Econ Journal Watch, Volume 14, Issue 2, May 2017

A king cursed: Kenneth Rogoff’s The Curse of Cash is assayed by Jeffrey Rogers Hummel, and Rogoff responds.

Stationarity problem: Brendan Beare criticizes a Journal of Econometrics article purporting to model a time series of densities as a nonstationary cointegrated process.

Music piracy coda: Stan Liebowitz replies to Felix Oberholzer-Gee and Koleman Strumpf.

Got entrepreneurship yet?: Dan Johansson and Arvid Malm search textbooks and assigned readings at top Econ Ph.D. programs.

New entries extend the Classical Liberalism in Econ, by Country series to 15 articles:

My Most Regretted Statements, a symposium, contains these contributions:

  • Monique Bégin tells of a statement she often repeated in her time as Canada’s Minister of National Health & Welfare: “Canada is the Sweden of the Americas.”
  • Michael Boskin reflects on his time as Chairman of the Council of Economic Advisers and the hazards of misattribution, of not controlling op-ed titles, and of equations going missing.
  • Tyler Cowen reflects on his circa 2007 underestimation of the likelihood of a major financial crisis.
  • Jon Elster draws from his work on defective belief formation, illustrating with his own past errors, including about the electorate binding itself and about thinking of anti-communists “as a clock that is always one hour late rather than as a broken clock that shows the right time twice a day.”
  • Richard Epstein tells of his conversion to consequentialism.
  • Sam Peltzman relates his hardy forecast in 1988 of Michael Dukakis’s impending victory over George H. W. Bush.
  • Cass Sunstein begins: “I have said a lot of things that I regret.” And he ends: “A main job of academics is to float ideas and take risks, and if they do not make mistakes, or learn enough to change their minds, well, that’s really something to regret.”

Access the symposium here.

MEDITACIONES SOBRE LA LEY – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLDe un largo tiempo a esta parte la noción original de la ley se ha deteriorado significativamente. En la tradición del common law y en buena parte del derecho romano, especialmente durante la República y la primera parte del Imperio, el equivalente al Poder Legislativo era para administrar las finanzas de los gobernantes mientras que el derecho era el resultado de un proceso de descubrimiento que surgía de otro campo: los fallos de árbitros según los convenios entre partes que el poder de policía se encargaba de hacer cumplir.

El jurisconsulto italiano Bruno Leoni en su célebre obra La libertad y la ley, traducida a muchos idiomas, explica que “Estamos tan acostumbrados a pensar en el sistema del derecho romano en términos del Corpus Juris de Justiniano, esto es, en términos de una ley escrita en un libro, que hemos perdido de vista como operaba el derecho romano […] El derecho romano privado, que los romanos llamaban jus civile, en la práctica, no estuvo al alcance del legislador […] por tanto, los romanos disponían de una certidumbre respecto de la ley que permitía a los ciudadanos hacer planes para el futuro de modo libre y confiado y esto sin que exista para nada derecho escrito en el sentido de legislaciones y códigos” a diferencia de lo que hoy ocurre en cuanto a que cualquier legislación puede modificarse abruptamente en cualquier dirección, en cualquier área o abarcando extensos territorios.

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