Hace tiempo, llegó a mis manos una obra notable: The School of Salamanca de Marjorie Grice-Hutchinson que me las
recomendaron tanto Murray Rothbard como Friedrich Hayek quienes por otra parte
habían escrito sobre esa muy fértil corriente de pensamiento del siglo xvi.
Recuerdo que de esa obra exploré especialmente al Padre Luis de Molina.
Por el antedicho motivo me enfrasqué también en otro libro que aludía a
la influencia bienhechora en el pensamiento liberal titulado Islam and the Discovery of Freedom de
Rose Wilder Lane, obras ambas que me hicieron ver las extraordinarias
contribuciones de los musulmanes y los católicos que junto con algunos puritanos
de la Escuela Escocesa y las enseñanzas de quienes originalmente provenían del
judaísmo como los propios Rothbard y Hayek a los que naturalmente deben
agregarse Ludwig von Mises, Milton Friedman, Karl Popper y el judío practicante
Israel Kirzner, juntos todos decimos han contribuido decisivamente al espíritu
liberal. Y no es desde luego que esta tradición de pensamiento tenga que ver
con la religión que más bien adhiere a “la doctrina de la muralla”
estadounidense en cuanto a separar tajantemente el poder político de la
religión. Es que luego de tantas matanzas, persecuciones y torturas por motivos
religiosos, son en verdad paradójicas estas confluencias de religiones
distintas.
En cualquier caso, en esta oportunidad me detengo en una de las figuras
de mayor relieve de la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía: Juan de
Mariana a quien indagué especialmente como consecuencia de que en 2017 recibí
el Premio Juan de Mariana en Madrid invitado por el presidente del Instituto
Juan de Mariana, Gabriel Calzada de quien precisamente leí y me documenté sobre
este personaje en un ensayo que publicó en la colección Facetas liberales que coedité con el entonces Rector de la
Universidad Francisco Marroquín, Giancarlo Ibárgüen, en homenaje al fundador de
esa casa de estudios, Manuel Ayau.
Juan de Mariana (1536-1624) estudió en la Compañía de Jesús junto al antes mencionado Luis de Molina, se doctoró en París donde enseñó en la Sorbona, en Italia y en España y antes estudió y se licenció en teología en la Universidad de Alcalá de Henares. Publicó múltiples trabajos muchos de los cuales fueron condenados y hasta quemados por algunos de sus propios colegas y miembros del poder político. Su obra más conocida y apreciada fue su monumental Historia general de España y añadió escritos de gran valía y difusión sobre moneda, impuestos, teoría política, una detallada teoría de los precios y un magnífico adelanto a la Ley de Say. Se opuso con especial énfasis a todo autoritarismo, incluso llegó a patrocinar el tiranicidio en línea con lo establecido por el Obispo John of Salisbury (1120-1180) en su Policracticus donde escribe que “quien usurpa la espada merece morir por la espada”.
En general la Escuela de
Salamanca se basa en Aristóteles y Sto Tomás de Aquino y redirecciona el
énfasis en los marcos institucionales compatibles con la libertad de mercados,
subrayaron la trascendencia de la propiedad privada, ridiculizaron las críticas
a la denominada usura, combatieron la inflación, desarrollaron una incipiente
teoría subjetiva del valor, elaboraron interesantes y bien documentos estudios
sobre la ética de los negocios, fulminaron todo intento de controlar los
precios por parte de gobiernos y publicaron enjundiosos tratados sobre el
derecho natural.
Es del caso enfatizar que como Aristóteles fue introducido en Europa por
vías judías y musulmanas, los prejuicios, sectarismos y oscurantismos de la
Iglesia católica de entonces prohibió su lectura (en 1210 en la Universidad de
Paris) y es del caso subrayar que también Santo Tomás de Aquino fue objeto de
condena post mortem de cuarenta
tesis, impulsada por el Papa Juan XXI y ejecutadas por el Obispo Étienne Tempier, Canciller de la
Universidad de Paris. Aquino fue defendido por su profesor San Alberto Magno
(que sobrevivió a su discípulo), de quien el Papa Benedicto XVI en Audiencia
General el 24 de marzo de 2010 expresó que “uno de los más grandes de la
teología medieval es san Alberto Magno. El título de grande (magnus) con el que pasó a la historia
indica la vastedad y la profundidad de su doctrina que unió a la santidad de su
vida.”
