Exploring Economic Freedom: Mitos y Realidades del Socialismo

El martes 19 de febrero, como parte del Exploring Economic Freedom de la Metropolitan State University of Denver, los economistas Robert Lawson y Benjamin W. Powell presentarón su último libro: Socialism Sucks: Two Economists Drink Their Way Through the Unfree World.

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Comienza la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

El 25 de marzo inicia el dictado de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Es importante rescatar nuevas modalidades de cursada que permiten la cursada a alumnos del interior del país, y también a personas que residan en el exterior.

Este primer semestre se dictarán los siguientes cursos:

Lunes – Pensamiento Político (48 hs) – Dr. Enrique Aquilar

Miércoles – Análisis Económico (48 hs) – Dr. Adrián Ravier

Viernes – Enfoques Económico-Institucionales (24 hs), Dr. Alberto Benegas Lynch (h)

Viernes: Problemas de Historia Económica Argentina (24 hs) – Dr. Carlos Newland

Los interesados pueden escribir a maestrias@eseade.edu.ar o eugenia.martinez@eseade.edu.ar

Aquí acceden al sitio web del programa. Abajo información resumida.

EL JESUITA JUAN DE MARIANA Y LA ACTUALIDAD – Por Alberto Benegas Lynch (h)


Hace tiempo, llegó a mis manos una obra notable: The School of Salamanca de Marjorie Grice-Hutchinson que me las recomendaron tanto Murray Rothbard como Friedrich Hayek quienes por otra parte habían escrito sobre esa muy fértil corriente de pensamiento del siglo xvi. Recuerdo que de esa obra exploré especialmente al Padre Luis de Molina.

Por el antedicho motivo me enfrasqué también en otro libro que aludía a la influencia bienhechora en el pensamiento liberal titulado Islam and the Discovery of Freedom de Rose Wilder Lane, obras ambas que me hicieron ver las extraordinarias contribuciones de los musulmanes y los católicos que junto con algunos puritanos de la Escuela Escocesa y las enseñanzas de quienes originalmente provenían del judaísmo como los propios Rothbard y Hayek a los que naturalmente deben agregarse Ludwig von Mises, Milton Friedman, Karl Popper y el judío practicante Israel Kirzner, juntos todos decimos han contribuido decisivamente al espíritu liberal. Y no es desde luego que esta tradición de pensamiento tenga que ver con la religión que más bien adhiere a “la doctrina de la muralla” estadounidense en cuanto a separar tajantemente el poder político de la religión. Es que luego de tantas matanzas, persecuciones y torturas por motivos religiosos, son en verdad paradójicas estas confluencias de religiones distintas.

En cualquier caso, en esta oportunidad me detengo en una de las figuras de mayor relieve de la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía: Juan de Mariana a quien indagué especialmente como consecuencia de que en 2017 recibí el Premio Juan de Mariana en Madrid invitado por el presidente del Instituto Juan de Mariana, Gabriel Calzada de quien precisamente leí y me documenté sobre este personaje en un ensayo que publicó en la colección Facetas liberales que coedité con el entonces Rector de la Universidad Francisco Marroquín, Giancarlo Ibárgüen, en homenaje al fundador de esa casa de estudios, Manuel Ayau.

Juan de Mariana (1536-1624) estudió en la Compañía de Jesús junto al antes mencionado Luis de Molina, se doctoró en París donde enseñó en la Sorbona, en Italia y en España y antes estudió y se licenció en teología en la Universidad de Alcalá de Henares. Publicó múltiples trabajos muchos de los cuales fueron condenados y hasta quemados por algunos de sus propios colegas y miembros del poder político. Su obra más conocida y apreciada fue su monumental Historia general de España y añadió escritos de gran valía y difusión sobre moneda, impuestos, teoría política, una detallada teoría de los precios y un magnífico adelanto a la Ley de Say. Se opuso con especial énfasis a todo autoritarismo, incluso llegó a patrocinar el tiranicidio en línea con lo establecido por el Obispo John of Salisbury (1120-1180) en su Policracticus donde escribe que “quien usurpa la espada merece morir por la espada”.

