El coronavirus y los inmensos beneficios del comercio exterior – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Más abajo me refiero al cierre transitorio de fronteras debido a la pandemia que abarca a todos los países del globo en cuanto al tránsito de personas y a dificultades en el comercio, pero antes hago varios puntos que estimo cruciales para cuando se abran plenamente las posibilidades de la cooperación social libre y voluntaria. Esto puede aparecer extemporáneo pero no lo es, está necesariamente situado en el presente al efecto de abrir el paraguas frente a aquellos que pretendan prolongar la penuria de diversos aspectos de la cerrazón bajo los pretextos que precisamente a continuación refutamos.

Lo primero es destacar que el comercio que atraviesa fronteras no se diferencia del comercio dentro de un país puesto que los ríos, las montañas, los océanos y las delimitaciones políticas no modifican los nexos causales y las consiguientes ventajas recíprocas de los intercambios libres y voluntarios entre partes.

En segundo lugar es relevante subrayar que desde la perspectiva liberal la única razón por la que el mundo se divide en naciones es para evitar los enormes peligros de la concentración de poder que surgiría de un gobierno universal. A su vez, los regímenes republicanos subdividen y fraccionan el poder político en provincias y, a su vez, en municipalidades.

Entonces, el tomarse en serio las fronteras constituye un desatino sobre la base de “proteccionismos” que en verdad desprotegen a los locales que combaten los “desvalores” de lo extranjero y en definitiva fabrican “culturas” alambradas que retrotraen a lo más primitivo y retrógrado de la humanidad.

Los nacionalismos, los patrioterismos y las xenofobias son patrimonio de una soldadesca embrutecida que se alimenta con los alaridos de la selva en abierta contradicción con el espíritu cosmopolita del liberal.

Pseudoempresarios aliados con el poder de turno pretenden sacar partida de sus mercados cautivos y otras prebendas con lo que explotan miserablemente a sus congéneres con argumentos retorcidos como los de “la industria incipiente”. Esta postura sostiene que necesitan el establecimiento de aranceles y tarifas para defenderse de la producción extranjera hasta que puedan acumular la suficiente experiencia para competir. Esta falacia pasa por alto el hecho de que prácticamente todas las evoluciones de nuevos negocios arrojan pérdidas en los primeros períodos para luego más que compensarse en los siguientes. Pero esta situación en modo alguno justifica que se endose coactivamente el referido costo sobre las espaldas de los consumidores cuando lo deberían absorber quienes pretenden un negocio. Si no disponen de los recursos necesarios, deben encontrar socios capitalistas para financiarse y si nadie acepta la propuesta es debido a que lo sugerido es un cuento chino (lo cual es habitual en estos casos). También es posible que la evaluación esté bien hecha pero como aparecen otros negocios más atractivos y como los recursos son escasos y no puede llevarse a cabo todos simultáneamente, el negocio de marras debe esperar su turno según sean las prioridades prevalentes.

Abrir las fronteras al comercio exterior de par en par se traduce en menores erogaciones por unidad de producto, lo cual a su turno significa liberar recursos humanos y materiales para atender otras necesidades. A su vez, el empresario deseoso de lograr nuevos arbitrajes está interesado en capacitar para las nuevas faenas que no resultaban posibles antes pues estaban esterilizadas en otras áreas. La liberación de aranceles produce el mismo efecto que el descubrimiento de una nueva tecnología que permite incrementar la productividad.

En este contexto, no cabe alegar derechos adquiridos debido a que los comerciantes se adaptaron a una legislación anterior basada en la cerrazón aduanera. Salvando las distancias, los fabricantes de cámaras de gas en el régimen asesino de los nazis no pudieron ampararse en derechos adquiridos para continuar son sus tareas asesinas. En ningún caso puede escudarse en derechos adquiridos cuando lo que se lleva a cabo es contrario al derecho, en el caso que analizamos es contra el fruto del trabajo ajeno.

Es tragicómico que a esta altura de la historia, ya pasados los traumas mercantilistas, se insista en que el objetivo de un país es exportar mucho y mantener en brete las importaciones. Esto en el terreno personal nadie lo aceptaría puesto que todos saben que el costo radica en verse obligados a vender bienes o servicios para poder comprar y que lo ideal para cada uno sería comprar y comprar permanentemente sin verse compelidos a vender. Lo mismo ocurre con un grupo de personas que denominamos país: lo ideal sería importar permanentemente sin tener que exportar, pero esto significaría que el resto del mundo nos estaría regalando todo todo el tiempo y esto desafortunadamente no se acepta.

