La manía de priorizar el consumo – Alberto Benegas Lynch (h)

En distintos países hay gobernantes que insisten frente a la retracción en la actividad económica fruto de la pandemia que a todos nos envuelve debe alentarse el consumo. Esta conclusión es errada por donde se la mire. Supongamos un grupo de náufragos que llega a una isla deshabitada y uno de ellos le sugiere a sus compañeros de infortunio que se dediquen todos a consumir. Seguramente los receptores de tamaño mensaje inaudito ni siquiera responderían a semejante iniciativa puesto que lo que a todas luces se necesita es producir. Una vez producido lo necesario puede, recién entonces, consumirse. En otros términos, la secuencia es producción-consumo, no pueden invertirse los términos.

Y para acelerar el proceso, una vez lograda la producción una parte de ella debe destinarse al ahorro y consecuentemente a la inversión para que en el futuro lo producido sea en una dosis mayor y así podrá consumirse más. No es lo mismo pescar a cascotazos que hacerlo con una red de pescar en la mencionada isla, no es lo mismo arar con las uñas que en nuestra civilización hacerlo con un tractor. Las productividades no son las mismas puesto que los mencionados equipos hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar el rendimiento, es decir, en las economías modernas, los ingresos y salarios en términos reales. Entonces, la única causa para elevar el nivel de vida es la tasa de capitalización, es decir, equipos, instalaciones, maquinaria y conocimientos relevantes que, como queda dicho, ayuda al trabajo a sacarle más jugo.

La diferencia en entre el nivel de vida de Canadá y Uganda son las tasas de capitalización que a su vez dependen de sólidos marcos institucionales que garanticen derechos. No es que el canadiense es más generoso que el ugandés, puede ser al revés pero esto es irrelevante, la clave es la inversión per capita. El asunto no es voluntarista ni de aspiración de deseos, de lo contrario seríamos todos millonarios.

Ahora bien, en esta manía por la imposibilidad de adelantar el consumo a la producción los aparatos estatales suelen proceder a la expansión monetaria que apunta a lo dicho. Pero si bien la inflación monetaria siempre roba el poder adquisitivo de todos, muy especialmente de los más vulnerables, en un momento como el que vivimos debido al coronavirus la situación se torna mucho peor ya que la antedicha retracción de las actividades económicas como consecuencia de los aislamientos hace que la masa monetaria inflada persiga una cantidad menor de bienes lo cual hace que los precios trepen más rápido que es otro modo de decir que el signo monetario se deteriora con mayor rapidez.

No quiero entran en honduras técnicas en esta columna pero es del caso agregar que en no pocas oportunidades se sostiene que la mencionada expansión no  resulta en una elevación neta puesto que se contrae la producción secundaria de dinero (la que se genera en el sistema bancario a través de la imposición de encajes fraccionarios).

Pero este razonamiento no  toma en cuenta que la banca central siempre y en toda circunstancia opera en un sentido distinto de lo que lo hubiera hecho la gente si no hubiera podido elegir los activos monetarios de su preferencia sin estar condicionada por el curso forzoso.

La banca central puede solo proceder en una de tres direcciones distintas: expandir, contraer o dejar la masa monetaria inalterada. Cualquiera de estos caminos conducen a alterar los precios relativos, lo cual, a su turno, distorsionan la asignación de los siempre escasos factores productivos.

En resumen, tanto la manía por anteponer el consumo como la prostitución de la moneda provienen de consejos de John Maynard Keynes para lo cual resulta un buen recordatorio reproducir una cita de su prólogo a la edición alemana, en 1936, en plena época nazi, de su obra más conocida titulada Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero : “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”.  A confesión de parte, relevo de prueba.

Publicado en El Economista, 15 de abril de 2020.

Pandemia, «Estado de Emergencia» , y República

El Jefe de Gobierno de CABA anunció que los mayores de 70 años no pueden salir de la cuarentena sin un permiso. Esta medida parece (al menos por ahora), haber rebalsado el vaso de los límites que se le conceden al estado en un «estado de emergencia.» ¿Tiene el Jefe de Gobierno dicha potestas? ¿Es la pandemia un cheque en blanco al gobierno? Dos cuestiones usando este caso como caso testigo

  1. ¿Implica la pandemia un fracaso del libre mercado?
  2. El peligro de que la pandemia derive en la suma del poder públic
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El dilema moral del virus corona

Supongamos que usted tiene escondida a Ana Frank y su familia en el fondo de su casa y, de pronto, golpea la puerta un oficial de la Gestapo preguntando si hay judíos allí, ya que entienden que se han escondido en algunas casas de Amsterdam. ¿Usted qué hace?­

Éste es un ejercicio típico de cursos introductorios de ética en el cual se confrontan dos de las principales escuelas desde fines del siglo XVIII: por un lado la deontológica, asociada con Immanuel Kant, según la cual uno debe regirse por el principio que quisiera fuera una ley universal, es decir, que todos cumplieran, sin importar las consecuencias; por otro, la consecuencialista, asociada con Jeremy Bentham (aunque éste también usaba el término deontología), que precisamente señala que hay que tenerlas en cuenta, y en la que encontramos dos tipos, el consecuencialismo, o utilitarismo, de actos, y el de reglas. En el primer caso, una acción es buena si los beneficios superan a los costos; según el segundo no hay que tomar en cuenta acción por acción sino aquella norma o regla de conducta que genere más beneficios que costos.­

En el caso de Ana Frank, si usted es consecuencialista va a evaluar la situación, pero no es sencillo definir beneficios y costos: ¿para quién? ¿sólo para mí o para los Frank también? ¿para todos los judíos escondidos en Amsterdam? Y si usted es deontológico se encuentra con el difícil problema de evaluar dos principios valiosos. Por ejemplo, en este caso el valor más importante parece ser el de proteger la vida; pero también hay otro en juego que es la verdad, no mentir.­