 En general la Escuela de Salamanca se basa en Aristóteles y Sto Tomás de Aquino y redirecciona el énfasis en los marcos institucionales compatibles con la libertad de mercados, subrayaron la trascendencia de la propiedad privada, ridiculizaron las críticas a la denominada usura, combatieron la inflación, desarrollaron una incipiente teoría subjetiva del valor, elaboraron interesantes y bien documentos estudios sobre la ética de los negocios, fulminaron todo intento de controlar los precios por parte de gobiernos y publicaron enjundiosos tratados sobre el derecho natural.

Es del caso enfatizar que como Aristóteles fue introducido en Europa por vías judías y musulmanas, los prejuicios, sectarismos y oscurantismos de la Iglesia católica de entonces prohibió su lectura (en 1210 en la Universidad de Paris) y es del caso subrayar que también Santo Tomás de Aquino fue objeto de condena  post mortem de cuarenta tesis, impulsada por el Papa Juan XXI y ejecutadas  por el  Obispo Étienne Tempier, Canciller de la Universidad de Paris. Aquino fue defendido por su profesor San Alberto Magno (que sobrevivió a su discípulo), de quien el Papa Benedicto XVI en Audiencia General el 24 de marzo de 2010 expresó que “uno de los más grandes de la teología medieval es san Alberto Magno. El título de grande (magnus) con el que pasó a la historia indica la vastedad y la profundidad de su doctrina que unió a la santidad de su vida.”

Comento  ahora el aludido ensayo de Gabriel Calzada publicado en la colección de marras, me detengo en este trabajo debido a su versación  en la materia que si bien está centrado en uno de los aspectos de los que se ocupó el doctor Mariana, ilustra maravillosamente las ideas de este esclarecido sacerdote. El ensayo en cuestión se titula  “Solo ante la inflación: Juan de Mariana y su lucha contra los desmanes monetarios”.

Manos a la obra entonces. Comienza el escrito Calzada narrando la detención de Mariana en la Compañía de Jesús en Toledo, el 8 de septiembre de 1609, por orden del obispo de Canarias, Francisco de Sosa “a quien el rey había propuesto como juez de la causa contra el incómodo pensador”. Antes de eso la Inquisición lo había conducido a una celda para declarar ante los inquisidores por su último libro.

Calzada destaca tres de los libros de Mariana que han tenido una influencia decisiva en amplios círculos: uno sobre los fundamentos de los derechos individuales y los necesarios límites al poder –De rege et regis institutione- y los otros dos sobre moneda –De ponderibus et mensuris y De monetae mutatione– los cuales le trajeron una serie de condenas por parte de algunos de los representantes de su Iglesia y por parte del poder político en ese momento a cargo del príncipe heredero Felipe III, en realidad en manos del Duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas quien había dispuesto la disminución del contenido de plata de la moneda pero resellada con el mismo valor nominal como si no hubiera habido esa reducción, lo cual naturalmente produjo grandes distorsiones monetarias que Mariana develó ante la opinión pública, situación que “desató la furia real contra su persona” .

A esta altura es del caso reproducir parte de las citas que consigna Calzada de la mencionada obra de Mariana sobre moneda: “Algunos hombres astutos e ingeniosos para atender a las necesidades que continuamente abruman a un imperio, sobre todo cuando es de gran extensión, idearon como un medio útil para superar las dificultades sustraer a la moneda alguna parte de su peso […] ¿Quién habrá que tenga un ingenio tan corrompido que no apruebe la bendición del Estado? […] el príncipe no tiene derecho alguno sobre la propiedad de los bienes muebles e inmuebles de los súbditos” y sostiene que los que afirman lo contrario “son charlatanes y aduladores, que tanto abundan en los palacios de los príncipes”.

