"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
El debate sobre las ventajas e inconvenientes de distintas formas de organización económica entre la economía de mercado y la planificación central tiene siempre como trasfondo, implícita o explícitamente, una noción acerca de qué «problema» necesita ser resuelto por un sistema económico. Sobre esa base es posible discutir qué forma de organización es capaz de resolver dicho problema de manera más satisfactoria.
Hasta el día de hoy, la mayoría de los economistas ha considerado el «problema económico» exclusivamente en los términos propuestos por Lionel Robbins: el problema es la escasez de los recursos necesarios para la satisfacción de una variedad de fines. El argumento es entonces que el mercado, a través de un sistema de precios, alcanza «automáticamente» una asignación razonable de esos recursos escasos. La versión más extrema de este argumento hace uso del modelo de la llamada «competencia perfecta» y postula que una economía con las características del modelo es capaz de alcanzar una situación óptima (más específicamente, un óptimo de Pareto). Como para la mayoría de los economistas es obvio que ninguna economía real satisface los supuestos del modelo, el debate se orienta entonces hacia la determinación de si existen intervenciones gubernamentales en el mercado o sistemas económicos radicalmente distintos capaces de lograr una asignación más eficiente de los recursos. El problema es que quienes adoptan esta línea de análisis frecuentemente parecen ignorar o no haber comprendido algunas conclusiones que se derivan del debate sobre los méritos relativos del mercado y la planificación central, confrontación que se desarrolló en la década del treinta.
Seguir leyendo aquí. (Libertas 11, ESEADE, octubre de 1989)
En los actos de la vida diaria se pone de manifiesto que habitualmente pensamos en las causas próximas e ignoramos las remotas. Por lo general se cree que la fuerza motriz que impulsa a una locomotora es el vapor, sin tomar conciencia de que éste sólo es un intermediario y de que el verdadero iniciador es el calor del fuego. Lo que no se advierte es que el motor de vapor es en realidad un motor de calor, que sólo difiere de otros motores de calor (como los alimentados con gas) en el medio empleado para transformar el movimiento molecular en movimiento molar.
Habitualmente, esta limitación de la conciencia a la captación de relaciones directas sin tener en cuenta las indirectas vicia el pensamiento acerca de los asuntos sociales. El efecto primario que se produce cuando se construye una casa, o se hace un camino, o se drena un campo, es que los hombres se ponen a trabajar; y se empieza a considerar que el trabajo, que para el pensamiento es más importante que el sustento que se obtiene por su intermedio, es beneficioso en sí mismo. El bien que se imagina no es el aumento en el stock de mercancías o de instrumentos que satisfacen las necesidades humanas, sino el gasto del trabajo que las produce. De ésto nacen diversas falacias, por ejemplo, que la destrucción por el fuego beneficia al comercio, o que el empleo de maquinarias perjudica a la gente. Estos errores podrían haberse evitado si en lugar de lo próximo, el trabajo, se hubiera tomado en cuenta lo último, o sea la producción. Algo parecido ocurre con las falacias relacionadas con el dinero. Los hombres llegan a asociar la idea de valor con el dinero, que puede intercambiarse por todo tipo de cosas deseadas, más bien que con las cosas mismas que satisfacen el deseo y que, en consecuencia, son las que tienen un valor real. Por lo tanto, las promesas de pago que hacen las veces de dinero y que no poseen valor intrínseco pero sí poder de compra se asocian de tal modo con la idea de valor a causa de la experiencia cotidiana, que su posesión en abundancia se considera sinónimo de riqueza; según este concepto la prosperidad nacional queda asegurada si se posee una buena cantidad de billetes. Si se pensara en términos de bienes, en lugar de hacerlo en términos de símbolos, se habrían evitado estos errores. También la educación nos muestra esta usurpación de la conciencia por las cosas inmediatas con exclusión de las remotas, este olvido de los fines mientras los medios son considerados como tales. Cuando el saber acumulado en la antigüedad dejó de ser corriente se hizo indispensable el aprendizaje del latín y del griego para acceder a él, y estas lenguas muertas fueron consideradas como medios. Pero su estudio persiste todavía hoy, cuando ya hace mucho tiempo que aquel saber se ha hecho accesible en nuestras lenguas, y hemos adquirido una enorme cantidad de conocimientos nuevos; más aun, se ha convertido prácticamente en un fin en sí mismo, sustituyendo al fin original. A los jóvenes que poseen cierto dominio de estas lenguas se los considera educados, aunque sólo conozcan superficialmente la cultura clásica y no sepan prácticamente nada del inmenso caudal de conocimientos, mucho más valiosos, que se han ido acumulando a lo largo de siglos de investigaciones y estudios.
