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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

¿QUÉ DIRÍA TOCQUEVILLE HOY SOBRE ESTADOS UNIDOS? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLA veces es de interés embarcarse en un ejercicio contrafactual y esforzarse en una mirada a la historia y al presente muñido de una lente que nos haga pensar que hubiera ocurrido si las cosas hubieran sido distintas de las que fueron. En nuestro caso sugiero una perspectiva para meditar sobre las posibles reflexiones de un gran cientista político sobre el que se conocen sus consideraciones y su filosofía pero extrapoladas al presente.

Esta gimnasia no es original puesto que otros la han llevado a cabo. Tal vez el autor más destacado en la historia contrafactual sea Niall Ferguson. En todo caso, en esta nota periodística me refiero al gran estudioso de los Estados Unidos, el decimonónico Alexis de Tocqueville. Como es sabido, el libro más conocido de este pensador de fuste es La democracia en América donde describe los aspectos medulares de la vida estadounidense en su época.

Tocqueville destaca la importancia que el pueblo de Estados Unidos le atribuye al esfuerzo y al mérito, la sabia separación entre el poder político y la religión (la “doctrina de la muralla” en palabras de Jefferson), el federalismo y el no ceder poderes al gobierno central por parte de las gobernaciones locales con la defensa de una posible secesión, las instituciones mixtas en la constitución del gobierno y la separación de poderes, la negación de “las mayorías omnipotentes” porque  “por encima de ella en el mundo moral, se encuentra la humanidad, la justicia y la razón” puesto que “en cuanto a mi cuando siento que la mano del poder pesa sobre mi frente, poco me importa saber quien me oprime, y por cierto que no me hallo más dispuesto a poner mi frente bajo el yugo porque me lo presentan un millón de brazos” ya que “el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla”.

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Nobel de Economía 2016 para Oliver Hart y Bengt Holmström

nobelEl Nobel de Economía 2016 fue para el británico Oliver Hart y el finlandés Bengt Holmström por sus contribuciones a los mercados abiertos y a la teoría de los contratos, entre otros aportes.

Seguramente en los próximos días surgirá una extensa literatura analizando sus aportes, pero tentativamente podemos afirmar que parecen contribuciones que hay que agregar al mainline economics, es decir a la buena economía! Un avance a los aportes de Ronald Coase sobre el análisis económico del derecho y la teoría de la firma, o incluso a los trabajos de James M. Buchanan sobre economía constitucional.

Aquí las publicaciones de Oliver Hart

Aquí las publicaciones de Bengt Holmström

Links vinculados recomendados:

Entrevista a Bengt Holmström – Open markets: Why Bengt Holmstrom is An Economist You Should Know, 2013.

Post by Tyler Cowen on Oliver Hart.

Post by Tyler Cowen on Bengt Holmstrom.

Post by Alex Tabarrok on 2016 Nobel Prize.

 

EL ESTATISMO ES INCOMPATIBLE CON LO COMPLEJO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLFrecuentemente se sostiene que la intromisión de los aparatos estatales en las esferas privadas se justifica debido a la creciente complejidad del mundo moderno. Antes, se continúa diciendo, son comprensibles los indicadores de baja participación del estado en la vida privada debido a la relativa simplicidad de las cosas, ahora, en cambio, la situación se ha venido modificando por completo y todo es mucho más complicado.

Estas conclusiones son del todo erradas puesto que precisamente la mayor complejidad es la razón central para que los gobiernos no se inmiscuyan en las vidas y las haciendas de la gente. Esto es así por un motivo crucial de carácter epistemológico. Es decir debido a la teoría más rigurosa del conocimiento. Una mente -la del planificador- no puede ni remotamente abarcar las millones y millones de transacciones y arreglos contractuales varios entre los habitantes. Y no solo por la limitada capacidad intelectual de los humanos sino, sobre todo, porque los datos no están disponibles antes que ocurran los referidos intercambios que además se llevan a cabo en base a información y conocimientos que están inexorablemente fraccionados y dispersos entre aquellos millones y millones de operadores que, como si fuera poco, son permanentemente cambiantes y, para rematarla, muchos de esos conocimientos son tácitos, es decir, no articulables por el propio sujeto que posee el talento.