De ese mismo libro Calzada se detiene a mostrar los rigurosos conocimientos de Mariana en temas monetarios al explicar meticulosamente las consecuencias de la manipulación monetaria por parte de los gobiernos, las enormes dificultades que crea en el comercio al afectar el poder adquisitivo de todos y se anticipa a lo que luego se conocería como la Ley de Gresham, en cuyo contexto describe la subjetividad del valor que mucho después sería desarrollada in extenso por Carl Menger en el origen de la Escuela Austríaca. En resumen, Mariana escribe que su objetivo es “amonestar a los príncipes” por el avasallamiento de los derechos de las personas.

Calzada nos dice en su ensayo que “lo primero que debe hacer, según Mariana, el monarca y quienes gobiernan es reducir el gasto, en lugar de centrarse en elevar los ingresos, como forma de solucionar los desfases financieros. La segunda recomendación es reducir los subsidios, las retribuciones, la pensiones y los premios”.

Hacia el final de su muy documentado ensayo, Gabriel Calzada retoma lo dicho en el comienzo respecto a la detención de Mariana ese fatídico 8 de septiembre de 1609 a los 73 años de edad luego de décadas de estudio, investigación y enseñanza y dice que el estudioso allí aprendió “una de las lecciones más amargas de su vida: si uno está dispuesto a plantarle cara al poder político, en defensa de las libertades individuales y de la propiedad privada, debe contar con la posibilidad de ser abandonado por sus amigos y hasta por las instituciones a las que ha servido toda la vida. Ese fue, por ejemplo, el caso de la Compañía de Jesús a la que Mariana había dedicado, con talento y entrega los últimos 55 años de su vida”.

El proceso de condena se llevó a cabo en Madrid bajo la acusación de fiscales respecto de trece cargos cuyo eje central era “negar el derecho del rey a cambiar la moneda”. El Padre Mariana se ocupó personalmente de su propia defensa con argumentos extensos y bien fundados, frente a lo cual la fiscalía agregó nuevas imputaciones referidas a la insolencia de Mariana con el poder y sus superiores. La monarquía intentó una condena por “lesa majestad” y “ordenó a sus embajadores que compraran y se hicieran de todos los ejemplares posibles del libro para quemarlos” pero finalmente tuvieron que liberarlo a Mariana puesto que las documentaciones en su contra se fueron diluyendo junto con las apoyos para mantenerlo en custodia. Con la angustia a cuestas por lo sufrido en soledad, volvió a Toledo sin que escribiera nada más sobre los asuntos que lo habían desvelado respecto a los abusos del poder.

Ahora a casi cuatro siglos de la muerte de Juan de Mariana se hace necesario volver sobre sus pasos y considerar los temas que con tanta dedicación estudió en el contexto de una vida espiritual consubstanciada con valores éticos centrales tan necesarios en nuestro mundo moderno, al efecto de nosotros sacar partida de sus enseñanzas. En parte de sus desvelos, es increíble que después de tanto tiempo estemos hoy embretados en problemas parecidos de abuso de poder, no solo en materia monetaria donde la banca central se ha convertido en la vaca sagrada de nuestra época sin percatarse que cualquiera sea el camino que decida emprender estará distorsionando los precios relativos, sea al expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria. No solo se permite la manipulación monetaria por parte de los gobiernos para financiar sus desmanes en perjuicio de la población, sino que se aplauden otros atropellos a las autonomías individuales paradójicamente en nombre de una democracia que ha sustituido su esencia del respeto a las minorías por las mayorías para sustituirla por un mero número, con lo que, a contracorriente de lo sustentado por los Giovanni Sartori contemporáneos, se hacer realidad lo pronosticado por Juan González Calderón en cuanto a que tienen vigencia dos ecuaciones falsas: 50% más 1%=100% y 50% menos 1%=0%. Respecto a ciertos desvíos de la Iglesia católica de su misión pastoral, cierro al recordar un par de ejemplos truculentos de otros tiempos, además de los apuntados sobre las condenas a la línea aristotélica-tomista y a los hechos bochornosos por los que ha pedido perdón en nombre de la Iglesia el admirable Papa Juan Pablo II. En primer lugar, la Carta Pastoral de los Obispos de la Iglesia Católica Alemana reproducida en The New York Times el 24 de septiembre de 1939: “En esta hora decisiva exhortamos a nuestros soldados católicos a obedecer al Führer y a estar preparado para sacrificar su individualidad. Apelamos a que se unan a nuestros rezos para que la Divina Providencia conduzca esta guerra al éxito”. En segundo término, la desfachatada declaración de los editores de la revista jesuita Mensaje a raíz del triunfo electoral del marxista Salvador Allende (No. 194, noviembre de 1970): “Mientras el gobierno de la Unidad Popular avanza hacia el Hombre Nuevo, un cristiano no puede sino avanzar a su lado”. Entre otras cosas, esto va para algunos católicos insoportables por su arrogancia, soberbia y petulancia que aun en pleno sigo XXI se entretienen con críticas inauditas a judíos y musulmanes, a pesar de la promoción del ecumenismo entre las tres religiones monoteístas implantada a los cuatro vientos por el antes mencionado Juan Pablo II y continuada por sus sucesores.