¿Con qué objeto hacemos esta observación general, ilustrada de diversas maneras? Con el de preparar el camino para poner otro ejemplo, que es el que ahora nos interesa. El error consistente en considerar como fines lo que sólo son medios, y la búsqueda de los medios descuidando los fines, ha viciado profundamente el pensamiento político. De aquí provienen, entre otras, las ilusiones más corrientes con respecto a los «derechos políticos».
Acceda aquí al documento completo. (Publicado en Libertas No. 11, ESEADE, octubre de 1989).
En este ensayo intentaré probar que en el terreno del pensamiento social no sólo la segunda mitad del siglo XIX, sino también nuestro propio siglo, deben su enfoque particular, en gran medida, a las coincidencias entre dos pensadores a quienes por lo general se los considera como antípodas intelectuales: el “idealista” alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel y el “positivista” francés Auguste Comte. En algunos aspectos, es cierto que estos hombres en realidad representan posiciones de pensamiento filosófico tan opuestas que parecen haber vivido en siglos distintos y casi no haberse ocupado de los mismos temas. Pero en este artículo, mi interés en la totalidad de sus sistemas filosóficos será sólo circunstancial. Me ocuparé en particular de la influencia que ejercieron en la teoría social, ya que es en este campo donde las ideas filosóficas pueden influir en forma más profunda y duradera. Y tal vez, el modo en que voy a tratar el tema sea el más claro para ilustrar los efectos de largo alcance de las ideas más abstractas.
Seguir leyendo aquí. Documento publicado en Libertas No. 11, ESEADE, octubre de 1989. Traducido de F. A. Hayek, The Counter-Revolution of Science, Indianapolis, Liberty Press, 1979. Derechos cedidos por Liberty Fund, Inc., Indianapolis, EE.UU.
La escuela austríaca de economía no se ha caracterizado por una dogmática homogeneidad de pensamiento. Si bien todos los autores que pertenecen a esta tradición comparten puntos de vista comunes que los distinguen de otros programas de investigación,1 hay algunos temas sobre los cuales las diferencias entre ellos han sido y son profundas. Entre los puntos en disputa podemos señalar el de la metodología de la ciencia (praxeología, hipotético deductivo, hermenéutica), el de las instituciones monetarias apropiadas en un mercado libre (patrón mercancía con reserva del 100%, patrón mercancía con reserva fraccionaria, competencia de monedas nominales), la teoría del capital (Menger no aceptó la totalidad de los aportes de Böhm-Bawerk), la teoría del monopolio (von Mises, Kirzner y Rothbard tienen planteos diferentes), etcétera. Actualmente quizás el tema que causa las mayores controversias sea el de los procesos de mercado y su relación con el equilibrio.
Podemos considerar este debate como un conflicto de visiones sobre la naturaleza del mercado, el rol de los procesos y el del equilibrio general competitivo. Schumpeter describía una visión como un “acto cognoscitivo pre-analítico”,2 esto es, lo que sentimos o percibimos acerca de un fenómeno antes de haber elaborado sobre él ningún tipo de razonamiento sistemático. Estas visiones serían los fundamentos sobre los que construimos las distintas teorías. La disconformidad con el modelo de equilibrio general encontró entre los austríacos dos visiones alternativas acerca del proceso de mercado. Por eso, si “una visión es nuestra impresión de cómo funciona el mundo”,3 podemos entender por qué un conflicto entre ellas ha originado teorías explicativas de diferentes características.
Seguir leyendo aquí. (Libertas 11, ESEADE, octubre de 1989).