La balanza comercial no es lo trascendente, lo relevante es la balanza de pagos que incluye los movimientos de capital que equilibran la ecuación. Otra vez, del mismo modo que sucede en el ámbito de lo personal, nuestros ingresos son iguales a nuestros egresos más/menos nuestro balance neto de efectivo. Entonces, el objeto del comercio exterior es la importación, la exportación es el costo que se debe incurrir para lograr el objetivo.

Si un país es absolutamente inepto para exportar no debe preocuparse por las importaciones puesto que igual que con nosotros el que no vende no puede comprar, con la diferencia que en el primer caso el asunto se pone de relieve a través del mercado cambiario que hace posible o en su caso imposibilita la importación. De más está decir que si se establecen marañas arancelarias, controles de cambio y se incurre en deuda externa las señales aludidas estarán bloqueadas para expresarse o lo hacen de modo deficiente, con todos los desajustes que ello significa.

En realidad la captación de inversiones extranjeras y el estímulo al ahorro interno se deben a marcos institucionales previsibles y respetuosos de los derechos individuales. En la medida que esto no tiene lugar, tampoco se logran aquellos propósitos. Más aun el capital no tiene patria, se dirige donde el binomio seguridad-rentabilidad sea óptimo. Es un despropósito referirse a la “fuga de capitales” como si al abandonar cierta jurisdicción territorial se estuviera cometiendo un crimen cuando en verdad se está ejerciendo el derecho de propiedad en casos en que resulta muy apropiado puesto que es una manera de salvar el fruto del trabajo de las garras del Leviatán.

Una política especialmente dañina es el establecimiento de aranceles en forma de serrucho, es decir, la imposición de gravámenes aduaneros en forma despareja, lo cual conduce a cuellos de botella insalvables entre los insumos y el producto final con lo que se cierran muchas fábricas.

Es cierto que vivimos en un mundo en gran medida cerrado al comercio, pero un país que se basa en el librecambio comerciará con todos aquellos que lo permiten. La cerrazón -el suicidio de otros- no es argumento para extender esa política empobrecedora a los locales. Resultan graciosas algunas pretendidas argumentaciones: se dice que como el país A ha cerrado sus fronteras al comercio con el país B, este “en represalia” cierra también sus fronteras a la entrada de productos provenientes del país A. Pero esto significa lisa y llanamente que el país B se ha perjudicado doblemente, primero por los aranceles del país A impuestos a los productos del país B y luego empeora la calidad de sus compras puesto que sus habitantes se ven obligados a comprar más caro o de peor calidad (o las dos cosas a la vez) de otros proveedores.

Por último, mencionamos que es habitual que se esgrima el argumento del “dumping” para sugerir la imposición de aranceles lo cual significa venta bajo el costo que los comerciantes que lo alegan generalmente no se toman el trabajo de analizar los libros contables que quien supuestamente incurre en dumping y lo usa como escudo para protegerse de la competencia más efectiva. Cuando se vende bajo el costo y el precio de mercado es más alto, la competencia compra al precio subvaluado y vende al de mercado con la diferencia a su favor. El único dumping negativo y peligroso es el que llevan a cabo los aparatos estatales puesto que lo hacen con recursos coactivamente detraídos de terceros. Y si el dumping –venta bajo el costo- se realiza porque el mercado no absorbe precios más altos, simplemente habrá quebrantos como indicador al empresario que mejore su performance o cambie de rubro.

En definitiva, la autarquía indefectiblemente empobrece sea estableciendo aduanas interiores en un país o aduanas en las fronteras. Siempre el agente aduanero controla porque se fundamenta en el postulado inaudito que el ingresar productos más baratos y de mejor calidad empeora el nivel de vida de los locales o, de lo contrario, se invita al cohecho.

No se trata de ampulosas declamaciones entre gobernantes en elegantes (y costosas) recepciones supuestamente “abriendo mercados”, se trata de derribar barreras aduaneras y abrir las puertas para la mayor competitividad disminuyendo el peso del Leviatán reduciendo el gasto público al eliminar funciones para poder aliviar las cargas fiscales y la pesada deuda.

Debido a la desafortunada pandemia que abarca a nuestro planeta han debido suspenderse transacciones comerciales y dificultarse otras, menores producciones y escaso traslado de personas, lo cual deberá revertirse ni bien pase el peligro que nos amenaza a todos. Debemos estar atentos a los deseos perversos de megalómanos que pretendan prolongar las penurias de la cerrazón en diversos andariveles para satisfacer sus ansias de control a vidas y haciendas ajenas.

