"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
Estas reflexiones girarán alrededor de algunos aportes realizados por la «Escuela Escocesa» al análisis de la evolución de las instituciones sociales. Me circunscribiré en estas notas a las obras de sus tres autores más conocidos (Hume, Ferguson y Smith). Quedarán de lado, en consecuencia, los aportes realizados por otros miembros de la escuela, como los filósofos Hutcheson y Kamer, el historiador William Robertson y el sociólogo John Millar. Dentro de la vasta producción de los tres autores escogidos se indagará exclusivamente en lo que respecta a su contribución al análisis de los principios que rigen la evolución, progreso y retroceso de las sociedades humanas. Quedan excluidos de este trabajo los importantes aportes realizados por David Hume en el campo de la filosofÌa y la historia, por Adam Smith en el de la economía política y por Ferguson en el de las ciencias sociales.1
La obra de los autores escoceses es considerada por muchos como «fundadora» de una tradición intelectual que se extiende hasta nuestros días. La expresión es genéricamente correcta pero no está desprovista de ambigüedades. Nada hubiera resultado más incómodo al espíritu de la obra de nuestros tres autores que suponer que su pensamiento no es heredero de tradiciones anteriores. Aceptar esto hubiera sido negar los fundamentos en que descansa todo pensamiento de raigambre evolucionista. Resulta imposible desconocer, en este sentido, la influencia de autores como Bacon, Locke, Grotius, Puffendorf, Montesquieu, Newton, etc. Muy próximo a los escoceses surge nítidamente el nombre de Bernard de Mandeville, ese autor mordaz y un tanto escandaloso para los cánones de la Època. El término «fundador», por lo tanto, hace referencia al primer intento de sistematización de una tradición que es tributaria de muchos apartes de igual intensidad intelectual.2
Para algunos estudiosos del resurgimiento liberal de los últimos tiempos la obra de F. A.
Hayek se destaca como «el más poderoso programa de investigación de la filosofía política liberal
clásica.»2 Sus ideas sobre el surgimiento de órdenes espontáneos y sobre la evolución cultural como
mecanismo de selección de esos órdenes constituyen valiosas herramientas para comprender la
transformación de la civilización en lo que se ha llamado la Gran Sociedad o la Sociedad Abierta,
interrogante reflejado en la cita de Dugald Stewart que encabeza estas páginas.
Por otra parte, este resurgimiento liberal es impulsado también por otras corrientes que en cierto modo rechazan muchos de los principios postulados por Hayek. Se ha sostenido que con- fluyen en la obra de Hayek principios conservadores y liberales que no pueden ser armonizados; se han señalado puntos que necesitan probablemente una mayor elaboración dentro de sus ideas de orden espontáneo y evolución cultural. Por último, se ha criticado también el hecho de que estas ideas, a partir de un plano descriptivo, hayan pasado a ser utilizadas corno un criterio normativo para la evaluación de lis instituciones sociales, Antes de analizar el contenido de las críticas efectuadas a su pensamiento, es conveniente exponer en forma resumida cuál ha sido la posición de Hayek al respecto.
Cuando en el mercado se realiza una transacción se intercambian dos «paquetes» de
derechos de propiedad. Una parte de esos derechos está ligada al bien o al servicio
concreto que se intercambia, pero es el valor de los derechos de propiedad el que
determina el valor de lo que cambia de propietario. Las preguntas dirigidas a determinar
la aparición y la combinación de tales componentes del paquete de derechos de propiedad
son en realidad previas a las que comúnmente se hacen los economistas. Éstos, por lo
general, toman los derechos de propiedad como un dato y buscan explicaciones para las
fuerzas que determinan el precio o el número de bienes a los que se refieren tales
derechos de propiedad.
En este trabajo procuro llamar la atención sobre algunos de los elementos para una teoría económica de los derechos de propiedad. El trabajo está organizado en tres partes. En la primera se desarrolla brevemente el concepto y el rol de los derechos de propiedad en los sistemas sociales. La segunda parte ofrece una guía para investigar la aparición de los derechos de propiedad. La tercera parte establece algunos principios pertinentes para comprender la combinación de los derechos de propiedad con vistas a formar determinados tipos de derechos y determinar así la estructura de propiedad que está asociada a los distintos tipos.
