Avatar de Desconocido

Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

ASALTOS EN NOMBRE DEL CAPITALISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Como he consignado antes la expresión “capitalismo” no es la que más me entusiasma puesto que remite a lo material y la sociedad libre se base en valores que van mucho más allá de lo crematístico. Se base ante todo en principios éticos. Por eso prefiero la tan atractiva e ilustrativa palabra “liberalismo” que como lo he definido hace tiempo en uno de mis primeros libros es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. De todos modos autores como Michael Novak derivan de caput la idea de capitalismo en el sentido de creatividad, iniciativa, emprendimientos, imaginación y conceptos equivalentes.

En  cualquier caso lo que intento demostrar en esta nota periodística es que resulta esencial comprender que el capitalismo definido como la libertad contractual y la consiguiente preservación de los derechos de las personas, comenzando con su propia vida y siguiendo con la libertad de expresar sus ideas y usar y disponer de lo adquirido legítimamente, se contrapone en el sentido más riguroso a cualquier alianza entre el poder político y mal llamados empresarios (mal llamados porque no compiten en mercados abiertos sino que apuntan a mercados cautivos al efecto de esquilmar a sus semejantes).

En este sentido tienen razón los críticos del capitalismo cuando observan que en su nombre se cometen todo tipo de asaltos a los miembros de la comunidad. Por las razones expresadas, la crítica se dirige a un blanco equivocado puesto que no se trata de capitalismo sino de un aparato infame de intervencionismo estatal y una lesión grave a los procesos de mercado y a los marcos institucionales civilizados.

Ya Adam Smith proclamó en 1776 en su libro más conocido que “Siempre está en interés del comerciante ampliar su mercado y reducir la competencia. La ampliación del mercado es frecuentemente del agrado del público, pero reducir la competencia es contrario a sus intereses y sólo sirve para que los comerciantes aumenten sus ganancias sobre lo que naturalmente hubieran  sido  así imponer, para su propio beneficio, un impuesto absurdo sobre el resto de sus compatriotas”. Y más contundente aun en la misma obra Smith declara sobre el empresario prebendario “tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello lo han engañado y oprimido efectivamente en muchas ocasiones”.

En la actualidad, en pleno siglo xxi, tal vez el libro más gráfico sobre lo dicho sea Bought and Paid For de Charles Gasparino, periodista que escribe en el Wall Street Journal, en Newsweek y comentarista senior de Fox News. En este libro se detallan con nombre propios las empresas y los ejecutivos que reiteradamente se alían con el poder de turno en Estados Unidos para sacar tajada a expensas de su prójimo y tejer los más sucios negociados, algo que no puede menos que definirse como un pantano hediondo en perjuicio de los trabajadores que no tienen poder de lobby. Transcribo de esta obra una de las conclusiones más relevantes del autor: “Me he dado cuenta que a menos que algo cambie (y pronto), a menos que el contribuyente estadounidense – el votante ordinario- actúe para revertir la expansión sin precedentes del gobierno que está convirtiendo lo que solía ser el bastión del capitalismo en un estado intervencionista, a menos que esto ocurra el presente siglo no será el siglo estadounidense”. 

Algo está muy podrido en Dinamarca diría Shakespeare. En la medida en que se generalice esta alianza infernal las bases de la sociedad libre se carcomen a pasos agigantados y, como queda dicho, se desdibuja y se confunde el capitalismo con su opuesto. Es realmente bochornoso que se critique el capitalismo en un mundo donde no solo avanzan los ladrones de guante blanco mal llamados comerciantes donde  se incrementa la deuda estatal, se hacen más pesadas las cargas tributarias, se manipula la moneda, se eleva el gasto público a niveles elefantiásicos y se incrementan las regulaciones en proporciones insostenibles.

Sin duda que todas las críticas no son inocentes, en muchos casos lo que se pretende es debilitar aun más el sistema que resulta claro hace agua por los cuatro costados debido al avance de las ideas socialistas.