¿Cómo elijo entre uno u otro? ¿Acaso no estaré tomando en cuenta las consecuencias de elegir proteger la vida o proteger la verdad? Entonces resulta que el deontológico termina arrinconado en las consecuencias, que inicialmente dejaba de lado. Y puede que el consecuencialista se guíe por un principio universal para evaluar cuáles son las a tener en cuenta.­

En fin, no se trata de resolver una discusión que lleva más de doscientos años y varias bibliotecas enteras, pero algo de esto parece que nos está pasando en estos tiempos de pandemia. Una gran mayoría parece estar pensando en términos deontológicos: el primer deber es proteger la vida. Por esa razón acepta todo tipo de medidas que restringen su libertad: cuarentena, aislamiento, prohibición de traslados, de viajes, de concurrir a trabajar, a eventos, etc. Todos muy kantianos, cumpliendo con el deber.­

Pero, a medida que pasan los días, las consecuencias comienzan a crecer en la consideración de muchos: no se produce, no se factura, no se pueden pagar sueldos, comenzarán a reducirse los stocks y a originarse faltantes. Y esto que empieza de a poco crecerá, tal vez no tan rápido como la misma pandemia, pero todos sabemos que lo hará. Pasa que inicialmente pensamos que no era lo importante. Y a medida que crezca nos planteará el dilema: ¿debemos seguir cumpliendo con el principio, sin importar las consecuencias? Cuidado, si no producimos nada puede haber otras muertes. ¿Qué pasaría con el apoyo a la cuarentena si las muertes, digamos, por hambre, o por la falta de otros insumos médicos, porque una enfermera no puede ir a cuidar a una señora mayor a la noche o por tantas otras cosas, superan en algún punto a las muertes por la enfermedad?­

Tal vez en ese punto, el kantiano podrá decir que proteger la vida es producir, es evitar todas esas muertes; y el consecuencialista, con otros fundamentos, podrá decir lo mismo, son mayores los beneficios de producir que sus costos.­

Por uno u otro lado, el sentido común será el consenso que se vaya generando para relajar la cuarentena y volver a trabajar. Pero volver a trabajar en serio. Sin barreras para los que quieren producir, y sin dádivas para los que no quieren. Lo cierto es que en ambos casos nos encontramos con una difícil decisión: entre un principio u otro; entre una consecuencia u otra. No tengo una respuesta. Simplemente un consejo para quien es deontológico: que mire las consecuencias: y para quien es consecuencialista: que ordene sus costos y beneficios según algún principio. Es como saltar la brecha: ¿le suena conocido?

Publicado originalmente en La Prensa, 14 de abril de 2020.

El Índice de Calidad Institucional muestra que en 2019 se había mejorado 6 puntos respecto del año anterior

Hasta marzo del 2019 (fecha de la muestra) Argentina llevaba seis años de ascenso ininterrumpido en el Índice de Calidad Institucional que elabora la Fundación Libertad y Progreso para la Red Liberal para América Latina.

Argentina mejora en el ICI en relación al índice del año anterior, subiendo 6 posiciones (de la 112 a la 106) y continuando una tendencia que inició en el 2016, cuando alcanzó su peor posición en el puesto 142. Para esta edición, el Dr. Martín Krause, Consejero Académico de la Fundación Libertad y Progreso, autor del índice, desarrolló un capítulo especial sobre los peligros para la libertad que implican las noticias falsas.

“Es necesario, dado el rezago de los datos el ICI toma en consideración a una situación que se correspondería con Marzo del 2019 aproximadamente. Por ende, es importante señalar que la crisis económica que se desencadenó a partir de ese momento implicaron una serie de medidas que llevaron a deteriorar la calidad institucional” detalló Krause y alertó que “Argentina tiene una performance muy disímil en los subíndices que conforman el ICI”, haciendo referencia a la relativa buena performance en sobre la calidad de las instituciones políticas (66 entre 190 países), en contraposición con las instituciones de mercado (puesto 133).

América

En lo que respecta al continente, la primera posición del ICI la ocupa Canadá en el puesto número 8 a nivel mundial, seguido por Estados Unidos en el 14. Continuando en la lista de países americanos figura Chile en la posición 24; Uruguay en 36 y Costa Rica en 38.

Ante la consulta sobre ¿cómo se contemplan los incidentes del año pasado en Chile?, Martín Krause señaló: “Lo mismo podemos decir de Bolivia con la diferencia de que hoy se ubica en el puesto 153, siendo el país que más posiciones perdió en los últimos 20 años. Nuestro análisis entiende que estas situaciones se dan por una frustración en relación a expectativas. Obviamente las expectativas son diferentes en Chile de lo que son en Bolivia”. Además expresó que en el caso chileno “los políticos han declarado muchas veces que ya eran un país desarrollado, aunque sus habitantes no consideran que esto sea así. Y cuando uno mira datos de PBI de Chile, rápidamente advierte que se encuentra lejos de países como Portugal o España. En el caso de Bolivia esas frustraciones se deben a cuestiones más básicas, sobre la democracia y la elección de un nuevo gobierno. Proceso que se vio avasallado por Evo Morales”.

Más de 20 años en el TOP 4

En término generales hay cuatro países que ostentan los cuatro primeros puestos desde hace más de veinte años (cuando nace el indicador): 1° Nueva Zelanda; 2° Dinamarca; 3° Suiza y 4° Finlandia. “Son destacados por la posición, la constancia; todos países pequeños y, notablemente, porque no se conocen masivamente sus gobernantes. Y en este sentido es que entendemos la Calidad Institucional como límites al poder. Y es que estos países ostentan instituciones con normas tan claras que perduran sin importar quién esté en el gobierno en ese momento” sentenció.