Hacia una reconstrucción de la utilidad y de la economía del bienestar – Murray N. Rothbard

La valoración individual es la piedra fundamental de la teoría económica. Pues, esencialmente, la economía no trata con cosas ni objetos materiales. La economía analiza los atributos lógicos y las consecuencias de la existencia de valoraciones individuales. “Las cosas” forman parte del análisis, evidentemente, pues no puede existir valoración sin las cosas que deben valorarse. Pero la esencia y la fuerza motriz de las acciones humanas y, por lo tanto, de la economía de mercado humana, estarán compuestas por las valoraciones de los individuos. La acción es el resultado de la elección entre alternativas, y la elección refleja valores, es decir, preferencias individuales entre estas alternativas. Las valoraciones individuales constituyen el tema central de las teorías de la utilidad y el bienestar. La teoría de la utilidad analiza las leyes de los valores y las elecciones de un individuo; la teoría del bienestar considera la relación entre los valores de muchos individuos, y las posibilidades consecuentes de llegar a una conclusión científica respecto de la conveniencia “social” de varias alternativas.

En los últimos tiempos ambas teorías han estado pasando momentos extremadamente difíciles. La teoría de la utilidad corre velozmente en varias direcciones al mismo tiempo; la teoría del bienestar, luego de alcanzar gran popularidad entre los teóricos económicos, amenaza hundirse, estéril y abandonada, en el olvido.

La tesis de este trabajo se basa en el hecho de que ambas ramas relacionadas de la teoría económica pueden ser rescatadas y reconstruidas, utilizando como principio directivo de ambos campos el concepto de “preferencia demostrada”.

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ASALTOS EN NOMBRE DEL CAPITALISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Como he consignado antes la expresión “capitalismo” no es la que más me entusiasma puesto que remite a lo material y la sociedad libre se base en valores que van mucho más allá de lo crematístico. Se base ante todo en principios éticos. Por eso prefiero la tan atractiva e ilustrativa palabra “liberalismo” que como lo he definido hace tiempo en uno de mis primeros libros es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. De todos modos autores como Michael Novak derivan de caput la idea de capitalismo en el sentido de creatividad, iniciativa, emprendimientos, imaginación y conceptos equivalentes.

En  cualquier caso lo que intento demostrar en esta nota periodística es que resulta esencial comprender que el capitalismo definido como la libertad contractual y la consiguiente preservación de los derechos de las personas, comenzando con su propia vida y siguiendo con la libertad de expresar sus ideas y usar y disponer de lo adquirido legítimamente, se contrapone en el sentido más riguroso a cualquier alianza entre el poder político y mal llamados empresarios (mal llamados porque no compiten en mercados abiertos sino que apuntan a mercados cautivos al efecto de esquilmar a sus semejantes).