En este último sentido, es del caso subrayar que el método más eficiente para la penetración socialista es el sistema fascista que significa que se permite el registro de la propiedad pero usa y dispone el gobierno, a diferencia del socialismo más abierto que usa y dispone la propiedad directamente el gobierno sin atajo alguno. El  fascismo hace de precalentamiento y prepara el camino a la socialización total. Esto es así no solo porque resulta en general más digerible para la gente la manipulación desde el gobierno respecto a la expropiación lisa y llana, sino que frente a los desaguisados que provoca el sistema el gobierno se escuda en el hecho de que los responsables son los titulares aunque se deba al intervencionismo.

Esto del fascismo puede aparecer como una receta alejada pero está encima nuestro diariamente. Veamos los sistemas educativos en los que las denominadas instituciones privadas en verdad están privadas de decidir en su totalidad la estructura curricular que debe ser aprobada por ministerios de educación y similares. Veamos algo tan pedestre como los taxis en la mayor parte de las ciudades: el color con que están pintados, los horarios de trabajo y las tarifas están determinadas por los gobiernos con lo que la propiedad es otra vez nominal y así sucesivamente en los sectores y áreas más importantes.

Mi libro titulado Las oligarquías reinantes, que lleva un muy generoso prólogo de Jean-François Revel que subraya la tesis que expongo, está prácticamente dedicado a las componendas de estos barones feudales y sus socios para el saqueo de sus semejantes con la careta del empresariado. A continuación voy a reproducir parte de un pequeño relato de este libro al efecto de ilustrar el tema grave que estamos comentando.

Estaba caminando por un terragal en Chichicastenango, era un día de feria de modo que incluso las calles alejadas estaban abarrotadas (casi más turistas que locales). En Guatemala cada pueblito tiene sus atuendos particulares. Los más vistosos y atractivos son los huípiles, una especie de poncho de largo variado con coloridos y dibujos trabajados cuidadosamente en telares caseros y que usan las mujeres en combinación con faldas más bien lisas. En el huípil de Chichicastenango predomina el violeta, matizado con verdes fuertes y un negro retinto con algunos bordados de pájaros de la zona. Algunos turistas recalcitrantes los ponen en bastidores y los cuelgan en sus livings iluminados por las consabidas dicroicas.

El aire en ese lugar es de una pureza que acaricia los pulmones, probablemente debido a la altura y, en esa época del año, el cielo está casi siempre azul sin nubes a la vista. La temperatura acoge a los transeúntes con la más amable de las hospitalidades. En realidad estaba yo en busca de un San Juan Bautista tallado en un palo de procesión. Pero no logré mi cometido, puesto que ni siquiera llegué a la plaza principal donde se desplegaban las largas mesas con los cachivaches de la feria (mucho más adelante mi María me consiguió lo que ese día andaba buscando).

Confieso que el turismo más bien me disgusta y que los tumultos me trasmiten una mezcla de desconcierto y de temor irrefrenable. En cualquier caso, me llamó la atención la cara de un hombre mayor que estaba conversando con un chiquito en una de las maltrechas veredas del lugar por donde se filtraba pasto y algún arbusto que tozudamente se abría paso empujando piedras y otros materiales de construcción evidentemente colocados sin escuadra y, aparentemente, sin mucho esmero. No soy muy afecto a la conversación con extraños (incluso en mis viajes en avión si me toca de vecino un entusiasta de lo cotorril, de inmediato alego problemas en las cuerdas vocales), pero en este caso no sé si por la mirada tierna de esta persona o por la gracia que me hizo el chico, el hecho es que me detuve frente a la solicitud del anciano para que lo atendiera. Hablaba un español por momentos atravesado con su dialecto maya (Chomsky dice que la diferencia entre un dialecto y una lengua estriba en que esta última es impuesta por las armas).

No soy bueno para calcular edades pero tendría poco más de ochenta primaveras sobre los hombros. Pude constatar un cuadro de situación que no es nuevo pero al recibirlo de primera mano se torna más patético. Más dramático resultaba el cuento cuando uno miraba los profundos y significativos surcos cincelados por una vida ruda en el rostro de este indito anciano y anfitrión de la jornada.