Noticias falsas

Todos los años el ICI prepara un apartado especial. Este año el índice presentó un apartado sobre las noticias falsas. Para ello se tomó como indicador más relevante a la libertad de prensa. Sobre esto, Krause dijo: “lo que observamos es que el impacto no es tan fuerte sobre las opiniones de los votantes, que ya tienen opiniones formadas y buscan noticias que las confirmen. Lo que vemos es que paulatinamente el mercado va encontrando mecanismos que controlen la veracidad de la noticia. Se han generado una serie de organizaciones que se dedican constatar la veracidad de las noticias” y advirtió algunos ensayos en el gobierno mejicano que encabeza López Obrador, quien plantea una agencia estatal de chequeo de la información: “Desde nuestro punto de vista, esto es tremendamente peligroso porque precisamente las noticias son un control al gobierno”, finalizó.


https://www.youtube.com/watch?v=ekyfRoDD6Ww


Sobre la metodología del ICI

El ICI se basa en la selección de ocho indicadores que configuran dos subíndices que permiten evaluar los intercambios voluntarios en el mercado, por un lado, y el camino de la política y el Estado. A cada uno se le asigna un peso (weighting) de 50%, es decir cuatro indicadores a cada subíndice.
Los indicadores que forman el subíndice de instituciones políticas son:

  • El índice Rule of Law (Respeto al Derecho) del Banco Mundial.
  • Los indicadores de gobernanza llamados Governance Matters; Voz y Rendición de Cuentas, del Banco Mundial.
  • Índice de Libertad de Prensa que elabora Reporters sans Frontieres.
  • Percepción de la Corrupción, de Transparencia Internacional.

Los indicadores que forman el subíndice de instituciones de mercado son:

  • Competitividad Global, del Foro Económico Mundial.
  • Libertad Económica de Heritage Foundation.
  • Libertad Económica de Fraser Institute.
  • Haciendo Negocios del Banco Mundial.

El indicador que presenta cada país en el ICI muestra cuál es su posición porcentual en relación a los demás países.
Para que un país aparezca en el ICI tiene que también aparecer en al menos cuatro de los ocho indicadores, y también al menos uno en cada subíndice.


Acerca de la Fundación Libertad y Progreso:

Libertad y Progreso es un centro de investigación en políticas públicas aplicadas a resolver los problemas de la ciudadanía, promoviendo los valores y principios de la República Representativa Federal.
Somos una fundación sin fines de lucro, privada e independiente de todo grupo político, religioso, empresarial o gubernamental. No aceptamos dinero del Estado. Nuestros fondos provienen únicamente de aportes individuales de personas, fundaciones y empresas comprometidas con el futuro del país.

Independent Review, Spring 2020 Issue Contents

Articles

Reconsidering the Classics of Political Economy *
Robert M. Whaples

Today’s Relevance of Adam Smith’s Wealth of Nations
Donald J. Boudreaux

Malthus Was Not a Malthusian
J. Daniel Hammond

Karl Marx Was a Public-Choice Theorist
Michael C. Munger

Reconsidering Weber’s The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism
Virgil Henry Storr, Solomon Stein

Reconsidering Frank Knight’s Risk, Uncertainty, and Profit
Ross B. Emmett

The Keynes Perplex
William N. Butos

Mises’s Human Action and Its Place in Science and Intellectual Culture
Peter J. Boettke

A Vision for a Dynamic World: Reading Capitalism, Socialism and Democracy for Today
John T. Dalton, Andrew J. Logan

Why Didn’t Galbraith Convince Us That America Is an Affluent Society?
Robert M. Whaples

The Naked Emperor: Politics without Romance in The Calculus of Consent
William F. Shughart II, Arthur R. Wardle

The Economy of Cities: Jane Jacobs’s Overlooked Economic Classic
Sanford Ikeda

The Mirage of Democratic Excesses: Hayek’s Law, Legislation, and Liberty
Leonidas Zelmanovitz

Elinor Ostrom’s Governing the Commons: Institutional Diversity, Self-Governance, and Tragedy Diverted
Roberta Q. Herzberg

La inflación “autoconstruída”

Me tome el trabajo de leer el largo reportaje de Fontevechia a Alberto Fernández en Perfil domingo 12/4. Les dejo estas preocupantes reflexiones que hace sobre la inflación:

—Usted estaba en el Ministerio de Economía cuando Juan Vital Sourrouille lanzó el Plan Austral, que inicialmente fue muy exitoso. ¿La crisis del coronavirus va a pasar a reclamar un plan antiinflacionario heterodoxo y abandonar cierto grado de gradualidad?
—Todo hace suponer que la inflación no debería ser el problema en el tiempo que viene. Si la Organización Mundial de Comercio dice que esa actividad puede caer hasta un 38%, la verdad es que se va a caer todo el consumo. Si es así, la lógica sería que la inflación se frene o caiga. Habría que esperar más desinflación que inflación. Ahora, si después del coronavirus habrá que barajar y dar de vuelta, es otra historia. Lo que la Argentina va a necesitar va a ser algo más parecido a un Plan Marshall que a un plan de contención de la inflación. Vamos a tener que hacer lo que yo decía en la campaña: encender la economía, porque yo soy consciente de que ahora está apagada. Está apagada del peor modo: mandamos a su casa a los consumidores. Lo que vamos a necesitar es una economía que se encienda, que vuelva a funcionar. Ahí, el rol del Estado será muy importante.

