ha hecho todo lo opuesto a aquello. En lugar de ser más responsable y cuidadoso en cada artículo, sea en las revistas científicas o en los diarios, Krugman decide atacar superficialmente a aquellos que le critican, con pasión y con un vacío de argumentos asombroso. No sólo ello, además –como han señalado Anna Schwartz y Edward Nelson– ha abandonado su campo de especialización que es la economía internacional, por la que ha recibido el galardón más importante en la disciplina, y trata temas monetarios, campo sobre el que no se le conocen contribuciones.

Críticas a la teoría austríaca del ciclo económico

A lo largo de la historia del pensamiento económico del siglo pasado, se han desarrollado importantes críticas a la teoría austríaca del ciclo económico, como las de Gottfried Haberler, Tyler Cowen, Bryan Caplan, Gordon Tullock o Leland Yeager.

La crítica de Krugman a la Teoría Austríaca del Ciclo Económico de Mises y Hayek data de 1998, en su corto artículo “The hangover theory. Are recessions the inevitable payback for good times?”, la que recibiera respuesta de Roger W.Garrison y Gene Callahan, entre tantos otros, señalando que constituye un error concebir tal teoría como una de “sobreinversión”, y que sería más atinado calificarla de “mala-inversión”, como de hecho quedaba claro ya, en el tratado de economía de Ludwig von Mises.

La nueva crítica de Krugman

Esta vez, y aclarando que no cambió de opinión respecto de aquel artículo de 1998, la crítica de Krugman apunta a un artículo de poco más de 3500 palabras de Bob Murphy sobre la Teoría Austriaca del Capital, publicado como Daily Article en el Ludwig von Mises Institute, al que califica como “la mejor exposición que he visto de la perspectiva austriaca”.

Independientemente de la brillantez del artículo de nuestro amigo Bob Murphy, uno espera que un calificado economista como Paul Krugman, concentre sus críticas a trabajos científicos de mayor envergadura, entre los que se pueden citar a aquellos de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Roger W. Garrison, Jesús Huerta de Soto, Lawrence H. White o Steven Horwitz, los que a su vez posiblemente inspiraron la breve presentación de Murphy.

Lo dicho no significa, sin embargo, que debamos ignorar la nueva crítica de Krugman, y pedirle que lea más, a ver si entiende. Todo lo contrario. Debemos enfrentar el desafío de Krugman, pero seriamente. En este artículo Krugman demanda respuestas:

1.      Si definimos a la inflación como un caso de exceso de dinero en relación con los bienes disponibles, ¿por qué las depresiones no son asociadas a la aceleración en lugar de la desaceleración de la inflación, mientras la oferta de bienes cae?

2.      ¿Por qué existe una fuerte correlación entre el PIB nominal y el real?

3.      ¿Por qué encontramos una evidencia empírica abrumadora de que cuando los bancos centrales deciden desacelerar la economía, esto efectivamente ocurre?

4.      ¿Qué pruebas hay de que la capacidad de la economía se daña durante el auge?

5.      ¿Dónde está la evidencia positiva de lo que los austriacos dicen?

Krugman agrega que no encuentra razones para dejar de lado los últimos 75 años del pensamiento económico, dado que el mundo real parece ser más consistente con las lecturas de Keynes y Friedman, sobre los factores del lado de la demanda que conducen al ciclo económico.

La respuesta austriaca

El propio Bob Murphy ofreció “su” respuesta al desafío, señalando que Krugman “no entiende” la posición austriaca.

En mi caso particular, tiendo a coincidir con Peter Boettke en que la respuesta debe ser tomada por los macroeconomistas austriacos como un desafío. No requiere esto de más respuestas en blogs, sino de engrosar las publicaciones científicas en los puntos que a este Premio Nobel llamaron la atención.

El énfasis en los precios relativos, en los micro-fundamentos a la macroeconomía, en la teoría del capital heterogénea, en los efectos no neutrales de largo plazo, en la evidencia empírica que prueba la teoría es necesario para que la academia comprenda finalmente que la macroeconomía austriaca en general y la teoría austriaca del ciclo económico en particular ofrecen respuestas comparativamente superiores a los fenómenos que están ocurriendo con mayor frecuencia desde el abandono del patrón oro.

Publicado en El Cato Institute, bajo el título «Krugman ataca de nuevo«, el 28 de enero de 2011.