Se conocieron los datos de inflación del 2018 y, con este numero, cuál fue la inflación en los primeros tres años del gobierno de Cambiemos. A continuación dos gráficos. El primero con la inflación interanual de 1999 a la fecha. El segundo con la inflación mensual (en barras) y acumulada de los últimos 3 años. El 2018 cerró con la inflación más alta desde el final de la hiperinflación. En materia de inflación, Cambiemos tiene un triste record aún por revertir.
Sigue leyendoREFLEXIONES SOBRE EL FAMOSO MURO DE TRUMP
La situación de Trump y su famoso muro ha llegado a un punto límite que da lugar a reflexiones relevantes para el liberalismo clásico.
Consideremos primero la historia del problema. Para la tradición liberal clásica, especialmente el EEUU originario como el liberalismo clásico de Mises, los muros eran inexitentes o explícitamente rechazados. El derecho a la emigración siempre fue obvio, y el derecho a la inmigración estaba implíticamete admitido por las circunstancias históricias. EEUU fue precisamente un lugar único en la historia conformado esenciamente por inmigrantes. Dejemos de lado en esta entrada qué hubiera pasado si se hubieran encontrado con un muro levantado por los indígenas del lugar; por ahora destaquemos que ese grupo de inmigrantes fue en primer lugar los que traían consigo la tradición del common law británico tratando de huir de los problemas religiosos de la misma Inglaterra y sobre todo de Europa Continental. Pero conformadas ya las 13 colonias como una nación independiente de Jorge III, EEUU se llenó naturalmente de más protestantes, de católicos, judíos, agnósticos, y si contamos por regiones, de italianos, irlandeses, alemanes, polacos, y en menor medida chinos e hispanos. Todos ellos no necesitaban hacer un master para entender el pacto político originario de los EEUU. Todos ellos sólo pretendían trabajar y comerciar en paz, y vivir sus respectivas creencias religiosas sin ser molestados y sin molestar a nadie. Y punto. No esperaban nada del estado. Dependían de ellos y ya era demasiado que un shefiff, “la ley” lograra defenderlos de asesinos y ladrones, porque, por lo demás, estaban acostumbrados a defenderse solos. De allí la Segunda Enmienda. Por lo demás, los puertos y caminos ya eran en gran parte bienes públicos en los EEUU, y si bien entonces los votantes podrían haber plenteado el problema de quién entraba a lo que ellos pagaban, a nadie se le ocurrió el “issue”. En parte por lo que el Public Choice llama ignorancia racional, pero en parte también porque todos vivían la circunstancia cultural y política anteriormenente referida.
Ante esas circunstancias, el problema de la inmigración no existía.
Pero pasaron las décadas, cambiaron las ideologías y la geo-política mundial, y entonces el problema comienza a aparecer, cada vez en mayor grado. Primero porque surge el New Deal, la provisión federal de seguridad social, y por ende los incentivos cambian. Ahora muchos saben que pueden llegar a vivir sin trabajar, cosa insólita tanto en San Pablo como en los EEUU originarios. Entonces sí, uno más es un gasto más del Estado Federal, mientras antes, el pérfido libre mercado y el estado limitado implicaban que uno más era uno más trabajando y produciendo. Cosa que comienza a dejar de ser así, también, con salarios mínimos y con sindicatos y regulaciones que producen desocupación.
Segundo porque ya no es tan obvio que todos van a trabajar en paz y a practicar libremente su Fe. No es así con los narcotraficantes, claro, aunque si no se persiguiera al comercio de drogas, sería una industria más, aunque no santa, como la de los cigarrillos y el alcohol. No es así con los traficantes de personas, pero eso es así, claro, porque ya existen los controles fronterizos y las visas. Y menos aún es así con los terroristas, para cuyos países las visas están obviamente jutificadas, situación impensable entre los siglos XVI al XIX.
Por lo tanto, EEUU se cierra relativamente: hay inmigración, pero legal: hay visas, controles, pasaportes, regulación. Y, para colmo, toda América Latina, desde México para abajo, es una miseria total de instituciones e inversiones. Aunque los latinoamericanos no entiendan nada de la historia de EEUU, siempre lo vieron como un lugar donde el que trabaja sale adelante y no expropiado, expoliado y encarcelado. EEUU sigue siendo la meca de todos, incluso la de los hipócritas que no paran de demonizarlo pero viven allí ganando sus buenos millones de dólares.
Lo tragicómico es que todos coinciden en que tiene que haber diferencia entre la inmigración legal e ilegal. En todo el mundo, claro, pero sobre todo en EEUU, donde los demócratas han apoyado siempre la inmigración legal y por ende, han estado en contra de la ilegal. Tal vez, antes de Trump, la diferencia entre demócratas y republicanos, al respecto, era la que había entre el diretor del aeropuerto de New York y su supervisor en la película La Terminal . El director era coherente y se tomaba su trabajo, legal, hasta sus últimas consecuencias. El supervisor era el incoherente compasivo que le decía que las normas tienen que existir “pero no tanto”.
Trump y sus partidarios son como el director del aeropuerto. Se toman en serio las leyes que demócratas y conservadores apoyan. Los controles fronterizos existen especialmente desde fines de la segunda guerra en adelante, y ningun gobierno demóctata estuvo en contra. Obama siempre los defendió y la ley que establece separar a los menores de los padres que cruzan ilegalmente la frontera fue muy bien aplicada durante el gobierno de Obana pero, claro, con la CNN y el Partido Demócrata ambos muy calladitos, por supuesto.
