"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
Este programa se propone introducir al alumno en el mundo de la macroeconomía y las inversiones financieras, tanto de activos fijos como variables, aprehendiendo una terminología especializada del campo de las macro-finanzas.
Se espera que este programa le permita al profesional:
Administrar su propio portafolio de inversiones y ofrecer asesoría a clientes
Analizar, diseñar e implementar políticas económicas
Analizar el comportamiento de las variables macroeconómicas y financieras
Evaluar y tomar decisiones en los órganos ejecutivos de gobierno en los temas económicos
Contribuir al diseño y evaluación de proyectos de inversión
Actuar como consultor y analista económico en organizaciones públicas y privadas
————————————————————–
Plan de estudios y cuerpo docente:
Análisis económico – Adrián Ravier
Mercado de Capitales – Diego Martínez Burzaco
Economía Superior – Roberto Cachanosky e Iván Cachanosky
Indicadores para la toma de decisiones económicas – Aldo Abram e Iván Cachanosky
Seminario de Macro-Finanzas 1: Trading y Psicología – Iván Carrino
Seminario de Macro-Finanzas 2: Renta fija – Manuel Oyhamburu
————————————————————-
Acceda aquí a más información, incluyendo plan de estudios y cuerpo docente.
Para más información puede escribir a info@eseade.edu.ar
En mi último escrito junto a Peter Lewin expandimos nuestro trabajo en finanzas y teoría de capital al ámbito de empresarial. En concreto, las ganancias y pérdidas que en empresario «observa» poseen un componente subjetivo. Por ejemplo, hay gastos que pueden ser considerados inversión o gatos operativos (como la creación de una marca). Este componente subjetivo altera el resultado económico observado de un emprendimiento.
La visión empresarial (el alertness de Kirzner) no opera sólo de la empresa hacia afuera, también opera dentro la propia empresa. Saber leer la correcta naturaleza de distintos gastos es parte de la necesaria visión empresarial de un emprendedor éxitos.
Abstract
In order to identify and evaluate an entrepreneurial opportunity calculation is required. The entrepreneur must do more than simply perceive an opportunity to do something new to create value in the marketplace. Insofar as alternative possible actions exist, the entrepreneur must choose between them. And even as the chosen opportunity is pursued, he must choose between alternative modes of production and organization in the ongoing combination of resources. It has been pointed out that this requires monetary calculation. Little beyond this has been said in the entrepreneurial literature. The details of the kind of calculation required have been left mostly implicit. This article borrows from the finance literature to suggest a general and universal framework for such calculation and to offer one possible more specific method for using that framework for ongoing entrepreneurial judgment calls.
La generalización de la palabra “conservador” proviene de la época de la revolución inglesa de 1688 cuando Guillermo de Orange y María Estuardo deponen al rey. En esa instancia los conservadores pretendían conservar los privilegios otorgados antes de esa revolución que fundamentalmente se basó en los principios luego desarrollados por Algernon Sidney y John Locke.
En esta línea argumental, el conservador apunta a mantenerse el statu quo a toda costa. Está enredado en telarañas mentales que no lo dejan moverse, lo tienen apresado y es temeroso de ensayar otros horizontes. Es del caso señalar que no es conservador aquel que argumenta sobre la necesidad de todo lo que deriva del respeto recíproco, es decir, la conservación de valores universales de la conducta civilizada. No es conservador aquel que se opone a la violación, al asesinato y al robo. Precisamente se trata de principios clave de convivencia: el respeto a la libertad, a la vida y a la propiedad. Solo alguien muy distraído puede catalogar de conservadores a liberales que sostienen estos valores básicos.
La tradición conservadora así concebida es más una posición política que intelectual y académica. Cuando se esgrimen nombres de intelectuales conservadores se suelen mencionar los de Edmund Burke, Thomas B. Maculay, Tocqueville y Acton, pero ninguno de ellos se autotituló conservador, se consideraron siempre liberales insertos en la tradición Whig.