«Para ser economista no se puede ser solo economista». La frase es de Von Hayek pero la cita Adrián Ravier, director de la maestría en economía y ciencias políticas que dictará en Eseade, Junto al también economista y subdirector de la maestría, Iván Carrino, Ravier cree que es imprescindible unir las disciplinas. «La mayoría de los programas, en su afán por la matemática y desarrollo de los modelos, muchas veces deja totalmente de lado la política, el derecho, las instituciones, la psicología, antropología, filosofía. Eso termina generando un profesional que tiene una visión sesgada. Para nosotros un economista tiene que ser alguien con una visión más amplia», explica Ravier en conversación con Visión Liberal.
¿Es solo para economistas?
– No necesariamente. El programa de ESEADE es un programa más amplio, y la diversidad de los alumnos ayuda a que en el aula se genere un intercambio intelectual diferente. Que hayan politólogos, abogados, historiadores, comunicadores, etc. genera un intercambio muy enriquecedor.
– ¿Por qué es importante relacionar la economía con la política?
La economía pura es fundamental. Pero cuando analizamos el mundo real o la Argentina es necesario acompañar esos modelos con hipótesis auxiliares o condiciones iniciales, que en definitiva son las condiciones de la Argentina de hoy con un determinado nivel de inflación, cuestiones políticas, sindicatos que rodean las políticas económicas que se puedan aplicar. El programa termina con el diseño de políticas públicas, esas políticas no pueden basarse sólo en la teoría pura, sino que tienen que partir de lo que es la antropología y la cultura de la sociedad en la que se aplica esta política. Me parece que es clave el análisis multidisciplinar que se ofrece en el programa con profesionales de distintas áreas. El cuerpo docente esta especialmente seleccionado para cubrir las temáticas de las que estamos hablando.
– Cuando los números no cierran, ¿qué hacemos con las teorías económicas?
Las dificultades de la Argentina tienen que ver con que los economistas son sólo economistas. Yo creo que las dificultades no son económicas. Yo siempre le digo a mis alumnos que el problema técnico que tiene la Argentina es muy fácil de explicar; uno muestra el nivel de gasto público, recaudación tributaria, déficit presupuestario, a partir de ahí muestra cómo se financia, los desequilibrios que existen, fiscales, monetarios, cambiarios, que se generan justamente por ese problema fiscal. A partir de ahí analizamos el impacto del exceso de impuesto, emisión monetaria, tasas de interés elevadas, inflación, la mochila que se carga en las empresas, que genera poca actividad, empleo, pobreza etc. Es muy fácil de explicar en un curso corto de economía. Ahí es donde llega la política, y donde empiezan las relaciones de poder y los problemas son otros y mucho más complicados que lo que un economista a secas puede advertir. Por eso es fundamental que esa teoría económica se baje a tierra. Cada sociedad es diferente y las dificultades para aplicar políticas son diferentes.
– No es la economía, entonces: es la educación
No es fácil en una Argentina con nuestra historia y cultura cambiar hacia un modelo de mercado, que es lo que creo yo y en el programa de ESEADE, que es la respuesta que Argentina necesita para salir de la decadencia en la que está hundida hace décadas.
Si permanentemente la cultura que nos acompaña nos lleva a un paternalismo enorme donde le pedimos todo al Estado, ese Dios Estado y líderes políticos terminan generando las políticas que generan. No porque decidan así sino que la demanda popular lleva a ese tipo de medidas que provocan resultados tan nefastos como los que tenemos.
Publicado originalmente en Visión Liberal, jueves 14 de febrero de 2019.
Los economistas han descuidado casi totalmente los elementos éticos o morales del
comportamiento generado por el moderno régimen existente de continuos y acelerados
déficit presupuestarios gubernamentales. En la medida en que los principios morales
afectan las restricciones de la elección, tal descuido es inexcusable. Nos incumbe a
nosotros, como analistas económicos, comprender cómo influye la ética en la elección y,
en especial, de qué manera la erosión de los preceptos morales puede modificar el
funcionamiento establecido de las instituciones políticas y económicas. Es necesario
contar con una teoría empírica positiva del funcionamiento de las pautas morales, incluso
si queremos dejar la prédica a los moralistas.
La comprensión de la forma en que las restricciones morales afectan los patrones de los
resultados políticos no requiere necesariamente una comprensión similar de los orígenes
de las propias pautas morales. En realidad, uno de los argumentos que quiero desarrollar
en este ensayo depende críticamente de los atributos «no-racionales» de tales pautas
morales. Los efectos de las restricciones morales son, por supuesto, completamente
simétricos. Si las normas morales restringen las opciones, es decir, si existe lo que
podríamos denominar una frontera de factibilidad moral, es evidente entonces que la
erosión o destrucción de las normas morales flexibiliza las restricciones, y con ello
desplaza la frontera «hacia afuera», con consecuencias que nosotros, como economistas,
estamos en condiciones de analizar.