Muy al contrario de lo que habitualmente se sostiene, si las relaciones sociales fueran simples, las imposiciones gubernamentales en los negocios privados serían también perjudiciales puesto que los resultados serían otros de los preferidos por la gente, pero el daño sería muchísmo menor que el provocado en una sociedad compleja por las razones antes apuntadas.

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IV Jornadas Argentinas de Estudiantes de Economía (JAEEc)

La IV JAEEc se realizarán los días jueves 6 y viernes 7 de octubre de 2016 en la Universidad Nacional del Sur. En esta ocasión el eje temático principal sobre el cual se desarrollarán las JAEEc será ¿Hacia dónde vamos?: la Economía del siglo XXI. El mismo se dividirá en cuatro subejes:

ECONOMIA DEL SECTOR PÚBLICO: En este eje se analizarán las nuevas teorías y contextos que afectan la implementación de políticas públicas. Se abordarán interrogantes tales como: equilibrio entre medio ambiente y crecimiento; medición y erradicación de la pobreza; proporcionar educación para un mundo en constante cambio y que brinde igualdad de oportunidades; diseñar y mantener un sistema de salud eficiente, global y de calidad; por último, la inserción de la Argentina en el nuevo contexto mundial.

ECONOMÍA DEL SECTOR PRIVADO: En este eje se analizará el impacto de la tecnología y la innovación sobre la economía. En particular se profundizará su efecto sobre las finanzas corporativas y el mercado de trabajo.

TEORÍA ECONÓMICA: En este eje se profundizará sobre la evolución de la teoría económica. Esta cambia constantemente en respuesta a los acontecimientos del mundo real. Esto ha generado, entre otros cambios, un resurgimiento de las ideas marxianas y un campo como es el de la Economía del Comportamiento.

COYUNTURA ECONÓMICA: En este eje se abordarán cuestiones referidas a la actualidad y la coyuntura de la Argentina. El fin es analizar los problemas y fortalezas de la economía en su conjunto y la inserción de Argentina en un contexto globalizado, y como tal las tendencias y oportunidades que se pueden explotar en el país.

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Juntas monetarias para países en desarrollo – Hanke y Schuler

hankeLa primera edición la presentamos en 1995. Para entonces nos preocupaban la emisión monetaria desbordada y los altos índices de inflación. Hoy la situación se ha agravado en tal medida, que nos hemos propuesto exponer nuevamente estas ideas que buscan fortalecer nuestra moneda, haciéndola sana y totalmente convertible, erradicar los controles de precios y de cambio con tasas fijas que permitan crecer y desarrollar el aparato productivo nacional.

Aquí puede descargar el texto en formato PDF.

 

¿Por qué no podemos ver que estamos viviendo en una época de oro? – por Johan Norberg

norbergJohan Norberg sostiene que a pesar de que muchos se dejan llevar por los titulares negativos que abundan en la prensa global, los datos aportan evidencias contundentes de que la humanidad nunca ha estado más segura, saludable y próspera.

“Hemos caído en tiempos nefastos, la política es corrupta y el tejido social se está descomponiendo”. ¿Quién dijo eso? ¿Donald Trump o Bernie Sanders? ¿Nigel Farage o Marine Le Pen? Es difícil responder, dado que dicen cosas tan parecidas los populistas de izquierda y los de derecha. Todo está tan mal, así que saquemos a relucir a los chivos expiatorios y a los caballeros montados en caballos blancos.

El pesimismo conecta con el público. Una encuesta de YouGov concluyó que tan solo 5 por ciento de los británicos piensan que el mundo, considerando todas las cosas, está mejorando. Usted creería que los estadounidenses, quienes son crónicamente alegres, serían más optimistas —bueno, sí, 6 por ciento de ellos creen que el mundo está mejorando. Más estadounidenses creen en la astrología y en la reencarnación que en el progreso.