En este sentido tienen razón los críticos del capitalismo cuando observan que en su nombre se cometen todo tipo de asaltos a los miembros de la comunidad. Por las razones expresadas, la crítica se dirige a un blanco equivocado puesto que no se trata de capitalismo sino de un aparato infame de intervencionismo estatal y una lesión grave a los procesos de mercado y a los marcos institucionales civilizados.

Ya Adam Smith proclamó en 1776 en su libro más conocido que “Siempre está en interés del comerciante ampliar su mercado y reducir la competencia. La ampliación del mercado es frecuentemente del agrado del público, pero reducir la competencia es contrario a sus intereses y sólo sirve para que los comerciantes aumenten sus ganancias sobre lo que naturalmente hubieran  sido  así imponer, para su propio beneficio, un impuesto absurdo sobre el resto de sus compatriotas”. Y más contundente aun en la misma obra Smith declara sobre el empresario prebendario “tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello lo han engañado y oprimido efectivamente en muchas ocasiones”.

En la actualidad, en pleno siglo xxi, tal vez el libro más gráfico sobre lo dicho sea Bought and Paid For de Charles Gasparino, periodista que escribe en el Wall Street Journal, en Newsweek y comentarista senior de Fox News. En este libro se detallan con nombre propios las empresas y los ejecutivos que reiteradamente se alían con el poder de turno en Estados Unidos para sacar tajada a expensas de su prójimo y tejer los más sucios negociados, algo que no puede menos que definirse como un pantano hediondo en perjuicio de los trabajadores que no tienen poder de lobby. Transcribo de esta obra una de las conclusiones más relevantes del autor: “Me he dado cuenta que a menos que algo cambie (y pronto), a menos que el contribuyente estadounidense – el votante ordinario- actúe para revertir la expansión sin precedentes del gobierno que está convirtiendo lo que solía ser el bastión del capitalismo en un estado intervencionista, a menos que esto ocurra el presente siglo no será el siglo estadounidense”. 

Algo está muy podrido en Dinamarca diría Shakespeare. En la medida en que se generalice esta alianza infernal las bases de la sociedad libre se carcomen a pasos agigantados y, como queda dicho, se desdibuja y se confunde el capitalismo con su opuesto. Es realmente bochornoso que se critique el capitalismo en un mundo donde no solo avanzan los ladrones de guante blanco mal llamados comerciantes donde  se incrementa la deuda estatal, se hacen más pesadas las cargas tributarias, se manipula la moneda, se eleva el gasto público a niveles elefantiásicos y se incrementan las regulaciones en proporciones insostenibles.

Sin duda que todas las críticas no son inocentes, en muchos casos lo que se pretende es debilitar aun más el sistema que resulta claro hace agua por los cuatro costados debido al avance de las ideas socialistas.

En este último sentido, es del caso subrayar que el método más eficiente para la penetración socialista es el sistema fascista que significa que se permite el registro de la propiedad pero usa y dispone el gobierno, a diferencia del socialismo más abierto que usa y dispone la propiedad directamente el gobierno sin atajo alguno. El  fascismo hace de precalentamiento y prepara el camino a la socialización total. Esto es así no solo porque resulta en general más digerible para la gente la manipulación desde el gobierno respecto a la expropiación lisa y llana, sino que frente a los desaguisados que provoca el sistema el gobierno se escuda en el hecho de que los responsables son los titulares aunque se deba al intervencionismo.

Esto del fascismo puede aparecer como una receta alejada pero está encima nuestro diariamente. Veamos los sistemas educativos en los que las denominadas instituciones privadas en verdad están privadas de decidir en su totalidad la estructura curricular que debe ser aprobada por ministerios de educación y similares. Veamos algo tan pedestre como los taxis en la mayor parte de las ciudades: el color con que están pintados, los horarios de trabajo y las tarifas están determinadas por los gobiernos con lo que la propiedad es otra vez nominal y así sucesivamente en los sectores y áreas más importantes.