 Según parece este personaje, en sus épocas mozas, trabajaba mediodía en casa de un conocido empresario en la ciudad. Por ese entonces no vivía en Chichicastenango sino a unos diez kilómetros al sur de Guatemala. Tenía otros compinches que hacían diariamente el mismo recorrido. Todos en bicicleta. Entre algunos pobladores estaba muy generalizado este medio de locomoción. Si mal no recuerdo, las bicicletas costaban poco menos de ciento veinte quetzales hasta que se produjo el desastre para esta gente laboriosa y cumplidora: los rodados de ese tipo subieron a bastante más del doble del precio. Al principio las reposiciones se fueron estirando con arreglos en general precarios, pero finalmente la situación se hizo insostenible especialmente para las nuevas generaciones que debían trabajar y no les resultaba posible mudarse a la ciudad. Aquel instrumento de trabajo se tornaba inaccesible. Antes de la abrupta suba, las bicicletas eran en su mayoría importadas de Taiwan. Ahora una de las cámaras locales de empresarios convenció al gobierno que prohibiera la importación a los efectos de permitir que los guatemaltecos abastecieran sus propios requerimientos y así “promover la industria nacional y el pleno empleo”.

Además se recurrió al anzuelo envenenado al argüir que de ese modo el país podría contribuir a su independencia y, pasado un tiempo, después de acumular experiencia, la industria local podría mostrar su competitividad y consolidar beneficios para todos.

¿Cuáles beneficios? Si antes compraban un artículo más barato y de calidad superior evidentemente estarán peor. Si había empresarios que consideraban que podían mejorar la marca, nada les impedía poner manos a la obra y si la evaluación de ese proyecto mostraba que habría pérdidas en los primeros períodos que serían más que compensadas en los siguientes, debieron darse cuenta que nada justifica que los referidos quebrantos sean trasladados, a través de aranceles, sobre las espaldas de los consumidores ajenos al negocio. Lo que sucede es que resulta más cómodo que buscar socios para financiar el emprendimiento y más provechoso contar con un mercado cautivo que facilita las más ambiciosas aventuras, ya que si se toma como parámetro la rentabilidad frecuentemente resulta en un cuento chino (con perdón de los chinos).

Ocurre que para esos fantoches como los de nuestra historia -acotada para esta nota periodística- resulta más atractivo explotar a los demás que servirlos en competencia. Esta acrobacia verbal de la que hacen alarde estos pseudoempresarios está en alguna medida sustentada por algunos ingenuos capaces de tragarse cualquier sapo y por quienes despliegan ideas que con desfachatez llaman “proteccionistas”.

Aquel tipo de empresarios requiere de estos apoyos, puesto que sería insostenible la argumentación basada en que necesitan mejores mansiones, automóviles más confortables y adornar con joyas a sus mujeres o amantes. El apoyo logístico es indispensable. Los intereses creados tienen que escudarse en presentaciones de apariencia filosófica para poder prosperar. Sin duda que allí donde se ofrecen privilegios habrá largas filas para solicitarlos. De lo que se trata es de producir cambios institucionales de características tales que imposibiliten o por lo menos obstaculicen en grado sumo la dádiva. Para ser ecuánimes debemos cargar más las tintas en el clima de ideas que hace posible el mercado cautivo que en la voracidad empresarial que sólo responde a los accionistas quienes no demandan filosofía sino retorno sobre la inversión, en este caso mal habido. Esta parte del relato que estampo en el mencionado libro muestra apenas un rincón de los avatares de los bandidos que se refugian en la figura del empresario que nada tiene que ver con el significado del empresario en una sociedad libre donde cada uno debe esforzarse por atender a su prójimo y si da en la tecla obtiene ganancias y si yerra incurre en quebrantos, siempre sin privilegio alguno. Es obligación moral de todos desenmascarar aquellos filibusteros que arruinan nuestras vidas aunque el costo resulte alto porque como ha dicho José Martí con volcánica temperatura moral: “mas vale un minuto de pie que una vida de rodillas”.