Tal vez, para mirar el lado que pueda extraerse de positivo de estos encierros pueda mencionarse que da la oportunidad de consultar con mayor atención libros y ensayos que nos ayuden a meditar sobre las bases morales de una sociedad abierta al tiempo que ofrecen la oportunidad de estrechar lazos familiares y profundizar conversaciones sobre temas relevantes que a todos nos atañen (en otros casos tal vez quedan sin efecto vínculos familiares cuando sus integrantes perciben que no era lo que esperaban una vez que pudieron intercambiar sin interrupciones). También es posible que la intensificación de la gimnasia de comunicarnos vía digital en esta situación extrema permita en el futuro reemplazar algunas actividades presenciales por las remotas lo cual modificará el panorama productivo para bien al simplificar estructuras innecesarias.

Por otra parte y por último, es menester destacar muy especialmente la urgente necesidad de eliminar toda la parafernalia estatista que no ha hecho más que empeorar la maldición del coronavirus en los casos en que se han impuesto absurdos controles de precios y otros embates gubernamentales a la producción de bienes y servicios que han colocado tremendos palos en la rueda que naturalmente generaron faltantes y desajustes de diversa magnitud y gravedad. En esos casos desafortunados no se ha comprendido que cuanto más delicada es la situación por la que se atraviesa, mayor es la razón de contar con precios libres tanto en el comercio interior como en el exterior para no afectar a la población, muy especialmente a la más vulnerable y por tanto desprotegida. En esta misma línea argumental en medio de la pandemia “para reactivar la economía” muchas bancas centrales han optado por incrementar la base monetaria, lo cual inexorablemente acentúa los descalabros ya que al contraerse la actividad la expansión monetaria incrementa los desajustes (independientemente de lo que ocurra con la producción secundaria de dinero) aunque, igual que con la drogas alucinógenas, en un primer momento produce sensación de confort hasta que vienen los efectos devastadores.

En el campo monetario es del caso introducir una nota al pie y es que en la situación argentina hay temor que en medio de la pandemia de marras se vuelvan a repetir las emisiones de las llamadas “cuasi-monedas” (desde luego muy distantes de la propuesta del premio Nobel en economía F. A. Hayek en cuanto competencia de monedas sin curso forzoso), pero no creo darles una sorpresa a los lectores si digo que desde hace décadas resulta que ya tenemos una lamentable cuasi-moneda que nos devora: el peso argentino que demás está decir no cumple con la función de depósito de valor y se está deslizando a la categoría de cuasi-nada.

Por supuesto que debido al consumo de capital por la reducción abrupta en la producción, los salarios e ingresos en términos reales serán menores lo cual se revertirá en la medida en que se abran los mercados y se hagan reformas laborales para permitir el empleo. En otro plano, nuevamente subrayamos que el delicadísimo balance costo-beneficio en el contexto del conronavirus debe tomarse en cuenta principalmente en base a los conocedores de la infección que nos acecha puesto que tiene prelación las estimaciones sobre cadáveres acumulados, en cuya situación no parecen muy relevantes las cotizaciones de Wall Street por más que, como también hemos consignado antes, la retracción en la producción por la inactividad fruto de los aislamientos puede conducir a muertes por hambre. Nada más peligroso que los arrogantes que opinan sin conocimiento de causa.

En resumen y para volver a nuestro tema central, deben comprenderse las enormes ventajas del comercio que es otro modo de aludir a la cooperación social entre las personas lo cual, como queda dicho, no cambia por el hecho de encontrarse sus respectivos moradores circunstancialmente en distintos países.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 18 de abril de 2020.

Entrevista en La Nacion

Nicolás Cachanosky vive en Estados Unidos desde 2009, cuando viajó a estudiar el doctorado en Economía en la Suffolk University. Sus áreas de especialización son las finanzas, los ciclos económicos y la política monetaria. Actualmente es profesor investigador en la Metropolitan State University of Denver. Es, además, sobrino del economista Roberto Cachanosky.

-¿Qué análisis hace de la propuesta de canje de deuda que presentó el Gobierno?

