Abrir las importaciones para bajar la pobreza [Infobae]

Para muchos “nuestra” industria es un ejemplo de soberanía o motivo de orgullo nacional, pero lo cierto es que su contrapartida es una pobreza estructural representada en un tercio de la población

Los economistas distinguimos entre bienes transables y no transables. Los transables son aquellos que se pueden exportar e importar; los no transables son los que sólo se consumen en las economías donde se producen. Ejemplos de bienes transables son los alimentos y las bebidas, la indumentaria, la tecnología o los libros. Ejemplos de bienes no transables son los servicios en general, por ejemplo, un corte de pelo, una radiografía o los estudios en la escuela primaria. En las economías abiertas y con bajos aranceles, los bienes transables tienden a tener precios muy parecidos. La diferencia de precios se encuentra únicamente en el costo de transporte. La Argentina, sin embargo, viene ofreciendo precios para estos bienes que duplican y hasta triplican a los que se pueden encontrar en el mundo libre.

¿Cuánto reduciríamos la pobreza si los precios de los bienes transables cayeran a la mitad o a la tercera parte? ¿Tiene sentido seguir protegiendo con altos aranceles la industria manufacturera argentina? Se dice que, al proteger esta industria, se protegen millones de puestos de trabajo que esta industria genera, pero lo cierto es que se desprotege a 40 millones de consumidores que de otro modo podrían acceder a productos de mejor calidad y menor precio. Y por otro lado, si las economías tuvieran que cerrarse para garantizar el pleno empleo, ¿cómo explicamos el bajo desempleo que muestran las economías libres en la actualidad? Lo cierto es que este argumento constituye un mito, y si abrimos las economías, sí, algunas empresas manufactureras tendrán que reestructurarse, pero el trabajador argentino podrá encontrar otras actividades más productivas para llevar adelante.

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Portfolio Personal: Una Segunda Oportunidad para Cambiemos

Columna en Portfolio Personal sobre una segunda oportunidad para encarar reformas de fondo en Argentina luego de las elecciones.

Las próximas elecciones legislativas presentan una segunda oportunidad para Cambiemos. Una ocasión para llevar adelante los cambios estructurales que aún se hacen esperar. La primera chance, fue la de avanzar de manera sólida inmediatamente luego de las elecciones presidenciales. El no haber presentado de manera clara y contundente la herencia recibida del kirchnerismo contribuyó a mantener con vida política la figura de Cristina Fernández de Kirchner. La sombra de CFK y el gradualismo no contribuyeron a atraer inversiones.

El gobierno llega a esta instancia(asumiendo que Cambiemos logra un triunfo significativo en las elecciones) con signos positivos en el panorama económico. Se ven repuntes de consumo, inversión, y menores tasas de inflación, entre otras mejoras. Bienvenidas son las mejoras en los indicadores económicos, pero aún puede ser temprano para cantar victoria. El indicador IGA, por ejemplo, aún no ha superado los máximos históricos del kirchnerismo y de hecho, muestra una caída en 2016. La mejora en los indicadores económicos, entonces, ¿refleja genuino crecimiento económico o es mera recuperación de lo perdido en el 2016?

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La versión exitosa del neoliberalismo [El Cronista]

Nadie sabe bien qué es el neoliberalismo, pero lo que parece estar claro en la opinión pública argentina es que ha fracasado. Se lo identifica generalmente con el “Consenso de Washington” o con algunos autores de la Escuela Austriaca y la Escuela de Chicago, especialmente Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Milton Friedman. Pero lo cierto es que las ideas que estos autores defendieron tienen poca o nula relación con la política económica de aquellos países que toman como ejemplo, especialmente la Argentina noventista. De hecho, la corrupción, el excesivo gasto público, los recurrentes déficits fiscales, el endeudamiento, la falta de federalismo, el mercantilismo del Mercosur, el atraso cambiario y la falta de un sistema republicano de gobierno con respeto por las instituciones y la división de poderes, no parece ser consistente con la ortodoxia del “liberalismo”.

En lo que sigue, no intentaré volver sobre la disputa comentada, sino señalar que varios países latinoamericanos, a pesar de sufrir el impacto de la Crisis del Tequila de 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998, la devaluación de Brasil en 1999 y las depresiones norteamericana y argentina de 2001, aun así continuaron por el mismo camino “neoliberal” y los resultados fueron positivos.

Dos caminos alternativos

Tras la década perdida de 1980, los países de Latinoamérica emprendieron un camino de cierta apertura económica y privatización de sus empresas públicas deficitarias. El Estado había resultado ineficaz en gestionar los servicios públicos como la luz, el agua, el gas o las telecomunicaciones, y en algunos países la monetización del déficit fiscal que precisamente provocaban esas empresas en manos estatales terminó con una acelerada inflación.

Las reformas implementadas en la década del 90 permitieron a los países latinoamericanos modernizar sus economías. La inversión extranjera directa estaba representada en grandes flujos de dinero, pero también en know how, sobre cómo gestionar las inversiones en ciertos campos clave que permitieran a la economía tecnificarse. En prácticamente todos los países latinoamericanos se observó una extensión de los servicios públicos en toda la amplitud de sus territorios nacionales, cuando antes eran negados a una gran parte de la población, al mismo tiempo que se construyeron autopistas y rutas que hicieron más eficiente la comunicación entre los estados provinciales, extendiendo la frontera de posibilidades de la producción.

En algunos países, como Argentina, Bolivia, Venezuela o Ecuador, -y por diferentes causas- el modelo hoy calificado como “neoliberal” no terminó bien, y la opinión pública decidió apoyar otros modelos que cambiaran el rumbo. Es así que en la última década estos cuatro países decidieron apoyar un modelo de desarrollo interno, privilegiaron las relaciones dentro del grupo, avanzaron en un modelo de sustitución de importaciones- y planificaron un entramado de subsidios y regulaciones que escaseaban en la década anterior.

