OTRA PERORATA DE NICOLÁS MADURO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

El pasado 10 de agosto del corriente año se escuchó la arenga más soez del tirano incrustado hoy en tierra venezolana. Lo ocurrido en ese país es la burla más grotesca y perversa al sentido de la democracia y el significado de una constitución. La idea de constitución ha estado íntimamente vinculada a la limitación al poder, desde la Carta Magna de 1215 en adelante. Se trata de la protección a los derechos de las personas, facultades que son anteriores y superiores al establecimiento de todo gobierno.

El proceso que ahora vive Venezuela es la afrenta más brutal a la idea de democracia cuya parte formal es el voto popular que ha sido desconocido por Maduro y sus secuaces y su parte de fondo, es decir, el antedicho respeto a los derechos de los gobernados, son cotidianamente avasallados por los sicarios del régimen militar imperante.

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Reflexión de domingo: «Venezuela y el límite de nuestros esquemas conceptuales»

PeronEn medio de la tragedia de los venezolanos (y esto incluye a los chavistas) ponerse a hacer reflexiones in abstracto parecerá antipático pero sin embargo es necesario para tratar de entender qué está sucediendo.

La república constitucional norteamericana fue originada en horizontes lejanos. Horizontes donde se suponía que los derechos individuales eran el valor supremo de la ética política, donde las diversas “administraciones” no deberían tocarlos en absoluto y si ello ocurría, para eso estaba el control constitucional. Y, muy importante, todos coincidían en ese sistema, y ninguna persona, partido o lo que fuere se atribuía la propiedad de “la Nación”, la patria, la revolución o la historia.
América Latina nunca fue terreno cultural fértil para trasladar esas ideas. Hubo intentos, sí, siempre un mix no del todo coherente entre la influencia anglosajona y la influencia francesa; siempre un general ilustrado y un grupo de liberales constructivistas laicistas enfrentados con las tradiciones religiosas y españolas anteriores. De ese mix, siempre en tensión, nunca resuelto, algo salió. Muchas naciones latinoamericanas trataron de implantar la división de poderes, el control de constitucionalidad, un derecho penal liberal, algo de libre comercio, “pero”…. Dentro de la inestabilidad intrínseca de un marco cultural que se resistía, como un suelo rocoso resistente a instituciones que requerían un humus diferente. Lationoamérica nunca pudo plasmar instituciones liberales firmes. Su génesis es revolucionaria al estilo francés, y ese horizonte revolucionario la marcó, parece, para siempre.
Durante mucho tiempo eran guerras civiles intestinas, facciones diferentes que se disputaban un poder al que siempre se accedía con la lógica de la revolución: los buenos, los malos, los traidores, los cobardes. Palabras como democracia, república, límites, derechos de las minorías, etc., se escribían pero no se comprendían.
Pero con el advenimiento del marxismo como horizonte cultural, y con la revolución cubana como ejemplo, el asunto fue peor. Los Castro tuvieron al menos la coherencia de los violentos: por la violencia subieron y por la violencia están. Pero en otros lares, se introdujo el sutil engaño del acceso nazi al poder: la vía democrática en sentido lato. Mucho más inteligente y perverso. El Chile de Allende, la Argentina de Perón (1945, 1951, 1973, 2003), y, obviamente, la Venezuela de Chávez, son ejemplos perfectos. La dialéctica revolucionaria, junto con la marxista, encontraron en esas vías democráticas la forma casi perfecta de perversión conceptual. Los términos revolucionarios eran los mismos (leal, traidor, amigo, enemigo). Pero mientras que los constitucionalistas de los EEUU jamás imaginaron que toda esa dialéctica fuera compatible con los métodos electorales, ahora, en cambio, sí. El partido revolucionario, el que va a luchar contra el capitalismo opresor, sube al poder con la mayoría de los votos, o con los votos inventados o con los votos que fueren, pero asumen el criterio de legitimidad de origen de los sistemas democráticos. El enemigo sigue siendo el traidor, el vendepatria, el cipayo vendido al imperialismo, pero ahora es legítimo aniquilarlo –de golpe o de a poco- “democráticamente” y denunciar a todo el mundo “la violación de la democracia” de cualquier intento de resistencia.
Todo esto tomó a los no marxistas totalmente desprevenidos, conceptual y terminológicamente. Al principio, gentes desesperadas apoyaron las contra-revoluciones militares, pero la bestialidad e ignorancia de estos últimos no hizo más que acrecentar el problema. Ahora no hay salida posible. Ahora, los marxistas, los verdaderos golpistas, a quienes los derechos humanos les importan absolutamente nada, allí están, como cuasi estadistas republicanos. Los Correa y los Kirchner son ejemplos perfectos; Chávez, en cambio, era más sincero, y el delirante de su sucesor ha convertido a Venezuela no en una broma woodyallinezca, sino en una verdadera tragedia donde Calígula ha resucitado y el caballo tiene el apoyo del ejército, del ejército cubano y el silencio cómplice y cobarde de casi todos los gobernantes del mundo.