El comercio – Bartolomé Mitre

La República Argentina, señores, es la única nación sudamericana que no ha sido poblada por el aliciente de los metales preciosos, la única que no ha debido su formación, su desarrollo y su prosperidad gradual a esa magia del oro y de la plata encerrada en su seno que atrajo hacia las playas americanas la inmigración europea desde el descubrimiento del Nuevo Mundo. Méjico con sus ricas minas, el Perú con sus montones de oro, Chile con su plata, el Brasil con su oro y pedrerías, las perlas de las Antillas y Tierra Firme, las esmeraldas y los ópalos de Centro América, y más o menos todas las demás comarcas cuyos nombres se leen en el mapa de este continente, debieron su fomento y su origen a este género de riquezas de que nosotros carecíamos. Por mucho tiempo su riqueza fue medida por sus montones de oro, plata y piedras preciosas que hacían resaltar nuestra pobreza, mientras que hoy esos montones de brillantes son escoria de hornallas apagadas en comparación de las riquezas que el comercio y la industria ha creado y que ya el oro no puede medir por sí solo.

Nosotros los desheredados de esta lluvia de oro, no teníamos, ni aun las ricas producciones de los trópicos que convidaban a los nuevos pobladores con pingües ganancias. Llanuras cubiertas de malezas, encerradas entre montañas estériles, ríos sin piedra y terrenos caóticos que la limitaban, la colonización del Río de la Plata es un fenómeno digno de llamar la atención, porque es la única de la época del descubrimiento que en Sud América haya nacido y crecido pidiendo a la tierra únicamente el pan de cada día por medio del trabajo productor; la única que nació y creció en medio del hambre y de la miseria, no obstante de que al nacer fue bautizada con un nombre que sólo el porvenir debía justificar. El nombre del Río de la Plata fue una promesa brillante que el comercio se ha encargado de realizar.

Seguir leyendo aquí.

CONOCIMIENTO DISPERSO E INTELIGENCIA CENTRAL – Rogelio Pontón

Las siguientes consideraciones parecerán a algunos lectores alejadas totalmente del tema central de este artículo, que es el de la dispersión del conocimiento y el cálculo económico en una comunidad socialista. En realidad, algunas de esas consideraciones desbordan dicha temática; pero así y todo nos ha parecido que de una manera u otra cada uno de los siguientes puntos están íntimamente relacionados con la discusión de fondo.

Seguir leyendo aquí.

La reforma económica de 1948 – Enrique Cerdá Omiste

En 1948, Alemania estaba aún ocupada, y su territorio dividido y gobernado por las fuerzas militares de los países aliados que habían derrotado la aventura imperialista de Adolf Hitler.

La actividad económica estaba paralizada por la destrucción material causada por la guerra, los racionamientos, los controles burocráticos sobre la producción y sobre los precios. En los mer- cados clandestinos, los cigarrillos eran moneda más confiable que los marcos oficiales. Para su subsistencia, una parte cuantiosa de la población alemana dependía de la ayuda extranjera.

El gran cambio de la política económica ocurrió en junio de 1948, cuando el gobierno estableció límites estrictos al gasto oficial, prohibió sus déficit, empezó a eliminar las restricciones al ejercicio de los derechos económicos de sus habitantes y creó una nueva moneda.

La libertad económica convirtió al trabajo, al esfuerzo personal, al ahorro y a la inversión en actividades rentables y permitió una rápida recuperación de la economía de Alemania occidental. Los resultados fueron tan favorables y se obtuvieron tan rápidamente que la historia recuerda esta experiencia como “el milagro económico alemán”.

El propósito de este artículo es analizar algunos aspectos de este instructivo episodio de la historia alemana.

Seguir leyendo aquí.

LA ONTOLOGÍA Y FUNCIÓN DEL DINERO. Los fundamentos filosóficos de las instituciones monetarias – por Leonidas Zelmanovitz

Discípulo aventajado del profesor Jesús Huerta de Soto, Leonidas Zelmanovitz se sumerge, a través de La ontología y función del dinero, en un tema tan apasionante como es el estudio —diacrónico y sincrónico— del dinero tal como lo entendimos en el pasado y tal como lo entendemos ahora. Sus funciones, su entidad como institución social y el sentido de su evolución a través del tiempo se despliegan en las páginas de este extenso y apasionante ensayo.