Comento ahora el aludido ensayo de Gabriel Calzada publicado en la colección de marras, me detengo en este trabajo debido a su versación en la materia que si bien está centrado en uno de los aspectos de los que se ocupó el doctor Mariana, ilustra maravillosamente las ideas de este esclarecido sacerdote. El ensayo en cuestión se titula “Solo ante la inflación: Juan de Mariana y su lucha contra los desmanes monetarios”.
Manos a la obra entonces. Comienza el escrito Calzada narrando la
detención de Mariana en la Compañía de Jesús en Toledo, el 8 de septiembre de
1609, por orden del obispo de Canarias, Francisco de Sosa “a quien el rey había
propuesto como juez de la causa contra el incómodo pensador”. Antes de eso la
Inquisición lo había conducido a una celda para declarar ante los inquisidores
por su último libro.
Calzada destaca tres de los libros de Mariana que han tenido una
influencia decisiva en amplios círculos: uno sobre los fundamentos de los
derechos individuales y los necesarios límites al poder –De rege et regis institutione- y los otros dos sobre moneda –De ponderibus et mensuris y De monetae mutatione– los cuales le
trajeron una serie de condenas por parte de algunos de los representantes de su
Iglesia y por parte del poder político en ese momento a cargo del príncipe
heredero Felipe III, en realidad en manos del Duque de Lerma, Francisco de
Sandoval y Rojas quien había dispuesto la disminución del contenido de plata de
la moneda pero resellada con el mismo valor nominal como si no hubiera habido
esa reducción, lo cual naturalmente produjo grandes distorsiones monetarias que
Mariana develó ante la opinión pública, situación que “desató la furia real
contra su persona” .
A esta altura es del caso reproducir parte de las citas que consigna
Calzada de la mencionada obra de Mariana sobre moneda: “Algunos hombres astutos
e ingeniosos para atender a las necesidades que continuamente abruman a un
imperio, sobre todo cuando es de gran extensión, idearon como un medio útil
para superar las dificultades sustraer a la moneda alguna parte de su peso […]
¿Quién habrá que tenga un ingenio tan corrompido que no apruebe la bendición
del Estado? […] el príncipe no tiene derecho alguno sobre la propiedad de los
bienes muebles e inmuebles de los súbditos” y sostiene que los que afirman lo
contrario “son charlatanes y aduladores, que tanto abundan en los palacios de
los príncipes”.
De ese mismo libro Calzada se detiene a mostrar los rigurosos
conocimientos de Mariana en temas monetarios al explicar meticulosamente las
consecuencias de la manipulación monetaria por parte de los gobiernos, las
enormes dificultades que crea en el comercio al afectar el poder adquisitivo de
todos y se anticipa a lo que luego se conocería como la Ley de Gresham, en cuyo
contexto describe la subjetividad del valor que mucho después sería
desarrollada in extenso por Carl
Menger en el origen de la Escuela Austríaca. En resumen, Mariana escribe que su
objetivo es “amonestar a los príncipes” por el avasallamiento de los derechos
de las personas.
Calzada nos dice en su ensayo que “lo primero que debe hacer, según
Mariana, el monarca y quienes gobiernan es reducir el gasto, en lugar de
centrarse en elevar los ingresos, como forma de solucionar los desfases
financieros. La segunda recomendación es reducir los subsidios, las
retribuciones, la pensiones y los premios”.
Hacia el final de su muy documentado ensayo, Gabriel Calzada retoma lo
dicho en el comienzo respecto a la detención de Mariana ese fatídico 8 de
septiembre de 1609 a los 73 años de edad luego de décadas de estudio,
investigación y enseñanza y dice que el estudioso allí aprendió “una de las
lecciones más amargas de su vida: si uno está dispuesto a plantarle cara al
poder político, en defensa de las libertades individuales y de la propiedad
privada, debe contar con la posibilidad de ser abandonado por sus amigos y
hasta por las instituciones a las que ha servido toda la vida. Ese fue, por
ejemplo, el caso de la Compañía de Jesús a la que Mariana había dedicado, con
talento y entrega los últimos 55 años de su vida”.