Mi libro titulado Las oligarquías reinantes, que lleva un muy generoso prólogo de Jean-François Revel que subraya la tesis que expongo, está prácticamente dedicado a las componendas de estos barones feudales y sus socios para el saqueo de sus semejantes con la careta del empresariado. A continuación voy a reproducir parte de un pequeño relato de este libro al efecto de ilustrar el tema grave que estamos comentando.

Estaba caminando por un terragal en Chichicastenango, era un día de feria de modo que incluso las calles alejadas estaban abarrotadas (casi más turistas que locales). En Guatemala cada pueblito tiene sus atuendos particulares. Los más vistosos y atractivos son los huípiles, una especie de poncho de largo variado con coloridos y dibujos trabajados cuidadosamente en telares caseros y que usan las mujeres en combinación con faldas más bien lisas. En el huípil de Chichicastenango predomina el violeta, matizado con verdes fuertes y un negro retinto con algunos bordados de pájaros de la zona. Algunos turistas recalcitrantes los ponen en bastidores y los cuelgan en sus livings iluminados por las consabidas dicroicas.

El aire en ese lugar es de una pureza que acaricia los pulmones, probablemente debido a la altura y, en esa época del año, el cielo está casi siempre azul sin nubes a la vista. La temperatura acoge a los transeúntes con la más amable de las hospitalidades. En realidad estaba yo en busca de un San Juan Bautista tallado en un palo de procesión. Pero no logré mi cometido, puesto que ni siquiera llegué a la plaza principal donde se desplegaban las largas mesas con los cachivaches de la feria (mucho más adelante mi María me consiguió lo que ese día andaba buscando).

Confieso que el turismo más bien me disgusta y que los tumultos me trasmiten una mezcla de desconcierto y de temor irrefrenable. En cualquier caso, me llamó la atención la cara de un hombre mayor que estaba conversando con un chiquito en una de las maltrechas veredas del lugar por donde se filtraba pasto y algún arbusto que tozudamente se abría paso empujando piedras y otros materiales de construcción evidentemente colocados sin escuadra y, aparentemente, sin mucho esmero. No soy muy afecto a la conversación con extraños (incluso en mis viajes en avión si me toca de vecino un entusiasta de lo cotorril, de inmediato alego problemas en las cuerdas vocales), pero en este caso no sé si por la mirada tierna de esta persona o por la gracia que me hizo el chico, el hecho es que me detuve frente a la solicitud del anciano para que lo atendiera. Hablaba un español por momentos atravesado con su dialecto maya (Chomsky dice que la diferencia entre un dialecto y una lengua estriba en que esta última es impuesta por las armas).

No soy bueno para calcular edades pero tendría poco más de ochenta primaveras sobre los hombros. Pude constatar un cuadro de situación que no es nuevo pero al recibirlo de primera mano se torna más patético. Más dramático resultaba el cuento cuando uno miraba los profundos y significativos surcos cincelados por una vida ruda en el rostro de este indito anciano y anfitrión de la jornada.

 Según parece este personaje, en sus épocas mozas, trabajaba mediodía en casa de un conocido empresario en la ciudad. Por ese entonces no vivía en Chichicastenango sino a unos diez kilómetros al sur de Guatemala. Tenía otros compinches que hacían diariamente el mismo recorrido. Todos en bicicleta. Entre algunos pobladores estaba muy generalizado este medio de locomoción. Si mal no recuerdo, las bicicletas costaban poco menos de ciento veinte quetzales hasta que se produjo el desastre para esta gente laboriosa y cumplidora: los rodados de ese tipo subieron a bastante más del doble del precio. Al principio las reposiciones se fueron estirando con arreglos en general precarios, pero finalmente la situación se hizo insostenible especialmente para las nuevas generaciones que debían trabajar y no les resultaba posible mudarse a la ciudad. Aquel instrumento de trabajo se tornaba inaccesible. Antes de la abrupta suba, las bicicletas eran en su mayoría importadas de Taiwan. Ahora una de las cámaras locales de empresarios convenció al gobierno que prohibiera la importación a los efectos de permitir que los guatemaltecos abastecieran sus propios requerimientos y así “promover la industria nacional y el pleno empleo”.