Esta presentación de Macro-Finanzas que compartimos con Santiago García Segura, describe el macroentorno actual en Argentina, además de advertir de importantes oportunidades de inversión en materia financiera. La presentación fue ofrecida el pasado martes 21 de mayo, en el marco de las actividades de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.
Constanza Mazzina, Profesora de Análisis Institucional en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, explica en este artículo publicado en el diario Perfil qué función cumplen los vice Presidentes en el entramado electoral y en la configuración de fuerzas políticas.
Referencia al Dr. Mario Serrafero, analiza el origen de la función del Vice Presidente, recuerda el caso americano con Vice y el caso mexicano sin Vice, y también a algunos Vice polémicos de la historia Argentina reciente.
En momentos en que en nuestro país el actual mandatario decide asociarse en la fórmula para la próxima contienda electoral a un peronista de permanente y decidida actuación en el anterior gobierno, es del caso repasar el significado del peronismo aunque ya hayamos escrito sobre el particular. Esta decisión desafortunada en cuanto a la preservación de los valores de una sociedad libre, se adopta luego que la actual gestión ha incrementado las cargas fiscales, ha aumentado sideralmente la deuda estatal, ha ensanchado el déficit total, ha elevado el ya astronómico gasto público y mantiene una inflación mensual equivalente a la anual en países civilizados. La actual administración al encontrase frente a estos resultados optó por abrir su espacio pero era de desear que lo hiciera en dirección parecida al camino indicado por políticos como Leandro N. Alem quien enfatizó “gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad.”
Juan Domingo Perón
No ser corrupto no es suficiente, que por otra parte es lo normal y
tampoco son suficientes las buenas intenciones, el tema son los resultados no las
explicaciones.
Resulta sumamente curioso pero a esta altura del siglo xxi cuesta creer
que existan aun personas que seriamente se dicen peronistas. Se ha probado una
y mil veces la corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel
Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo
a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert
Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias),
la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución
(Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía
(Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes
(Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini,
Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna,
Damonte Taborda) a lo que cabe agregar la detallada obra de Ignacio Montes de
Oca sobre las destrucciones morales y materiales del peronismo ¿Qué más puede
pedirse para descalificar a un régimen?
A este prontuario tremebundo cabe agregar apenas como muestra cuatro de
los pensamientos de Perón, suficientes como para ilustrar su catadura moral. En
correspondencia con su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una
casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los
que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo
que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los
Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades
tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para
los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural
Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).
También proclamó “Al enemigo, ni justicia” (carta de Perón de su puño y
letra dirigida al Secretario de Asuntos Políticos Román Alfredo Subiza, cit.
por J. J. Sebreli, Los deseos imaginarios
del peronismo, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1983, p. 84). En otra
ocasión anunció que “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los
opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de
septiembre de 1947, Buenos Aires). Por último, para ilustrar las
características del peronismo, Perón consignó que “Si la Unión Soviética
hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en
el primer Fidel Castro del continente” (Marcha,
Montevideo, febrero 27 de 1970).
Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era
distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada
principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien
además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación
cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas
(donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a
comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de
“bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la
Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus
matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos
apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos y,
también a la vuelta de su exilio, se
decidió por abrazarse con Ricardo Balbín (un antiguo opositor que a esa altura
se había peronizado).
A nuestro juicio la razón por la que se prolonga el mito peronista se
basa en la intentona de tapar lo anterior con una interpretación falaz de lo
que ha dado en llamarse “la cuestión social” en el contexto de la imposición de
un sistema sindical copiado de Mussolini, leyes de alquileres y desalojos que
arruinaron los patrimonios de tantas familias de inmigrantes, una inflación
galopante que se pretendió disimular con controles de precios para “atacar el
agio y la especulación”, con una colosal cerrazón del comercio exterior
administrado por el IAPI, el abrupto aumento de la pobreza y una corrupción en
todos los niveles gubernamentales.
En este sentido de “lo social”, transcribo una carta del Ministro
Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su
“compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M,
fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita
Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes
lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los
trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para
gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan
en brete´” (copia de la misiva mecanografiada la reproduce Silvano Santander
en Técnica
de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la
Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56). La cita de Perón
es usada también por Santander como epígrafe de su libro.