Trump y sus partidarios, en cambio, se toman en serio la ley –cosa insólita para muchos-. Y además reconocen con franqueza la crisis de hace décadas en la frontera con México, crisis que ahora los demócratas llaman, todos como un coro, “manufacturada” por Trump. Hace décadas que los inmigrantes latinoamericanos, especialmente de centro-américa para arriba, mueren literalmente intentando llegar al maléfico EEUU (¡pero qué tonta que es la gente, no!?) y son esclavizados por los tratantes de personas pero no, eso no es una crisis. Es fruto de la mente enloquecida de Trump…
Pero que Trump se tome en serio la ley y vea realmente el problema no quiere decir que su diagnóstico y su solución sean los adecuados. Cabría preguntarse, por qué no, qué pasaría si no hubiera Welfare State. Qué sucedería si, de vuelta, todo el que camina un metro ya adentro de los EEUU sabe que va a tener que trabajar y punto terminado. Qué sucedería si no hubiera salarios mínimos y sindicatos con poder de coacción para impedir el ingreso de extranjeros a los puestos que ellos dejan con sus huelgas. ¿Qué sucedería? Que la inmigración sería una solución, no un problema. Y si abandonaran la inútil guerra contra las drogas, el narcotráfico se acabaría ipso facto. Simplemente habría que ver qué hacer con los que viene de regiones donde pulula el terrorismo: se les pide un visado. Más no se puede. Ser ciudadana norteamericana, hija de inmigrantes palestinos legales, no garantiza que no haya una bomba de tiempo que sea ya diputada demócrata, en el centro mismo de las instituciones legislativas norteamericanas.
Trump no puede ver nada de esto –Ron Paul sí- y como es un tipo sin vueltas ha cerrado el gobierno. Y los demócratas no le van a dar el dinero para su famoso muro. Ceder, para cualquiera de los dos bandos, es una derrota política crucial. Puede ser que Trump abra el gobierno federal, pero el problema va a seguir. Puede ser que los demócratas cedan y le den los fondos para el bendito muro, pero las gentes seguirán muriendo para cruzarlo. Puede ser que Trump intente una executive order con apoyo de la corte para construirlo, pero el problema va a seguir igual. El problema es el Welfare State, el acabamiento del pacto político originario y la falta de liderazgo para revivirlo, lo cual es una mayor responsabilidad del partido Republicano, más nacionalista que classcial liberal. O sea que el problema no tiene mucha solución por ahora, como el mundo entero, en última instancia, tampoco la tiene. Pero no porque sea posible un paraiso, sino porque un mundo de personas trabajando en paz y libremente ha sido ya elminado por todos los soviets mayores o menores que habitan nuestras mentes y, por ende, este por ahora solitario planeta.
La Racionalidad del Desprestigio Político
El mundo político suele estar rodeado de un aura de desprestigio. Una nube de corrupción (moral) suele rodear a no pocos partidos políticos. El kirchnerismo es quizás un caso extremo de este problema. Incluso luego de dejar el poder, este movimiento político no ha siquiera intentado limpiar su imagen. Este comportamiento no es necesariamente irracional, se puede ver como un comportamiento orientado a proteger su rent seeking.
Protegiendo al grupo
Pensemos en un partido político como un grupo de bandidos a la Mancur Olson. En la medida que el objetivo del partido político sea extraer rentas (como tantos casos ilustran Acemoglu y Robinson (2013) en Why Nations Fail?), entonces los miembros del partido político tienen interés en que los otros miembros sean team players.
Sigue leyendoUna oportunidad para el Brasil de Bolsonaro – por Alberto Benegas Lynch (h)
Si la sensatez prima sobre la incivilidad, el nuevo gobierno brasileño podría ser un ejemplo para el mundo.
Acaba de asumir la presidencia de nuestro vecino y socio más grande un personaje que por múltiples motivos concita la atención de todos los analistas. Con anterioridad ha formulado declaraciones algunas de las cuales han alarmado y enojado sobremanera por resultar del todo inaceptables para cualquier mente civilizada. Pero como tampoco es original en este caso, los políticos suelen desviarse y retractarse de lo dicho antes del ejercicio en el poder, lo cual para nada significa olvidarse de tamañas afirmaciones solo dignas de un desaforado, contrarias a todo vestigio de las normas elementales del derecho. De todos modos, en esta oportunidad es menester tomar nota de su primer paso concreto en el poder al efecto de elaborar un juicio ponderado de lo que realmente comienza a hacer el flamante mandatario.

Jair Bolsonaro responde a un hartazgo en varios frentes, está por verse si en los hechos estará a la altura de los acontecimientos. Asume con dos laderos de envergadura en su gabinete quienes cuentan con una trayectoria muy destacada en defensa de la sociedad libre: el ministro de justicia y el ministro de hacienda. De su discurso inaugural cabe subrayar unos pocos tramos centrales. Abrió su discurso dando gracias a Dios por haber sobrevivido al ataque del que fue objeto y subrayó el rol de la familia y señaló su disconformidad con la denominada ideología de género.
En segundo lugar, abogó por el abandono de pesadas burocracias y reglamentaciones que, como veremos más abajo, con diversos matices y etiquetas estuvo presente sin solución de continuidad en Brasil desde sus orígenes, lo cual tradujo en la promesa de mercados abiertos y competitivos que son inseparables de marcos institucionales conducentes al respeto recíproco sin distinción de ninguna naturaleza. Asimismo, es de interés destacar que en este contexto durante su campaña marcó su decidido rechazo al Foro de San Pablo que concentra el estatismo vernáculo más recalcitrante y retrógrado del continente.
Un tercer capítulo lo refirió a la importancia de dotar a las fuerzas de seguridad las garantías para que cumplan su deber de proteger derechos de todos sin discriminaciones, y en esta línea argumental sostuvo la necesidad de preservar el legítimo derecho a la defensa propia. Por último, pero no por ello menos importante intercaló con énfasis en su discurso la trascendencia de combatir la corrupción al efecto de salir de la crisis moral que viene arrastrando su país en diversas esferas.