En mi opinión, el explosivo aumento del financiamiento de la deuda o del déficit
resultante de los gastos del consumo público puede explicarse, al menos en parte, por la
erosión de las restricciones morales preexistentes. Los hombres que toman las decisiones
políticas no «descubrieron» una nueva tecnología de financiamiento de la deuda a lo largo
de la mitad de este siglo. Su autointerés racional los llevaba a recurrir siempre a fuentes
de ingresos públicos exentas de impuestos. Lo que sucedió en este siglo fue que el
financiamiento de la deuda dejó de ser inmoral. Tenemos aquí un ejemplo casi perfecto
del daño que puede causar el «constructivismo racionalista» (para usar peyorativamente
este término en el sentido hayekiano). El intento de imponer un comportamiento de
«elección racional» a quienes estaban constreñidos por normas morales preexistentes,
derivadas de un proceso evolutivo cultural, ha permitido, de hecho, una reversión hacia
esos instintos más primitivos que anteriormente se mantenían bajo control.
Debemos evaluar esta dimensión moral del moderno sistema fiscal si queremos hallar una solución para este estado de cosas. Las normas abstractas que han evolucionado inconscientemente no pueden ser restauradas de manera racional. Sin embargo, es posible introducir restricciones racionalmente elegidas que sirvan en parte como sustitutos de las pautas morales erosionadas. Los presupuestos equilibrados que obedecían antes a pautas morales, no eran mencionados nunca en forma explícita en los documentos constitucionales formales. En ausencia de tales pautas, sin embargo, las restricciones presupuestarias deben ser explícitamente elegidas, impuestas y cumplimentadas.
El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia que fue concebida para proteger derechos y no para conculcarlos. Es la contracara de lo estipulado por los Giovanni Sartori de nuestra época para en cambio caer en pura cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida cuando no de la vida misma.
El vendaval espantoso que dejan los tiranos
venezolanos con el apoyo de la
isla-cárcel-cubana ha producido efectos devastadores en todos los planos
concebibles. El actual Papa no ha disimulado su simpatía por el socialismo y
solo ha patrocinado “concordia entre las partes” que tal como han expresado
veinte ex presidentes de la región, “es como si pretendiera que las víctimas se
arreglaran con sus victimarios”. Es de
destacar por otro lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la
Iglesia venezolana a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de
su jefe en el Vaticano.
Debe destacarse también la posición decidida y con el
necesario coraje moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado
expresa y reiteradamente la tiranía venezolana, en especial la contundencia del
Grupo de Lima. En esta línea argumental es del caso subrayar la perseverancia y
la decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la
necesidad de acabar con el engendro venezolano.
La seguidilla de marchas opositoras, los presos
políticos, las muertes, la crisis económica que incluye falta de alimentos y
fármacos elementales, las emigraciones masivas,
la asunción del nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto
por la Constitución a raíz de las elecciones amañadas y tramposos de Maduro
desde todos los ángulos posibles de análisis, la marcha multitudinaria del 23
de enero pasado, insurrecciones militares esporádicas, arrestos y demás sucesos
apuntan a una posible restauración de las instituciones republicanas.
El reiterativo socialismo ha
sido rebautizado como “del siglo xxi” con la intención de disfrazar las
barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante del tirano
Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad humana”… con los
fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se convirtieron los
hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la educación haciendo que se
escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos cuadernos debido a la
escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a cualquier signo de
oposición, en el contexto del partido único y la prensa oficial. Maduro
continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.
Sin duda que la historia venezolana descubre desaguisados ejecutados por varios de los partidos políticos de la era anterior, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República.
Publicado en El Cronista, martes 5 de febrero de 2019.