Además se recurrió al anzuelo envenenado al argüir que de ese modo el país podría contribuir a su independencia y, pasado un tiempo, después de acumular experiencia, la industria local podría mostrar su competitividad y consolidar beneficios para todos.

¿Cuáles beneficios? Si antes compraban un artículo más barato y de calidad superior evidentemente estarán peor. Si había empresarios que consideraban que podían mejorar la marca, nada les impedía poner manos a la obra y si la evaluación de ese proyecto mostraba que habría pérdidas en los primeros períodos que serían más que compensadas en los siguientes, debieron darse cuenta que nada justifica que los referidos quebrantos sean trasladados, a través de aranceles, sobre las espaldas de los consumidores ajenos al negocio. Lo que sucede es que resulta más cómodo que buscar socios para financiar el emprendimiento y más provechoso contar con un mercado cautivo que facilita las más ambiciosas aventuras, ya que si se toma como parámetro la rentabilidad frecuentemente resulta en un cuento chino (con perdón de los chinos).

Ocurre que para esos fantoches como los de nuestra historia -acotada para esta nota periodística- resulta más atractivo explotar a los demás que servirlos en competencia. Esta acrobacia verbal de la que hacen alarde estos pseudoempresarios está en alguna medida sustentada por algunos ingenuos capaces de tragarse cualquier sapo y por quienes despliegan ideas que con desfachatez llaman “proteccionistas”.

Aquel tipo de empresarios requiere de estos apoyos, puesto que sería insostenible la argumentación basada en que necesitan mejores mansiones, automóviles más confortables y adornar con joyas a sus mujeres o amantes. El apoyo logístico es indispensable. Los intereses creados tienen que escudarse en presentaciones de apariencia filosófica para poder prosperar. Sin duda que allí donde se ofrecen privilegios habrá largas filas para solicitarlos. De lo que se trata es de producir cambios institucionales de características tales que imposibiliten o por lo menos obstaculicen en grado sumo la dádiva. Para ser ecuánimes debemos cargar más las tintas en el clima de ideas que hace posible el mercado cautivo que en la voracidad empresarial que sólo responde a los accionistas quienes no demandan filosofía sino retorno sobre la inversión, en este caso mal habido. Esta parte del relato que estampo en el mencionado libro muestra apenas un rincón de los avatares de los bandidos que se refugian en la figura del empresario que nada tiene que ver con el significado del empresario en una sociedad libre donde cada uno debe esforzarse por atender a su prójimo y si da en la tecla obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos, siempre sin privilegio alguno. Es obligación moral de todos desenmascarar aquellos filibusteros que arruinan nuestras vidas aunque el costo resulte alto porque como ha dicho José Martí con volcánica temperatura moral: “mas vale un minuto de pie que una vida de rodillas”.

El comercio – Bartolomé Mitre

La República Argentina, señores, es la única nación sudamericana que no ha sido poblada por el aliciente de los metales preciosos, la única que no ha debido su formación, su desarrollo y su prosperidad gradual a esa magia del oro y de la plata encerrada en su seno que atrajo hacia las playas americanas la inmigración europea desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Méjico con sus ricas minas, el Perú con sus montones de oro, Chile con su plata, el Brasil con su oro y pedrerías, las perlas de las Antillas y Tierra Firme, las esmeraldas y los ópalos de Centro América, y más o menos todas las demás comarcas cuyos nombres se leen en el mapa de este continente, debieron su fomento y su origen a este género de riquezas de que nosotros carecíamos. Por mucho tiempo su riqueza fue medida por sus montones de oro, plata y piedras preciosas que hacían resaltar nuestra pobreza, mientras que hoy esos montones de brillantes son escoria de hornallas apagadas en comparación de las riquezas que el comercio y la industria ha creado y que ya el oro no puede medir por sí solo.