Si usted cree que nunca ha habido un mejor tiempo para estar vivo —que la humanidad nunca ha estado más segura, saludable, más próspera y menos desigual— entonces usted se encuentra en la minoría. Pero eso es lo que la evidencia muestra de manera incontrovertible. La pobreza, la desnutrición, el analfabetismo, el trabajo infantil y la mortalidad infantil están todas cayendo más rápido que en cualquier otra época en la historia humana. El riesgo de encontrarse en una guerra, sujeto a una dictadura o muriendo en un desastre natural es más bajo que nunca. La era de oro es ahora.

Estamos hechos para no creer en esto. Hemos evolucionado hasta volvernos sospechosos e inquietos: el miedo y la preocupación son herramientas de supervivencia. Los cazadores y recolectores que sobrevivieron tormentas repentinas y los depredadores eran los que tenían una tendencia de observar el horizonte y buscar en él nuevas amenazas, en lugar de descansar y disfrutar de la vista. Ellos nos dejaron a nosotros sus genes de stress. Por eso es que encontramos los relatos acerca de las cosas que van mal mucho más interesantes que los relatos acerca de las cosas que van bien. Esta es la razón por la que las malas noticias venden y los periódicos están llenos de ellas.

Los libros que dicen que el mundo está más o menos condenado también venden bien. Yo acabo de intentar hacer lo contrario. He escrito un libro llamado Progreso, acerca de los triunfos de la humanidad. Está escrito en parte como una advertencia: cuando no vemos el progreso que hemos logrado, empezamos a buscar chivos expiatorios por los problemas que todavía existen. Algunas veces, en el pasado y quizás hoy, hemos sido muy rápidos para decidir probar nuestra suerte con demagogos que ofrecen soluciones simples para hacer nuestras naciones grandiosas nuevamente —ya sea nacionalizando la economía, bloqueando las importaciones o expulsando a nuestros inmigrantes. Si creemos que no tenemos nada que perder al hacerlo, es porque nuestras memorias son defectuosas.

Considere el año 1828, cuando la revista The Spectator fue publicada por primera vez. La mayoría de las personas en Gran Bretaña vivían entonces en lo que ahora es considerada la pobreza extrema. La vida era desagradable (las personas todavía arrojaban sus desperdicios por la ventana), ruda (los cadáveres todavía se exhibían en horcas) y breve (en promedio duraba 30 años). Pero incluso en ese entonces las cosas habían estado mejorando. La primera edición de otro periódico del mismo nombre fue publicada en 1711 en una Gran Bretaña donde las personas sobrevivían con menos calorías promedio que aquellas que obtiene un niño promedio en la África Sub-Sahariana de hoy.

Karl Marx pensó que el capitalismo inevitablemente hacía a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Pero cuando Marx murió, sin embargo, el inglés promedio era tres veces más rico que cuando él nació, 65 años antes —nunca antes había la población experimentado algo así.

Ahora avancemos rápido hasta 1981. En ese entonces, casi nueve de cada diez chinos vivían en la pobreza extrema; ahora solo uno de cada diez vive así. En ese año, solo la mitad de la población mundial tenía acceso a agua potable. Ahora, 91 por ciento de la población lo tiene. En promedio, eso significa que 285.000 personas adicionales han adquirido acceso al agua potable cada día, durante los últimos 25 años. El comercio global ha conducido a una expansión de la riqueza de tal magnitud que es difícil de comprender. Durante los 25 años desde que se acabó la Guerra Fría, la riqueza económica global —o el PIB per cápita— ha aumentado casi tanto como lo hizo en los 25.000 años anteriores. No es coincidencia que dicho crecimiento haya venido de la mano del gobierno por la gente para la gente. Hace un cuarto de siglo, casi la mitad de los países del mundo eran democracias. Hoy, casi dos tercios lo son. Decir que la libertad todavía está marchando es una sutileza.

Parte de nuestro problema es nuestro éxito. Conforme nos enriquecemos, nuestra tolerancia de pobreza global disminuye. Así que nos enfurecemos más acerca de las injusticias. Las caridades con justa razón desean levantar fondos, así que llaman nuestra atención hacia los problemas de los más pobres del mundo. Pero desde que se acabó la Guerra Fría, la pobreza extrema ha caído de 37 por ciento a 9,6 por ciento —se encuentra en un solo dígito por primera vez en la historia.