Como solía decir el filósofo marxista Luis Althusser, ninguna lectura es inocente. El significado que cada
lector infiere de algún trozo de una obra científica está influido indefectiblemente por sus propias premisas y
su marco de referencia analítico. Cuando el marco teórico subyacente del lector difiere sustancialmente del
de los autores que son objeto de estudio, es probable que el resultado sea un profundo malentendido. Pocos
ejemplos de lectura «no inocente» pueden alcanzar el grado de distorsión que la interpretación corriente del
debate sobre el cálculo económico socialista impartió a esa famosa controversia. Muchos de los dos
importantes analistas que desde un principio se interesaron por el debate corrigieron posteriormente, al
menos en parte, sus errores iniciales de interpretación. Sin embargo, la versión de la historia del debate que
ha llegado a predominar entre los economistas conserva aún la mayoría de esos errores iniciales. En este
ensayo estudiaremos los orígenes y el desarrollo de la versión corriente de la controversia socialista y
ofreceremos sugerencias tendientes a explicar cómo y por qué esa interpretación equivoca seriamente el
sentido de algunos de los argumentos del debate.
Las dos caras de esta controversia están representadas, por un lado, por los «austriacos» que lanzaron el desafío al socialismo -encabezados por Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Lionel Robbins- 1, y por el otro por los «neoclásicos» -que respondieron a ese desafío defendiendo una u otra forma de socialismo-, en especial los llamados «socialistas de mercado», Oskar Lange, H. D. Dickinson, Fred M. Taylor, Abba P. Lerner y E. F. Durbin, y, desde un punto de vista algo diferente, Maurice Dobb.-
On the campaign trail, Mauricio Macri vowed to fight inflation. Now, three years into his administration, it looks like that requires more commitment than he and his team of economic advisors envisioned. Argentina ended 2018 with an annual inflation rate of 47.6 percent. That is the highest rate since the early 1990s, when Argentina’s bout with hyperinflation came to an end. With this in mind, some (including John Cochrane, Steve Hanke, and Mary Anastasia O’Grady) have called for Argentina to abandon the peso in favor of the dollar.
Dollarization became a relevant policy option in Latin America beginning around 2000. Ecuador dollarized in January 2000. El Salvador dollarized in 2001. But Argentina, which had established a currency board in 1991, moved in the opposite direction following its 2001 crisis. On January 6, 2002, it broke its one-for-one peg with the dollar. The results have been disastrous.
Se conoce como la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia la contribución de Frankl, siendo la primera la de Freud y la segunda la de Adler. En esta nota periodística intentaré resumir los aspectos centrales de la logoterapia y conexos en base a citas de su fundador tomadas de su Psycotherapy and Existencialism (Londres, Simon and Schuster, 1967) donde se recogen los ensayos de mayor peso de Frankl. Procederé en cuatro capítulos comenzando con citas del autor de la referida obra, seguidas de elaboraciones personales.
En primer lugar, el significado de la logoterapia. Escribe Frankl que
“Logoterapia se ocupa no solamente de ser sino del significado, no solo con el ontos sino con el logos […] En otras palabras, la logoterapia no solo es análisis
sino terapia […] es mi convicción que el hombre no debe, en verdad no puede,
apuntar a la identidad de un modo directo, más bien encuentra su identidad en
la medida en que se compromete en una causa más grande que su persona. Nadie lo
ha puesto de un modo más claro que Karl Jaspers cuando dijo: ´Lo que el hombre
es equivale a una causa que la ha convertido en propia´ […] El sentido de la
vida no debe coincidir con lo que es, el sentido o significado tiene que estar
delante de lo que es. El significado marca el camino para el ser”.
Frankl subraya la importancia de contar con ideales (lo cita a Ludwig
Binswagner quien sostiene que “los ideales son la verdadera causa de
supervivencia”). Remarca que el
actualizar las potencialidades en busca del bien es lo que abre paso a la
felicidad. El mal naturalmente hace mal.
Tal como se ha señalado en diversas oportunidades, todos
actuamos en nuestro interés personal el cual podrá ser sublime o ruin. En
definitiva constituye una perogrullada sostener que está en interés del sujeto
actuante actuar como actúa. También cabe recalcar que siempre apunta a lo que
estima lo hará más feliz, ya se trate de un masoquista, un suicida o un acto
corriente de los que se llevan a cabo cotidianamente.
En última instancia entonces todos los actos se basan en la
conjetura de que lo realizado proporcionará más felicidad, lo cual no significa
que en realidad esto ocurra: la persona en cuestión puede o no percibir el
error después de llevada a cabo la acción pero la felicidad no es escindible
del bien en el sentido de la incorporación de valores que alimenten el alma.