En un artículo publicado por Claudia Peiró en Infobae el 8 de julio de 2017 se reproduce una misiva
mecanografiada de Perón a Mao:
“Madrid, 15 de julio de 1965
Al Sr. Presidente Mao Tse Tung
Mi querido Presidente y amigo:
Desde este difícil exilio, aprovecho la magnífica oportunidad que brinda
el viaje de los jóvenes dirigentes peronistas del MRP, gentilmente invitados
por Uds. para hacerle llegar junto con mi saludo más fraternal y amistoso, las
expresiones de nuestra admiración hacia Ud., su Gobierno y su Partido; que han
sabido llevar a la Nación China el logro de tantas e importantes victorias, que
ya el mundo capitalista ha comenzado por reconocer y aceptar.
Su pensamiento y su palabra de Maestro Revolucionario, han calado hondo
en el alma de los pueblo que luchan por liberarse -nosotros entre ellos- que
nos debatimos, en estos últimos diez años, en marchas y contramarchas propias
del proceso de un pueblo, que va preparando las condiciones más favorables para
la lucha final contra el Imperialismo Norteamericano y sus aliados permanentes
-entre ellos ahora, los actuales dirigentes soviéticos- se equivocan cuando
piensan que con el engaño de una falsa coexistencia pacífica podrán detener la
marcha de estos pueblos sedientos de justicia en pos de su liberación.
El ejemplo de China Popular, hoy base inconmovible de la Revolución
Mundial, permite a los hombres de las nuevas generaciones prepararse para la
larga lucha con más claridad y firme determinación.
La acción nefasta del Imperialismo, con la complicidad de las clases
traidoras, han impedido en 1955 que nosotros cumpliéramos la etapa de la
Revolución Democrática a fin de preparar a la clase trabajadora para la plena y
posterior realización de la Revolución Socialista. Pero, de la derrota de esa
fecha, hemos recogido grandes ejemplos que nos permiten prepararnos con mucha
más firmeza, para que nuestro pueblo pueda tomar el poder y así instaurar la
era de gobierno de los oprimidos -la clase trabajadora- única capaz de realizar
una política de paz y felicidad para nuestro pueblo. Nuestros objetivos son
comunes –por eso me felicito de este contacto de nuestros luchadores con esa
realidad que son ustedes.
En lo fundamental somos coincidentes, y así lo he expresado muchas veces
ante nuestros compañeros, la clase trabajadora y peronista de Argentina. Quedan
los aspectos naturales y propios de nuestros países, que hacen a sus condiciones
socio-económicas, y que modifican en cierta forma la táctica de lucha.
Los compañeros portadores sabrán explicar de viva voz nuestros puntos de
vista, y el gran deseo de que la más profunda y sincera de las amistades se
consolide entre nosotros.
Reciba, querido Presidente, las seguridades de nuestros mayores
sentimientos. Somos confiantes en el triunfo de la justicia y la verdad. Nada
ni nadie podrá detener la hora de los pueblos.
Por el triunfo de nuestras comunes luchas, por el triunfo y la felicidad
del Pueblo Chino; por la liberación de los pueblos oprimidos, con toda amistad,
Un gran abrazo,
Juan Perón.”
Después de este resumen no parece racional es seguir machacando con el peronismo que ha juntado todas los desaciertos y las lacras de nuestra historia como consecuencia del abandono de muchos que no han sido capaces de mostrar las ventajas de adoptar los valores y los principios de una sociedad libre, lo cual se venía incubando desde el golpe fascista del 30 agudizado en grado extremo a partir del golpe del 43. Es del caso recordar el célebre dictum de George Santayana en cuanto a que “Aquellos que no estudian la historia están condenados a repetirla”, por lo que nunca es tarde para rectificar el rumbo si somos capaces de hacer un examen de conciencia y dar preeminencia a la integridad moral como condición para el progreso de todos.
Adam Smith retomó sin saberlo una tradición iniciada por la Escuela de Salamanca o Escolástica Tardía a través de Grotius, Cumberland, Hooker y Puffendorf y lo hizo con una fuerza notable asentando su esqueleto conceptual en su obra titulada La teoría de los sentimientos morales en 1759 que dio sustento a su trabajo posterior de economía. Este es el contexto por más que ciertos economistas modernos se nieguen a identificar las raíces de su propia disciplina.