El proceso de condena se llevó a cabo en Madrid bajo la acusación de
fiscales respecto de trece cargos cuyo eje central era “negar el derecho del
rey a cambiar la moneda”. El Padre Mariana se ocupó personalmente de su propia
defensa con argumentos extensos y bien fundados, frente a lo cual la fiscalía
agregó nuevas imputaciones referidas a la insolencia de Mariana con el poder y
sus superiores. La monarquía intentó una condena por “lesa majestad” y “ordenó
a sus embajadores que compraran y se hicieran de todos los ejemplares posibles
del libro para quemarlos” pero finalmente tuvieron que liberarlo a Mariana
puesto que las documentaciones en su contra se fueron diluyendo junto con las
apoyos para mantenerlo en custodia. Con la angustia a cuestas por lo sufrido en
soledad, volvió a Toledo sin que escribiera nada más sobre los asuntos que lo
habían desvelado respecto a los abusos del poder.
Ahora a casi cuatro siglos de la muerte de Juan de Mariana se hace
necesario volver sobre sus pasos y considerar los temas que con tanta
dedicación estudió en el contexto de una vida espiritual consubstanciada con
valores éticos centrales tan necesarios en nuestro mundo moderno, al efecto de
nosotros sacar partida de sus enseñanzas. En parte de sus desvelos, es
increíble que después de tanto tiempo estemos hoy embretados en problemas
parecidos de abuso de poder, no solo en materia monetaria donde la banca
central se ha convertido en la vaca sagrada de nuestra época sin percatarse que
cualquiera sea el camino que decida emprender estará distorsionando los precios
relativos, sea al expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria. No
solo se permite la manipulación monetaria por parte de los gobiernos para
financiar sus desmanes en perjuicio de la población, sino que se aplauden otros
atropellos a las autonomías individuales paradójicamente en nombre de una
democracia que ha sustituido su esencia del respeto a las minorías por las
mayorías para sustituirla por un mero número, con lo que, a contracorriente de
lo sustentado por los Giovanni Sartori contemporáneos, se hacer realidad lo
pronosticado por Juan González Calderón en cuanto a que tienen vigencia dos
ecuaciones falsas: 50% más 1%=100% y 50% menos 1%=0%.
Respecto a ciertos desvíos de la Iglesia católica
de su misión pastoral, cierro al recordar un par de ejemplos truculentos de
otros tiempos, además de los apuntados sobre las condenas a la línea
aristotélica-tomista y a los hechos bochornosos por los que ha pedido perdón en
nombre de la Iglesia el admirable Papa Juan Pablo II. En primer lugar, la Carta
Pastoral de los Obispos de la Iglesia Católica Alemana reproducida en The New York Times el 24 de septiembre
de 1939: “En esta hora decisiva exhortamos a nuestros soldados católicos a
obedecer al Führer y a estar preparado para sacrificar su individualidad.
Apelamos a que se unan a nuestros rezos para que la Divina Providencia conduzca
esta guerra al éxito”. En segundo término, la desfachatada declaración de los
editores de la revista jesuita Mensaje a
raíz del triunfo electoral del marxista Salvador Allende (No. 194, noviembre de
1970): “Mientras el gobierno de la Unidad Popular avanza hacia el Hombre Nuevo,
un cristiano no puede sino avanzar a su lado”. Entre otras cosas, esto va para
algunos católicos insoportables por su arrogancia, soberbia y petulancia que
aun en pleno sigo XXI se entretienen con críticas inauditas a judíos y
musulmanes, a pesar de la promoción del ecumenismo entre las tres religiones
monoteístas implantada a los cuatro vientos por el antes mencionado Juan Pablo
II y continuada por sus sucesores.