—El Fondo Monetario creía que parando la emisión se paraba la inflación. ¿Podría ser que creyendo que la recesión para la inflación pase lo mismo que con la no emisión? Roberto Lavagna insistía con lo opuesto. Dice que como la economía está llena de pymes, ante una recesión el pequeño productor, al bajarle la cantidad de unidades que vende, tiene que dividir el costo fijo en menos unidades aumentando más que la inflación. ¿Ese Plan Marshall podría atacar la inercia inflacionaria? —Hay que atacarla. La inflación actual es lo que algunos economistas llaman “inflación autoconstruida”, de expectativas, las peores expectativas, las de la especulación. Implica decir “aprovechemos ahora que es el momento porque no sé qué va a pasar mañana. Vendamos el alcohol en gel a precios siderales porque lo van a necesitar mucho. Multipliquemos por dos o por tres su precio. Ahí el Estado debe plantarse y ponerse firme. No es una inflación con lógica económica, es absolutamente especulativa. —También es inercial. —Pero el concepto de inercial es complejo. Porque la verdad es que los datos indicaban que la inflación estaba cediendo. Se dispara de vuelta solamente por lo especulativo, no es un problema inercial. Es un problema subjetivo.

Economía post COVID 19 y Auge Online – con Federico Fernández para SOMOS INNOVACIÓN

Comparto una entrevista con Federico Fernández bajo el proyecto Somos Innovación. En esta entrevista traté de mostrar la respuesta que el mercado y el estado ofrecen ante el nuevo desafío del coronavirus, y el impacto de la política económica que se viene implementando.

Abajo el video, y luego una síntesis de la entrevista, el acceso a algún material referenciado en la entrevista y algunos links a este nuevo proyecto!

Mi agradecimiento y mis felicitaciones por esta iniciativa!

En el episodio 4 de SI, el podcast de Somos Innovación, Federico N. Fernández conversa con Adrián Ravier (ARG) sobre dos temas diversos, pero que se unifican. El primero es la economía que se viene, tras el parate por las cuarentenas forzosas en muchos de nuestros países. Y el segundo se relaciona con el presente y el futuro de la educación online. Pues, como bien sabemos, debido al Coronavirus muchas actividades laborales y educativas se han mudado al mundo virtual.

Nuestro invitado: Adrián Ravier, quien es nuestro invitado del día de hoy, es Doctor en Economía, autor de varios libros, el último titulado “El rostro humano del capitalismo global” (https://bit.ly/3a0R7OR), profesor universitario en la Universidad Nacional de La Pampa y la Universidad Francisco Marroquín (entre otras), co-editor del journal académico Libertas y Director del Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Lo pueden encontrar en su web personal AdrianRavier.com, en el blog “Punto de Vista Económico” (https://bit.ly/2RwdaGy) y en twitter en @AdrianRavier

Fuentes y lecturas mencionadas:

“El foco en lo sanitario parece olvidar por completo el de la economía” https://www.infobae.com/economia/2020…

“Coronavirus: Hacienda debe bajar en gasto…” https://www.cronista.com/columnistas/…

“Liquidez global para combatir la contracción secundaria de dinero” https://www.juandemariana.org/ijm-act…

Somos Innovación en Redes: Instagram – https://www.instagram.com/innovacions…

Twitter – https://twitter.com/LatAmInnovacion

Facebook – https://www.facebook.com/SomosInnovac…

LinkedIn – https://www.linkedin.com/company/somo…

Web: SomosInnovacion.lat

Acerca de Somos Innovación: Somos un grupo de individuos e instituciones que están convencidos que a través de soluciones innovadoras es cómo las personas se involucran en la resolución de problemas. Por ello, cuando los innovadores crean nuevas tecnologías o nuevos modelos de negocio, las mismas deberían permitirse por defecto. A menos que se pueda presentar un argumento muy sólido contra una nueva invención, el derecho a existir de las innovaciones debería ser siempre respetado. Son los consumidores quienes deben aprobarlas o rechazarlas en el mercado. La verdadera catástrofe es no permitir este proceso a través de excesos regulatorios o prohibiciones. El Futuro Llama.

La sociedad libre y el tema central de la salud – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Uno de los temas que podemos denominar de frontera en los debates liberales es la salud. Para ello proponemos medidas de fondo que naturalmente deben considerarse pausadamente y, desde luego, no en momentos de una pandemia como la que ahora acecha por todos lados. que obliga a otras prioridades y medidas drásticas por parte de gobiernos al efecto de preservar derechos, en este caso nada menos que a la vida, lo cual, como también hemos puntualizado en una columna anterior sobre el tema, no autoriza al Gobierno a esa estafa monumental denominada “inflación” ni que se entrometa con el sistema de precios y equivalentes, ya que de ese modo agravará notablemente el problema creando escaseces y desajustes en los productos necesarios para atender y prevenir enfermedades.

De más está decir que las medidas drásticas aludidas deben sopesar el costo-beneficio de cada una de ellas. Como concluye el premio Nobel en economía James Buchanan, “no hay acción sin costo”, y estos deben ser siempre evaluados para contrastarlos con las respectivas ventajas puesto que sin pan también hay muertes y, por otro lado, en un extremo brutal, si todos nos morimos por coronavirus no hay economía que valga. Entonces, no se trata de elegir en toda ocasión entre la salud y la economía, sino de un balance equilibrado en el contexto de la eliminación de funciones gubernamentales inútiles para dar respiro a la gente (no podar que, como hemos dicho, igual que con la jardinería crece con mayor vigor).

En esta situación global debe estarse muy prevenido de no convertir un monitoreo provisorio de los ciudadanos en una pesadilla orwelliana, pues como ha advertido Ronald Reagan “nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”. Nuestras deliberaciones entonces apuntan a preparar el terreno para el futuro, por lo que nos adelantamos en el tiempo para cuando pase esta situación de extrema peligrosidad que, como queda dicho, siempre y en cualquier caso demandará acciones también extremas para evitar la aceleración de contagios, sin desmerecer para nada la economía cuyo descuido puede transformarse en una bomba de tiempo social.