En el caso que nos ocupa, es sumamente relevante detenerse a considerar el clima en el que asume el nuevo presidente para lo cual es menester hacer referencia telegráfica a los ejes centrales de la historia de Brasil. En este sentido, entre valiosos documentos en la misma línea narrativa, nada mejor que recurrir a la pluma de David Fleischer -profesor en la Universidad de Brasilia- quien en un largo y bien respaldado ensayo explica este contexto clave para entender la genealogía de la situación actual.
Alude a la larga serie de estrepitosas corrupciones gubernamentales en Brasil desde épocas de la colonia hasta el presente, lo cual no incluye a todos los mandatarios y sus colaboradores pero a buena parte de ellos. El trabajo de marras comienza señalando que Portugal otorgaba privilegios a sus agentes del continente americano y cerraba los puertos al comercio extranjero hasta que la corona debió aceptar la ayuda inglesa para trasladarse de Lisboa a Río de Janeiro en 1808 ante la amenaza napoleónica, lo cual obligó a una apertura relativa que se revirtió con la independencia en 1822 a partir de la cual se fueron fortaleciendo monopolios legales y otros privilegios durante todo el período imperial hasta su fin en 1889.
A partir de entonces, nos sigue relatando Fleischer, desde el fin del imperio hasta los años 30, todos los sectores más importantes de la economía brasileña operaron en base a concesiones gubernamentales como la administración de puertos, la electricidad, la telefonía, los ferrocarriles, la minería, el transporte urbano y el petróleo.
A partir de la revolución de Getulio Vargas las concesiones se estatizaron lo cual incluyó el establecimiento de bancos estatales, con lo que la corrupción se incrementó respecto al ya fallido sistema de las concesiones como gracias otorgadas por el poder de turno. Como una nota al pie, recordamos que el dictador Vargas pretendió que Sefan Sweig escribiera su biografía a lo cual el escritor se negó. En su lugar escribió una suculenta descripción de Brasil donde residía en aquel momento en la que el autor sugiere que esa ex colonia portuguesa podría convertirse en “el país del futuro” si modificara “esa avidez y ese afán de poder sin freno alguno”.
En los noventa se decidió privatizar empresas en Brasil pero traspasando los monopolios gubernamentales a monopolios privados con lo que se dejó de lado la competencia y se abrió el camino a todo tipo de abusos ya llevados a cabo antes por los aparatos estatales solo que ahora la mancha se extendió al sector privado degradando la idea de la privatización.
También escribe Fleischer que básicamente con algún interregno no muy significativo, hasta el momento se mantienen los privilegios de las llamadas reservas de mercado, exenciones fiscales, permisos para importar, tipos de cambio preferenciales, subsidios a través de tasas de interés, privilegios en licitaciones públicas, inmunidades políticas, nepotismo, jubilaciones especiales, protecciones arancelarias, uso de activos gubernamentales para beneficios privados y otras prebendas.
Se ha dicho que el Partido de los Trabajadores –dejando de lado sus corrupciones denunciadas y sancionadas en los estrados judiciales- sacó a gente de la pobreza pero lo que no se dice es que esto es engañoso y aparente ya que arrancó recursos a los sectores más eficientes para atender espejismos populistas, con lo que la abrupta caída en la productividad colocó una bomba de tiempo en el sistema.
La situación general de Brasil, en lo esencial, no difiere de otras experiencias en nuestra región. El gasto público elefantiásico, empresas estatales ruinosas, regulaciones asfixiantes, impuestos astronómicos, pesadas deudas gubernamentales, alianzas hediondas entre el poder político y empresarios prebendarios, corrupciones colosales y nacionalismos y consecuentes xenofobias siempre signos de barbarie que hoy parecen dominar buena parte del llamado mundo libre, todo en el contexto de una alarmante inseguridad.
Esto último a veces ha confundido las necesarias garantías a los derechos individuales como el debido proceso y equivalentes con una colosal ausencia de resguardo y protección a los ciudadanos pacíficos que quedan en manos de delincuentes que no son debidamente recusados.
Como ha consignado Lord Acton “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Es de desear que la parte sensata del nuevo gobierno en Brasil pueda operar sin claudicaciones en dirección a una sociedad abierta y abandone prácticas estatistas que han perjudicado muy especialmente a los más necesitados, y hacemos votos para que no vuelvan a aparecer manifestaciones horripilantes como las formuladas en el pasado por el actual gobernante. De ser así, sería un magnífico ejemplo para el resto del mundo.
Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso.
Publicado originalmente en la edición impresa de La Nación, 10 de enero de 2019.
LA ECONOMÍA COMO EXPRESIÓN DE HUMANISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Es culpa de no pocos economistas que su disciplina sea vista como algo muy poco digerible, como algo nada humano, como algo mecánico y desprovisto de alma. Así estos profesionales hacen referencias a equilibrios y competencias perfectas inexistentes que solo encajan en mentalidades de la arqueología neoclásica. Completan este panorama con aires de automaticidad las alusiones a las “fuerzas” de mercado, optimizaciones, variables, modelos y equivalentes como si se trataran de cosas los seres humanos. Como si no hubiera diferencia entre las ciencias sociales y las físico-químicas. En definitiva equivocadamente se presenta a la economía como colonizadora de lo humano, como un esperpento que significa una grave intromisión en lo que es propio del hombre.

Es por esto que la mayoría de los poetas, escritores, sacerdotes, escultores, pintores y artistas en general se mantienen apartados de la economía que les suena a metálico, hosco y anti-hospitalario, mientras los economistas no toman en serio a los primeros pues los consideran pura manifestación de “metafísica inconducente”. Es tiempo de revisar ambas actitudes y me parece que somos los economistas los que tenemos que tomar la iniciativa sustentados en ricas tradiciones de pensamiento. La terquedad no ayuda.
