El comercio – Bartolomé Mitre

La República Argentina, señores, es la única nación sudamericana que no ha sido poblada por el aliciente de los metales preciosos, la única que no ha debido su formación, su desarrollo y su prosperidad gradual a esa magia del oro y de la plata encerrada en su seno que atrajo hacia las playas americanas la inmigración europea desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Méjico con sus ricas minas, el Perú con sus montones de oro, Chile con su plata, el Brasil con su oro y pedrerías, las perlas de las Antillas y Tierra Firme, las esmeraldas y los ópalos de Centro América, y más o menos todas las demás comarcas cuyos nombres se leen en el mapa de este continente, debieron su fomento y su origen a este género de riquezas de que nosotros carecíamos. Por mucho tiempo su riqueza fue medida por sus montones de oro, plata y piedras preciosas que hacían resaltar nuestra pobreza, mientras que hoy esos montones de brillantes son escoria de hornallas apagadas en comparación de las riquezas que el comercio y la industria ha creado y que ya el oro no puede medir por sí solo.

Nosotros los desheredados de esta lluvia de oro, no teníamos, ni aun las ricas producciones de los trópicos que convidaban a los nuevos pobladores con pingües ganancias. Llanuras cubiertas de malezas, encerradas entre montañas estériles, ríos sin piedra y terrenos caóticos que la limitaban, la colonización del Río de la Plata es un fenómeno digno de llamar la atención, porque es la única de la época del descubrimiento que en Sud América haya nacido y crecido pidiendo a la tierra únicamente el pan de cada día por medio del trabajo productor; la única que nació y creció en medio del hambre y de la miseria, no obstante de que al nacer fue bautizada con un nombre que sólo el porvenir debía justificar. El nombre del Río de la Plata fue una promesa brillante que el comercio se ha encargado de realizar.

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CONOCIMIENTO DISPERSO E INTELIGENCIA CENTRAL – Rogelio Pontón

Las siguientes consideraciones parecerán a algunos lectores alejadas totalmente del tema central de este artículo, que es el de la dispersión del conocimiento y el cálculo económico en una comunidad socialista. En realidad, algunas de esas consideraciones desbordan dicha temática; pero así y todo nos ha parecido que de una manera u otra cada uno de los siguientes puntos están íntimamente relacionados con la discusión de fondo.

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La reforma económica de 1948 – Enrique Cerdá Omiste

En 1948, Alemania estaba aún ocupada, y su territorio dividido y gobernado por las fuerzas militares de los países aliados que habían derrotado la aventura imperialista de Adolf Hitler.

La actividad económica estaba paralizada por la destrucción material causada por la guerra, los racionamientos, los controles burocráticos sobre la producción y sobre los precios. En los mer- cados clandestinos, los cigarrillos eran moneda más confiable que los marcos oficiales. Para su subsistencia, una parte cuantiosa de la población alemana dependía de la ayuda extranjera.

El gran cambio de la política económica ocurrió en junio de 1948, cuando el gobierno estableció límites estrictos al gasto oficial, prohibió sus déficit, empezó a eliminar las restricciones al ejercicio de los derechos económicos de sus habitantes y creó una nueva moneda.

La libertad económica convirtió al trabajo, al esfuerzo personal, al ahorro y a la inversión en actividades rentables y permitió una rápida recuperación de la economía de Alemania occidental. Los resultados fueron tan favorables y se obtuvieron tan rápidamente que la historia recuerda esta experiencia como “el milagro económico alemán”.

El propósito de este artículo es analizar algunos aspectos de este instructivo episodio de la historia alemana.

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LA ONTOLOGÍA Y FUNCIÓN DEL DINERO. Los fundamentos filosóficos de las instituciones monetarias – por Leonidas Zelmanovitz

Discípulo aventajado del profesor Jesús Huerta de Soto, Leonidas Zelmanovitz se sumerge, a través de La ontología y función del dinero, en un tema tan apasionante como es el estudio —diacrónico y sincrónico— del dinero tal como lo entendimos en el pasado y tal como lo entendemos ahora. Sus funciones, su entidad como institución social y el sentido de su evolución a través del tiempo se despliegan en las páginas de este extenso y apasionante ensayo.

Zelmanovitz se hace eco de los peligros que entraña no llegar a interiorizar debidamente una ética del dinero en consonancia con la filosofía de la libertad, y aboga por la obligación, por parte de las autoridades responsables, de conocer qué clase de regímenes institucionales pueden considerarse buen dinero para el tipo de sociedad en la que vivimos.