Antes he escrito sobre este tema, pero ahora viene muy al caso repasar algunos aspectos y agregar otros. El conservador muestra una inusitada reverencia por la autoridad, es quien parla de “el estadista”, “el líder”, “el dirigente” y, a veces, su excelencia reverendísimo y otros calificativos superlativos dignos del autoritarismo, en lugar de limitarse a algo más sobrio y ajustado propio del espíritu liberal como “referente” (el liberal siempre desconfía de la autoridad vinculada a la fuerza a diferencia de la autoridad moral e intelectual que reverencia).
Por lo mismo, el conservador deriva su postura del “filósofo rey” de Platón que tanto ha criticado Karl Popper, quien insiste en que lo relevante son las instituciones liberales y no los hombres “al efecto de que el gobierno haga el menor daño posible”.
El conservador es aprensivo de procesos abiertos en el contexto de la evolución cultural, mientras que el liberal acepta la coordinación de infinidad de arreglos contractuales que ninguna mente puede anticipar a contracorriente de los planificadores e ingenieros sociales a los que suelen rendir pleitesía los conservadores cuando coinciden con sus esquemas del statu quo.
El conservador es nacionalista y muchas veces inclinado al mal llamado “proteccionismo”, mientras que el liberal es por naturaleza cosmopolita y librecambista.
El conservador tiende a imponer sus valores personales, en cambio el liberal respeta todos los proyectos de vida siempre y cuando no lesionen derechos de otros. Más aún, el liberal no es muy partidario de recurrir a la expresión «tolerancia» puesto que, por un lado, los derechos se respetan, no se toleran y, por otro, aquél término arrastra cierta connotación inquisitorial de unos que perdonan los errores de otros.
El conservador es tradicionalista, a saber, la imposición de lo que viene ocurriendo pero el liberal es respetuoso de las tradiciones en el sentido de valores que hacen posible los intercambios pacíficos y voluntarios abiertos a nuevas contribuciones.
El conservador no solo no entiende el significado del proceso de mercado sino que le desconfía. Por otra parte, el liberal pretende despolitizar todo lo despolitizable al efecto de extender en todo lo posible los acuerdos contractuales.
El conservador el partidario de establecer alianzas con la Iglesia y el liberal la considera altamente nociva y peligrosa. Friedrich Hayek en el apéndice de Fundamentos de la libertad titulado “¿Por qué no soy conservador?” esboza sus objeciones al espíritu conservador y concluye que una característica consiste en su marcada tendencia a la negociación política y no a valores liberales “puesto que es partidario de la tercera vía sin tener metas propias lo cual lo lleva a pensar que la verdad debe estar en algún lugar entre los extremos y, como resultado, ha variado su postura según haya sido la fortaleza de los movimientos que se ubican en las respectivas alas” que no han hecho nada por configurar.
Debido a que en Estados Unidos se dejaron expropiar la expresión “liberal” para de contrabando asimilarla con las posiciones de izquierda, por oposición se ha comenzado a utilizar la palabra “conservador” y también “libertario” a pesar de la perseverancia que sugieren los grandes maestros en cuanto a la importancia de seguir empleando el término “liberal”.
También es de interés hacer referencia a la pastosa expresión “derecha” asociada al conservadurismo y al fascismo (a veces términos intercambiables) y a la “izquierda”, que es oportuno destacar que ha traicionado su significado original puesto que sus partidarios al sentarse a la izquierda del rey en la Asamblea de la Revolución Francesa pretendía eliminar todos los privilegios y la fuerza gubernamental para extinguir derechos lo cual queda estampado en el primer artículo de la Declaración de los Derechos del Hombre donde especifica que se trata de la igualdad ante la ley (en este sentido es que puede decirse que el izquierdismo ha mutado en espíritu conservador).
En todo caso, el tema no es tanto debatir etiquetas sino contenidos al efecto de precisar el significado de la plataforma a la que se adhiere puesto que cada cual puede definirse como le venga en gana, es cuestión de prestar atención a las ideas que pone de manifiesto. No es que carezca de interés las etimologías y el significado de las palabras porque por más que los diccionarios son libros de historia que mutan con el tiempo si le llamaos gato al perro nos internamos en confusiones y dificultamos las comunicaciones y el propio pensamiento puesto que el lenguaje sirve para esos propósitos cruciales.
En resumen, la estricta genealogía del conservadurismo nada tiene que ver con el liberalismo, son dos vertientes sustancialmente diferentes y llamar conservador al que conserva valores básicos de la convivencia civilizada contradice la idea de quien se mantiene aferrado al statu quo con independencia de la materia en cuestión.