Naturalmente el mal objetivamente considerado aleja de la felicidad por más que
se lo pueda malinterpretar subjetivamente puesto que las cosas son
independientemente de lo que se opine que son, de lo contrario caeríamos en el
relativismo epistemológico (que convierte en relativa la propia afirmación del relativismo),
lo cual no contradice el hecho de la interpretación subjetiva (el
prefiero o no prefiero, me gusta o no me gusta).
La vida está conformada por una secuencia de problemas de
diversa índole, lo cual naturalmente se desprende de la condición imperfecta
del ser humano. La ausencia de problemas es la perfección, situación que, como
es bien sabido, no está al alcance de los mortales. Además, si los seres
humanos fueran perfectos no existirían ya que la perfección -la suma de todo lo
bueno- es posible solo en un ser (la totalidad de los atributos no pueden
residir en varios).
De más está decir que el asunto no consiste en buscarse
problemas sino en mitigarlos en todo lo que sea posible, al efecto de
encaminarse hacia las metas que actualicen las potencialidades de cada uno en
busca del bien ya que, como queda dicho, las incorporaciones de lo bueno es lo
que proporciona felicidad. De todos modos, el estado de plenitud no es posible
en el ser humano, se trata de un tránsito y una búsqueda permanente que exige
como condición primera el amor al propio ser, cosa que no solo no se contradice
con que ese cuidado personal apunte a la satisfacción de otros sino que es su
requisito indispensable puesto que el que se odia a si mismo es incapaz de amar
a otro debido a que, de ese modo, renuncia al gozo propio de hacer el bien.
El bien otorga paz interior y tranquilidad de conciencia que
permiten rozar destellos de felicidad que es la alegría interior sin límites,
pero no se trata solo de no robar, no matar, acariciar a los niños y darle de
beber a los ancianos. En el contexto de la visión de Frankl, se trata de actuar
como seres humanos contestes de la enorme e indelegable responsabilidad de la
misión de cada uno encaminada a contribuir aunque más no sea milimétricamente a
que el mundo sea un poco mejor respecto al momento del nacimiento, siempre en
el afán del propio mejoramiento sin darle descanso a renovados proyectos para
el logro de nobles propósitos.
Los estados de felicidad siempre parciales por las razones
apuntadas, demandan libertad para optimizarse ya que esa condición es la que
hace posible que cada uno siga su camino sin que otros bloqueen ese tránsito ni
se interpongan en el recorrido personalísimo que se elija, desde luego, sin
interferir en idénticas facultades de otros. Como veremos más abajo, en la
perspectiva de Frankl los atropellos del Leviatán necesariamente reducen las
posibilidades de felicidad, sea cual fuera la invasión a las autonomías
individuales y siempre debe tenerse en cuenta que los actos que no vulneran
derechos de terceros no deben ser impedidos ya que la responsabilidad
es de cada cual. Nadie deber ser usado como medio para los fines de otros.
Voltaire, en uno de sus reflexiones se pregunta si no será más
feliz alguien que no se cuestiona nada ni intenta averiguar tema alguno sobre
las cosas ni siquiera sobre su propia naturaleza y concluye que esto último es
compatible con el estado de satisfacción del animal no racional y no es propio
de un ser humano. Esto no desconoce que todos somos muy ignorantes, que
desconocemos infinitamente más de lo que conocemos, pero se trata del esfuerzo
por mejorar, por la autoperfección según sean las posibilidades y las
circunstancias por las que atraviesa cada uno, se trata de la faena de
incorporar algo más de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que nos
desenvolvemos para así honrar nuestra condición humana.
En resumen, la imperiosa necesidad de contar con proyectos
nobles y de mantener la brújula, no significa tomarse demasiado en serio y
perder el sentido del humor, especialmente la saludable capacidad de reírse de
uno mismo. En este sentido, conviene tener presente la sentencia de Kim
Basinger: “Si lo quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes” y también la
sabia reflexión de quien fuera mi entrañable y queridísimo amigo José Ignacio
García Hamilton en cuanto a que “lo importante no es lo que a uno le sucede,
sino como uno administra lo que le sucede”. De cualquier manera, en línea con
la conclusión aristotélica, Pascal afirma con razón que “todo hombre tiene a la
felicidad como su objetivo; no hay excepción”, el secreto reside en no
equivocar el rumbo y distinguir claramente la huella del pantano.
La segunda parte en este resumen que mencionamos en las
conclusiones del doctor Frankl alude, como anticipamos, a la sociedad abierta.