Según uno de los biógrafos de Smith –William R. Scott- el secuestro que
sufrió de niño a manos de un grupo que se identificó como gitano lo vacunó
contra la asfixia de la libertad que quedó grabado en su subconsciente y
“engendró una actitud de justificada antipatía a todos los procedimientos
compulsivos y una receptividad a todo lo que estuviera en dirección a la
libertad”. Edmund Burke consignó que aquella obra “constituye posiblemente una
de las más bellas expresiones de la teoría moral que hayan aparecido.”
También han influido
sobre Smith, Locke, Cantillion, Turgot, Voltaire, Helvetius, Mandeville, sus
amigos Hume y Ferguson y muy especialmente su profesor Francis Hutcheson (y su
predecesor en la cátedra de Glasgow, Gershom Carmichel). Los trabajos
publicados de Hutcheson muestran sus sólidos fundamentos filosóficos en los que
se destacan sus argumentos contra el materialismo (o determinismo físico para
recurrir a una terminología más reciente de Popper), lo cual queda consignado
en una magnifica edición de Liberty Fund titulada Logic, Metaphisics and the Natural Sociability of Mankind.
En las primeras
líneas del primer capítulo de la primera sección de ese trabajo sobre moral,
Smith se refiere al interés personal como el motor de las acciones que también
mueve a hacer al bien a los demás. En el capítulo tercero de esa sección
explica en consonancia con los estoicos la importancia y las ventajas del
cosmopolitismo y el ser “ciudadano del mundo” (a contracorriente de los
nacionalismos hoy en boga). Y en el segundo capítulo de la segunda sección se
detiene a considerar lo que bautiza como “el hombre del sistema” que “con
arrogancia, generalmente enamorado con la supuesta belleza de su plan ideal de
gobierno del que no puede desviarse en lo más mínimo. Procede a implementarlo
en todas sus partes sin consideración alguna a las fuertes oposiciones que
existen: parece que imagina que puede arreglar a los diferentes miembros de la
sociedad tan fácilmente como una mano puede arreglar las piezas en un tablero
de ajedrez, como si esas supuestas piezas de ajedrez no tuvieran otro móvil
aparte de la mano que las mueve, pero en el gran tablero de la sociedad humana
cada pieza tiene un móvil propio totalmente diferente de lo que el legislador
pretende imponer.”
En otras
oportunidades me he referido al célebre trabajo de Smith sobre economía de
1776, la última vez en el libro titulado El
liberal es paciente publicado en Caracas por CEDICE, por lo que ahora en
esta nota periodística me limito a su referido escrito de 1759. En este sentido,
aludo a un punto de gran importancia al que también me he referido antes
parcialmente (en el post-sriptum de Hacia
el autogobierno. Una crítica al poder político publicado en Buenos Aires
por EMECÉ) y es el conclusión lógica que inexorablemente debe haber una primera
causa para que se haga posible nuestra existencia, de lo contrario, si las
causas fueran en regresión ad infinitum
no podríamos existir ni nada de lo que nos rodea puesto que las causas que nos
engendraron nunca habrían comenzado. Esto es lo que algunos denominan Dios,
otros Yahvéh, otros Alá y otros simplemente la Primera Causa.
Smith varias veces en
ese libro sobre moral se refiere al tema, pero el concepto puede condensarse en
el tercer capítulo de la segunda sección en el párrafo donde escribe que “La
idea del Ser divino cuya benevolencia y sabiduría ha concebido y conduce desde
la eternidad la maquinaria del universo de modo que en todo tiempo produzca la
mayor cantidad de felicidad, es ciertamente, de todos los objetos de
contemplación, de lejos, el más sublime.” Esto también muestra la influencia de
su maestro Hutcheson quien desarrolla lo
dicho en la obra antes citada. Las más
modernas teorías del Big-bang para
nada contradicen lo expresado puesto que se trata de lo contingente, mientras
que la referencia al Primer Motor (para usar nomenclatura aristotélica) lo hace
en conexión a lo necesario. Tampoco como se ha hecho notar en distintas
oportunidades la religiosidad tiene oposición alguna con el evolucionismo, más
aun sin esta concepción se consideraría que el hombre es susceptible de la
perfección y de llegar a una meta final en esta tierra, lo cual contradice
abiertamente su naturaleza que obliga a transitar en un trámite difícil de
prueba y error.