-Veo una oferta, sin que me sorprenda, que es un tanto mezquina. No solo por el período de gracia y la quita que se pide, sino porque el Gobierno no quiere asumir ningún costo del canje de deuda. Al no ofrecer una reducción del gasto, el país se niega a compartir el costo del default con aquellos que le prestaron dinero. Que el Gobierno, con un Estado sobredimensionado, diga que no puede pagar nada en los próximos años puede no caer bien en los inversores. Creo que hubo y hay un error de diagnóstico, tanto de este gobierno como del anterior. El temor es que una baja del gasto lleve a una caída de la actividad económica, lo cual sería muy costoso para el país. Pero eso no tiene por qué ser así. Existen casos de fuerte baja del gasto público sin caída de la actividad económica. Estados Unidos, por ejemplo, luego de la Segunda Guerra Mundial, redujo el gasto público y eso no produjo ni una caída del PBI ni un aumento del desempleo. El gasto público pasó del 45% al 10% tan solo en cuatro años y, sin embargo, no se habla de la crisis económica de 1945. El motivo no es ninguna fórmula complicada de política económica. Fue una cuestión de voluntad política. A la par que se redujo el gasto, se quitaron todas las regulaciones impuestas durante la guerra. Es importante no confundir la relación causal entre ingresos (producción) y gasto (consumo). Un aumento de la actividad económica permite hacer crecer el consumo (ya sea privado o público). No es un aumento del gasto lo que lleva a mayores producción e ingresos.

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La manía de priorizar el consumo – Alberto Benegas Lynch (h)

En distintos países hay gobernantes que insisten frente a la retracción en la actividad económica fruto de la pandemia que a todos nos envuelve debe alentarse el consumo. Esta conclusión es errada por donde se la mire. Supongamos un grupo de náufragos que llega a una isla deshabitada y uno de ellos le sugiere a sus compañeros de infortunio que se dediquen todos a consumir. Seguramente los receptores de tamaño mensaje inaudito ni siquiera responderían a semejante iniciativa puesto que lo que a todas luces se necesita es producir. Una vez producido lo necesario puede, recién entonces, consumirse. En otros términos, la secuencia es producción-consumo, no pueden invertirse los términos.

Y para acelerar el proceso, una vez lograda la producción una parte de ella debe destinarse al ahorro y consecuentemente a la inversión para que en el futuro lo producido sea en una dosis mayor y así podrá consumirse más. No es lo mismo pescar a cascotazos que hacerlo con una red de pescar en la mencionada isla, no es lo mismo arar con las uñas que en nuestra civilización hacerlo con un tractor. Las productividades no son las mismas puesto que los mencionados equipos hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar el rendimiento, es decir, en las economías modernas, los ingresos y salarios en términos reales. Entonces, la única causa para elevar el nivel de vida es la tasa de capitalización, es decir, equipos, instalaciones, maquinaria y conocimientos relevantes que, como queda dicho, ayuda al trabajo a sacarle más jugo.

La diferencia en entre el nivel de vida de Canadá y Uganda son las tasas de capitalización que a su vez dependen de sólidos marcos institucionales que garanticen derechos. No es que el canadiense es más generoso que el ugandés, puede ser al revés pero esto es irrelevante, la clave es la inversión per capita. El asunto no es voluntarista ni de aspiración de deseos, de lo contrario seríamos todos millonarios.

Ahora bien, en esta manía por la imposibilidad de adelantar el consumo a la producción los aparatos estatales suelen proceder a la expansión monetaria que apunta a lo dicho. Pero si bien la inflación monetaria siempre roba el poder adquisitivo de todos, muy especialmente de los más vulnerables, en un momento como el que vivimos debido al coronavirus la situación se torna mucho peor ya que la antedicha retracción de las actividades económicas como consecuencia de los aislamientos hace que la masa monetaria inflada persiga una cantidad menor de bienes lo cual hace que los precios trepen más rápido que es otro modo de decir que el signo monetario se deteriora con mayor rapidez.

No quiero entran en honduras técnicas en esta columna pero es del caso agregar que en no pocas oportunidades se sostiene que la mencionada expansión no  resulta en una elevación neta puesto que se contrae la producción secundaria de dinero (la que se genera en el sistema bancario a través de la imposición de encajes fraccionarios).

Pero este razonamiento no  toma en cuenta que la banca central siempre y en toda circunstancia opera en un sentido distinto de lo que lo hubiera hecho la gente si no hubiera podido elegir los activos monetarios de su preferencia sin estar condicionada por el curso forzoso.

La banca central puede solo proceder en una de tres direcciones distintas: expandir, contraer o dejar la masa monetaria inalterada. Cualquiera de estos caminos conducen a alterar los precios relativos, lo cual, a su turno, distorsionan la asignación de los siempre escasos factores productivos.