Mantenerse aferrado a lo que sucede es lo contrario de lo que apunta con magistral sabiduría Vladimir Nabokov al abrir su formidable Curso de literatura rusa y que siempre han inspirado los textos de quien ahora escribe esta nota periodística: “Es el derecho a criticar el don más valioso que la libertad de pensamiento y de expresión puede ofrecer».
El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.
Telegráficamente intentaré en esta nota periodística demostrar que el título constituye una contradicción en los términos, que lo de la inteligencia artificial es un oxímoron.
Por una parte inteligencia deriva de inter-legum esto es leer adentro, captar significados o la esencia de lo observado cosa que la materia está imposibilitada de hacer y por otro lado y más importante aun, la inteligencia demanda capacidad de decisión, libertad, libre albedrío puesto que si está determinada por los nexos causales inherentes a la materia no hay posibilidad de elección independiente, hay programación inexorable.
La inteligencia del ser humano procede de que no solo se trata de kilos de protoplasma sino de psique, mente o estados de conciencia que permite revisar los propios juicios, ideas autogeneradas, distinguir entre proposiciones verdaderas y falsas, voluntad independiente, responsabilidad individual y moral. Si los humanos fuéramos aparatos programados, la libertad se tornaría en mera ficción.
Karl Popper ha bautizado como “determinismo físico” el supuesto de que el ser humano es pura materia que en ese caso no elije, decide y prefiere, es decir, no actúa, sino que está programado para decir y hacer lo que dice y hace, esto es, puro materialismo filosófico.
En la misma línea argumental, John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual -lo cual es propio del materialismo- naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad”.
Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”.
Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck que en este contexto afirma que “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta”.
Por su parte el lingüista Noam Chomsky señala que “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.
El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso también de las expresiones “memoria” y “cálculo” aplicado a los ordenadores. Como apunta Raymond Tallis aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera que cuando nuestros abuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar algo no aludían a “la memoria del pañuelo” puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan ni las calculadoras calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular.
Thomas Szasz se refiere a otra metáfora pastosa en cuanto a la llamada “enfermedad mental” cuando esto contradice la noción de la patología que enseña que una enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede atribuirse a comportamientos e ideas. Una cosa son los problemas químicos, desajustes en los neurotrasmisores y la sinapsis en el cerebro y otra es la mente. También Szasz muestra errores de algunas interpretaciones de las neurociencias en la materia.
Howard Robinson apunta que “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” (lo cual no quiere decir que todo lo físico pueda tocarse o, en su caso, siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).
Juan José Sanguineti resume bien el problema al escribir que “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´. Expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´ carecen de sentido, igual que atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc. […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.
En resumen, la tecnología y específicamente la robótica prestan servicios notables a la humanidad, de lo cual no se sigue que deban confundirse con los atributos humanos.
Publicado originalmente en el diario EL PAÍS de Uruguay, 28 de diciembre de 2019.
A continuación comparto extractos de una entrevista que me hizo el diario La Gaceta sobre las primeras afirmaciones de Guzmán como Ministro de Economía.
… Por el contrario, Adrián Ravier, doctor en Economía, considera que el mayor problema de la visión de Guzmán es pensar que defender la Argentina es defender al sector público. “No comprende que la dimensión que tomó el Estado en 2015 (y que aún se sostiene en 2019) es la causa de los desequilibrios macroeconómicos que tanto le preocupan”, expresa. “Guzmán es un economistas heterodoxo y crítico del FMI, de las recetas liberales. Desde antes de su asunción, jamás mencionó la situación de enormes desequilibrios heredados por Macri en 2015, como tampoco de la reducción de esos desequilibrios que se realizaron a lo largo de los últimos cuatro años, como el fiscal primario”, agrega. Ravier indica, no obstante, que el problema de la deuda puede llegar a solucionarse en 2020, “consiguiendo el aire que se necesita para no hacer esfuerzos fiscales mayores para pagar los intereses”.
Compartimos a continuación el Informe de Economía e Instituciones del mes de noviembre, que realiza el programa de investigación en el Departamento de Investigación «Francisco Valsecchi» de la UCA, con el objetivo de profundizar en el estudio de las instituciones que influyen en el desarrollo económico y social de Latinoamérica y la Argentina.