Tenía esta nota periodística “en la gatera” sin darla por el momento ya que, como digo, apunta a considerar estos temas para eventualmente ejecutarlos más adelante cuando se calmen las aguas del muy desafortunado suceso que a todos nos envuelve y compromete, pero decido entregarla a los editores ahora con el preámbulo con que abrí este texto debido a sugerencias de algunos alumnos al efecto de debatir con suficiente tiempo este asunto crucial para mirarlo y escrutarlo con la debida tranquilidad desde diversos ángulos y perspectivas.

Antes de pensar en el mantenimiento de la salud, para existir hay que estar alimentado. Pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría dejar la alimentación en manos de los aparatos estatales, pues si se politizara algo tan delicado inmediatamente se caería en lo que en ciencias políticas se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie y los incentivos son así completamente distintos por lo que las hambrunas serían seguras, además de las ineficiencias colosales que caracterizan a los emprendimientos estatales fuera de su órbita específica de la protección de derechos vía la Justicia y la correspondiente seguridad.

A pesar de lo dicho, el tema de la salud en jurisdicción estatal en nuestra época se mantiene como una vaca sagrada. Uno de los aspectos clave para el pensamiento riguroso es la capacidad de cuestionar el statu quo en el contexto de criterios independientes y del denominado “pensamiento lateral” que invita a mirar las cosas desde perspectivas diferentes a las habituales y rutinarias. No se trata de levantar la voz ni de exasperarse frente a ideas novedosas, sino de argumentar civilizadamente puesto que, como ha escrito John Stuart Mill, “toda buena idea si es nueva generalmente pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. No hay que dejar que las telarañas mentales obstaculicen el razonamiento y el análisis detenido.

No es necesario detenerse a detallar ejemplos diarios de reiterados sucesos en órbitas estatales en cuanto a las colas, los aplazos, las demoras, los turnos extenuantes, los faltantes de insumos básicos y camas disponibles para no decir nada de las huelgas, tropiezos sindicales y las permanentes demandas por recursos debido a los déficit crónicos, a pesar de los denodados esfuerzos y dedicación ejemplar de muchísimas médicas y médicos, enfermeras y enfermeros y personal auxiliar en los centros de salud estatales. No se trata de buena voluntad, sino de un sistema que es indispensable revisar.

Es de gran interés adentrarse en los múltiples ejemplos de servicios de salud de gran excelencia antes del avance gubernamental, entre los que se cuenta el decimonónico caso argentino con los preponderantes y notables sistemas de mutuales, socorros mutuos, cofradías y servicios hospitalarios de comunidades como la italiana, la alemana, la española y la británica.

Entre muchos otros trabajos de orden más general y abarcativo, en el ensayo de John Chamberlin titulado muy precisamente “La enfermedad de la medicina socializada” este autor no solo pasa cuidadosa revista de los graves problemas de la salud en manos estatales y los costos astronómicos con que debe cargar la comunidad y la mala calidad de los servicios en comparación con la atención privada, sino que comenta varios de los libros que suscriben su tesis escritos por profesionales de gran relevancia.

Esto opera a contramano de lo que sucede en cuanto a la muy eficiente atención por los seguros privados de salud y como se ha apuntado en los centros asistenciales también privados, sean institutos para controles médicos, sanatorios o asociaciones sanitarias varias. Esto de ninguna manera significa que en los entes privados de salud hay mejor calidad de profesionales que en los estatales, se trata de incentivos diametralmente opuestos que producen resultados también diferentes.

Lamentablemente en estas lides se ha desfigurado y degradado la noción de solidaridad y caridad puesto que de modo inaudito se la asimila al uso de la fuerza cuando en verdad remite al uso de lo propio de modo voluntario.

Por otra parte, se ha objetado el servicio privado alegando la “asimetría de la información”, es decir, se sigue diciendo que no es posible que la gente tenga que ponerse en manos de servicios privados de medicina puesto que se encuentran desguarnecidos e indefensos ya que no saben si lo que recomiendan y dicen los facultativos es cierto por lo que necesitan que agentes gubernamentales los protejan en sus intereses. Esto está mal planteado por donde se lo mire. En primer lugar, en toda transacción hay asimetría en las informaciones pues por eso se lleva a cabo el intercambio ya sea cuando vamos a mecánico con nuestro automóvil, cuando instalamos un sistema de calefacción, cuando adquirimos un celular, cuando compramos accionas en la bolsa o cuando nos cepillamos los dientes. En segundo lugar, lo menos que se requiere es que se politicen las transacciones legítimas donde se agrega la voracidad fiscal junto a posibles corrupciones y además esto no cambia aquello de la asimetría de la información. La competencia entre médicos, mutuales y centros de salud privados hace de auditorias cruzadas.

Es de gran interés estudiar los trabajos actualizados sobre los calamitosos resultados de la medicina socializada en muy diversos países, por ejemplo en los muy documentados ensayos de Thomas DiLorenzo, de Avic Roy y de Hans Sennholz, el primero en The Future of Freedom Foundation titulado “How Socialized Medicine Kills the Patient and Robs the Taxpayers” (octubre 21, 2019), el segundo en The National Review titulado “Socialist Medicine is Bad for Your Health” (mayo 16, 2019) y el tercero, anterior, en The Freeman titulado “Freedom is Indivisible” (vol. 27, No.12, diciembre de 1977) . También es del caso recordar que los países nórdicos han debido reemplazar en gran medida sus sistemas socialistas de medicina donde se anunciaban servicios “gratuitos” pero, por ejemplo, cuando le tocaba el turno a una persona con grave deficiencia en la visión ya estaba ciega, por lo que los que podían viajaban a otros países para atenderse, tal como ha expuesto Eric Brodin y como se ha explayado en su texto titulado “Sweden´s Welfare State: A Paradise Lost” publicado en el portal de The Foundation for Economic Education, diciembre 1 de 1980 (además de las hipocresías como las del principal ejecutor de las ideas de Gunnar y Alva Myrdal respecto a la medicina socializada en Suecia, Olaf Palme, que se hacía atender en sanatorios privados, también es el caso de subrayar que los presidentes argentinos populistas siempre se han atendido en sanatorios privados de primerísimo nivel).

