Dado el resultado electoral, es imperioso designar personas dentro del
actual oficialismo que puedan constituirse en referentes de peso al efecto de
reunir una oposición que refleje con carácter y decisión los valores y
principios consustanciados con la sociedad libre.
No
necesariamente deben adherir en su totalidad al proyecto alberdiano pero si
levantar las banderas sustanciales de la libertad y no solo respetar la
libertad de prensa, mantener en pie lo que queda de la Justicia y mostrar
decencia como ha sido la actual gestión, temas que se dan por sentado en
cualquier sociedad civilizada.
Se trata de
revertir el fracaso de la presente administración en cuanto a haber inflado los
alcances del Leviatán vía incrementos del gasto público en términos reales,
debido a lo cual se ha aumentado la presión tributaria, se ha elevado
exponencialmente la deuda estatal, se ha hecho más adiposo el déficit total y
se ha producido una inflación monetaria mensual equivalente a la anual en
cualquier país normal.
Con tamaña
mochila no sería prudente que el actual presidente asumiera el rol de referente
de la nueva oposición, y no digo líder pues es una expresión que remite al Duce
o al Führer.
No son
relevantes las anécdotas ni las excusas, lo trascendente son los resultados y
lamentablemente esta gestión resultó desviada desde sus inicios. El bailecito
en la Casa Rosada con la banda presidencial no pronosticaba estilos
republicanos, a lo que se agregó como primera media económica la ampliación de
ministerios y como primera medida institucional la pretensión de designar a dos
miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto.
Estos nuevos
referentes para administrar la oposición se tornan urgentes, sin perjuicio de
estarse muy atentos y vigilantes en cuanto al período de transición que por
cierto se vislumbra muy inestable y plagado de sorpresas de diverso tenor, cuya
responsabilidad cabe principal aunque no exclusivamente al actual gobierno para
poder concluir el mandato en tiempo y forma.
Sería una
torpeza mayúscula que el gobierno interpretara los últimos actos proselitistas
como un apoyo incondicional a su gestión, pues se trató en un porcentaje
elevadísimo de personas que no querían que vuelvan los gobernantes anteriores
para asegurarse la preservación de la República. Idéntica interpretación es
aplicable al resultado electoral definitivo en las urnas.
La
sugerencia que dejamos consignada en estas líneas no es para nada óbice para
que otros esfuerzos liberales continúen con su faena de explicar y difundir ese
noble ideario que apunte a correr el eje del debate y contar con representantes
dignos de esa corriente de pensamiento. Se trata de encontrar los máximos
reaseguros para preservar el sistema republicano.
Si hubiera
vacilación en estos reflejos necesarios para ubicar a referentes de peso al
frente de la nueva oposición que se avecina, aparecerían desgastes y marchas y
contramarchas que demorarían el ejercicio adecuado en el contexto del sistema
republicano. Y al pasar recordemos que
la República se compone cinco columnas fundamentales: igualdad ante la ley
anclada a la noción de Justicia de “dar a cada uno lo suyo”, alternancia en el
poder, rendición de cuentas por parte de los gobernantes ante la ciudadanía,
transparencia en los actos de gobierno y nítida división de poderes.
Por último y en esta línea argumental recordemos lo consignado por Montesquieu en su tratado sobre las leyes: “Decir que no hay nada justo o injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia.”
Publicado originalmente en El Economista, el 29 de octubre de 2019.