La sabiduría del clásico artículo “Yo, el lápiz”, ahora también como “I, Smartphone”

el-lapizEl clásico artículo de Leonard Read, “Yo, lápiz”, ha sido presentado siempre como el mejor ejemplo de los beneficios de la división del trabajo. Pero no es solamente eso, se trata también de la coordinación necesaria entre cada uno de los que participan en una pequeña parte del proceso total. Esa es la sabiduría de “la mano invisible”. Podemos realizar muchas más tareas si las dividimos entre todos, pero es necesario que exista una coordinación entre ellas. La metáfora de “la mano invisible” es la que describe ese proceso como un orden espontáneo que alcanza esa coordinación sin que nadie en particular la organice.

Lo hace a través de los precios, que cumplen dos funciones fundamentales: por un lado transmiten información; por el otro generan incentivos para que las personas actúen en consecuencia. El artículo de Read es un gran ejemplo de este proceso. Ninguno de nosotros sería capaz de hacer un lápiz. Si estuviéramos solos en una isla nos olvidaríamos de la posibilidad de contar con uno. Así describe este mismo ejemplo Milton Friedman.

Ya casi no usamos lápices, así que el ejemplo corre el riesgo de quedar anticuado, aunque en verdad están por aparecer lápices con modernas tecnologías, que permitirán grabar textos, por ejemplo. Pero tomemos un ejemplo de algo que todos usamos: un Smartphone. Aquí una versión moderna del mismo concepto, aunque lamentablemente está solo en inglés.

Aquí toda una discusión en el interesante blog “Café Hayek”,

Agradezco a Gabriela Calderon que llamara mi atención del proceso inverso descripto en el libro fotográfico de Christien Meindestsma “PIG 05049″ donde se describe en fotos todos los usos finales a los que contribuye finalmente un cerdo.

Que a su vez es comentado en este artículo publicado por el Instituto Cato.

¿Deben los científicos sociales especializarse en un campo de estudio o ser más bien generalistas?

Ante esta pregunta, existen dos citas de Ludwig von Mises que vienen a mi mente:

“Lean todo lo que sus profesores les indican leer. Pero no lean solo eso. Lean más. Lean todo acerca de un tema, desde todos los puntos de vista, ya sean socialista-marxista, intervencionista o liberal. Lean con mente abierta. Aprendan a pensar. Solo cuando conozcan su campo desde todos los ángulos podrán decidir que es correcto y que es falso. Solo entonces estarán preparados a responder a todas las preguntas, inclusive las que les hagan sus opositores”.

Ludwig von Mises; “Autobiografía de un liberal”, 1973.

“Nadie puede ser un buen economista a menos que esté versado en matemática, física, biología, historia y jurisprudencia, además de un buen manejo de idiomas”.

Ludwig von Mises; “El fundamento último de la Ciencia Económica”, 1962.

Si pudieramos hoy entrevistar a autor clásicos como Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill e inclusive a Karl Marx, mi impresión es que todos afirmarían que Mises tiene razón. Marx fue un experto en varios temas, desde la filosofía y la economía, hasta la sociología y la historia. Aun John Maynard Keynes tiene contribuciones en diversos campos. Independientemente del acuerdo o desacuerdo que tengamos con sus aportes, Friedrich Hayek o Paul Samuelson han obtenido fama justamente por ser de los pocos economistas modernos que jamás abandonaron el estudio multidisciplinar.

El mundo, sin embargo, ha cambiado. Hoy un economista que maneja el inglés posiblemente no necesita saber alemán, francés o español. Desde luego, que sería mejor que sí conozca estas lenguas, pero la mayor parte de las contribuciones hoy se realizan en inglés.

Al mismo tiempo, las revistas científicas exigen un nivel de especialización en los artículos que reciben, que necesariamente son el resultado de una visión acotada de sus autores. La literatura es tan amplia en cada uno de los campos, que si alguien quiere contribuir a cualquiera de ellos, necesita especializarse.

Pienso ahora mismo en los autores modernos que generalmente citamos en este blog: Roger Garrison se especializó en macroeconomía; Lawrence H. White o George Selgin se especializan en teoría monetaria; Gabriel Zanotti se especializa en filosofía de la ciencia y en particular en la epistemología de la economía; Martín Krause es experto en temas institucionales; Peter Klein es conocido por sus contribuciones sobre teoría de la firma, Roberto Cortés Conde o Ezequiel Gallo son grandes historiadores, etc etc etc. Por supuesto que todos ellos tienen cierto conocimiento sobre historia del pensamiento económico y hasta pueden ofrecer un curso general de introducción a la economía cubriendo todos los campos de la disciplina. Pero difícilmente tengan un manejo profundo de la literatura de todos los campos, y desde la perspectiva de los diversos enfoques.

¿Cuál es entonces la mejor estrategia a seguir? Ser generalista, como lo fueron en otros tiempos los autores clásicos, aun a costa de perder un lugar en las revistas más renombradas. O ser un especialista, lograr un lugar destacado en los mejores journals, pero a costa de perder una más completa y compleja lectura del mundo.