Zelmanovitz se hace eco de los peligros que entraña no llegar a interiorizar debidamente una ética del dinero en consonancia con la filosofía de la libertad, y aboga por la obligación, por parte de las autoridades responsables, de conocer qué clase de regímenes institucionales pueden considerarse buen dinero para el tipo de sociedad en la que vivimos.

Aquí el índice del libro.

Aquí la Presentación de Jesús Huerta de Soto y el Prólogo a la primera edición española de Adrián Ravier

Leonidas Zelmanovitz (Brasil, 1961) es miembro de Liberty Fund desde enero de 2006, antes de ser un hombre de negocios en Brasil. Está graduado en Derecho en la Universidad Federal de Porto Alegre (Brasil), posee un Máster en Economía Austriaca de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (España), y un Doctorado en Economía Aplicada de la misma universidad.

La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith – por Ezequiel Gallo

Estas reflexiones girarán alrededor de algunos aportes realizados por la «Escuela Escocesa» al análisis de la evolución de las instituciones sociales. Me circunscribiré en estas notas a las obras de sus tres autores más conocidos (Hume, Ferguson y Smith). Quedarán de lado, en consecuencia, los aportes realizados por otros miembros de la escuela, como los filósofos Hutcheson y Kamer, el historiador William Robertson y el sociólogo John Millar. Dentro de la vasta producción de los tres autores escogidos se indagará exclusivamente en lo que respecta a su contribución al análisis de los principios que rigen la evolución, progreso y retroceso de las sociedades humanas. Quedan excluidos de este trabajo los importantes aportes realizados por David Hume en el campo de la filosofÌa y la historia, por Adam Smith en el de la economía política y por Ferguson en el de las ciencias sociales.1

La obra de los autores escoceses es considerada por muchos como «fundadora» de una tradición intelectual que se extiende hasta nuestros días. La expresión es genéricamente correcta pero no está desprovista de ambigüedades. Nada hubiera resultado más incómodo al espíritu de la obra de nuestros tres autores que suponer que su pensamiento no es heredero de tradiciones anteriores. Aceptar esto hubiera sido negar los fundamentos en que descansa todo pensamiento de raigambre evolucionista. Resulta imposible desconocer, en este sentido, la influencia de autores como Bacon, Locke, Grotius, Puffendorf, Montesquieu, Newton, etc. Muy próximo a los escoceses surge nítidamente el nombre de Bernard de Mandeville, ese autor mordaz y un tanto escandaloso para los cánones de la Època. El término «fundador», por lo tanto, hace referencia al primer intento de sistematización de una tradición que es tributaria de muchos apartes de igual intensidad intelectual.2

Seguir leyendo aquí.

Hayek, la evolución cultural y sus críticos – Eduardo A. Zimmermann

Para algunos estudiosos del resurgimiento liberal de los últimos tiempos la obra de F. A. Hayek se destaca como «el más poderoso programa de investigación de la filosofía política liberal clásica.»2 Sus ideas sobre el surgimiento de órdenes espontáneos y sobre la evolución cultural como mecanismo de selección de esos órdenes constituyen valiosas herramientas para comprender la transformación de la civilización en lo que se ha llamado la Gran Sociedad o la Sociedad Abierta, interrogante reflejado en la cita de Dugald Stewart que encabeza estas páginas.

Por otra parte, este resurgimiento liberal es impulsado también por otras corrientes que en cierto modo rechazan muchos de los principios postulados por Hayek. Se ha sostenido que con- fluyen en la obra de Hayek principios conservadores y liberales que no pueden ser armonizados; se han señalado puntos que necesitan probablemente una mayor elaboración dentro de sus ideas de orden espontáneo y evolución cultural. Por último, se ha criticado también el hecho de que estas ideas, a partir de un plano descriptivo, hayan pasado a ser utilizadas corno un criterio normativo para la evaluación de lis instituciones sociales, Antes de analizar el contenido de las críticas efectuadas a su pensamiento, es conveniente exponer en forma resumida cuál ha sido la posición de Hayek al respecto.