Alexis de Tocqueville
ha dicho que “Yo dudo que el hombre pueda alguna vez soportar a un mismo tiempo
una completa independencia religiosa y una entera libertad política y me
inclino a pensar que si no tiene fe es preciso que sirva y si es libre que
crea” (en La democracia en América).
A propósito de fe nos parece más completa la respuesta de Carl Jung cuando le
preguntaron si creía en Dios: “No creo en Dios, se que Dios existe” ( en The Undiscovered Self). Por su parte, el
antes mencionado Burke ha escrito que “La religión es la base de la sociedad
civil y la fuente de todo el bien y toda la prosperidad” (en The Philosophy of Edmund Burke- A Selection
of his Writtings editado por L.I. Bredvold y R. G. Ross), lo cual no
contradice la indispensable “doctrina de la muralla” estadounidense en cuanto a
la tajante separación entre el poder político y la religión.
El premio Nobel en
neurofisiología John Eccles apunta que “Me he esforzado en mostrar que la
filosofía dualista-interaccionista conduce a la creencia en la primacía de la
naturaleza espiritual del hombre, lo que a su vez conduce a Dios.” (en La psique humana) y el premio Nobel en
física Max Plank ha señalado que “Jamás puede haber una verdadera oposición
entre la religión y la ciencia, pues una es el complemento de la otra.” (en ¿Hacia donde va la ciencia?) y Einstein ha enfatizado que “Mi religión
consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se
revela en los más mínimos detalles que podemos percibir con nuestras mentes
frágiles y endebles. Mi idea de Dios se forma de la profunda emoción que
proviene de la convicción que se revela en el universo incomprensible.” (cit. en Robert B.
Downs Albert Einstein: Relativity the
Special and General Theories),
Personalmente los dos
pilares básicos de mi religiosidad descansan en lo mencionado respecto a la
existencia de la Primera Causa y la demostración lógica de la psique, mente o
estados de conciencia como sentido de trascendencia sobre lo cual he escrito,
por ejemplo, “Una refutación al materialismo filosófico y al determinismo
físico” publicado en Lima, Revista de
Economía y Derecho de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.
Comprendo que muchos hayan abandonado religiones oficiales debido a los espantosos
abusos y atropellos de representantes de ciertas iglesias, lo cual también ha
contribuido a rechazar cualquier versión de la religatio, lo cual es incentivado en grado superlativo por los
fanáticos tal como los explica, entre otros, Eric Hoffer en The True Beliver.
En todo caso, presento
aquí lo que estimo es la columna vertebral de lo expresado por Adam Smith en su
texto fundacional del que ahora celebramos su 224 aniversario.
Un reciente documento de la Fundación Libertad y Progreso recopila propuestas de reformas económicas para Argentina. En un país donde se insiste con excusas para no hacer reformas serias, instituciones como LyP sobresalen por intentar generar debates más trascendentales que los que ofrece la política.
No puedo dejar de preguntar, también, qué miran quienes insisten que los «liberales critican pero no proponen» (incluso desde el gobierno).
La conclusión de esta nota periodística es que nosotros los liberales tenemos que hacer mejor nuestros deberes. En lugar de despotricar porque otros no aceptan el liberalismo, tenemos que esforzarnos por pulir el mensaje. Y como tendemos a ser más benévolos con nosotros mismos que con los demás, esta reflexión calma los nervios y nos obliga a un trabajo más intenso. Permutamos la crítica por la autocrítica.
Veamos este asunto por partes. Hay varios grupos de personas que no
aceptan el ideario liberal y que están consubstanciados con las propuestas
estatistas donde el Leviatán se entromete en las vidas y haciendas ajenas. Esos
grupos son básicamente tres. En primer lugar hay quienes toman el asunto como
una religión, como un dogma de fe, son los que están obcecados con su ideología.