Escribe este autor en la obra citada que “Prefiero vivir en un mundo en el que
el hombre tiene el derecho de elegir, aun si se trata de elecciones
equivocadas, mejor que un mundo en el que no le está permitido al hombre elegir
[…] Prefiero este mundo al mundo de total, o totalitario conformismo y
colectivismo en el que el hombre está rebajado y degradado a un mero
funcionario del partido o del estado”.
Efectivamente la sociedad libre constituye condición necesaria
para las realizaciones personales sin interferencias de mandones que pretenden
administrar vidas y haciendas ajenas, lo cual no solo extermina
psicológicamente a las personas sino que destruye toda posibilidad de bienestar
material. Como es sabido, Frankl vivió la experiencia en campos de
concentración nazis de modo que conoce el extremo del espíritu totalitario,
pero apunta que no es necesario llegar a esas acciones criminales para producir
daños morales y materiales en la medida en que los aparatos estatales se
exceden de sus misiones de resguardar y garantizar los derechos individuales.
La tercera parte de lo que estimamos es el eje central de la
propuesta de Frankl consiste en su crítica de la mal llamada enfermedad mental.
Así escribe en el libro referido que “La búsqueda de significado o sentido a la
vida no es patológica, pero más bien un signo inequívoco de la condición humana
[…] Tradicionalmente el clínico no está preparado en nada que se salga de los
términos médicos. Por tanto está forzado a considerar el problema como algo
patológico. Más aun, induce a su paciente a interpretar que está enfermo y que
debe curarse en lugar de ver que se trata de un desafío que debe encararse”.
En esta misma línea argumental Thomas Szasz explica en The Myth of Mental Illness que la
patología enseña que la enfermedad se traduce en lesión de órganos, tejidos o
células pero que las ideas y los comportamientos no pueden estar enfermos, lo
cual no pretende desconocer problemas químicos, en los neurotrasmisores o en la
sinapsis lo cual es muy distinto. Sostiene Szasz que es un abuso inaceptable el
considerar enfermos a quienes tienen comportamientos que el resto no aprueba,
situación que no descarta la persuasión al efecto de eventualmente modificar
conductas o las medicaciones en caso de referirse a problemas físicos pero no
mentales. En este contexto es de interés prestar atención al título metafórico
de Erich Fromm: La patología de la
normalidad.
La cuarta y última sección de nuestro esquema telegráfico se
dirige al libre albedrío. En este sentido Viktor Frankl (1905-1997), siempre en
el libro de marras, enfatiza que “En realidad hay dos clases de personas que
mantienen que su albedrío no es libre: los pacientes esquizofrénicos que sufren
de la ilusión que su voluntad es manipulada y que sus pensamientos están
controlados por otros y con ellos están los filósofos deterministas”.
Antes he consignado aspectos que hacen a este problema que ahora
sintetizo. John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual, lo
cual es propio del materialismo, naturalmente no hay vida racional, por ende,
la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por
tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es
lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal
cosa como argumentación racional”.
Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que
“Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas
sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el
condicionamiento”.
Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck
en este contexto quien afirma que “se trataría de una degradación inconcebible
que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética,
fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de
causalidad”.
Juan José Sanguineti
resume bien el problema al escribir en Neurociencia
y filosofía del hombre que “Los actos intencionados son de las personas, no
de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un
conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te
saludan calurosamente´, pues soy yo quien saluda con calor mediante un apretón
de manos”. En este sentido junto a otros colegas (como Maxwell Bennett y Peter
H. Hacker) se lamenta de que la literatura neurocientífica acuda con demasiada
frecuencia a expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo
interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´,
´mi sistema límbico está enfadado´, porque atribuir a cosas como células o
grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc.,
simplemente no tiene sentido […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más
exacto decir yo veo con mis ojos”.
La tesis de esta
cuarta y última parte pone en evidencia que una cosa son los estados de
conciencia, la mente o la psique y otra el cerebro que aunque están íntimamente
vinculados son diferentes tal como lo ilustra el título del libro en coautoría
de Karl Popper y el antes mencionado Eccles: El yo y su cerebro.
En resumen, Victor Frankl ha revolucionado la
ciencia con sus contribuciones de gran valía. Como queda dicho, la obra que
comentamos contiene aspectos medulares de lo que han sido sus escritos que son
muy numerosos y apreciados por calificados científicos modernos a pesar de ir a
cotracorriente de la opinión por el momento dominante.
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