Frente a los sistemas imperantes es de gran importancia, por una parte, dejar sin efecto todo aporte compulsivo a sindicatos y equivalentes para mantener las así denominadas “obras sociales” como si las personas fueran incapaces de elegir las prestaciones que más les convienen. Lo consignado respecto al sindicalismo sea de representación o de aportes coactivos debe distinguirse claramente de los sindicatos como asociaciones libres y voluntarias que ejemplificamos a través de innumerables entidades en un libro en coautoría al que me refiero más abajo (en el caso argentino antes de imponer el sistema fascista copiado de la Carta de Lavoro de asociaciones profesionales y convenios colectivos). También detallamos el establecimiento de asociaciones no sindicales que se conformaron con personas de toda condición social que apuntaban a asegurar su salud por medio de aportes regulares libre y voluntariamente escogidos, instituciones que se multiplicaron a un ritmo notable de crecimiento.

Ahora vamos a la medida más de fondo: resulta crucial la venta de todos los hospitales estatales sean nacionales, provinciales o municipales eventualmente al propio equipo médico de la institución con el apoyo administrativo del caso y con todas las facilidades excepcionalísimas que requiera la situación y simultáneamente en una primera instancia y como medida de transición establecer el sistema de vouchers para que las personas que no cuenten con los ingresos suficientes puedan atenderse en el sanatorio o centro de salud privados de su preferencia. Esta medida significa que los que se ven obligados a financiar con sus impuestos al contraer inversiones hacen que los salarios de los marginales se contraigan, pero este fenómeno será de una magnitud mucho menor que los desembolsos tributarios que debe hacerse en el sistema actual. Además, la situación económica mejorará debido a lo que dejamos dicho, a lo cual es de desear se acoplen otras de igual envergadura y dirección que al mejorar más aun la situación económica y social permitirá ir disminuyendo los antes referidos vouchers y, por tanto, se irán atenuando los mencionados efectos adversos de esta política de transición. Incluso resultan sumamente ilustrativos y ejemplificadores la solidaridad en comunidades indias muy primitivas en cuanto a ayudas voluntarias recíprocas tal como las describe en detalle Charles A. Estman en Indian Boyhood. También y en otro orden de cosas es sobresaliente la proverbial generosidad de muchísimas médicas y médicos que intercalan atenciones sin cargo para personas de bajos ingresos desde tiempo inmemorial y en todas las latitudes.

La antedicha propuesta sobre la venta de hospitales estatales con el agregado que ahora he introducido respecto a los eventuales destinatarios de esas ventas, ya la había formulado hace más de treinta años en Proyectos para una sociedad abierta publicado en dos tomos con Martín Krause junto a la muy eficaz colaboración de Gustavo Lázzari, la cual aparece en el sexto capítulo del referido libro. En este trabajo también detallamos las suculentas reflexiones de Emilo Coni en su obra Higiene, asistencia y previsión. Buenos Aires caritativo y previsor, publicada en 1918. Allí Coni, después de referirse extensamente a todos los beneficios para la población de los sistemas privados de salud, concluye: “La República Argentina, por el hecho de haber desarrollado y arraigado profundamente en sus habitantes el espíritu y la conciencia mutualista puede ser considerada en éste como en tantos otros aspectos, una nación grande y moderna […] Pueden clasificarse las sociedades de socorros mutuos como sociedades de seguro contra enfermedades”. Y más adelante señala que también constituían cajas de ahorros para casos de accidentes, viudez y orfandad.

Como se ha hecho notar, estos sistemas privados convirtieron a los servicios de salud argentinos en uno de los más avanzados del orbe al cumplirse el centenario de la independencia, lo cual comenzó a revertirse con la creciente participación del gobierno a partir de mediados de la década del cuarenta, sistema que ha ido en declive. Esta declinación se ha mantenido inalterada hasta nuestros días. En todos lados ocurre lo mismo puesto a idénticas causas idénticos efectos. Por ejemplo, Milton Friedman, otro premio Nobel en economía, escribe refiriéndose a la degradación de la salud en Estados Unidos, otrora un baluarte de la extendida atención privada: “No hay duda de que la medicina en todos sus aspectos ha quedado sujeta cada vez más a una compleja estructura burocrática […] Las estructuras burocráticas producen alto costo, baja calidad y distribución inequitativa […] la medicina no es un caso distinto”.

Finalmente, una voz de alarma en nuestro caso: por más que por el momento ha quedado sin efecto la iniciativa, si en alguna circunstancia se confirmara aquello que se ha filtrado como posible en cuanto a que se firmaría un decreto por el que se declararía “de interés público todos los recursos sanitarios de la Argentina” -en exacta oposición a lo que presentamos en esta columna- se asentaría una puñalada final a la supervivencia en este país al autorizar a los aparatos estatales inmiscuirse en estos territorios privados, ya que se provocaría una catástrofe en cadena de proporciones nunca vistas al derrumbarse la sólida estructura sanitaria que queda en pie.

Publicado originalmente en Infobae, 4 de abril de 2020.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Prólogo del Dr. Alberto Benegas Lynch (h) al libro El Rostro Humano del Capitalismo Global

*Este libro, y también el prólogo que se comparte abajo, fue publicado en 2018 por Unión Editorial.

Se cuenta que en un desfile militar con gran despliegue de tanques, misiles y otros instrumentos de destrucción, uno de los espectadores inquirió que significaba la incorporación a la marcha de un grupo de hombres en traje gris, a lo que le respondieron “son economistas, no sabe el daño de que son capaces”.