Resumen ejecutivo:
La institucionalidad burocrática entre desafíos, estallidos y transiciones. Hugo Dalbosco
¿Argentina, nuevamente el péndulo: neoliberales vs estructuralistas desarrollistas? Ernesto O’Connor
Los contratos incompletos en las concesiones de infraestructura. Ricardo J. Sánchez
Estamos ubicados en un mundo sumamente complicado. Por un lado hay progresos tecnológicos admirables, pero por otro la decadencia es marcada. Por todas partes irrumpen las xenofobias, los nacionalismos, los mal llamados “proteccionismos”, los gastos gubernamentales exorbitantes, las deudas colosales, las cargas tributarias exponenciales, las regulaciones asfixiantes a las actividades productivas, en un contexto de una creciente falta de respeto por marcos institucionales civilizados. Y esto no solo ocurre en los países tradicionalmente atrasados sino en, en buena media, en muchos lugares de Europa y en Estados Unidos, lo cual se corona con un Papa que propone recetas que son las que precisamente han conducido a la lamentable situación actual que socava las bases morales de la sociedad libre.
Todo este cuadro es naturalmente más grave en países africanos, algunos asiáticos y en no pocos lugares de América Latina. lo cual conduce más raudamente a la pobreza extrema pues parten de marcas recientes muy poco favorables. Pues bien, como las políticas estatistas mencionadas conducen a la miseria, para revertir la situación resulta imperioso comenzar de cero en los razonamientos e igual que con nuestros ancestros (ya que indefectiblemente todos provenimos de las cavernas, cuando no del mono), el progreso ocurría en la medida en que había respeto recíproco por la vida, la libertad y la propiedad. Cuando se permitía que unos invadieran las chozas ajenas y los alimentos de otros la miseria se acrecentaba y en la medida en que se inculcaba el antedicho respeto, el resultado era el progreso.
No se trataba de “planes sociales”, esto es la expoliación del fruto del trabajo ajeno, sino de trabajo y constancia en la conducta civilizada. Como bien se ha dicho, “la piedra es perforada por gotas de agua, no por su fuerza sino por la perseverancia”. El que estas líneas escribe, y eventualmente los lectores de esta columna, afortunadamente no estamos en situación de calle pero es cuestión de tiempo si las barrabasadas se extendieran con suficiente empeño.
Leonard Read cuenta en su libro titulado Anything that´s Peaceful, publicado en 1964, que la primera experiencia de los colonos recién llegados en el barco Mayflower a lo que luego sería territorio estadounidense fue el establecimiento de un sistema de propiedad en común, esto es un sistema comunista. Como consigna William Bradford -el entonces gobernador de esa primera colonia conocida como Plymouth- el experimento fue calamitoso pues las hambrunas resultaron espantosas, debido a lo cual decidieron cambiar radicalmente el sistema y establecer la asignación de derechos de propiedad con lo cual los incentivos naturales hicieron que las producciones dejaran atrás lo que hoy la ciencia política denomina “la tragedia de los comunes” y todo se encauzó debidamente tal como consigna el mencionado gobernador en sus memorias.
Por otra parte, el notable historiador Richard Pipes en su monumental obra La revolución rusa explica que a contracorriente de lo que venía ocurriendo durante el terror blanco, en 1906, el físico-matemático Piotr Stolipin, que con dificultad extrema ejercía como primer ministro y contra la opinión del Zar, de la Corte y parte de la Duma, fue el único en la historia del pueblo ruso que intentó seriamente y de modo extendido revertir la propiedad comunal y establecer derechos de propiedad, proceso que lamentablemente duró poco tiempo, pero en ese corto período se logró combatir eficazmente la miseria reinante que luego volvió a surgir debido a las políticas en las que el que trabajaba era expoliado por el vecino, ya que cuando todo es de todos no es de nadie.