Seguir leyendo aquí.

Hacia una teoría de los derechos de propiedad – Harold Demsetz

Cuando en el mercado se realiza una transacción se intercambian dos «paquetes» de derechos de propiedad. Una parte de esos derechos está ligada al bien o al servicio concreto que se intercambia, pero es el valor de los derechos de propiedad el que determina el valor de lo que cambia de propietario. Las preguntas dirigidas a determinar la aparición y la combinación de tales componentes del paquete de derechos de propiedad son en realidad previas a las que comúnmente se hacen los economistas. Éstos, por lo general, toman los derechos de propiedad como un dato y buscan explicaciones para las fuerzas que determinan el precio o el número de bienes a los que se refieren tales derechos de propiedad.

En este trabajo procuro llamar la atención sobre algunos de los elementos para una teoría económica de los derechos de propiedad. El trabajo está organizado en tres partes. En la primera se desarrolla brevemente el concepto y el rol de los derechos de propiedad en los sistemas sociales. La segunda parte ofrece una guía para investigar la aparición de los derechos de propiedad. La tercera parte establece algunos principios pertinentes para comprender la combinación de los derechos de propiedad con vistas a formar determinados tipos de derechos y determinar así la estructura de propiedad que está asociada a los distintos tipos.

Seguir leyendo aquí.

Entrevista con Visión Liberal: Una maestría para bajar a tierra las teorías económicas

«Para ser economista no se puede ser solo economista». La frase es de Von Hayek pero la cita Adrián Ravier, director de la maestría en economía y ciencias políticas que dictará en Eseade, Junto al también economista y subdirector de la maestría, Iván Carrino, Ravier cree que es imprescindible unir las disciplinas. «La mayoría de los programas, en su afán por la matemática y desarrollo de los modelos, muchas veces deja totalmente de lado la política, el derecho, las instituciones, la psicología, antropología, filosofía. Eso termina generando un profesional que tiene una visión sesgada. Para nosotros un economista tiene que ser alguien con una visión más amplia», explica Ravier en conversación con Visión Liberal.

¿Es solo para economistas?

– No necesariamente. El programa de ESEADE es un programa más amplio, y la diversidad de los alumnos ayuda a que en el aula se genere un intercambio intelectual diferente. Que hayan politólogos, abogados, historiadores, comunicadores, etc. genera un intercambio muy enriquecedor.

– ¿Por qué es importante relacionar la economía con la política?

La economía pura es fundamental. Pero cuando analizamos el mundo real o la Argentina es necesario acompañar esos modelos con hipótesis auxiliares o condiciones iniciales, que en definitiva son las condiciones de la Argentina de hoy con un determinado nivel de inflación, cuestiones políticas, sindicatos que rodean las políticas económicas que se puedan aplicar. El programa termina con el diseño de políticas públicas, esas políticas no pueden basarse sólo en la teoría pura, sino que tienen que partir de lo que es la antropología y la cultura de la sociedad en la que se aplica esta política. Me parece que es clave el análisis multidisciplinar que se ofrece en el programa con profesionales de distintas áreas. El cuerpo docente esta especialmente seleccionado para cubrir las temáticas de las que estamos hablando.

– Cuando los números no cierran, ¿qué hacemos con las teorías económicas?

Las dificultades de la Argentina tienen que ver con que los economistas son sólo economistas. Yo creo que las dificultades no son económicas. Yo siempre le digo a mis alumnos que el problema técnico que tiene la Argentina es muy fácil de explicar; uno muestra el nivel de gasto público, recaudación tributaria, déficit presupuestario, a partir de ahí muestra cómo se financia, los desequilibrios que existen, fiscales, monetarios, cambiarios, que se generan justamente por ese problema fiscal. A partir de ahí analizamos el impacto del exceso de impuesto, emisión monetaria, tasas de interés elevadas, inflación, la mochila que se carga en las empresas, que genera poca actividad, empleo, pobreza etc. Es muy fácil de explicar en un curso corto de economía. Ahí es donde llega la política, y donde empiezan las relaciones de poder y los problemas son otros y mucho más complicados que lo que un economista a secas puede advertir. Por eso es fundamental que esa teoría económica se baje a tierra. Cada sociedad es diferente y las dificultades para aplicar políticas son diferentes.