Muy a contracorriente de la referida visión se ha ubicado primero la Escuela Escocesa y luego, mas pulida, principal aunque no exclusivamente la decimonónica Escuela Austríaca contemporáneamente liderada por Ludwig von Mises, especialmente en su Acción humana. Tratado de economía donde incorpora una concepción radicalmente diferente a la marxista y neoclásica para abarcar toda conducta humana en base a postulados anclados en el respeto irrestricto a las autonomías individuales como condición para el progreso, en el contexto de procesos y no equilibrios ni modelos al extender la teoría marginal del valor a toda manifestación humana. Esta concepción moderna no da lugar para comparaciones intersubjetivas en este campo ni para referencias a números cardinales, solo ordinales. Deriva de la acción humana los teoremas de mayor relevancia para el análisis económico, teoremas que ocupan buena parte del antedicho tratado de economía.
Hay otro aspecto crucial en este territorio que debe ser contemplado con atención y que han sido especialmente estudiados en tres obras ahora clásicas: Culture and Enterprise de Don Lavoie y Emily Chamlee-Wright, The Capitalist Revolution de Peter Berger y el anterior Who Prospers? How Cultural Values Shape Economics and Political Sciences de Lawrence Harrison. Con matices estos libros apuntan que si bien resulta de gran trascendencia el mercado libre y marcos institucionales compatibles con la sociedad abierta, es condición previa indispensable la cultura predominante en el sentido de cultivar valores y principios que apuntan al respeto recíproco. Sin esta condición lo demás no se mantiene. Se podrá derrocar a un tirano pero a poco andar lo sustituirá otro si lo se ha dado con éxito la batalla cultural. Y desde luego la cultura no es algo estático, igual que con el resto de lo humano está inserto en un proceso evolutivo ya que en el ámbito de lo mortal nunca se llega a una meta de perfección, la cultura está siempre en tránsito. A su vez, esta batalla cultural depende de la calidad educativa para trasmitir el respeto recíproco y en última instancia también el propio respeto al efecto de prosperar moral y materialmente. En esta oportunidad no me detengo a escudriñar el tema educativo, remito al lector a mi conferencia sobre la materia en la Universidad de Liechtenstein (mayo de 2015, publicada en el sitio de la universidad y como post-scriptum en mi libro Estampas liberales).
Pasamos entonces al tema central de esta nota cual es la indispensable conexión entre la economía y las humanidades o, más genéricamente los estudios culturales. Debido a las acepciones erróneas de la economía con que abrimos este análisis, los departamentos que se ocupan de temas culturales en las universidades y centros de estudios estiman que la economía no solo no calza en sus objetivos sino que se le contraponen y cuando incursionan en la economía es habitualmente basados en teorías marxistas que denuncian la explotación de los mercados abiertos y el liberalismo en general.
Mientras, en los departamentos de economía los profesionales del ramo suelen apenas hacer un turismo superficial sobre áreas humanistas que como todo turismo superficial se quedan en la superficie y no calan hondo en asuntos culturales ya que los consideran fuera del ámbito “técnico” y propio de tendencias “literarias” sin percatarse que en este territorio de libra la batalla crucial, entre muchas otras cosas, para la comprensión de la economía. Si no se sale de lo meramente cuantitativo y de tratar al ser humano como cosas y no sujetas a sentimientos y valorizaciones personalísimas, la economía no es susceptible de entenderse. Por esto es que en este contexto resulta de tanto valor las experiencias interdisciplinarias que permiten el debido mestizaje de donaciones y recibos entre diferentes campos de investigación y estudio.
La misma noción de riqueza o bienestar es eminentemente subjetiva. Para unos es tocar el arpa y contemplar atardeceres, para otros es disponer de más tiempo libre o contar con comida más barata y así sucesivamente. No son iguales las aspiraciones de una comunidad Amish que una comunidad de vegetarianos etc. Tal como también apuntan Lavoie y Chamlee-Wright, incluso el incremento en las ventas de rubros como cerraduras, alarmas y candados si bien aumentan el producto bruto interno, pueden ser una señal de deterioro significativo en la calidad de vida por una mayor inseguridad.
Más aun, cuando los aparatos estatales participan de modo creciente en el PBI, el crecimiento de este guarismo no significa mejoramiento en el nivel de vida del mismo modo que el crecimiento en el patrimonio del dictador de turno no significa que los súbditos hayan mejorado un ápice sus condiciones de vida sino que generalmente han empeorado grandemente.
Detengámosnos en el concepto del producto bruto (a veces denominado un producto para brutos) al efecto de ilustrar el tema cultural. Aquellas estadísticas deben verse con espíritu crítico en varios planos. Primero, es incorrecto decir que el producto bruto mide el bienestar puesto que mucho de lo más preciado no es susceptible de cuantificarse.
Segundo, si se sostiene que solo pretende medir el bienestar material debe hacerse la importante salvedad de que no resulta de esa manera en la media en que intervenga el aparato estatal puesto que lo que decida producir el gobierno (excepto seguridad y justicia en la versión convencional) necesariamente será en un sentido distinto de lo que hubiera decidido la gente si hubiera podido elegir: nada ganamos con aumentar la producción de pirámides cuando la gente prefiere leche.
Tercero, una vez eliminada la parte gubernamental, el remanente se destinará a lo que prefiera la gente con lo que cualquier resultado en libertad es óptimo aunque sin duda el estatismo hará retroceder las condiciones de vida debido a la injustificada succión de recursos y la consiguiente alteración de los precios relativos, lo cual conduce al desperdicio de los siempre escasos bienes disponibles.