No hay mucha salida. Que Dios se apiade de los venezolanos y de todos nosotros, porque la Venezuela actual es el futuro de todos, excepto que intervengan las aleatoriedades de la historia, imprevisibles, inconmensurables, sólo accesibles a las denuncias de los profetas, ya muertos, sin embargo, en el silencio del desierto.

¿Qué ocurrirá en Venezuela?

El fallecimiento de Hugo Chávez abre interrogantes acerca del futuro económico y político de Venezuela y de la región. De alguna manera, el poder de Chávez encontró un espejo en la Argentina, pero cercano a Cuba,  se extendió también hacia Ecuador y Bolivia.

¿Qué se puede decir de la «economía» de Chávez? En 2012 tuve la oportunidad de ofrecer una conferencia en el Banco Central de Bolivia, donde conocí a dos altos oficiales de la autoridad monetaria venezolana. Cuando pregunté por la economía venezolana, todo era prosperidad. La economía crecía, no había desempleo, la inflación estaba controlada y era muy baja y se estaba erradicando gradualmente la pobreza. Cuestioné «amigablemente» esos datos, pero se me indicó que «esa» era la realidad. Desde ya que tenía poco sentido continuar aquella conversación.

Sin embargo, la economía venezolana, al igual que la economía de América Latina, logró un crecimiento -y no quiero decir desarrollo- que a muchos llamará la atención. Entre 1998 y 2012 la economía se expandió casi un 50 %.

Nótese, sin embargo, que Venezuela fue el país con menor crecimiento de la región, superada de cerca por Argentina, pero ambas por debajo de Colombia, Brasil Chile y Perú.

crecimiento-chavistaFuente: CEPAL para todos hasta 2007. Desde 2007, CEPAL para todos salvo Argentina, consultora Econométrica.

Una análisis económico de las políticas económicas aplicadas por Chávez nos conduciría a observar un corto plazo de prosperidad, y un largo plazo de crisis y depresión. Sin embargo, el largo plazo de esas políticas aun no ha llegado.

 

¿Qué podemos esperar que ocurra en Venezuela? Todo indica que se llamará a elecciones en 30 días, y la incertidumbre política está concentrada en más de tres candidatos. Muchos identificaron la contienda en los nombres de Nicolás Maduro Moros y Henrique Capriles, sin embargo, esto no está definido.

Por el lado del oficialismo, Chávez pidió a los venezolanos votar por Maduro, su Vicepresidente, quien lo reemplazó durante su enfermedad, ocupando las funciones administrativas y económicas de Venezuela. Maduro es afín a Cuba y seguiría una línea similar a la que hoy existe.  Sin embargo, el oficialismo también cuenta con otro candidato, como Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, quien asumiría la presidencia por estos 30 días previos a la elección.

Por el lado de la oposición, el candidato más firme es nuevamente Héctor Capriles, abogado, quien fuera gobernador de Miranda y aun cuando perdió las últimas elecciones ante Chávez, sorprendió a muchos tras alcanzar el 45% de los votos. La duda ahora pasa por analizar si la oposición se alineará nuevamente en este único candidato, o si habrá otras postulaciones que dividan el voto anti-oficialista.

En cualquier caso, el oficialismo apostará a continuar con el modelo de Chávez, con socios comerciales como Cuba y la Argentina, y lejos de Estados Unidos. Capriles y la oposición, por el contrario, apuestan a un cambio profundo en la política y en la economía venezolana, lo que me animo a conjeturar que será un enorme desafío estructural que desmantelar.