En todo caso, el asunto actual es que si de tanto estatismo galopante en las regiones más débiles se ha llegado a la situación en que buena parte de la población está bajo la línea de extrema pobreza, la civilización debe comenzar de cero y, como queda dicho, para progresar debe respetarse la propiedad de cada cual a los efectos de permitir que quienes atienden las necesidades de su prójimo obtengan ganancias y los que yerran incurran en quebrantos. De ningún modo la solución radica en seguir expoliando el fruto del trabajo ajeno con más medidas estatistas, que fueron las que precisamente condujeron a la aludida regresión macabra.
También es necesario precisar que la solidaridad con la desgracia ajena solo tiene sentido cuando se usan recursos propios de modo voluntario. Insistir en el mal llamado “Estado benefactor” bloquea el progreso, pues significa la expropiación de la propiedad de otros, lo cual contradice abiertamente el sentido de la caridad y la filantropía. Es indispensable comprender antes que nada que la extralimitación en el poder de los aparatos estatales -es decir el uso de la fuerza agresiva- constituye el problema.
Es pertinente subrayar que, si bien es cierto que todo en la vida tiene un costo (costo de oportunidad decimos los economistas), en el balance el costo más doloroso consiste en mantener una elefantiásica maquinaria estatal que consume aceleradamente recursos y consecuentemente reduce salarios y, por tanto, la eliminación de funciones incompatibles con un sistema republicano libera factores productivos al efecto de rellenar los bolsillos de la gente con lo cual el beneficio es infinitamente mayor que el costo, al contrario de mantener un pesado Leviatán, cuyos costos carcomen el nivel de vida.
Habiendo dicho todo esto y como en una nota periodística no puede escribirse sobre el conjunto de las ilustraciones de lo que debería hacerse para liberar energía creadora, centramos la atención solo en un área y es la monetaria. Aunque nos hemos referido antes al punto, es necesario volver a hacerlo parcialmente puesto que en mayor o en menor medida todos los gobiernos han succionado recursos de los ciudadanos vía la manipulación estatal del dinero que sistemáticamente empobrece a la población.
La inflación es uno de los problemas económicos y sociales más graves. Es siempre producida por los aparatos estatales que con el curso forzoso y la banca central no dan salida a la gente para defenderse de ese flagelo. Se ha dicho que la inflación es el aumento general de precios, lo cual revela dos errores garrafales de concepto. En primer lugar, pretende aludir a la causa de la inflación la cual consiste en la expansión exógena del mercado y, en segundo término, el efecto estriba en la alteración de los precios relativos y no en un aumento general. Si produjera un incremento generalizado, no se produciría el problema central de la inflación cual es la angustia por el desequilibrio entre precios e ingresos. Si mi salario (uno de los precios) se incrementara en un 50% mensual y el resto de los precios lo hace en la misma forma, no hay problema. Eventualmente habrá que modificar las columnas en los libros de contabilidad, habrá que expandir los dígitos en las máquinas de calcular y, tal vez, acarrear el dinero en carretillas, pero no hay el problema central señalado.
La alteración en los precios relativos reviste la mayor de las importancias ya que se distorsionan todas las señales en el mercado, que son las únicas que muestran dónde conviene invertir y dónde desinvertir en los diversos sectores con lo que se consume capital y, por ende, bajan los salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son la únicas causas del nivel de vida.
La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria. Pues bien, cualquiera de los tres caminos deterioran los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber intervenido (incluso, como decimos, si los banqueros centrales deciden no modificar la base monetaria habrán desfigurado los precios relativos en relación al mayor o menor volumen de moneda que se hubiera decidido en el mercado…y si se hace lo mismo que hubiera hecho la gente en el mercado, no hay razón alguna para la irrupción de la banca central ahorrándose todos los gastos administrativos correspondientes).
Conviene también precisar que la cantidad de dinero de mercado, es decir, de los activos financieros que la gente elija para sus transacciones una vez liquidada la banca central, no tienen por qué ser constantes. Esto dependerá de las respectivas valorizaciones, del mismo modo en que ocurre con cualquier bien o servicio. En nuestro caso, si se decide expandir, se trata de una expansión endógena, a diferencia de la exógena al mercado, esto es, la que ocurre debido a decisiones políticas que son el origen del problema inflacionario.