Cuarto, el manejo de agregados como los del producto y la renta nacional tiende a desdibujar el proceso económico en dos sentidos: hace aparecer como que producción y distribución son fenómenos independientes uno del otro y trasmite el espejismo que hay un “bulto” llamado producción que el ente gubernamental debe distribuir por la fuerza (o más bien redistribuir ya que la distribución original se realizó pacíficamente en el seno del mercado).
Quinto, las estadísticas del producto bruto tarde o temprano conducen a que se construyan ratios con otras variables como, por ejemplo, el gasto público o la presión tributaria, con lo que aparece la ficción de que crecimientos en el producto justifican crecimientos en el gasto público o en los gravámenes.
Y, por último, en sexto lugar, la conclusión sobre el producto es que no es para nada pertinente que los gobiernos lleven estas estadísticas ya que surge la tentación de planificarlas y proyectarlas como si se tratara de una empresa cuyo gerente es el gobernante. Esto no permite ver que cuando gobernantes estiman tasas de crecimiento del producto no es que se opongan a que sen más elevadas y si resultan menores es porque así lo resolvió la gente.
Si prevalece un clima de libertad y de respeto recíproco los resultados serán los que deban ser. En este sentido, el premio Nobel en economía James M. Buchanan ha puntualizado en “Rights, Efficency and the Irrelevance of Transction Costs” que “mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras no exista fuerza y fraude, entonces los acuerdos logrados son, por definición, aquellos que se clasifican como eficientes”.
Si por alguna razón el sector privado considera útil compilar las estadísticas del producto bruto procederá en consecuencia pero es impropio que esa tarea esté a cargo del gobierno. Cuando un gobernante actual se pavonea porque durante su gestión mejoraron las estadísticas de la producción de, por ejemplo, trigo es menester inquirir que hizo en tal sentido y si la respuesta se dirige a puntualizar las medidas que favorecieron al bien en cuestión debe destacarse que inexorablemente las llevó a cabo a expensas de otro u otros bienes. No hay alquimias posibles, en esta instancia del proceso de evolución cultural, lo único que un gobierno puede hacer para favorecerle progreso de la gente es respetar marcos institucionales civilizados que aseguren los derechos a la vida, la propiedad y la libertad.
Por otra parte, concentrar la atención solo en lo material hace perder de vista la razón espiritual del hombre…como escribió el decimonónico Leslie Stephen “es más fácil construir iglesias que pensar en que es lo que se va a enseñar dentro de ellas”.
Pienso que ilustra lo que aquí consideraremos brevemente lo que escribe Wilhelm Röpke (en A Human Economy. The Social Framework of the Free Society): “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […] Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad […] Tras los agregados pseudo-mecánicos hay gente individual, son sus pensamientos y juicios de valor”.
Del otro lado del espectro intelectual, quien con más peso ha abogado por el análisis de equilibrio ha reconocido su fracaso. Se trata de Mark Blaug (en “Afterword” de su Appraising Economic Theories) donde consigna que “Los Austríacos modernos [la Escuela Austríaca de Economía] van más lejos y señalan que el enfoque walrasiano al problema del equilibrio en los mercados es un cul de sac: si queremos entender el proceso de la competencia más bien que el equilibrio final tenemos que comenzar por descartar aquellos razonamientos estáticos implícitos en la teoría walrasiana. He llegado lentamente y a disgusto a la conclusión de que ellos están en lo correcto y que todos nosotros hemos estado equivocados”.
Por su parte, John Hicks finalmente reconoce (en Capital y tiempo) que “He manifestado la afiliación Austríaca de mis ideas; el tributo a Böhm-Bawerk y a sus seguidores es un tributo que me enorgullece hacer. Yo estoy dentro de su línea, es más, comprobé, según hacía mi trabajo, que era una tradición más amplia y extensa que la que al principio parecía”. En resumen, la humanización no solo no resta rigurosidad a la ciencia económica sino que fortalece sus preceptos y no los escinde de otros vínculos fundamentales. Una concepción más abierta como la que enseñan modernas tradiciones de pensamiento, permite un mejor entendimiento de las bases de la economía en armonía con otras disciplinas. Muchas de las incomprensiones y reparos que habitualmente se hacen a la economía proceden de profesionales que no han entendido el objeto de su propia profesión y la confunden con autómatas que se limitan a recitar cifras y cuadros estadísticos sin siquiera comprender la sustancial diferencia entre “los hechos” en ciencias naturales y los llamados “hechos” en ciencias sociales tal como destaca Friedrich Hayek, otro premio Nobel en economía, en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences”.
Harold Demsetz (1930-2019), QEPD
Acabo de recibir la triste noticia del fallecimiento de Harold Demsetz. Peter Boettke escribió este post en su memoria, el que por supuesto recomendamos leer.
También puede resultar oportuno compartir esta síntesis de uno de sus trabajos clásicos que escribí en 2012.

La ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica
Harold Demsetz escribió un artículo (disponible aquí en español) que hoy posiblemente constituye un clásico de la literatura en el que inicia el desarrollo de lo que puede ser llamado una “teoría de los derechos de propiedad”.
Sostiene allí que los economistas estudian el “intercambio”, pero no siempre son conscientes que al intercambiar productos, lo que en realidad hacen, es intercambiar “paquetes” de derechos de propiedad.
Lo cierto es que para la mayoría de los economistas los derechos de propiedad son sólo un dato, algo que se asume, sin atender a que ciertos planteos debieran ser requisito para poder responder después a otras preguntas fundamentales del análisis económico.
Una primera consideración que hace el autor es plantear que en una economía autística de un sujeto aislado, como puede ser el caso de Robinson Crusoe en la isla, los derechos de propiedad carecen de interés.