Aquí el índice del libro.

Aquí la Presentación de Jesús Huerta de Soto y el Prólogo a la primera edición española de Adrián Ravier

Leonidas Zelmanovitz (Brasil, 1961) es miembro de Liberty Fund desde enero de 2006, antes de ser un hombre de negocios en Brasil. Está graduado en Derecho en la Universidad Federal de Porto Alegre (Brasil), posee un Máster en Economía Austriaca de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España), y un Doctorado en Economía Aplicada de la misma universidad.

La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith – por Ezequiel Gallo

Estas reflexiones girarán alrededor de algunos aportes realizados por la «Escuela Escocesa» al análisis de la evolución de las instituciones sociales. Me circunscribiré en estas notas a las obras de sus tres autores más conocidos (Hume, Ferguson y Smith). Quedarán de lado, en consecuencia, los aportes realizados por otros miembros de la escuela, como los filósofos Hutcheson y Kamer, el historiador William Robertson y el sociólogo John Millar. Dentro de la vasta producción de los tres autores escogidos se indagará exclusivamente en lo que respecta a su contribución al análisis de los principios que rigen la evolución, progreso y retroceso de las sociedades humanas. Quedan excluidos de este trabajo los importantes aportes realizados por David Hume en el campo de la filosofÌa y la historia, por Adam Smith en el de la economía política y por Ferguson en el de las ciencias sociales.1

La obra de los autores escoceses es considerada por muchos como «fundadora» de una tradición intelectual que se extiende hasta nuestros días. La expresión es genéricamente correcta pero no está desprovista de ambigüedades. Nada hubiera resultado más incómodo al espíritu de la obra de nuestros tres autores que suponer que su pensamiento no es heredero de tradiciones anteriores. Aceptar esto hubiera sido negar los fundamentos en que descansa todo pensamiento de raigambre evolucionista. Resulta imposible desconocer, en este sentido, la influencia de autores como Bacon, Locke, Grotius, Puffendorf, Montesquieu, Newton, etc. Muy próximo a los escoceses surge nítidamente el nombre de Bernard de Mandeville, ese autor mordaz y un tanto escandaloso para los cánones de la Època. El término «fundador», por lo tanto, hace referencia al primer intento de sistematización de una tradición que es tributaria de muchos apartes de igual intensidad intelectual.2

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Hayek, la evolución cultural y sus críticos – Eduardo A. Zimmermann

Para algunos estudiosos del resurgimiento liberal de los últimos tiempos la obra de F. A. Hayek se destaca como «el más poderoso programa de investigación de la filosofía política liberal clásica.»2 Sus ideas sobre el surgimiento de órdenes espontáneos y sobre la evolución cultural como mecanismo de selección de esos órdenes constituyen valiosas herramientas para comprender la transformación de la civilización en lo que se ha llamado la Gran Sociedad o la Sociedad Abierta, interrogante reflejado en la cita de Dugald Stewart que encabeza estas páginas.

Por otra parte, este resurgimiento liberal es impulsado también por otras corrientes que en cierto modo rechazan muchos de los principios postulados por Hayek. Se ha sostenido que con- fluyen en la obra de Hayek principios conservadores y liberales que no pueden ser armonizados; se han señalado puntos que necesitan probablemente una mayor elaboración dentro de sus ideas de orden espontáneo y evolución cultural. Por último, se ha criticado también el hecho de que estas ideas, a partir de un plano descriptivo, hayan pasado a ser utilizadas corno un criterio normativo para la evaluación de lis instituciones sociales, Antes de analizar el contenido de las críticas efectuadas a su pensamiento, es conveniente exponer en forma resumida cuál ha sido la posición de Hayek al respecto.

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Hacia una teoría de los derechos de propiedad – Harold Demsetz

Cuando en el mercado se realiza una transacción se intercambian dos «paquetes» de derechos de propiedad. Una parte de esos derechos está ligada al bien o al servicio concreto que se intercambia, pero es el valor de los derechos de propiedad el que determina el valor de lo que cambia de propietario. Las preguntas dirigidas a determinar la aparición y la combinación de tales componentes del paquete de derechos de propiedad son en realidad previas a las que comúnmente se hacen los economistas. Éstos, por lo general, toman los derechos de propiedad como un dato y buscan explicaciones para las fuerzas que determinan el precio o el número de bienes a los que se refieren tales derechos de propiedad.