Como ha dicho Hayek en oportunidad de recibir el premio Nobel de economía “Tenemos en verdad pocas razones para estar satisfechos: como profesión, hemos embrollado las cosas”. Es desafortunado que hasta el momento la enorme mayoría de nuestros colegas se han plegado a tradiciones de pensamiento que distan mucho de recoger las contribuciones científicas de mayor profundidad, lo cual, de hecho, se encamina al estrangulamiento de las libertades individuales y, consecuentemente, a una mayor pobreza moral y material.

Adrián Ravier se destaca nítidamente por su rigor académico y su adhesión a los grandes maestros de la economía con una pluma  muy bien lograda, una prosa pausada y masticada con detenimiento, sin recurrir a adjetivos calificativos innecesarios pero con argumentos contundentes. Un estudioso siempre atento a nuevos aportes al efecto de filtrarlos y digerirlos con atención puesto que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierto a posibles refutaciones (para recurrir a la enseñanza medular popperiana).

Hemos participado juntos en seminarios y otras actividades académicas y todos los que escucharon sus palabras pudieron apreciar sus dotes de un orador medido y cuidadoso en busca de la excelencia, cualidades que no quitan su severidad en los juicios y conclusiones que estima responden a lo que entiende son proposiciones verdaderas hasta que no se pruebe lo contrario. La frondosa bibliografía de la que dispone hace de invalorable apoyo logístico a sus audiencias, compartan o no lo que se está manifestando.

En lo personal, debo subrayar su don de gentes y su calidad humana, en todos los casos dispuesto a escuchar y a practicar la gimnasia de ponerse en la posición del interlocutor. A pesar de sus notables conocimientos adquiridos con perseverancia y trabajo intelectual metódico es, como los grandes, modesto y detesta la arrogancia y la soberbia.

También como ha consignado Hayek, el economista que solo se queda en la economía será un estorbo cuando no un peligro público. Ludwig von Mises también destacaba la necesidad de que el economista complete su formación con estudios sobre el derecho, la historia y la epistemología. Es eso precisamente lo que ha llevado a cabo Ravier y una prueba de ello son sus formidables ensayos que a continuación se exponen en el libro que ahora tengo la satisfacción de prologar.

Como es sabido, prólogo proviene del prefijo griego pro (antes) y de logos que en esa lengua significa discurso, esto es, antes del discurso pero no es cuestión de adelantar lo que se dirá en el discurso propiamente dicho puesto que se desnaturalizaría el prólogo. En cambio, me referiré brevemente a algunas observaciones complementarias que pueden resultar de interés.

Tres son los ensayos que componen esta obra: un estudio sobre el libro más difundido de Eduardo Galeano, reflexiones sobre la historia constitucional desde Hobbes a Buchanan y consideraciones varias sobre la pobreza y la desigualdad de resultados.

En relación al primer ensayo, me adelanto a declarar mi admiración por la forma en que escribía Galeano. Como he consignado en otra oportunidad, su manejo de la lengua es magistral, es como si estuviera redactando una poesía permanentemente con una cadencia que conmueve al lector más desprevenido. Ahora bien, su incomprensión de lo que significa una sociedad abierta es manifiesta y superlativa como también he puesto de manifiesto en otro de mis escritos.

Me detengo en un punto que se describe en el epígrafe con que abre su trabajo Ravier y es lo que podría bautizar como “el síndrome Tolstói” y es el pensar que el sistema de la propiedad privada puede asimilarse a los bienes poseídos por la nobleza como consecuencia de privilegios de todo tipo. Si uno lee los ensayos de Tolstói después de publicadas sus novelas más conocidas, uno se percata que era un gran liberal ya que constantemente demuestra su aversión por el poder político y su comprensión del valor de las autonomías individuales, pero henos aquí que era comunista puesto que, como queda dicho, creía que la propiedad procedía del privilegio y no de la capacidad de cada cual para servir a su prójimo. En todo caso, podemos asimilar la idea de Tolstói a los empresarios prebendarios que con su alianza con el poder de turno explotan a la gente a través de precios más elevados, calidad inferior o las dos cosas al unísono. (Al margen decimos que Dostoievski -nacido siete años después que Tolstói- tenía una comprensión bastante acabada de la economía lo cual se conjetura fue como consecuencia de su lectura de dos rusos becados por Catalina la Grande a la cátedra de Adam Smith en Glasgow en 1761 cuando el escocés había completado su primera obra y estaba trabajando en la segunda).

Ravier cita el ejemplo sugerido por Leonard Read en cuanto al problema del conocimiento que está fraccionado y disperso entre millones de personas que al actuar en su interés personal generan resultados más allá de sus capacidades (a veces conocimiento tácito como diría Michael Polanyi, es decir, habilidades que no pueden articularse por el propio conocedor de la faena en cuestión). Y este proceso se coordina a través del sistema de precios que cuando es adulterado por intervenciones gubernamentales, se producen faltantes y desajustes de diversa naturaleza que, como sabemos, si se decide abolir la propiedad privada, el sistema colapsa puesto que no hay contabilidad ni posibilidad de evaluación de proyectos.

También Ravier se detiene en este meduloso escudriñar en la obra más difundida de Galeano en el modelo de competencia perfecta en el que uno de los supuestos consiste en el conocimiento perfecto de los factores relevantes, con lo que, como se ha puesto de manifiesto en repetidas ocasiones, desaparece la figura del empresario, desaparece la misma competencia, el arbitraje y la existencia del dinero puesto que en este supuesto no habría imprevistos con lo cual toda la estructura económica se derrumbaría.