Los derechos de propiedad son un instrumento de la sociedad, y como tal, requiere un consentimiento de los pares sobre el uso de los bienes que poseemos. De alguna manera, los derechos de propiedad permiten que las personas tengan expectativas acerca de las relaciones con otros. Dicho de otro modo, los derechos de propiedad especifican de qué modo las personas pueden beneficiarse o perjudicarse con la interacción.
Demsetz lo ejemplifica comparando dos casos: una persona puede perjudicar a su competidor si ofrece un mejor producto o servicio, pero no puede perjudicarlo golpéandolo o tirándole un tiro.
La externalidad es así un concepto ambiguo que han creado los economistas para justificar la intervención del estado. Claramente hay muchas acciones que las personas toman que afectan (positiva o negativamente) a otras personas, pero no todas son generadoras de conflictos. De ahí la crítica de Ronald Coase a Arthur Pigou —todavía replicada en muchos manuales tradicionales de economía— por señalar que las externalidades negativas siempre requieren de la aplicación de un impuesto para reducir sus efectos.
De hecho, Ronald Coase explica que en el mundo real la mayor parte de las externalidades que producen ciertas acciones, son internalizadas por el mismo mercado, cuando las partes llegan a un acuerdo voluntario. La propiedad privada promueve entonces incentivos para internalizar las externalidades. La ausencia de propiedad privada es en muchos casos la responsable de la existencia de conflictos.
La pregunta que sigue es sobre el origen de los derechos de propiedad como institución social y tomar el caso de los aborígenes en el problema de propiedad privada de la tierra nos puede ayudar a encontrar algunas respuestas. La información de la que disponemos es incompleta, pero se ha dicho que la caza y el comercio de pieles ha sido motivo de extensos conflictos. Dicho en pocas palabras, la ausencia de derechos de propiedad implica incentivos para la caza desmedida de animales, lo que redunda en que nadie se preocupe en invertir para desarrollar o mantener el stock. La caza exitosa de unos es un costo externo que se les impone a los cazadores siguientes, pues se reduce la cantidad de animales que éstos pueden cazar.
Al principio la caza tenía como objeto prioritario el alimento, mientras unas pocas pieles eran suficientes en cualquier familia. El costo externo de la caza de unos era bajo para otros.
Pero todo cambió con el surgimiento del comercio de pieles, lo que ocasionó dos consecuencias importantes: 1) el aumento acelerado de su valor; 2) el aumento de la caza de animales. Ambos aspectos redundaron en un incremento en el costo externo que unos cazadores ejercían sobre otros, lo que motivó un cambio en el sistema de derechos de propiedad. Apareció entonces la distribución de tierras y comenzaron a delimitarse los terrenos. En algunos lugares los derechos de propiedad fueron altamente desarrollados, al punto de asegurar la trasmisión por herencia.
La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hace económico, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.
El autor también trabaja sobre las formas de propiedad, distinguiendo la propiedad comunal, la propiedad privada y la propiedad estatal.
Entiende por propiedad comunal el derecho que puede ser ejercido por todos, como fue al principio del ejemplo anterior, el derecho a la caza o el aprovechamiento de la tierra, así como es hoy el caminar por una vereda. Ni el estado, ni ningún individuo puede impedir que otro ejercite su derecho de propiedad comunal.
En el caso de la propiedad privada, la comunidad reconoce el derecho del propietario a excluir a otros del ejercicio de tales derechos.
En la propiedad estatal, el Estado puede excluir a cualquiera del ejercicio del derecho, pero el autor no profundiza.
En el comparativo entre propiedad privada y propiedad comunal —que históricamente inicia al menos en la Antigua Grecia—, el ejemplo estudiado sintetiza que si alguien maximiza el valor de su derecho comunal, tenderá a cazar en exceso o trabajar de más la tierra porque comparte sus costos con otros. El stock de animales, así como la riqueza del suelo, disminuirá con rapidez. Bajo propiedad comunal el costo de transacción de alcanzar acuerdos es muy alto, pues se requiere unanimidad.
Bajo propiedad privada, los costos de transacción para alcanzar un acuerdo se reducen notablemente, la internalización de costos externos se incrementa y surgen incentivos para invertir en el desarrollo y crecimiento del stock de animales y del cuidado de la tierra.
LA ASOMBROSA ACEPTACIÓN DEL MARXISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Jean-Paul Sartre ha escrito que el marxismo todo lo impregna. A pesar de los estrepitosos fracasos, de la pobreza y miseria que generó y genera y de las horrendas matanzas y espeluznantes hambrunas que ha causado, a pesar de todo esto sus preceptos medulares siguen en pie y con variadas etiquetas se lo sigue aceptando.
Un buen número de intelectuales se dejaron seducir por el marxismo que recién abandonaron una vez que comprobaron de primera mano los desastres irreversibles que produce. Hoy se suele renegar de la etiqueta marxista pero se adoptan y suscriben buena parte de sus recetas, lo cual está presente en aulas universitarias, en círculos sindicales, en medios periodísticos, en ámbitos empresarios, en iglesias, en organismos internacionales financiados por gobiernos, en un número nada despreciable de los libros publicados. Incluso los hay quienes se proclaman abiertamente anti-marxistas pero incorporan sus principios.

Ha habido y hay fervientes revisionistas que objetan distintos aspectos del marxismo pero vuelven una y otra vez a sus ejes centrales. Aparecen marxistas edulcorados que rechazan enfáticamente la violencia sin percatarse que está en la naturaleza de todo régimen totalitario el uso sistemático de la fuerza al efecto de torcer voluntades que pretenden operar en direcciones distintas a las impuestas por los mandones de turno.
