En los comentarios del post de Adrián sobre «Un nuevo desafío de Krugman» surgió el tema de la no neutralidad del dinero. Este es un tema en que «austriacos» y «no austriacos» no sólo no se ponen de acuerdo, sino que pareciera ser que no siempre se entienden mutuamente. Cada vez que alguien menciona que hay algún efecto real en el mercado originado por cambios en la cantidad de dinero se puede responder que eso se debe a que aún no estamos en el largo plazo y por lo tanto aún no se han desvanecido todos los efectos. Ninguna prueba empírica puede contradecir al principio de no neutralidad del dinero dado que siempre se puede responder que aún no se han eliminado todos los efectos del corto plazo. Un tipo de respuesta que no pocas veces se le ha criticado a varios austriacos. Así como uno puede reclamar la prueba empírica de la no neutralidad del dinero, igual de válido sería reclamar pruebas empíricas de la neutralidad del dinero. Tales pruebas no existen, los datos necesarios no pueden ser interpretados sin hacer referencia a la idea de neutralidad o no neutralidad del dinero, es decir, no pueden ser interpretados independientemente de aquello que se desea probar.
Hay un acuerdo generalizado que en el corto plazo cambios en la cantidad de dinero tienen efectos reales. Si ese no fuera el caso la política monetaria no tendría sentido y la estrategia, por ejemplo, de reducir el desempleo con inflación sería igual de inútil. Es decir, la práctica de política monetaria no es una contradicción con la neutralidad del dinero. El punto, sin embargo, es que sucede en el largo plazo. Si el dinero es neutral, entonces el mercado converge al mismo punto de equilibrio que hubiese ido de no haber habido cambios en la cantidad de dinero; por lo tanto en el largo plazo no importa si el Banco Central sigue una regla o dispone de discrecionalidad. Es decir, el dinero es un velo que no afecta en el largo plazo los precios relativos, el nivel de precios no importa. La cantidad de dinero no es relevante para la estructura de equilibrio de mercado.
Si bien es cierto que cualquier cantidad de dinero puede ser óptima en equilibrio, eso no quiere decir que cualquier cantidad de dinero lo sea fuera del equilibrio. El problema es si los efectos del cambio de dinero tienen algún efecto durante la transición al equilibrio. Si los cambios en la cantidad de dinero tienen efecto sobre los determinantes del equilibrio, entonces la estructura del equilibrio se va a ver alterada y por lo tanto estos cambios son no neutrales.
Cambios en la cantidad de dinero afectan a los distintos agentes económicos de manera desordenada. Quienes están primeros en la fila reciben billetes extra que aún no han perdido su poder adquisitivo y por lo tanto pueden incrementar su consumo. Quienes están últimos en la fila reciben los nuevos billetes luego que los mismos han perdido su poder adquisitivo. Si no hay nuevos cambios en la cantidad de dinero (respecto a la demanda de dinero), entonces estos efectos comienzan a diluirse y el mercado debería converger al mismo equilibrio.
Esta conclusión, sin embargo, descansa en el supuesto implícito de que los determinantes del equilibrio son constantes y no varían. Esto, sin embargo, no deja de ser un supuesto, y como tal puede ser falso. Podemos, a modo sencillo, dividir los determinantes del equilibrio (parámetros) en dos grupos: 1) preferencias de los individuos y 2) dotación de bienes de capital. Si alguno de estos se ve modificado por cambios en la cantidad de dinero, entonces el equilibrio final va a diferir del original. Si las preferencias cambian (las personas ahora prefieren otros bienes o servicios) o si de alguna manera se afecta la disponibilidad de bienes de capital, entonces las condiciones de equilibrio van a diferir.
Puede ser que al construir un modelo se quieran aislar los efectos no neutrales del dinero, y se podrá discutir la conveniencia o inconveniencia de dicho supuesto en cada uno de ellos. Es muy distinto, sin embargo, asumir que la neutralidad del dinero es un hecho real en lugar de un supuesto al momento de recomendar política monetaria o económica. Al pasar del pizarrón a la realidad debemos preguntarnos qué es más plausible, que las preferencias subjetivas de los individuos no se vean afectadas por los efectos no neutrales de la transición, como si estuviesen talladas en piedra, o que dichos efectos generen cambios en las preferencias de los individuos. Si hay cambios en las preferencias, entonces hay cambios en los precios relativos. Si lo segundo es más plausible, entonces no se puede afirmar que el dinero es neutral, sino que lo estamos suponiendo. Ser y suponer son dos cosas bien distintas.
Por el otro lado, dado que en el corto plazo cambios en la cantidad de dinero llegan a los agentes económicos en momentos y cantidades distintas, la estructura de gasto e inversión se ve modificada. Esto sería irrelevante en el largo plazo si los bienes de capital fuesen homogéneos. Pero si, nuevamente, al pasar del pizarrón a la realidad es más plausible que los bienes de capital sean heterogéneos entonces esto tiene efectos sobre el equilibrio final. Que los bienes de capital sean heterogéneos no quiere decir que no se puedan transformar de una actividad a la otra. Lo que quiere decir es que dicha transformación no es gratis, es decir, requiere de consumo de recursos. Si la transformación fuese gratuita entonces serían homogéneos. Sin embargo, que transformar bienes de capital no sea gratuito implica que se está afectando la dotación total de bienes de capital, y esto también tiene un impacto en los precios relativos. Si la dotación y estructura total de bienes de capital se ve modificada, entonces el equilibrio posterior a cambios en la cantidad de dinero es diferente y por lo tanto cambios en la cantidad de dinero tiene efectos reales, es decir, no neutrales.
En última instancia, si la economía como ciencia busca dar explicaciones sobre el mundo real, el problema de la neutralidad o no neutralidad del dinero se reduce a qué supuestos son más plausibles.