Hacia el final de sus días, Galeano manifestó que no estaba conforme con lo escrito en Las venas abiertas de América Latina a lo que agregó varias observaciones personales como que en vista de ello se “cayó del mundo” y no sabe “por qué puerta entrarle”. A raíz de ello volví a escribir sobre ese autor en una de mis columnas semanales hace un par de años, esta vez en mi “Carta abierta a Eduardo Galeano” en base a lo cual amigos comunes se comunicaron con él para sugerir un debate conmigo en Montevideo, invitación a la que respondió que prefería dejarlo para más adelante puesto que no estaba bien de salud. Pensamos que se trataba de un amable pretexto… pero al poco tiempo, murió.

El segundo ensayo de este libro para el que hago este introito telegráfico, alude principal aunque no exclusivamente al delicado asunto de la democracia o, mejor dicho, al desbarranque de lo que los Giovanni Sartori de nuestra época han entendido por democracia para en gran medida convertirla en mera cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida.

Actualmente hay varios trabajos en los que al percatarse los autores del antedicho problema, han propuesto medidas concretas para limitar a ambas Cámaras en el Legislativo, medidas para facilitar al máximo los procesos de arbitraje privado en el contexto de la justicia, y la lectura de un pasaje de la obra más conocida de Montesquieu aplicada al Ejecutivo apunta que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” lo cual incentivaría a la gente a ocuparse de resguardar sus vidas y haciendas que es precisamente lo que se necesita para fortalecer las instituciones y no estar pendiente de nombres propios que son del todo irrelevantes para preservar sus libertades.

También han surgido propuestas para limitar el gasto público, prohibir el déficit presupuestario y el endeudamiento estatal refutando las ideas de supuestas ventajas intergeneracionales en el contexto de aquella contradicción en términos denominada “inversión pública”, la eliminación de la banca central, la implantación de un genuino federalismo fiscal y eliminar los impuestos directos al efecto de beneficiar especialmente a los más pobres, dado que sus salarios dependen exclusivamente de las tasas de capitalización, tal como lo sugería Juan Bautista Alberdi entre los argentinos y los Padres Fundadores en Estados Unidos. Por último, en su momento he propuesto acoplar a lo dicho la reconsideración de la idea del Triunvirato discutido en base a muy fértiles argumentaciones en la Asamblea Constituyente estadounidense para evitar caudillismos y otras conductas que se parecen más a una monarquía.

Puede discreparse con las políticas aquí mencionadas, pero lo que no puede es quedarse con los brazos cruzados esperando un milagro cuando a ojos vista en todos lados el Leviatán está carcomiendo los derechos de las personas que obstaculiza la realización de sus proyectos de vida que no lesionan iguales derechos de otros en una precipitada barranca abajo y, paradójicamente, “en nombre de la democracia”.

El denominado “constitucionalismo popular” se ha transformado en un listado de pseudo derechos a contracorriente de la tradición que comenzó a esbozarse con los Fueros de León de 1188 y con la Carta Magna de 1215, cuyos objetos estribaban en el establecimiento de vallas al poder.

Por último, en este segundo ensayo, el autor considera la trascendencia de la libertad de prensa. Como es sabido, constituye un aspecto central no solo para denunciar abusos de poder sino que la plena libertad para expresar el pensamiento resulta básica para insertarse en el proceso evolutivo del conocimiento. A esto debiéramos agregar la necesidad de asignar derechos de propiedad al espectro electromagnético para evitar la peligrosa figura de las “concesiones”, al tiempo que debieran liquidarse todas las “agencias oficiales de noticias” para despolitizar ese campo tan sensible.

El tercer ensayo de Ravier, también aleccionador igual que los anteriores, apunta a varios temas pero estimo el que sobresale con mayor fuerza es la manía de la guillotina horizontal. En esta línea debe señalarse que en una sociedad abierta cada persona al votar en el supermercado y afines pone de manifiesto sus preferencias y, de ese modo, va estableciendo desigualdades que al ser dirigidas a quienes mejor atienden esas demandas se maximiza la antes referida capitalización. Por supuesto que estas no son posiciones patrimoniales irrevocables, se modifican según sean los cambiantes deseos de la gente. Las ganancias indican que se dio en la tecla y los quebrantos muestran el yerro. El delta de las desigualdades solo significa que esas son las diferencias de ingresos y patrimonios que las personas al momento han votado en el plebiscito diario del mercado.

Las ensoñaciones de la redistribución de ingresos no hacen más que volver a distribuir por la fuerza lo que libre y voluntariamente distribuyó el mercado con el consiguiente derroche de capital. Anthony de Jasay pone de manifiesto que la metáfora del deporte en cuando al correlato de los ingresos con una carrera de cien metros llanos es autodestructiva, puesto que a poco andar se percibe que el que llegó primero e hizo el esfuerzo adecuado verá su éxito diluirse puesto que “en la próxima largada en la carrera de la vida”, para ser consistente con esta postura igualitaria, habrá que aplicar nuevamente la guillotina horizontal en otra redistribución.

El autor desmenuza las elucubraciones de autores como Piketty quien, como se ha marcado varias veces, incurre en gruesos errores estadísticos y conceptuales al tiempo que se subrayan equívocos de envergadura al tomar la riqueza como algo estático y sujeto a la suma cero. La envidia es sin duda un factor que está presente en los embates a favor del igualitarismo, en ese sentido cierro estas líneas con un cuento que reitera Thomas Sowell. Se dice que en un pueblo había dos campesinos extremadamente pobres: Iván y Boris. Lo único que los diferenciaba era que Boris tenía una cabra. En un momento dado, Iván se topa con una lámpara de Aladino que al frotarla aparece el sujeto que le dice a Iván que puede elegir que se realice cualquier deseo en cualquier sentido. Después de alguna cavilación, Iván declara su deseo y dice: “que se muera la cabra de Boris”.

                                                          Alberto Benegas Lynch (h)

                                      Presidente de la Sección Ciencias Económicas

                                                     Academia Nacional de Ciencias

                                                           Buenos Aires, Argentina