En resumen, tanto la manía por anteponer el consumo como la prostitución de la moneda provienen de consejos de John Maynard Keynes para lo cual resulta un buen recordatorio reproducir una cita de su prólogo a la edición alemana, en 1936, en plena época nazi, de su obra más conocida titulada Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero : “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”.  A confesión de parte, relevo de prueba.

Publicado en El Economista, 15 de abril de 2020.

Pandemia, «Estado de Emergencia» , y República

El Jefe de Gobierno de CABA anunció que los mayores de 70 años no pueden salir de la cuarentena sin un permiso. Esta medida parece (al menos por ahora), haber rebalsado el vaso de los límites que se le conceden al estado en un «estado de emergencia.» ¿Tiene el Jefe de Gobierno dicha potestas? ¿Es la pandemia un cheque en blanco al gobierno? Dos cuestiones usando este caso como caso testigo

  1. ¿Implica la pandemia un fracaso del libre mercado?
  2. El peligro de que la pandemia derive en la suma del poder públic
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El dilema moral del virus corona

Supongamos que usted tiene escondida a Ana Frank y su familia en el fondo de su casa y, de pronto, golpea la puerta un oficial de la Gestapo preguntando si hay judíos allí, ya que entienden que se han escondido en algunas casas de Amsterdam. ¿Usted qué hace?­

Éste es un ejercicio típico de cursos introductorios de ética en el cual se confrontan dos de las principales escuelas desde fines del siglo XVIII: por un lado la deontológica, asociada con Immanuel Kant, según la cual uno debe regirse por el principio que quisiera fuera una ley universal, es decir, que todos cumplieran, sin importar las consecuencias; por otro, la consecuencialista, asociada con Jeremy Bentham (aunque éste también usaba el término deontología), que precisamente señala que hay que tenerlas en cuenta, y en la que encontramos dos tipos, el consecuencialismo, o utilitarismo, de actos, y el de reglas. En el primer caso, una acción es buena si los beneficios superan a los costos; según el segundo no hay que tomar en cuenta acción por acción sino aquella norma o regla de conducta que genere más beneficios que costos.­

En el caso de Ana Frank, si usted es consecuencialista va a evaluar la situación, pero no es sencillo definir beneficios y costos: ¿para quién? ¿sólo para mí o para los Frank también? ¿para todos los judíos escondidos en Amsterdam? Y si usted es deontológico se encuentra con el difícil problema de evaluar dos principios valiosos. Por ejemplo, en este caso el valor más importante parece ser el de proteger la vida; pero también hay otro en juego que es la verdad, no mentir.­

¿Cómo elijo entre uno u otro? ¿Acaso no estaré tomando en cuenta las consecuencias de elegir proteger la vida o proteger la verdad? Entonces resulta que el deontológico termina arrinconado en las consecuencias, que inicialmente dejaba de lado. Y puede que el consecuencialista se guíe por un principio universal para evaluar cuáles son las a tener en cuenta.­

En fin, no se trata de resolver una discusión que lleva más de doscientos años y varias bibliotecas enteras, pero algo de esto parece que nos está pasando en estos tiempos de pandemia. Una gran mayoría parece estar pensando en términos deontológicos: el primer deber es proteger la vida. Por esa razón acepta todo tipo de medidas que restringen su libertad: cuarentena, aislamiento, prohibición de traslados, de viajes, de concurrir a trabajar, a eventos, etc. Todos muy kantianos, cumpliendo con el deber.­

Pero, a medida que pasan los días, las consecuencias comienzan a crecer en la consideración de muchos: no se produce, no se factura, no se pueden pagar sueldos, comenzarán a reducirse los stocks y a originarse faltantes. Y esto que empieza de a poco crecerá, tal vez no tan rápido como la misma pandemia, pero todos sabemos que lo hará. Pasa que inicialmente pensamos que no era lo importante. Y a medida que crezca nos planteará el dilema: ¿debemos seguir cumpliendo con el principio, sin importar las consecuencias? Cuidado, si no producimos nada puede haber otras muertes. ¿Qué pasaría con el apoyo a la cuarentena si las muertes, digamos, por hambre, o por la falta de otros insumos médicos, porque una enfermera no puede ir a cuidar a una señora mayor a la noche o por tantas otras cosas, superan en algún punto a las muertes por la enfermedad?­