En este trabajo procuro llamar la atención sobre algunos de los elementos para una teoría económica de los derechos de propiedad. El trabajo está organizado en tres partes. En la primera se desarrolla brevemente el concepto y el rol de los derechos de propiedad en los sistemas sociales. La segunda parte ofrece una guía para investigar la aparición de los derechos de propiedad. La tercera parte establece algunos principios pertinentes para comprender la combinación de los derechos de propiedad con vistas a formar determinados tipos de derechos y determinar así la estructura de propiedad que está asociada a los distintos tipos.

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Entrevista con Visión Liberal: Una maestría para bajar a tierra las teorías económicas

«Para ser economista no se puede ser solo economista». La frase es de Von Hayek pero la cita Adrián Ravier, director de la maestría en economía y ciencias políticas que dictará en Eseade, Junto al también economista y subdirector de la maestría, Iván Carrino, Ravier cree que es imprescindible unir las disciplinas. «La mayoría de los programas, en su afán por la matemática y desarrollo de los modelos, muchas veces deja totalmente de lado la política, el derecho, las instituciones, la psicología, antropología, filosofía. Eso termina generando un profesional que tiene una visión sesgada. Para nosotros un economista tiene que ser alguien con una visión más amplia», explica Ravier en conversación con Visión Liberal.

¿Es solo para economistas?

– No necesariamente. El programa de ESEADE es un programa más amplio, y la diversidad de los alumnos ayuda a que en el aula se genere un intercambio intelectual diferente. Que hayan politólogos, abogados, historiadores, comunicadores, etc. genera un intercambio muy enriquecedor.

– ¿Por qué es importante relacionar la economía con la política?

La economía pura es fundamental. Pero cuando analizamos el mundo real o la Argentina es necesario acompañar esos modelos con hipótesis auxiliares o condiciones iniciales, que en definitiva son las condiciones de la Argentina de hoy con un determinado nivel de inflación, cuestiones políticas, sindicatos que rodean las políticas económicas que se puedan aplicar. El programa termina con el diseño de políticas públicas, esas políticas no pueden basarse sólo en la teoría pura, sino que tienen que partir de lo que es la antropología y la cultura de la sociedad en la que se aplica esta política. Me parece que es clave el análisis multidisciplinar que se ofrece en el programa con profesionales de distintas áreas. El cuerpo docente esta especialmente seleccionado para cubrir las temáticas de las que estamos hablando.

– Cuando los números no cierran, ¿qué hacemos con las teorías económicas?

Las dificultades de la Argentina tienen que ver con que los economistas son sólo economistas. Yo creo que las dificultades no son económicas. Yo siempre le digo a mis alumnos que el problema técnico que tiene la Argentina es muy fácil de explicar; uno muestra el nivel de gasto público, recaudación tributaria, déficit presupuestario, a partir de ahí muestra cómo se financia, los desequilibrios que existen, fiscales, monetarios, cambiarios, que se generan justamente por ese problema fiscal. A partir de ahí analizamos el impacto del exceso de impuesto, emisión monetaria, tasas de interés elevadas, inflación, la mochila que se carga en las empresas, que genera poca actividad, empleo, pobreza etc. Es muy fácil de explicar en un curso corto de economía. Ahí es donde llega la política, y donde empiezan las relaciones de poder y los problemas son otros y mucho más complicados que lo que un economista a secas puede advertir. Por eso es fundamental que esa teoría económica se baje a tierra. Cada sociedad es diferente y las dificultades para aplicar políticas son diferentes.

– No es la economía, entonces: es la educación

No es fácil en una Argentina con nuestra historia y cultura cambiar hacia un modelo de mercado, que es lo que creo yo y en el programa de ESEADE, que es la respuesta que Argentina necesita para salir de la decadencia en la que está hundida hace décadas. 

Si permanentemente la cultura que nos acompaña nos lleva a un paternalismo enorme donde le pedimos todo al Estado, ese Dios Estado y líderes políticos terminan generando las políticas que generan. No porque decidan así sino que la demanda popular lleva a ese tipo de medidas que provocan resultados tan nefastos como los que tenemos.

Publicado originalmente en Visión Liberal, jueves 14 de febrero de 2019.

La dimensión moral del financiamiento de la deuda – James M. Buchanan

Los economistas han descuidado casi totalmente los elementos éticos o morales del comportamiento generado por el moderno régimen existente de continuos y acelerados déficit presupuestarios gubernamentales. En la medida en que los principios morales afectan las restricciones de la elección, tal descuido es inexcusable. Nos incumbe a nosotros, como analistas económicos, comprender cómo influye la ética en la elección y, en especial, de qué manera la erosión de los preceptos morales puede modificar el funcionamiento establecido de las instituciones políticas y económicas. Es necesario contar con una teoría empírica positiva del funcionamiento de las pautas morales, incluso si queremos dejar la prédica a los moralistas.