Como es sabido, la ideología en su acepción más generalizada es algo cerrado,
terminado, inexpugnable. Es la antítesis del espíritu liberal, por definición
una postura abierta, siempre en la punta de la silla en consonancia con que el
conocimiento tiene la característica de la provisionalidad atento a posibles
refutaciones.
Un segundo conglomerado está conformado por los oportunistas que lo
único a que apuntan es a hacerse del poder sin mucho trámite. Se ubican en el
lado estatista porque es lo conducente para sus fines. No están interesados en
el derecho, más bien patrocinan pseudoderechos, es decir, la capacidad de
apoderarse del fruto del trabajo ajeno a través del uso de la fuerza.
Una tercera clasificación está integrada por los honestos intelectualmente
que creen que la mejor solución estriba en las intromisiones de los aparatos
estatales. Tengo buenos amigos liberales que provienen de las filas socialistas
que lo han hecho todo con la mejor buena fe, personas inteligentes que se han
percatado de su error. Han sido y son intelectuales de fuste que en general han
simpatizado con el pensamiento del marxista Antonio Gramsci en cuanto a que la
faena principal consiste en el debate de ideas puesto que como consignaba aquél
autor “tomen la educación y la cultura, el resto se da por añadidura”. Para
nuestros propósitos, son clave los procesos educativos abiertos y en
competencia.
Casi todos ellos han sido persuadidos por tres autores clave: Ludwig von
Mises al explicar que el socialismo es un imposible técnico puesto que al
debilitar la propiedad privada se distorsionan los precios y, por ende, se
bloquea la contabilidad, la evaluación de proyectos y en general el cálculo
económico. También han sido persuadidos por Friedrich Hayek respecto a la
necesaria dispersión y fraccionamiento del conocimiento en lugar de concentrar
ignorancia en supuestos planificadores y, ante todo, las aseveraciones de
Wilhelm Röpke en cuanto a la preeminencia de valores éticos de respeto
recíproco.
Ahora bien, estimo que los esfuerzos de los liberales deben dirigirse a
este tercer grupo que si no se logra convencer es solo y exclusivamente por
nuestra incapacidad manifiesta en trasmitir un mensaje atractivo, bien
argumentado y consistente.
Pienso que una buena receta para corregir las deficiencias es el
perseverar en mejorar cada clase que dictamos, cada charla en la que
participamos, cada libro que publicamos, cada ensayo y artículo que parimos.
Entonces, el modo efectivo de difundir los valores y principios de la sociedad
abierta (para recurrir a terminología popperiana) es el hacer mejor nuestros
deberes y revisar y volver a revisar nuestro mensaje puesto que si la idea no
avanza es nuestra culpa y responsabilidad ya que estamos frente a personas
honestas intelectualmente que quieren lo mismo que nosotros, a saber, el
progreso moral y material de nuestros semejantes, muy especialmente el de los
más débiles y desamparados.
Hay que prestar la debida atención a los experimentos recientes que ha
vivido la humanidad, por ejemplo lo ocurrido en la Alemania oriental frente a
la occidental, para no decir nada de situaciones tremebundas como la cubana y
las dictaduras de nuestra región enmascaradas o no en el voto. No se trata de
certezas sino de razonamientos abiertos al debate.
A los estudiantes hay que trasmitirles un equilibrio
imprescindible en la extraordinaria aventura del pensamiento. Reza el adagio
latino: ubi dubium ibi libertas,
es decir, donde hay duda hay libertad. Si todas fueran certezas no habría
necesidad de elegir, de decidir entre opciones, de preferencias entre medios
diferentes y para el logro de fines alternativos. El camino ya estaría
garantizado, no se presentarían encrucijadas. No habría acción propiamente
dicha. Por ello resulta tan sabio el lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay
palabras finales, estamos en un proceso de prueba y error en un contexto
evolutivo.
Considero que una buena definición de liberalismo es la que surge de un pensamiento de Cantinflas: “Una cosa es ganarse el pan con el sudor de la frente y otra es ganarse el pan con el sudor de el de enfrente”.
Publicado originalmente en la edición impresa de El País, sábado 1 de junio de 2019.