También ha habido casos de extraordinarios escritores que han demostrado gran disgusto por todo tipo de abusos de poder pero muy paradójicamente se han declarado comunistas, como es el caso de Tolstoi, especialmente en sus trabajos menos conocidos pero muy sustanciosos, a diferencia de Dostoievsky quien recibió influencias bienhechoras de los dos profesionales rusos becados en la cátedra de Adam Smith. Debido al sistema de privilegios que lo rodeaba, Tolstoi consideraba que la institución de la propiedad privada provenía del otorgamiento de prebendas. Tolstoi, a diferencia de Dostoievsky, no se interiorizó del rol de la propiedad privada como esenciadísimo al efecto de asignarla en las manos más eficientes para atender las demandas de la gente a través del sistema de ganancias y pérdidas.
En el tercer capítulo del Manifiesto Comunista escrito en 1848 por Marx y Engels se consigna el aspecto central de su tesis “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Si no hay propiedad privada, no hay precios, ergo, no hay posibilidad de contabilidad, evaluación de proyectos o cálculo económico. Por tanto, no existen guías para asignar eficientemente los siempre escasos recursos y, consecuentemente, no es posible conocer en que grado se consume capital. Y conviene enfatizar que los daños se producen en la medida en que se afecte la propiedad sin necesidad de abolirla.
A este enjambre crucial imposible de resolver dentro del sistema, se agrega el historicismo inherente al marxismo, contradictorio por cierto puesto que si las cosas son inexorables no habría necesidad de ayudarlas con revoluciones de ninguna especie. También es contradictorio su materialismo dialéctico que sostiene que todas las ideas derivan de las estructuras puramente materiales en procesos hegelianos de tesis, antítesis y síntesis ya que, entonces, en rigor, no tiene sentido elaborar las ideas sustentadas por el marxismo.
Esta dialéctica hegeliana aplicada a las relaciones de producción pretende dar sustento al proceso de lucha de clases. En este contexto Marx fundó su teoría del polilogismo, es decir, que la clase burguesa tiene una estructura lógica diferente de la de la clase proletaria, aunque nunca explicó en que consistían las ilaciones lógicas distintas ni como se modificaban cuando un proletario se ganaba la lotería ni cuando un burgués es arruinado y en que consiste la estructura lógica de un hijo de un proletario y una burguesa.
Las contradicciones son aún mayores si se toman los tres pronósticos más sonados de Marx. En primer lugar que la revolución comunista se originaría en el núcleo de los países con mayor desarrollo capitalista y, en cambio, tuvo lugar en la Rusia zarista. En segundo término, que las revoluciones comunistas aparecerían en las familias obreras cuando todas surgieron en el seno de intelectuales-burgueses. Por último, pronosticó que la propiedad estaría cada vez más concentrada en pocas manos y solamente las sociedades por acciones produjeron una dispersión colosal de la propiedad tal como en un contexto más amplio hoy explican autores como Anthony de Jasay cuando critican a Thomas Piketty.
En este muy apretado resumen periodístico, cabe mencionar que la visión errada de Marx respecto a la teoría del valor-trabajo dio lugar a la noción de la plusvalía. Aquella concepción sostenía que el trabajo genera valor sin percatarse que las cosas se las produce (se las trabaja) porque se les asigna valor y no tienen valor por el mero hecho de acumular esfuerzos (por más que se haya querido disimular el fiasco con aquella expresión hueca del “trabajo socialmente necesario”).
En el primer libro que Marx y Engels escribieron juntos publicado en 1845, La sagrada familia. Crítica de la crítica crítica aluden a estudios realizados por Bruno Bauer y sus hermanos Edgar y Egbert. La obra contiene muchas aristas pero la que ahora subrayo es el materialismo de Marx (determinismo físico según la terminología popperiana) ya puesto en evidencia en su tesis doctoral sobre Demócrito.
Lenin era más sagaz que sus maestros ya que nunca creyó que el llamado proletariado podía dirigir y mucho menos gobernar una revolución (ni en ninguna circunstancia). Por eso escribió lo que aparece en el quinto tomo de sus obras completas en el sentido que “no es el proletariado sino la intelligentsia burguesa: el socialismo contemporáneo ha nacido en las cabezas de miembros individuales de esta clase”. Por esto también es que Paul Johnson en su Historia del mundo moderno destaca que “Lenin nunca visitó una fábrica ni pisó una granja”.
Curiosa es en verdad la noción de los marxistas sobre la división del trabajo: Marx y Engels consignan en La ideología alemana que “en una sociedad comunista, en la que nadie tenga una esfera exclusiva de actividad sino que cada uno pueda formarse en cualquier sector que desee, la sociedad regula la producción general y por tanto me hace posible hacer hoy una cosa y mañana otra, cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado al atardecer, criticar después de cenar, como me apetezca, sin convertirme nunca en cazador, pescador, pastor o crítico”.
A pesar de esta visión idílica, la violencia está indisolublemente atada al marxismo. Por esto es que en el antedicho Manifiesto comunista declara que “no pueden alcanzar los objetivos más que destruyendo por la violencia el antiguo orden social”. Por esto es que Marx en Las luchas de clases en Francia en 1850 y al año siguiente en 18 de Brumario condena enfáticamente las propuestas de establecer socialismos voluntarios como islotes en el contexto de una sociedad abierta. Por eso es que Engles también condena a los que consideran a la violencia sistemática como algo inconveniente, tal como ocurrió, por ejemplo, en el caso de Eugen Dühring por lo que Engels escribió El Antidühring en donde subraya el “alto vuelo moral y espiritual” de la violencia.