Tal vez en ese punto, el kantiano podrá decir que proteger la vida es producir, es evitar todas esas muertes; y el consecuencialista, con otros fundamentos, podrá decir lo mismo, son mayores los beneficios de producir que sus costos.­

Por uno u otro lado, el sentido común será el consenso que se vaya generando para relajar la cuarentena y volver a trabajar. Pero volver a trabajar en serio. Sin barreras para los que quieren producir, y sin dádivas para los que no quieren. Lo cierto es que en ambos casos nos encontramos con una difícil decisión: entre un principio u otro; entre una consecuencia u otra. No tengo una respuesta. Simplemente un consejo para quien es deontológico: que mire las consecuencias: y para quien es consecuencialista: que ordene sus costos y beneficios según algún principio. Es como saltar la brecha: ¿le suena conocido?

Publicado originalmente en La Prensa, 14 de abril de 2020.

El Índice de Calidad Institucional muestra que en 2019 se había mejorado 6 puntos respecto del año anterior

Hasta marzo del 2019 (fecha de la muestra) Argentina llevaba seis años de ascenso ininterrumpido en el Índice de Calidad Institucional que elabora la Fundación Libertad y Progreso para la Red Liberal para América Latina.

Argentina mejora en el ICI en relación al índice del año anterior, subiendo 6 posiciones (de la 112 a la 106) y continuando una tendencia que inició en el 2016, cuando alcanzó su peor posición en el puesto 142. Para esta edición, el Dr. Martín Krause, Consejero Académico de la Fundación Libertad y Progreso, autor del índice, desarrolló un capítulo especial sobre los peligros para la libertad que implican las noticias falsas.

“Es necesario, dado el rezago de los datos el ICI toma en consideración a una situación que se correspondería con Marzo del 2019 aproximadamente. Por ende, es importante señalar que la crisis económica que se desencadenó a partir de ese momento implicaron una serie de medidas que llevaron a deteriorar la calidad institucional” detalló Krause y alertó que “Argentina tiene una performance muy disímil en los subíndices que conforman el ICI”, haciendo referencia a la relativa buena performance en sobre la calidad de las instituciones políticas (66 entre 190 países), en contraposición con las instituciones de mercado (puesto 133).

América

En lo que respecta al continente, la primera posición del ICI la ocupa Canadá en el puesto número 8 a nivel mundial, seguido por Estados Unidos en el 14. Continuando en la lista de países americanos figura Chile en la posición 24; Uruguay en 36 y Costa Rica en 38.

Ante la consulta sobre ¿cómo se contemplan los incidentes del año pasado en Chile?, Martín Krause señaló: “Lo mismo podemos decir de Bolivia con la diferencia de que hoy se ubica en el puesto 153, siendo el país que más posiciones perdió en los últimos 20 años. Nuestro análisis entiende que estas situaciones se dan por una frustración en relación a expectativas. Obviamente las expectativas son diferentes en Chile de lo que son en Bolivia”. Además expresó que en el caso chileno “los políticos han declarado muchas veces que ya eran un país desarrollado, aunque sus habitantes no consideran que esto sea así. Y cuando uno mira datos de PBI de Chile, rápidamente advierte que se encuentra lejos de países como Portugal o España. En el caso de Bolivia esas frustraciones se deben a cuestiones más básicas, sobre la democracia y la elección de un nuevo gobierno. Proceso que se vio avasallado por Evo Morales”.

Más de 20 años en el TOP 4

En término generales hay cuatro países que ostentan los cuatro primeros puestos desde hace más de veinte años (cuando nace el indicador): 1° Nueva Zelanda; 2° Dinamarca; 3° Suiza y 4° Finlandia. “Son destacados por la posición, la constancia; todos países pequeños y, notablemente, porque no se conocen masivamente sus gobernantes. Y en este sentido es que entendemos la Calidad Institucional como límites al poder. Y es que estos países ostentan instituciones con normas tan claras que perduran sin importar quién esté en el gobierno en ese momento” sentenció.