Otros países, sin embargo, continuaron con aquel modelo “neoliberal”. Chile, Colombia, Perú, Uruguay y México evitaron cerrar sus economías y doblaron esfuerzos en intentar atraer capitales como base de su desarrollo productivo, al tiempo que mantuvieron las privatizaciones de los servicios públicos como un factor acertado de los gobiernos previos.

¿Resultados similares?

En el período 2003-2008 las estadísticas muestran que ambos modelos fueron exitosos en términos de aumentar la inversión, reducir la pobreza, crear empleo, alcanzar un crecimiento económico acelerado e incluso reducir la carga de la deuda en relación con el PIB.

La similitud, sin embargo, es sólo aparente. Y no me refiero únicamente a lo engañosas que pueden resultar las estadísticas en el primer grupo -especialmente Argentina y Venezuela-, sino a otras cuestiones de fondo.

Mientras Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador expandieron la inversión pública, las otras economías estimularon la inversión privada. Mientras el primer grupo creó mayor empleo público y expandió los planes sociales, el segundo creó empleo privado. Mientras el primer grupo redujo la deuda pero aceleró la inflación, el segundo grupo redujo la deuda, con estabilidad monetaria. Mientras el primer grupo muestra un crecimiento del gasto público sobre PIB, en el segundo grupo este ratio cae. Mientras el primer grupo nacionaliza empresas privatizadas en la década anterior, el segundo grupo profundiza aquel modelo y mejora las regulaciones.

La crisis global de 2009 golpeó a las economías emergentes latinoamericanas, pero a partir de 2010 el primer grupo se estancó o entró en recesión, mientras el segundo grupo continuó su expansión económica. Los fundamentos de la expansión del segundo grupo, basados en fundamentos “neoliberales” (apertura económica, privatizaciones, baja presión tributaria y bajo gasto público relativo, por ejemplo) deberían abrir un interrogante en quienes creen que este modelo ha fracasado.

Analizar el fugaz “crecimiento económico” argentino (fue más recuperación que crecimiento real) frente a lo genuino y sostenible del modelo que aplicaron los países de la Alianza del Pacífico, nos debería dejar lecciones de por dónde debería ir la política económica de nuestro país y de los países del primer grupo.

De la Alianza del Pacífico a la Alianza Latinoamericana

Mauricio Macri ganó las elecciones em 2015 fundando su campaña en este cambio que resultó lógico para la opinión pública, tras los límites económicos y sociales que enfrentó el populismo.

El cambio propuesto, sin embargo, todavía es lento en insertar a la Argentina al mundo y prácticamente nulo en reducir el gasto público, la presión tributaria y el déficit fiscal.

El excesivo gradualismo impide alcanzar mejor resultados de actividad económica y empleo genuino, pero al menos la Argentina inicia una transición adecuada. Bolivia, Ecuador y Venezuela todavía siguen su rumbo herodoxo, y eso dejará tristes resultados para su población.

La esperanza está en que poco a poco los países del primer grupo aprovechen las lecciones que en la última década nos ha dejado el segundo grupo, y que la Alianza del Pacífico se convierta en una Alianza Latinoamericana.

Publicado originalmente en El Cronista, domingo 24 de septiembre de 2017.

PRESIÓN TRIBUTARIA – Participación en La Cocina de las Noticias – Radio Mitre

En este programa de radio, me entrevistaron acerca de mi última columna en El Cronista titulada «Consensos para bajar la presión tributaria: la curva de Laffer, Irlanda y Reagan.»

El modelo macroeconómico actual – Federico Sturzenegger en la Cámara de Exportadores

En el marco del Día de la Exportación “Exportaciones: de la Transición al Crecimiento”, actividad organizada por la Cámara de Exportadores de la República Argentina, Federico Sturzenegger brindó las palabras de clausura.

Presentamos aquí el discurso completo:

Es un placer poder compartir este foro, en un momento que a mi entender amerita mucho optimismo sobre el país.

De hecho, estamos convencidos de que nos encontramos en un momento bisagra, que será el comienzo de un período de varias décadas de crecimiento sostenido.

Es particularmente importante para mí hablar aquí, porque los procesos de crecimiento sostenido son aquellos en los que la sociedad logra movilizar sus recursos productivos en pos de aumentar la oferta de lo que producen. Las economías crecen en forma consistente a largo plazo sólo si mejoran su capacidad productiva, y no basándose unívocamente en impulsos transitorios de demanda. Para el complejo exportador esto es especialmente crucial, ya que, a fin de cuentas, enfrenta una demanda definida, poco modificable, la cual no es otra que la de todo el mundo. Entonces, conquistar esos mercados nuevos tiene todo que ver con mejorar la capacidad productiva, que conlleve a bajar costos y precios.

Seguir leyendo aquí, en el sitio web del Banco Central de la República Argentina.

Infobae: Las Reformas que Nunca Llegan

Reflexiones, críticas, sobre la inacción de Cambiemos respecto a los problemas económicos de fondo.

Hace alrededor de 70 años que Argentina vive de crisis en crisis, tanto económicas como políticas. Ningún gobierno hasta el momento se ha abocado a llevar adelante las reformas estructurales necesarias para generar un punto de inflexión en la economía argentina. Por el contrario, cada gobierno se ha dedicado más a hacer equilibrio en los períodos entre crisis que a prestarle atención a las soluciones de fondo. Lamentablemente, hasta el momento Cambiemos no es la excepción.

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