Lo dicho no va en desmedro de la conjetura respecto a la honestidad intelectual de Marx en cuanto a que su tesis de la plusvalía y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la teoría subjetiva del valor expuesta por Carl Menger en 1870 que echaba por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por ello es que después de publicado el primer tomo de El capital en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra tal como nos informa Engels en la introducción al segundo tomo veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. A pesar de contar con 49 años de edad cuando publicó el primer tomo y a pesar de ser un escritor muy prolífico se abstuvo de publicar sobre el tema central de su tesis de la explotación y solo publicó dos trabajos adicionales: sobre el programa Gotha y el folleto sobre la comuna de Paris.
Parte de la tesis de esta nota estriba en que, mal que les pese a «los progres» y a los «fachos», la manía de identificar una postura intelectual por la localización geográfica de derecha e izquierda presenta una falsa disyuntiva.
La representación más fuerte de las derechas está constituida por el nazi-fascismo. En los hechos, Hitler tomó cuatro pilares del marxismo: la teoría de la explotación, el ataque a la propiedad, el antiindividualismo y la teoría del polilogismo. Por su parte, Mussolini fue secretario del Círculo Socialista y colaboró asiduamente en el periódico Avenire del Lavoratore, órgano del movimiento socialista, época en que sus lecturas favoritas incluían a George Sorel, Kropotkin y la dupla Marx-Engels. Luego fue colaborador del diario Il Populo y director de Avanti. Tal como consigna Gregorio De Yurre en Totalitarismo y egolatría , «era la figura más destacada y representativa del ala izquierdista del marxismo italiano».
En realidad, tanto los nazis como los fascistas, al permitir el registro de la propiedad de jure pero manejada de facto por el gobierno, lanzan un poderoso anzuelo para penetrar de contrabando y más profundamente con el colectivismo respecto del marxismo que, abiertamente, no permite la propiedad, ni siquiera nominalmente.
Entre los autores que han enfatizado las similitudes y parentescos de la izquierda y la derecha se destaca nítidamente Jean-François Revel, quien en La gran mascarada apunta: «No se puede entender la discusión sobre el parentesco entre el nazismo y el comunismo si se pierde de vista que no sólo se parecen por sus consecuencias criminales sino también por sus orígenes ideológicos. Son primos hermanos intelectuales».
Tengamos muy presente lo que señala el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su Barbarism with a Human Face : «Aplíquese marxismo a cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final». Respecto de la social democracia de Eduard Bernstein conviene subrayar que a pesar de su revisionismo respecto de Marx, insiste en el redistribucionismo que significa reasignar factores productivos desde las áreas preferidas por los consumidores hacia las deseadas por los aparatos estatales, con lo que el consiguiente derroche de capital reduce salarios e ingresos en términos reales. La actual quiebra de los llamados «sistemas de seguridad social» coactivos en distintas partes del mundo, los desplantes del sindicalismo compulsivo, la maraña y caos fiscal son el resultado de la antedicha visión, que termina empobreciendo a quienes se dice se desea proteger y la destrucción del derecho a manos del pseudoderecho, son algunos de los resabios marxistas.
Es de interés remontarse a Marx y tomar su noción de ideología como algo enmascarado, un engaño que oculta otros intereses, por ende, en este contexto, se trata de algo falso que encubre intenciones espurias. En esta línea argumental, toda cultura sería ideológica excepto la marxista que sería transideológica. En un sentido más amplio y de acepción más generalizada, un ideólogo es aquel que profesa un sistema cerrado, terminado e inexpugnable. En otros términos, lo contrario al liberalismo que, por definición, está abierto a un proceso de constante evolución.
Es así que, en definitiva, la tesis marxista, crítica de la ideología y de la religión (“el opio de los pueblos”) se convierte en una ideología y en una caricatura de religión con dogmas, creencias y ortodoxias no susceptibles de revisarse y los que han pretendido alguna oposición han sido condenados severamente como herejes. Una propuesta cerrada y terminada que debe tomarse en bloque.
En todo caso, es pertinente detectar la conexión entre ideología y violencia, puesto que el peligro es enorme de cazas de brujas cuando se considera que se posee la verdad absoluta y se busca el poder. El adagio latino lo explica: ubi dubium ibi libertas (donde no hay dudas, no hay libertad puesto que se sabe a ciencia cierta donde dirigirse sin necesidad de sopesar alternativas ni decisiones). Es muy fácil para el ideólogo deslizarse hacia el uso de la fuerza “para bien de la humanidad” aun destrozando las libertades del hombre concreto. Si está todo dicho y es la verdad absoluta hay una tentación para imponerla y excomulgar a los no creyentes. Son seres apocalípticos que pretenden rehacer la naturaleza humana y a su paso dejan un tendal de cadáveres. Son “redentores” que aniquilan todo lo que tenga visos de humano. Son militantes (esa palabreja espantosa que usan algunos desprevenidos) que obedecen ciegamente los dictados de sus dogmas y consignas tenebrosas.
ESEADE – Video de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas
Webinar Gratuito sobre el Fracaso del Socialismo
Este sábado, a partir de las 12:30 pm, hora de Argentina, Iván Carrino hará una conferencia online sobre el fracaso teórico y práctico de las ideas socialistas.
La charla, que en formato de Webinar podrá accederse desde todo el mundo a través de YouTube, está organizada por la agrupación Estudiantes por la Libertad,de Venezuela.
Abajo toda la información, junto con el link para acceder al webinar.
Link para acceder: https://www.youtube.com/watch?v=xpRTw5GPvMY
Demanda y Oferta de Cambio Institucional
Supongamos que luego de 12 años de gobierno kirchnerista (o 4 u 8 de Cambiemos), un nuevo gobierno asume con la bandera de la promesa de un cambio institucional profundo. No cambios de cosmética fiscal, sino verdaderos cambios institucionales y culturales en las reglas de juego de la sociedad y economía del país. Este cambio institucional puede darse vía demanda o vía oferta de cambio.
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