Noticias falsas

Todos los años el ICI prepara un apartado especial. Este año el índice presentó un apartado sobre las noticias falsas. Para ello se tomó como indicador más relevante a la libertad de prensa. Sobre esto, Krause dijo: “lo que observamos es que el impacto no es tan fuerte sobre las opiniones de los votantes, que ya tienen opiniones formadas y buscan noticias que las confirmen. Lo que vemos es que paulatinamente el mercado va encontrando mecanismos que controlen la veracidad de la noticia. Se han generado una serie de organizaciones que se dedican constatar la veracidad de las noticias” y advirtió algunos ensayos en el gobierno mejicano que encabeza López Obrador, quien plantea una agencia estatal de chequeo de la información: “Desde nuestro punto de vista, esto es tremendamente peligroso porque precisamente las noticias son un control al gobierno”, finalizó.


https://www.youtube.com/watch?v=ekyfRoDD6Ww


Sobre la metodología del ICI

El ICI se basa en la selección de ocho indicadores que configuran dos subíndices que permiten evaluar los intercambios voluntarios en el mercado, por un lado, y el camino de la política y el Estado. A cada uno se le asigna un peso (weighting) de 50%, es decir cuatro indicadores a cada subíndice.
Los indicadores que forman el subíndice de instituciones políticas son:

  • El índice Rule of Law (Respeto al Derecho) del Banco Mundial.
  • Los indicadores de gobernanza llamados Governance Matters; Voz y Rendición de Cuentas, del Banco Mundial.
  • Índice de Libertad de Prensa que elabora Reporters sans Frontieres.
  • Percepción de la Corrupción, de Transparencia Internacional.

Los indicadores que forman el subíndice de instituciones de mercado son:

  • Competitividad Global, del Foro Económico Mundial.
  • Libertad Económica de Heritage Foundation.
  • Libertad Económica de Fraser Institute.
  • Haciendo Negocios del Banco Mundial.

El indicador que presenta cada país en el ICI muestra cuál es su posición porcentual en relación a los demás países.
Para que un país aparezca en el ICI tiene que también aparecer en al menos cuatro de los ocho indicadores, y también al menos uno en cada subíndice.


Acerca de la Fundación Libertad y Progreso:

Libertad y Progreso es un centro de investigación en políticas públicas aplicadas a resolver los problemas de la ciudadanía, promoviendo los valores y principios de la República Representativa Federal.
Somos una fundación sin fines de lucro, privada e independiente de todo grupo político, religioso, empresarial o gubernamental. No aceptamos dinero del Estado. Nuestros fondos provienen únicamente de aportes individuales de personas, fundaciones y empresas comprometidas con el futuro del país.

Independent Review, Spring 2020 Issue Contents

Articles

Reconsidering the Classics of Political Economy *
Robert M. Whaples

Today’s Relevance of Adam Smith’s Wealth of Nations
Donald J. Boudreaux

Malthus Was Not a Malthusian
J. Daniel Hammond

Karl Marx Was a Public-Choice Theorist
Michael C. Munger

Reconsidering Weber’s The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism
Virgil Henry Storr, Solomon Stein

Reconsidering Frank Knight’s Risk, Uncertainty, and Profit
Ross B. Emmett

The Keynes Perplex
William N. Butos

Mises’s Human Action and Its Place in Science and Intellectual Culture
Peter J. Boettke

A Vision for a Dynamic World: Reading Capitalism, Socialism and Democracy for Today
John T. Dalton, Andrew J. Logan

Why Didn’t Galbraith Convince Us That America Is an Affluent Society?
Robert M. Whaples

The Naked Emperor: Politics without Romance in The Calculus of Consent
William F. Shughart II, Arthur R. Wardle

The Economy of Cities: Jane Jacobs’s Overlooked Economic Classic
Sanford Ikeda

The Mirage of Democratic Excesses: Hayek’s Law, Legislation, and Liberty
Leonidas Zelmanovitz

Elinor Ostrom’s Governing the Commons: Institutional Diversity, Self-Governance, and Tragedy Diverted
Roberta Q. Herzberg

La inflación “autoconstruída”

Me tome el trabajo de leer el largo reportaje de Fontevechia a Alberto Fernández en Perfil domingo 12/4. Les dejo estas preocupantes reflexiones que hace sobre la inflación:

—Usted estaba en el Ministerio de Economía cuando Juan Vital Sourrouille lanzó el Plan Austral, que inicialmente fue muy exitoso. ¿La crisis del coronavirus va a pasar a reclamar un plan antiinflacionario heterodoxo y abandonar cierto grado de gradualidad?
—Todo hace suponer que la inflación no debería ser el problema en el tiempo que viene. Si la Organización Mundial de Comercio dice que esa actividad puede caer hasta un 38%, la verdad es que se va a caer todo el consumo. Si es así, la lógica sería que la inflación se frene o caiga. Habría que esperar más desinflación que inflación. Ahora, si después del coronavirus habrá que barajar y dar de vuelta, es otra historia. Lo que la Argentina va a necesitar va a ser algo más parecido a un Plan Marshall que a un plan de contención de la inflación. Vamos a tener que hacer lo que yo decía en la campaña: encender la economía, porque yo soy consciente de que ahora está apagada. Está apagada del peor modo: mandamos a su casa a los consumidores. Lo que vamos a necesitar es una economía que se encienda, que vuelva a funcionar. Ahí, el rol del Estado será muy importante.