Esto no ha sucedido mediante la destrucción de la clase media occidental. Los tiempos han sido difíciles desde la crisis financiera, pero a pesar de todo lo que se dice acerca de los estadounidenses “que se quedaron atrás”, el ingreso medio para los hogares de ingreso bajo y medio en EE.UU. ha aumentado en un 30 por ciento desde 1970. Y esto excluye todas las cosas a las que no se le puede poner un precio, como los avances en la medicina, unos 10 años adicionales de expectativa de vida, el Internet, el entretenimiento masivo, y aire y agua más limpios.

Hablando del agua, Disraeli describió al Tames como “una piscina oscura apestando con horrores inefables e intolerables”. Tan tarde como 1957, el río fue declarado biológicamente muerto. Hoy, está vigorosamente sano y contiene un sinnúmero de especies distintas de peces. La idea de que el medio ambiente limpio como un lienzo está siendo constantemente echado a perder por la humanidad es simplista y equivocada. Conforme nos volvemos más ricos, también nos hemos vuelto más limpios y verdes. La cantidad de petróleo derramado en nuestros océanos ha disminuido en un 99 por ciento desde 1970. Los bosques están resurgiendo, incluso en países emergentes como la India y China. Y la tecnología está ayudando a mitigar los efectos del calentamiento global.

Partes del mundo están cayéndose en pedazos, pero menos partes que antes. Los conflictos siempre acaparan los titulares, así que asumimos que nuestra era está plagada de violencia. Nos obsesionamos acerca de nuevas o continuas peleas, como la terrible guerra civil en Siria —pero olvidamos los conflictos que han terminado en países como Colombia, Sri Lanka, Angola y Chad. Recordamos las guerras recientes en Afganistán e Irak, que han matado a alrededor de 650.000 personas. Pero nos cuesta recordar que dos millones de personas murieron en conflictos en esos países durante la década de 1980. La amenaza de los terroristas yihadistas es nueva y terrorífica —pero los musulmanes matan a relativamente pocas personas. Los europeos incurren en un riesgo 30 veces mayor de ser asesinados por un homicida “normal” —y la tasa de homicidio en Europa se ha reducido a la mitad en solo dos décadas.

Desde casi cualquier ángulo, los seres humanos hoy viven vidas más prósperas, seguras y largas —y tenemos todos los datos que necesitamos para comprobarlo. Entonces, ¿por qué todos siguen convencidos de que al mundo le va cada vez peor? Porque eso es a lo que le prestamos atención, siendo nerviosos de pura sangre como somos. Los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tyersky han demostrado que la gente no basa sus presunciones en qué tan frecuentemente algo pasa, sino en qué tan fácil es recordar ejemplos de ello. Esta “heurística de la disponibilidad” significa que mientras más memorable es un asunto, pensaremos que es más probable.  Y, ¿qué es más memorable que el horror? ¿Qué recuerda mejor: el relato de su vecino acerca de un restaurante decente que sirve un excelente caldo de cordero, o su advertencia acerca del lugar en el que fue envenenado y vomitó encima de la esposa de su jefe?

Las malas noticias ahora viajan mucho más rápido. Tan solo hace unas pocas décadas, usted leería que una ciudad asiática con más de 100.000 personas fue destruida en un ciclón en una pequeña noticia en la página 17. Nunca hubiésemos escuchado acerca de los asesinos en serie de Birmania. Ahora vivimos en una era con prensa global y cámaras de iPhones en todas partes. Como siempre hay un desastre natural o un asesino en serie en alguna parte del mundo, estas noticias siempre liderarán el ciclo de noticias —dándonos la impresión equivocada de que esto es ahora algo más común que antes.

La nostalgia también es biológica: conforme envejecemos, asumimos más responsabilidad y podemos tender la tendencia a mirar atrás hacia una juventud libre de preocupaciones. Es fácil confundir los cambios en nosotros mismos con los cambios en el mundo. Muchas veces cuando le pregunto a la gente acerca de una era ideal, el momento en la historia mundial en la que ellos creen que fueron más armoniosos y felices, ellos responden que fue la época en la que ellos crecieron. Describen una época antes de que todo se volviera confuso y peligroso, antes de que los jóvenes se volvieran rudos, o escucharan música fea, o dejaran de leer libros para poder simplemente jugar a Pokémon Go.