Nosotros los desheredados de esta lluvia de oro, no teníamos, ni aun las ricas producciones de los trópicos que convidaban a los nuevos pobladores con pingües ganancias. Llanuras cubiertas de malezas, encerradas entre montañas estériles, ríos sin piedra y terrenos caóticos que la limitaban, la colonización del Río de la Plata es un fenómeno digno de llamar la atención, porque es la única de la época del descubrimiento que en Sud América haya nacido y crecido pidiendo a la tierra únicamente el pan de cada día por medio del trabajo productor; la única que nació y creció en medio del hambre y de la miseria, no obstante de que al nacer fue bautizada con un nombre que sólo el porvenir debía justificar. El nombre del Río de la Plata fue una promesa brillante que el comercio se ha encargado de realizar.

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CONOCIMIENTO DISPERSO E INTELIGENCIA CENTRAL – Rogelio Pontón

Las siguientes consideraciones parecerán a algunos lectores alejadas totalmente del tema central de este artículo, que es el de la dispersión del conocimiento y el cálculo económico en una comunidad socialista. En realidad, algunas de esas consideraciones desbordan dicha temática; pero así y todo nos ha parecido que de una manera u otra cada uno de los siguientes puntos están íntimamente relacionados con la discusión de fondo.

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La reforma económica de 1948 – Enrique Cerdá Omiste

En 1948, Alemania estaba aún ocupada, y su territorio dividido y gobernado por las fuerzas militares de los países aliados que habían derrotado la aventura imperialista de Adolf Hitler.

La actividad económica estaba paralizada por la destrucción material causada por la guerra, los racionamientos, los controles burocráticos sobre la producción y sobre los precios. En los mer- cados clandestinos, los cigarrillos eran moneda más confiable que los marcos oficiales. Para su subsistencia, una parte cuantiosa de la población alemana dependía de la ayuda extranjera.

El gran cambio de la política económica ocurrió en junio de 1948, cuando el gobierno estableció límites estrictos al gasto oficial, prohibió sus déficit, empezó a eliminar las restricciones al ejercicio de los derechos económicos de sus habitantes y creó una nueva moneda.

La libertad económica convirtió al trabajo, al esfuerzo personal, al ahorro y a la inversión en actividades rentables y permitió una rápida recuperación de la economía de Alemania occidental. Los resultados fueron tan favorables y se obtuvieron tan rápidamente que la historia recuerda esta experiencia como “el milagro económico alemán”.

El propósito de este artículo es analizar algunos aspectos de este instructivo episodio de la historia alemana.

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LA ONTOLOGÍA Y FUNCIÓN DEL DINERO. Los fundamentos filosóficos de las instituciones monetarias – por Leonidas Zelmanovitz

Discípulo aventajado del profesor Jesús Huerta de Soto, Leonidas Zelmanovitz se sumerge, a través de La ontología y función del dinero, en un tema tan apasionante como es el estudio —diacrónico y sincrónico— del dinero tal como lo entendimos en el pasado y tal como lo entendemos ahora. Sus funciones, su entidad como institución social y el sentido de su evolución a través del tiempo se despliegan en las páginas de este extenso y apasionante ensayo.

Zelmanovitz se hace eco de los peligros que entraña no llegar a interiorizar debidamente una ética del dinero en consonancia con la filosofía de la libertad, y aboga por la obligación, por parte de las autoridades responsables, de conocer qué clase de regímenes institucionales pueden considerarse buen dinero para el tipo de sociedad en la que vivimos.

Aquí el índice del libro.

Aquí la Presentación de Jesús Huerta de Soto y el Prólogo a la primera edición española de Adrián Ravier

Leonidas Zelmanovitz (Brasil, 1961) es miembro de Liberty Fund desde enero de 2006, antes de ser un hombre de negocios en Brasil. Está graduado en Derecho en la Universidad Federal de Porto Alegre (Brasil), posee un Máster en Economía Austriaca de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España), y un Doctorado en Economía Aplicada de la misma universidad.