—El Fondo Monetario creía que parando la emisión se paraba la inflación. ¿Podría ser que creyendo que la recesión para la inflación pase lo mismo que con la no emisión? Roberto Lavagna insistía con lo opuesto. Dice que como la economía está llena de pymes, ante una recesión el pequeño productor, al bajarle la cantidad de unidades que vende, tiene que dividir el costo fijo en menos unidades aumentando más que la inflación. ¿Ese Plan Marshall podría atacar la inercia inflacionaria? —Hay que atacarla. La inflación actual es lo que algunos economistas llaman “inflación autoconstruida”, de expectativas, las peores expectativas, las de la especulación. Implica decir “aprovechemos ahora que es el momento porque no sé qué va a pasar mañana. Vendamos el alcohol en gel a precios siderales porque lo van a necesitar mucho. Multipliquemos por dos o por tres su precio. Ahí el Estado debe plantarse y ponerse firme. No es una inflación con lógica económica, es absolutamente especulativa. —También es inercial. —Pero el concepto de inercial es complejo. Porque la verdad es que los datos indicaban que la inflación estaba cediendo. Se dispara de vuelta solamente por lo especulativo, no es un problema inercial. Es un problema subjetivo.

Economía post COVID 19 y Auge Online – con Federico Fernández para SOMOS INNOVACIÓN

Comparto una entrevista con Federico Fernández bajo el proyecto Somos Innovación. En esta entrevista traté de mostrar la respuesta que el mercado y el estado ofrecen ante el nuevo desafío del coronavirus, y el impacto de la política económica que se viene implementando.

Abajo el video, y luego una síntesis de la entrevista, el acceso a algún material referenciado en la entrevista y algunos links a este nuevo proyecto!

Mi agradecimiento y mis felicitaciones por esta iniciativa!

En el episodio 4 de SI, el podcast de Somos Innovación, Federico N. Fernández conversa con Adrián Ravier (ARG) sobre dos temas diversos, pero que se unifican. El primero es la economía que se viene, tras el parate por las cuarentenas forzosas en muchos de nuestros países. Y el segundo se relaciona con el presente y el futuro de la educación online. Pues, como bien sabemos, debido al Coronavirus muchas actividades laborales y educativas se han mudado al mundo virtual.

Nuestro invitado: Adrián Ravier, quien es nuestro invitado del día de hoy, es Doctor en Economía, autor de varios libros, el último titulado “El rostro humano del capitalismo global” (https://bit.ly/3a0R7OR), profesor universitario en la Universidad Nacional de La Pampa y la Universidad Francisco Marroquín (entre otras), co-editor del journal académico Libertas y Director del Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Lo pueden encontrar en su web personal AdrianRavier.com, en el blog “Punto de Vista Económico” (https://bit.ly/2RwdaGy) y en twitter en @AdrianRavier

Fuentes y lecturas mencionadas:

“El foco en lo sanitario parece olvidar por completo el de la economía” https://www.infobae.com/economia/2020…

“Coronavirus: Hacienda debe bajar en gasto…” https://www.cronista.com/columnistas/…

“Liquidez global para combatir la contracción secundaria de dinero” https://www.juandemariana.org/ijm-act…

Somos Innovación en Redes: Instagram – https://www.instagram.com/innovacions…

Twitter – https://twitter.com/LatAmInnovacion

Facebook – https://www.facebook.com/SomosInnovac…

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Web: SomosInnovacion.lat

Acerca de Somos Innovación: Somos un grupo de individuos e instituciones que están convencidos que a través de soluciones innovadoras es cómo las personas se involucran en la resolución de problemas. Por ello, cuando los innovadores crean nuevas tecnologías o nuevos modelos de negocio, las mismas deberían permitirse por defecto. A menos que se pueda presentar un argumento muy sólido contra una nueva invención, el derecho a existir de las innovaciones debería ser siempre respetado. Son los consumidores quienes deben aprobarlas o rechazarlas en el mercado. La verdadera catástrofe es no permitir este proceso a través de excesos regulatorios o prohibiciones. El Futuro Llama.