El historiador cultural Arthur Freeman observó que “prácticamente toda cultura, pasada o actual, ha creído que los hombres y las mujeres no están al nivel de los estándares de sus padres y antecesores”. ¿Es una coincidencia que el mundo occidental está experimentando una gran ola de pesimismo en el momento en que la generación “Baby-Boom” se está jubilando?

Entonces, ¿quién dijo esas palabras al inicio de este artículo, acerca de que “hemos caído en tiempos nefastos”? No fue Trump. No fue Farage. Hace un siglo, un profesor estadounidense los encontró inscritos en una piedra en un museo de Constantinopla. Él fija la fecha de su escritura en la Chaldea antigua, 3.800 años antes de Cristo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Spectator (Reino Unido) el 20 de agosto de 2016. Traducido al español por ElCato.org

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Reflexión de domingo: «UNA HERRAMIENTA PARA LOS NEGOCIOS» – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLDesde hace un tiempo se viene trabajando en una visión diferente de la tradicional en el mundo de los negocios. Como es sabido, originalmente la producción era íntegramente artesanal, luego se acoplaron instrumentos para facilitar esa producción, a raíz de la Revolución Industrial comenzaron las fábricas con el tiempo cada vez más dirigidas a la producción masiva, pero podría decirse que hasta recién en la década del cincuenta se mantuvo el muy difundido esquema de Taylor en cuanto a las estructuras verticales y jerárquicas en el contexto de la fabricación en serie.

A partir de la mencionada década se empezaron a cuestionar los organigramas que se traducían en la visión de que unos pocos eran los que poseían el monopolio del conocimiento y que su función consistía en impartir ordenes a los demás, incapaces de generar políticas constructivas dentro de la empresa. Muchas fueron las variantes ensayadas pero una de las más exitosas, ahora aplicadas en gran escala, especialmente por algunas petroleras, industrias siderúrgicas, empresas automovilísticas y alimenticias se denomina “market based management”.

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Un análisis «austriaco» de la burocracia – Por Edgar Duarte

mises_buchanan“La gestión burocrática implica detalladas normas y reglamentaciones prefijadas autoritariamente por el superior. Es la única alternativa que cabe adoptar cuando la gestión con fin lucrativo no es posible… Toda empresa que no se inspire en el afán de lucro ha de ser gobernada por normas burocráticas.” – Mises, Ludwig von (1949)

 

Es conocido que los teóricos de la Escuela de la elección pública (Public Choice School), también denominada escuela de Virginia, centran su programa de investigación en un aspecto de la vida social que había sido descuidado por otros teóricos de la economía, a saber, el comportamiento individual en la toma de decisiones colectivas, es decir en el ámbito público. Es así que analizan el comportamiento de gobernantes y representantes, políticos, electores, grupos de presión y burócratas, utilizando para ello las herramientas que provee la economía.

Es menos conocido que representantes de la denominada Escuela Austríaca de economía, utilizando el enfoque dinámico que les es característico, también han analizado algunos de los mismos temas que la escuela de la elección pública. El propósito de este ensayo es doble: nos proponemos demostrar que fue Ludwig von Mises uno de los primeros economistas que realizó un análisis económico del comportamiento de los burócratas y, además, comparar y contrastar los enfoques de ambas escuelas para mostrar cómo ambos se complementan y describir lo que los austriacos tienen que decir en cuanto al análisis de la burocracia.

Para esto, hemos dividido el presente ensayo en tres partes: en la primera hablaremos sobre el libro Bureaucracy[1] de Mises, indicando el contexto en el que apareció la obra y algunos puntos de vista incluidos en el mismo; en la segunda parte contrastaremos el enfoque de la Escuela de Virginia y de la Escuela Austriaca y demostraremos cómo ambos enfoques se pueden complementar en el caso concreto del análisis de la burocracia; en la tercera parte expondremos los aportes de economistas austriacos al análisis de la burocracia, entre ellos Ludwig von Mises, Friedrich A. Hayek y Murray Rothbard y, finalmente, daremos nuestras conclusiones y recomendaciones finales.

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