– No es la economía, entonces: es la educación

No es fácil en una Argentina con nuestra historia y cultura cambiar hacia un modelo de mercado, que es lo que creo yo y en el programa de ESEADE, que es la respuesta que Argentina necesita para salir de la decadencia en la que está hundida hace décadas. 

Si permanentemente la cultura que nos acompaña nos lleva a un paternalismo enorme donde le pedimos todo al Estado, ese Dios Estado y líderes políticos terminan generando las políticas que generan. No porque decidan así sino que la demanda popular lleva a ese tipo de medidas que provocan resultados tan nefastos como los que tenemos.

Publicado originalmente en Visión Liberal, jueves 14 de febrero de 2019.

La dimensión moral del financiamiento de la deuda – James M. Buchanan

Los economistas han descuidado casi totalmente los elementos éticos o morales del comportamiento generado por el moderno régimen existente de continuos y acelerados déficit presupuestarios gubernamentales. En la medida en que los principios morales afectan las restricciones de la elección, tal descuido es inexcusable. Nos incumbe a nosotros, como analistas económicos, comprender cómo influye la ética en la elección y, en especial, de qué manera la erosión de los preceptos morales puede modificar el funcionamiento establecido de las instituciones políticas y económicas. Es necesario contar con una teoría empírica positiva del funcionamiento de las pautas morales, incluso si queremos dejar la prédica a los moralistas.

La comprensión de la forma en que las restricciones morales afectan los patrones de los resultados políticos no requiere necesariamente una comprensión similar de los orígenes de las propias pautas morales. En realidad, uno de los argumentos que quiero desarrollar en este ensayo depende críticamente de los atributos «no-racionales» de tales pautas morales. Los efectos de las restricciones morales son, por supuesto, completamente simétricos. Si las normas morales restringen las opciones, es decir, si existe lo que podríamos denominar una frontera de factibilidad moral, es evidente entonces que la erosión o destrucción de las normas morales flexibiliza las restricciones, y con ello desplaza la frontera «hacia afuera», con consecuencias que nosotros, como economistas, estamos en condiciones de analizar.

En mi opinión, el explosivo aumento del financiamiento de la deuda o del déficit resultante de los gastos del consumo público puede explicarse, al menos en parte, por la erosión de las restricciones morales preexistentes. Los hombres que toman las decisiones políticas no «descubrieron» una nueva tecnología de financiamiento de la deuda a lo largo de la mitad de este siglo. Su autointerés racional los llevaba a recurrir siempre a fuentes de ingresos públicos exentas de impuestos. Lo que sucedió en este siglo fue que el financiamiento de la deuda dejó de ser inmoral. Tenemos aquí un ejemplo casi perfecto del daño que puede causar el «constructivismo racionalista» (para usar peyorativamente este término en el sentido hayekiano). El intento de imponer un comportamiento de «elección racional» a quienes estaban constreñidos por normas morales preexistentes, derivadas de un proceso evolutivo cultural, ha permitido, de hecho, una reversión hacia esos instintos más primitivos que anteriormente se mantenían bajo control.

Debemos evaluar esta dimensión moral del moderno sistema fiscal si queremos hallar una solución para este estado de cosas. Las normas abstractas que han evolucionado inconscientemente no pueden ser restauradas de manera racional. Sin embargo, es posible introducir restricciones racionalmente elegidas que sirvan en parte como sustitutos de las pautas morales erosionadas. Los presupuestos equilibrados que obedecían antes a pautas morales, no eran mencionados nunca en forma explícita en los documentos constitucionales formales. En ausencia de tales pautas, sin embargo, las restricciones presupuestarias deben ser explícitamente elegidas, impuestas y cumplimentadas.

Seguir leyendo aquí.