La comprensión de la forma en que las restricciones morales afectan los patrones de los resultados políticos no requiere necesariamente una comprensión similar de los orígenes de las propias pautas morales. En realidad, uno de los argumentos que quiero desarrollar en este ensayo depende críticamente de los atributos «no-racionales» de tales pautas morales. Los efectos de las restricciones morales son, por supuesto, completamente simétricos. Si las normas morales restringen las opciones, es decir, si existe lo que podríamos denominar una frontera de factibilidad moral, es evidente entonces que la erosión o destrucción de las normas morales flexibiliza las restricciones, y con ello desplaza la frontera «hacia afuera», con consecuencias que nosotros, como economistas, estamos en condiciones de analizar.

En mi opinión, el explosivo aumento del financiamiento de la deuda o del déficit resultante de los gastos del consumo público puede explicarse, al menos en parte, por la erosión de las restricciones morales preexistentes. Los hombres que toman las decisiones políticas no «descubrieron» una nueva tecnología de financiamiento de la deuda a lo largo de la mitad de este siglo. Su autointerés racional los llevaba a recurrir siempre a fuentes de ingresos públicos exentas de impuestos. Lo que sucedió en este siglo fue que el financiamiento de la deuda dejó de ser inmoral. Tenemos aquí un ejemplo casi perfecto del daño que puede causar el «constructivismo racionalista» (para usar peyorativamente este término en el sentido hayekiano). El intento de imponer un comportamiento de «elección racional» a quienes estaban constreñidos por normas morales preexistentes, derivadas de un proceso evolutivo cultural, ha permitido, de hecho, una reversión hacia esos instintos más primitivos que anteriormente se mantenían bajo control.

Debemos evaluar esta dimensión moral del moderno sistema fiscal si queremos hallar una solución para este estado de cosas. Las normas abstractas que han evolucionado inconscientemente no pueden ser restauradas de manera racional. Sin embargo, es posible introducir restricciones racionalmente elegidas que sirvan en parte como sustitutos de las pautas morales erosionadas. Los presupuestos equilibrados que obedecían antes a pautas morales, no eran mencionados nunca en forma explícita en los documentos constitucionales formales. En ausencia de tales pautas, sin embargo, las restricciones presupuestarias deben ser explícitamente elegidas, impuestas y cumplimentadas.

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¿Surgirá Venezuela de las cenizas? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia que fue concebida para proteger derechos y no para conculcarlos. Es la contracara de lo estipulado por los Giovanni Sartori de nuestra época para en cambio caer en pura cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida cuando no de la vida misma.

El vendaval espantoso que dejan los tiranos venezolanos con el apoyo  de la isla-cárcel-cubana ha producido efectos devastadores en todos los planos concebibles. El actual Papa no ha disimulado su simpatía por el socialismo y solo ha patrocinado “concordia entre las partes” que tal como han expresado veinte ex presidentes de la región, “es como si pretendiera que las víctimas se arreglaran con sus victimarios”.  Es de destacar por otro lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la Iglesia venezolana a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de su jefe en el Vaticano.

Debe destacarse también la posición decidida y con el necesario coraje moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado expresa y reiteradamente la tiranía venezolana, en especial la contundencia del Grupo de Lima. En esta línea argumental es del caso subrayar la perseverancia y la decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la necesidad de acabar con el engendro venezolano.

La seguidilla de marchas opositoras, los presos políticos, las muertes, la crisis económica que incluye falta de alimentos y fármacos elementales, las emigraciones masivas,  la asunción del nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto por la Constitución a raíz de las elecciones amañadas y tramposos de Maduro desde todos los ángulos posibles de análisis, la marcha multitudinaria del 23 de enero pasado, insurrecciones militares esporádicas, arrestos y demás sucesos apuntan a una posible restauración de las instituciones republicanas.

El reiterativo socialismo ha sido rebautizado como “del siglo xxi” con la intención de disfrazar las barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante del tirano Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad humana”… con los fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se convirtieron los hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la educación haciendo que se escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos cuadernos debido a la escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a cualquier signo de oposición, en el contexto del partido único y la prensa oficial. Maduro continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.

Sin duda que la historia venezolana descubre desaguisados ejecutados por varios de los partidos políticos de la era anterior, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República.

Publicado en El Cronista, martes 5 de febrero de 2019.