No hay tal cosa como “expectativas inflacionarias” como causas de la inflación. Se podrán tener todas las expectativas que se quieran pero si no están convalidadas por la expansión monetaria exógena no hay inflación. Tampoco “inflación de costos” por idénticos motivos, ni inflaciones provocadas por el incremento en el precio de un bien considerado estratégico como, por ejemplo, el petróleo ya que si aumenta el precio de este bien y no hay expansión monetaria habrá dos posibilidades: o se reduce el consumo de otros bienes si se decidiera mantener el nivel de consumo del petróleo o se debe contraer el consumo de este bien al efecto de permitir el mismo consumo de otros bienes y servicios. En todo caso, no resulta posible consumir todo lo que se venía consumiendo si el precio del petróleo se incrementó.
La errada definición que hemos comentado, además, conduce a otras dos equivocaciones técnicas. En primer lugar, el consejo para la banca central de emitir a una tasa constante similar al crecimiento económico para “permitir la previsibilidad de los actores en el mercado”. Este consejo pasa por alto el hecho de que si la expansión “acompaña” el crecimiento económico, manteniendo los demás factores constantes, por ejemplo, se anulará el efecto de algunos precios a la baja que generan las importaciones y al alza de las exportaciones ya que la masa monetaria en un caso disminuye y en el otro aumenta y así sucesivamente.
La segunda equivocación, aun más gruesa, es que la expansión a tasa constante no trasmite previsibilidad puesto que, precisamente, los precios no se incrementan de modo uniforme, sino, como queda dicho, se alteran los precios relativos de modo que una tasa anunciada de expansión no trasmite información a determinado sector como afectará en sus precios.
Este análisis, a su vez, se traduce en el pensamiento que es posible recomponer el problema inflacionario a través de indexaciones lo cual no es correcto, ya que pretendidos índices de corrección solo suben los valores absolutos en los rubros del balance, pero las distorsiones relativas se mantienen inalteradas.
A toda esta situación debe agregarse que para contar con un sistema monetario saneado debe eliminarse el sistema bancario de reserva fraccional, que no solo genera producción secundaria de dinero, sino que permite que los bancos operen en un contexto de insolvencia permanente, con lo que se hace necesario implementar el free banking o el sistema de encaje total para los depósitos en cuenta corriente y equivalentes.
En este último sentido, hay un jugoso debate que viene de hace 50 años sobre si es mejor el free banking (y no digo “banca libre” porque tiene otro significado, ya que alude a la entrada y salida libre al sistema bancario) o la reserva total, pero en todo caso cualquiera de los dos es más sólido que la reserva fraccional que genera inflaciones y deflaciones con el apoyo de la banca central.
Cuál es el dinero que preferirá la gente dependerá de las circunstancias, ya que si todo es dinero no hay dinero y preguntarse cuál es la cantidad de dinero que habrá es lo mismo que interrogarse cuál es la cantidad de cualquier otro bien en el mercado. No debe imponerse tal cosa como “curso forzoso” a ninguna divisa y, en esta instancia del proceso de evolución cultural, los gobiernos seleccionarán la moneda o monedas en las que cobrarán impuestos al efecto de proteger derechos.
El tema monetario es solo uno de los problemas acuciantes que en los casos extremos fuerzan a la población al retorno a la época de las cavernas, pero son muchas las medidas que habría que revertir para que la gente pueda sacarse de encima el peso aplastante de los aparatos estatales. Afortunadamente existen reservas intelectuales que permiten vislumbrar esperanzas para evitar la regresión a la oscuridad de las cavernas. Igual que los tiburones que no duermen nunca, es indispensable estar alertas y sin pausa surcar los mares de los principios liberales.
El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.
Publicado originalmente como columna de opinión en Infobae, 14 de diciembre de 2019.
Entre las medidas económicas del nuevo gobierno se encuentra la implementación (temporal) de doble indemnización por despido sin causa justa. Por supuesto, las intención de proteger a trabajadores detrás de esta medida no implica que de hecho ese sea el efecto de la doble indemnización.
El pasado martes 10 de diciembre ofrecimos una charla informativa sobre nuestro programa de Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. La presentación resumió información sobre la historia de ESEADE, los programas que ofrece y puntualmente sobre esta Maestría en particular. Hablamos del origen del programa, del cuerpo docente, de los contenidos del programa, de las modalidades de cursada y la forma de inscripción, además de responder consultas de los interesados.